<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361</id><updated>2012-01-18T02:05:32.907-08:00</updated><category term='Tema religioso'/><category term='Qué fuerte'/><category term='Joker´s club'/><category term='Arte flipante'/><category term='Mis dibujos'/><category term='Relatos cortos'/><category term='Recomendaciones'/><category term='Grandes'/><category term='Mis poemas'/><category term='Drama'/><category term='teme religioso'/><title type='text'>LABERINTO ROJO</title><subtitle type='html'>¿Has estado perdido en algún laberinto rojo?¿No?BIENVENIDO AL MÍO</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>885</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-7536002170055130735</id><published>2012-01-15T05:04:00.000-08:00</published><updated>2012-01-15T05:21:42.045-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Grandes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mis poemas'/><title type='text'>ES INCREIBLE</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-GazbwmpGjq8/TxLPGdgciLI/AAAAAAAACG0/xDJTOd03eYk/s1600/269415.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 277px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5697844188483979442" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-GazbwmpGjq8/TxLPGdgciLI/AAAAAAAACG0/xDJTOd03eYk/s400/269415.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Preciosa imagen de Clow Reed encontrada en Internet &amp;lt;3 Del cúal, aviso, estoy haciendo mi versión de como pudo ser su vida y puede que empiece a poner historias del FanFic e_e&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Es increible&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Sencillamente increible&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;que aún sabiendo que a mí lado estarás&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;no te volveré a tocar&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;¿No hay algo de magíco en ello?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Es increible&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Sencillamente increible&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;que aún sabiendo que a mí lado estarás&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;tus palabras a mis oidos no llegarán&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;¿No hay algo de magíco en ello?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Porque tú siempre conmigo estarás como siempre lo ha estado Él&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;pero de otra forma, como un ser especial, que ni tocar ni oir o ver se podrá&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;pero sentir, sí, sentiré cada día o que en cada pensamiento se manifestará&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;De ahí que sea como magía, algo increible&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Poema sin titúlo para uno de mis chicos, a los que doy catequesis y que ha tenido el honor de ser llevado ante Dios y aunque estoy triste porque eso significa que aquí ya fisícamente no está, estoy feliz porque estoy segura que está en buen lugar y también sigue aquí, como conectado debido a todo el amor siente por él mucha gente, no sólo sus familiares o amigos, gente en la que he de incluirme desde que le fuí conociendo ratito a ratito ^^&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Espero que os guste y bueno, que pueda leerlo en publico =.= &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-7536002170055130735?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/7536002170055130735/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=7536002170055130735' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/7536002170055130735'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/7536002170055130735'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2012/01/es-increible.html' title='ES INCREIBLE'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-GazbwmpGjq8/TxLPGdgciLI/AAAAAAAACG0/xDJTOd03eYk/s72-c/269415.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-8272459068904673393</id><published>2011-12-14T11:47:00.000-08:00</published><updated>2011-12-14T11:51:43.947-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos cortos'/><title type='text'>FanFic CLAMP Lo correcto de lo incorrecto</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):&lt;br /&gt;Yo soy una persona abierta a toda clase de parejas pero he de admitir que mi favorita para Clow es Yuuko, porque me parecen una pareja muy complementada, a pesar de lo deferentes que puedan ser ^^ Asi que este FanFic va de esos dos ^^ Espero que os guste. Poco a poco voy subiendo el nivel xD&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FanFic CCS - xxxHolic&lt;br /&gt;Lo correcto de lo incorrecto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la hermosa y perturbadora hechicera se adentró en el amplio y abarrotado salón de aquella elegante mansión, su intención nunca acabar tumbada totalmente desnuda en el extenso jardín del propetario de la mansión acompañada por la única persona de entre todas las que vió presentes en el salón que más la irritaban. Se sentía furiosa, tán furiosa que no le hubiese importado carbonizar a todos aquellos tipejos y repipis damas de la alta sociedad londinense. Haciendose hueco entre los invitados, quienes charlaban entre ellos animadamente, varios de ellos acompañados por alargadas copas de brillante cristal bien rellenas del champán más caro y dorado que poseía el anfitrión. Instantes antes de plantarse cara a cara al hechicero por el cúal había tenido que mover cielo y tierra para dar con él, sus almendrados ojos brillarían tán intensamente que parecerían adoptar un tono rojo, tán rojo como el fuego que gracias a la furia, la devoraba viva.&lt;br /&gt;-¡Tú! -Sería todo lo que la rabia le permitiría gritar mientras le señalaba un dedo extendiendo su brazo cuya mano estaría enguantada por un guante tán oscuro como su traje y largos cabellos pero de sedoso tejido.&lt;br /&gt;-Sí, yo. -Se mofaría él fijando sus hermosos y calmados ojos azules como el cielo en un apacible día de verano, causando mayor enojo en la extraña dama, que para desagrado de todos excepto el anfitrión y el sonriente mago, gritaría:&lt;br /&gt;-¡Sí, tú! Bastardo ¿Cómo te has atrevido a ocultarme un acontecimiento como este? ¡Sabes de sobra que adoro las fiestas! -&lt;br /&gt;-Precisamente por eso, mi querida Yuuko. -Respondería el hechicero, sin perder un apice de calma, lo cúal creó gran admiración entre los demás invitados. -Te gusta demasiado llamar la atención en esa clase de eventos. Bebes en exceso y eso provoca que te comportes de un modo vergonzoso. -Añadiría picandola un poquito más antes de dar un largo sorbo a su copa a medio acabar. La también conocida como Bruja de las dimensiones abrería la boca posando una mano sobre su pecho sintiendose tán indignada como asombrada pero dibujandose en su furioso rostro una sonrisa perversa, entrecerrando los ojos con una ceja bien alzada dijo:&lt;br /&gt;-¿Con que me comporto de un modo vergonzoso? -&lt;br /&gt;Clow, que así era el nombre del poderosísimo mago, asintió. Entonces sucedería lo más sorprendente e inesperado que la hechicera podría hacer o Clow prediciría que podría hacer. ¡Le besó en la boca ante todos aquellos importantes caballeros de la sociedad londinense! Posando sus manos de clara piel y largos dedos sobre su rostro, uniría sus rojos labios sobre los de él durando el contacto más de lo que la propia Yuuko hubiese pretendido. A la mañana siguiente, con un dolor de cabeza espantoso y unas ganas de vomitar incontrolables, se maldeciría hasta el infinito, mezclar enojo y alcohol no era tán buena idea. Al momento de separar sus labios, un ruborizado Clow exclamaría:&lt;br /&gt;-¡Yuuko! -&lt;br /&gt;-¿Sí, Clow? -Fingiría sentir interés en lo que Clow le vendría a soltar después, aún con los ojos entrecerrados y una expresión propia de una niña traviesa.&lt;br /&gt;-Esto... Esto es ir demasiado lejos... -Alcanzaría a decir el mago percibiendo algo del dulzón olor de vino al poco de alejarse, añadiría. -Oh Yuuko, ¿ya has vuelto a beberte uno de mis mejores vinos? -&lt;br /&gt;-Es posible, ¿te molesta? -Replicaría ella sin sentir un minimo de culpabilidad. Clow negaría con la cabeza arrugando la frente, le reprendiese cuanto le reprendiese, ella siempre hacía lo que le daba la gana en su mansión, con las Mokonas, con sus posesiones y aunque él lo negase, en el fondo le encantaba que lo hiciese. Dejando su copa, ya totalmente vacia en una mesa cercana, el hechicero le comentaría a su buen amigo y organizador del acontecimiento, que por mucho que le doliese, con Yuuko en ese estado, lo mejor era que abandonará la celebración cuanto antes. Tomando a la hechicera del brazo comenzaría a caminar hacía la puerta de salida pero Yuuko, con un agíl y casi felino movimiento, se zafaría y correría hacía el jardín gritando:&lt;br /&gt;-¡Si quieres llevarme contigo, tendrás que atraparme! -&lt;br /&gt;A continuación una sonora carcajada saldría de su boca. Ambos hombres se mirarían, suspirante como un padre que se ve obligado a buscar a su hijo más revoltoso para poder irse, Clow se encaminaría hacía el jardín. Un jardín que parecía estar realmente vivo, con una hierba de un intenso verde gracias a la luz ofrecida por la inmaculada y plateada luna, astro que siempre fascinaba al poderosísimo mago. Clow percibió que el jardín cambiaba, que se convertía en una especie de laberinto verdoso. Sonriendo maliciosamente el hechicero pensaría en lo poderosa pero problematica que podía ser Yuuko. Una dama con una manera de actuar y usar magía un tanto avanzada para esa época. Sin embargo, Clow Reed, era un hombre con recursos, invocando a una de sus cartas, atravesaría en poco tiempo el laberinto, desde el aire hasta dar con la pícara Yuuko, que fuese por el alcohol o por el poder de luna, aquella noche parecía lucir más hermosa que de costumbre.&lt;br /&gt;-Eres un tramposo. -Le espetaría ella observandolo descender sentada tranquilamente en la fuente con los brazos cruzados y una sonrisa desdeñosa. -Se suponía que tenías que atravesar el laberinto a patita como haría un enamorado desesperado. -&lt;br /&gt;-Creo que el vino se te ha subido a la cabeza, anda, vamonos de una vez y no montemos más escandalo. -Le respondería Clow con una actitud más responsable.&lt;br /&gt;-Eres un aútentico muermo. -Gruñiría ella aparentemente sumisa, levantandose para acatar la orden pero cuando una de sus manos fue agarrada por el caballeroso Clow, ésta haría caer al mago sobre ella al interior de la ornamentada fuente construida con piedra caliza.&lt;br /&gt;-¡Yuuko! -Gritaría el mago empapado retirandose todo lo deprisa que fue capaz.&lt;br /&gt;-¿Qué? -Preguntaría ella rompiendo a reir, tán empapada como él. Viendo crecer el disgusto en él, se aproximaría a él con actitud zalamera, abrazandolo diría. -¿Te has enfadado? Vamos Clow, sólo estoy de coña. Creía que te gustaban mis bromas. -&lt;br /&gt;-No cuando estás tán bebida. -Replicaría Clow procurando que Yuuko no percibiera lo acertada que estaba y lo mucho que le gustaba encontrarse con una Yuuko tán liberal y sensual. Revelandole sus sentimientos de una manera tán abierta. Que se frotase con ese descaro contra él, le comenzaría a hacer perder la razón, por lo que, con la que aún lograba mentener, quitandosela de encima saldría de la fuente con la firme intención de irse solo.&lt;br /&gt;-¡Tú ganas! ¿Quieres quedarte? Quédate pero yo he dicho de irme y eso pienso hacer. -Le anunciaría. Sabía que permanecer cerca de Yuuko en ese estado atraía problemas. A la hechicera aquel comportamiento tán maduro le fastidiaba pero lo que realmente le fastidiaba era que si se iba ya no tendría a quién fastidiar. Agarrando bien los largos faldones de su vestido caminaría trás él sin cesar de gritar.&lt;br /&gt;-¿Ahora prefieres irte solo? ¿O es que ya no te agrada mi presencia? ¡Dí algo, Clow! -Exigía a cada apresurado paso más cercano a Clow, que aceleraba el paso sin decir palabra hasta que sus insistentes e innecesarios gritos le obligaron a detenerse y dedicarle las que pensaba serían las últimas palabras dentro de la mansión de su amigo.&lt;br /&gt;-Sí, Yuuko. Es lo mejor y lo sabes. -&lt;br /&gt;-No, no lo sé. -Le corrigiría ella. -A veces lo que uno considera lo correcto puede ser lo más incorrecto, ¿lo sabías, Clow? Que beba o deje de beber no es el problema, el problema es como tú me haces sentir cada vez que lo hago y todo porque no te gusta admitir que gracias a la bebida podemos mostrarnos como somos en realidad el uno al otro. -&lt;br /&gt;Clow la escuchó pensativo pero chascando la lengua se diría a sí mismo, que aquello no tenía sentido y que aún teniendolo, no le agradaba que Yuuko se abriese tanto a él sólo cuando estaba embriagada. Casi resultaba patético tenerla encima, agarrandolo con todas sus fuerzas, para que no la dejase sola. Aquella actitud hacía replantearse tantas cosas al poderosísimo mago sobre ella y su relación con ella. Si se estaba esforzando por alejarse de ella era porque se conocía demasiado bien, por muy gruesa que fuese la estructura que componía su escudo, ella lograría atravesarla volviendolas finas como la seda y sólo tendría que besarle como ya le había besado en otras ocasiones, poniendo toda su alma y deseo por él... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-8272459068904673393?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/8272459068904673393/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=8272459068904673393' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/8272459068904673393'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/8272459068904673393'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/12/fanfic-clamp-lo-correcto-de-lo.html' title='FanFic CLAMP Lo correcto de lo incorrecto'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-936295342609923731</id><published>2011-11-27T10:11:00.000-08:00</published><updated>2011-11-28T03:27:44.702-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos cortos'/><title type='text'>ABIH AILEEN GREYWORDS NELS LAHDA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-2v16BdWQ_r0/TtJ9fjdtzoI/AAAAAAAACGo/Kap3IS1lPUo/s1600/img571.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 276px; DISPLAY: block; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5679740061116911234" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-2v16BdWQ_r0/TtJ9fjdtzoI/AAAAAAAACGo/Kap3IS1lPUo/s400/img571.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Bueno, no sé bien cómo pudo surgir este personaje en mi cabeza pero me gusta y creo que puedo hacer algún FanFic interesante con él, con que espero que os guste, el nombre que le he puesto es Abih (significa La alegria del padre) aunque encontré otro nombre que iba más con su caracter LoL por lo que probablemente, al igual que yo, tenga un nombre compuesto... Espero que os guste y el FanFic también ^^&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Dedicado a mi seguidora y buena amiga, KEIreland ^^ También fan de La copia de Rezo y Sylphiel ^^&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;FanFic Slayers&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Abih Aileen Greywords Nels Lahda&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Abih Aileen Greywords Nels Lahda, ese es mi nombre en toda su totalidad pero mi madre, Sylphiel, tán sólo se dirige a mí por mi primer nombre, Abih, pues le parece más hermoso y menos amenazador que mi segundo y verdadero nombre, Aileen. A padre le gustaba su significado al igual que el significado del nombre que tanto le costó obtener. Padre y yo eramos mucho más similares, madre no consigue comprenderme aunque hace grandes esfuerzos, ella desea que sea instruida para acabar siendo una sacerdotisa como ella fue instruida a mí edad pero a mí, sinceramente, no me interesa en absoluto esa clase de vida. Orar, proteger y deberse a los demás. Añoro muchísimo a mi padre, me digan lo que me digan de él o sobre su pasado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;En la ciudad de Sairaag Asier tuvo que hacer grandes esfuerzos para ser aceptado de nuevo, especialmente por mi madre pero gracias a viejos amigos como el hechicero conocido únicamente como McKind o uno de los Grandes sabias de nuestros días, Lina Inverse, poco a poco fue construyendose una vida propia, como cualquier ser humano merece. A padre lo que le realmente le interesaba era trabajar codo con codo con McKind, pues McKind como miembro de gran relevancia de una asociación de magía podía compartir con mi padre descubrimientos magicos y o proponerle realizar nuevas investigaciones pero Lina Inverse le asignó la tarea de ocuparse del joven rey y sus hermanas del reino de Saillune. Hasta que el único hijo del anterior rey, Zelgadiss, no cumpliese la edad con la que sería considerado un hombre, mi padre vivió y residió en Saillune con ellos. Una vez pasada esa etapa, solicitaría trabajo a McKind, el cúal, le convertiría en su ayudante personal. El día que padre y yo nos conocimos fue de un modo muy particular, yo me encontraba enzarzada en una pelea con otro chiquillo en el amplio patio del que disponía el orfanato en al que fuí llevada cuando el Sumo sacerdote llegó acompañado por un hombre muy alto y apuesto, con rasgos finos y juveniles, cabellos de un tono tán oscuro y liso que no parecía cabello real, con reflejos que adoptaban un color alilado y piel muy clara. No sólo yo me quedaría quieta observandolo, mi contrincante y los demás chiquillos que nos contemplaban gritando también se quedarían observandolo en absoluto silencio, como si observasen a un fantasma o algo así de inusual. Cuando dirigió sus ojos hacía mí, alzando la ceja derecha, me quedé sin aliento. Sus ojos, nada tenían que ver con los mios o los de mis compañeros o los del Sumo sacerdote, uno era de un bonito marrón verdoso sin embargo el otro, el otro ni siquiera parecía humano, era de un fuerte color amarillento y su pupila no era redondeada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¡Tú! -Exclamaría el Sumo sacerdote señalandome. -Ven aquí ahora mismo, este hombre ha venido a por tí. -Me ordenaría al instante siguiente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿A mí? -Preguntaría yo mirando a mis compañeros perpleja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¡Así es! Ven de una maldita vez, no tengo tiempo para tonterias. -Me respondería con gesto impaciente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Al empezar a caminar, un poquito insegura, hacía ellos escucharía toda clase de murmullos a mis espaldas pero haciendo un gran esfuerzo, conseguí ignorar las palabras que captaba para centrarme en aquel extraño hombre que me había escogido, precisamente, a mí de entre todos esos bribones. El tiempo que tuvimos que esperar al Sumo sacerdote con los documentos que debían ser firmados para poder irme con el que resultaba ser mi padre, se me haría eterno. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¡Los he visto más rapidos! -Acabaría exclamando yo, tán aburrida como enfadada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-A lo mejor esta larga espera es a proposito, ya sabes, para que nos conozcamos un poco. -Comentaría él y su voz sería tán suave y agradable que por un instante se me iría el enfado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Es un idiota. -Mascullaría yo. -Bueno, en realidad, todos por aqui son unos idiotas. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Ya veo. -Diría él exhibiendo una leve sonrisa. -La verdad, a mí esto tampoco es que me emocione mucho pero ¿qué se le va a hacer? Un padre ha de cuidar a sus hijos. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿Qué quieres decir con eso? -Querría saber, bueno más que saber, confirmar lo que empezaba a temerme, retirando mis codos de la vieja y polvorienta mesa de madera, abriendo los ojos exageradamente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Pues que debido a que eres mi hija, he venido a ocuparme de tí, como todo buen padre ha de hacer. -Me confirmaría él entrecerrando los ojos con una sonrisa que no me gustó nada. A punto estaba de ponerme a gritar cuando el Sumo sacerdote entró sin decir otra palabra que no fuera la extrictamente necesaria mientras iba colocando en la mesa los viejos documentos. Firmados con una rapidez indeseada, ya no tendría nada que hacer allí pues mi padre me habría recuperado y así quedaría escrito en esos documentos. Al rato de recorrer las diversas salas para llegar a la salida, nada más atravesar esa gran puerta principal, quise dejarle bien clarito algunos puntos pero él se me adelantaría.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Antes de llevarte a la que a partir de ahora será tu nuevo hogar, me gustaría explicarte una serie de cosas acerca de mí. -Empezaría a anunciarme dejandome con la palabra en la boca. -Mi nombre es Asier aunque también puedes llamarme Aseir, soy un hechicero, por lo que tengo laboratorio propio, vivo solo, sin personas ni animales de compañia, hace muchos años, cometí un gran crimen, por lo que no siempre soy bien recibido, por último, si esperas que sea un padre amable, comprensivo y cariñoso, desengañate pues, yo no seré esa clase de padre. ¿Entendido? -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Si, su eminencia. -Le dije yo burlona pero la bofetada que me dió me quitaron las ganas de bromear a lo largo de lo que durase el trayecto hasta su vivienda. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Otra cosa, ni se te ocurra dirigirte a mí, aún siendo sarcásticamente, de esa forma. -Me diría al instante de darme la bofetada, que me escocería gran parte del camino. ¡Menudo padre me había tocado! Pero me gustaba lo claro que era y si respetabas sus reglas, nunca había problemas más allá de los que trae la convivencia. Su hogar no era muy grande, era un gabinete modesto pero muy ordenado, como tantos otros, con fuertes paredes de piedra, una pequeña escalera de madera y los muebles justos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿Aquí vives? ¡Ceiphiel, qué asco de casa! -Sería mi opinión nada más entrar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿No te gusta? Pues ahí tienes la puerta. -Me indicaría él amablemente antes de seguir adentrandose al interior. Al pasar los dias, me acabaría acostumbrando y incluso gustando. Asier siempre andaba muy ocupado, si no era recibiendo visitas de otros hechiceros o individuos extraños, era produciendo brebajes u otras sustancias. He de admitir que más que un padre, parecía mi compañero de guarida. Con él no había reglas o castigos que acatar, eramos como dos gatos, ibamos y veniamos, si se enteraba que a lo mejor estaba metida en asuntos feos, no me echaba señoras broncas al igual que yo, yo siempre supé que lo que creaba no eran medicinas del todo adecuadas pero nunca me horrorice, es más, yo quería aprender a hacerlas también.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿Para qué quiere una chiquilla tán joven como tú un libro sobre venenos y antidotos? -Me preguntaban más de una vez los encargados de la biblioteca a la que acudía, mirandome de reojo, descofiando de mis ganas de aprender.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Es para mi padre, es curandero. -Argumentaba yo poniendo cara de niña buena y colaboradora.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Ellos trás hacer llamar a mi padre, me lo concedían. Él era mi complice si yo accedía a ser la suya. Padre tenía razón cuando decía no era bien recibido en ninguna parte, los encargados de la biblioteca o los sacerdotes del templo le miraban con desprecio, como si ante ellos estuviese un demonio o una criatura del estilo. Si Rezo y él eran hermanos, Asier debía de ser como la oveja negra, así me lo expondría la eminente Lina, la cúal no había logrado recordar del todo lo que verdaderamente era mi padre, cuando él murió. Fue un acontecimiento repentino pero inolvidable. Yo llegaba al gabinete para comer con él trás una intensa mañana de tasca en tasca, desplumando idiotas. Adentrandome anunciaría mi llegada, el interior estaba tán sólo iluminado por la poca luz que ofrecía una ventana con una ancha cortina a medio desplegar, como solía estarlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Asier, ya he llegado. -Diría en voz bien alta pero no obtendría ni un misero bienvenida por su parte, lo cúal, comenzaría a inquietarme, por lo que insistí. -¿Asier? -Incluso me pondría a dirigirme a él llamandole padre a gritos. -¡¿Padre?! ¡¿Estás ahí?! -Pero todo seguía estando en silencio, lo único que escuchaba eran mis pasos. Con un fuerte nudo en el estomago, correría por toda la primera planta en su busqueda y al no encontrarlo, subiría de inmediato a la otra zona de la casa. ¡No os podeis imaginar lo que sentí al verlo y descubrir que estaba muerto! Al principio, pensé que sencillamente estaba profundamente dormido, sentado en aquel viejo sillón, mientras leía uno de sus gruesos libros, rescatados del ¿laboratorio que Rezo poseía en Sairaag? por lo que me acerque a él y zarandeandolo un poco le pedí que abriese sus ojos y comenzasemos a comer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Asier, ya podemos empezar a comer. -Le decía aumentando la intensidad de los zarandeos pero no reaccionaba. Estaba muerto, ¡estaba muerto! Me caí sentada del shock, echandome a llorar como la chiquilla que era, el cumulo de lagrímas pronto emborronarían su visión por lo que tuve que pestañear varias veces. Mis sonoros sollozos debieron de avisar a los vecinos pues pasado un rato, un montón de gente que no conocía de nada, estaban tratando de arrancarme del cadaver. Una vez conseguido, me lanzaron un sinfín de preguntas que no tenía intención de responder pero que me ví forzada a responderles. Muchas de ellas, muy desagradables.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¡No! ¡Asier jamás me haría eso! Iría a una casa de placer. -Contestaba yo ofendida y furiosa ante semejantes acusaciones, que si alguna vez se había propasado conmigo, que si bebía, que si me pegaba... Sólo se sentían interesados por lo malo, fuese lo que fuese que hubiese hecho en Sairaag, él no era tán malo. Cierto que a veces era un hombre raro y que no teníamos una relación muy familiar pero era majo conmigo. Entonces, para cuando creía que me iban a devolver al orfanato del que fuí sacada, llegó mi supuesta madre, la cúal me haría entrar a una vida más ordenada, disciplinada y buena. Durante lo que durase el camino hacía el templo en el cúal sería instruida como sacerdotisa, no podía apartar mis ojos de ella. Era una dama tán hermosa y tán gracil, la clase de mujer que yo jamás llegaría a ser. Serena pero dulce, comprensiva y muy ordenada. Todo lo contrario a mi padre, siempre dispuesta a ayudar a los demás y muy comedida en sus palabras y actos. Ella sería la que volvería a llamarme Abih.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿Cúal es el nombre que se te fue otorgado? -Me iría preguntando a lo largo del camino. Su voz era tán delicada como toda ella. -El mio es Sylphiel. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Aileen, Asier pensó que era más adecuado para mí. -Le respondí intentando no llorar, todavía hacía poco de la muerte de mi padre. Sylphiel giraría la cabeza hacía mí, sus ojos eran tán verdes como los mios pero sus cabellos eran de menor intensidad, muy lisos pero más ordenados que los de mi padre, con un flequillo que cubría toda su frente, y diría:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿Ah sí? Pues cúal era tu autentico nombre, el nombre que te otorgaron al nacer. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Abih pero nunca me ha gustado. -Le contesté haciendo una mueca de asco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Ella reiría debilmente y tornaría su cabeza al frente. Lo único bueno de aquella nueva vida es que pude conocer a Lina Inverse y al rey Ren y sus hermanas. Todo lo demás era aburrido y demasiado lleno de normas. Me gustaba leer aquellos libros y usar magía pero ¡la magía negra no era permitida! Cada dos por tres me metía en problemas. Llegaba tarde a las lecciones, me escapaba en incontables ocasiones y cuando regresaba, regresaba perseguida por un montón de bandidos o mercenarios furiosos. Además me costaba horrores moderar mi caracter, no tenía amigas ni las quería tener. Era una fuente de problemas pero el empeño que ponía madre era superior a todos mis intentos por vivir como a mí me daba la gana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Es peor de lo que me esperaba. -La escuché decir una vez hablando con McKind y la eminente Lina. -Yo ya no sé que hacer con ella. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Es normal que no encaje, creeme, yo tampoco lo hubiese hecho a su edad. -La trataba de consolar la eminente Lina. -Hay gente que nace para ser sacerdote y otra para ser aventurera. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Además, Maestra Sylphiel, no debes olvidar que la perdida de su padre y este cambio de vida tán radical la han afectado más de lo que crees. Asier y tú teniais visiones de las cosas muy diferentes. -Le comentaba McKind, el único de todos ellos, que mi padre verdaderamente veía como un buen amigo. Todo era tán difícil, nunca fue fácil realmente pero estaba claro que ese no era mi lugar sin embargo, era mucho peor volver al orfanato. Durante todo el tiempo que debí pasar hasta ser considerada adulta, aprendí a fingir, a ser buena y loable, pero tán sólo con la esperanza de poder ejercer lo que mi padre ejercía. Bueno o malo, eso me daba igual. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-936295342609923731?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/936295342609923731/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=936295342609923731' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/936295342609923731'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/936295342609923731'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/11/abih-aileen-greywords-nels-lahda.html' title='ABIH AILEEN GREYWORDS NELS LAHDA'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-2v16BdWQ_r0/TtJ9fjdtzoI/AAAAAAAACGo/Kap3IS1lPUo/s72-c/img571.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-8986408137957084338</id><published>2011-11-26T04:40:00.000-08:00</published><updated>2011-11-26T04:52:33.779-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos cortos'/><title type='text'>ROJO RELATIVO Historia 22</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):&lt;br /&gt;Christine y Erik son personajes originales de WaterLillySquiggles y Miss Whoa Back Off ^^&lt;br /&gt;Ferrissian DiCallium es personaje original de QP/Diana ^^&lt;br /&gt;Los otros personajes que puedan surgir en el FanFic son cosa mia y si no, os lo haré saber ^^&lt;br /&gt;La historia es contada en primera persona. A veces según Rezo, otras según Zelgadiss o según ambos pero esta historia va a ser contada entre la copia de Rezo y Eris (creo que va siendo hora de darle un nombre al pobre u_u)&lt;br /&gt;Pues que puedo decir que no haya dicho ya, es un autentico dramón, especialmente por las cosas que tendría que haber aguantado él al ir volviendose Eris cada vez más lejana de la realidad pero como ambos personajes me gustan mucho, voy a tratar de portarme bien con ambos, es decir, ni él excesivamente malo ni ella excesivamente mala. Yo me he basado mucho en los mangas y un poco en el anime, por lo que eso de que intente matar a Rezo es algo que él confiesa en el manga y la aparición de un demonio también. Que Eris le empiece a obligar a ser como Rezo, es más basado en el anime, o la contratación de Zangulus y Vrumugun ^^ Es MUY triste y a veces con un contenido bastante fuerte pero aún así espero que os guste ^^'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dedicado especialmente a KEIreland, otra gran fan de la copia de Rezo ^^&lt;br /&gt;FanFic Slayers&lt;br /&gt;Rojo Relativo - La ciencia y sus consecuencias&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Él, mi creador, Rezo, era un hombre extraño aunque bien pensado, todos los sabios lo son, jugando con la magía, retando a las leyes de la propia madre naturaleza, todo a fin de demostrar o en su caso, conseguir sus objetivos. Sus manos eran realmente suaves y su voz siempre parecía tán agradable y calmada, yo, aún habiendo surgido de algunas partes de él, jamás llegaría a ser él como ella, su ayudante, deseaba y se esmeraba en obligarme a ser. Dado que él había nacido ciego, yo también vivía rodeado de oscuridad pero se desembolvía con mayor seguridad e incluso elegancia de lo que yo lo haría. Era casi de chiste, un ciego que llevaba a otro ciego hasta el que sería su hogar, un frio y silencioso lugar, en el que tán podría escuchar las respiraciones de criaturas más extrañas y sin lugar a dudas, más espantosas que yo. Nuestros pasos resonarían, en aquel lugar, tus pasos siempre resonaban hasta que él se detuvo con una consecuente parada por mi parte. Notar el frio hierro de las cadenas sobre mis muñecas me asustaría y como un niño gritaría e intentaría alejarme pero todo lo que conseguiría sería caer de culo.&lt;br /&gt;-Tranquilo. -Me diría con su escalofriantemente calmada voz ayudandome a levantarme. -Esto es un mero formalismo. -&lt;br /&gt;El frio contacto de los hierros sobre mi piel, provocaron que tiritase unos instantes. En En el rincón en el cúal pasaría practicamente todo el tiempo no habría una mullidita cama ni nada parecido, por lo que tendría que dormir en el suelo como cualquier animal pero al sentir sobre mis hombros cayendo por mi espalda la suavidad y calidez de una gruesa tela, supé que no me dejaría pasar frio.&lt;br /&gt;-Al estar bajo tierra, esta parte del laboratorio es la más fria. -Me comentó percibiendo mi confusión. No sabría explicarlo bien pero siempre hubo algo que me apaciguaba a la vez que atemorizaba en él. Apoyandome en la fria y dura pared, me iría dejando caer ocupando así el que era mí espacio. Aunque era alimentado y examinado regularmente, él no sentía aprecio por mí, incluso un animal domestico hubiese recibido más cariño pero no me importaba porque apenas había desarrollado mis capacidades mentales plenamente, o sea, era como un chiquillo de apenas años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Rezo antes de mostrarme su último especimen, me pediría seguir el protocolo como con los otros especimenes muy especificamente.&lt;br /&gt;-Recuerda, que si te escogí para ser mi ayudante aquí, es porque te consideré la más preparada y talentosa. -Me recordaría con firmeza antes de retirar el sello magíco de aquella zona del gran laboratorio que poseía en Sairaag.&lt;br /&gt;-Lo sé y le prometo que no le fallaré, Maestro Rezo. -Sería mi respuesta pero lo que mis ojos vieron superó todo lo que me había venido a la mente en el momento en que me explicó en que consistiría el experimento que estaba preparando. No era una criatura, era un humano, un humano de apariencia identica a la suya. Estoy segura que los demás ayudantes como Crystal o Cliff se hubiese quedado tán atónitos como lo hice yo. ¿Eso era posible?&lt;br /&gt;-Mi dulce Eris, no es humano realmente, a esta clase de criaturas de apariencia igual a la de su creador se les conoce por el nombre de Humunculo. -Me informaría con tranquilidad, como si no fuese para tanto. -Yo tampoco pude creerlo cuando un hechicero me lo comentó, por lo que quisé informarme un poco antes de crearlo. -Añadió arqueando una ceja girando su rostro hacía el especimen, que tenía las manos fuertemente atadas por unas cadenas como si fuese nuestro prisionero. Me solicitó ocuparme de que no le faltase comida y de que si le encontraba en estado preocupate, se lo hiciese saber de inmediato, lo cúal resultó una tarea realmente difícil, que cumplí lo mejor que pude, procurando mantener las palabras de Rezo en mi mente. "No es humano realmente, es como un titere" Me repetía una y otra vez al contemplarle comer en silencio. Era como un niño pequeño, lo que me hacía sentir aún peor pues no sabía hablar ni manejar cubiertos, a veces, tenía que echarle una mano. Me mantenía fiel al protocolo pero no podía disimular mi desagrado en según que partes de los experimentos. Llevarlo encadenado, por ejemplo, me parecía innecesario, a mí parecer, era el único especimen que aún pudiendo hacernos daño, no lo haría pues no sabría como.&lt;br /&gt;-Maestro Rezo, ¿no le parece un poco extremo por nuestra parte? Apenas se maneja por si mismo. -Le comentaba cuando no podía reprimir más mi desagrado, al verlo traerlo tirando de él por las cadenas como haciamos con las criaturas mutadas que usabamos en experimentos anteriores.&lt;br /&gt;-Eris, es una medida de protección. Uno nunca puede estar totalmente seguro de lo que podría o no ser capaz de hacernos. -Me explicaría mientras lo colocabamos entre los dos en una larga mesa de madera para examinarle. Trás varias pruebas que cualquier curandero podría realizar a humanos también, con gesto pensativo llegaría a una conclusión que me asustó. -Si quiero continuar con este experimento, he de encontrar el modo de alargar su existencia. -&lt;br /&gt;Él era tán fragil como un recien nacido, cualquier golpe o hechizo magico le causaba mayor daño o como un enfermo cuya enfermedad le incapacitase para compatir otras, del grado de gravedad que fuese. Rezo pasaría día y noche en busca de una solución a ese incoveniente. Las quimeras tampoco llegaban a alcanzar una vida muy larga pero no eran ni la mitad de importantes para Rezo, en aquellos momentos, como él. La primera impresión que McKind me trasmitió fue la de encontrarme frente a un hombre que era todo lo contrario a Rezo. Sus cabellos eran andulados y muy grises, aunque atractivo, no poseía los rasgos tán juveniles y finos que Rezo y sus ojos, sus ojos al igual que sus palabras parecían indicar una arrogancia y bufoneria inmadura. Además su tunica era de un oscuro azul que contrastaba con la rojisíma tunica de Rezo. Acariciandose la fina barba de tonalidades grisadas como su cabello, mirando a Rezo con una ceja alzada, exigiría saber para qué se le requería.&lt;br /&gt;-¡Ceiphiel! Trás un largo viaje de mierda, aquí me tienes. ¿Puedo saber para qué? -Preguntaría cansado pero burlón.&lt;br /&gt;-¿Tú para qué crees? -Le respondería Rezo sin perder aplomo, la mar de tranquilo. -Necesito que me ayudes a construir una maquina. -&lt;br /&gt;Dando un sonoro resoplido, remangandose las largas mangas de su tunica diría:&lt;br /&gt;-¿Una maquina? Bien pero antes debería saber para qué. -&lt;br /&gt;-Es para mi copia, es decir, para el especimen de mi último experimento. -Le iría explicando tranquilamente Rezo acercandose al hechicero. -Al parecer, los humunculos no son tán iguales como los humanos, así que... -&lt;br /&gt;-¡No necesito oir más! -Exclamaría McKind interrumpiendo bruscamente a Rezo. -Pero Rezo, hace años y años que no ejercito mis conocimientos en este campo, si sale mal, yo no me hago responsable. -Añadiría McKind como advirtiendole de lo que pudiese pasar.&lt;br /&gt;-¿Pero sabrás usar tus manos? Sigue mis instrucciones y todo irá bien. -Le soltaría Rezo con tono de voz pretendidamente animado colocando una mano sobre su espalda.&lt;br /&gt;Al día siguiente se pondrían manos a la obra con la maquina. Cada vez que yo les visitaba, la maquina adquería un aspecto más cercano al deseado, bajo la amplia sabana que la cubría. Puesto que no apenas salían del laboratorio, mis visitas no duraban mucho pues sólo me dirigía para llevarles algo de comida o alguna bebida que la acompañase. Los planos que McKind seguía religiosamente, realizados a partir de las definiciones que Rezo le otorgó en su primer momento, estaban extendidos sobre una de las largas mesas de madera que había en la amplia sala. Aunque a veces les echaba un vistazo como una chiquilla muerta de curiosidad, no comprendía palabra o dibujo alguno. al poco de ser finalizada, me sería enseñada, para que así pudiese describirsela a Rezo. Mi primera definición fue más sencilla de lo que a Rezo le hubiese agradado.&lt;br /&gt;-Parece un sillón. -Comenté acercandome a ella un poco, alzandome la larga falda blanca que tenía mi traje para no pisarla y no tropezar delante de ellos. ¡Me hubiese muerto de la verguenza!&lt;br /&gt;-Qué ingenioso por tu parte Eris, pero me gustaría saber algo más. -Me reprendería a la espera de una segunda descripción. McKind reiría ante mi ocurrencia, lo cúal me hizo sonrojar fuertemente las mejillas. Examinando la maquina con mayor atención, comence a dar detalles:&lt;br /&gt;-Pues como ya he dicho parece un sillón, un sillón de piedra del cúal surgen unos finos tubos de cristal que deduzco se le engancharan al... Al especimen de algún modo y creo ver... Un grueso grillete y otros de menor tamaño en donde estarían las manos posadas... -&lt;br /&gt;No conseguí continuar describiendo lo que veía, me parecía espantoso el tener que encadenarle, fuese donde fuese aunque Rezo me hubiese explicado más de mil veces que era necesario.&lt;br /&gt;-No te asustes. Sé que parece horrible pero no sabemos como puede reaccionar y creeme, lamentaría encontrarte muerta. -McKind sería el único en tratar de suavizar la fea impresión que causaban los grilletes. Fueron las palabras más crueles y duras que jamás había escuchado en toda mi vida, ni Rezo me había expuesto de tál modo, tán crudo, sus experimentos más inmorales, por lo que, antes de que las lagrimas surgiesen frente a ellos, me alejé corriendo. Acostada sobre mi cama lloraría practicamente toda la noche hasta caer somnolienta. Por mucho que me esforce en mantener mis sentimientos a un lado para ser lo más practica posible, no lo conseguía del todo y Rezo lo acabaría sabiendo.&lt;br /&gt;-Eris, mi dulce y buena Eris, me parece que no obré bien al escogerte como mi ayudante en este proyecto. -Escucharía a Rezo decirme al día siguiente dando un paseo por la ciudad de Sairaag antes de llegar a su laboratorio. Yo sabía tán bien como él, que era lo mejor para mí pero eso significaría no volver a pasar ningún momento junto a él, lo que verdaderamente me rompía el corazón en mil pedazos, pequeños y muy afilados como el cristal, por lo que le suplicaría darme una oportunidad, prometiendole suma obediencia y mejorar mi actitud.&lt;br /&gt;-¡Por favor, maestro Rezo, se lo ruego, permitame seguir trabajando a su lado! ¡Le juro que me esforzaré y que seré fuerte! -Le rogaría sollozando aferrandome a él, colocando mi cabeza sobre su pecho como una chiquilla arrepentida que desea mejorar para complacer a su padre. Rezo adoptaría una pose pensativa pero al cabo de un rato, dedicandome una maravillosa sonrisa diría:&lt;br /&gt;-Está bien, Eris, pero sólo tendrás una oportunidad. -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;A Eris no parecía caerle demasiado bien el hechicero, McKind pero era de uno de los pocos amigos que Eris conocía de Rezo, ciertamente, un hombre muy extraño, educado, amable y muy respetado pero con apenas amistades, por no decir, ninguna realmente. McKind se quedaría unos días más para comprobar que la maquina, la maquina que habían construido para mí, funcionaba correctamente. McKind cada vez que me veía solía exclamar, a veces daba la sensación de hacerlo a proposito, cosas que podían provocar enojo en mi creador pero incluso, molesto, parecía tán tranquilo y agradable, que era casi antinatural.&lt;br /&gt;-¡Fascinante! Cada vez que le miro y luego te miro a tí, es como si estuviese ante dos hermanos gemelos. -Eran las palabras que escuchaba salir de su boca trás una risilla traviesa. Rezo le respondía:&lt;br /&gt;-Cuando hayas acabado de hacer tus disparatadas observaciones, ¿serías tán amable de ayudarme a poner la maquina en marcha o explicarme al menos como funciona? -&lt;br /&gt;-Faltaría más. -Replicaría el hechicero y sus pasos resonarían alejandose un poco de nosotros, al instante ordenaría que Rezo me llevase hasta la maquina. -Traemelo e iré explicandotelo paso a paso. -&lt;br /&gt;Como yo no sabía lo que podría sucederme, me mostre poco colaborador pero con sólo tirar de las cadenas insistentemente sería llevado casi a arrastras, como un chiquillo rebelde o un reo que se niega a entrar a su celda. A diferencia de Eris, a McKind no le horrorizaba tanto el trato que recibía. Ya lo había visto en otras ocasiones, por algún motivo estaba prohibido ejercer magía experimental.&lt;br /&gt;-Vamos, sé un buen chico, es bueno para tí. -Me animaba McKind mientras me agarraba de las muñecas para quitarme las cadenas antes de empujarme hacía la maquina, al darme ese pequeño golpe, pude percibir que sus manos eran muy diferentes de las de Rezo, cuyo material era frio y duro como las piedras de las paredes. -No es muy complicado, has de colocarle los grilletes primero, asegurandote de que está bien sujeto. -Comenzaría a explicar haciendome lo que iba diciendo, el frio cuero sobre mi piel me inmovilizó al instante, podría agitarme cuanto quisiese pero estaba bien preso en esa maquina con apariencia de asiento. Su voz se iría volviendo maliciosa al continuar con la explicación. -Luego tendríamos que colocar intravenosamente los tubos de cristal, pues por ellos pasará la sustancia que le ayudará a... Recuperarse. -Al sentir el cristal clavarse como un aguijón sobre mi sensible carne, grite llegando a dejar escapar algunas lagrimas, hasta ese momento jamás había sentido un dolor igual. -¿Entiendes? Por este motivo no envidio el trabajo de un curandero. -&lt;br /&gt;-Ya, ya... ¿Eso es todo? -Querría saber Rezo ignorando mis sollozos y sonoros retuerzos de mi cuerpo. McKind añadiría antes de irse:&lt;br /&gt;-Procura quitarle los tubos de cristal un poco antes de que el bote en que esta el liquido se quede vacio, si no, no creo que sea muy bueno para él descubrirlo o ten a mano otro bote de cristal que intercambiar. -&lt;br /&gt;Ellos decían que era buena para mí pero aquella maquina era como la peor tortura imaginable, llegué a temerla y luego a odiar con todas mis fuerzas pero era cierto, seguramente sin ella, no habría aguantado tantos años. Rezo, no sé si por bondad o por astucia, suavizaría el necesario paso usando su magía para poder meterme en la maquina sin armar espectaculos de ninguna clase o para evitarme el dolor. Estoy seguro que fue para que Eris pudiese recambiar los botes de cristal con el liquido que fluiría por mi sangre sin provocarle otro enfrentamiento. Al principio ella parecía tán sensible y buena, no tenía madera de hechicera dentro de esos campos. La noche anterior a la partida de regreso que McKind debería hacer para ocuparse de otros asuntos, los dos hechiceros mantendrían una curiosa conversación mientras jugaban al ajedrez, entre palabras y palabras, oía como las figuras se desplazaban pum, pum, pum, con contundencia.&lt;br /&gt;-En serio, Rezo, como hechicero te admiro más cada día pero como amigo, debería advertirte. Esta clase de experimentos están prohibidos, podrías perder algo más que tu reputación si te pillan. -Le decía y en su voz se podía apreciar cierta preocupación.&lt;br /&gt;-Si no apuestas, ¿cómo vas a tener una minima posibilidad de ganar? Sé de sobra que esto no es correcto pero siento la necesidad de intentarlo aunque sean modos inmorales. -Me respondía Rezo trás hacer su movimiento con voz apaciguadora. Turno de mover figura y hablar para McKind, el cúal formularía está interesante pregunta:&lt;br /&gt;-Bien, está bien que admitas que es algo peligroso. Me jode decirlo pero para ser el primer Humunculo así, es sencillamente asombroso, ¿has pensado en lo que harás con él cuando concluya el experimento? -&lt;br /&gt;-¡Qué retorcido eres! -Le soltaría Rezo soltando una leve risilla. -¿A tí qué te parece? Jaque. -&lt;br /&gt;-Lo sé, me encanta hacerte preguntas retorcidas ¿por qué será? -Diría McKind haciendo el movimiento que podría ayudar a su rey a salir del apuro antes de contestar poniendose serio. -Conociendote, lo matarías. Es lo que cualquier hechicero experimental haría, yo mismo. -&lt;br /&gt;-¿De verdad me ves capaz de algo así? Es una solución pero a mí parecer, excesiva. -Le replicaría Rezo antes de soltarle el golpe de gracia. -Jaque mate. -&lt;br /&gt;El brusco sonido que escuché después seguido de los gritos del hechicero, McKind, me hizo pensar que algo malo estaba a punto de pasar entre esos dos.&lt;br /&gt;-¡¿Jaque mate?! -Bramaría provocando que sus palabras se escucharan por toda la sala del amplio laboratorio hasta perder intensidad. -¡Tú siempre has sido la rehostia en este juego pero siempre habías preferido quedar en tablas aún podiendome ganar! -&lt;br /&gt;El sonido que produjeron las figuras al caer me haría temer que McKind y Rezo se pusiesen a pelear allí mismo pero los rapidos y enojados pasos de McKind alejandose me tranquilizarían al momento siguiente. Lo último en oir aquella noche serían los pasos de Rezo abandonando esa parte de su laboratorio. Nunca pude averiguar que pasó después entre esos dos hechiceros pero como tampoco fue algo que debía de importarme, nunca lo investigue a fondo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;En cuanto McKind regresó a la ciudad de Atlas, Rezo y yo nos pondriamos serios con el experimento. Desde bien temprana la mañana, llegariamos al laboratorio, en el cúal tomaría parte las sucesivas pruebas y analisis a los que someteriamos al especimen, hasta el último atisbo de luz procedente del sol. Con pequeños descansos de apenas una hora, en los cúales comentabamos los hallazgos, cuidadosamente ordenados y escritos con la mayor clarided y veracidad posible, en hojas que una vez finalizado el experimento serían unidas entre dos cubiertas de cuero o piel entrelazadas por gruesos cordones como tantos otros escritos de gran importancia en ese laboratorio. Nada parecería alejar a mi maestro de ese proposito excepto quizás el reclamo de su presencia por algún ciudadano gravemente enfermo. Era algo que me hacía sentir tantísima admiración por él, pues nunca les dió un no a esa necesitada gente, que en su mayoria, apenas podrían haberle pagado por sus servicios como los curanderos solicitaban o el encontrarse con algún alma atormentada como indigentes o mendigos. Nuestra labor no era fácil y más de una vez, requería gran fortaleza pero a mí me gustaba, era mil veces más enriquecedora que la vida que podía poseer un bandido. En gran parte, porque él me concedió la oportunidad de entrar en el mundo en el que yo siempre deseé estar pero no me fue posible, me esforzaba, costase lo que costase o tuviese que aguantar lo que tuviese que aguantar, peleas con Zelgadiss incluidas, yo daba lo mejor de mi misma cada día, al principio con la esperanza de ser aceptada pero poco a poco para obtener un merecido reconocimiento y posteriormente para ganarme toda la atención y amor de Rezo aunque nunca llegase a ser digna de él.&lt;br /&gt;-A mi padre y a mí, nos gustaría invitaros una noche a cenar. -Me propondría una chiquilla con gesto timido, en apariencia, fragil pero no por ello debíl. De largos, oscuros y muy lisos cabellos que bajo la luz del sol de aquella mañana brillarían levemente azulados. Sus ropas si eran de sacerdotisa aunque las mias lograban hacer creer a la gente eso también. Dirigiendo mis ojos hacía los de ella, muy verdes, dije:&lt;br /&gt;-¿A qué se debe ese honor? -&lt;br /&gt;-Es probable que me haya equivocado de persona pero tú eres la ayudante de su eminencia El monje rojo ¿verdad? Mi padre, el sumo sacerdote del templo de Sairaag desea conocer personalmente al Monje rojo. -Me respondería llevandose la mano izquierda a la cabeza dejando entrever su traje de sacerdotisa bajo la capa marrón verdoso más claramente. Era todo de un suave tono lila con pequeños detalles plateados. Entonces caería, era Sylphiel Nels Lahda. Me sonrojé avergonzada al no haberla reconocido y le prometí hacerle llegar a Rezo esa invitación por parte de su padre. Caminando hacía el laboratorio se lo hice saber, insegura, ya que Rezo siempre andaba tán ocupado sin embargo con una sonrisa Rezo aceptaría de buen grado la invitación.&lt;br /&gt;-No debemos ser desconsiderados con Eruk Nels Lahda ni con su hija, Sylphiel. -&lt;br /&gt;Sería una velada muy agradable, que pena que fuese la única que mantuviesemos con ellos. Hubiese sido bonito ser amiga de Sylphiel pero no pudo ser, nuestras obligaciones solían impedirnos mantener amistades largas y felices pero tampoco me apenaba en gran medida, mi deber era permanecer con Rezo y eso era todo lo que verdaderamente me importaba pues no lo consideraba como un deber sino como un regalo. Crystal me hubiese mirado con resignación, exclamando Eriel Vrumugun, tú verdaderamente estás locamente enamorada del Maestro Rezo o algo por el estilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;El dolor sería indescriptible, como si acabase de pasar sobre mis ojos una brasa ardiendo, de nada serviría suplicar, de nada serviría llorar y aullar como un hombre siendo torturado lo haría, ellos no amansarían el dolor hasta pasado un buen rato, se quedaría en silencio, esperando el resultado, de sobra obtenido. Las lagrimas caerían incesantemente por mis mejillas pero no se molestarían en limpiarlas hasta finalizar esa horrible prueba. Había algo en mí que en él no había o posiblemente, a la inversa, había algo en él que yo no poseía y hacer más pruebas sólo lo haría más evidente trayendo consigo una furia casi animal, impropia de Rezo.&lt;br /&gt;-¿Por qué sus ojos se abren y los mios no? -Se preguntaba en voz alta, a medida que su rabia y frustración crecían al no encontrarle respuesta, su voz se alzaría resonando por toda la sala. -¿Por qué? ¿POR QUÉ? MALDICIÓN ¿POR QUÉ MIS OJOS NO SE QUERRAN ABRIR? -Acabaría gritando golpeando la mesa repitidas veces, los golpes resonaban a cada cúal con mayor brusquedad. En esos momento Eris no sería capaz de darle ninguna clase de consuelo aunque lo intentase.&lt;br /&gt;-Maestro Rezo, quizás... -Se atrevería ella con voz entrecortada a causa del miedo y el sufrimiento que le debía provocar ver a su amado tán hundido pero las palabras que le dedicaría Rezo serían tán claras como significativas al percibirla acercarse a él:&lt;br /&gt;-Eris, me gustaría estar solo. -&lt;br /&gt;Con un tono de voz de nuevo calmo y agradable pero frio, más frio que un glaciar. Al poco tiempo se iría pero lo haría solo, dejando a Eris sujeta a un deber, que era el de ocuparse del laboratorio de Sairaag, el más importante y grande que poseía Rezo, El monje rojo. Las cosas se volverían muy dificiles a partir de ese momento para Rezo pero así de algún modo descubriría ese algo que tanto lo atormentaba y lo había llevado tán lejos, del bien y el mal. Para mi las cosas no serían muy distintas a como lo eran antes de que comenzase a realizar las pruebas en las que consistía el experimento del que hablaba con Eris, era atendido como las otras criaturas hasta que un día optó por liberarme y empezó a tratarme como un ser humano.&lt;br /&gt;-¿E-Eris? -Le diría yo, apenas había logrado aprender por mí mismo suficientes palabras para comunicarme pero sus nombres sí, sin comprender por qué me quitaba las cadenas de las muñecas.&lt;br /&gt;-Ahora que el experimento ha sido dado por concluido, estoy segura que el Maestro Rezo disminuirá la seguridad contigo. -Me informaría ella muy animada ayudandome a poner en pie. -A lo mejor, incluso encuentra un buen lugar para tí. -&lt;br /&gt;Y así hubiese sido pero Rezo moriría o mejor dicho, sería asesinado, Eris perdería la cabeza y a mí me tocaría cargar con las consecuencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Me resultaría tán raro enseñarle las cosas que yo había ido aprendiendo en la mansión de Rezo, junto al inquieto y acaparador de atención de Zelgadiss, que no podría evitar echarme a reir en alguna que otra ocasión mientras le observaba apoyando mis codos sobre la mesa de cascada madera en la que nos sentabamos frente a frente como Cliff hacía con nosotros, Zelgadiss y yo. Claro que su aprendizaje era mucho más rapido que el de cualquier chiquillo humano. Habiendo pasado ya dos o tres años desde que Rezo me dejase como guardiana de su Legado en Sairaag para meterse de lleno en una investigación que había dejado parada mucho tiempo atrás, su ausencia se hacía cada vez más dificil de sobrellevar pero la esperanza de volver a verlo permanecía firme como una roca, una roca que era golpeada por varias y gigantescas olas en día de angustiosa tormenta.&lt;br /&gt;-¿Puedo preguntarte algo? -Me pediría él sacandome de mis pensamientos. Su voz era tán identica a la de Rezo, todo él lo era. A veces se me escapaba dirigirme a él como lo hacía Rezo.&lt;br /&gt;-¡Claro! ¿Qué parte de lo que he leido no comprendes? -Le respondería yo, concentrandome en el tema que había preparado para él ese día pero él dejando escapar una leve risilla sin llegar a abrir la boca, me aclararía:&lt;br /&gt;-De lo que has leido no, de otra cosa. -&lt;br /&gt;-Ah... Mmm bueno, pregunta. -Le confirmaría un poco sorprendida pero sin perder la sonrisa. Su manera de expresarse no parecía aún la de un adulto, su vocabulario aunque amplio, era sencillo y al parecer el señor sarcasmo todavía era un desconocido, por lo que no me costaba enternecerme, parecía un chiquillo en el cuerpo de un hombre hecho y derecho. ¿Habría sido así de inocente Rezo en su niñez? Rezo nunca hablaba de sí mismo.&lt;br /&gt;-¿A qué se debe de repente tanta amabilidad conmigo? Si sólo soy un espe... un espe... -Formularía su pregunta aunque a la hora de decir la palabra especimen se atascó un poco, por lo que le ayudé a finalizar la frase antes de contestarle:&lt;br /&gt;-Un especimen. Ya te lo dije, una vez finalizado el experimento, no veo motivos para tenerte encerrado y atado como un animal peligroso. -&lt;br /&gt;Algunos cabellos cayeron por su frente, con un rapido movimiento, muy maternal por mi parte, se los volvería a colocar. Rezo era un hombre tán perfeccionista, ni en sus ropas o cabellos mostraba desorden. Por un leve momento me ruborice pero procuré que él no lo notase. Dando un suave soplido, intenté continuar pero al ver que no podía, cerrando con sumo cuidado el grueso libro, la daría por finalizada.&lt;br /&gt;-¿Ya no vas a enseñarme nada más? -Querría saber, parecía molesto, como cuando a un niño se le prohibe hacer algo que realmente le gusta.&lt;br /&gt;-Creo que por hoy es suficiente, tengo muchas más cosas de las que ocuparme. -Le dije cargando con fuerza pero también con cuidado el gran libro para llevarlo a su correspondiente lugar en las estanterias que había en la sala inferior. Poniendose muy cerca de mí, casi me da un síncope, se ofrecería a ayudarme.&lt;br /&gt;¿Quieres que te eche una mano? Parece un libro muy pesado. -&lt;br /&gt;-¡No! -Acabaría gritando yo cerrando los ojos para no perder el norte. -¡No hace falta! -&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Los pasos apresurados de Eris se alejaron en poco tiempo y el cerrar de las puertas, cuyo sonido produjeron al cerrarse me indicaban que debían de ser grandes y muy pesadas, me confirmarían que volvía a estar en esa sala solo. Solo y a oscuras. Esperando, como bien esperaba Eris con una esperanza casi fantaseosa, a que Rezo volviese para solucionar el tema pendiente que era yo. Los días pasaban largos y aburridos excepto esos pequeños momentos que Eris se tomaba para enseñarme lo más basico o lo que una criatura con aspecto e inteligencia humana debía saber para desembolverse sin llamar la atención. Según McKind, era un modo de compensarme de algún modo los tratos tán inhumanos que había recibido. Lo cúal no dejaba de ser irónico siendo yo algo creado. Poco a poco en mi mente irían apareciendo pensamientos acompañados por sentimientos tán humanos, nunca quisé culparles o mejor dicho, nunca debí pero mi vida, si a eso se le podía llamar vida, estaba tán llena de soledad, dudas y tristeza. Rezo quizás hubiese pensado en un final adecuado para mí pues no le gustaba dejar cabos sueltos y aún habiendo cambiado tanto, tenía una moralidad dificil de quebrar. Con respecto a Eris, yo al principio la apreciaba, llegué a verla como la única amiga que podía poseer pero al usarme, porque me usaba, para mantener su fantasia, su quimera en pie, cambiaría volviendose toda una enemiga. Ella me haría sentir unos deseos incontrolables de ser otro, de superar a Rezo si eso me ayudaba a demostrar que poseíamos fisico igual pero distinto modo de comprender la vida. Como los gemelos.&lt;br /&gt;-Veo que Eris ha suavizado el protocolo contigo. -Escucharía decir a una voz que me resultaba ligeramente familiar. -Bueno, Rezo lo hubiese hecho tarde o temprano. -&lt;br /&gt;-¿Maestro McKind? -Preguntaría al intentar adivinar su identidad aunque estaba clarísimo que era él. Ningún otro hechicero excepto él sabía de mí. Ni el propio Zelgadiss. -¿Qué hace aquí? -&lt;br /&gt;-He venido a ver a un amigo. -Respondería burlón. -Y no me digas que me estoy confundiendo, tu lo único que tienes de Rezo es su apariencia. -Añadiría muy cerca de mi, colocando una mano sobre mi hombro derecho. La expresión de mi rostro debío de mostrar cúan perdido me encontraba ya que diría al cabo de un rato:&lt;br /&gt;-Puedo imaginarme perfectamente lo que está pasando por tu cabeza y sí, debería estar con Rezo pero como él ya no me necesita, puedo ir por libre, así que tranquilo, diga lo que diga Eris. -&lt;br /&gt;-Entonces, ¿Vendrás a visitarme de vez en cuando? -Pregunté casi suplicante. Él se echaría a reir, sus carcajadas resonarían por doquier.&lt;br /&gt;-¿Por qué no? Por cierto, tú que puedes abrir los ojos, ¿no deberías tenerlos abiertos? -&lt;br /&gt;Buena pregunta. Me dejó sin saber que responderle. Durante el breve rato que pasó McKind conmigo, todo parecería divertido, el modo en que usaba ciertas palabras, me fascinó. Él sería el único en tratarme como si fuese el hermano gemelo de Rezo y no su copia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Cuando McKind vinó la segunda o tercera vez, no me agradaría pero el motivo por el cúal vinó no me agradó en absoluto. El cielo, como mi estado de animo, decaería a lo largo de aquel día, el azul del cielo se tornaría al principio de un gris muy ligero pero luego de un gris tán oscuro que todos temían que fuese a caer una fuerte tormenta de un momento para otro. Cerrando la ventana podía ver las oscuras nubes desplazarse teñiendo a su paso el cielo de ese tono, antes de sentarme en un sillón cuya tela, que recubría la madera, era de oscura tonalidad frente a aquel hechicero, tán opuesto a mi amado Rezo, separados tán sólo por el espacio que ocupaba una pequeña mesa sobre una alargada y exotica alfombra.&lt;br /&gt;-¿A qué has venido esta vez? -Le preguntaría sin rodeos, clavando mis ojos color miel sobre los suyos. No habría ni odio ni enojo, simplemente fastidio. Algo serio, muy serio debía de haber ocurrido, fue todo lo que podría deducir antes de que me soltase la noticia que haría que todo mi ser y mi alrededor se derrumbase de golpe. Sobre sus tunicas azules, llevaba un largo chambergo negro, color que Rezo conocía demasiado bien, y por una vez, en su voz ni en sus gestos se apreciaría mofa. Dando un largo suspiro, dijo:&lt;br /&gt;-Erisiel, hay algo que me gustaría que supieras por mi antes que por cualquier arrabalera en la ciudad. - Me llamó Erisiel, otro pequeño detalle de que algo no iba bien, Rezo sólo se dirigía a mí así cuando estaba o muy disgustado o cuando estaba preocupado. -En la Asociación de hechiceros en la que trabajo, ha llegado la noticia de que Su eminencia, el monje rojo ha muerto. -&lt;br /&gt;Gritar mentira era la primera cosa que se me pasaría por la cabeza pero conteniendome, cruzando mis brazos dije:&lt;br /&gt;-No me lo creo. -&lt;br /&gt;Girando mi cabeza un poco hacía la izquierda le haría entender a McKind mi desagrado. Él continuaría hablando, exponiendome la información que les había llegado. Lo que conseguía que mi rostro se desfigurase debido a la rabia que me daba que insistiese.&lt;br /&gt;-¡Es mentira! -Gritaría cuando no pude fingir que no le escuchaba más. -Se tratará de un rumor, uno de los más crueles, por cierto. -&lt;br /&gt;-Puede pero la gente está muy convencida de que es cierto. -Replicaría McKind encogiendose de hombros con una entristecida sonrisa en su rostro. -Hubo una gigantesca explosión, tán grande que los aldeanos de las zonas cercanas a la torre del Gran sabio Lei Magnus, pudieron verla. Su cuerpo no fue encontrado pero estoy seguro que fue debido a que el hechizo que originó la explosión lo polvorizó. -Añadiría como si eso fuese a ser una prueba más que verificase lo que se decía pero puesta en pie con brusquedad, con miles de lagrímas recorriendo mis mejillas, afeandome aún más el rostro, negandome con mayor rotundidad a creerle, a aceptar que Rezo, mi amado maestro, había acabado muerto, exigiría a McKind que se fuera y no volviese nunca más a esta mansión.&lt;br /&gt;-Eris, espera una reacción más madura por tu parte. -Se atrevería a reprocharme mientras le conducía a la fuerza hacía la entrada.&lt;br /&gt;-¡Vete de una maldita vez! ¡Ya no eres bien recibido aquí! -Serían mis últimas palabras al abrir la puerta y empujarle afuera.&lt;br /&gt;A partir de ese momento, Tál y cómo McKind bien había tratado de advertirme, en todas partes, la sospechosa muerte de Rezo sería un tema de preferencia, candente entre nobleza y gentes de rango más sencillo, allá donde fueses. Seguir con el día a día se convertiría en una labor casi imposible, por lo que en un principio intenté salir para los recados más imprescendibles. Atravesar el mercado más principal y con los productos más variados nunca había sido como dar un paseo, todos los días se llenaba de gente con una facilidad asombrosa, como si no hubiese otro lugar al que acudir a realizar tus compras. El número de guardias por esa zona llamaría mi atención, siempre había alguno que otro para poner orden entre los codiciosos comerciantes, que rivalizaban a menudo por mayor terreno para exponer al publico sus mercancias pero desde que se hizo saber la muerte de Rezo, aumentaría. Todo me trairía tantos recuerdos, tán hermosos de él como dolorosos ahora que su ausencia se alargaría sin final. Los gestos y miradas de la gente acompañados de murmuros apenados al diambular de puesto en puesto no me importaban, en realidad, era como si nada realmente pudiese hacerlo, todo mi mundo se había ido al irse Rezo y yo me sentía como un espectro o algo carente de ilusión o animo. Ni siquiera el inesperado encuentro con uno de mis compañeros en la mansión de Rezo, podría suavizar el dolor que me estaba adormeciendo y me estaba distanciando de todo.&lt;br /&gt;-¿Eris? -Escucharía preguntar mi nombre a uno de los guardias montados en sus esbeltos y cuidados caballos de largas y brillantes crines plateadas. -¡No puede ser! ¿Erisiel Vrumugun? -Volvería a preguntarme cortandome el paso al avanzar con su caballo unos pasos para detenerlo frente a mí.&lt;br /&gt;-En efecto, ese es el nombre que me fue dado. -Acabaría por confirmarle yo cruzandome de brazos con voz neutra. -¿Desea algo de mí? -&lt;br /&gt;-¡Por Ceiphiel! -Exclamaría él bajando de un salto del calmado animal a pesar de llevar su pesado uniforme compuesto por una cota de malla bajo las prendas de vivo color blanco y azul de intensa tonalidad. -¡Jamás creí que volvería a encontrarme con otro ayudante de Rezo! -Exclamaría de nuevo abrazandome lleno de felicidad. Al separarse de mi, adoptando un aire un poco más serio añadiría. -Aunque dadas las circunstancias... -&lt;br /&gt;-¿Se sabe ya quién asesinó al Maestro Rezo? -Fue todo lo que yo dije. Para mí, eso era lo más importante. Parnassus alzaría la vista al cielo antes de dar una cuidadosa respuesta, como hacía siempre que tenía que dar una noticia desagradable. En todo el tiempo que pasó desde su partida, había cambiado bastante, una pequeña perilla adornaba su mentón de color tán castaño como la corteza de los arboles en verano y aún habiendo logrado llevar sus rebeldes mechones a ambos lados de su cabeza, sus ojos seguían mostrando ese brillo de muchacho valiente y energico. Retiré mis ojos de él, pues mirarle era como mirar hacía atrás en el tiempo, un tiempo feliz en la mansión de Rezo.&lt;br /&gt;-Me temo que todavía no pero estamos investigando muy seriamente para dar con los culpables. -Diría hacían regresar sus ojos hacía mí arrugando la frente a pesar de mantener una sonrisa esperanzadora. Quise sonreirle pero no pude asi que le pedí permitirme marcharme.&lt;br /&gt;En alguna parte de mi hundido corazón sabía que debía sobrellevarlo, que algún día, llegado el momento, volveriamos a encontrarnos, incluso pudiese ser que en un lugar mejor, pero esa espera, ese tiempo en que no podría ver su rostro, en que no podría caminar con él agarrada a su brazo o ese tiempo en que no leería nada más para él, era inaguantable porque yo no quería olvidarle, olvidar los dulces momentos que me dedicó pero tampoco podía quedarme anclada en el ayer. Estaba presa en un circulo vicioso, muy vicioso, que cada vez se iba estrechando más, tanto que llegó un momento que la realidad y mis propias fantasias se confundieron, tornandose en algo peor pero al menos ese algo me hizo feliz de nuevo. Él lo notaría también pero no podría hacerme frente hasta que algo estallase dandole una personalidad más marcada. Él se convertió en esa segunda oportunidad, en ese hagamos que no ha pasado nada, lo que pasa afuera es la fantasia y tú eres la realidad cuando era justamente todo lo contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-¿Qué? -Preguntaría una vez más, perplejo, sin comprender a qué se debía ese cambio tán radical de mi situación.&lt;br /&gt;-Ya lo has oido, este no es tu lugar. -Me respondería ella, en su voz había algo que no supe identificar. -A partir de ahora estarás en la mansión conmigo. -&lt;br /&gt;-¿Ah no? La parte del tiempo que no estoy dormido, la paso por aquí, como si este fuese mi único hogar. -Le expuse ingenuamente, sin ser consciente, porque apenas era consciente de las cosas, de lo que podría provocar mis palabras.&lt;br /&gt;-¡Pues no! ¡No es sano! -Me gritaría pero dandose cuenta de algo, se disculparía al instante y aquello o más bien, el modo en que lo hizo no sería como en otras ocasiones. -Oh perdonadme pero me gustaría que pasaras un poco más de tiempo conmigo, como en los viejos tiempos. -Entonces se aproximaría a mí, paso a paso, para colocar su cabeza sobre mi pecho como lo haría una chiquilla buscando afecto en su padre. Como solía hacer con Rezo cuando le pedía algo o se sentía triste, buscando su consuelo. Si era cierto eso de que una copia u homunculo podía compartir recuerdos y habilidades con el original, Eris haría todo lo indecible para hacermelos aflorar. Ella se iría elaborando una fantasia más fuerte que la propia realidad, por lo que yo dentro de esa fantasía sería él, claro que un él ¿amnesico? Por un tiempo, ya que me lo decía tantas veces, incluso llegué a creermelo.&lt;br /&gt;-¿Qué libro desea que comience a leerle a partir de hoy? Maestro Rezo. -&lt;br /&gt;-No lo sé, estoy seguro de que todos poseen magnificas historias. -Le respondía con amabilidad sentado en el sillón preferido de Rezo, sintiendome extraño, inadecuado, tán lejano del lugar que Eris se empeñaba en hacerme creer mi verdadero hogar. Su suave tejido no tenía nada que ver con la fria piedra en que estaba construida la maquina con forma de mueble.&lt;br /&gt;-Entonces, ¿me permite escoger el que considere más interesante? -Me preguntaría ella encantada. En su voz se apreciaba tál felicidad que casi parecía cruel devolverla a la realidad por lo que a pesar de ese sentimiento de no ser dueño ni del lugar ni de esas costumbres, hacía por acoplarme.&lt;br /&gt;-Si, Eris. -Le respondería concediendole tán deseado honor.&lt;br /&gt;Como vida propia hubiese sido una vida hermosa y tranquila pero nada de lo que Eris me decía suavizaba la sensación de que era como un impostor, una sombra de alguien que había estado allí, un recuerdo con apariencia humana de un fallecido pero no comenzaría a compartir esas impresiones con Eris hasta ser despertado abruptamente de esa agridulce ensoñación. Ella leía realmente bien y no leería cualquier cosa que yo le pidiese con sumo agrado, alzando y aclarando su voz todo lo posible, sin perder el aliento al realizar una pausa ni quebrar su voz a lo largo de los parrafos más extensos. Era casi como escuchar recitar palabras escritas a un angel, todo por y para Rezo, quien, por motivos que ella nunca llegó a saber, se tornaba distante y demandante dejando para otro momento el amor que ella tanto parecía requerirle timidamente. Y no sólo mostraba talento para la lectura, como ama de casa también había ido adquiriendo gran manejo durante el tiempo que vivió en la otra mansión de Rezo. Era una ayudante de las que hay pocas, todo para conquistar a su amado Rezo. Como yo tampoco sabía exactamente como actuaría Rezo, quizás a veces me excediese con mis cumplidos hacía ella, lo que podría desencadenar situaciones un pelín complicadas.&lt;br /&gt;-Realmente eres una dama de gran importancia para mí, ¿qué hubiese sido de mí sin ti? -Debío de ser el cumplido que le dije un día, sin ni siquiera haberlo preparado, como algo que dije sin pesar, asombrado ante lo laboriosa que era pues está mansión, también de amplias salas y muy decorada, siempre estaba limpia, como recíen adquerida. Mis dedos no se ensuciarían ni lo más minimo al pasarlos por los muebles, las puertas o la barandilla de las escaleras. -Ocuparte de una vivienda tán grande tú sola, estoy tán admirado. -&lt;br /&gt;-Oh Maestro Rezo... -Replicaría ella casi sin aliento. -Esto es lo menos que puedo hacer, como ayudante suya, siempre he deseado servirle en todo, absolutamente en todo lo que Ud me solicite y esto no es más que una pequeña parte. -Conseguiría explicarme aunque su voz parecía haberse azorado al igual que su corazón. Su respiración por un momento se aceleró también. Toda ella parecía haber sido presa de una fuerte reacción. A lo mejor, fuí a decir las palabras que había estado esperando oir por parte de Rezo toda su vida.&lt;br /&gt;-Vaya, entonces la vida de un ayudante debe de ser tán sacrificada. -Pensé en voz alta poniendome pensativo un instante. -Te estoy realmente agradecido pues. -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Sus palabras, un mero halago, fueron para mí algo más, más que un reconocimiento o un cumplido por su parte, fueron las palabras que tantos, tantísimos años esperaba oir, especialmente porque eso significaría algo, algo que llevaba tantísimo tiempo anhelando, me daba a entender que era querida, mucho más que apreciada pero sólo eran palabras y ya se sabe lo que se dice sobre las palabras, que se las puede llevar el viento quedando olvidadas o irrelevantes. Necesitaba descubrir si alguna vez Rezo me hubiese amado o incluso deseado. Crystal compartía conmigo algunas confidencias que Rezo le hacía, sus pensamientos y deseos más profundos, que no revelaba a nadie más. A veces me resultaba difícil creerla pero la prueba más evidente era Zelgadiss.&lt;br /&gt;-El Maestro Rezo también es un hombre, por lo que también ha pasado momentos en los que ha deseado tener esposa e hijos pero debido a sus obligaciones siempre ha acabado por sacarlos de su mente. -&lt;br /&gt;-Pero nosotros somos como una familia ¿o no? -Le preguntaba yo entre enfadada y entristecida. Crystal me miraba alzando una ceja sentada frente a mí en mi cama antes de responderme:&lt;br /&gt;-Claro, de un modo más simbolico, pero entre tú y yo, nosotras no tenemos lazos de unión con él y creeme, aún consiguiendo conquistarlo, jamás podrías mostrarte como su esposa. Somos sus ayudantes, apreciados ayudantes pero eso es todo. -&lt;br /&gt;Pero ¿y si él tampoco me amaba? Bueno, poseía recuerdos de Rezo, su aspecto y habilidades pero no sus sentimientos, en realidad, según lo que logré comprender de la larga y compleja explicación de Rezo con respecto a los humunculos, ellos no llegarían a albergar sentimientos tán humanos como los nuestros, eran como muñecos, lo más que desarrollarían sería una conciencia muy basica, como mucho, similar a la de un chiquillo. Yo deseaba intentarlo aunque a mi mente llegasen atisbos de esa realidad de la que huía, pues él no era Rezo aunque lo imitase cada vez mejor, seguía siendo una especie de muñeco o titere. En esas noches que me encontraba dividida, sintiendo de nuevo un dolor que creía desvanecido, lloraba y lloraba tumbada boca arriba en mi cama, dejando a la mañana siguiente leves surcos en mis mejillas y ojos hundidos como indicio de ese dolor que sólo se alejaba al mirarle. Reapirando hondo, trataría de aclarar algunas de las cosas que me andaban rondando la cabeza.&lt;br /&gt;-Una vez me preguntaste si había alguien en quien yo estuviese interesada. -Comence a decirle con timidez, a medida que continuaría hablando el suave tono rojizo de mis mejillas ganaría intensidad. -Yo en aquel momento sólo fui capaz de decirle que no pero lo cierto es que sí. -&lt;br /&gt;-Me figuro que esa persona ha de sentirse muy afortunada, ¿se lo has hecho saber ya? -Comentaría él esbozando una sonrisa encantadora. Dolía a la vez que agradaba verle y escucharle hablar así, con esa amabilidad y animo, como hacía tantos años que no le escuchaba, de nuevo tán cercano. Me sentí de nuevo nerviosa, como en aquel momento pero con gran esfuerzo dije lo que tantas veces había repetido en mi mente, incluso frente a Crystal en mi habitación:&lt;br /&gt;-Nunca me he atrevido, Maestro Rezo, porque esa persona es Ud. Siempre lo ha sido. -&lt;br /&gt;-Es muy halagador por tu parte pero no puedo corresponderte. -Lograría decir al cabo de un rato, trás toser dos o tres veces pues en el momento en que yo lo decía, él me escuchaba mientras daba un largo sorbo a su pequeña taza de porcelana de suaves tonos y dorados relieves llena de humeante café con leche.&lt;br /&gt;-¿Qué quereis decir? Si teme lo que pueda pasar, le aseguro que nadie se enterará. -Le prometí consciente de que Rezo siempre debió de mantener una imagen apropiada, muy moral al haber sido siempre visto como una especie de santo. Él suspiraría poniendose en pie con la taza fuertemente cogida con ambas manos antes de darme la respuesta que le pareció más elocuente sin dañar mis sentimientos.&lt;br /&gt;-Siempre he sido un hombre muy complicado, a la larga acabarias por ser incapaz de comprenderme. Es mejor que sigamos como hasta ahora. -&lt;br /&gt;-Pero... Dijisteis que era muy importante para ti... -Acabaría dejando escapar con los ojos llorosos levantandome dispuesta a seguirle hasta optener una respuesta que me satisfaciese. Que no quisiese corresponderme en otras circustancias lo hubiese acceptado comprendiendo que cada cual debe amar a quien realmente ama pero en esas circunstancias, era lo peor, pues desde el momento en que, con gran valor le mostre mis sentimientos con total sinceridad, deseaba ser correspondida con mayor y demenciada fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Ella deseaba que le demostrase mi amor de un modo algo más adulto. Ya no era una muchacha, al fin y al cabo, no sería un pecado a los ojos de su dios ¿Ceiphiel? Sería nuestro secreto, algo que sucedería sólo entre nosotros, nadie lo sabría pues ella jamás lo contaría y yo, yo cada vez sería más y más controlado. Supongo que el escenario de nuestra pequeña fantasia como tantos otros no debía de ser excesivamente grande. Nada tenía sentido, cada día pensaba más y más en qué habría hecho él y si mal no lo recordaba él era quien llevaba la voz cantante. No era fácil interpretarlo, siempre fue un hombre extraño, tál y cómo le dije, era demasiado complicado pues Rezo era benovolo al mismo tiempo que malvado, reservado y casi posesivo con los suyos pero tán generoso y distendido con los demás, un hombre que le desagradaba la magía negra pero que viendose obligado a aprenderla, la dominaba con igual maestria que las otras clases de magía. Yo era tán poca cosa a su lado pero lo único que quedaba de él y eso era todo lo que Eris necesitaba para menguar el dolor de ese dolor que no parecía desaparecer nunca. Al principio no eran más que leves insinuaciones, timidas sugerencias, le asustaba enfrentarse a mí o mejor dicho, imponerse a mí. Ella tenía un dominio de la magía impresionante, probablemente para estar a la altura, pero el que yo poseía era superior, claro que no me daría cuenta de ello hasta lograr salir de esa fantasia o encantamiento del que me encontraba preso.&lt;br /&gt;-Alguna vez me gustaría salir fuera de la mansión, conocer la ciudad. -Le sugerí una vez aunque fue una estupidez pues su respuesta fue una dulce pero firme negativa:&lt;br /&gt;-Maestro Rezo, estos días la ciudad anda muy alborotada, es más conveniente quedarse. -&lt;br /&gt;-Comprendo. -Acababa conformandome. Lo cúal aliviaba a Eris. La mansión era su santuario y yo, el objeto sagrado al que orar y proteger, sólo tocado por los sacerdotes. A veces llegué a sentir pena por Rezo, él fue el verdadero objeto sagrado, yo, el de sustitución. Cuando Eris posó sus labios sobre los mios, me incomodé un poco como cada vez que lo hacía de esa manera tán inesperada y poco a poco más impulsiva pero no la aparté de mí agarrando sus muñecas para no sentir sus manos acariciar mi rostro. Pensé que a lo mejor había momentos que Rezo se permitía esos caprichitos. Al ser sus labios suavemente separados de los mios, escucharía una leve risilla por su parte amortizada por una de sus manos al ser colocada en su boca.&lt;br /&gt;-Te quiero. -Saldría de su boca, antes de marcharse con pasos apresurados. Al oirla alejarse, llevandome una mano a la cabeza, meando la cabeza pensaba una y otra vez, esto no es correcto. Todo esto no es correcto porque si así lo fuera no me sentiría como un extraño.&lt;br /&gt;-Por supuesto que no lo es. -Me daría la razón una voz en la oscuridad, desconocida y aterradora. Mucho más ronca que la voz de uno de los mercenarios de Rezo, Dilgear pero tán traviesa como la del hechicero McKind. -No puedes ser Rezo, El monje rojo ya que éste murió a manos de Lina Inverse. -Añadiría soltando una carcajada de esas que te dejan paralizado. Girase la cabeza por dónde la girase todo lo que vería sería oscuridad, lo cúal me frustró bastante.&lt;br /&gt;-¡¿Quién eres?! -Le exigiría saber.&lt;br /&gt;-Eso no tiene importancia, al menos, no debería tenerla para ti. -Fue su única respuesta. -Tán sólo he confirmado lo que ya sospechabas. -&lt;br /&gt;-Entonces, me siento como un extraño, porque no soy quién Eris dice que soy. -Comence a atisbar la verdad de nuevo, saliendo de la fantasia más dañado de lo que en un principio hubiese estado. Soltando otra horrible carcajada, volvió a confirmar, a su manera deduzco, lo que realmente sucedía:&lt;br /&gt;-Qué hayas surgido de unos pocos restos del gran sabio no te convierte en él. Afrontalo, eres un pelele, un muñeco que Eris usa a modo de placebo para curar el dolor que le provoca la perdida de su verdadero amado. -&lt;br /&gt;El cumulo de emociones que me invadieron jamás había llegado a ser tán intenso, era algo que parecía ir más allá de lo que un humano normal en estado de ira o enojo pudiese despedir. La última cosa que le oiría decir a aquella voz me fastidiría el doble.&lt;br /&gt;-No tienes por qué seguirle el juego a Eris, aunque tampoco es que tengas otro remedio ¿O si lo tienes? -&lt;br /&gt;-¡Callate! ¡Si no soy Rezo no volveré a actuar como él! -Bramaría antes de dejarme caer al suelo como un luchador vencido llevandome ambas manos al rostro, manteniendo apretados los dientes de la rabia que se acrementaba sintiendome engañado, usado y de nuevo, una criatura atrapada porque seguía atrapada aunque mi carcel se hubiese vuelto más comoda. Todo ese amor, todaa esa disposición, todo el respeto, todo era para Rezo, el santo, el gran sabio, el hombre que me había creado a su imagen y semejanza. Creo que algo denominado Ego empezó a tomar forma haciendome adquerir a mí una personalidad más marcada, ese debío de ser el primer momento que empece a hacer todo lo posible por diferenciarme y lograr verle a Eris que no era su Rezo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;No sabría como explicar lo que sucedió entre él y yo para que me viese obligada a usar la magía contra él. Gracias a Ceiphiel no utilice un hechizo demasiado peligroso, de todos modos, no funcionó del todo pues aunque por un momento cayó adormecido, no estaba completamente dormido, estaba más bien como amodorrado. Al instante correría hacía él para suavizar su caída, sosteniendolo entre mis brazos, sentada en el suelo le rogaría que me perdonase. Jamás quise llegar tán lejos pero él era todo lo que me quedaba, aunque fue un recuerdo, era el único recuerdo que tenía de él, un recuerdo tán material.&lt;br /&gt;-¿Q-Qué me has hecho? -Preguntaría entre asustado y confuso al ir recobrandose.&lt;br /&gt;-Se lo ruego, no se enfade conmigo, yo... -&lt;br /&gt;-Ya lo estás volviendo a hacer. -Dijo interrumpiendome intentando salir de entre mis brazos, ahora su tono de voz mostraba amargura. -Me estas tratando como si fuera el Maestro Rezo. Supongo que no puedes evitarlo, nunca has podido. -Añadiría apartandose de mí para a continuación ponerse en pie por si mismo, yo intenté ayudarle pero al percibirme cerca, con un gesto rapido rechazaría la ayuda que iba a prestarle.&lt;br /&gt;Todo se volvería más difícil a partir de ese momento, porque tenía razón, yo haría todo lo posible porque siguiese actuando como Rezo pero él cada vez sentía mayor repulsión hacía él, se negaba a continuar fingiendo. A menudo me lo encontraría sentado en un oscuro rincón del ya por sí oscuro sótano de la mansión ya que no tenía ninguna intención de llevarlo al gran laboratorio de Rezo, el único lugar que él fue sintiendo como su hogar.&lt;br /&gt;-Alejate de mí. -Decía antes incluso de que llegase hasta su lado con una bola de luz azulada como única fuente de luz ahí abajo pero yo continuaba aproximandome con firmeza a la vez que le respondía:&lt;br /&gt;-¡No! Puede que no seas él pero eres lo único que me queda de él. -&lt;br /&gt;-¡Le odio! No pienso hacerme pasar por él nunca más ¡y menos para tí! -Gritaría dandose golpes en la cabeza. -¡Pero no es ni la mitad de lo que te odio a tí! Al menos él fue sincero y me trató como debía ser tratado dada mi verdadera naturaleza. -&lt;br /&gt;Aquellas palabras fueron dolorosísimas pero supongo que también hubiesen sido un buen estimulo para hacer regresar a la realidad que había dejado fuera de la mansión. Curiosamente no me hicieron llorar y sintirme arrepentida por lo que le obligaría a aguantar despúes. Muchas veces dicen que el remedio es peor que la enfermedad, sí, admití lo que el deseaba que admitiese pero como no me cuadraba, le obligue a continuar fingiendo. Tendría que valerme de algún hechizo que lo hiciese mio pues causarle mayor daño era algo que me superaba, no sería tán capaz pero como temía lo que los encargados de la única biblioteca de toda la ciudad de Sairaag pudiesen pensar de mí, pues seguramente tendría que acudir a la zona referente a magía negra, me las tuve que apañar buscando información de otro modo, uno quizás más arriesgado pero emocionante y quizás igual o más directo. ¡Menuda pandilla de hechiceros! Lo peor sería encontrar a McKind entre ellos.&lt;br /&gt;-¿Se puede saber qué haces precisamente tú aquí? -Preguntaría al rato de dar una honda calada a su pipa cuidadosamente tallada, una gran nube de humo saldría expandiendose a lo largo de la sala contaminando el ambiente. -Creía que yo deseabas volver a verme nunca más. -Añadiría fingiendo sentirse muy dolido. Unos cuantos hechiceros se echarían a reir desagradablemente pero otro, de facciones endurecidas a causa de la edad y quizás a una enorme tristeza, de los más mayores entre todos los presentes, soltó reprochante:&lt;br /&gt;-¡Ya vale de coñas, McKind! Es una sacerdotisa, merece algo más de respeto por nuestra parte. -&lt;br /&gt;Otro que estaba frente a él, sin lugar a dudas, jugando una partida de ajedrez pues en la pequeña mesa había desplegado un tablero y varias figuras, de fuerte color blanco amarillento y negro, replicaría con voz algo menos severa:&lt;br /&gt;-Es posible pero dudo que sea proveniente del templo de Sairaag. Los colores que llevan las de aquí son blancos y lilas. -Trás mover una de las figuras que le correspondían contra las del otro hechicero añadiría. -Es una sacerdotisa extranjera. -&lt;br /&gt;-¡Qué bueno! -Exclamaría McKind riendose ruidosamente a proposito. -¡Pero esta dama en realidad no es una sacerdotisa, era una de los ayudantes que El monje rojo poseía! -&lt;br /&gt;-¡Vaya, vaya, con Rezo! -Exclamaría entonces él mismo que había pensado que era una sacerdotisa de otra ciudad. -Para ser ciego, tenía muy buen gusto. -&lt;br /&gt;A veces McKind podía ser peor que un demonio de alto o mediano nivel. Se le veía en su salsa entre todos esos hechiceros, poderosos sí pero sin un apice de etíca. Rezo jamás fue así, ni siquiera aún realizando los experimentos que realizaba, si se vió metido en ese mundillo, fue por mejores motivos, la gran mayoria de ellos eran realizados sobre sí mismo. Esos hombres me causaban repulsión pero me aguante sus bromas a fin de obtener lo que había ido a obtener.&lt;br /&gt;-Una ayudante de Rezo... Creo que ya sé el motivo de su visita. -Les dijo un hombre de poca estatura, largas barbas de grisaceo color, tán gris como el de sus pobladas cejas que apenas dejaban entrever sus pequeños pero luminosos ojos, vestido por una tunica de similar color a la de McKind pero de mayor calidad casi oculta por la larga capa también azulada que le arropaba unida por dos hombreras de dorados detalles. Al aproximarse, sus ropas adquirirían mayor gracia iluminadas por la tenue luz de la única lamparilla de aceita que había encendida en toda aquella sala. Pasandose una mano por la espesa barba, como si me examinase, me agarraría de un brazo para que me agachase un poco.&lt;br /&gt;-Es el homunculo, ¿verdad? -Preguntaría buscando una rapida confirmación de su teoria pero todo lo que pude decirle fue:&lt;br /&gt;-¿Cómo sabe Ud eso? -&lt;br /&gt;-Eso no importa, dime, ¿ando en lo cierto? -Replicaría él con una vocecilla casi parecida a la de un duende. Asentí fascinada. -Ya sabía yo que no era buena idea... Esos pequeñajos a la larga se vuelven contra sus creadores, ¿por qué con él hubiese sido distinto? Lo hubiese intentado matar tarde o temprano pero tranquila preciosa, puedes atontarlo con cualquier hechizo para controlar mentes. -Me iría comentando y a medida que lo hacía me fuí percatando de que entre él y Rezo habían creado al especimen pero no dije nada al respecto, tán sólo le agradecí su consejo y me fuí de aquel antro casi corriendo. Una sonrisilla se dibujaría en mi rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Ella sabía que aún logrando obtener su atención de un modo más adulto e intimo aquello no sería correcto pero más de una vez fantaseó con ello. Sus compañeras, especialmente una a la por la que sentía un gran aprecio, le recomendaban ser cuidadosa, disimular un poco su creciente y desbordado interés hacía él y ella se esforzaba pero de noche, su mente&lt;br /&gt;actuaba sin obstaculo que la manteniesen racional. Sobretodo durante las frescas pero no tán frescas noches de verano. Antes de caer rendida al amo y señor de los sueños, con los ojos cerrados rememoraba y almacenaba en su memoria los eventos o acontecimientos que más le habían gustado, entre ellos, encontraría uno, uno de los que se suele llamar comprometedores. Con placer y un fuerte sentimiento de culpabilidad, cerraba los ojos y lo revivía en su mente. Quedarse en pie mirando por el pequeño espacio que ofrecía la puerta entornada era algo más propio de una muchachita cotilla que de alguien como ella pero como lo que entrevió no le pareció del todo indecente, lo disfrutó, tanto como si conciencia se lo permitió. Contemplar al hombre cuya presencia la ya turbaba bastante debido al profundo e intenso amor que sentía hacía él y a menudo contenía semidesnudo fue como un pequeño regalo otorgado por los dioses. Un momento que no duraría la cantidad de tiempo que a ella le hubiese gustado pero que avivó esa llama que tendía a apagar para no tener problemas ni por supuesto ponerle a él en incomodas circunstancias. A ella, que ya suponía que sería un hombre con un aspecto fisíco envidiado por muchos hombres y que hacía suspirar a muchas damas, le dejó sin respiración porque no era para nada escualido o flacucho, poseía una delgadez propia de un joven guardia o de un joven mercenario, esbelto y fibroso. Con un vello que apenas se apreciaba y una piel tán clara que no parecía propia de un humano, quizás más de un elfo. Llevandose una mano a la boca y&lt;br /&gt;la otra a su corazón, cuyos latidos parecían poder palparse de la fuerza con la que eran ejercidos. Justo cuando pensaba con los ojos hacía el techo y una sofocación que le recorría todo el cuerpo avivando los colores de sus mejillas que se iba a desmayar ahí&lt;br /&gt;mismo, una voz familiar la haría retomar la normalidad. Esa voz procedía de una de sus compañeras, precisamente de la más joven, de cabellos de fuerte tonalidad castaña con algunas zonas un poco más esclarecidas al sol, sólo al sol, recogidos en una sencilla coleta o trenza, llamada Pandora.&lt;br /&gt;-¡¿Qué haces ahí parada?! -Sería la pregunta que la chiquilla haría, casi acusadora. Una mera pregunta que sólo sobresaltaría a alguien haciendo algo indebido, pero que devolvería a Eris a sus deberes apresuradamente.&lt;br /&gt;Yo me las vería muy perras, mis negativas no le bastarían, si había llegado el momento de llevar la relación a ese terreno, Eris la llevaría más allá, por las buenas o por las malas. Un deseo dormido había despertado en ella, deseaba llevar esas fantasías a un terreno más real.&lt;br /&gt;-Amame. -Me rogaría colocandose tán cerca de mí que podía sentir y percibir su creciente deseo como si ese fuese el perfume que había comenzado a usar para mí, mejor dicho, para Rezo.&lt;br /&gt;-No, tengo cosas mejores que hacer. -Le espetaba yo desafiante pero encantador.&lt;br /&gt;-Amame y permiteme mostrarle todo mi amor de nuevo. -Insistía ella adoptando un tono más autoritario. No se iba a echar atrás, ya no, incluso usaría su as bajo la manga en varias ocasiones. Alzando una ceja, sonriendo brevemente, se lo negaría una vez más:&lt;br /&gt;-He dicho que no. Sea lo que sea, no me harás participe. -&lt;br /&gt;-¿Estás seguro? -Me preguntaría ella colocando sus labios cerca, tán cerca como pudo en mi oreja derecha para al instante recitar el conjuro que me haría suyo por instantes desplegando toda su concentración y poder en cada palabra. Debió de funcionar pues me sentía como drogado, escuchando pensamientos que no eran mios pero que llegaban y llegaban eclipsando los mios propios como siempre hacían. Pero la primera vez mi reacción no sería tán radical, me pillaría de sorpresa. Trás escuchar aquella anecdota más propia de una vergonzosa y mojigata jovencita, tomando aire, como si fuese un ahora o nunca, me pediría lo que toda mujer enamorada pide a su amado llegado ese punto en la relación en que el fuego que ambos sienten no se calma sino que se expande a mayor velocidad por sus cuerpos. Ser amada, amada como una mujer. Alzaría mis cejas sorprendido. Ella volvería a insistir y cada vez que volvía a pronunciar su petición pudía atisbar como su voz cambiaba pasando de un timido murmullo a una clara y desesperada suplica. No sabría que hacer, por lo que permanecería frente a ella aún con expresión de sorpresa porque sinceramente no deseaba darle ese capricho pero decirselo directamente no hubiese servido&lt;br /&gt;de nada. Su suplica se transformó en una orden y despúes llegaría la formulación del hechizo que me hiría aturdiendo pero sin llegar a perder del todo la noción de los sucesos que llegarían a continuación. Era lo mejor, dejarse llevar como un titere, como un muñeco que ni siente ni padece, que sólo se mueve o interactua porque alguien tira de sus hilos. Por desgracia aunque el hechizo funcionaba, a veces volvía a mí ser, lo que implicaba que debía de fingir. No dolía porque Eris no alcanzaba un fuerte dominio pero no era agradable escuchar la voz del hechicero en tu cabeza. En el que vendría a ser mi dormitorio, sobre la amplia y confortable cama Eris esperaba sentada sobre ella con sus antiguas ropas a que yo la tomase. Cuando me adentre en la cama aún hecha para unir nuestros cuerpos, de momento cubiertos, juntando nuestros labios en un delicado beso, ella alzaría sus brazos colocandolos sobre mis hombros, entrelazando sus manos sobre mi cuello. Yo, como si se tratase de la cosa más natural del mundo, haría descender mis manos hasta posarlas sobre su cuello, su largo y suave cuello rodeado de finos cabellos que acariciaban el dorso de mis manos. Sin dejar de entrelazar mis labios con los suyos que se fueron humedeciendo poco a poco a la vez que prolongaban la placentera y adictiva unión. A veces, antes de continuar proporcionandole más lentos besos, le escuchaba soltar suaves gemidos. Fue una pequeña muestra de lo que iría saliendo de su boca despúes, al desabrochar los gruesos dos gruesos botones que mantenían la capa a juego con su virginal traje. Caería sin emitir más que un leve sonido como el siseo del viento sobre la cama. Los latidos de su corazón se volverían más rapidos y fuertes al rasgar la parte inferior del traje un poco, lo suficiente para poder palpar el finísimo tejido de lo que llevaba a modo de ropa interior. Aquello parecería enloquecerla de placer pues apretó energícamente las tunicas que todavía cubrirían mi cuerpo. Llegado el momento en que me pondría a sudar como inundado por un gran calor me deshice de las tunicas cuyo tacto indicaba que habían sido realizadas con terciopelo . Suspiré al sentir algo de aire fresco y retomé el asunto por dónde lo había dejado, Eris me esperaba conteniendo su agitada Y sofocada respiración. A ella parecía excitarle muchísimo que tomase la iniciativa, era lo propio como hombre o eso se les hacía creer desde muy jovenes, retiraría el cinturón fabricado con la misma o similar seda que su traje y el traje se haría más fácil de retirar. La última prenda se la quitaría ella misma dejandola a un lado, para, totalmente desnuda, sentir mis besos y mis caricias por todo su cuerpo. Con cuidado, echandome sobre ella, palparía sus zonas más intimas como sus redondos y firmes pechos con blandos pezones que se endurecerían turgentes como dos montañitas al contacto con las yemas de mis dedos. Los gemidos de Eris se intensificarían de tál modo que ya no eran gemidos sino autenticos alaridos de placer. Unos alaridos que se alzarían incontenibles al llegar cerca, muy cerca de su sexo oculto por un buen palmo de vello pubico. Todo su cuerpo se extremeció de gusto y verguenza. El grito que lanzaría sería entrecortado, como si su voz no pudiese alzarse más y perdiese su esencia a mitad del grito. Si ella, ella que jamás había sido tocada por hombre ninguno y muchas veces le negaría ese honor a su compañero mercenario, no deseaba seguir, me habría detenido aunque ya hubiese despertado en mí esa mecha y el deseo empezase a hacer de las suyas, me habría separado y me habría marchado a otra habitación sin decir palabra pero ella, aún asustada porque decían que entregarse de ese modo a un hombre era doloroso, deseaba experimentar ese dolor, dolor que se volvería agradable, muy agradable al tener a su amado dentro de ella. Su sexo, el sexo femenino, cuando ya se había roto el himen protector, al abrirse éste para muchos artistas era&lt;br /&gt;como una flor, una flor que va abriendo sus petalos, una flor de carnoso tacto y arrugas de todo tipo. Claro que yo sólo podía imaginarlo introduciendo algunos dedos para ir abriendo esa flor que en vez de producir una envolvente fragancia, empapaba mis dedos de un liquidillo cuyo tacto bien recordaba al de la piel de una babosa, tán resbaladiza. Eris se mordería los labios, preparandose para lo que vendría a continuación. Supe que al principio le sobrepasaría un poco pues al rozar sus mejillas por ellas se desplazaban algunas lagrimas. Sin embargo ella deseaba ser amada. Sin embargo ella desearía ser amada de ese modo no sólo una vez. Ya no era dueño ni de mi propio cuerpo, ella disponía de mí cuando y como quería, por lo que no hubiese resultado extraño que me esforzase en evitarla y que viese sus breves partidas de la mansión como pequeños momentos de libertad. Cuando ella no estaba, podía mostrarme como verdaderamente era.&lt;br /&gt;-Veo que vas con los ojos abiertos, ¿qué opina Eris de ellos? -Me preguntaría McKind al mirarme directamente a los ojos exhibiendo una sonrisa pícara. Era un hombre maduro pero apuesto cuya vestimenta no tenía nada que ver con la que yo le había supuesto desde la oscuridad. Al darme la vuelta me llevaría una mano al pecho agradecido, antes de responderle suspiré dedicandole una timida sonrisa:&lt;br /&gt;-Ella no sabe que he conseguido abrirlos por mí mismo. Además dudo que me permitiese ver. -&lt;br /&gt;-Pues qué pena, así podrías decirle lo hermosa que la ves. -Bromeó acercandose al gran ventanal en el que me encontraba apoyado contemplando las viviendas cercanas y a los ciudadanos caminar por las calles de piedra. Los chiquillos jugaban con pelotas que perdían su forma redondeada al ser golpeadas con facílidad pero se les veía tán felices y muchas mujeres con blancos delantales sobre sus sencillas prendas de desteñidos colores barrían mientras charlaban entre ellas la parte de la calle en que sus hogares habían sido edificados. Pasandome una mano por la espalda McKind me propondría algo inimaginable:&lt;br /&gt;-¿Echamos una partidita al ajedrez? -&lt;br /&gt;-No sé jugar. -Le respondí agachando la cabeza avergonzado.&lt;br /&gt;-¡¿En serio?! -Exclamó provocando que mi verguenza aumentase. -Pues Rezo sí, era su juego favorito y era la rehostia de bueno. Me extraña que Eris no te haya obligado a aprenderlo. -Añadiría mirando al techo mientras meneaba la cabeza.&lt;br /&gt;-Pues no lo ha hecho. -Le respondí yo encogiendome de brazos.&lt;br /&gt;Pasaríamos un rato muy entretenido, quizás no logré vencer a McKind a la primera pero en las partidas posteriores que pudimos jugar, fuí mejorando con gran velocidad, hasta conseguir quedar en tablas con él, como si fuese cierto que siempre hubiese jugado a ese juego o siempre lo hubiese dominado con facilidad pero al no ponerlo en practica, se me hubiesen pasado algunos movimientos estelares. Cuando escuchamos las grandes puertas de la entrada abrirse tanto McKind como yo supimos que nuestro momento de libertad había acabado. Corriendo hacía la ventana, nada más abrirla, saldría dando un salto casi propio de un artista de circo para acabar sin un rasguño sobre la gruesa rama de un arbol muy cercano. Me dejó con la boca abierta.&lt;br /&gt;-¡No es para tanto! -Me diría él antes de que cerrase la ventana. -¡Rezo y yo nos las hemos visto más perras! -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿Jugamos? -Preguntaría él casi con un tono de voz burlón al sentir como me adentraba al dormitorio.&lt;br /&gt;-¿Dónde ha encontrado ese tablero y las figuras de ajedrez? -Querría saber al verle sentado en una elegante silla de alto respaldo de madera de oscura tonalidad frente a una mesita también de oscura madera en cuya superficie se encontraba desplegado un tablero de ajedrez y las figuras correspondientes a cada jugador ordenadas y listas para ser utilizadas. Las que estaban colocadas en su zona eran de un fuerte color rojo. Esbozando una sonrisa mientras apoyaba ambos codos sobre la mesa manteniendo las dos manos entrelezadas bajo su mentón, arqueando una ceja me respondió:&lt;br /&gt;-¿Tú dónde crees? Estaba aquí, en mi dormitorio. Me sentía tán aburrido... -Añadiría con ese tono de voz que fingen los niños para buscar un indulto por parte de sus padres. Suspirando, me sentaría frente a él, a Rezo siempre le gustó ese juego pero era un juego peligroso, un juego que te hacía expandir demasiado la mente a fin de crear una estrategia que te llevase a una victoria. Me preocupaba que el ajedrez abriese su mente demasiado, pues se volvería más astuto y temerario pero me gustaba tanto jugar con Rezo. Cliff siempre fue el rival que Rezo siempre escogía pues Cliff poseía una inteligencia y una visión muy superior a la nuestra en temas complejos. Ni Zelgadiss era capaz de hacerle sombra aunque Zelgadiss prefería experimentar la acción a plantearla. Yo aprendí a jugar gracias a Cliff, es algo por lo que siempre le estaré muy agradecida, ya que eso me permitió un gran acercamiento a Rezo. Sin embargo Cliff nunca llegó a vencerle. Me ví obligada a buscar metodos más continuos con los que limitar sus acciones ya que cada vez se apreciaba más desprecio hacía mí, un desprecio que podría ir más allá del odio, es decir, podría llegar a hacerme daño pero nunca pareció intentar golpearme o pegarme, de todos modos, no podía fiarme y menos al recordar las palabras del hechicero. Tarde o temprano, los homunculos tratan de matar a sus creadores...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-Vaya, vaya, vaya, no sabía qué el Maestro Rezo poseyese esa clase de... ¿ayudantes? -&lt;br /&gt;-Bueno, pues yo al contrario que tú, copia, siempre supe que el Señor Rezo sería capaz de esto y de mucho más. -Me soltaría el mercenario. Su voz era ronca y brusca como sus palabras hacía mí.&lt;br /&gt;-¿Sí? ¿Cómo por ejemplo qué? -Quisé saber, en los recuerdos que aquella cosa avivó en mí mente, no se le apreciaba como un villano sino como un gran hombre, un hombre de bien, incluso como un hombre demasiado benevolo. Dilgear, que así dijo llamarse, se echaría a reir y sus carcajadas resonarían por todo el sótano.&lt;br /&gt;-¿Por dónde empezar? -Se mofaría antes de enumerar algunos de sus actos más infames. -Pero no pienses mal de él por eso, un hombre ha de hacer eso y mucho más si de verdad desea obtener lo que se le ha sido negado. -Añadiría adoptando una voz más suave, como más comprensiva.&lt;br /&gt;-¿Puedo preguntarte algo más? -Le dije al cabo de un rato. -Por casualidad, ¿tú no sabrás quién mató al Maestro Rezo? -&lt;br /&gt;-Pues resulta que sí pero ¿qué pasa si no me apetece decirtelo? A tí eso debería resbalarte. -Me respondió con tono de voz airoso a la vez que malicioso.&lt;br /&gt;-Pues que tendría que sonsacartelo y no sería de un modo muy agradable. -Le amenace dejando escapar una risilla traviesa. Lo que sucedería a continuación sería tán inesperado como excitante, nunca antes había puesto en practica los hechizos que fuí aprendiendo a escondidas o que sencillamente no había utilizado contra Eris porque no los recordaba. Rezo era un maestro en dominarlos fuesen de la rama que fuesen y tuviesen el nivel que tuviesen. A pesar de mi insistencia, Dilgear era tozudo pero no creo que fuese por lealtad o amistad hacía Zelgadiss y mucho menos hacía Lina Inverse. Sus aullidos de dolor, más similares a los de un animal herido que los que pudiese emitir un hombre, no me ablandaron ya que sólo duraban lo que el hechizo durase al extender el dolor por su cuerpo, haciendolo retorcerse, sin lugar a dudas, pues podía escuchar como se revolvía violentamente sobre el suelo. Cuando sentí una de sus manos enguantadas aferrarse a mi tunica, supe de inmediato que se rendía, que ya no podía aguantar más sacudidas electricas.&lt;br /&gt;-E-Está bien, te diré todo lo que desees saber... -Diría con voz costosa a causa del dolor.&lt;br /&gt;-Eso estaría bien, mi querido Dilgear, pero me confirmó con conocer la identidad de los asesinos del Maestro Rezo. -Le insistí. Desde el momento en que escuche sus nombres, no podría quitarmelos de la cabeza. ¿Fue una buena señal o muy mala? Si fue bueno, lo fue porque me pusó en ventaja pero nada más. Zelgadiss, Lina Inverse y su compañero, Gourry Gabriev. Descubrir la magía me abriría ventanas dónde las puertas eran cerradas con candados y era alentador, una vía de escape que cada día se hacía más cercana pero ¡demonios! todavía no era del todo libre y mi odio crecía y crecía más devolviendome a mi verdadero ser, como si mi odio fuese más poderoso o como si en ese odio residiera el poder que iba desentrañando y aprendiendo a dominar solo. Yo sabía que era por culpa de aquella cosa, redondeada y manipuladora, que parecía atravesarme el cerebro anulandome, vaciandome como si me detuviese al igual que un muñeco sin cuerda. La ocultaba con una cinta sobre mi frente pues era un durísimo recordatorio de que había perdido toda mí libertad, mi cuerpo, mi mente y pronto también ¿mi espiritu? Sin embargo no me rendía, a medida que las palabras escritas cobraban mayor significado para mí mostrandose más cercanas a mis ojos, no me daba por vencido, buscaría un modo de romper esa cosa, como ya lograse traspasar lo que sellaba mis ojos.&lt;br /&gt;-¿Sabes? Eres una criatura realmente afortunada. -No podía evitarle comentarle a un pajarillo que cantaba sobre la rama más cercana al gran ventanal que poseía el dormitorio de Rezo. -Ojalá fuese como tú. Sin necesidad de fingir, sin necesidad de amar, sin necesidad de odiar, sólo mantenerme alto en el cielo tarareando una canción. -Continuaría exponiendole al abrir la ventana para poder escuchar su melodía más claramente.&lt;br /&gt;-Si le ofreces unas migas de pan se hará tu amiguito. -Me aconsejó McKind, tán inoportuno como ya debía ser costumbre en él, provocando que el pajarillo se marchase pues su bonito canto pasó a ser un batir de alas. -Hablando de amigos, eso me recuerda un hechizo que podría convertirlo en humano por unos momentos. Así tendrías a alguien que te apreciase tál y cómo eres. -Añadiría echandose a silbar, el sonido que produjó atrajó al pajarillo de vuelta, pronto sus silbidos serían acompañados por los cantos del ave.&lt;br /&gt;-No creo que Eris me permitiese tenerlo. -Le comenté tomando al pajarillo de nuevo entre mis manos. La rabia que sentí haría que sin darme cuenta cerrase ambas manos apresionando al animalillo, que volaría aterrorizado al abrirlas. -En realidad, dudo que me permita nada, las cosas se han vuelto demasiado retorcidas. -Un suspiro de exasperación saldría nada más acabar la última frase. -Por cierto, me desagradan los mercenarios, no necesito que otros se manchen las manos por mí. Si mato a Eris, será con mis propias manos. -&lt;br /&gt;-No tengo ni idea de lo que hablas pero puedo figurarme que el idiota de Dilgear te ha hecho una visita hace poco ¿no? -Deduciría McKind ante mi advertencia. La sonrisa que debió de dibujarse en mi rostro le sirvió de confirmación pues dijo. -Bien, pues si crees que su visita a sido idea mia, te equivocas. A lo mejor vino atraido por uno de esos carteles que se han hecho circular por todas partes. -&lt;br /&gt;-La guardia y las asociaciones de hechiceros deben de andar muy desesperadas por encontrar a los culpables de la muerte del Maestro Rezo ¿no? -Diría, McKind se echaría a reir y entre carcajada y carcajada, me daría toda la razón. Al oir ruidos lejanos, cerré la ventana y me alejé de ella. McKind, el equilibrista, el astuto hechicero, se marcharía usando un conjuro que le permitiese volar o planear. Creo que otro motivo por el que me gustaba estar con McKind, a parte de porque me hacía sentir como un humano cualquiera, era porque con el podía estar, más o menos, informado. Creedme, estaba literalmente atrapado en esa mansión. Apenas sabía nada del exterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;En todas las paredes de las calles más principales y la plaza de la ciudad podrías encontrar con carteles cuya oferta tán sólo atraería mercenarios y codiciosos ciudadanos con aires de heroes, uno de ellos sería Zangulus, un hombre alto de conflexión fuerte pero no excesivamente musculosa. Con cabello tán oscuro y brillante que no parecía normal y de un fuerte moreno en su piel. Un largo mechón ondulado caía dandole un aire arrogante a su rostro bajo su deshilachado sombrero a juego con su usada capa. Solía ir acompañado por el único camarada que aprecíaba, un enigmatico hechicero. Hablaría con él tán sólo porque insistiría en que había visto a los asesinos de Rezo, mientras él degustaba una deliciosa y fresca cerveza en una apacible posada. Zangulus a veces me dirigiría miraditas indecentes más de una vez no sería de extrañar en gente de su clase, por desgracia, tanto muchos mercenarios como bandidos se cree todo unos conquistadores.&lt;br /&gt;-¡Deje de coquetear conmigo y digame al menos el nombre de esos tres asesinos! -Exigiría molesta. No había accedido a hablar con él precisamente para ser seducida y menos por un mercenario. Ante mi sugerencia de compartir información e incluso ayudarme a darles una lección, la actitud de Zangulus me dejaría bastante disgustada.&lt;br /&gt;-¿Para qué? Por si no lo sabe, dos de ellos eran hechiceros. -Replicaría Zangulus desagradado ante la idea de que no me rindiese ante sus artes de seductor. -Además eso ahora es asunto de la guardia, ¿no? -&lt;br /&gt;-Ya lo sé pero ellos... Ellos no merecen la carcel, ellos merecen algo más... -Mascullaría yo incapaz de contener el dolor y la rabia. En aquel momento sentiría la necesidad de justiciarlos, fuesen quienes fuesen, por arrebatar al mundo al igual que a mí a un gran hombre, el hombre al que más he amado. A lo mejor así no sentía que mi fantasía se derrumbaba a pesar de mis esfuerzos por mantenerla en pie.&lt;br /&gt;-Claro que podría decirte sus nombres si te mostrases más agradable conmigo. -Me chantajearía lanzandome otra mirada cargada de lujuria. Me quedé sin palabras, lo que me estaba ofreciendo además de pecaminoso, sería asqueroso pero no tenía por que ser exactamente lo que me estaba temiendo, por lo que fingiendo cierto interés por su oferta, apoyandome un poco sobre él provocativamente, dije:&lt;br /&gt;-¿Con lo de un poco más agradable con Ud a qué se refiere exactamente? -&lt;br /&gt;-Pues creo que no es necesario que se lo explique pero si lo desea, podría hacerlo en un ambiente más intimo. -Respondió él arqueando una oscura y fina ceja con una sonrisita maliciosa dejando a un lado la jarra semi vacia de cerveza, para posar una de sus manos enguantadas sobre mi rostro con la idea de que nuestros labios se uniesen pero apartandola con delicadeza antes de concederle el beso, siendo lo único que obtendría de mí aquella noche, le pedí cumplir de antemano su parte del trato.&lt;br /&gt;-Un momentito, primero dime sus nombres, luego vendrá la amabilidad. -Le dejaría caer adoptando un tono de voz encantador y pícaro, entornando los ojos levemente. Él obedecería sin replicar, susurrandomelos al oido:&lt;br /&gt;-Zelgadiss Greywords, Lina Inverse y Gourry Gabriev. -&lt;br /&gt;Casi no me lo creí, ¿Zelgadiss? Él de entre todos los ayudantes y apredices de Rezo, era el que menos motivos hubiese o hubiese debido de tener para asesinarle. Sería algo más propio de Kraken. Mi indignación no tardía en tornarse en furia. En aquel mismo rincón de la barra de claros tonos hecha de madera dejé que Zangulus me besase pero cuando percibí que sus manos descendían más allá de mi cuello, apartandolo bruscamente de mí le hice saber que toda amabilidad con un extraño tenía un limite.&lt;br /&gt;-Zangulus, creo que ya he sido bastante agradable contigo. Será mejor que lo dejemos así. -Fue todo lo que pude decirle manteniendo la calma. Cubriendome con la amplia y gruesa capa negra que había comenzado a llevar poco tiempo despúes de la muerte de Rezo atravese las frias calles alejandome sin ni siquiera mirar atrás.&lt;br /&gt;-Yo sólo quiero serle agradable a Ud. -Le comunicaría a él como se lo hubiese comunicado al verdadero Rezo si hubiese habido por su parte esas libertades. Él me escuchaba y esbozaba una sonrisa aunque su frente estaba arrugada antes de continuar besandonos. Él era mio, no habría oposición, por lo que era feliz, como el enfermo que toma un placebo creyendose sanar. Él me tomaba con dulzura a pesar del odio que pudiese crecer dentro de él, desabrochandome el estrecho y aterciopelado vestido de oscuro color que llevaba acentuando mi figura ya varios años de mujer, poco a poco, pues los cordones que poseía entrelazados no serían faciles de desentrelazar. Mi corazón siempre latía muy fuerte cuando estaba tán proximo a mí, igual que ocurría con Rezo, quizás fuese eso lo que me separó de la realidad, dejarme llevar por lo que mis sentidos me indicaban en vez de lo que mi mente me recordaba al salir de la mansión. Finalizada la labor, el vestido se iría desprendiendo de mi cuerpo como si se resbalase suavemente, dejando tán sólo a entrever la ancha y ligera ropa intima que toda dama, chiquilla o muchacha llevaría, de tono blanco pero transparentado. Echados sobre la cama a los largos besos se les unirían caricias que me harían temblar de gusto. El mero pensar que Rezo hubiese sido capaz de prodigar esa clase de besos y caricias a alguna dama, me entristecía a la misma vez que ruborizaba intensamente. Algunas lagrimas llegarían a caer pero él con una ternura tán parecida a la que podía mostrar Rezo me las secaría al notar su humedecido paso. Al instante se detendría pero yo le pediría continuar:&lt;br /&gt;-No es nada, os lo ruego, continuad. -&lt;br /&gt;El me acariciaría mis largos y negros cabellos antes de proseguir, tán negros como la noche extendidos sobre la almohada de claro color y tán dispares que siempre me conferían un aire desafiante a diferencia de Pandora, la cúal sí era orgullosa y revoltosa como Zelgadiss. Claro que al principio no serían ni la mitad de largos de lo que lo eran en ese momento. Rezo sin embargo siempre poseyo cabellos finos y muy sedosos, de una tonalidad tán oscura que te dejaba bastante sorprendida, inpropia de alguien con la piel tán clara, a veces me recordaba a esas muñecas de porcelana que las niñas más ricas llevaban consigo. Cerrando los ojos, me concentraría en disfrutar de las sensaciones que me irían provocando sus labios y manos. Como si realmente Rezo me estuviese amando. Perdería el aliento al abrir los ojos y contemplar como su torso desnudo iba siendo descubierto a causa del calor que comenzaba a invaderle al igual que me invadía a mí. No pude reprimir el sonoro y largo suspiro que dí. Aunque me sentía dividida, con mi conciencia dando incesantes gritos y golpes en mi cabeza, el deseo podía conmigo cada vez que se tumbaba semidesnudo sobre mí. Lo amaba y deseaba tanto, extendiendo mis brazos sobre él, podiendo palpal su espalda sin tejido alguno, me preparaba para tenerlo dentro de mí, abriendome de piernas, dejando a la vista mi sexo. Lo demás ya os lo podeis imaginar.&lt;br /&gt;-Eris, Eris, Eris, ¿de verdad crees que esto te va a hacer feliz? -Oiría a mis espaldas, al girarme ahí estaba McKind. Era un hechicero realmente pesado pero Rezo y él compartieron muchas investigaciones juntos. Eran, como decirlo, colegas.&lt;br /&gt;-Lo creas o no, sí. -Le respondí con mirada desafiante. -Además, no quiero tus consejos. -Le deje bien claro antes de proseguir buscando los escritos y documentos almacenados con referencia a sus experimentos con quimeras.&lt;br /&gt;-Me lo suponía, en fin, espero que los de Zelgadiss te sean de más interés. -Me replicó adoptando esa actitud que tanto detestaba en él. Mi silencio le animó a continuar hablando. -Zelgadiss estará pronto en Sairaag, seguro que te haces una idea del motivo. -&lt;br /&gt;Aquello me daría más motivos para preparar un modo de justiciarlo junto con Lina Inverse, temiendo que tratase de reclamar El legado que Rezo me dejó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Al parecer el hechicero Zelgadiss llegaría a la ciudad de Sairaag antes que Lina Inverse y su compañero, el espadachín pero probablemente impulsado por otra clase de motivos, mucho más personales, que el mero deseo o necesidad de demostrar su inocencia, justo como se esmeraría en hacer la hechicera. A Eris ese acontecimiento la tenía muy alterada, le preocupaba que Zelgadiss pudiese reclamarle o arrebatarle el laboratorio que Rezo poseía en Sairaag y todo lo que se encontraba en su interior, al fin y al cabo, Zelgadiss era pariente de Rezo pero Eris nunca le cedería El legado de su amado Rezo, lo único que habría de él trás su muerte, ya que no lo consideraba digno de tál honor. Ella, que reconocía que Zelgadiss poseía gran talento con la magía y debido a su obsesivo entrenamiento con la espada, sería un gran espadachín, acudiría a mí pidiendome ayuda, tanto contra él como contra Lina Inverse y el otro espadachín. Me gustase o no, lo haría pero ¿era mi deber? No, no lo era y si lo era, yo no lo veía de ese modo. A pesar de ello, de lo que yo considerase o no, dada que mi libertad apenas duraba, la poca que conseguía, abrazandola le dije lo que ella deseaba decir y debía decir.&lt;br /&gt;-No te preocupes, yo me ocuparé de ellos personalmente si es necesario. -Fueron las palabras que surgieron de mis labios.&lt;br /&gt;-Gracias. -Musitaría con voz acongojada antes de echarse a llorar entre mis brazos.&lt;br /&gt;Sí, por un momento volví a encontrar en Eris a aquella dama dulce y sensible que fue pero fue un momento tán breve, un momento que sería interrumpido por el sonido del golpeteo a las puertas principales. Eris se apartaría e iría de inmediato a atender a la persona que estaba golpeando la puerta tán grosera e insistentemente. Sus pasos adquirirían mayor velocidad al alejarse.Afinando oido, pude descubrir que se trataba de un hombre, otro merceranio, seguramente. Últimamente pasaban por la zona muchos mercenarios y cazarrecompensas que ofrecían sus servicios a Eris, ya que Eris era ayudante del famoso Monje rojo. Eris les ordenaba encargarse de Lina Inverse y su compañero, ¿a modo de distracción? Uno de ellos se llamaba Zangulus, si es que a eso se le podía denominar nombre, un tipo tán prepotente y malhablado como se podía esperar de un mercenario, él único que iba acompañado por otro individuo, un reservado hechicero. Ellos hicieron un buen trabajo, al menos, fueron de los pocos en poder cobrar. A medida que pasaba más tiempo con las criaturas que Eris y yo creabamos, como plan alternativo, mi ¿maldad? se acentuaría un poco más haciendome darme cuenta de que yo al igual que ellos, era una aberración y como tál, hiciese lo que hiciese seguiría siendolo , no me ataría a ninguna ley o norma moral. Dejaría de intentar que el mundo viese la diferencia entre Rezo y yo por las buenas. Con que, sinceramente, si era retado por Zelgadiss, no me acobardaría ni me ablandaría.&lt;br /&gt;-Creía que no consideraban necesarios los servicios de ningún mercenario. -Comentaría McKind con tono de voz burlón caminando con paso tranquilo hacía mí por el sótano, que entre tanta criatura enfrascada debía de parecer un verdadero laboratorio, haciendome regresar a la cruel realidad, sintiendo de nuevo la fria piedra y los finos tubos de cristal sobre mi piel, emitiendo un incesante y perturbador sonido a medida que el liquido llegaba a mí entremezclandose con mi sangre. Dolorosamente conseguí entreabrir mis ojos pero al instante volverían a cerrarse.&lt;br /&gt;-Dado que desde esta cosa no puedo hacer gran cosa, a Eris le ha debido de parecer buena idea. -Respondí sintiendo mi cabeza arder por culpa de esa maldita gema incrustada en mi frente. -Lo odio pero es necesario. -Añadí con amargura.&lt;br /&gt;-Ya veo que Eris está preparando una gran fiesta de bienvenida para Zelgadiss. -Bromearía McKind sin lugar a dudas mientras examinaba a las criaturas más cercanas a mí rincón. -¿A tí qué te parece qué Zelgadiss este por Sairaag? -&lt;br /&gt;-Eris sólo está intentando proteger lo que cree suyo. -Contesté. -Además lo que yo opine, no tendrá relevancia, hago lo que ella quiere y punto. -&lt;br /&gt;-Qué deprimente, siempre me dices lo mismo pero estás tán en lo correcto. -Me replicaría como lo haría un chiquillo. -Por cierto, eso que has dicho antes, no tendría por qué ser así, ya que tú al surgir de Rezo, tienes su sangre, aunque no puedas reclamar nada, el legado de Rezo en realidad tendría que ser tuyo. -Añadiría pero con voz más cautelosa mientras se rascaba la cabeza.&lt;br /&gt;-Pues aún siendo su verdadero dueño, no lo quiero. -Exclamé dando un fuerte golpe al reposabrazos de piedra, que haría vibrar los tubos de cristal unos instantes. -¡No quiero nada que halla pertenecido al hombre a cuya sombra vivo! -&lt;br /&gt;-¿Ni siquiera La copia de la Biblia Claire que Rezo guardaba en este laboratorio? -Preguntaría McKind tán sorprendido como malicioso. Mi respuesta fue clara, ¡no!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Ese es... ¿El Monje rojo? ¡No, no puede ser!... ¿O sí? -No parararía de exclamar el hombre-pez dando desagradables chillidos, con sus grandes y saltones ojos fijos en el homunculo, señalandolo con su flaco brazo alzado y la boca abierta o tán abierta como un pez es capaz de tenerla.&lt;br /&gt;-Eso depende de quien preguntes de los presentes, mi sorprendido Rahanim. -Le respondería McKind con su habitual sorna caminando para estar a mi lado. -¿Verdad Eris? -Añadiría arqueando una ceja con una sonrisa perversa mientras posaba una de sus asperas manos sobre mi hombro izquierdo.&lt;br /&gt;-Bien, Rahanim, antes de decidir si nos eres de utilidad o no, me gustaría saber que motivo te ha traido hasta nosotros. -Sería lo que diría yo ignorando la comprometedora pregunta de McKind retirando su mano de mi hombro rapidamente. El hechicero se cruzaría de brazos pero seguiría muy cerca de mí, demasiado para mí gusto pero sus ojos pasarían de los mios al hombre-pez, quien me respondería sin tardanza, dandose un leve golpe en lo que se podría considerar su pecho:&lt;br /&gt;-Pues para presentar mis servicios en señal de agradecimiento a aquel que tanto ayudó a mi buen amigo Noonsa. -&lt;br /&gt;La mirada que le lance a McKind fue fulminadora, de esas que derriten el hielo, él dejando escapar un ligera risilla antes, dijo:&lt;br /&gt;-¿No te parece maravilloso? Además al ser un favor, no habrá necesidad de pagarle. -&lt;br /&gt;-¡Cierto! Un favor sólo puede ser pagado con otro favor. -Nos informó Rahanim con solemnidad. -Noonsa durante el tiempo que trabajó para Rezo sufrió menos palizas y burlas que si hubiese trabajado en cualquier banda de bandidos. A pesar de todo murió pero estoy seguro que murió feliz. ¡Por eso ayudaré al Monje rojo en lo que sea gratuitamente! -&lt;br /&gt;-Además a él tampoco es que le caiga precisamente bien Zelgadiss... -Dejó caer en un susurro McKind. -Contratalo, al menos morirá saldando la deuda de su amigo. -&lt;br /&gt;-Si lo hago, ¿le dejarás tranquilo? -Le pregunté yo en otro susurro. En la afirmación de McKind se pudó percibir amargura, como la que siente alguien que admite muy a su pesar su derrota, lo cúal me convirtió en la victoriosa ya que McKind podía y de hecho lo era, ser muy mala influencia para él. Si bien él era como un niño, las palabras de McKind le confundirían y le causarían un gran impacto, no, lo tenía bien claro, si alguna vez llegaba a tener amigos, tendrían que ser los que yo le escogiese. McKind tál y cómo afirmó, no volvería a visitar, de ningún modo, al homunculo, lo que me tranquilizo mucho. Rahanim decidió quedarse en el sótano con el que consideró rapidamente su señor, sólo le obedeció a él. Esa clase de respeto que el hombre-pez sentía hacía él, ya que lo creía Rezo, era tán admirable como aterradora.&lt;br /&gt;-¿Qué quiere qué haga hoy? Señor Rezo. -Le preguntaba poniendose todo lo firme que podía cada día y la respuesta que obtenía siempre era:&lt;br /&gt;-Ve a la ciudad e informame de todo, absolutamente todo, lo que este sucediendo. -&lt;br /&gt;-¡Así lo hare! Señor Rezo. -Le decía antes de ponerse a ello, corriendo tán rapido que lo único que podías apreciar de él era un borrón grisaceo a la distancia, entre el techo y el suelo. Esa debía ser su especialidad o su don. Rezo solía decir que todos nacemos con uno que nos hace únicos y maravillosos.&lt;br /&gt;-¡Señor Rezo, traigo noticias interesantes del exterior! -Exclamaría un día, el día de la llegada de Lina Inverse y Gourry Gabriev a Sairaag, plantandose ante él.&lt;br /&gt;-Pues, ¿a qué esperas para hacermelas saber? -Querría saber él arqueando una ceja, dejando a un lado lo que estaba haciendo prestandole toda su atención sentado junto a una mesa de gastada madera repleta de libros y documentos y una vela cuya llama anaranjada parecía temblar. Rahanim asintió y comenzó a darnos la información.&lt;br /&gt;-He estado por la ciudad como cada día pero esta vez, he atisbado tres personas que han llamado poderosamente mi atención. Dos hechiceras, un espadachín y una sacerdotisa que les estaba ayudando a evitar a los guardias. -&lt;br /&gt;-¿Dos hechiceras? -&lt;br /&gt;-¡Asi es! Mi vista no será muy buena pero estoy seguro que eran dos muchachas. -Aseguró el hombre-pez. A ambos aquella información nos dejaría bastante pensativos, no me costó suponer que la sacerdotisa a la que se refería Rahanim debía de ser Sylphiel pero ¿por qué les estaría ayudando? Posiblemente porque ella no sabría qué eran ellos los asesinos de Rezo. Ella, me gustaba pensar, era una buena muchacha.&lt;br /&gt;-Entonces, ¿no había ningún hechicero en el grupo? -Insistiría él antes de permitir a Rahanim marcharse. El hombre-Pez daría una rotunda negativa. Arrugando la frente pero manteniendo una sonrisa le diría:&lt;br /&gt;-Buen trabajo, Rahanim, ya puedes retirarte. -&lt;br /&gt;Rahanim haría una leve reverencia y se esfumaría tán rapido que si pestañeabas, ya habría abandonado aquella estancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;El momento había llegado. Me tocaría realizar la jugada en la que llevaba tanto tiempo pensando. El día que lo volví a tener todo claro, fue el día que Rahanim me comentó que el hechicero que era amigo de Rezo había regresado, para no volver, a la ciudad de Atlas pues realmente el no trabajaba en ninguna comunidad de hechiceros de Sairaag como yo me había supuesto, para que él pudiese cumplir su deuda me entraría tál furia, una furia más abrasadora que las propias llamas que producía un Drag Slave, que haciendo un desesperado y último intento por anular la gema, acabaría por conseguirlo. Ella me lo arrebataba todo sin embargo no se atrevía a quitarme la vida. Creedme, ¿de qué sirve vivir si vives como yo vivía? Encerrado como un muñeco de porcelana que sólo era sacado por la que se había proclamado su dueña pero era negado a otros. Odiaba tener que valerme de los conocimientos de Rezo que iban surgiendo pero ¿cómo si no hubiese sido capaz de demostrar que aún poseyendo su misma habilidad magíca, podía acrementarla? En eso, Lina Inverse y yo nos pareciamos, ella no se iría a echar a atrás, pues yo tampoco. Eso la hacía tán cautivadora, tán digna de ser retada. ¿Qué provocó ese reto? Que ella no fuese capaz de ver lo que McKind, que era otro gran hechicero no viese, la fina diferencia entre Rezo y yo. Ella, tál y cómo anunció Rahanim, se colaría en la mansión, desde luego con menos sofisticación que Dilgear, acompañada por su inseparable Gourry, por la llamada princesa de la justicia, Amelia y la sacerdotisa Sylphiel.&lt;br /&gt;-¡Espera un momento! -Exclamaría con voz sorprendida al verme, pude figurarme. -¡Tú, tú no puedes estar vivo! ¡Yo te ví morir! ¡Esto tiene que ser un truco! -&lt;br /&gt;-Pues... Aquí estoy, ante ti. -Diría yo dando un paso hacía delante dedicandole una sonrisa ligeramente desafiante. Su sinceridad era abrumadora ya que lo que sus ojos veían no parecían tener sentido, apenas habían pasado algunos meses de aquel terrible acontecimiento por lo que los recuerdos que tenía estaban bien frescos, pero ahí estaba yo, considerado por todos los presentes, incluso por el espadachín aún sin recordar del todo a Rezo, como Rezo, El monje rojo.&lt;br /&gt;-P-Pero Rezo está muerto... Murió cuando Shabragnigudu apareció... ¿Verdad Gourry? -Se esforzaba en mantener la cordura, devolviendo imagenes, de seguro, espantosas de los hechos sucedidos en la torre del Gran sabio.&lt;br /&gt;-Err, si creo... Te refieres al tio de rojo ¿no? -Fue todo lo que soltaría el espadachín cruzandose de brazos, a cada movimiento que realiza, su cota de malla resonaba un poco.&lt;br /&gt;-¡GOURRY! -Aullaría ella enojada con su compañero. -¿¡Es qué ya no te acuerdas de Rezo!? ¿¡Con todo lo que nos hizo pasar!? -Siguió gritando. El leve sonido de una respiración dificultosa, me indicó que la hechicera debía de estar agarrando fuertemente a su compañero del cuello. De repente, la voz de Zelgadiss trás el sonido de unos cristales rompiendose resonaría desde algún lugar de la amplia entrada, haciendo que las cosas se pusiesen como yo quería.&lt;br /&gt;-¡No seais idiotas! ¡Ese no es Rezo, sino una burda copia de él! -Sentenció. En su voz se apreció tanto odio. Definitivamente, ya eramos dos los que odiabamos al Monje rojo, pero los motivos que nos llevaron a odiarlo eran bien distintos y puede que el suyo algún día ¿se esfumase al obtener lo que deseaba? La cuestión, es que Zelgadiss sería el único en decir lo que había que decir y dar el primer paso hacía lo que sería un juego bastante... Kamikaze. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-8986408137957084338?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/8986408137957084338/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=8986408137957084338' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/8986408137957084338'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/8986408137957084338'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/11/rojo-relativo-historia-22.html' title='ROJO RELATIVO Historia 22'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-4681560773861836822</id><published>2011-11-15T02:54:00.000-08:00</published><updated>2011-11-15T02:59:33.338-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Grandes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mis dibujos'/><title type='text'>THE SANDMAN de NEIL GAIMAN</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-tmb_LOeE4pU/TsJFS0_i0UI/AAAAAAAACGc/d_0nSoYDpLo/s1600/img555.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 290px; DISPLAY: block; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5675174670205374786" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-tmb_LOeE4pU/TsJFS0_i0UI/AAAAAAAACGc/d_0nSoYDpLo/s400/img555.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Uno de los dibujos más recientes que he hecho ^^ The sandman de Neil Gaiman para un amigo y seguidor del DeviantArt, cuyo cumpleaños fue hace poco. La verdad, si no hubiese sido porque lo considero mi amigo, ni lo hubiese intentado porque yo con los dibujos tirando a realistas o con los retratos no soy tán buena como con los otros dibujos, aunque me esforce mucho. Espero que también guste por aquí ^^ &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-4681560773861836822?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/4681560773861836822/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=4681560773861836822' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/4681560773861836822'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/4681560773861836822'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/11/sandman-de-neil-gaiman.html' title='THE SANDMAN de NEIL GAIMAN'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-tmb_LOeE4pU/TsJFS0_i0UI/AAAAAAAACGc/d_0nSoYDpLo/s72-c/img555.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-2153749996982056198</id><published>2011-11-14T04:18:00.000-08:00</published><updated>2011-11-14T04:33:47.396-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos cortos'/><title type='text'>ROJO RELATIVO Como en los viejos tiempos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;FanFic Slayers&lt;br /&gt;Rojo Relativo - Como en los viejos tiempos&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;No fuí un hombre como cualquier otro, nunca encajé en ningún lugar pero a la larga me acostumbré a vivir como un viajero o como un vagabundo, rechazado, admirado, temido, sí, calificado de mil maneras por mil personas muy distintas, llegando ese momento que nunca creí que fuese a llegar, todo se volvería extraño, confuso y turbulento, las cosas que debían importarme no me importarían tanto y lo que nunca comprendí o siempre temí se volvería tán claro y valioso, las decisiones que tomaría no serían buenas o malas, serían tomadas a fin de obtener lo que yo creía que debía obtener o conseguir. La pequeña esperanza que un día me dió un motivo para continuar o para mejorar se volvería una obsesión que me estropearía, destruyendome incluso fisícamente, la vocecita aniñada se tornaría en un grito desgarrador y monstruoso. Lo peor de todo es que tuve que morir para descubrir que nunca fuí uno, que eramos dos compartiendo un espacio muy limitado. Lo que nunca, nunca, podré perdonarle es el haberme comenzado a invadir cuando por fin encontré a mi hijo y su adorable hija pues su hijo, mi bisnieto, al igual que yo, no lograría definir la linea entre el yo que se iba y él que llegaba. Le causamos muchos años de espera pues Zelgadiss fue recogido siendo apenas un bebé pero por desgracia eso no sería suficiente.&lt;br /&gt;Sentir sus deditos inquietos entre los mios me trajó recuerdos tán lejanos, sosteniendo su pequeño y frágil cuerpo, con los gorgeos y grititos que surgían de su boquita siendo algún día palabras, rozar con mi rostro sus sedosos y revoltosos cabellos. Me emocioné, admito que me emocioné, por un momento volvía a sentirme como hacía tanto tiempo que no me sentía, como un padre pero no podía ocupar ese lugar en la vida del pequeño Zelgadiss. Estaba bien que le mostrase afecto y protección hasta poder instruirle pero sin olvidar que realmente era y tenía que ser para Zelgadiss, al igual que para tantas otras personas. Eso fuí haciendo, claro que a medida que crecía le hiría costando comprender varios conceptos. Sus primeros años de vida, debido al gran cambio, no cesaba de llorar por lo que resultaba dififilísimo concentrarse y realizar cualquier tarea, fuera o dentro de la mansión, lloraba hasta caer agotado. En aquellos días, casi sin poder dormir una sola noche del tirón, buscaría ayuda pues volvía a estar solo, es decir sin ayudantes adecuados. Sin embargo no podría ser como un noble cualquiera, no, ya que tál y como comprendería Zelgadiss en su primera pelea, eso manchaba mi imagen. La historia de siempre. Lo que siempre me ha obligado a alejarme de mis seres más queridos o mantener las distancias cuando yo no las quería mantener. La pobre Astrid, a pesar de su inexperiencia y de una vida a merced de su padre y sus sucios negocios con ella y sus hermanas, ejercería el papel de ama de cria lo mejor que fue capaz. Como no se encontraba en posición de exigir un buen pago, nunca reclamó un sueldo por su labor pero si me suplicaría que si podía usase mi influencias a fin de encontrar a su hijo, el hijo al que dió a luz a escondidas y al que tuvo que dejar cerca de un templo. Favor por favor, así ha sido siempre.&lt;br /&gt;-¿Qué hace aquí, mi señor? -Me preguntaba a menudo al verme sentado cerca de la improvisada cunita en la que dormía Zelgadiss. -¿Acaso no confia en mi? -Añadía con su suave y dulce voz preocupada.&lt;br /&gt;-No lo sé. -Era lo que yo le respondía escuchando la leve y continuada respiración del pequeño Zelgadiss de fondo. -Pero te aseguro que la desconfianza no es el motivo. -&lt;br /&gt;Sabía que debía acudir a la ciudad más cercana si quería continuar con la investigación, pues en la biblioteca tendría la posibilidad de encontrar algún encargado que me pudiese echar una mano a la hora de leer los escritos o antiguos libros que necesitaba y deseaba leer pero me preocupaba el tiempo que el trayecto ocupaba. Astrid era la única persona en quedarse al cargo de la mansión y de Zelgadiss y aunque pudiese demostrar buenas habilidades a la hora de defenderse, si los demonios llegaban por estos terrenos, ella no podría hacerles frente sola. Eso que llaman instinto de protección estaba bastante activado en mí durante los primeros meses de vida de Zelgadiss y aún sabiendo que Zelgadiss sería atendido, parecía necesitar estar cerca de él. Una mañana, Astrid me hablaría de un hombre joven que al perder su trabajo, padeciendo gran hambruna, se vió forzado a mendigar en el templo.&lt;br /&gt;-Él sabía leer y escribir, estoy segura de que con sólo garantizarle una comida al día, hará gustoso todo lo que Ud le encargue -Concluiría feliz de brindarme esa información mientras camina de un lado a otro por el amplio salón haciendo sus pasos resonar por toda la habitación acompañados por los sonidos que dejaba Zelgadiss escapar de su boquita.&lt;br /&gt;Sonriendo, imaginando en su rostro una expresión risueña, apoyando una mano sobre mi mejilla izquierda, quisé saber un poco más acerca del que sería mi primer ayudante en la mansión.&lt;br /&gt;-¿Eso crees? ¿Cómo puedes estar tán segura? -Preguntaría arrugando la frente.&lt;br /&gt;-Porque fue él quien llevó a mi hijito a un buen lugar. Para mí, que un hombre proteja a un niño indefenso, es señal de que es un buen hombre. -Me respondería ella, sonando su voz muy cercana a mí y clara. -¿A qué si Zelgadiss? -Añadiría cariñosamente dirigiendose a Zelgadiss que carcajearía, probablemente con tán sólo oir su nombre, desde bien pequeño siempre supó ser el centro de atención, era algo que le salía muy natural. Esbozando una sonrisa mientras me levantaba del sillón, acariciando suavemente sus cabellos, finos y cada vez más espesos, le pediría a Astrid que me llevase ante él. Sentía curiosidad, me parecía extraño que un muchacho no pudiese encontrar ninguna clase de trabajo, ni siquiera el de sirviente pero pronto mi curiosidad sería apaciguada. Cuando Astrid dejó de caminar, me figuré que ya nos encontrabamos por las grandes puertas del templo.&lt;br /&gt;-¿Serían tán amables de darle unas monedas a este pobre hombre? -Suplicaría una voz masculina a los pocos instantes. Astrid me susurraría:&lt;br /&gt;-Es el hombre joven del que os hable. El único mendigo que hay por este templo. -&lt;br /&gt;-Por supuesto pero eso sería pan para hoy y hambre para mañana, buen hombre, en cambio si le ofrezco acompañarme y sirvirme, jamás pasaría hambre. -Le respondí sacando algunas monedas, tintineaban al alejarse de las demás, que se encontraban seguras en un saquito de piel. Su mano parecía estar vendada pues la suavidad que pudé percibir no era propia de una piel humana al entregarle las monedas que reclamaba tán educadamente. Escuchandolas caer al vacio seguidas de un sonido recio como el entrelazado de gruesas cuerdas, la voz del joven me devolvería estas palabras:&lt;br /&gt;-Es muy amable por su parte pero creame, hay vagabundos más utiles que yo. Además yo ni siquiera era sacerdote... -&lt;br /&gt;-¿Y eso qué tiene que ver? Cualquier persona que sepa leer y escribir me será de gran ayuda. -Le informaría yo ciertamente entristecido al oir como rechazaba la mejoría que le ofrecía. Un largo suspiro surgiría de sus labios antes de exclamar:&lt;br /&gt;-Entonces ¿sería capaz de aceptar como ayudante a un manco? Sé leer y aunque me cuesta horrores escribir con claridad, aún soy capaz. -&lt;br /&gt;-Sin lugar a dudas. -Afirme satisfecho al escuchar como enumeraba las cosas que podía seguir haciendo a pesar de su pequeña minusvalia.&lt;br /&gt;-¡En ese caso, Drake hará todo lo que Su eminencia le pida! -Me haría saber con voz triunfante. A lo largo del camino le iría exponiendo una serie de requisitos que luego se tornarían normas a la hora de realizar sus deberes como ayudante y para mantener una convivencia sin artercados. A diferencia de Crystal, el bueno de Drake no sabía guardarse sus opiones para él mismo, pues soltaría, seguramente al ver al dormido Zelgadiss en los brazos de Astrid:&lt;br /&gt;-¿Y el niño? ¿También es un ayudante o es hijo suyo? -&lt;br /&gt;Una pregunta muy descarada pero sin apice de malicia. Le expliqué que acogí a Zelgadiss debido a la gran amistad que tenía con su madre, la cúal murió en un accidente. Para mí, la muerte de Christine siempre fue algo accidental, un error, algo que no debió suceder y así se lo exponía a los ayudantes más cotillas. Una parte de su caracter que agradecí, era como suele decirse tán bueno que parecía tonto pero nunca fue estupido ni vago. Un ayudante del que daba gusto poner como ejemplo a los otros, sobretodo a la protestona Pandora. A Parnassus, en tán difficil edad, le hacía sentir el fuerte deseo de comportarse debidamente y para Zelgadiss era lo más similar a un angel de la guardia. Zelgadiss aprendería tanto a hablar como a caminar con una fluidez sorprendente para su corta edad por lo que el día que ganó confianza y optó por ir de un lado a otro de la mansión corriendo, pegando unos gritos que se podrían escuchar en todo el centro del bosque, tuve que rogarle a Astrid y especialmente a Drake que vigilaran a esa pequeña chispa que no parecía detenerse nunca en la que se había convertido Zelgadiss.&lt;br /&gt;-¿Podrías estarte quieto y calladito un momento? Rezo y Drake necesitan silencio. -Le pedía Astrid con voz autoritaria a pesar de no alzar demasiado la voz al pequeño Zelgadiss más de una vez.&lt;br /&gt;-¡No quiero! -Gritaba él, poniendo las cosas dificiles.&lt;br /&gt;-Anda, Zelgadiss, sólo hasta que Rezo salga de su despacho. -Trataría ella de convencerle pero sólo conseguía que Zelgadiss se negase con mayor fuerza, gritando más fuerte, llorando y pataleando. Nosotros dos escucharíamos sus chillidos alejarse y sus rapidos pasos regresar, a pesar de tener la puerta bien cerrada. Por un lado me alegraba que Zelgadiss me dificultase tanto trabajar pero por el otro, me invadía una rabia enorme.&lt;br /&gt;-Creo que lo hace a posta, para que pases todo tu tiempo con él. -Me comentaba Drake riendo. Llevandome una mano a la cabeza, sonriendo con una ceja arqueada, le decía:&lt;br /&gt;-¿De verdad? Pues creo que lo está consiguiendo. -&lt;br /&gt;Lo cúal provocaba unas carcajadas más sonoras por parte de Drake, que eclipsaban el sonido que producían las hojas de los antiguos libros al ser cerrados para luego ser apilados a lo ancho de la lisa y limpia superficie de la mesa.&lt;br /&gt;-Tened paciencia, sólo tiene dos años. -Me recordaba él antes de ponerse en pie y marcharse como si esa edad fuese tierna pero tormentosa. -Pensad que esto no es nada en comparación a los doce años. -Trás un pequeño intervalo de tiempo, sus pasos se oirían alejarse, el picaporte de la puerta produciría un leve pero desagradable ruido similar al graznido de un ave y lo que Zelgadiss tanto deseaba sucedería.&lt;br /&gt;-¡Rezo! -Exclamaría Zelgadiss con una alegria que parecía salirsele del cuerpecito y en un abrir y cerrar de ojos, sentiría sus dedos agarrarse a mi larga tunica insistentes. Le encantaba que le llevase en brazos, por lo que tiraba y tiraba de mí con esa esperanza por lo que tanteando su torso, tomandolo con fuerza, lo alzaba hasta colocarlo cómo él quería sosteniendolo con ambos brazos, le decía:&lt;br /&gt;-Eres un chiquillo la mar de caprichoso. -&lt;br /&gt;Y él, euforico gritaba:&lt;br /&gt;-¡Sí! -&lt;br /&gt;Sin comprender lo que ese adjetivo puede significar, encantado de haber conseguido lo que queria. Caminando con él hacía el sillón, con el ruido que hacían sus manos al chocar sus palmas y sus grititos victoriosos, pensaba que por muy ruidoso o acaparador que fuese, era un chiquillo cuya presencia lo llenaba todo de ilusión y gozo pero a veces también había algo en él que lo distinguiría de los demás, era bastante dependiente pero ¿acaso no lo sería yo de él? y el hecho de vivir alejado de otros niños quizás no le ayudaban a saber cómo relacionarse con otros chicos en años posteriores. Nunca pude mirarle a la cara y fijar mis ojos sobre los suyos pero sabía cuando estaba triste y cuando estaba animado, su comportamiento era el pequeño indicio de ello. Ya a los tres o cuatro años a veces se le podía apreciar abstraído, hostil o molesto frente a personas que no fueran conocidas, lo cúal hacía realmente difícil aceptar ayudantes y o aprendices.&lt;br /&gt;¡¿Qué hace esa aquí?! -Gritaría cada vez que veía a Crystal. -¡No quiero que venga gente extraña a ocuparse de nosotros! -&lt;br /&gt;-Zelgadiss, calmate, ya sabes que la labor de Astrid ya finalizó. -Intentaría yo inútilmente de apaciguar su recelo al escuchar sus gritos -Ella será tán buena como lo ha sido Astrid. -&lt;br /&gt;Pero a Zelgadiss le costó mucho adaptarse a Crystal. Astrid y yo haciamos todo lo posible para que ella no cayese enferma de tristeza, Astrid le daba un montón de consejos e incluso le enseñaba a comportarse como debía hacerlo una señorita de la clase de señoritas que ellas eran y yo, yo le rogaba que tuviese paciencia, mucha paciencia con Zelgadiss. Ella, que era muy diferente a Astrid, no se daba por vencida, era tán cabezota como el propio Zelgadiss y a la larga eso daría resultado. Si era necesario, incluso le daba algún que otro capón en la cabeza, una ama de cria de cuidado, con mucha personalidad pero muy creativa y animada. Zelgadiss se lanzaría a mi más de una vez llorando y gritando:&lt;br /&gt;-¡Rezo! ¡Crystal es mala! ¡Me ha pegado! -&lt;br /&gt;-¡Y lo volvería a hacer si asi consigo que te portes mejor! -La escucharía gritar acercandose a zancadas hasta Zelgadiss.&lt;br /&gt;-Desde luego, por muy reprochable que me parezca si ayuda a ponerte un poco en vereda, no me parece mal pero ¿no podías probar otros metodos de castigo? -Era todo lo que yo decía dejando a esos dos, de seguro, atónitos pues Zelgadiss replicaría varias veces hasta comprobar que no iba a obtener lo que quería y Crystal sencillamente resoplaría.&lt;br /&gt;-Claro pero este es el más efectivo que se me ocurre, maestro Rezo. -Me informaría adoptando una voz más respetuosa.&lt;br /&gt;Crystal podía resultar a veces bastante bruta en comparación con Astrid pero tampoco lo hacía mal, cuidar de Zelgadiss no siempre era tarea fácil. Yo le dí la libertad y durante muchos años le daría la vida que su padre jamás le habría dado. Favor por favor, todos sacaríamos partido de ello. El día que Drake terminó sus estudios de magía, me pidió que le permitiese volver a realizar el examen que garantizaría que se había convertido en un autentico hechicero, sería el día que acogería a Erisiel Vrumugun, una bandida un tanto especial pero dispuesta a dejar sus malas aunque necesarias artes para convertirse en una de mis más valiosas ayudantes y apreciadas aprendices.&lt;br /&gt;-¿Por qué tiene Drake qué irse? Maestro Rezo. -Me preguntaría el jovencísimo Parnassus con voz temblorosa a causa de los sollozos. -¿Es que ha hecho algo inapropiado? -&lt;br /&gt;-No Parnassus, él me ha pedido permiso para abandonar la mansión y yo se lo he concedido. Algún día tú también me pedirás dejar la mansión, cuando ya no tenga nada más que enseñarte. -Le explicaría sentandome junto a él en el escalón en el cúal me lo había encontrado llorando. La fuerza que hacía al contener sus lagrímas frente a mí, provocaban un incesante e irregular ruidillo que tardaría en desaparecer, aunque le costaba hablar pues eso podría desencadenar otra serie de llantos, Parnassus dijo:&lt;br /&gt;-No, yo me quedare con Ud pase lo que pase. No tengo otro lugar a donde ir y lo sabe. -&lt;br /&gt;-Me complace escuchar eso, ahora que Drake no va a estar, Zelgadiss buscará especialmente tu compañia. -Le comuniqué con una sonrisa entristecida.&lt;br /&gt;Ya que ni Parnassus ni su hermana Pandora sabían leer ni escribir, tuve que buscar a algunos ayudantes más, si era posible, que además poyesen algunos conocimientos de magía, aunque fuesen los más basicos, ya que eso agilizaría las cosas, podría preparar el laboratorio y llegado el momento critico, retomaría las investigaciones que había dejado un tiempo a un lado. Por muy feliz y por mucho que disfrutase de la compañia de Zelgadiss y los demás, no podía apartar mi mente de ese deseo que se había vuelto una mortifera obsesión. Muchos cambios iría experimentando y todos ellos traerían sus consecuencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;FanFic Slayers&lt;br /&gt;Rojo Relativo - Como en los viejos tiempos II&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-No me gusta que Crystal me encierre en mi habitación dejandome solo y a oscuras. -Protestó Zelgadiss durante una comida.&lt;br /&gt;-Pues no seas tán revoltoso. -Se defendería ella.&lt;br /&gt;El sonar de cubiertos era continuo y las recatadas risas de los demás ayudantes y aprendices también, unas más cercanas a mí que otras. Me gustaba y les solicitaba que comiesemos juntos llegada la hora de desayunar, comer y cenar. Era una de las condiciones que con el tiempo se convertirían en normas para todo aquel que quisiese ser un aprendiz o formar parte de mis ayudantes. Claro que no todos las acataban de igual modo, aunque no me agradase, esos informales serían castigados. Al principio, castigos muy leves pero poco a poco irían volviendose más estrictos e indiscutibles. Al escuchar el sonido que produjó la manivela de la puerta al ser ésta abierta y unos pasos que se aproximaban, supé que mi más informal y temerario de mis ayudantes había vuelto a llegar tarde. Las risas darían paso a murmullos que sólo yo podría escuchar con claridad, el tintineo cesaría, Kraken había captado toda la atención de los comensales.&lt;br /&gt;-¿Qué se supone que haces aquí? -Le preguntaría arqueando una ceja disgustado.&lt;br /&gt;-Me he sentado a la mesa para comer. -Me respondería como si fuese lo más normal del mundo. Frunciendo el ceño pero sin perder la sonrisa le diría:&lt;br /&gt;-Ya. Pues espero que no venga demasiado hambriento, no habrá comida para tí hoy. -&lt;br /&gt;Con rabia, una rabia injustificada pues él conocía las normas tán bien como los demás, alejando la silla que antes había estado vacia emitiendo un desagradable chirrido, se levantaría y se iría dejando como último indicio de su fugaz presencia, un sonoro portazo. Un silencio entristecedor reinaría en la sala hasta que Zelgadiss decidió retomar la conversación.&lt;br /&gt;-Yo no soy revoltoso, lo que pasa es que me aburro mucho. -Nos haría saber.&lt;br /&gt;-A lo mejor si empezase a aprender magía, ya tendría algo que hacer y no daría tanto la lata. -Sugirió Pandora con tono de voz triunfal como le salía cada vez que acertaba una de mis preguntas durante las clases de magía que les ofrecía. -Ejem, si al maestro Rezo no le parece mal. -Añadiría adoptando un tono más propio de una señorita.&lt;br /&gt;No era mala idea pero teniendo en cuenta lo joven e impaciente que era, no sabía si comenzar a instruirle en ese momento o pasados unos pocos años más, por lo que dirigiendo mi rostro hacía donde suponía estaría sentado Cliff y Erisiel, haría esta pregunta:&lt;br /&gt;-¿No os parece un poco precipitado? Sólo tiene seis años. -&lt;br /&gt;Sería Erisiel, la timida Eris, la que, con gran esfuerzo, respondería:&lt;br /&gt;-Si me lo permite, yo empece a estudiar algo de magía a una edad mucho más temprana, por lo que estoy segura que si demuestra tener capacidad para ello, la edad no será un problema. -&lt;br /&gt;-Qué interesante... ¿Y tú qué opinas Cliff? -Querría saber por parte del ayudante más mayor del grupo. Hijo de un sacerdote de renombre y el más prudente y reservado de entre todos mis ayudantes y aprendices. Rechupandose los labios trás dejar su vaso de agua en la mesa haciendo un ruido apenas audible al rozar el cristal con la superficie enmantelada, daría su opinión.&lt;br /&gt;-No conozco la edad especifica en qué los futuros hechiceros son llevados a las escuelas de magia pero los sacerdotes nos formamos desde muy jovenes. -Fue todo lo que podría sacar de él. Poco a poco finalizariamos la comida como si nada hubiese pasado mientras Kraken permanecía en el salón, haciendo Ceiphied sabe qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;A la entrada, cogido de la mano de Crystal, que cada año parecía más hermosa y adulta, de cabellos muy rizados y largos, que caían desiguales por algunas zonas de su frente y sus hombros, tán rubios que no parecían propios de un humano sino de un dragón dorado, me despedí de Rezo y Parnassus, que esperaba afuera. Se irían muy lejos, por lo que pasarían muchos días, quizás un mes hasta que volviesen a la mansión, así que haciendo gran esfuerzo por no llorar, cuando Rezo me abrazó y me pasó sus largos y suaves dedos por la frente, como si tratase de colocar mis mechones en su lugar correcto, le obligué a prometerme esto:&lt;br /&gt;-Prometeme que volverás, ¡No! Juramelo. -&lt;br /&gt;El sonrió arrugando la frente y dijo:&lt;br /&gt;-Zelgadiss, jurar es un acto pecaminoso, además yo jamás sería capaz de abandonarte pero si eso te hace sentir seguro, te prometo que volver nada más finalizado el trabajo para el que he sido llamado. -&lt;br /&gt;Qué gran sonrisa se dibujó en mi rostro. Todos sabiamos que Rezo no era de la clase de hombres que incumplen sus promesas, era un hombre muy dedicado y justamente por eso, andaba realizando muchos viajes, varios de ellos más allá del reino en el que viviamos. Poniendose en pie antes de alejarse, él también me pediría algo pues añadiría:&lt;br /&gt;-Pero tú también tienes que prometerme algo. -&lt;br /&gt;-¿El qué? -Querría saber al poco de dirigir una mirada entre asustada y curiosa a Crystal, que permanecía junto a mí con los brazos cruzados.&lt;br /&gt;-Qué nunca bajes al sotano, no quiero ni que te acerques. ¿Me lo prometes? -&lt;br /&gt;Me había pillado, si le prometía no hacerlo y lo incumplía, especialmente en su ausencia, no sólo sería regañado, me convertiría en una persona en la que no se podría confiar, defraudaría a Rezo. Rascandome la cabeza como tenía costumbre de hacer cuando no comprendía algo o no sabía que hacer me quedaría un instante meditabundo antes de darle un energico:&lt;br /&gt;-¡No lo haré, te lo prometo! -&lt;br /&gt;Rezo exhibiría una magnifica sonrisa, me daría un beso de despedida y saldría de la mansión. Las grandes puertas de madera se cerrarían trás él dejandonos a Crystal y a mí solos. Cogido de la mano de Crystal iría al salón, en el cúal los otros ayudantes y o aprendices estaban tranquilamente conversando o sumidos en sus estudios de magía. Poniendo en el centro exclamaría haciendome el vacilón:&lt;br /&gt;-Ahora que Rezo no está, estoy al mando. -&lt;br /&gt;-¡Anda ya! -Soltaría Pandora desde su rincón, apartando sus ojos del libro que tenía entre las manos para mirarme. -En todo caso, el que estaría al mando sería el mayor de entre todos nosotros. -&lt;br /&gt;Cliff, Eris y otro muchacho de edad parecida a la de Parnassus, en cambio seguirían con los ojos fijos en sus libros de gruesas tapas y hojas amarillentas a causa de su antiguedad.&lt;br /&gt;-¡Pero yo soy especial! Por eso, sólo yo puedo ser su sustituto. -Repliqué dandome golpecitos en el pecho. Por aquella epoca sólo sabía que Rezo sentía mayor afecto y preocupación por mí que por los otros debido al trato mucho más paternal que me daba.&lt;br /&gt;-¡Eso no tiene nada qué ver! -Exclamaría ella insistiendo en que yo no era indicado para darles ordenes. Si no hubiese sido por Crystal, nos hubiesemos tirado un buen rato discutiendo y gritando cada vez con mayor fuerza, que levantandose del tresillo diría con voz muy de madre:&lt;br /&gt;-¡Eso da igual! Pandora, continua estudiando y tú Zelgadiss, deja de molestar. -&lt;br /&gt;-¡No estoy molestando! -Le contestaría yo dandole una desorbitada importancia al asunto. -Sólo estaba comunicando un hecho muy importante. -&lt;br /&gt;-Esta bien, quieres saber qué manda ahora que Rezo no está. Pues para bien o para mal, ese privilegio me ha tocado a mí, fin del asunto. -Concluyó Crystal, dejandonos a todos, especialmente a mí, muy sorprendidos.&lt;br /&gt;Resoplando se sentaría de nuevo en el tresillo, de oscura tonalidad furrado de piel como los otros asientos que había por el salón sobre una larga alfombra de complicados dibujos. La larga mesa de madera de roble en la cúal Rezo y Cliff disputaban largas partidas de ajedrez se encontraba al otro lado de la gran sala. Hinchando los mofletes dandome por vencido me acomodaría en el tresillo en silencio. Todo era tán aburrido sin Rezo ni Parnassus. Cerrando los ojos acabaría por quedarme dormido. Al despertar tendría una inquietud extraña como si lo soñado puede significar algo pero yo no alcanzaba a descifrarlo, sólo tenía frescas algunas imagenes y si no hubiese sido porque el sueño se iría repitiendo, no le hubiese prestado atención. El encontrarme sólo en el salón tampoco apaciguaría mucho ese malestar que sentía pero al retirme la manta que posiblemente Crystal hubiese puesto sobre mí antes de irse a hacer sus tareas y dirigirme a la entrada, dejaría a un lado lo acontecido en el sueño y la preocupación. Lo que mis ojos vieron era mucho más interesante y entretenido. Pandora estaba practicando supervisada por Cliff algunos hechizos que recien había memorizado. Me dejaría atonito cuando de sus manos surgiese una especie de llama que se tornaría redonda a medida que crecía y las palabras de Pandora se volviesen más enfáticas. Por lo que incapaz de contener mi fascinación y curiosidad, gritaría:&lt;br /&gt;-¡¿Eso es magía?! ¡Yo también quiero hacer magía! -&lt;br /&gt;Y correría hacía donde ellos estaban, provocando que Pandora se desconcentrase. La bola se volvería una llamarada de intensas tonalidades rojizas y naranjas que casi me engulle pero Cliff la apagaría con rapidez lanzando agua bien fria desde un cubo de madera.&lt;br /&gt;-¡Mierda! Ya casi lo había logrado. -Exclamaría fastidiada Pandora golpeando con un pie el suelo antes de que Cliff le regañase.&lt;br /&gt;-No te pongas así, mañana tendrás otra oportunidad. -Diría y luego añadiría. -¡Y cuidadito con lo que sale de esa boca! -&lt;br /&gt;Pandora, en palabras del propio Rezo, tenía mucho potencial, no todo el mundo era capaz de realizar hechizos de magía negra como ella a veces realizaba, a la desesperada, en algún combate o cuando no recordaba ningún otro hechizo de magía shamanistica pero ella al igual que yo prefería mil veces más la espada y durante muchos años fue con la única con la que podría practicar. Cada vez que Parnassus marchaba con Rezo, ella se convertía en el ayudante con el que más me gustaba estar aunque a menudo nos encontrasemos discutiendo a voz en grito.&lt;br /&gt;-Rezo se alegrará mucho de oirte decir eso pero hasta que vuelva, es mejor que esperes un poco. -Obtendría por parte de Cliff cada vez que le rogaba que me enseñase algunos conjuros, lo que hacía que deseaba que Rezo regresase con mayor ansiedad. Lo único que aprendería con Cliff sería a escribir y a leer. Una tarea aburridísima pues tenía que pasarme todo el rato que durase la clase, copiando las letras tán cuidadas y bonitas de Cliff hasta que mis letras o garabatos adoptaran una semejanza. Que tuviese que realizar tán repetitiva labor cerca de Eris, que mejoraba más rapidamente que yo, no me ayudaba a encontrarle diversión. Cada vez que me quejaba, Cliff sentado frente a nosotros, soltaba con una breve sonrisa:&lt;br /&gt;-¿Acaso no quieres aprender magía? Rezo te exigirá saber leer y escribir. -&lt;br /&gt;-¡Pues Parnassus no sabe leer ni escribir y va con Rezo! -Replicaría yo dejando la fina y larga pluma en el frasquito lleno de negra tinta, cansado de escribir. Cliff me daría una información sobre Parnassus que no conocía y que cambiaría mi modo de verlo.&lt;br /&gt;-Eso es lo que su aspecto te hace pensar pero él aprendió a escribir y leer durante el tiempo que estuvo en el orfanato. -&lt;br /&gt;-Es que pensaba que su padres eran de familia muy humilde. -Sería lo último que comentaría en relación con la infancia de Parnassus. Mi voz sonaría extraña.&lt;br /&gt;Eris dejaría su pluma en el tintero y entregando a Cliff el papel repleto de letras negras hasta el último rincón, marcharía para ocuparse de otras labores de importancia, yo al verla hacer eso, también entregaría mi hoja, listo para irme pero Cliff observandola detenidamente me daría el alto:&lt;br /&gt;-Zelgadiss, hasta que no llenes toda la hoja no puedo dejarte marchar. -&lt;br /&gt;Y dejandola en la mesa, sacando mi pluma, cuya punta estaba muy negra, para colocarmela entre los dedos de mi mano derecha, me animaría a proseguir. De mala gana, acomodandome en la silla, proseguí. Cuando Rezo volvió, mi escritura había mejorado considerablemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Me alegró tanto saber que Cliff había tomado la decisión de enseñar a Zelgadiss a leer y escribir pues eran conocimientos muy valiosos y que no todo el mundo se podía permitir obtener pero lo que más me alegraría fue el entusiasmo que mostraba Zelgadiss por aprender magía, fuese la que fuese. Si demostraba valer para ello y claro que valía, no sólo tendría a su haber una tarea que realizar, tendría un arma, mucho más eficaz que cualquier otra hecha por el hombre hasta el momento. Sin embargo requeriría disciplina, mucho estudio y practica, lo que le llevaba a una frustración enorme, el pobre creía que sería tán facil como los otros aprendices lo hacía parecer pero no lo era, según el nivel del hechizo, mayor concentración y habilidad requería. También se daría cuenta de lo absorbente y complejo que podía ser su estudio, empezó siendo muy niño y aún, poco a poco llenandose de conocimientos, le costaba horrores exponer las cosas que había memorizado.&lt;br /&gt;-Bien, Zelgadiss, como ya deberías saber la magía shamanistica se crea tomando la fuerzas de la naturaleza como el agua, el aire, el fuego y la tierra pero ¿podrías explicarnos a qué es debido? -Le preguntaba como bien podría preguntar a cualquier otro pupilo.&lt;br /&gt;-Err... Sí, claro. -Respondía él con voz amodorrada. Tenía la fea costumbre de quedarse dormido durante las lecciones. Escuchando como los pliegues de su ropa se alisaban, podía imaginarmelo poniendose en pie para dar la respuesta. -Es porque las cuatro deidades surgidas del dios dragón Ceiphiel representan y dominan cada uno de los cuatro elementos presentes en la naturaleza. -&lt;br /&gt;-Efectivamente, ahora, ¿serías capaz de decirnos qué deidad domina que elemento? -&lt;br /&gt;-Está el Aqualord que es el del agua, está el Flarelord que es el del fuego, también estan el Airlord y el Earthlord, los del aire y la tierra. -Diría de carrerilla, al concluir podía ori sus ligeros jadeos como si acabase de llegar de una carrera.&lt;br /&gt;-Excelente, Zelgadiss, no tengo más preguntas para tí. -&lt;br /&gt;Un suspiro saldría de sus labios antes de sentarse. Aunque al rato de continuar con la lección de ese día Zelgadiss volviese a caer presa de un dulce sueño, ignoré sus suaves ronquidos pues la clase no era exclusivamente para él. Todos exponían sus teorias y preguntas como si Zelgadiss no estuviese ahí, a veces incluso sus voces se elevaban agudamente al discrepar entre ellos pero en general, nunca me ví obligado a echar a ninguno de ellos. Lo que siempre me sorprendió es que Zelgadiss no se despertaba hasta que yo me veía obligado a hacerlo posando una mano sobre uno de sus hombros y agitarlo un poco mientras le decía:&lt;br /&gt;-¡Despierta, Zelgadiss! La lección de hoy ya hace rato que ha finalizado. -&lt;br /&gt;-¡Mierda! -Exclamaría él avergonzado. -Me he vuelto a quedar roque. -&lt;br /&gt;Tenía una mente tán privilegiada como Cliff para atesorar conocimientos pero como la gran mayoria no le interesaban, muchos serían olvidados. Claro que se tomaba muy en serio su labor de perro guía, a veces me daba algo de verguenza, desde que Crystal me convenciese para llevarmelo conmigo en algunos viajes, los menos lejanos, Zelgadiss parecía más adulto de lo que en realidad era. Lo cúal nunca supe si considerarlo como algo bueno o malo. Se colocaba mi pesada bolsa de viaje y caminaba por delante informandome de todo, absolutamente todo lo que veía gritando innecesariamente.&lt;br /&gt;-Zelgadiss, no es necesario que pegues esos gritos. -Le decía yo cuando la verguenza era insoportable. Las risas reprimidas que escuchaba a mí derecha, provenientes de Erisiel, me hacían sentir más avergonzado. -¿Qué van a pensar de ti? Gritando como una vulgar verdulera. -&lt;br /&gt;Al no escuchar más de sus seguros pasos, me figuré que se había quedado quieto. Sólo se oiría el incesente ruido lejano de la gente y algunos de carruajes. De subito, la voz de Zelgadiss llegaría a mis oidos.&lt;br /&gt;-¡Qué casa más fea! ¿De verdad es aquí dónde tenías que ir? -Soltaría sorprendido a la par que despectivo. Arrugando la frente, acariciandome la frente con algunos dedos, le respondería casi suspirando:&lt;br /&gt;-Si mi niño pero no es una casa, es un hospicio. -&lt;br /&gt;El silencio de Zelgadiss me confirmó que se sentía arrepentido de haber soltado lo de casa fea. Adelantandome un poco, comprobando que la puerta estaba a una distancia cercana pero no excesivamente, golpearía la superficie con los nudillos. Una aflautada voz nos daría la bienvenida mientras las puertas eran abiertas. Yo me suponía que el lugar y sus gentes le causarían gran impacto a Zelgadiss pero esas personas necesitaban de mís servicios tanto o más que las otras que solían requerir mis servicios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;La mayoria de viajes que realicé con Rezo eran viajes cortos y muy triviales, visitaba y examinaba a gente que decía padecer horribles enfermedades o dolencias pero que no tenían dinero suficiente para pagar los servicios de un curandero, muchas veces eran males muy pequeños, por lo que Rezo no necesitaba gran colaboración por mi parte o por parte del ayudante que fuese con él, nunca pudimos ir los dos solos porque era muy chiquillo. Lo que más me gustaba era observar como Rezo obrará eso que la humilde gente llamaba milagro o esperar a que Rezo me requeriese comiendo galletas mientras charlaba con los familiares del enfermo o enferma pero he de admitir que la primera vez que fuí a un hospicio con Rezo, sería una experiencia muy diferente pues el lugar y sus residentes eran totalmente diferentes a esas familias que visitabamos. La persona que nos abriría las viejas puertas de madera carcomida sería un hombre de voz ridicula, bajito y regordete, todo vestido con una tunica pero de color diferente a la de Rezo, blanca y roja anaranjada, con menor lustre. Por lo que podría deducir a lo largo de nuestra estancia allí, ese hombrecillo era el que estaba al mando, se apartaría ni un momento de Rezo y a mí, eso me no daría buena impresión. El modo en que dirigía hacía él sus ojillos y las repetidas veces que se frotaba sus manos mientras nos hablaba del servicio que ofrecía ese hospicio me daba una grima. Decidiendo mirar hacía cualquier otro lado, todo lo que mis ojos veían sería la mar de triste, personas realmente extrañas con ropas realmente viejas o gastadas, que me devolverían una mirada de esas que te rompen el corazón o miradas desafiantes sentadas en el suelo o apoyandose en alguna columna que servía de base entre el techo y el suelo. Algunas de esas personas me llamarían extraordinariamente mi atención pues lo poco que podía apreciar de su piel tenía un color que no tenía nada que ver con el que tenía la gente normal. Era como dar un paseo por un espectaculo de artistas ambulantes pero sin los colorines y las presentaciones pretenciosas. Cuando Rezo debió de cansarse de escuchar al sumo sacerdote, dijo:&lt;br /&gt;-Todo eso está muy bien pero ¿me permitiría comprobarlo por mi mismo? -&lt;br /&gt;Que corte se llevaría el hombre, asintiendo con la cabeza exclamaría:&lt;br /&gt;-¡Oh por supuesto que sí, su eminencia! ¡Y si tiene algo problema, no dude en hablar con el Maestro Myr! -&lt;br /&gt;Al instante de irse, Rezo daría un largo suspiro y girando su rostro hacía mí arqueando una ceja con una sonrisa, casi pícara, diría:&lt;br /&gt;-¡Por Ceiphiel! Creía que no se callaría nunca. -&lt;br /&gt;Eris y yo nos echaríamos a reir pues los tres coincidiamos en que había sido un autentico pesado. Al rato, algo bastante curioso sucedería, muchas de esas personas, poco a poco, quizás al principio temerosas de ser reprendidas o sintiendose indignas, se iría aproximando al centro, en donde nosotros estabamos. Parecían zombies, nervioso entre tanta gente al rededor, me aferraría a la tunica de Rezo como cuando era mucho más pequeño. Rezo al notar mis dedos sobre el tejido de la tunica, preguntaría:&lt;br /&gt;-Zelgadiss, ¿qué se supone que haces? No deberías tenerles miedo, sólo quieren hablar un poco con nosotros. -&lt;br /&gt;Al alzar la vista hacía él, su sonrisa parecía tán dulce y comprensiva. No sé si era porque era ciego o porque realmente él era así pero creo que Rezo fue una de las pocas personas que les trataba como a seres humanos. A veces, incluso, parecía más comodo entre ellos que entre gente de más alto prestigio. Charlaría con ellos como si fuesen sus amigos de toda la vida, creo que a mí me costó muchísimo más.&lt;br /&gt;-¿Quién es el joven que acompaña a su eminencia? -Haría uno de ellos dirigir la conversación hacía mí. -No lleva ropas de sacerdote. -Puntualizaría señalandome.&lt;br /&gt;-Eso es debido a que no es un aprendiz de sacerdote. -Le respondió amablemente Rezo con una de esas sonrisas que sólo a los padres se les ponen mientras posaba su mano derecha sobre mi hombro derecho. -Es uno de mis aprendices, su nombre es Zelgadiss. -&lt;br /&gt;-Hola. -Sería todo lo que saldría de mi boca, muy flojito.&lt;br /&gt;-Ahh claro, como la muchacha que le acompaña posee ropas parecidas a las de las sacerdotisas que nos cuidan, creí que era una sacerdotisa también y no me cuadraba que el chico estuviese con Ud pero al parecer es un ayudante suyo, mil perdones. -Comentaría el hombre disculpandose agachando la cabeza cubierta por la larga manta que poseía como unica vestimenta de grisaceo color y deshilachada. A partir de ese momento pero con mayor rabia me daría cuenta de que Rezo nunca me trataría como un pariente ante los demás pues una persona como él no podía permitir que la gente, sobretodo la gente importante o del gremio, supiese que habían tenido familia. Pero se notaba que nos unia algo más y Eris lo sabía tan bien como Crystal y los ayudantes más antiguos.&lt;br /&gt;-No tiene importancia, buen hombre. Además, lo crea o no, precisamente Zelgadiss es el más importante de todos ellos. -Le respondería Rezo con una voz que casí hace que todo mi ser se estremeciera, del gusto pero también por la turbación. Por un instante la voz de Rezo no parecía suya sino la de un extraño, tán calmada e inexpresiva. Decir que esa afirmación que cada vez se haría más y más firme, demolería a Eris, sería quedarse corto pues nuestro trato iría a peor. La marcha de Parnassus tampoco sería un acontecimiento que mejorase las cosas, ¿con qué otro ayudante o aprendiz podría congeniar?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;FanFic Slayers&lt;br /&gt;Rojo Relativo - Como en los viejos tiempos III&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Al principio creí que sencillamente era porque le desagradaba mucho esa vida tán violenta y que te acababa convertiendo en un presuntuoso o arrogante pero el motivo era mucho más aterrador. Tenía potencial suficiente para realizar grandes conjuros como cualquier otro aprendiz de la mansión pero mi impaciencia, mis deseos frustrados de conseguir materializar en las palabras de poder a la primera, me llevaron a dejar mis estudios de magía y su practica a un lado, me iría interesando mucho más por el dominio de la espada, arma que Parnassus dominaba con tanta gracia y talento que no daba la impresión de tener entre las manos un pesada arma de hierro sino una espada de cualquier otro material mucho más ligero. Parnassus procuraba practicar afuera, alejado de la mansión con Pandora, su hermana porque suponía lo mismo que yo, que esas artes, aunque valiosas como tantas otras, no eran de las preferentes de Rezo. Parnassus a diferencia de mí o de su propia hermana, no poseía capacidad para realizar magía, por lo que ayudaba y contribuía en la mansión con otras tareas diferentes a las de Eris, Cliff y Crystal. Los libros que leía tampoco eran los mismos que Pandora y yo leiamos, quizás tán sólo el que trataba sobre la historia del mundo y la magia. A veces, finalizadas todas sus tareas, pedía a Rezo tiempo para sí mismo. Rezo se lo concedía pues Parnassus obedecía las normas y realizaba sus tareas sin replicas. Yo, aspiraba a ser como él algún día. Alto, fuerte, seguro de mí mismo y encantador. La clase de hombre joven que encandila a todas las damas nada más poner un pie en la zona en la cúal todos los aspirantes a caballeros se enfrentan en un torneo.&lt;br /&gt;-¿Vas a la ciudad? -Le preguntabamos Pandora o yo cada vez que nos lo encontrabamos en la entrada vestiendo las ropas más elegantes pero confortables que tenía bajo una larga capa de intenso color rojizo atada por algunos cordones de un rojo más oscuro, con su vieja pero aún útil espada levemente visible.&lt;br /&gt;-¡Por supuesto! -Nos respondía él con una radiante sonrisa apretando los puños de alegria. -El maestro Rezo me ha permitido participar en el torneo que se va a disputar durante este mes. -&lt;br /&gt;Pandora y yo nos miraríamos él uno al otro con los ojos brillantes por la emoción antes de que algunos lanzase tán importante pregunta:&lt;br /&gt;-¡Qué bien! ¡¿Podemos ir contigo?! -&lt;br /&gt;-¡Claro! -Diría haciendonos los chiquillos más felices del mundo pero añadió. -Pero antes lo consultaré con el Maestro Rezo. ¡Esperadme aquí! -&lt;br /&gt;Al instante le veriamos caminar apresurado hacía la sala que era considerada como el único despacho. Pandora y yo nos devolveriamos una mirada entre esperanzada y asustada, de pie, muy quietos como Parnassus nos acababa de indicar. A medida que el tiempo pasaba, en Pandora se irían haciendo más notables sus dotes femeninas como una cadera curvadita o que su pecho fuese tomando forma ligeramente abombada pero en actitud y ropajes, uno sabía que era tán chico como lo era yo. Más de una vez me quedaba mirandola como si tratase de descubrir el secreto que la recubría, ojos grandes y tán claros como los que Parnassus tenía pero su nariz era más pequeña, más respingona y sus labios eran muy curiosos, carnosos pero sin resultar grotescos, muy rosados pero lo mejor en ella era su pelo, el marrón de tono tán marcado que poseía, parecían rios de chocolate. Largo y muy liso, siempre recogido en una trenza excepto algunos mechones al lado izquierdo tapando gran parte de su frente y otros hacía la derecha. El color de sus prendas era entre blanco y marrón claro. Todos los ayudantes y o aprendices llevaban gran parte de su ropa de ese color, obligatoriamente.&lt;br /&gt;-¿Se puede saber qué miras? -Exclamaría frunciendo el ceño molesta. -¡Pareces idiota! -Añadiría dandome un golpe en el brazo izquierdo como hacen los hombres al encontrarse con un amigo. Llevandome la mano derecha a la zona golpeada cariñosamente, repliqué frotandome un poco el brazo para apaciguar el dolor:&lt;br /&gt;-¡A veces no puedo creer que seas una chica! -&lt;br /&gt;-¡No ha sido para tanto! -Protestaría ella echandose a reir -¡Además si me dá la gana puedo ser más femenina y encantadora que Crystal y Eris juntas! -&lt;br /&gt;Entonces fui yo quien se echó a reir a carcajadas mientras siguiamos esperando a Parnassus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-Maestro Rezo. -Escucharía de nuevo a Parnassus al instante de escuchar golpear a la puerta antes de que ésta se abriese emitiendo un ligero crujido. -Venía a pedirle otro favor. -&lt;br /&gt;-¿Otro? -Diría yo girando mi rostro hacía el lugar que supusé estaría Parnassus. -¿Acaso no te parece suficiente que te permita marchar para participar en ese estúpido torneo? -&lt;br /&gt;-Lamento hacerle pensar eso, Maestro Rezo pero no se trata de eso. Pandora y Zelgadiss quieren venir conmigo, sólo deseaba hacerselo saber, antes de llevarmelos conmigo. -Me explicaría él sin perder aplomo. Se había convertido en un muchacho muy disciplinado y era algo que sin duda me complacía pero me costaba demostrarlo abiertamente.&lt;br /&gt;-¿A la ciudad? -Querría especificar.&lt;br /&gt;-Así es, Maestro Rezo. Les hace tanta ilusión como a mí. -Me afirmó dejando escapar una leve risilla. Eso ya lo sabía, como a tantos otros chiquillos y jovenes de todo el reino y otros reinos. Los torneos eran como una festividad que se alergaba incluso hasta un mes y todos, desde los más humildes a los más enriquecidos, no se lo querían perder. Todo el despliegue de jovenes escuderos, caballeros primerizos o aspirantes provenientes de pueblos cercanos en la plaza de grandes dimensiones de la ciudad demostrando su talento y exponiendo su dominio a fin de captar la atención del monarca o noble que lo hubiese mandado preparar. A menudo eran un espectaculo que se volvía realmente violento, lleno de jugarretas, que acababa no sólo con jovenes heridos fisicamente, también en sus orgullosos espiritus.&lt;br /&gt;-Ya pero si mal no recuerdo Zelgadiss tiene mucho que estudiar y Pandora ha sido castigada hace poco. -Le recordaría pues para mí eso era mucho más relevante. -Diles que será en otra ocasión. -&lt;br /&gt;La decepción se apreciaría en la voz de Parnassus pero no protestaría.&lt;br /&gt;-Está bien, me los llevaré al siguiente que se celebre por las proximidades. -Diría antes de irse. Sus pasos, algo más lentos, se alejarían hasta finalizar en un suave cerrar de puertas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;La expresión en el rostro de Parnassus lo decía todo, aún sonriendo, su frente estaba arrugada como solía arrugarse cuando iba a dar una mala noticia. Pandora y yo corrimos incapaz de aguantar más quietos, deseabamos saber si a Rezo le parecía bien o no. Pandora llegaría un poco antes que yo, tenía unas piernas realmente fuertes y rapidas, si Parnassus no hubiese ido con ella a pedirle trabajo a Rezo, se habría convertido en una bandida de mucho cuidado, tán rapida como una flecha. Me alegraba tanto que las muchachas no pudiesen ser caballero, ella me hubiese superado.&lt;br /&gt;-¡¿Qué ha dicho Rezo?! -Preguntaría yo gritando ansioso con la respiración agitada al salir corriendo. Pandora, con las manos entrelazadas en gesto suplicante, preguntaría tán ansiosa como yo:&lt;br /&gt;-¡¿Podemos?! ¡¿Al Maestro Rezo no le molesta?! -&lt;br /&gt;Parnassus al ver nuestras caritas y nuestros ojos suplicantes, se sentiría en un aprieto. ¿cómo iba a ser capaz de comunicarnos la negativa de Rezo? Suspirando, con los ojos puestos al cielo, como si rogase a Ceiphiel o a algún otro poderosisímo dios habitante señor de las alturas fuerzas, al traerlos de vuelta hacía el frente, dijo escogiendo sus palabras con cuidado para suavizar el golpe:&lt;br /&gt;-Chicos, me temo que está vez no va a poder ser. -&lt;br /&gt;Pero el disgusto sería enorme y exagerado por nuestra parte. Era normal, aún eramos unos chiquillos aunque a veces nos la diesemos de adultos. Yo daría varios puñetazos al aire apretando los labios mientras que Pandora demandaría saber el motivo enojada.&lt;br /&gt;-¿Y por qué no? ¡¿Por qué no?! -&lt;br /&gt;-Pandora, resulta que tú estabas castigada y los niños castigados no tienen permitidos salir a ninguna parte hasta que el castigo finalice, ya deberías saberlo y bueno, Zelgadiss, Zelgadiss tiene que estudiar mucho, va muy retrasado. -Le expondría Parnassus con paciencia y cariño.&lt;br /&gt;Pandora suavizaría su enfado pero no se la vería muy conforme, ninguno lo estariamos al verle marcharse encogiendose de hombros, como si no pudiese hacer más para consolarnos. La magía no era lo mio, cada día lo tenía más claro, por lo que seguir estudiando, era como el peor de los castigos que Rezo podía imponerme y la motivación que me llevó al estudio de la magía cada día se iba volviendo más pequeña, como una chispa de luz que jamás lograría atrapar.&lt;br /&gt;-Venga Zelgadiss, haz un pequeño esfuerzo más. -Trataba de animarme a veces Cliff al ver la poca o nula disposición y atención que prestaba en las clases particulares que le había sido mandado darme. Yo le miraba poniendo morros con la cabeza apoyada sobre uno de los gruesos libros que debía leer e ir asimilando. -El Maestro Rezo está totalmente convencido de que eres capaz y yo también de realizar grandes conjuros. -&lt;br /&gt;Que Rezo manteniese esa ferrea fe en mis habilidades o capacidades con la magía me alegraba a la vez que entristecía. Él decía que era muy importante, por lo que no se rendía en su misión de hacermela aprender y dominarla pero yo comenzaba a verla como una perdida de tiempo y como se me era permitido usar la espada, hacía por echarle más ratos a la espada que a la magía. De ahí que cuando me cansaba, le rogaba a Cliff, mi profesor auxiliar, que pasasemos de la magía a la espada pero su respuesta era firme y no cambia:&lt;br /&gt;-No iras con Pandora hasta que finalicemos esta lección listillo. -&lt;br /&gt;El colmo sería que Eris, la cúal no las necesitaba pues era tán buena con la magía como Crystal o Cliff, quisiese llevar sus conocimientos y destrezas a un terreno más complicado. Que aprendiese a leer y a escribir me fastidió pero me parecío comprensible teníendo en cuenta que ella no sabía pero eso, eso ya era la releche, en el mal sentido de la palabra. Cliff se nos quedaba mirandonos un rato, como estudiando nuestros gestos y palabras, con actitud lejana y pensativa cada vez que discutiamos.&lt;br /&gt;-¡Tú no necesitas estas clases! ¡Tú eres buenísima con la magía! -Le echaba en cara yo golpeando la mesa alzando un poco mi cuerpo del asiento desafiantemente. Ella, esbozando una sonrisa casi maliciosa, me respondía sin achicarse:&lt;br /&gt;-Yo diría que si, Zelgadiss, ¿has pensado en la razón por la cúal el Maestro Rezo se está tomando la molestia de enseñarte magía? -&lt;br /&gt;-Pues porque él cree que valgo para esto. -Sería mi respuesta, tán ingenua que hizo reir a Eris. Cosa que me jorobó el doble. -¡Es lo que siempre me dice! -&lt;br /&gt;-Es verdad, él ve en tí más de lo que cualquier otro podría ver. -Admitiría Eris, entristeciendose por un momento. -En realidad, se empeña en que aprendas magía porque desea que tú te quedes y le ayudes, eres su ayudante más especial. -&lt;br /&gt;Me dejó desarmado aunque quisiese replicarle cualquier cosa, las palabras no saldrían porque era verdad. Ellos podrían quedarse o irse finalizados sus estudios pero yo, que era tán importante para él, no. Como único familiar conocido mio, no me importaba quedarme, él necesitaba un ayudante más que otros sabios al ser ciego, pero yo, como minimo quería presentarme a algún que otro torneo, demostrar que ser un ayudante no te convertía en un debilucho como opinaban muchos muchachos, escuderos sobre todo o bien, me moría de ganas por ser caballero sin que eso significase dejarle a un lado, no, me lo llevaría a mi castillo y le coseguiría al ayudante más cualificado. La sonora e inesperada palmada que dió Cliff para indicarnos que la lección debía comenzar, me sobresaltaría sacandome de mis enrevesados pensamientos. Ya, para lo joven que era, tenía pensamientos muy profundos. Es suponible que debido a las resposabilidades para las que me estaban preparando.&lt;br /&gt;-Se te ve afligido, ¿qué has hecho esta vez gamberrete? -Me preguntaría Pandora al salir del salón con la cabeza gacha cerrando la puerta lentamente.&lt;br /&gt;-Nada, todo ha sido bastante normal. -Le respondería yo con voz neutra caminando hacía la larga escalera para dirigirme a mi habitación pero ella colocandome una espada de madera de claro color me obligaría a detenerme, como lo haría un guardia de cualquier ciudad.&lt;br /&gt;-¿Entonces por qué vas cabizbajo a tu habitación? ¡Tenemos un asunto pendiente! -Me intentaría animar risueña con mirada fiera. A pesar de no sentirme tán animado como en otras ocasiones, pues las palabras de Eris hacían esa meña en mí, confundirme y hacerme sentir un desagradecido o un egoista, fuí con Pandora a una parte cercana de la mansión para practicar un poco de esgrima con ella. Al menos, podría ejercitarla como entretenimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-Maestro Rezo, ¿no cree que se está pasando un poco con Zelgadiss? Sólo tiene diez años y por mucho que se esfuerce, creame, hay conceptos que jamás logrará comprender con la misma precisión de lo que lo hacemos nosotros. -Vendría a exponerme como una madre defensora Crystal, con ese tonillo de voz que le daba un aire tán insolente a la vez que maduro. -Yo a su edad, me pasaba todo el día fuera de casa, jugando o armando follón. -Añadía a ver si ese ejemplo me hacía sentir peor y acababa ablandandome.&lt;br /&gt;-Vaya, vaya, ahora que estoy consiguiendo imponerle algo de disciplina como un verdadero padre ha de hacer de cuando en cuando, ¿me vienes con esas? -Le respondería yo esbozando una sonrisa que intentaba mostrar sarcasmo. El ligero sonido que produjó la piel de sus brazos descubiertos sobre la lisa superficie de la mesa me bastó para entrever su proxima jugada. El modo en que haría brotar las palabras también.&lt;br /&gt;-Zelgadiss se está esmerando mucho, incluso sin gustarle. ¿no te parece apropiado darle un pequeño estimulo para que vea que su esfuerzo no está siendo en vano? -Me propondría.&lt;br /&gt;Adoptando o intentando adoptar un aire pensativo, apoyando sobre mi mejilla izquierda una mano le dije:&lt;br /&gt;-Demuestrame que ha habido un progreso, por pequeño que sea y meditaré tu propuesta. -&lt;br /&gt;El ruido que hizo su cabeza al chocar contra la mesa, casi me preocupa pero al escuchar su voz de nuevo, me figure que lo más que podría haber sufrido sería un chichón.&lt;br /&gt;-¡Cuando Ud quiera! -Exclamó desplegando una seguridad y orgullo un tanto precipitados.&lt;br /&gt;Saldría del despacho más que corriendo, trotando. Tap, tap, tap, como una joven yegua por domar. No supe que le diría pero Zelgadiss aceptó el reto con una insensatez y osadia admirables, claro que no le mostraría ni la mitad de todo mi poder. Era tán valioso, podía sacar tanto de él. Como la parte practica era realizada en la zona más amplia y menos amueblada de toda la mansión, el evento tendría suceso en la entrada. Que extraño resultó, escuchar sus temerosos primeros pasos, como si algo por un breve instante le hubiese llenado de dudas.&lt;br /&gt;-No temas, no seré muy duro contigo. -Le comenté, a ver si eso apaciguaba ese sentimiento en su corazón. Él exclamó molesto desde el otro lejano lado:&lt;br /&gt;-¡No te tengo miedo! ¡Solo estoy un poco nervioso! -&lt;br /&gt;-Bien, empecemos pues. -Le indiqué antes de dar un golpecito al suelo con mi bacúlo, las anillas chocarían haciendo un ruido de sobra reconocible, clanc.&lt;br /&gt;El ambiente se cargaría en pocos instantes hasta volverse tán insoportable como bien lo podría ser en pleno día de verano en un desierto, lo cúal me confirmaba que la bola de fuego se formó sin tardar demasiado, los murmullos de los aprendices y ayudantes presentes también serían otra buena señal de ello.&lt;br /&gt;-¡Eso es un hechizo de fuego, ¿verdad?! -Gritaría Zelgadiss. -¡Vale! ¡Pues creo que esto puede funcionar! -Seguiría gritando antes de formular el conjuro conocido como Freeze Brid con una voz casi desesperada. Milagro o no, la temperatura del ambiente se suavizaría por lo que supusé que el hechizo había funcionado y ambas bolas se habían anulado al chocar. Todos aplaudirían y vitorearían a Zelgadiss pero Zelgadiss estaría demasiado impresionado de sí mismo como para decir palabra. Todo lo que saldría de él sería su intensa respiración.&lt;br /&gt;-¿Qué crees que hubiese sucedido si en vez de el hechizo hubieses usado una espada? Espero que esto te anime a seguir estudiando el dominio de la magía. -Me permití el lujo de decirle a modo de mostrarle mi satisfacción. -Porque demuestras tener más talento del que crees. -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¡No me lo puedo creer! -Gritaría bocabierto, mirando a diestro y siniestro. -¡¿De verdad podemos quedarnos aquí?! -Volvería a preguntar a Rezo.&lt;br /&gt;No podía creer lo que mis ojos veían, el estar allí rodeado de caballeros, unos más jovenes y principiantes que otros, pero todos ellos caballeros de todo tipo de rango, muchos dueños de vistosas y brillantes espuelas de oro y otros de plata pero de una plata cuidada y tán brillante como sus armaduras sobre sus cotas de malla. Las cosas que se decían y atisbar no muy lejos de cada uno a sus escuderos o sus preocupadas damas, me hacían sentir por unos momentos que formaba parte de ese mundo, un mundo al que aspiraba pertenecer por muy duro que tuviese que entrenarme o por muchos torneos como ese en los que tuviese que participar. Yo deseaba sentarme algún día en la mesa del consejo de algún monarca, exhibiendo mis mejores ropas, yo deseaba enfrentarme a toda clase de criaturas u oponentes a fin de proteger las tierras de mi señor y sobretodo, yo deseaba poseer bellas y elegantes damas de la corte. Era un autentico soñador, un chiquillo que se creía que las historias que leía en los libros que tomaba prestados podían hacerse realidad, un ingenuo, que sólo era capaz de ver la parte encantadora de ese mundo, porque en cada mundo hay cosas buenas y cosas menos buenas. Rezo lo sabía mejor que yo pues él nunca tuvo un mundo en el que formar parte aunque se esforzase.&lt;br /&gt;-Claro que si Zelgadiss -Me respondería Rezo sentandose en un taburete de madera entre las mesas o bancos de madera que se habían dispuesto en el puesto en el que nos encontrabamos. En él irían siendo atendidos los participantes derrotados. -Este es el lugar que se nos ha asignado. -&lt;br /&gt;De entre todos los participantes que atendimos, la gran mayoria eran muchachos venidos de lugares bastante lejanos, a veces me costaba entenderles cuando se trataba de campesinos o aldeanos ya que los de familia noble, habían aprendido desde muy niños, a comunicarse en una lengua más refinada y sólo hablada en las ciudades más principales de cualquier reino, pero yo les escuchaba con igual fascinación mientras sacaba vendas, puñuelos u otros neceseres de la gastada pero resistente bolsa de viaje que Rezo había llevado con él desde el primer momento en que empezó a viajar y a sanar gratuitamente a toda clase de personas. Algunos curanderos se acercaban a charlar con Rezo, Rezo los atendía con paciente cortesía pero siempre permanecía muy alerta de mis movimientos. Por mucho que procuré no alejarme de él o del puesto en el que él desempeñaba su tarea curativa, había momentos que sin darme cuenta iba algo más lejos, posiblemente para admirar a los participantes en plena acción mejor o como cada caballero sobre sus corceles tomaba sus respectivas lanzas de madera con puntas romas ofrecidas por sus escuderos de pie en el lugar del cúal saldría su señor a toda velocidad para derribar al otro, mostrando así al publico un pequeño entretenimiento antes de que los participantes victoriosos regresasen para la siguiente ronda, hasta quedar tán sólo uno. Toda la gente sentada en las gradas bajo grandes toldos de coloridas telas se pondría en pie, alzando sus manos y lanzando grandes exclamaciones, cada vez que uno de los participantes asestaba un golpe mortifero a otro. Ciertamente, era una diversión violenta pero incluso en tiempos muy lejanos, ya había celebraciones parecidas. Pero nada más oir la voz de Rezo trás de mí, dejaba todo el espectaculo para otro ratito, corriendo en su busca.&lt;br /&gt;-¿Me requerías? -Le preguntaba yo con tono de voz irregular debido al haber llegado corriendo. Desde fuera se escuchaban los sonoros golpes que producían las espadas al chocar acero contra acero y la sonora muestra de disfrute por parte del publico.&lt;br /&gt;-Sí, Zelgadiss, creo que ya hemos hecho más que de sobra. -Me hizo saber Rezo levantandose. Yo me quedé mirandole y arrugando la frente dije entristecido:&lt;br /&gt;-¿Nos vamos ya? -&lt;br /&gt;-Sí, Zelgadiss, ya hemos estado aquí un buen rato, tenemos otros asuntos que atender. -Sería su confirmación, una respuesta no muy bien recibida por mí parte.&lt;br /&gt;-¡Pero a mí me gustaría quedarme un poco más! -Le haría saber apretando los puños, con ojos llorosos le suplicaría quedarnos un poco más. -Por favor, quedemos hasta que aparezca el caballero negro. -&lt;br /&gt;Pero de nada serviría, Rezo había decidido que su presencia ya no era más necesaria por lo que me gustase o no, debíamos irnos en aquel mismo momento. Enojado, echaría a correr oyendole gritar mi nombre, la desesperación que aprecié volvió a dejarme por unos momentos tán sorprendido como atemorizado, ya sabía que como único pariente suyo con vida haría todo lo posible por cuidarme y protegerme hasta que tuviese la edad adecuada para empezar a apañarmelas por mí mismo pero a veces lograba sobrecogerme pues casi había algo oscuro detrás. En esos momentos de aturdimiento, iría a dar de bruces con un muchacho, escudero seguramente, algo más mayor que yo y con una arrogancia y malicia que consiguieron encender mi odio mucho más de lo que lo había hecho Eris o Kraken.&lt;br /&gt;-¡Mira por dónde vas harapiento! -Exclamaría enfatizando la palabra mugriento uno al caer al suelo, en la parte menos sucia a la misma vez que yo caí en la que más barro había. Poniendome en pie de inmediato, quitandome el barro rapidamente, le grité enrojeciendome de rabia:&lt;br /&gt;-¡No! ¡Mira por dónde vas tú! -&lt;br /&gt;-¡¿Cómo te atreves?! -Soltaría entonces él poniendose de un salto en pie agarrandome del cuello de la amarillenta camisa, a causa del destille, dejando un espacio entre mis pies y el suelo, al ser mucho más alto que yo. -¡¿Acaso no sabes para quién trabajo?! -&lt;br /&gt;Podría haberme puesto en un plan más humilde y haberme disculpado arrastrando la cola entre las patas pero como mi orgullo y todo lo que creía no me lo permitieron, mi respuesta fue igual de desafiante que su pregunta:&lt;br /&gt;-¡Ni lo sé ni me importa! -Es más, yo también me daría algunos aires de grandeza. -¿Y tú sabes de quién soy ayudante? ¡De su eminencia El monje rojo, que seguro que es mil veces más importante que tu señor! -&lt;br /&gt;La cagué pues todavía agarrado por el cuello de la camisa sería estampado contra el suelo dolorosamente mientras el muchacho me gritaba:&lt;br /&gt;-¡Ja! ¡Un harapiento como tú jamás tendría ese honor! -&lt;br /&gt;-¡Deja de llamarme eso! ¡Te juro que es verdad! -Le gritaría yo cada vez que intentaba inútilmente ponerme en pie para hacerle frente. Él me llamaba harapiento con mayor enfasis mientras con una patada me devolvía al suelo.&lt;br /&gt;-¡Aaron, deja de una puñetera vez al crio en paz! Su eminencia lo está buscando. -Ordenaría una contundente voz desde algún lugar acercandose. Agarrando una de sus enguantadas manos marcharía de regreso con Rezo.&lt;br /&gt;-Le estoy infinitamente agradecido, Sir Williams. -Le diría Rezo al caballero mostrando gran educación y amabilidad, esté, en cambio antes de alejarse, le soltaría:&lt;br /&gt;-Procure tener más controlados a sus sirvientes, si no, hagase de un criado más obediente. -&lt;br /&gt;Eso dolería el doble que la palabra harapiento. ¡Yo era un ayudante, no un sirviente! Había una gran diferencia según Rezo pero al parecer, la gente no lograría ver esa diferencia, lo cúal muy a menudo me traería problemas. Rezo le replicó:&lt;br /&gt;-Y ud procure tener en cuenta la diferencia entre ayudante y sirviente. -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Los gritos de Zelgadiss y los otros chicos llegaban a mí desde la lejanía, como traídos por el viento que soplaba aquella fria mañana. Debían de enoontrarse pues recuerdo que le pedí esperarme afuera, del pequeño templo. Los sacerdotes y yo acudiriamos a ponen paz entre los chicos de inmediato pero cuando llegamos, habían comenzado a usar los puños, como si las palabras enfurecidas ya no bastasen para defender la verdad o lo que cada uno consideraba verdad. El frescor del aire acariciaría nuestro rostro enfriando nuestra piel pero por fortuna no lograba entumecer nuestras piernas. Los pasos de los sacerdotes se alejaban con mayor facilidad pues a veces enlentecía mis pasos debido a la inseguridad.&lt;br /&gt;-¡Niños, parad de una vez! -Les ordenaría con tono exigente uno de los sacerdotes, el que me pareció más maduro. De voz más grave. El sonido que emitirían uno de los chicos y el propio Zelgadiss al ser separados me recordaría a los gruñidos que sale de los morros de dos perros enrabietados, claro que ellos no eran animales, gruñían y respiraban entrecortadamente debido a que habían usado todas sus fuerzas en dañar al otro. Qué triste ¿no?&lt;br /&gt;-Ahora contadnos que ha pasado, ¿por qué os habeis vistos obligados a usar la violencia? -Ordenaría al cabo de un rato el sacerdote sereno, probablemente dirigiendo miradas reprochantes tanto a Zelgadiss como al otro chico, cuando los dos chiquillos se calmaron un poco. Zelgadiss sería el único en hablar, tratando de buscar algo de apoyo por nuestra parte.&lt;br /&gt;-Verá, yo estaba aquí, esperando como me había pedido R... -Se detendría para no soltar mi nombre de un modo comprometedor pero al instante continuaría. -Como me había pedido el Maestro Rezo pero ellos aparecieron y empezaron a molestar. -&lt;br /&gt;-¡El sirviente miente! -Gritaría el otro chico provocando que la ira de Zelgadiss resurgiese pues Zelgadiss gritaría listo para golpearlo si hacía falta:&lt;br /&gt;-¡No soy un sirviente! -&lt;br /&gt;-¡Si que lo eres! -Gritaría alzando su aguda desafiante el chico.&lt;br /&gt;Por un momento arquearía una ceja esbozando una leve sonrisa. ¿Se atreverían a pelearse frente a nosotros? Pero dandome cuenta, meneé la cabeza, eso estaba mal, eso no debía volver a ocurrir y menos delante de nosotros. Lo peor sería, lo que más dolor y enojo causaría a Zelgadiss serían estas palabras por parte del otro chico:&lt;br /&gt;-¡Lo que dice mi amigo es verdad! ¡Ayudas a Su eminencia pero como cualquier sirviente lo haría aunque no te dé dinero! -Incluso añadiría. -Mi padre dice que a un trabajador se le puede pagar también con comida y hospedaje a cambio de su servicio. -En su voz se apreciaría orgullo pues era verdad, Drake trabajó así pero Zelgadiss no era como los otros jovenes de la mansión.&lt;br /&gt;-Zelgadiss, no importa lo que la gente piense, dejalo ya. -Más que aconsejarle, le pediría. Siempre se me dió demasiado bien pedir, claro que no todas mis peticiones fueron escuchadas y acababa rogando con todas mis fuerzas, humillandome, más de una vez, para nada. Lo único que saqué en positivo fue que se me daba demasiado bien y que era un talento inútil. Sin embargo, Zelgadiss, respirando profundamente, accedió. Sería un camino de vuelta a casa muy silencioso por su parte.&lt;br /&gt;-Vaya, hacía tiempo, que no le veiamos por aquí, señor Rezo, ¿va todo bien? -Me preguntaría la voz de un hechicero vagamente conocido.&lt;br /&gt;-No, me temo que no pero ya no tiene remedio. -Le respondería frio y calmo como el hielo.&lt;br /&gt;-¿Tiene que ver con su trabajo o es más bien, relacionado con la familia? -Trataría de deducir con vocecilla maliciosa pero no me importó, no había ni una misera gota de aprecio o agrado hacía él, él sólo era un conocido, un complice pero nada más.&lt;br /&gt;-Un poco de todo. -Le conteste sonriendo un poco. -No quiero caer en un error ya come&lt;br /&gt;Zelgadiss lanzaría un aullido de ira y si no hubiese sido por el sacerdote, se hubiese lanzado contra los chicos de nuevo. Podía percibir como su mandibula se tensaba y como sus manos volvían a cerrarse volviendo a ser dos puños fuertemente apretados.&lt;br /&gt;-Zelgadiss, lo que la gente piense no tiene importancia, dejalo ya. -Más que aconsejarle, le pediría. Con los años, se fue dando realmente bien eso de pedit, claro que mis peticiones nunca solían ser escuchadas, lo que a veces me lanzaba a rogar, llegado el punto incluso, de humillarme a fin de que fuesen escuchadas. Un talento ciertamente inútil. Sin embargo Zelgadiss, respirando hondo, accedería. El camino de vuelta a casa sería muy silencioso por su parte.&lt;br /&gt;-Vaya, hacía tiempo que no se le veía por aquí, señor Rezo, ¿va todo bien? -Preguntaría la voz de un hechicero vagamente conocido.&lt;br /&gt;-No, no del todo. -Le respondería yo sin perder una sonrisa que procuraba ser amable y calida aunque mi voz era tán calmada y fria como el hielo.&lt;br /&gt;-¿Es por el trabajo o está más relacionado con la familia? -Trataría de deducir con voz maliciosa pero no me importaba cúan malvadas pudiesen ser sus preguntas ya que él no me importaba lo más minimo, no había ni una minima gota de afecto o aprecio hacía él en mí por lo que le conteste impasible pero intentando ser agradable:&lt;br /&gt;-De todo un poco. -&lt;br /&gt;-Bien, si estas aquí es porque buscas algo, ¿en qué puede este humilde hechicero ayudar a Su eminencia El monje rojo? -Soltaría dejandose de preambulos, yendo directo al grano como bien lo haría un comerciante cuyo tiempo es oro. Había algo, siempre lo hubo lo que pasa que es que antes no lo percibía con tanta claridad, en él que empezaba a atraerme. Como pasaría con Dilgear o con otros hechiceros. Dudé un momento antes de exponerle lo que deseaba pues lo que planeaba, una vez hecho, no tendría solución pero quería hacerlo, trás buscar otros metodos, fue él único existente que podría funcionar, que le daría a Zelgadiss lo que tanto andaba anhelando, mayor fuerza. Pues a partir de los doce años se obsesionaría de sobremanera con ser fuerte, le costaba manejar una autentica espada, con hoja de acero, bastante debido a que aún siendo un chico sano y fuerte para su edad, era bastante delgado y en su opinión el peso, es decir la mosculatura, a la hora de calibrar en cada movimiento el peso eso era además de una desventaja, lo que le ponía dificil adquerir velocidad y destreza. Se empezó a tomar demasiado en serio la esgrima, Pandora me comunicaba que ya no deseaba practicar con espadas de madera. Os aseguro que antes de ponerme manos a la obra con eso, me pase día y noche intentando convencerle de que era un chico fuerte, tán fuerte como cualquier otro de su edad pero eso no le bastaba.&lt;br /&gt;-Si quiero participar en los torneos, debo ser capaz de usar una espada de verdad sin caerme de culo al poco de sostenerla. -Me informaba molesto. La primera vez que lo escuché me pilló por sorpresa, no veía nada de malo que aprendiese a usar la espada, algunos hechiceros también usaban espadas magicas pero que quisiese participar en un torneo, fuese para lucir sus habilidades o con la esperanza de llamar la atención de algún caballero o monarca, eso, eso lo apartaría de mí, sin olvidar que podrían matarlo. ¿De dónde surgió tál obsesión? Quizás, si, estoy seguro, cuando Parnassus nos comunicó que había sido escogido como nuevo guardia de un monarca de un reino lejano gracias a la fama que había recogido con sus victorias en algunos torneos celebrados por la zona. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;PD: Como siempre pongo al final, como sencillo recordatorio, la parte contada por Rezo está en rojo y la parte contada por Zelgadiss está en blanco, para que no os lieis al estar escrito en primera persona ^^ Las tres historias son historias de mi recopilación de FanFics Rojo Relativo, espero que os gusten ^^ El único personaje que a lo mejor aparece pero sin detallar mucho, es Ferrissian DiCallium, personaje original de otra gran fan y artista QP/Diana ^^ Eso es todo al respecto. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-2153749996982056198?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/2153749996982056198/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=2153749996982056198' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/2153749996982056198'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/2153749996982056198'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/11/rojo-relativo-como-en-los-viejos.html' title='ROJO RELATIVO Como en los viejos tiempos'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-6783915791834077968</id><published>2011-10-30T11:21:00.000-07:00</published><updated>2011-10-30T12:28:03.535-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos cortos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mis dibujos'/><title type='text'>Dame otra oportunidad...</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-oeBTHa7U7Hc/Tq2V7TZ8adI/AAAAAAAACGQ/mB5rGzcTGAU/s1600/img539.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 288px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5669352351983233490" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-oeBTHa7U7Hc/Tq2V7TZ8adI/AAAAAAAACGQ/mB5rGzcTGAU/s400/img539.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Otro dibujo muy esforzado y con color que he regalado haciendo un gigantesco esfuerzo ^^ Espero que os guste porque a mí me ha encantao como ha salido ^_^ Es mi destino, parece que los dibujos me salen mucho mejor cuando son para regalarlos LoL&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;FanFic Slayers - Una segunda oportunidad&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Sentado a la sombra de un robusto arbol, el que una vez fuese considerado un gran sabio e incluso una especie de santo viviente, se limitaba a disfrutar de la extraña pero maravillosa vuelta a la vida. Era una mañana agradable de primavera y sentir la fria y suave brisa le hacía sonreir, palpar la hierba de nuevo también le hacía sentir gran felicidad, volvía a formar parte del mundo material por lo que podría estar una última vez junto a una de las personas que más quisó pero que más daño hizo y eso para el gran sabio era lo que más importaba en aquellos momentos. Seguía sin abrir sus ojos, los mismos ojos que le alejaron de todo aquello en lo que creía y valoraba pero al menos ya sabía el motivo por el que debían permanecer cerrados. Al posar sus dedos sobre ellos, percibiendo la piel de los parpados, su sonrisa se tornaría agridulce pero al retirar los dedos, agitando varias veces su cabeza, alejaba sus pensamientos de aquel que le había obligado inadvertidamente a ser su via de escape para concentrarse en las personas que caminaban hacía dónde él estaba. El principe de aquel reino en el que se hallaba, la princesa del reino más poderoso de todo el continente, la hechicera ladrona, el guardian de la susodicha y como no, su querido biznieto. Un grupo tán particular como encantador, que parecía sacado de un libro de aventuras para jovenes soñadores como él una vez fue pero que a lo largo de los años acabaría por desaparecer. Todos charlaban como si todo lo malo hubiese sucedido tantísimo tiempo atrás y al gran sabio, tán culpable y tán arrepentido, le gustaba pues le ayudaba a suavizar la pena y el dolor que iba con él y siempre iría hasta ser perdonado totalmente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Torciendo el gesto, resistiendose a sentarse junto al que una vez fuese la persona más admirada, respetada y amada, el hechicero quimera tenía más claro que nunca que no, que jamás le iba a perdonar pues su corazón se había vuelto tán duro como su cuerpo y hasta que no encontrase el modo de solucionar lo que aquel hombre le hizo, no se veía capaz de hacer borrón y cuenta nueva, por lo que por mucho que la princesa tirase de sus ropas para atraerlo, él permanecería tán inmovil e impasible como una estatua, lo que provocaría que la princesa se entristeciese mucho. Regresando con los demás, comunicó que el hechicero no estaría entre ellos si ellos estaban con el gran sabio. La hechicera de rojos cabellos remangandose las mangas de su traje rosado, saldría de la amplia sombra que ofrecía el arbol para convencer, a su manera, a su amigo y volver con el grupo los dos pero tampoco consiguió gran cosa, sólo gritar y gritar hasta quedarse afonica. El gran sabio suspiraría y trataría de calmar a la hechicera, cuya paciencia era bastante limitada. Las palabras que el hechicero quimera, su biznieto, le lanzaría serían tán crueles que se quedarían clavadas en la mente del gran sabio un buen rato como afilados y dolorosos aguijones dificiles de quitar. Las lagrimas brotarían de sus ojos cerrados, volvía a sentir, pero las reprimiría hasta estar bien alejado del hechicero quimera y de sus amigos. Sabía que no le sería facil obtener su perdón y que nada volvería a ser como mucho antes de convertirlo en el ser que era en ese momento pero mantenía una pequeña esperanza de que con el tiempo se pudiese rescatar algo de aquello pues el también había descubierto al ruin ser que le había dominado por tanto tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Los otros se miraban y exponían sus teorias, como sería evidente, el principe iría con el gran sabio porque a pesar de todo aún creía en que podía haber bondad en él pero la hechicera comenzaría a sospechar, ella siempre se olía los problemas antes que nadie. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;En tercera persona, para variar LoL&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-6783915791834077968?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/6783915791834077968/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=6783915791834077968' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/6783915791834077968'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/6783915791834077968'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/10/dame-otra-oportunidad.html' title='Dame otra oportunidad...'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-oeBTHa7U7Hc/Tq2V7TZ8adI/AAAAAAAACGQ/mB5rGzcTGAU/s72-c/img539.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-4418710920362540623</id><published>2011-10-28T02:04:00.000-07:00</published><updated>2011-10-28T02:37:40.437-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mis poemas'/><title type='text'>DEJAME SANARTE, DEJAME DESTROZARTE</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-rO10jKXwYHg/Tqpxy8hcv2I/AAAAAAAACF4/CSaVMHHrtJI/s1600/Zephyr___Casual_Black_01_by_reiko_stocks.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 294px; DISPLAY: block; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5668468201053011810" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-rO10jKXwYHg/Tqpxy8hcv2I/AAAAAAAACF4/CSaVMHHrtJI/s400/Zephyr___Casual_Black_01_by_reiko_stocks.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Foto encontrada en DeviantArt &lt;span style="font-family:arial;"&gt;:3&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;POEMA SIN TÍTULO&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Porque todos estamos siendo engañados&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Porque todos en algún momento estamos siendo manejados&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Pero no nos damos cuenta a su debido momento&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Compartiré este pequeño secreto&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Guardalo o extiendelo, eso ya no importa&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Te mostraré mi último deseo&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Hazlo realidad o no, eso ya no importa&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Porque los sabios buscan respuestas más allá de su alcance&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Porque los religiosos nos ayudan a mantener viva su fe&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Pero nadie sabe realmente lo que ha de saber&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Llegado el momento nos romperemos como jarrones&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;pero seremos libres, adios dolor, no habrá más elección&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;POEMA SIN TÍTULO 2&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Era hora de dejar las cartas sobre la mesa&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Nadie esperaba su jugada&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Era hora de jugar sin apartar la mirad&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Cogidos por sorpresa, no sabran mantener la firmeza&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Derrumbandose, sintiendose por un breve instante tán pequeña&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;¿Dónde está tú hermosa voluntad? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Había algo por lo que jugar y no sólo se trataría de ganar&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Pero sin más ases ¿cómo ganaría?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Él sabía que estaba perdida pero no vencida&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;¡Juega por tu vida, por las vidas de los que te importan!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;La carta ganadora está tán cerca&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;¡Juega por tu vida, por las vidas de los que te importan!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Una vez usada, victoria asegurada&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Bueno por hoy eso sería todo, dos poemillas que espero que os gusten ^^ &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-4418710920362540623?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/4418710920362540623/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=4418710920362540623' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/4418710920362540623'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/4418710920362540623'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/10/dejame-sanarte-dejame-destrozarte.html' title='DEJAME SANARTE, DEJAME DESTROZARTE'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-rO10jKXwYHg/Tqpxy8hcv2I/AAAAAAAACF4/CSaVMHHrtJI/s72-c/Zephyr___Casual_Black_01_by_reiko_stocks.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-8580974469467792036</id><published>2011-10-15T03:47:00.000-07:00</published><updated>2011-10-15T04:11:00.919-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mis poemas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='teme religioso'/><title type='text'>POEMA sin TITULO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Una vez el templo comience a derrumbarse, ¿dónde te refugiarás de mí? Una vez los pedazos caían sobre tu cabeza, tán dañado, tán asustado, ¿dónde quedará tu fe ante mí? Cerrarás los ojos, girarás la cabeza, ¿serás tán cobarde de rechazarme? ¡No lo hagas! Sólo te causaría más dolor. Afronta la verdad, abre tus ojos para mí, deja a la bestia salir, liberate de tus miedos y sueños, se mío como siempre has querido pero nunca te has atrevido. Abandona tu templo destruido, abandona tu fe condenadora, yo te mostraré la luz, la más hermosa y cegadora luz, como la verdad, antes de caer. El muchacho no tiene por qué temer, porque él caerá también. Tán cercano, tán lejano, atrapado en su propio laberinto, mira qué ya fue advertido, lugar santo, lugar corrupto, palabras grises, actos tristes, caminos que se vuelven grises también pero ¿qué otra opción tenía? Si cae, que no sea engañado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-8580974469467792036?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/8580974469467792036/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=8580974469467792036' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/8580974469467792036'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/8580974469467792036'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/10/poema-sin-titulo.html' title='POEMA sin TITULO'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-2752757556953682085</id><published>2011-10-09T06:42:00.000-07:00</published><updated>2011-10-09T06:52:36.401-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos cortos'/><title type='text'>ROJO RELATIVO Spin-Off III</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):&lt;br /&gt;Themis Ulcies y Jura son personajes originales de RagnaBlast&lt;br /&gt;Los demás personajes son producto de los creadores de Slayers, pues esto es un FanFiction&lt;br /&gt;Con respecto a Lei Magnus y lo de la Kouma Sensou o La Guerra del Descendimiento del Demonio es un tema interesante y seguramente muy importante tanto para todas las razas que hay en el mundo de Slayers como para los humanos, especialmente aquellos que entiendan o usen magía como sería para nosotros La segunda guerra mundial, por lo creo que es algo que de vez en cuando ha de hacerse mención aunque sinceramente, yo de eso, mucha idea no tengo, como la mayoria de cosas ways de las que trato de escribir LoL, pero os prometo que tratare de escribir un poco sobre ello lo mejor que pueda, con la información que he ido pillando ya que la historia de Themis Ulcies y Lei Magnus transcurriría en aquellos tiempos ^^ Conque espero que os guste y no me tengais muy en cuenta los fallos que puedan surgir...&lt;br /&gt;La historia es narrada, como tantas otras, en primera persona. Según Lei Magnus y según Themis Ulcies ^^&lt;br /&gt;Por último, esta historia está dedicada especialmente para RagnaBlast, creadora de Themis Ulcies, gran amiga y seguidora de mis trabajillos y desvarios en DeviantArt y gran fan de Slayers ^^ Una muchacha con mucho talento tanto a la hora de dibujar como de escribir ^^&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FanFic Slayers&lt;br /&gt;Rojo Relativo - Spin-Off III&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Nadie llegó a conocer con tanta seguridad al llamado por las mundanas multitudes como Lei magnus, el gran filosofo o sabio legendario como yo. Hechicero de soberbio poderío y hombre entregado hasta la enfermedad al estudio y preparación de hechizos que ofrecieran una victoria a nosotros, los humanos, frente a las criaturas malignas que extendían silenciosamente sus zarpas sobre nuestras tierras. Hombre de mirada penetrante tán penetrante como el tono de sus ojos, castaños, muy castaños, tanto que cuando se enojaba parecían volverse rojos como los ojos del ente del cúal supó como obtener y canalizar algo de su poder, el temido rey de los demonios, Shabragnigudu pero voz y sonrisa reconfortante. Piel clara contrastada con unos largos cabellos negros más negros que la propia noche. Era de los sabios más respetados y solicitados, hechicero y erudito. Sus tunicas de intenso color rojizo eran claro indicativo de su relevancia entre los hombres más prestigiosos de entre todos los reinos. A todos los hechiceros más jovenes siempre nos trasmitió tanta fascinación y admiración. Él exponía ante nosotros con firmeza y orgullo sus experiencias e investigaciones sobre los demonios y su poder magico. Era simplemente un genio y como tantos genios anteriores y posteriores, despertaba envidias o incomprensión entre los otros sabios. Si girabas la cabeza hacía el fondo podía verles hablar entre ellos sobre él, gesticulando e incluso exhibiendo sonrisas maliciosas. ¿Sería ese el motivo por el que comenzó a compartir sus conocimientos fuera del templo? Poco despúes empezarían a llegar rumores sobre la extraña manera en que comenzaban a actuar los demonios, demonios inferiores para ser más exactos. Todo el mundo comenzó a temerse lo peor. Llegar hasta el templo en el cúal, mediante un engaño necesario y justificado, residía y estudiaba se iría volviendo en una tarea costosa de realizar trás cada reunión con el sabio legendario.&lt;br /&gt;-Estoy seguro que este cambio no es algo temporal como cuentan otros sabios. -Nos aseguraba él cada vez que alguno de nosotros, del cada vez más disminuido grupo de sus seguidores y jovenes estudiantes de magía, sacaba el tema, con la esperanza de que él sabio apaciguará sus temores. -No sólo han aumentado en numero, se están volviendo más ordenados, como si se preparasen para algo. -&lt;br /&gt;Nosotros, tanto Lei como yo, como humanos no podiamos hacernos ni una limitada idea de lo que realmente estaba a punto de dar comienzo, de las atrocidades y las muertes que irían infestandolo todo, sólo nos aventurabamos a hacer hipótesis, guiandonos por los pocos conocimientos recogidos sobre ellos y su apenas conocida jerarquía. Lei estaba completamente seguro de que había un motivo oculto que los movió a unirse y atacar contra cualquier cosa viva. Volviendo sus ojos hacía nosotros, tán callados como atemorizados, obligandose a sonreir y adoptar una voz más animada dijo:&lt;br /&gt;-Pero no hay de qué preocuparse, suceda lo que suceda, contamos con la protección de las cuatro deidades provenientes del mismísimo Ceiphied ¿o me equivoco? -&lt;br /&gt;-Tiene mucha razón, su eminencia. Por ahora nuestro deber es seguir aprendiendo a dominar las diferentes ramas de la magía. -Me atreví a decir en voz alta esperanzada poniendome en pie sin darme cuenta. Todos me miraron, ninguno parecía muy convencido pero cuando Lei Magnus avanzando hacía alabó mi respuesta, todos acabarían por llenarse de esperanza también.&lt;br /&gt;-He aquí un muchacho de sabias palabras. Pues por ahora todo lo que debería preocuparos es ser capaces de hacerles frente en caso de veros en peligro. -Exclamaría recordandonos cúan importante era ese saber y el dominio de este. -Ahora marchaos mientras aún sea seguro diambular por la ciudad. -&lt;br /&gt;Con ese consejo solía dar por terminada la reunión pues no era muy seguro caminar poco después del atardecer. Todos tomariamos nuestras respectivas capas de lana de similar tacto al de nuestras rudimentarias tunicas y saldríamos hacía la calle por el largo pasaje que daba a la salida de la antigua biblioteca. Lei Magnus gustaba de juntarnos allí pues era donde más tiempo pasaba, sumido en sus interminables pensamientos acompañado por la única luz y calidez de una vela sobre un platillo dorado. Cada vez que se acercaba a mí y colocaba sus ojos sobre mí, esos ojos que parecían estar llenos de fuego, me sonrojaba como una chiquilla tonta y enamoradiza. Lei Magnus nunca fue el único en halagar mi inteligencia, otros sabios como el maestro Lexious también veían un futuro brillante para mí a medida que pasaba más tiempo estudiando y desplegando mis habilidades magicas pero sólo Lei Magnus lograba que me sintiese como una autentica chiquilla, de esas con las que nunca he logrado asemejarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;"Es normal que sus cuerpos y sus almas se extremezcan." Iba pensando mientras volvía a colocar en su debido sitios los manuscritos y pergaminos que había extendido sobre la mesa mientras esos jovenes, hambrientos de conocimiento y deseosos de convertirse en afamados hechiceros, durante una de las lecciones que tán gratuitamente les daba. "Todos tememos la presencia de los demonios porque implica muerte y dolor. No son unas criaturas muy agradables, en lo único que piensan es arrasarlo todo para obtener su deseado caos" A medida que la larga mesa se iba quedando vacia mis pensamientos se centraban en los demonios y en las deidades. El dios dragon Ceiphied aún estado excedido, consciente de que el rey de los demonios, su oponente, Shabragnigudu no había sido eliminado, sólo retenido al ser dividido, se dividiría en cuatro deidades, el llamado Aqualord, el llamado Airlord, el llamado Earthlord y el llamado Flarelord, sin embargo, ¿qué jugarreta se le ocurrió al rey demonio, a sabiendas de que simplemente estaba atrapado? Por más que lo intentaba, el tán sólo poseer información de demonios de nivel muy inferior o medio, no me ayudaba a aclarar, a tener una idea más precisa de ellos y su poder, poder que debía provenir del mismo fluyo, Shabragnigudu. Sentandome me quedaba largas horas perdido en ese entramado punto, punto a mí parecer, muy importante, decisivo, para conocer sus intenciones y prepararse mejor contra ellos, con la mirada perdida, los ojos fijos en la inalterable llama que descendía a medida que su toque deshacía la solida cera de la vela. Sólo la suplica de algún erudito deseoso de cerrar la biblioteca y volver a su puesto en el templo lograba sacarme trás tres o cuatro repetidos comentarios de mis meditaciones.&lt;br /&gt;-Su eminencia, lamento mucho interrumpir su tiempo de reflexión pero ya ha anochecido y debo cerrar la biblioteca por orden de mis superiores. -Decía una y otra vez frente a mí con voz cansina.Resoplando pues siempre que me aproximaba a tener el mejor pensamiento, me veía interrumpido y ese pensamiento no solía volver con la facilidad deseada, me ponía en pie y abandonaba las amplia sala pasando por el largo tramo que daba a la salida, un portón de grandes dimensiones, que era cerrado con un efectivo sello magico que sólo los encargados de la biblioteca conocían y dominaban al dedillo. En la soledad de la que fue como una casa para mí, cogiendo plumilla y papel, trataría de transmitir mis pensamientos con la esperanza de que al leerlos a la mañana siguiente, me encontrase de nuevo cercano de la gran cuestión que me sumía en una absoluta obsesión. Exponer correctamente la idea de que Shabragnigudu al igual que Ceiphied, creó demonios con los que valerse a lo largo de los siglos. ¿Qué otro demonio sería capaz de someter a los otros de ese modo? En todo buen ejercito hay una jerarquia indiscutible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;El largo pergamino que Lei Magnus extendió ante sus colegas, los otros sabios, entre ellos, otro de los considerados más grandiosos, Lou Groun, mostraba el primer esquema del cúal partirían los demás a lo largo de la historia de la magía sobre la clasificación y diferente grado de relevancia y poder de todos los demonios. Era tán detallado y tán preciso que nadie se atrevió ni siquiera a preguntar cómo se le había podido ocurrir a él sin ayuda de nadie. Él tampoco les daría la satisfacción de hacerles saber todo lo que tuvo que pasar para conseguir explicar y expandir esa idea, esa deducción, esa hipótesis ya que lo habría considerado un blasfemo. ¡Cómo se le podría haber ocurrido comparar a nuestro Dios Ceiphied con el rey de los demonios! Habría perdido todo lo que con tanto esfuerzo había ido conseguiendo a lo largo de su rigurosa vida. Con una satisfacción casi perversa les iría explicando al igual que posteriormente haría con nosotros, a qué subordinado del señor oscuro correspondía cada simbolo señalandolo con un dedo.&lt;br /&gt;-Como podeis ver, de Shabragnigudu surgieron cinco demonios, los de más alto nivel son, por decirlo de algún modo, la mano derecha de Shabragnigudu y cada uno de ellos posee un general y un sacerdote excepto este, el conocido como La gran bestia Zellas Metallium. -&lt;br /&gt;-¿Y eso como es posible? Según tu explicación anterior, ellos surgieron con el mismo poder proveniente del Rey de los demonios. -Le preguntaría uno pasandose una de sus manos sobre la barba arrugando la frente. Lei Magnus no tardaría en responder a su pregunta sonriente:&lt;br /&gt;-Porque, me figuro, ha sido el más astuto de todos ellos. Si en vez de crear dos poderosos sirvientes, crearamos uno con el poder de ambos, sería el doble de poderoso. -&lt;br /&gt;El sabio asintió sonrojandose al darse cuenta de lo estupida que había sido su pregunta. Lei Magnus le dedicaría le daría unos golpecitos cariñosos en el hombro con la mano extendida para animarlo.&lt;br /&gt;-No te averguences, al principio a mí también me costó descubrirlo. -&lt;br /&gt;Lexious, gran estudioso y joven maestro de la magía blanca, le miraría con los ojos entrecerrados y con los brazos fuertemente cruzados. Ningún humano, por muy poderoso o talentoso que fuese con la magía, podía haber llegado tán lejos al adentrarse en el mundo de los demonios y seguir vivo. Apenas tenía edad para ser considerado todo un hombre como los otros sabios pero ahí estaba rodeado de los sabios más importantes de nuestro tiempo, tiempo turbulento. Lei Magnus podía entrever su silencioso desaprobación. A pesar de su juventud, siempre demostró ser muy perspicaz, nosotros pensabamos que lo que le empujaba a desconfiar de los metodos de Lei Magnus eran los celos pero nunca fue eso, era un encogimiento de su corazón, como si desde la primera vez que vió a Lei Magnus ya hubiese podido sentir la aura maligna que desprendía el rey demonio y aún desprenderá como tantos otros demonios. Muy en el fondo debía de admirar también al gran filosofo pero cuando éste se dirigía a él, Lexious, se alejaba de él como si eso lo fuese a poner a salvo.&lt;br /&gt;-¿Te marchas? -Le increparía Lei Magnus alzando una ceja entre disgustado y divertido. -No es de muy buena educación abandonar la sala cuando un sabio aún no ha acabado de exponer un descubrimiento. -Le recriminaría a sabiendas de lo poco que le gustaba al joven maestro de la magía blanca oir esas palabras.&lt;br /&gt;-Si es verdad lo que andas suponiendo, tenemos mucho por hacer mientras aún no hayan comenzado a atacar ciudades importantes. -Sería todo lo que saldría de su joven y atrevida boca llegando a las pesadas puertas de piedra procediendo a abrirlas anulando el sello magico impuesto al ser convocados. Sentada con la única compañia que me brindaban mis multiples manuscritos y tablillas con simbolos grabados en un banco de piedra al verle salir dando zancadas me pondría en pie.&lt;br /&gt;-¿Va algo mal? -Querría saber.&lt;br /&gt;Él se paró, respiró e inspiró varias veces como intentando contener la ganas de gritar cualquier cosa de la que luego se arrepentiría y mirandome con sus ojos tán claros y grisaceos como la niebla que cubre las altas cimas de las montañas de Kataart se limitaría a responderme esto:&lt;br /&gt;-Interesante pregunta, ¿no debería ir dirigida más apropiadamente al Sabio legendario? -&lt;br /&gt;Yo me quedé cortada, antes de emprender la marcha, añadió:&lt;br /&gt;-Por cierto has olvidado referirte a mí como maestro Lexious. -&lt;br /&gt;Pero para cuando la disculpa brotó de mis labios, él acababa de abandonar el patio. Decidí retomar la lectura de esos manuscritos de tán difícil comprensión pero cautivadores conocimientos. Nada comparado con aprender a usar una escoba o pasarme toda una tarde encerando la espada del que hubiese sido mi esposo. Si esforzaba, si ponía toda mi inteligencia, memoria y voluntad en ello, con el tiempo sería tán grande y afamada como Lei Magnus. Cada noche trás un largo día de estudio y aprendizaje para comprender las runas dejadas por antiguas civilizaciones o por los avanzados elfos, rezaba a mi deidad preferida, el Aqualord, para que nadie lograse nunca desenmascarar mi autentico ser. Me preocupaba la reacción de Lou Groun, me aterraba la reacción de los demás, entre ellos, Lei Magnus. En uno de esos momentos, encendiendo con cuidado de no chamuscar las largas mangas de mi apañada tunica, Lei Magnus me sorprendería portando en su mano izquierda una lamparilla de aceite cuya llama ardía agitandose a cada paso.&lt;br /&gt;-Ulcies, ¿No crees que ya es tarde para visitar esta zona del templo? -&lt;br /&gt;Me dió tal susto que casi se me descontroló la pequeña llama de fuego que estaba realizando para enceder el fino palo que pretendía prender en el incensario. Por fortuna, con un simple chascar de dedos, él haría desaparecer la desmoronada llama. Cúan agradecida me sentí, el fuego nunca ha sido mi elemento, si es necesario aprender a dominarlo, lo dominaría pero no me gustaba nada.&lt;br /&gt;-Sólo deseaba orar con tranquilidad pero su eminencia tiene razón, volveré a mi dormitorio enseguida. -Solté con voz entrecortada y demasiado aguda para provenir de un muchacho. -Y su eminencia, ¿qué hace tán tarde por aquí? -Le preguntaría echandole coraje.&lt;br /&gt;Lei Magnus se echaría a reir y su risa me parecería tán hermosa, tán elegante y tán apropiada para alguien de su posición que la escucharía como quien escucha la más bella canción del jamás tocada y a continuación respondería con voz aún risueña:&lt;br /&gt;-Yo también deseaba orar a solas. Pero me temo que tendré que dejarlo para otro momento. -Añadiría fingiendo frustración. Yo le rogaría quedarse.&lt;br /&gt;-¡Oh no diga eso su eminencia! ¡Mis oraciones son muy cortas, le aseguro que en cuanto consiga prender esto me marcharé! -&lt;br /&gt;Un leve jum salió de sus labios y encogiendose de hombros acabaría por quedarse a mi lado con los ojos fijos en la gran estatua de esa deidad realizada de bronce o cualquier otro material de fuerte brillo como el oro. Obsequio, sin lugar a dudas, de algún rey o señor de alta cuna. En silencio, colocaría mis manos como si me dispusiese a rezar pero mi mente estaba tán enturbiada que no conseguí encontrar las palabras adecuadas con las que entablar unión espiritual con la deidad. Los pensamientos que surgían iban exclusivamente para Lei Magnus, detalle que no dejaba de asombrarme. Él era como el fuego, calido pero más de una vez tán impredecible como impetuoso como para dejarlo todo en cenizas. No conseguía ver sus rasgos tán definidos como me hubiese gustado pero sabía que no era un hombre de sonrisa fácil. Posiblemente era esa una de las caracteristicas que no le ayudaban a dar una imagen más positiva a los demás. Fuese lo que fuese, me mantenía asustada y embobada como el contemplar las llamas de un incendio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Era un desafio, crear hechizos de recordable formulación y efectiva aplicación siempre era un desafio pero aquel sería el rey de todos ellos, el más poderoso hasta la fecha y peligroso, tenía claro que si queriamos detener a los demonios, ya comenzando a sacar las garras, manifestando su poder en nuestra contra, habiendo arrasado con varios reinos, lejanos del nuestro pero algunos de ellos más poderosos, me estaba sintiendo obligado a crearlo y no por simple aburrimiento o curiosidad. Como gran desafio, sabiendo que me llevaría todo mi tiempo, talento y energía, reuniría a aquellos jovenes y no tán jovenes aprendices de magía que me habían seguido atesorando cada palabra y esquema que les había brindado casi en secreto para comunicarles que a partir de ese momento y no sólo debido al empeoramiento de las circunstancias en todas las tierras conocidas no habría más reuniones. Sería un paso duro para todos, habiamos ido creando un grupo muy solido. A pesar de no conocer del todo a los que fueron como pupilos, supé que entre ellos, en aquella última reunión, había uno, uno que sería considerado grande, puede que tanto o más que yo y que a lo largo de su vida no sería yo el único gran sabio entre los sabios con quien se toparía. Muy joven, demasiado joven como para encontrarse entre nosotros pero muy prometedor. Callado y resguardado sentado junto a uno de los eruditos más mayores, el inteligente y formal Ulcies, vestido con tunica y estola que llevaba de igual color pero tonalidades diferentes, de ojos claros y brillantes como las piedras turquesas y mechones irregulares que caían por su frente mientras el resto de su corto cabello caía tras sus orejas mal cortado, de oscuro marrón o claro negro, con destellos azulados al ser iluminado por la llama de la gastada y temblorosa llama que nos iluminaba y daba algo de calida confianza ante la oscuridad de nuestro rincón en la vacia biblioteca.&lt;br /&gt;-Disfrutad de esta gran sala pues pronto estará llena de heridos y refugiados. -Les comenté antes de empezar con lo que sería la última lección. Todos sonrieron mirandose entre ellos nerviosos antes de volver a fijar sus ojos en mí. -Bueno, ¿qué podría compartir con vosotros esta vez? -Les pregunté dado que no había tenido tiempo ni ganas para preparar algo como en ocasiones anteriores.&lt;br /&gt;-Hablenos de Ud, ¿qué se necesita para llegar a ser un gran sabio entre los sabios? -Respondería uno de los más jovenes poniendose en pie. -Su eminencia. -Añadiría sentandose al instante siguiente agachando la cabeza para ocultar el rubor de sus mejillas.&lt;br /&gt;-Qué petición más trivial. ¿Todos deseas lo mismo? -Dije acrementando la verguenza del joven, que mirando hacía el suelo debía de sentirse cada vez más y más bobo por haber lanzado una sugerencia tán impropia de alguien que desea ser un sabio o erudito. El recien llegado sería el siguiente en hacer una interesante propuesta pero no se atrevería a ponerse en pie.&lt;br /&gt;-M-Me gustaría saber un poco más de lo que me han permitido saber acerca del rey de los demonios, Shabragnigudu. Supongo que su eminencia, como estudioso de los demonios y creador de grandes hechizos, sabrá mucho sobre él. -Solicitaría, al principio tán timido como el otro muchacho pero luego ganando confianza, una confianza que me dejaría brevemente cautivado. Reacción inusual en mí. Al instante le estaría preguntando su nombre:&lt;br /&gt;-Una pregunta extraña viniendo de un jovencito que acabará siendo un erudito o un sacerdote pero antes de tratar de complacerte, ¿podría saber quién pregunta por el rey de los demonios? -&lt;br /&gt;-Lou Groun, su eminencia. -Me contestaría poniendose en pie para hacer una rapida reverencia, luego retomaría su posición sentandose con Ulcies, el cúal le miraba tán asombrado como yo. Bueno, todos le miraban atónitos. Es lo que suele pasar cuando uno tiene inquietudes que van más allá de lo conveniente. La charla que surgiría sería casi adictiva, el iba exponiendo sus dudas y yo al tratar de darles una respuesta, me iría volviendo menos yo, como si las cosas que surgieran no vinieran de mi propia consciencia.&lt;br /&gt;-Verá, sé que no debería meterme en un terreno tán peligroso y probablemente prohibido pero hay tantas cosas que no entiendo... -&lt;br /&gt;-¿Cómo por ejemplo? -Le preguntaría yo yendo al grano. -Hazme saber alguna, la que consideres más interesante. -Añadiría con voz amistosa obligandole a ponerse en pie con un gesto. Como dos sabios debían hacer al tratar temas de gran relevancia.&lt;br /&gt;-Si a lo largo de los siglos se nos ha contado que Ceiphied no mató a Shabragnigudu, de similar poder que él, sino que lo dividió y lo encerró en algún lugar, ¿cómo es posible que haya tantos demonios en el mundo? -&lt;br /&gt;-Sencillamente porque Shabragnigudu al igual que Ceiphied creó varios demonios de los cuales, supongo, irían surgiendo los demás demonios de otras categorias. -&lt;br /&gt;-Ahh Es posible, tiene mucha logíca sin embargo, Ceiphied creó a las deidades porque iba a volver al mar del caos del cúal surgió, muriendo, pero ningún sabio ha podido asegurar con certeza que sucediese lo mismo con Shabragnigudu, ¿no es raro que crease otros demonios en caso de poder seguir vivo? -Me replicaría. Su sabiduria parecía superar la de los demás jovenes que estudiaban con él ya que esa serie de deducciones no parecían propias de un chiquillo normal. Me estaba poniendo difícil responderle.&lt;br /&gt;-¿Qué te hace pensar que Shabragnigudu está vivo? -Quise saber antes de lanzarme a buscar una respuesta adecuada y que estuviese a la altura de la pregunta. El jovencísimo Lou Groun se encogería de hombros y me diría rascandose la cabeza:&lt;br /&gt;-Las deidades al ser Ceiphied poseen el poder de Ceiphied pero los demonios, ¿de dónde sacarían su poder si provienen de Shabragnigudu pero no son Shabragnigudu? La única respuesta que se me ha ocurrido a sido esa, pensar que los demonios maman el poder de Shabragnigudu porque éste sigue existiendo pero seguro que es una tonteria. -Me explicaría. Escucharle era toda una gozada, me hacía sentir que hablaba con un igual, con otro gran sabio pero me producía temor, un temor inexplicable. ¿Y si el era capaz de desentrañar lo que yo llevaba tantos años buscando desentrañar para crear el hechizo más poderoso del mundo? Era como si yo fuese el joven discipulo y el, el gran maestro. Respiré hondo y trate de continuar con la conversación pero mi razonamiento parecía haberse enlentecido, lo último que saldría siendo consciente de mí mismo sería:&lt;br /&gt;-Estoy asombrado, sin lugar a dudas, tus padres no se equivocaron al dejarte al cuidado de los eruditos y sabios del templo... -&lt;br /&gt;Él se volvería muy modesto, ladeando un poco la cabeza diría:&lt;br /&gt;-No es para tanto, como ya he dicho, seguro que son tonterias, por eso quise venir aquí para plantearselas, su eminencia. -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Entonces, cuando nadie, ni siquiera el propio Lou Groun, se lo esperaba. Lei Magnus replicaría con potente voz, sobresaltandonos a todos:&lt;br /&gt;-¿Tonterias? ¡¿TONTERIAS?! Todo lo contrario jovencito, es el razonamiento más brillante y lucido que nadie podía haber tenido hasta la fecha. -&lt;br /&gt;-¿E-Enserio? -Preguntaría el joven Lou Groun con sus ojos de fuerte gris puestos en Lei Magnus tán abiertos como los nuestros.&lt;br /&gt;-Pero te has equivocado en una cosita, una cosita bastante importante. -Le mencionaría Lei Magnus avanzando hasta el joven novicio, que caería al suelo al tratar de retroceder un poco. -El dark Lord Ojos de ruby Shabragnigudu no fue divido y sellado a ninguna dimensión, fue dividido y confinado en siete cuerpos humanos. -Le rectificaría poniendose de rodillas ante él, con una sonrisa que jamás había visto en su rostro y unos ojos cuyo marrón había dado pasó a un rojo totalmente rojo. Y cuando todos estabamos tán tensos que no podiamos ni mover un musculo, una fuerte sacudida nos arrebataría la única luz que nos mantenía calidos e iluminados en nuestro rincón, el rincón favorito de Lei Magnus. Aquella leve pero brusca e inesperada sacudida fue muy significativa pues no sería ni la primera ni la única a lo largo de los siguientes días. La guerra ya no sería cosa sólo de humanos, los dragones dorados residenten en las montañas de Kataart y otros lugares tomarían cartas en el asunto con la vana esperanza de detener la virulenta actividad de los demonios, luego se unirían razas tán antiguas como la de los elfos. Nosotros, sencillos eruditos nos veríamos metidos en ella de otra manera, atendiendo y protegiendo a los nuestros, a todos los ciudadanos que eran traidos, gravemente heridos o aún en pie, al templo. Todos, desde los novicios más jovenes como Lou Groun o Samael hasta los sabios, ocuparíamos todo nuestro esfuerzo y tiempo en tratar a la creciente cantidad de heridos, ya viniesen del lugar del que viniesen o fueran o no humanos. Mientras curaba a algún que otro heroe de guerra, procedente de muy distinto rango, mi mente se llenaba de recuerdos de niñez. Sabía coser porque como toda buena mujer y ama de su casa tenía que saber y valerse de esa actividad, aprendí muy a regañadientes sin embargo mi hermana gemela aprendió y llegó a dominarla con mayor desenvoltura y maña que yo. Fue durante aquellos tiempos que descubrí que una mujer no podía usar magía siempre que quisiese pues con el periodo el poder magico disminuía volviendose terriblemente cansado e inútil realizar conjuros de larga duración o que requeriesen mucha concentración. Lo que presentaba un serio problema, ser descubierta y castigada. Con toda la agresividad, desesperación y miedo que reinaba, nadie hablaría en mí favor, moriría siendo un martir más de la larga lista de mujeres que lo arriesgaron todo para obtener el mismo conocimiento y aprendizaje con la magía que un hombre. Todo parecía perdido, todo iba mal, muy mal. Por más que todo el mundo se enfrentase a los demonios, ellos no parecían detenerse. ¿Era por qué no deseaban abandonar su banquete de sufrimiento o por qué eso que Lei Magnus dijo que buscaba no había aparecido? ¿Cuando lo encontrasen se detendrían? No, porque lo que buscaban era peor que todos ellos juntos, era al que se le llamaría El demonio del Norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Desesperado, habiendo superado todo mi potencial, tán agotado como enojado, tomé una decisión. Una decisión que no será revocada aunque a mitad del camino me encuentre perdido o en pleno campo de batalla pues con esta decisión, con el viaje que implica esta decisión y el desarrollo de la de la cúal ha surgido esta decisión, encontraré el modo de poner fin a la maldita guerra que tantísimas vidas se está llevando. ¿Cómo surgió la idea? Me encontraba en mi gabinete, el segundo lugar en el que más tiempo pasé casi toda mi vida, no muy grande, lleno de trastos, objetos magicos, frascos de diversos tamaños de sucio cristal y mil pergaminos metidos en jarrones de muy distintas formas y tamaños dejados amontonados en las pocas estanterias de madera que tuve que ir construyendo a medida que mis investigaciones y estudios avanzaban. Con una pequeña ventana sobre la única mesa de madera en la que siempre me pusé a enucubrar como un chiflado. Apoyandome sobre esa mesa de fea y polvorienta madera, requemada por algunas zonas, echando un vistazo al desolador paisaje que la ventana me ofrecía, contemplando entre divertido y preocupado como los gigantescos dragones de dorada piel y fieros ojos eran abatidos por un gigantesco remolino negro o varios remolinos negros que volteaban violentamente uniendose formando ese gran remolino negro, que provocaba a su paso que todo temblase, me dió por reflexionar sobre algunos fundamentos de la magía. Yo, yo siempre me sentí atraido por la llamada magía negra pero también conocía la samanistica, la astral y algo de magía blanca ya que a los eruditos se les enseñan todas las ramas pero nunca había visto un remolino como ese, tán antinatural, nada que ver con los que formaba la propia naturaleza, enormes y grises que lo devoran todo irracionalmente. Como aún conservaba todos los pergaminos, manuscritos y runas que estudié hasta el agotamiento fisíco, para alejar mi mente de esa cosa, que había conseguido atravesar el fuerte y duro cuerpo del dragón, que emitía unos rugidos tán agudos como desgarradores, los iría sacando de sus jarrones y extendiendolos sobre la mesa y habiendo cerrado la ventana, los volví a leer uno por uno, hasta llegar a lo que parecía el más pequeño y más maltrecho de todos ellos. Alisandolo todo lo que el viejo papel me permitió, apareció ante mi, las pocas palabras que logré guardar de uno de los sabios y eruditos más extravagante pero fascinante de todos los que tuve el honor de conocer y tener por maestros. Las palabras que conseguí leer pues las otras estaban demasiado ilegibles debido al paso del tiempo, serían todo lo que necesitaría para emprender este viaje y poder realizar el objeto con el que amplificar mi poder. Claro que antes, deseé visitar a uno de mis más adyegados pupilos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Suspiraría retirandome el sudor de la frente con el dorso de una de mis manos, había sido un día duro. Los dragones dorados eran las criaturas más complejas de tratar, muchos llegaban con un pie a la muerte, su oponente debía de ser un demonio extremadamente poderoso, entre lagrimas y sangre, nos confesaban sus últimas palabras, sus pensamientos o deseos más personales antes de regresar al mar del caos, con los ojos, en su mayoria, entornados vaciandose de vida, antes de atisbar a la lejanía de la amplia sala en la cúal las gentes de la ciudad y nosotros nos reuniamos ante las imagenes de las deidades para rezar, las rojas tunicas del sabio legendario. Tuve que forzar los ojos todo lo posible para asegurarme de que el cansancio no me engañaba pero cuando su lejana fugura roja fue caminando hacía mí, no hubo duda, era Lei Magnus. Cogiendome suave pero firmemente de la muñeca, me alejó de todos los presentes para hablar a solas conmigo. ¡Mi corazón enloqueció! Mi mente dejó de ser funcional, se llenó de fantasias propias de canciones o poemas que han sido compuestas y seguiran siendolo sobre grandes y apasionados amorios. Mirandome muy serio, como cada vez que estaba a punto de anunciar algo muy complicado o decisivo, me confesaría el magnifico plan que había ideado para detener este sinfín de muertes. Yo, a medida que me lo iba exponiendo, volvería a la realidad de golpe.&lt;br /&gt;-Es... Una locura. -Atiné a decirle una vez escuchado todo lo que tenía que escuchar.&lt;br /&gt;-Es necesario. -Me indicaría él tajante.&lt;br /&gt;-Pero... -Replicaría yo arrugando la frente, tratando de asimilar lo que mis oidos habían ido recibiendo pero él me interrumpiría diciendo, realmente dolido:&lt;br /&gt;-Me disgusta que no comprendas que no veas que es la única solución a todo esto, mi deber como gran sabio es este, si te lo he contado es porque creía que lo comprenderias. -&lt;br /&gt;Sentí incontrolables deseos de llorar pero con esfuerzo sobrehumano me aguante y dije:&lt;br /&gt;-Y lo entiendo pero pienso que es demasiado arriesgado... ¿Y si sale mal y mueres? -&lt;br /&gt;-Entonces tú ocuparás mi puesto. -Me informó y antes de que pudiese darme cuenta, sus labios se juntaron sobre los mios en un beso que hizó que todo mi cuerpo temblase. Apresuradamente conseguí apartarme de él, con una expresión de horror, murmuré:&lt;br /&gt;-¡¿Qué haces?! ¡Soy un muchacho! -&lt;br /&gt;El rió y acercandose un poco a mí dijo, también en voz muy bajita:&lt;br /&gt;-Eso es lo que tanto te esmeras en hacernos creer pero en realidad eres una muchacha. -&lt;br /&gt;En aquel momento me dí cuenta de que si había llegado tan lejos, probablemente hubiese sido porque a él le gustaba mi compañia, era de sus alumnos más prodigiosos y que dado que iba a lanzarse al abismo con la ferrea idea de que eso nos ayudaría a acabar con la guerra, ya no tenía motivos para hacerme saber que siempre lo había sospechado pero que al igual que el joven Lou Groun, se guardaba esa información para salvar a su alumno estrella. "Toma todos mis trabajos, muestralos junto a los tuyos propios y nunca temas mostrarte como realmente eres cuando aparezcas como uno de los más grandes sabios." Fueron las últimas palabras que me dirigiría colocando entre mis manos sus tán valiosos escritos, escritos llenos de pensamientos, ideas y conjuros antes de conseguir realizar el amplificador y el conjuro que le daría ese poder, ese poder que liberaría a Shabragnigudu, dentro de su alma pues él, él era uno de esos cuerpos humanos en los que había sido confinado el rey demonio.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;PD La parte en rojo suele corresponder a Rezo pero esta vez corresponde a Lei Magnus ^^ La blanca es la parte de la historia contada por el personaje de mi seguidora y buena amiga, ~ragnablast, Themis Ulcies ^^&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-2752757556953682085?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/2752757556953682085/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=2752757556953682085' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/2752757556953682085'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/2752757556953682085'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/10/rojo-relativo-spin-off-iii.html' title='ROJO RELATIVO Spin-Off III'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-2744222261255268001</id><published>2011-10-05T08:11:00.000-07:00</published><updated>2011-10-05T08:30:33.775-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos cortos'/><title type='text'>ROJO RELATIVO Historia 15</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):&lt;br /&gt;Christine y Erik son personajes originales de WaterLillySquiggles y Miss Whoa Back Off&lt;br /&gt;Ferrissian DiCaillum es personaje original de QP/Diana&lt;br /&gt;Themis Ulcies es personaje original de RagnaBlast&lt;br /&gt;Los otros personajes que vayan surgiendo en el FanFic son cosa mia y si no lo son, traquilos que os lo hare saber ^^&lt;br /&gt;Damas y caballeros, fans de Slayers y amigos lectores, creo que va siendo hora de escribir mi versión de lo ocurrido entre la bisabuela de Zelgadiss y Rezo ¿no? Porque es un personaje que su importancia debió de tener aunque Kanzaka no haya hablado de ella.&lt;br /&gt;Historia narrada en primera persona. Según Rezo y según Orianna ^^&lt;br /&gt;Yo, la verdad, hasta que no conocí a otras fans de este hombre y sus circunstancias, no me había puesto a pensar o a imaginarmela hasta hace poco, claro que muchas cositas me fueron viniendo gracias a dibujos o escritos sobre ella o esa posible ella que me fueron gustando e inspirando asi que he de hacer mención a estas grandes e imaginativas fans y dedicar esta historia, la historia o mi historia más esmerada de Orianna y Rezo ^^ También tome muchas referencias de un romance prohibido entre un monje y una muchacha, protagonista uno y madre del niño que busca el protagonista de ese libro LoL Por último, como en la edad media los monjes (se supone) hacían voto de castidad si alguna vez se les acusaba de quebrar esos votos, se les escomulgaba y ganaban mala fama, yo con Rezo he hecho algo parecido porque se supone que la gente lo considera un monje, extraño porque cura y tal pero monje o erudito... Aunque en Slayers muchos sacerdotes tienen familia ¬¬&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dedicada especialmente a AmberPalette, Miss Whoa Back Off y a Dulcis-Absinthe ^^&lt;br /&gt;FanFic Slayers&lt;br /&gt;Rojo Relativo - Juegos de amor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;¿Realmente fue un error? ¿un desliz? ¿Algo que no debió ocurrir entre los dos? Nunca pude olvidar, quizás ella tenía razón, se creó entre nosotros una unión, una conexión que dió origen a tantas personitas maravillosas, porque no quise creer que ninguno de mis parientes, de aquellos que llevaron nuestra sangre fueran malvados, fueran, como dicen tantos otros, algo de lo que deshacerse. De todos modos, ellos crecerían conociendome tán sólo como ese gran hombre, como ese santo y como ese gran sabio que recorría la tierra compartiendo su bondad y conocimientos. Escogí la solución más adecuada para todos pero con sinceridad esa solución fue como arrancarse una astilla, aún me duele pues yo a medida que estuvimos juntos también quise dejarlo todo para estar con ella y el niño iba tomando forma y vida en su vientre. Sin embargo, consciente de que eso nos trairía más problemas, traté de hacer lo correcto, encontrar el marido y padre de nuestro hijo que se merecía. ¡El monje rojo jamás la dejaría como si realmente fuese una mujerciela en un hospicio cualquiera! Eso lo tuve muy claro porque Orianna, así creo que se llamaba pero nunca pude asegurarlo, como luz que guardé a mitad del camino, con la esperanza de volver a encontrarla, más luminosa, en la oscuridad que me rodeaba, fue como la princesa que todo caballero desea tener pero que no consigue fácilmente. ¿Dónde la conocí? ¿En que plazoleta de pueblo se hizo paso entre las gentes para ponerme en duda? No consigo situar su hogar pero sé que fue durante esos largos viajes que realizaba acompañado ya de los primeros ayudantes y aprendices que tuve, Isabella y el granuja de Bricus. ¿Hacía Saillune para exponerle mi caso al gran sabio Lou Groun? Alguien mientras cruzaba aquella población se aproximó a nosotros implorandome examinar y curar a algun familiar largo tiempo enfermo. Porque yo podía hacerlo, porque yo no era un monje cualquiera, me iba diciendo conduciendome hasta ese enfermo. Sí, mis obras de caridad me darían la fama, el afecto del pueblo y el titulo entre los que me rechazan de gran sabio. Yo que principalmente gustaba de visitar hospicios o hospitales pues era ahí dónde podría poner a prueba los conocimientos que iba logrando y mis capacidades curativas. Isabella anotaba todos los hechizos que iba desarrollando y si funcionaban o no. Si no lo hacían, habría de variar alguna palabra de poder o concentrar poder de otro modo. Que hiciese esas curaciones, no siempre era por compasión, era tán metodico e inseguro que antes de probar suerte conmigo mismo, necesitaba saber si saldría bien o acabaría peor. Al salir de la humilde vivienda de aquella persona una gran multitud se formaría al dar los primeros pasos hacía la posada pues al principio realizar esos conjuros tán poderosos y complejos me debilitaban. Curé a algunos, a los que mi poder me permitió hasta que una voz, una bonita y joven voz acompañada de unos pasos agiles y llenos de decisión se pusó a gritar a aquella multitud:&lt;br /&gt;-¡Dejad de suplicarle que os cure! -&lt;br /&gt;Al principio creí que aquella voz agradable y clara como el cantar de pajaros era compasiva, que se habría dado cuenta de cúan cansado estaba y estaba pidiendo a la gente que se controlase un poco pero no, lo que saldría al momento siguiente, además de osado, fue peor que un insulto o una bofeta.&lt;br /&gt;-¡¿No comprendeis la cantidad de monedas de oro que os costaría pagarle?! ¡Ni entre todos los aldeanos tendriamos suficiente! -&lt;br /&gt;-¿Disculpa? -Le diría yo tán sorprendido como disgustado soltando las manos de la última persona que curaría aquel día, la cúal volvió al grupo lentamente, agachando la cabeza, me figuré, para acercarme y posar una de mis manos en lo que era su espalda. Ella se voltearía al sentirse tocada. -Yo no estoy haciendo esto por su oro... -&lt;br /&gt;-¿Ah no? Eso dices ahora pero seguro que cuando pase un tiempo, volverás y nos lo exigiras. -Me interrumpiría, en su voz se palpaba rabia contenida. Luego volvió a dirigirse alzando la voz a los aldeanos. -¡Porque todos hacen los mismo! ¡Todos los curanderos y todos los sacerdotes! -&lt;br /&gt;Era toda una defensora del pueblo llano. Por muy dolido que me sintiese al oir esas acusaciones, me sentía demasiado cansado para ponerme a debatir con ella la clase de motivos que me movían a realizar desinteresadamente curaciones o examinaciones a esas buenas gentes, por lo que arrugando la frente y respirando hondo, lo último que les diría, a ella y a todos los presentes fue:&lt;br /&gt;-Bien, entonces me marcho. Y tranquila, buena gente, no sé si volvere por aquí. -&lt;br /&gt;Al pasar por su lado, el olor que despedía su cuerpo era como de florecillas silvestres o florecillas salvajes, suave pero envolvente. Isabella y Bricus marcharon trás de mí, los griterios que se escucharían a lo lejos me confirmarían que la gente estaba enojada con su defensora. Ella tenía algo de razón en desconfiar pues era verdad que los curanderos no ofrecían sus servicios gratuitamente y parte de lo que se ganasen no sólo iba para el rey o el señor que les acogiese en sus tierras, debía de ir para las diferentes ordenes de sacerdotes que había a lo largo de los diferentes paises. Para ser atendido por un sacerdote, además debías de dirigirte tú mismo al templo correspondiente, según tu caso te dejaban en un hospital o te mandaban de vuelta a casa. Sentado sobre una silla de madera apoyado sobre la mesita de noche que había junto a la estrecha pero comoda cama de la habitación que se me había concedido recordaría la osadia y sabiduria de la que hizo gala aquella voz que provendría de una muchacha excepcional. Entre el disgusto y el asombrobo nació fascinación hacía ella. ¿Cómo sería? Nadie hasta ese momento me había cuestionado sin ser uno de mis ayudantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Todos hablaban de ese hombre como si fuese un santo, un hombre dedicado en cuerpo y alma a los demás pero yo, yo no podía creer que alguien así pudiese existir. A la edad de dieciseis años, una edad en la que los padres lanzan a sus hijas a los brazos de los que serán sus esposos con la esperanza de darles buena vida, cumplir con las leyes y ganar algo de oro, yo, yo era la muchacha más resabiada, incredula y perspicaz de entre todas las jovenes del pueblo. Siempre buscaba a alquien a quien desafiar intelectualmente pues para mí la vida de ama de casa era necesaria y formaba parte de ser independiente pero no tenía por qué ser lo único a lo que una mujer aspirase. Quería viajar, quería saber, quería utilizar magía, quería que mi mente se expandiese más allá de los limites impuestos a las mujeres. Y seguramente eso fue lo que hacía que los hombres, no sólo los jovenes, que todos los hombres se sintiesen tán atraidos por mí. A madre le irritaba, le enojaba y consumía esa actitud tán soñadora y libertina por lo que más de una vez tuve que conseguir realizar esos deseos a sus espaldas. Compraba toda clase de libros con las monedas de oro que me ganaba siendo sirvienta de algún señorito en la ciudad cercana. Las muchachas del pueblo me envidiaba, por eso decían esas barbaridades sobre mí, porque ellas no se atrevían a abrir sus mentes. Estaba segura de que también miraban al considerado santo con ojos de loba. En los corrillos que se formaban junto al pozo, al viejo pozo de oscuras piedras, hablarían, no de sus habilidades magicas, sino de lo joven o apuesto que les resultaba. Nereida era la peor de ellas, la que comenzó a lanzar esos rumores sobre mis ausencias.&lt;br /&gt;-¿Os fijasteis en él? -Preguntaba a las otras chicas apoyandose en el pozo, casi sentada al borde. -¿De verdad creeis que un joven tán apuesto es un monje? -&lt;br /&gt;-Sí, llevaba ropajes de monje aunque su color fuese un poco inusual. -Le respondía una de ropas claras y pañueleta a juego ocultando parte de sus dorados cabellos. -¡Y es toda una lastima! ¡Era guapísimo! -Añadía ruborizandose al admitir el deseo que le avivó.&lt;br /&gt;Nereida, de ojos de un vibrante tono verdoso y oscuros cabellos que tendían a enredarse o revolverse bajo su pañueleta, rió comprendiendo bien como se sintió la muchacha rubia pero dijo adoptando una voz seria y entristecida:&lt;br /&gt;-Pero él dijo que no volvería... ¡Todo por culpa de... De la zorra de...! -&lt;br /&gt;-¿De quién? -La contendría yo acercandome al grupo llevando sobre un brazo un cubo que llenar de agua. -¿Mía por salvaros de la pobreza? -&lt;br /&gt;-¡Él no es como los demás! -Sollozaría otra muchacha, de las timidas, de las que por desgracia guardaban su potencial y belleza para un marido que le saldría mujeriego. -Todos dicen que nunca ha pedido ni una moneda de oro por sus servicio en ninguno de los lugares que ha visitado. Mi padre me lo ha asegurado. -&lt;br /&gt;Me quedé callada un momento, aquella muchacha no era de las que le complaciese decir falsedades, era buena aunque a menudo muy ingenua como una niñita. Al poco de dar su opinión bajaría los ojos y abandonaria el grupo. Era tán timida. Nereida en cambio era peor que los demonios, no le importaba destrozar las vidas de los demás con tál de conseguir sus propositos y no tardaría aquella mañana en atisbar en sus ojos que haría todo lo posible por alejarme del Monje rojo.&lt;br /&gt;-Bien, si no me crees, te retó a presentarte ante él y sonsacarselo. Nadie puede ser tán bueno. -Le reté antes de irme alzando la cabeza sin agacharla ni un instante, con las manos sobre mis caderas pero hasta que no llegue a mi habitación no me dí cuenta de lo que acababa de hacer, le había dado una magnifica excusa a Nereida para simpatizar con él. Mirandome al espejo me puse a dramatizar. La muchacha que me imitaba era una joven de rostro fino y redondeado, ojos grandes y de un azul muy clarito, nariz rispingona y labios de un rojo que parecían invitar a otros labios a tocarlo. Con piel clara y mejillas muy rosadas, sin necesidad de umguentos o polvos pero con un cabello ondulante y cobrizo de un castaño rojizo que las buenas muchachas no deberían poseer que caía por mi espalda como cascadas.&lt;br /&gt;-Acabas de llevar a ese hombre hasta el peor de los demonios. -&lt;br /&gt;Resoplando me dí cuenta de que aquello no debería molestarme tanto pero lo hacía y como no lograba descudriñar el motivo, comence a darle vueltas a lo que podría decirle o hacer esa mala pecora. Tumbada boca arriba en mi amplia cama, admití que, santo o no santo, era un tipo curioso. Rogue a Ceipheid que fuese bueno, que realmente, ofreciese sus saberes sin buscar un beneficio. Mi madre se ponía muy enferma en invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-Me gustaría saber quién era aquella defensora del pueblo llano. -Comenté a mis ayudantes mientras comiamos en el restaurante que nos recomendó el dueño de la única posada del pueblo, posada que era su propio hogar. Hogar en el que sólo residía él y su esposa.&lt;br /&gt;-¿La tipa esa que te dejó en ridiculo delante de toda esa gente? -Preguntaría Bricus esparciendo un montón de migas de pan pues aún tenía la boca llena.&lt;br /&gt;-Sí. -Asentí. -Me pareció muy valiente. -&lt;br /&gt;-Yo diría incosciente. -Me corrigió Isabella antes de echarse un poco de agua en un vaso desde una jarra de lo que supuse al tocarla sería ceramica barata. -¿Acaso no ha oido hablar de las grandes obras que Ud realiza? Ud merece mucho más respeto. -&lt;br /&gt;-Lo dice una que me trata más como un hermano que como a su respetable maestro. -Le recordé con sorna.&lt;br /&gt;Bricus se echó a reir, supongo que Isabella debió de poner morritos como hacía cada vez que se sentía ofendida. Muy en el fondo me sentía agradecido de que Isabella fuese como era. Mientras Isabella volvía a colocar y meter nuestras cosas en la bolsa de piel de tamaño mediano que llevaba colgada a lo largo del camino, Bricus y yo decidimos dar un paseo por el pueblo.&lt;br /&gt;-Si te sientes con fuerzas... -Me diría él dejando escapar una risita traviesa al dar los primeros pasos alejandonos de la posada.&lt;br /&gt;-Claro que me siento con fuerzas. Sólo necesito un tiempo sin usar magía. -Le informé frunciendo el ceño fingiendo estar muy molesto por sus palabras. Bricus haría dejaría escapar un ah burlón ofreciendome su brazo derecho. Era todo un bribón pero también se podía apreciar en él gran fidelidad y aprecio. Mal hablado y orgulloso de su afición a robar pero siempre alegre y fanfarrón. Hablar con él era un no parar de reir. Erik siempre fue más formal y Gerom era en ocasiones demasiado serio. Pasando por la calle más importante, la que conectaba todas las otras callecitas nos toparíamos con otra muchacha. Al instante de que Bricus me describiese en un susurro su apariencia supé que no era ella, la osada muchacha del otro día. Me decepcione porque su voz me pareció bastante similar.&lt;br /&gt;-¿Podría acompañaros? -Me pidió.&lt;br /&gt;Bricus me miró como siempre he deducido que hacía antes de hacer algo, yo simplemente me encogí de hombros. La muchacha no necesito escuchar una confirmación. Fue un paseo corto porque el pueblo no era muy grande pero entretenido. Bricus y la muchacha no parecían encajar, había algo en sus voces o en las cosas que iban diciendo que lo dejaba bien claro. Desde ese día comprendí que Bricus además de talentoso y rapido con la espada, era el mejor descubriendo y desbaratando seductoras. Ni corto ni perezoso, le soltó:&lt;br /&gt;-Mira guapa, por si no lo sabes el maestro Rezo es un erudito y los eruditos a diferencia de muchos sacerdotes no son de los que pierden el tiempo con mujeres. -&lt;br /&gt;La pobre muchacha se quedó tán al descubierto como avergonzada pero antes de marcharse me hizo una advertencia:&lt;br /&gt;-Oh, cúanto lamento haberle hecho pensar eso, si le he ofendido, ya me marcho pero antes me gustaría hablaros de una muchacha del pueblo de la que debeis tener cuidado, dicen que va seduciendo a todos los buenos hombres del pueblo y también dicen que se vende en la ciudad más cercana. -&lt;br /&gt;Nos dejó a Bricus a mí muy desconcertados. ¿Cuidado? Si pero ¿en qué sentido? Bricus no le dió tanta importancia, todas las muchachas, por muy rameras que fuesen, tenían un respeto enorme hacía los sacerdotes, ellas nunca osaban a acercarse a ellos y todos los jovenes que ansiaban ser sacerdotes solían elegir ordenes que consintieran el matrimonio. Bricus sabía bien todo eso porque su padre había sido uno de esos jovenes, claro que Bricus nunca lo fue. Pero yo si se la dí, ninguna mujer, por muy mala que fuese su condición social o economica, debía verse obligada a realizar ese trabajo, si esque a eso se le podía llamar trabajo. Volviendo por donde habiamos ido, lo hablaría con él.&lt;br /&gt;-¿Tú qué crees que querría decir con eso de que tengamos cuidado? -&lt;br /&gt;-Pues... A lo mejor tenía miedo de que te sedujese como a los hombres de la aldea. -Respondió Bricus divertido. -Pero no vale la pena pensar en ello, ninguna de las que van por libre se atreverían y bueno, las que lo hacen en casas de placer... Dudo que lo hagan porque ellas no son las que mandan. -Añadió explicandome con detalles innecesarios el motivo por el que no había que darle importancia. Yo le escuche sin dar credito a la clase de cosas que sabía, para ser tán joven. Pasando por la zona en la que estaba la posada, Isabella con sonoros gritos nos haría saber que todo estaba listo para marcharnos cuando yo lo quisiese.&lt;br /&gt;-¡Todo está listo para continuar con nuestro viaje! -Exclamaba con vigor.&lt;br /&gt;-¡Estupendo! Por cierto, ¿sabes que una muchacha ha intentado coquetear con nuestro maestro Rezo? -Tardaría en contarle Bricus a Isabella. Isabella le demandaría más información instantaneamente:&lt;br /&gt;-¿¿En serio?! ¡Cuenta! ¡Cuenta! -&lt;br /&gt;-Se nos acercó una joven del pueblo y se puso a preguntarle cosas al maestro Rezo poniendose muy melosa... -Le transmitió Bricus pero el grito de sorpresa e incredulidad que dió Isabella obligó a Bricus a dejar de hablar.&lt;br /&gt;-¡Qué verguenza! ¡Nuestro maestro Rezo no es esa clase de hombres! -&lt;br /&gt;-Tranquila mujer, en cuanto la calé, se lo dije y salió escopetada. -La tranquilizó Bricus colocando sus manos sobre sus hombros obligandola a entrar al interior de la posada, yo camine a su lado sin decir palabra. ¿Qué podía decir a esos dos? Dijese lo que les dijese, ellos casi nunca me hacían caso, bueno, no como a mí me hubiese gustado. A veces pensaba qué por mucho que me esforzase en ponerles normas que acatar, ellos eran mis ayudantes a su manera. En la soledad de mi cuarto sentado sobre la cama, acariciando el suave tejido de mi bolsa de viaje, la única que he poseido, ya cerrada con todo empaquetado y ordenado en su interior, medite como lo hacen los jovenes sobre esas criaturas tán hermosas y perturbadoras que eran a veces las mujeres. Para mí, sólo eran voces y figuras imaginarias como bien podían serlos las hadas. Una belleza inconcreta que no me sería permitida identificar con mis otros sentidos, ya que en innumerables lugares tocar a una dama en según que zonas estaba prohibido y no me refiero a zonas muy intimas, me refiero a zonas como la mano o el brazo. Te imponen pagar una cantidad de oro, mayor o menor según la zona tocada. Sin olvidar el hecho de que a los eruditos se le prohibe el contacto carnal con mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Volviendo a leer uno de mis libros sobre leyendas y creencias populares en tiempos de los grandes sabios como Lei Magnus o incluso en tiempos más antiguos me dí cuenta con cierta rabia de que todas los principios y leyes morales que en nuestros días se han de aceptar y cumplir antes no eran tán duros o extremos. Para mi creciente enojo las mujeres que fueron admiradas o tratadas como criaturas portadoras de vida y grandeza fueron perdiendo esos valores gracias a unos cuantos sabios, varones hasta que llegó uno que trató de recordar algo de esos tiempos favorables para las mujeres, Themis Ulcies, que vivió esa epoca tán complicada y llena de cambios que el gran sabio y gran filosofo Lei Magnus vivió. Si deseo ser hechicera en vez de sacerdotisa es gracias a ese gran sabio. Tumbada sobre la cama con las piernas cruzadas hacía el aire pasaba mis ojos de claro color sobre los oscuros escritos que llenan cada amarillenta pagina de ese gastado y antiguo libro. Me mordí el labio inferior cada vez que venía a mí mente las palabras de mí madre, no le fue fácil desposarme con algún buen muchacho, porque generalmente no se lo ponía fácil, pero nunca se rendía y al final lograba encontrar más interesados, sigilosas lagrimas caían por mis mejillas antes de que mi madre me insistiese en que fuese al gran mercado que se celebraba en la plaza para comprar comida u otros neceseres. Siempre despidiendose con estas palabras:&lt;br /&gt;-Cariño, procura comportarte como una dama, no hagas que las gentes piensen que tú eres esa muchacha de mala vida. -&lt;br /&gt;Yo salía de nuestra bonita y sencilla casita construida parte en piedra, parte en madera, asegurandole que me esforzaría mucho en mostrarme como ella suplicaba a Ceiphied que me mostrase con una gran sonrisa. Caminando hacía con la mirada al frente vestida como una muchacha de bien debía, con mi pañueleta y mi vestido a juego, a veces, a cada paso que daba, fantaseaba con ser esa ramera de la que hablaban. La bella y requerida cortesana que todos los hombres, hechiceros, sacerdotes o grandes gobernantes deseaban conocer y probar su cuerpo a cambio de unas pocas palabras. Conocimiento a cambio de placer. No tener que ofrecer mi cuerpo por obligación, como ha de hacer toda buena esposa, a un hombre que ni sabía si me iba a apreciar o no. Al llegar y dar una vuelta por los diferentes puestos, todos llenos de productos traidos de los más variados lugares, algunos de lugares más allá del desierto de la destrucción, Nereida al verme, se aproximaría hasta mí para contarme su acercamiento al Monje rojo.&lt;br /&gt;-¿Sabes? Dando un paseo con él le hable de tí y tus sucios pasatiempos. -&lt;br /&gt;-Qué sorpresa. -Exclamé con voz monotona. -Aparte de hablar de mí, ¿te atreviste a preguntar cúal es su motivación para curar a la gente gratuitamente? -Añadí sin perder la calma. Suposé que no se atrevería pero sí se atrevió, ella asintió con alzando la cabeza prepotente pero no dijo que el Monje rojo le dió una respuesta muy vaga, que no fue ni la mitad de sincero de lo que sería conmigo.&lt;br /&gt;-Dijo que no había nada que temer, que no era tán codicioso como tú te crees. -&lt;br /&gt;Alce una la ceja derecha con gesto de fingida rendición. Pronto conocería a mi futuro esposo y me marcharía con él a la ciudad para preparar la ceremonia y demás que me ataría a la vida que mi madre deseaba para mí. Ya no habría libertad de escoger un amante con el que ir más allá de lo permitido y ni habría libertad para desarrollar mis talentos. Que les sacase el dinero como muchos otros habían hecho con mi madre me daría absolutamente igual. Adquerí las cosas que mi madre me había enumerado antes de salir llevandolas todas ellas en una cesta de tamaño mediano de mimbre pero unos tejidos de fuerte y deslumbrador color rojizo captó toda mi atención. Fue hacía ese puesto como hipnotizada. Frente al orondo comerciante, que con sumo gusto y picaros ojillos me entregaría la tela roja, pasaría las manos sobre ella, con un gozo casi erotico, se me ocurriría una locura, la última locura antes de convertirme en una devota esposa. Las monedas de oro que con tanto esfuerzo ganaba en la ciudad dejandome las manos limpiando las amplias superficies de suelo de mansiones de muy distintas y distinguidas familias pasaron de mis manos a las regordotas manos del comerciante como bien se demandaba. Como una niña que acabase de encontrar un gran tesoro corrí a mi cuarto para ponerme manos a la obra y convertir esa preciosa y aterciopelada tela en un vestido que dejase a todos con la boca abierta, especialmente a todos los hombres. Ceñido y muy sinuoso añadiendole algunas cintas de vivo color dorado por las mangas o por entre la zona que unía la parte de la larga falda que dejaba asomar parte de una de mis largas y claras piernas. Con la tela sobrante me hice una especie de ciara igual de roja que el vestido. ¿No andaban diciendo que era una mujer de mala vida? Yo les iba a mostrar a esa mujer de mala vida de la que tanto se temía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Unos golpes en la puerta de mi cuarto me sacaron de mi larga introspección. Alzando la cabeza hacía donde suponía estaba la puerta, aclarandome la voz, dije:&lt;br /&gt;-¿Sí? ¿Quién me busca? -&lt;br /&gt;Una voz femenina que reconocí al momento, respondió:&lt;br /&gt;-Lamento molestarle y más sabiendo que pronto se marchará pero me gustaría pedirle un favor, si Ud me lo permite. -Comenzaría a hablar la esposa del dueño de la posada.&lt;br /&gt;Con una sonrisa resignada, le anime a entrar. La cerradura de la puerta emitió un ligero sonido que me indicó que la mujer estaría dentro en apenas unos segundos. El conjunto de pasos que escucharía me confirmó que se la mujer no iba sola. Que se arrodillase al pedirme ese favor que tanto deseaba pedirme no me produjó ninguna satisfacción u orgullo, todo lo contrario, haría que les rogase yo que se pusieran en pie o que se sentaran a mi lado y tratasen de comportarse conmigo como lo que era, un hombre. Tomando sus manos entre las mias la ayudaría a levantarse poco a poco.&lt;br /&gt;-Por favor, no es necesario que se arrodille ante mí, digale a su amiga que se acerque, hare lo que pueda. -Fue todo lo que le dije exhibiendo una tierna sonrisa. La mujer debió de asentir con la cabeza y hacerle un gesto a su acompañante para que se acercase.&lt;br /&gt;-Muchísimas gracias, Monje rojo. No soy digna de recibir su prodigioso don sobre mi. -Murmuraría la mujer llena de algo que superaba la confianza, algo de intensidad parecida a la fe. En aquel momento sus palabras me conmovieron bastante, sentí mis ojos bajo mis parpados humedecerse pero conseguí no llorar. ¿Qué clase de santo llora? Los que lloran son los que buscan al santo y el santo nos apacigua y consuela desprendiendo serenidad y bondad. Sentandose timidamente a mi lado en la cama, entrelazaría sus manos con las mias, su piel era aspera, debido al continuo trabajo que un ama de casa realiza pero sus dedos eran alargados y finos como los mios o como los de un artista. La mujer dejaría exclamar un gran oh a medida que recitaba el conjuro sanador y de entre mis manos iba surgiendo una luz que se extendió por todo el cuerpo de su amiga. No me aventuré a preguntar si había funcionado o no. Lo único que me preocupaba en aquel momento era tumbarme en la cama y dejar la mente volar. Las mujeres se marcharían muy agradecidas, tanto que la que fue curada me dijo con voz entrecortada:&lt;br /&gt;-Yo no poseo grandes cantidades de oro... Sólo lo justo para que mi hija y yo vivimos... Pero le prometo que mandare a mi hija con algún obsequio adecuado para Ud, su grandeza. -&lt;br /&gt;Sonriendo negué con la cabeza diciendo:&lt;br /&gt;-Mi buena señora, no es necesario. Forma parte del deber que elegí desempeñar. -&lt;br /&gt;Al escuchar de nuevo la cerradura al cerrarse, suspiré y me deje caer hacía atrás. ¿Mandaría a su hija? ¿Debía verlo como un regalo de las deidades o como una prueba? Sé que los eruditos y sabios eligen destinos solitarios sin contacto carnal pero ¿los santos también debemos ser extrictamente puros? Derramamos nuestro amor y bondad pero no sobre la persona especialmente amada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Si voy a entregarme a un único hombre, al que me entregare tanto en cuerpo como en alma, antes quiero, necesito, deseo ofrecerme a quien yo decida. Ese será mi último acto de libertad, como cuando siendo niña tentaba con la esperanza de ser correspondida al único joven del pueblo que me hacía sentir yo misma. Que escuchaba encantado las historias que se cuajaban en mi tierna mente sobre diosas dragones y demonios monstruosos que las intentaban secuestrar. Que tomaba mi mano y unía sus labios rosados sobre los mios largas horas, que tumbados sobre la hierba colocaba su cabeza llena de rizadísimos cabellos sobre mis senos carentes de la forma propia de un seno. Él siempre fue un muchacho muy reservado, sus ojos mostraban un deseo de esos que lo abrasan todo pero estaba tán bien educado que se contenía y contentaba con besarme y abrazarme. Oh Ceiphied, ojalá no se hubiese marchado a la ciudad. Colocando sobre mi cuerpo desnudo pero recien aseado y perfumado mirandome al espejo recuerdo algo que comentó una de las muchachas que siguen como perritos falderos a Nereida. El santo, el conocido como Monje rojo se le da un aire a mi amor de la infancia, cabellos muy oscuros, tán oscuros que bajo la luz del sol o la luna brillan adqueriendo un tono purpura pero los del Monje rojo son mucho más lisos y disciplinados. Pasando mi viejo cepillo por mis cabellos frente al espejo arrugó mi frente al igual que la hermosa y provocativa joven del reflejo y aunque ambas intentamos sonreir, el recuerdo de nuestro primer amor nos ha puesto un poco sensiblonas. Al colocarme la imaginativa ciara roja en mitad de mi cabeza como si se tratase de una barca de apasionado color abandonada en mitad de la zona alta de esas cascadas que son mis cabellos largos y ondulados sobre toda mi espada y mis hombros hasta finalizar en mis senos o un poco más abajo, comienzo a envolver todo mi cuerpo con una capa de oscura tonalidad de lana con una capucha, que siempre viene bien tener, justo a tiempo antes de que mi madre entrase a mi habitación para pedirme visitar al Monje rojo. El cabreo fue gigantesco por mí parte.&lt;br /&gt;-¿Y por qué he de visitarlo yo y hacerle entrega de un obsequio? -Preguntaría mirandola con expresión de fastidio. -¿Acaso fuiste a rogarle que te curase? ¡Madre, no podremos pagar su gran servicio con una simple tunica! -Le regañaría al darme cuenta de lo que había sucedido a mis espaldas. Pensandolo con benevolencia, tenía su gracia pues era yo la que hacía esa clase de cosas, lo que me negaban, a espensas de mi madre. Ella ni se molestó en sentir un poco de culpa o arrepentimiento, simplemente replicó:&lt;br /&gt;-Cariño, el regalo es cosa mia. Él me curó sin pedir nada a cambio. ¡Tal y como cuentas las gentes! -&lt;br /&gt;Su voz se quebraría de la emoción que le producía recordar ese momento, como con un sólo mantener unidas las manos el mal que le aquejaba aquellos frios días se fue disminuyendo. Resoplando acepté visitarlo y entregarle el obsequio en nombre de mí madre. Entonces, algo me animó, sonriendo con ojos traviesos mientras recorría las calles hacía la posada del señor Roth y su esposa, la campeñana y cariñosa Eva, amiga de mi madre, me dije a mí misma que podía ser divertido jugar como jugaba con mi amor de infancia a descubrir el amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Estaba solo. Les había concedido algo de tiempo libre a Isabella y aunque al principio se negó a dejarme en la habitación solo y poco iluminado, acabó aceptando salir con Bricus cuando insistí en que se fuese con estas palabras:&lt;br /&gt;-Isabella, ve y pasa un buen rato, ahora no preciso de tu compañia. -&lt;br /&gt;-Pero... -&lt;br /&gt;-¡Es una orden! -Termine por imponerle.&lt;br /&gt;Ella abandonaría la habitación arrastrando los pies, sus pasos no parecían alejarse tán rapido como otras veces. No necesite ver su rostro para saber que sus labios estarían apretado y sus ojos caidos haciendo visible su desacuerdo, ella no simpatizaba mucho con Bricus pero cuando se lo imponía, obedecía y permanecía junto a él sin decir palabra. A veces prefería permanecer solo, sin gente con la que fingir una sonrisa o con gente que no lograba entenderme aunque se esforzase. Era entristecedor pero estaba tán acostumbrado a sentirme así que la soledad era como la hermana de la oscuridad y como buenas hermanas me costaba separarlas. Claro que sentado sobre la única silla que había en la habitación apoyado sobre la lisa y polvorienta superficie de la mesita de noche con la minima luz y el agradable calor que producía una vela esperaba que ese día llegase a su fin, que pronto la luna ofreciese su, sin lugar a dudas, bello rostro acompañada de muchas pequeñas lucecitas como se solía describir en las historias que me leía Isabella de vez en cuando. Cada día que pasaba allí era espera, una larga espera aunque Bricus hiciese de esa espera algo menos lento o desasogante. Suspirando pasaba mis dedos cerca de la fuente de ese calor, una mala costumbre ya que podría quemarme y pensaba en que a ningún sabio se le había ocurrido mencionar lo solitaria y cansada que podía ser la vida de alguien considerado santo por las gentes. Momentos después, cayendo en un dulce sueño, el llamar a la puerta, me espabilaría repentinamente. Separando bruscamente mi rostro de la pulida mesita, con voz forzada, diría:&lt;br /&gt;-¿Quién es? Ya es tarde para favores, ¿no cree? -&lt;br /&gt;Sabía que sonaría grosero pero los santos también tienen momentos en que se encuentran cansados o sin ganas de realizar milagros, pero apretando los labios con el ceño levemente fruncido, me levanté y camine hacía la puerta con una mano extendida, poco a poco ganaba seguridad y conocía mejor la habitación con sus pocos obstaculos. La voz que me respondió era de mujer, de mujer joven y probablemente hermosa.&lt;br /&gt;-No deseaba pedirle ningún favor. Sólo venía a hacerle entrega de un obsequio. -Me informó.&lt;br /&gt;En ese momento caí en la cuenta, las palabras de la última persona curada aquel día llegaron a mí mente. La dueña de aquella voz debía de ser su hija. De inmediato me inundó una verguenza incomprensible, ¿qué pensaría de mí? ¿qué pensaría del llamado santo? Era un hombre hecho y derecho y empece a perder la entereza como un jovencito. Me aclaré la garganta y la invite a pasar. La cerradura emitió un click al ser accionada y el leve gruñir de la puerta fue el siguiente sonido que llegó a mis oidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Era él, era el hombre que yo consideraba tán hipócrita y vanidoso como tantos otros de su cargo, puede que más, sin embargo allí frente a él observandolo de pie en una habitación tán sólo iluminada por la llama de una fina y bastante derretida vela, no me pareció ver tanta grandeza. Quizás fuese un tacaño y por eso había escogido una de las pocas habitaciones de las que disponían los señores Roth pero a lo mejor volvía a equivocarme. Lo que pude apreciar al caminar hacía la llama era que era ciego pues caminaba con un brazo levemente flexionado y la palma de esa mano extendida hacía delante. Realmente la gente tenía razón, un monje ciego de rojas ropas que podía curar toda clase de enfermedades y dolencias. En su sonrisa no me parecío ver arrogancia como en tantas otras, sino un nerviosismo y un pudor encantador. Camine hacía él sin saber cómo actuar, automaticamente como un titere sosteniendo la larga capa que madre había ido tejiendo y decidió finalizar para él, para su santo sanador. Su tunica era tán roja como mi vestido bajo la capa de oscuro color que lo ocultaba. Se sentaría sobre la vieja silla de madera pero no como lo haría un joven, más bien como lo haría un hombre más maduro y cansado. "Qué tipo más extraño eres, Monje rojo" pensé parada a su lado con los ojos fijos en su rostro. Las palabras que brotaron de sus labios me despejaron, retomando el motivo de esa visita no tán deseada de hacer.&lt;br /&gt;-Bueno si tán sólo se trata de eso, puedes dejarlo en la mesita y marcharte. Me figuro que esto no formaba parte de tus planes. -Me indicó con voz suave.&lt;br /&gt;Por cortesía negué rotundamente lo que había deducido pero mi verdadero yo se moría de ganas de soltar una confirmación sárcastica e hiriente. Estaba jugando a ser la dama que todos mis conocidos deseaban que fuera pero me dió la impresión de que no era la única que se moría por mostrarse tál y cómo era. Cogiendo con cierto atrevimiento sus manos, extendí sobre ellas la capa doblaba y dije, haciendo otro gran esfuerzo, por bordar mi papel:&lt;br /&gt;-En nombre de mi madre y mio, le estamos muy agradecidas. Tome esta capa como muestra de nuestra gratitud. Mi madre la tejió a mano. -&lt;br /&gt;Él sonrió pasando sus manos sobre el amoroso tejido y respondió:&lt;br /&gt;-Muchas gracias, la cuidaré como un tesoro. -&lt;br /&gt;-¡De eso nada! -Exclamaría yo dejando a un lado mi papel de niña buena. -¡Premeteme que te la pondras todos los dias! -Viendo como la dejaba en la mesita alejada de la vela.&lt;br /&gt;Al ver que su sonrisa crecía me dí cuenta de que a lo mejor me había expuesto demasiado, él todavía recordaba mi actuación en la plaza. Sus palabras así lo demostraban.&lt;br /&gt;-Tú voz ¡Sí! ¡Sin lugar a dudas, tú eres la osada muchacha de la plaza! ¡La que pusó en tela de juicio mi buen hacer! -Exclamaba pero para mi sorpresa sin ningún rastro de enojo. Las palabras le salían llenas de satisfacción, como si hubiese encontrado algo que ansiaba. Y alegría.&lt;br /&gt;Puse una mueca de espanto que él no vió pero sacando chuleria, esa chuleria muy que a tantos gustaba y a tantos otros preocupaba, contesté jugueteando con mis cabellos:&lt;br /&gt;-¡Exacto! La muchacha más odiada y envidiada del pueblo. ¡La de mala vida! -&lt;br /&gt;-Fascinante... Sencillamente, fascinante... -Diría él como si me examinase atentamente. -Pero sigo sin comprender por qué una muchacha tán inteligente y seguramente hermosa vende su cuerpo en la ciudad. Ninguna muchacha debería hacer eso aunque pase apuros economicos. -Añadió volviendose su armoniosa voz apesumbrada.&lt;br /&gt;Me mordí el labio inferior enrabietada. Era cierto que esa bruja de Nereida le había soltado las mismas mentiras que soltaba a todos sobre mí. Como parecía preocupado y apenado por mí, por esa situación tán tragica, respirando hondo, desplegando toda la sensualidad que logre en mi voz, caramelosa como una ramera debe de ser, trate de tranquilizarlo:&lt;br /&gt;-Lo que haga o deje de hacer con mi cuerpo es cosa mía, nunca me he visto obligada a eso, si lo ofrezco es porque yo así lo decido. -&lt;br /&gt;Mientras le iba exponiendo mis libertinas e inmorales ideas fuí desprendiendome de la capa, que caería al suelo al desatar los gruesos cordones que la mantenían sobre mi, revelando mi otro vestido como si muy simbolicamente me hubiese desprendido de ese yo falso, creado para complacer a mi madre y acallar rumores que no serían acallados nunca.&lt;br /&gt;-Advierto en tus palabras que a diferencia de tantas otras, no te sientes nada avergonzada... Qué extraño, creo que eres la primera que conozco que se enorgullece de ello. -Pensaría en voz alta con gesto reflexivo, sujetandose el mentón con una mano cerrada mientras la otra sostenía ese codo bajo la manga de su tunica roja. Como en ningún momento ni sus gestos ni su voz o palabras despedían enojo o severidad ante las cosas que le iba revelando de mí, de mi yo más pícaro, continue actuando como no podía actuar ante ningún hombre o joven, fascinandole cada vez más.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Estaba siendo excesivamente curioso y ella demasiado atrevida. Había algo en ella que me gustaba, me gustaba mucho. ¿Eran sus palabras? ¿El modo en que las iba haciendo salir? o ¿era sería su perfume? Había algo en ella que despertaba el deseo de tenerla muy cerca y tocarla, tocarla como un hombre. Qué monje más perverso, qué santo más falso, yo que debía desenvolverme sin vacilar, sin llenar mi mente de esa clase de deseos, egoistas y mundanos, pensaba más como un hombre joven que como un sabio o como el santo que tanto decían que era. Sólo quería sentirme amado, amado como un hombre no como una deidad o una criatura sagrada. Así que ya que ella se comportaba como toda una mujer, yo también empece a comportarme como un hombre.&lt;br /&gt;-¿Sabes? No creo que sea cierto que vayas a la ciudad a prostituirte libremente pero sí empiezo a creer que te gusta seducir a los hombres del pueblo. -Le dije adoptando una voz calmada, elegante y tán pretenciosa como la suya. -¿No te parece bastante sucio que tienes que seducir a un monje de mi prestigio también? -&lt;br /&gt;La risilla que salió de sus labios fue justo la que imaginé que saldría, tentadora y ardiente como un dragón hembra en celo, se aproximaría lenta y sensualmente hacía mí agachandose un poco, de modo que nuestros rostros quedasen a una altura igualada y nuestras narices muy cerca, casi rozandose, con dos largos y ondulados mechones de su sedoso y bien cuidado cabello cayendo sobre su rostro sin llegar a tapar del todo sus ojos, mejillas, nariz o boca, admitiría con voz traviesa:&lt;br /&gt;-Pues yo acabo de darme cuenta de cómo es realmente el Monje rojo y no me parece nada blasfemo. -&lt;br /&gt;Quise besarla como besan los heroes a sus damas en las leyendas populares, como besa un apasionado y valiente caballero a su hermosa y tanto tiempo desea princesa. ¿De verdad era capaz de ver al hombre? Todos veían en mí o un santo o una aberración. Retirandole los largos mechones con los dedos de ambas manos lance la indirecta más directa que ningún hombre le había lanzado en su joven vida:&lt;br /&gt;-Eso está bien, asi ninguno ira al abismo. -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Aquello empezaba a ir más lejos de lo que en principio me imagine. Él parecía dispuesto a tomarme en vez de apartarse avergonzado como solía hacer mi jovencísimo amado. Por un momento me sentí turbada, si llegamos hasta el final, ¿qué sería de mí? Ya no era una cuestión moral o de pudor, era una cuestión biologica. Me quedaría preñada y eso no sería fácil de ocultar, las mujeres jovenes son más fertiles que las mujeres de más edad. Sus largos y claros dedos se entremetian entre mis cabellos mientras esperaba mi siguiente movimiento, sonriendo porque por mucho desagrado que causase a mi madre el embarazo y aunque fuese abandonada, la futura vida que surgiría de nuestra unión carnal podría ser un maravilloso motivo para arruinar el desposamiento, me lance como quien se lanza a un profundo y oscuro agujero, a realizar la siguiente jugada, con valentía recreandome en la diversión que me producía obligar a mi timido y primer amante que pasara sus temblorosas manos sobre mi cuerpo, sujete las suaves y bonitas manos del Monje rojo diciendole:&lt;br /&gt;-Sea lo que Ceiphied quiera. -&lt;br /&gt;Y procedí a ayudarle a tener una idea más clara de como era sentandome frente a él. El modo en que fue palpaldo el mi piel bajo el tejido de similar suavidad que el de su tunica no tendría nada que ver con el torpe deslizar de dedos que empleaba mi primer amor y primer amante. Sus besos tampoco tendrían nada que ver. A medida que la cosa iba tomando latitudes calientísimas comence a pensar que algunos hombres deberían ser como ciegos a la hora de amar a una mujer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Me sentía como un niño que abre el regalo que tanto ha esperado a abrir. Ya el mero hecho de poder tocar su rostro y sus cabellos era como estar en el paraiso, me gustaba mucho sus cabellos, acariciar sus largos mechones, enredar mis dedos entre los cabellos que los componían, me traían recuerdos de los pocos momentos felices que viví de niño, además eran tan largos, parecían interminables a sobre su espalda. ¡Oh! Pero el roce de su piel, la tersura de la piel de su frente o de sus mejillas, sin una sola arruga aún, desprendiendo una juventud que la hacía muy deseada acompañada de ese caracter indomito y liberal que ni las muchachas más ricas de las ciudades podrían hacer gala. Una suavidad con la que sólo puede rivalizar la de sus labios, labios que se humedecen como deseosos de tocar los mios pero no les concederé ese privilegio tán inmediatamente. Quería hacerme una idea más solida de como era ella, cada vez que se volteaba para mirarme, frente a frente, en vez de arrearle uno de los contundentes golpes que arremeten muchos hombres, le sonreía y volvía a colocarla como yo consideraba oportuno. Toda ella olía a bosque, como si no fuese una vulgar muchachita de pueblo sino una hada o una criatura del bosque, aspiraba con fuerza ese perfume que contaminaba y edulcoraba el aire que llegaba a mis pulmones, mi corazón se aceleró al pasar mis dedos guiado por ella por la primera zona muy femenina e intima de su curvilineo cuerpo, ella debió de ver como mis mejillas ganaban color pues dejando escapar una risotada, me confirmó lo percibido.&lt;br /&gt;-No llevo ropa interior bajo el vestido. Espero que eso no os haya desconcertado, Monje rojo. -&lt;br /&gt;-No me extraña que tengas tán mala fama. -Le comenté yo disimulando el corte.&lt;br /&gt;Me obligaría a detenerme en esa zona, a acariciar e incluso a estrujar levemente sus redondeados y firmes pechos bajo la teja del vestido, mi respiración se volvía irregular a medida que me conducía más abajo, pasando por su vientre hasta detener mis manos en la zona aún más intima y prohibida de su cuerpo. "Bueno, no creo que sea un terreno virgen" me dije a mí mismo pensando que muchos otros ya lo habría acariciado, lamido o penetrado con sus dedos o con sus sexos. A traves del tejido, presionando los dedos, se podía sentir el tupido vello pubico, como una alfombrilla que ocultase el tesoro que ella me brindaba descubrir. ¿Cúantas monedas de oro tendría que pagar un hombre si era descubierto tocando esa zona? Estaba seguro de que sería un precio que ni un rey podría pagar pero estaba mereciendo la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Lo tenía loco de placer y eso me excitaba a la vez que preocupaba. Todo mi cuerpo deseaba con mayor ansiedad que sus labios lo recorriesen con la misma intensidad y lentitud que lo habían hecho sus dedos pero habría que despojarse de la tela que era la única barrera entre él y yo pero eso, eso le costaría realizar algo para mí placer, mis ojos también deseaban recorrer su cuerpo y desvelar asombrados cúan atractivo podía ser. Apartando sus manos de la zona inferior de mi vientre, en la cúal ya emanaba los pelos que surgen en la adolescencia junto con la primera sangre y el crecimiento de los senos, me alejaría un poco de él para tomando la vela entre mis manos frente a él exigir lo que llegado ese punto exigía maliciosamente a mi joven amado, el cúal se marchaba con el rostro enrojecido, para acabar siendo encontrado por mí calmando sus deseos con el agua bien fria de un rio.&lt;br /&gt;-Ahora que ya te has hecho una idea más clara de cómo soy, es tú turno, despojate de esas tunicas de santo y muestrame al hombre. -Le propusé escogiendo las palabras que creí serían más adecuadas. Palabras llenas de dobles sentidos. Palabras que surgían de mis labios casi sin pensar, como poseida por el juego de seducción al que jugaba con mayor destreza.&lt;br /&gt;Él no dijo nada, aún sentado mientras se frotaba las manos con el rostro un poco girado, pareció adoptar una expresión de indicisión, arrugando la frente y manteniendo los labios muy cerrados. Pasaría un ratito antes de que chascase la lengua y poniendose en pie se dispusiese a despojarse de su tunica de fuerte tonalidad roja. Me quedé sin habla. Su cuerpo no tenía nada que ver con el cuerpo que muchos monjes poseían, flaco o desgarbado, parecía más propio de un caballero o de un bandido, de alguien que ha realizado mucho ejercicio fisico a lo largo de su niñez y adolescencia. Su torso, la parte al descubierto era fibroso y esbelto, muy masculino pero el modo en que mantenía su cabeza gacha con una mano sobre la otra, me haría sospechar que no se sentía muy orgulloso de su fisíco. Era ciego, por lo que nunca se habría podido ver al acercarse a un espejo, por lo que sólo tendría una imagen de si mismo elaborada a partir de lo que la gente de su alrededor le hubiese dicho. Los pantalones que aún llevaba no eran tán elegantes ni de tán buena calidad como la tunica pero también tenían un color rojizo muy marcado. Toda su piel era muy clara y no había rastro de cicatrices o suciedad. Todo en él parecía muy puro. Me humedecí los labios y dejando la vela en la mesita de madera con cuidado de no quemar el obsequio que mi madre había realizado para él, me acerqué a él. Fundiendonos en un beso, permitiría que sus manos rodeasen mis caderas y fuesen tirando del improvisado cinturón hecho a partir de cintas doradas de tamaño mediano para que el vestido cayese dejando al aire todo mi cuerpo. Listo para llegar a la última parte de ese juego en el que nos habíamos volcado como dos espadachines enfrentados hasta no quedar ninguno en pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;¿Fue ese beso humedo, largo y apasionado que nos dimos lo que acabaría por avivar sin oportunidad de recapacitar y mandarla de vuelta a casa ese deseo palpitante en mí que acaloraba y me dominaba como el fuego? Cassio, conocido en cualquier zona roja de todas las ciudades de todos los reinos, opinaba que las fulanas sabían enloquecer mejor a un hombre que muchas esposas, que en las casas de placer se les enseñaba a despertar toda su sensualidad y belleza para complacer a toda clase de hombres. Si era una muchacha de bien, de familia humilde pero buena, ¿cómo era posible que supiese besar y ofrecerse tán bien? En ningún relato o leyenda amorosa lo describen con tanta fogosidad, los sacerdotes obligan a moderar esas narraciones. Iriamos hacía el lecho, el estrecho y limitado lecho y en él dariamos rienda suelta a este deseo que crecía tornandose algo más que deseo. Piel contra piel, con su larga cabellera extendida, respirabamos profundamente, yo para serenar los nervior, ella ¿impaciente o sencillamente embriagada por el placer de tener rendido a sus pies? Nos besabamos y cada vez que mis labios tocaban los suyos la sensación que me producía su humeda suavidad era afrodisiaca, sostenía entre mis manos su rostro, ella se revolvía lentamente, extendiendo sus brazos produciendo un sonido casi insospechado para cualquier otro, respirando e inspirando sincronizada con el bum bum de nuestros corazones. "¿Cómo es posible que pueda haber tanto fuego en una dama tán joven?" pensaba maravillado, preocupado y totalmente cautivado al volver a pasar mis dedos por su cuerpo ya desnudo, sintiendo su piel entre mis yemas y como temblaba al instantaneo roce.&lt;br /&gt;No pude evitar exclamar a viva voz todo lo que se me venía a la cabeza, como un borracho muy, muy bebido. A lo mejor el extasis es eso que te impulsa a hacer eso y más.&lt;br /&gt;-Tu piel es extremadamente suave, ¿cómo lo haces? -Querría saber, necesitaba saber.&lt;br /&gt;Ella se reía, una risa que era como música para mis oidos pero no decía palabra.&lt;br /&gt;-Tus cabellos, tán largos y tán ondulados, parecen cascadas de agua dulce pero eso ya lo habrás oido antes. -Le comentaba cada vez que pasaba mis dedos por sus cabellos.&lt;br /&gt;Ella reía y reía entre suspiro y suspiro, que sonido más agradable era.&lt;br /&gt;Mis manos descendían posandose en sus senos pero mi boca le empezaba a prodigar suaves y continuados besos por su cuello, que se alargaba o encogía al contacto de cada uno de ellos. Pasando mis dedos una y otra vez me convencía con deleite de que eran los senos más perfectos y sanos que jamás había tocado. Sin una sola protuberancia peligrosa, sin aplanarse, eran como a los hombres les gustan. Firmes y para nada caidos o fofos. Me gustaba tocarlos, tocarlos y sentir placer al hacerlo, deteniendome y recreandome. Siendo muy sincero, todo en ella me gustaba y me pasaría horas y horas así, sobre ella, recorriendola una y mil veces, lenta y concienzudamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;¡Ceiphied! ¡Qué gran placer me hacía sentir cada vez que me tocaba! Sus dedos no eran tán torpes como en un principio me imagine y tampoco bruscos. Que quisiese tocarme y tocarme no era para nada aburrido o irritante, es más, me humedecía pensando en que si era tán diestro al tocarme por arriba, sería el doble de diestro al tocarme más abajo. No pude controlar los ruiditos de mi boca y los contenidos suspiros se volvieron jadeos. Su boca también era bastante diestra, más de lo que una podía suponer viendo de un monje. ¡Monje rojo deja de fingir ser un santo, deja los habitos y se mi esposo! Sin embargo no era de los que dijesen vulgaridades, era un poco extraño, me adulaba pero de un modo muy de enciclopedia. Fue que haciendo un esfuerzo, le solté:&lt;br /&gt;-¡No soy tu paciente, soy tu amante! ¿O esque nunca has tocado a una mujer sin examinarla como un curandero? -&lt;br /&gt;-Me temo que esta es la primera vez que lo hago como un hombre, lamento haberos ofendido. -Admitió disculpandose él. En su voz se notaba tanta verguenza que casi temí haberle humillado. Madre dice que a veces mi lengua es demasiado afilada y eso podría disgustar a mi futuro esposo. Para mi sorpresa y deleite, no se marcharía con el orgullo herido. Su boca se concentró en lo que debía concentrarse tanto sus manos como su lengua descendieron otro poco por mi lujurioso cuerpo. Iría comprendiendo el motivo por el que una buena muchacha no debía de mantener esta clase de contactos con hombres hasta desposarse, una vez lo pruebas no querrías dejarlo. Al girar los ojos veía como la llama de anaranjados tonos había consumido practicamente media vela de goteante cera. La oscuridad pronto acaería sobre nosotros pero aquella noche a ninguno nos daría tanto temor. Estaba siendo tán amable al proporcionarme tantísimo placer que se me ocurrió satisfacerle, como sólo satisfacen las rameras a sus clientes y por eso son más requeridas que cualquier esposa, pero él, él lo rechazó. ¡Rechazó que le besase su sexo!&lt;br /&gt;-Te agradezco la indecente sugerencia pero lo que más me complace es tocarte. -Dijo con voz tán sofocada como la mia. A lo que yo repliqué:&lt;br /&gt;-Monje rojo, Ud no es como los demás hombre... ¡Y me encanta! -&lt;br /&gt;Eso pareció agradarle muchisímo pues me pareció que sonreía con una sonrisa radiante, de las que no se pueden fingir. Cuando sus labios y lengua llegaron a mi estomago y lo lamieron, me retorcí soltando una carcajada, era una de esas zonas en las que tenía más cosquillas, mi madre me hacía infames pedorretas cuando era muy pequeña y obviamente eso ha ayudado a sensibilizar esa zona. En aquel momento fuí yo la que se ruborizó intensamente mientras me tapaba la boca con las manos.&lt;br /&gt;-¿Me besaras ahí abajo? -Pregunté maliciosa y deseosa de escuchar su respuesta al rato de lograr someter las ganas de reir. Como se detuvo, continue hablando. -Si, es parecido a lo que yo te he ofrecido. Los hombres no lo hacen pero les da gran placer contemplar a una fulana hacerselo a otra. -&lt;br /&gt;-¿C-Cómo puedes saber esas cosas? -Preguntaría él. En aquel momento me daría la impresión de que yo era la adulta y el, el jovencito. -Esos actos están prohibidos y son castigados con la muerte. -Me informó con voz preocupada.&lt;br /&gt;-Mi señor gusta de ir más allá de lo permitido. -Dije con vocecilla y sonrisa sarcástica.&lt;br /&gt;En cuantas ocasiones algunos de los señores a los que servia de criada en largas noches en que sus devotas esposas marchaban lejos de la ciudad por cualquier motivo, esos que debían de ser sus dedicados esposos valiendose de esas largas ausencias hacían llamar a sus fulanas favoritas y deshonraban su sagrada promesa ante Ceiphied y sus cuatro deidades. Yo lo sabía pues yo a veces terminaba tán tarde que al irme las veía adentrarse sin verguenza ni decoro hacía la habitación conyugal. Para verme obligada a aguantar semejante actitud por parte del que sería mi esposo, prefería mil veces ser la ardiente ramera. Él no dijo nada, retomaría lo que tanto le complacía. Al pasar sus dedos por el vello pubico que rodeaba mi humedo sexo, sé que pudo notar cúan humedo estaba, sus dedos se impregnaron de esa sustancia que empapaba los cortos y revueltos cabellos castaño rojizos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Fue ironico, luego muy violento, descubrir al recorrer bajando hacía donde debía estar su sexo mis dedos recubiertos de aquella sustancia que producía su propio sexo que éste no se abriría con facilidad para mí. Sus labios estaban aún cerrados como a la espera de su futuro esposo. Hubiese estado bien verlo como un indicativo de que el juego ya había ido demasiado lejos y había que darle un final adecuado pero no, yo hervía de curiosidad y deseo. Muchas mujeres y mujercuelas llegan a los hospicios llevando consigo serias enfermedades de transmisión sexual como una que provoca que en sus sexos aparezcan, en palabras de la propia Isabella, feas heridas y en casos muy avanzados, heridas cuyo denominación más correcta debería ser ulcera, que sí puedo palpar pues aparecen en la espalda o en los brazos y piernas. Las mujeres no temen deshacerse de sus ropas interiores para que las examine ahí abajo pero para mí presenta una situación muy incomoda, generalmente pidó a Isabella, que también es mujer, que las examine y me las describa. No hay nada erotico ni placentero en ello pero es lo más cerca que he estado de conocer esa parte tán secreta de una mujer.&lt;br /&gt;-Por curiosidad, sólo por curiosidad, ¿probable que aún seas una joven casta? -Quisé confirmar, me movía en un terreno del que sólo había oido hablar.&lt;br /&gt;Ella rió maliciosamente y respondió:&lt;br /&gt;-Es que me reservaba para Ud. -&lt;br /&gt;No parecía muy asustada que dijesemos, todo lo contrario, parecía divertirle mi descubrimiento. Me debatía entre lo correcto y el placer cuando ella se apretaría contra mí diciendo:&lt;br /&gt;-¿Te vas a acobardar ahora? Todos los muchachos se acobardan llegados este punto. -&lt;br /&gt;Me estaba retando de nuevo, se le daba muy bien ponerme entre las cuerdas pero tenía razón, si habiamos llegado hasta ese punto, ¿por qué no ir más allá? ¿Habría otra oportunidad como esa? Cassio decía tumbado boca arriba entre jadeo y jadeo agitando su pequeña cintura al compás de la de su fulana favorita que si una mujer se ofrece libremente a tí, tú, como hombre, debes tomarla, no sería de hombres rechazarla. Para ser confundido con un chiquillo hablaba como todo un hombre. Sonreí y dije:&lt;br /&gt;-Que sea lo que Ceiphied quiera. -&lt;br /&gt;¿No hubiese sido una pena desperdiciar todo ese fuego que nos envolvía? Dormir en caliente de vez en cuando no tiene por qué ser pecaminoso. Además recordé con rabia, tú jamás serás uno de ellos verdaderamente mientras iba intentando traspasar sus labios cerrados con algunos dedos. Los grititos que soltaría al principio me frenarían, ¿le producíría dolor? Un sonido humedo me señalaría que se estaban abriendo, poco a poco. Su interior era extraño, con partes rugosas y otras más lisas, todas empapadas de esa sustancia que se volvía más pegajosa. Algo al ser tocado pareció crecer como si estuviese vivo, aquello me superaba, aparte la mano y los grititos de la muchacha perdieron fuerza, volviendo a ser un fluir de suspiros o jadeos. Me asombró su reacción al introducir unos meros dedos, mi ritmo cardiaco se desbocaría al imaginar entonces cúan agudos y sonoros serían esos indicios de puro placer al adentrarme en ella y mi cuerpo adquiriría un calor arroyador, como si estuviesemos en el día más caluroso del verano, ¿Sentiría ella también ese acaloramiento? Al sentir sus dedos agarrar y deslizar los cordones del usado pantalón que aún llevaba puesto fui consciente de que me había visto empezar a deshacer los nudos que entrelazaban la prenda ocultando mi sexo.&lt;br /&gt;-Wuauu -Murmuraría con voz entrecortada. -¿Realmente vas a mancillarme? Eres un monje muy perverso. -Había satisfacción en su tono de voz aunque sus palabras pudiesen hacerte sentir muy miserable.&lt;br /&gt;-Claro, alguien tiene que enseñarte lo que sucede cuando juegas con fuego. -Le respondí yo ganando aplomo, deseando casi dolorosamente unirme a ella carnalmente sin más preambulos. Ella me ayudaría a retirarme un poco de ella para que así ella pudiese abrirse de piernas facilitando lo que sucedería al instante siguiente. Bajo mi cuerpo podía percibir como ella también se movía, sus caderas se agitaban acompasadas con las mias. Nuestras respiraciones y corazones parecían batirse en un duelo, como si intentasen superar al otro y nuestras voces eran... Bueno, creo que jamás he alzado tanto la voz en mi vida. Quemamos mucha frustración pues cuanto más calor despedían nuestros cuerpos entrelazados, más nos movíamos. Cada uno sumido en su propio extásis, incapaz de pensar, disfrutando de ese cosquilleo que se extendía volviendose algo, algo tán extraordinario. Algo que muy pocos brebajes o pocimas de ingredientes poco recomendables podría superar. Se sentía bien dentro ella, tanto que ni me dí cuenta de que ella deseaba estar estar encima mio como si fuese la dominante. Supongo que si hubiese sido como los demás hombres como ella decía, me habría enojado mucho y la hubiese forzado a regresar al lugar que le correspondía como mujer pero como sólo percibí el leve pero brusco momento en que mi cabeza dió con el colchón, me era algo sin importancia. Al acercar su rostro pude notar como varios mechones caían acariciandome y sus manos apoyarse en mi pecho. Me gustaba mucho, tanto que llegué a derramarme en su interior. Sí, en pocos días, nuestro hijo iría tomando forma. Cuando ese fuego se apago y la apasión, el arrebato o lo que nos hubiese llevado tán lejos se consumió, la fria y oscura realidad me devolvió la serenidad y el juicio. Todo acto, bueno o malo, tiene consecuencias. El santo tenía que limpiar lo que el hombre había ensuciado con sus deseos animales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Al escuchar sumidos en la oscuridad el lamento que surgió de su boca fui plenamente consciente de que el juego había acabado pero sin un final muy adecuado. Si hubiese sido mi esposo, estoy segura de que lo que habría surgido de su boca hubiese sido un grito de alegría en vez de un grito cargado de angustia. Él se echaría todas las culpas le dijese lo que le dijese porque él era el adulto, el responsable y el considerado un santo viviente. Yo me extremecí sintiendome bastante culpable pero nunca me envolvió el miedo a ser rechazada o abandonada como tantas otras jovenes madres sin esposo, culpable de descubrir al hombre detrás del santo. Culpable porque a lo mejor era cierto que no había habido nunca perversión en su mente. En ese momento para no sentirme tán fria y aterrada como una niñita perdida en plena noche en un espeso bosque apretandome contra él, pasando una mano sobre su rostro, su hermoso rostro, humedecido por las lagrimas, le desvelaría alguna que otra cosilla de esas que no nos gusta contar a nadie porque son dolorosas o muy intimas.&lt;br /&gt;-A pesar de haber elegido el complejo y exigente camino de la sabiduria, eres afortunado. -Empezaría a hablar acariciando su rostro con cariño varias veces. -Porque al menos a los hombres se os permite eligir un camino entre muchos caminos. Las mujeres son educadas para aceptar el único que se les impone por el mero hecho de ser mujeres. -&lt;br /&gt;Sosteniendo mi afectuosa mano con su mano derecha, sosegandose, con un hilillo de voz me replicaría:&lt;br /&gt;-Ser hombre no es tán maravilloso como crees. A las mujeres se os ponen las cosas más fáciles. -&lt;br /&gt;-¿Faciles? Supongo que sí pero no hay nada de estimulante en ellas. ¡A vosotros se os enseña magía, se os enseña a montar a caballo, se os enseña a usar una espada, a escribir y leer...! De entre todas esas actividades, a nosotras, bueno sólo a las de familia noble, sólo se nos permite aprender dos, leer y escribir. -Le informé yo intentando no ponerme a gritar indignada y volverme una cria desagradable. Lo que conseguí fue que el pobre se sentiese peor, dando un pesado suspiro, me haría saber lo duro que era ser hombre, hombre y ciego.&lt;br /&gt;-Tienes mucha razón, no lo niego pero dime, ¿alguna vez se te ha exigido dar más de lo que eres capaz de dar porque se supone que eres un hombre y los hombres han de ser fuertes y dominantes? El mundo de los hombres es cruel, en el de las mujeres al menos esa cruedad no va más allá de las manos. -Concluiría con una inteligentísima pregunta.&lt;br /&gt;Me quede callada, me había dejado sin saber que replicarle porque tenía razón, los hombres no sólo eran duros con las mujeres eran duros con todo aquel hombre que no pudiese dar a conocer su hombría como se mandaba.&lt;br /&gt;-Incluso los admirados y deseados caballeros son así... -Añadiría con gran decepción en su voz.&lt;br /&gt;Entonces recordé el reto que Nereida tán encantada aceptó. La respuesta que le dió a Nereida me pareció muy vaga, poco concisa, por lo que habría sido poco sincera. Ya que había conseguido apaciguar la ansiedad del Monje rojo trás lo ocurrido, pensé y porque el hecho de que no hubiese salido corriendo ya era un buen indicativo de que era un hombre con el que una podría ser una misma en que me aclarase él mismo los motivos que le llevaban a ser tán bueno, tán santo y tán querido por las gentes.&lt;br /&gt;-En estos tiempos seguir los dictamenes de la sociedad es una mierda, seas hombre o mujer... ¿Puedo hacerte una pregunta? -&lt;br /&gt;-Claro, te lo permita o no, me la harás de todos modos. -Me permitió él. Su voz había vuelto a adoptar un tono tranquilo y jovial.&lt;br /&gt;-Digamos que es cierto que no haces curaciones a cambio de montañas de oro como tantos otros curanderos y sacerdotes, entonces, ¿cúal es el motivo que te mueve a hacerlas? -&lt;br /&gt;-¡Por Ceiphied! ¿Todavía desconfias de mí? Lo hago porque forma parte de la vida que escogí llevar. -Me respondió resoplando llevandose la mano derecha, que estaba descansando sobre la mia, a la cabeza. Poniendome sentada a su lado, insistí en saber el motivo oculto, estaba tán segura de que había uno que hasta que él no lo admitió no pare de darle la lata.&lt;br /&gt;-¡Eso no te lo crees ni tú! -Exclamaría muy incredula. -¡Nadie puede ser tán bueno! ¡Ni el propio sumo sacerdote del templo principal de Seillune! -&lt;br /&gt;-Si te lo digo, ¿te comportarás un poco? -Preguntó antes de darme otra respuesta con la esperanza de dejar el tema zanjado de una maldita vez. Yo se lo confirme con un energico sí. -Curar a otros me hace sentir bien, me hace sentir que puedo hacer algo... -Su voz se volvió casi inaudible. Por lo que tuve que pedirle que volviese a repetir la última parte en voz alta aunque me dió la impresión de que quizás él no sería capaz de mantener una voz tán clara y tranquila como la que había tenido hasta llegar a ese punto de la conversación. A veces sincerarse es muy dificil, pues te arriesgas a mostrar demasiado de ti mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-¿Podrías repetir la última parte? Creo que no he llegado a oirla bien. -Me pidió con su bonita voz.&lt;br /&gt;Era algo dificil de decir en voz alta sin sentirme como un monstruo, temía lo que pudiese llegar a pensar de mí, del que medio mundo tenía por santo pero no tenía por qué, si había sido capaz de sacar al hombre que era, si por una noche me hizo sentir un calor más abrasador que el de cualquier llamarada o hechizo de magía negra o a partir del elemento de fuego, ¿por qué ese nudo en la garganta? ¿Por qué no era capaz de decirlo claramente? Ella tampoco era precisamente mejor que yo, es más, ella se había ganado muy mala fama en aquel pueblo y encima se enorgullecía. La admiraba y temía por ello, porque yo no me atrevía a mostrarme aún, tál y cómo me habría gustado. Nos habiamos desnudados y nos habiamos unido carnalmente, ¿qué más necesitaba para admitir que lo que yo quería era abrir los ojos y ver? Ni la fama ni la riqueza me interesaron en lo más minimo. Inspiré profundamente, me aclaré la garganta y sacando aplomo, lo dije en voz bien alta, casi girtandolo.&lt;br /&gt;-Tienes razón, siempre ha habido un motivo oculto y ese motivo es sencillamente que estoy investigando una cura para mi ceguera. -&lt;br /&gt;Silencio. Todo se quedó en silencio un buen rato, dejandome serio y muy tenso, como deben de sentirse los reos ante el veredicto del rey. Tragar saliva se volvió un proceso un pelín doloroso pues el nudo que se formaba fuertemente sobre mi garganta no facilitaba la acción. Mi corazón bombeaba inquieto acompañando mi respiración. Lo último que quería es que la madre del que sería pasados nueve meses mi hijo pensase que era un hipócrita como tantos otros o algo peor. Justo cuando la tensión me estaba trastornando y mi mente se llenaba de pensamientos maliciosos, su voz rompería el silencio, qué alivio sentí.&lt;br /&gt;-¡S-Sabía que había un motivo oculto! -Señalaría con una voz que parecía triunfante. -Pero jamás pensé que sería para curarte a ti mismo. -Añadió con una voz entre sorprendida y avergonzada. -Lamento haberme puesto tán pesada con el tema. -Se disculparía adoptando una voz más cordial.&lt;br /&gt;El rumor de las sabanas al alejarlas de su cuerpo despacio me indicaría que estaba abandonando el lecho silenciosamente. Me ví obligado a verificarlo.&lt;br /&gt;-¿Te vas? -Sería todo lo que conseguiría preguntarle pero al no obtener respuesta, sólo el sonido de sus pies moviendose por la habitación, incorporandome añadí -Por favor, antes de que nuestros caminos se separen definitivamente, ¿no podrías decirme tu nombre? o ¿lo qué haras con el bebé? -&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Con el vestido encontrado, poniendomelo tán deprisa como los dedos me permitían, escuchar esas preguntas, esas dos preguntas, sería como recibir dos flechazos directos al corazón. Cuanto antes me fuese mejor, el prosiguiría con su viaje y yo, yo tendría una excusa para librarme del desposamiento tán indeseado que se celebraría dentro de poco pues si el que iba a ser mi esposo me veía con el niño de otro entre mis brazos, de seguro, lo cancelaría. Como todo en la vida trae consecuencias, el niño que surgiría de mis entrañas sería el mejor recuerdo de aquella noche y del Monje rojo. Mordiendome el labio inferior hasta hacerme sangre, me detuve por dónde deduje estaría la oscura y gruesa capa que ocultaba mi sensual vestido de apasionado rojo. Él no cesaba de suplicar saber por lo menos mi nombre. Con la picardia y la misma malicia que me había llevado a entregarme totalmente a él, como una mujer debe hacer para su futuro esposo, le dí esta contestación antes de dirigirme a la puerta. Con toda la chuleria de la que pude hacer gala.&lt;br /&gt;-Mi nombre es el nombre que a Ud más le guste. -&lt;br /&gt;-¡Eso no me vale! Yo deseo escuchar tu nombre, el nombre que fue escogido por tus padres para tí. -Me espetó caminando hacía mí, al principio me sobresalte pero se me pasaría pronto, al posar sus manos sobre mis brazos. -Yo he sido sincero contigo cuando quisiste saber los motivos que me movian a actuar como un santo. Ahora te toca a ti. -&lt;br /&gt;Tenía razón y dicho del modo en que lo dijo, hubiese quedado como una cobarde y yo podía ser muchas cosas malas pero nunca sería una cobarde. Desviando la mirada, sin atisbar gran cosa porque la cera de la vela había sido derretida hasta el último trocito por una llama pequeña pero imperturbable, le dí el nombre que le pensaba poner al bebe si era niña.&lt;br /&gt;-Orianna. ¿Puedo irme? -&lt;br /&gt;Sus manos se alejaron de mis brazos y finalmente pude irme. El último sonido que dejaría trás de mi sería el de la cerradura siendo accionada. Si llame Tessaurus a mi hijo mayor fue porque para mí siempre fue un gran tesoro, el mejor tesoro que pudó el Monje rojo hacerme entrega, el único hombre con el que comportarme como una igual no era un insulto o una provocación sino algo que me hacía el doble de valiosa. El único hombre por el cúal llore y el único hombre por el cúal rece, al principio enojada porque acabe enamorandome como una tonta pero luego agradecida y comprensiva. ¿Me recordaría? ¿Sería yo como una luz? Yo, entre juegos y provocaciones, le entregue una luz que no pudo ver pero si sentir. Tán calida que le apartaría unos cuantos meses de su desesperada busqueda hacía una luz que sí pudiese ver. Probablemente fue eso lo que le llevó a aferrarse más a esa busqueda, el tener que hacer entrega a otro de esa calida luz que fuí. Al llegar a casa, madre dormía como un tronco, me desenvolví por las habitaciones sigilosa como un espectro hasta llegar a mi dormitorio. Allí sería que me derrumbaría como él se derrumbó todavía junto a mí.&lt;br /&gt;-¡He jodido la vida al mejor hombre que he tenido la oportunidad de conocer! -Exclamaría cerrando la puerta con llave antes de correr y tirarme todo lo larga que era sobre mi cama con un incesante salir de lagrimas que empaparon el almohadón sobre el cúal apoyé mi rostro. -¡Si se enteran, todas sus buenas obras no serviran de nada. Siempre será visto como un putero! ¡Porque no hay manera de convencer a estos idiotas que no soy una mujerzuela! -&lt;br /&gt;Llore hasta caer dormida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Aquella noche o lo que quedase de ella, no dormiría muy bien. Las mismas pesadillas que me han perseguido toda la vida me desvelarían varias veces. Qué ingenuo era pensar por mi parte que podría disfrutar como un hombre de una mujer sin futuras consecuencias, consecuencias que tendrían brazos, piernas, cabezacitas, que crecerían conociendome como el Monje rojo no como si fuese su padre y que jamás sería capaz de ver. Yo no era como los demás, yo no era el cansado pero victorioso dragón, yo era la otra criatura, el demonio que se negaba a ser derrotado, a abandonar un mundo que era tán suyo como del dragón. Volvía a despertarme dolorido, tembloroso y sin merecer las pocas cosas buenas que me ocurrían. Claro que a diferencia de otros monjes o sacerdotes de dudosa reputación yo me negué a irme sin más, Orianna no cargaría con nuestro hijo sola. Sentado en la oscuridad me concentre en encontrar una solución con la que ninguno quedase mal parado.&lt;br /&gt;-He decido retrasar la partida un poco más. -Informe a mis aprendices y ayudantes en cuanto nos juntamos para desayunar. A Bricus no le importó tanto como a Isabella, pues dijo:&lt;br /&gt;-Lo que tú digas, a mi me da igual. -&lt;br /&gt;-¡¿Y eso a qué se debe?! -Exigiría saber a gritos Isabella sin embargo, disgustada golpeando la mesa al posar sus manos tán drasticamente. Entonces la preocupación y la sospecha la poseyeron. -¡¿No será por lo de esa muchacha?! ¡La que intento seducirte! -&lt;br /&gt;-¡¿Qué?! -Me alarmaría sintiendome descubierto -¡Claro que no! Yo, yo es que deje a muchos aldeanos sin tratar. -Me defendí tragandome la verguenza. ¿Qué pensarían ellos de mí, de su maestro y única guia moral? Conociendo a Bricus, a lo mejor, empezaría a verme como un igual pero conociendo a Isabella, me lo recriminaría todo lo que durase nuestro camino en común. Ella, a veces, era más como una madre o hermana mayor que una aprendiz o ayudante. Lo cúal era de agradecer pero no siempre.&lt;br /&gt;-Maestro Rezo, esta vida que has elegido llevar algún día acabará contigo. -Me transmitió Bricus cogiendo un trozo de pan que untar de miel, mantequilla o mermelada. El cuchillo hacía un ruido aspero al restregarse contra la miga. ¡Mi pobre Bricus! Qué acertado estuvo. Al acabar de engullir todo lo que pudieron y más, haría que Isabella llamase a las gentes que aún necesitasen de mis servicios. A Bricus le solicité que me acompañase hacía la plaza. El terreno en que se asentaba ese pueblo era bastante liso sí pero había tantas piedras y algún que otro pequeño desnivel.&lt;br /&gt;-Deberías usar el bacúlo de mi padre, yo no lo necesito. -Me ofrecía en alguna que otra ocasión pero yo, yo no me acababa de sentir digno de tál honor. El padre de Bricus fue un sumo sacerdote, por lo que poseyó un hermoso bacúlo como todo sumo sacerdote debía llevar. Yo negaba con la cabeza y me agarraba a él diciendole:&lt;br /&gt;-Contigo tengo más que suficiente. -&lt;br /&gt;Él soltaba una risita aniñada. Al llegar, un buen grupo de aldeanos e Isabella nos estarían esperando deseosos. Estaba bien que se mostrasen tán respetuosos y maravillados pero a veces algunas de sus reacciones me parecían tán desmedidas. Muchos me obsequiaban las cosas que consideraban más valiosas que pudiesen poseer y yo, para no herir sus sentimientos, las aceptaba forzosamente. La naturaleza humana es extraña, cuando eres un don nadie, nadie te ofrece nada, ni se te acercan pero cuando puedes realizar cosas que ellos consideran extraordinarias, te envuelven de amor y presentes. Fue un acontecimiento bastante calmado, aunque me esforce por distinguir y encontrar esperanzado a Orianna entre las muchachas que habían ido con sus familiares enfermos, no había manera de identificarla entre el tantas voces. ¿Me estaba evitando o al haber sido tratada ya su madre no consideraría oportuno presentarse de nuevo? Deseaba compartir con ella lo que había ideado para ella y el bebé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Cuando abrí los ojos, madre me miraba con desaprobación.&lt;br /&gt;-¿Qué haces todavía en la cama? Anda, corre y ve a traer un poco de agua del pozo. -Me recomendaría aunque sin suavizar su voz regañón.&lt;br /&gt;Sentandome fijando la vista en la muchacha que me miraba desde el otro lado del espejo, retocandome un poco el pelo pensé "bonita manera de volver al día a día", luego me cambié de ropa frente al espejo, cambié la ciara roja por la pañueleta de siempre recogiendo mis largos y provocativos cabellos dentro y salí a cumplir con la orden de madre. Recorrer la plaza sin sentir locos deseos de gritar cualquier cosa escandalosa que provocase que el Monje rojo riese avergonzado o que su rostro adoptase una expresión de perplejidad no fue fácil pues me moría de ganas pero debía hacerme a la idea de que él y yo nunca seriamos un todo porque las gentes no nos lo permitirían. La vida real no tiene nada que ver con como se cuenta en las leyendas, canciones o cuentos. Cuando gentes de otros poblaciones cercanas supieron de la prolongación de la estancia del Monje rojo, nuestra aldea comenzó a ganar a ganar el número de visitantes. El lugar se volvió más vivo que en ningún otro acontecimiento como ferias o fiestas populares. Me gustaba ver como rechazaba de igual modo que rechazó el regalo de mi madre los presentes de las gentes, obligando a estas a insistir. Era verdad que fue sincero como con nadie había sido aquella noche, eso, para mí, lo convertía en un autentico hombre. De pie junto al pozo vería a algunas muchachas pero para mi alegria y alivio, entre ellas no estaría Nereida. Las muchachas hablaban de lo afortunados que eramos todos en el pueblo de que el Monje rojo hubiese aplazado su marcha.&lt;br /&gt;-Oye, ¿tú por qué crees que ha tomado esa decisión? -Se aventuró a preguntarme una de ellas. -Parecía muy decidido a irse hace un mes. -&lt;br /&gt;-No sé. -Mentí y añadí -A lo mejor es que es de los pocos hombres que cumplen con sus promesas. -&lt;br /&gt;-¡¿Verdad que sí?! ¡Los hombres buenos siempre las cumplen! -Exclamó Claire contenta de que por fin hubiese admitido que era un buen hombre. De repente su rostro se ensombreció. -¿Crees que querrá curar a mí hermana? Nadie ha querido ni siquiera visitarla porque dicen que no tiene solución. -&lt;br /&gt;-Claro. -Le garantice pasandole la mano por la espalda con afecto. -¿No estabamos hablando de lo bueno que es? -&lt;br /&gt;Su hermana mayor llevaba años metida en un hospicio junto con otros como ella porque padecía un enfermedad de la que todo el mundo pensaba era muy infecciosa. A la pobre le colocaron cascabelillos y sólo le permitieron ponerse una manta, todas sus ropas fueron quemadas. Se me echó a llorar y eran tales sus sollozos y chillidos que apenas pude entender el gracias que salió de sus labios entre tanto llanto. Cogiendola de la mano la lleve hasta dónde el Monje rojo estaría, con él habían dos jovenes, una muchacha y un chico tán pelirrojo y de mirada tán traviesa que parecía un duende en vez de un humano. El Monje rojo estaba sentado en una silla de madera frente al señor Roth, quien se había ido a sentar en un cascado taburete. Ambos parecían mantener una animada conversación. Sería el señor Roth el primero en levantarse al verme llegar con la introvertida Claire detrás.&lt;br /&gt;-¡Qué me cuelguen! ¿Se puede saber a qué vienes tú ahora? -Preguntaría mordisqueando el palillo que iba de un lado a otro entre sus dientes amarillentos.&lt;br /&gt;-¿Yo? -Me hice la ofendida poniendome una mano sobre donde estaba mi corazón. -Yo a nada pero Claire si ha venido a por algo importante. -&lt;br /&gt;El receloso señor Roth me miraría con un ojo entrecerrado mientras yo dejaba allí a Claire y me marchaba contoneandome con picardía. El señor Roth mascullaría:&lt;br /&gt;-Alguien debería ponerle algo de disciplina a esa muchachita. Eso es lo que pasa cuando una joven se cria sin un padre, Monje rojo. -Le comentó al Monje rojo.&lt;br /&gt;Aunque el señor Roth decía esas cosas, tán responsables y paternales, sentía el mismo deseo que otros hombres del pueblo hacía mí y fantaseaba con verme desnuda y a su entera disposición, lo que a mis ojos lo convertía en otro tipo al que provocar. El monje rojo curó y enseñó a la madre y a la propia Claire a tratar a su hermana en caso de que ese enfermedad pasase de curable a tratable. Me alegre muchísimo por ellas pero a medida que pasaban los días yo me enfrentaba a los sintomas que toda mujer o joven embarazada debe soportar. Nauseas, cansancio y una gordura que ocultar. Me las ingenie para que nadie se enterase pasando el mayor tiempo posible en casa de Claire, la cúal me acogió encantada, o en los rincones menos frecuentados del pueblo acompañada de un cubo, un libro y un grueso chambergo hasta que un día el Monje rojo me encontró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-¿Por qué demonios haces esto tán dificil? -Le pregunté ayudandola a ponerse en pie. Estaba tán embarazada que le costaba, su estomago se había hinchado adqueriendo una prominente forma ovalada como una pelota. -No dejare que te manden a un hospicio como mandan a tantas otras mujeres embarazadas sin esposo, mi hijo y tu tendreis una vida digna. -Añadí con voz firme y disgustada.&lt;br /&gt;-¡¿Pero qué será de tí?! ¡Todo por lo que has trabajado tán duramente se irá a la mierda! ¡¿O es que no sabes que los monjes no pueden tener familia como algunos sacerdotes?! -Se me echó a llorar ella golpeandome con los puños en el pecho. Fue en ese momento que la niña que todavía era salió entre desesperados y agudos gritos y lagrimones que empapaban el cuello de mi tunica.&lt;br /&gt;-Orianna, calmate y escuchame. -Le pedí pero tendría que repetirlo varias veces agarrando sus puños. -Ya sé que los monjes no pueden casarse pero tú sí, ¿O me negarás que tu madre no había preparado un desposamiento para tí? -&lt;br /&gt;Entre hipidos e irregulares respiraciones, asentiría, los mechones que no estaban ocultos trás la pañueleta se moverían suavemente produciendo un sonido similar al soplar de la primera brisa de la mañana. Secandole las últimas lagrimas que saldrían de sus, estoy seguro, preciosos ojos con algunos dedos de mi mano izquierda, continue explicandole lo que había ido ideando durante aquellos dos o tres meses. Ella iría recobrando la calma poco a poco sin decir ni mu. Ella se esmeró mucho en descubrir cúal sería su futuro esposo durante el tiempo que el embarazo continuaba su desarrollo. Su madre apenas soltó prenda sobre ese individuo y me figuró que en un estado tán delicado y tán lleno de cambios emocionales, Orianna acabaría por aferrarse a mí con alguna excusa que justificase ese repentino cambio a su madre. Tenerla cerca me gustaba, era tán imaginativa e inteligente, siempre venía con algo que aportar y que Isabella acabase por aceptar a Orianna, me complacía aún más. La presencia de Orianna me hacía muy dichoso pero a veces también me producía ansiedad. No podiamos mostrarnos excesivamente cercanos, había que tener cuidado con los gestos y las palabras. Había que comportarse como un maestro en vez de como un amigo y a veces eso me agobiaba porque ella siempre parecía olvidar esas medidas de precaución. Era como un borracho que moja un trozo de pan en anis pero desea beberse toda la botella cuando es de sobra consciente de que no debe. Pero siendo sincero, estaba empezando a odiar la idea de entregarsela a otro hombre y no tenerla nunca más a mi lado. ¡Oh Ceiphied! ¿Por qué hacer lo correcto siempre fue tán costoso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Cuando el bebe empezó a dar muestras de su presencia dentro de mi, estaba recibiendo varios consejo por parte del Monje rojo para comportarme más apropiadamente ante mi futuro esposo o ante cualquier persona como una buena dama ha de hacer. Estabamos sentados muy juntitos, yo sostenía un aburrido e innecesario libro en el cúal se comentaba acompañado de cursis ilustraciones, los ropajes, los peinados o las maneras que debía adoptar una dama de buena cuna. ¡Vamos! Justo lo último que me habría puesto a leer pero como eso nos servía de excusa para estar juntos y a mi cada día me gustaba más estar junto a él, leía algunos parrafos y los comentabamos. Él desplegaba más elegancia y buen gusto que yo y mira que era yo la que sería la dama de algún señor o galante caballero. Fue muy rapido pero cuando se repitió supe que era nuestro bebe, que ya empezaba a tomar consciencia de su existencia y su cuerpo pues cada golpecito sería dado al mover sus deditos o alguna de sus piernecitas. Eso sí me entusiasmó.&lt;br /&gt;-¡Se ha movido! ¡Se ha movido dentro de mi! -Exclamaría pasandome las manos por la cada vez más grande tripa.&lt;br /&gt;-Tarde o temprano tenía que hacerlo ¿no? -Comentaría él como si fuese la cosa más evidente del mundo. Dejando a un lado el libro que sostenía en mi alda, cogiendo una de sus manos, le propusé:&lt;br /&gt;-¿Quieres sentirlo tu también? Coloca tu mano aquí. -Le indicaría colocandola en todo el centro de mi tapada y un poco sobresaliente tripa a pesar de lo arropada que iba. -A pesar de tanto tejido encima, ¿puedes sentir sus golpecitos? -&lt;br /&gt;Él asintió sonriendo y dijo:&lt;br /&gt;-¡Sí, si que puedo! ¿Crees que será niño o que será niña? -Preguntaría trás la exclamativa confirmación. Yo negue con la cabeceza cerrando los ojos y sonriendo con fuerza. No lo sé, no tengo ni remota idea le contestaría poniendome bastante tonta.&lt;br /&gt;-¿A tí que te gustaría? Un varón, seguro. -Quisé saber pero se echó a reir mientras colocaba su cabeza más cerca como si quisiese oir el bum bum que hacía el corazón de nuestro bebé al bombear sangre. Su rostro parecía resplandecer y sus mejillas se volvían muy rosodas, a veces sus frente se arrugaba, otras sus cejas se alzaban al igual que sus labios se curvaban trazando la más hermosas de las sonrisas, si, escuchar y sentir como nuestro bebé se movía en mi vientre le emocionaba y le llenaba de una alegría que parecía no haber sentido nunca tán inmesa, tán imposible de fingir. Observandole me daba cuenta de ello y eso era otra de las cosas que tanto me estaban conquistando de él. La otra sería que él no me trataba como si fuese inferior a él, me trataba como una igual y al tratarme así no había limites a la hora de compartir nuestros conocimientos. Es decir, hablabamos de cualquier cosa, desde grandes relatos epícos hasta las bases más enrevesadas de la magia. Su respuesta como tantas otras cosas de él me dejó asombrada, luego encantada.&lt;br /&gt;-Pues... En realidad, siempre me ha hecho más ilusión tener una niña. -&lt;br /&gt;Me resultaba extremadamente lindo cada vez que se ruborizaba, a veces incluso encontraba algo muy femenino en él que me empujaba a querer abrazarle o llenarle de besos. Creo que había en él una delicadeza inusual, muy cercana a la fragilidad pero que no era del todo fragilidad, algo muy bonito pero difícil de explicar. Bien mirado, siendo racional, a lo mejor sus mejillas adoptaban esos tonos porque hacía un frio helador aquella mañana. Los pasos del jovencito que iba con él, llamado Bricus, echaría a perder esa atmosfera tán idilica entre nosotros pues el Monje rojo apartaría rapidamente su cabeza de mi tripa al oir los pasos cercanos del joven. El chambergo que llevaba era de tonalidad oscura y le cubría todo, apenas dejaba atisbar la espada que siempre llevaba con él en su único cinturón de piel marrón al moverse. Sus guantes también eran de piel de similar color. Con su carita de duendecillo travieso, sentandose entre nosotros dos y colocando sus brazos sobre nuestras espadas para atraernos, soltó:&lt;br /&gt;-¡Queridos tortolitos, traigo malas noticias! Orianna tiene a alguien que atender y Ud, maestro Rezo, debería ir a la ciudad para tratar un asunto con uno... Cuyo nombre no recuerdo. -&lt;br /&gt;De ese modo, Bricus, uno de nuestros complices y el más dispuesto a echarnos una mano, me hizo saber que ese día, que el día que tanto había detestado, había llegado. Levantandome con ayuda, cogí el libro de gastadas tapas de cuero y cortantes y amarillentas hojas aplastadas y sosteniendolo con fuerza, respirando hondo, tán hondo que llegó a dolerme, eche a caminar pero antes mencione su nombre.&lt;br /&gt;-Rezo... Qué nombre más acertado para un santo ¿no? -Sería la última reflexión en voz alta que haría aquel día.&lt;br /&gt;Al instante siguiente caminaría tratando de recordar las lecciones que yo fingía recibir para ser toda una dama del Monje rojo o simplemente para mí, Rezo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Nada más escuchar los primeros pasos que Orianna dió, pasos que se alejaban como la esperanza de volver a tener un momento con ella como ese. Algo pareció apoderarse de mí lentamente. Aprete mis puños y la sonrisa se torció, Bricus, percibiendo eso que me estaba inundando, se apartaría de mí como un animal que presiente que algo malo esta a punto de suceder cerca de él. Me puse en pie llevado por esa nueva fuerza que brotaba en mi. Camine con la esperanza de escuchar de nuevo cercanos sus pasos. La escarcha sobre el suelo crujía a cada paso que daba pero yo concentraba todos mis sentidos en chocar con Orianna. Cuando ese milagro, porque eso para mí si era un milagro, su voz temblaba como si estuviese a punto de llorar, de derrumbarse como lo hiciera hacía ya al inicio del embarazo pero había tanta decisión en sus palabras. Siempre me gustó sentir el calor de la llama, eso me señalaba que había luz cerca de mí pero me había pasado demasiado tiempo con los dedos posados sobre esa llama y ya empezaba a sentir el dolor que la llama producía al abrasar mi piel. Sentí deseos de besarla aunque alguien pudiese vernos, al abismo, los buenos propositos, ya me buscaría otra manera de proseguir con mis investigaciones pero ella se negó y fue cuando su voz se quebraría al volver a decir mi nombre.&lt;br /&gt;-Por favor Rezo, no lo hagamos más difícil de lo que ya es. Piensa en el bien del bebé. -&lt;br /&gt;Y sus pasos volverían a alejarse hasta desaparecer dejando sólo el ulular del frio viento que soplaba aquella mañana. "Sí, hay que pensar en el futuro del niño. Qué crezca con una familia como son las de los demás." Me obligué a pensar, calmando eso que me invadía. Bricus llegaría poco despúes.&lt;br /&gt;-Maestro Rezo, tú también tienes asuntos que atender. ¿O es que no me estabas escuchando? -Diría intentando que cambiase de dirección. El tacto de la piel de sus guantes sobre la fria piel de mis manos me alivió. Tenía razón, estaba comportandome como un egoísta y como un chiquillo. Había que aprender a pasar pagina y seguir adelante. Reuniendonos con Isabella, Bricus me susurraría:&lt;br /&gt;-Ya encontrarás otra que te de calor siempre que quieras. -&lt;br /&gt;Una debil risilla salió de mis labios. No había quien consiguiese enmendar a Bricus. Isabella no diría cúan agradecida estaba de que todo acabase del modo más adecuado. Orianna con un futuro esposo y nosotros de vuelta a nuestros asuntos pero se le notaba en la voz. En el templo de la ciudad recibiría una señora regañina por parte del sumo sacerdote de la orden que se ocupaba del hospital u hospicio en el que había sido dejada la hermana mayor de aquella muchacha que Orianna llevó meses antes ante mí. Al principio me sentiría nervioso e intranquilo creyendo haber sido descubierta mi inmoralidad con Orianna pero luego esa sensación no acabaría más que en indignación. Para el pueblo llano sería una especie de santo pero para los religiosos no era más que un fastidio. Bricus me describió a mi severo infitrión a su manera, es decir, resaltando sus rasgos como sólo un bufón o un niño lo haría. Los murmullos que salían de los otros sacerdotes eran una muestra más de la impresión que les causaba mi aspecto pero a partir de aquella vez no sentí gran cosa, ni inseguridad ni culpa ni nada. No era como ellos ¿y qué? A Orianna eso le gustó y a mí ella me gustaba tantísimo. Chascando la lengua el sumo sacerdote sería el único de ellos en hablar. Su tono de voz mostraba frialdad pero ya no me dolía tanto como en otras ocasiones.&lt;br /&gt;-Aquí estoy. -Dije esforzandome en mantenerme tán frio e indiferente como él. -¿De qué quería hablar conmigo? -Fuí directo al grano, cuando antes me echaran la bronca, antes me iría. Él tampoco tardaría en hacerme saber lo que deseaba discutir pero antes, se daría el gusto de rebajarme. Un juego al que juegan todos. Los caballeros ante los sacerdotes, los sacerdotes ante los eruditos o monjes, los monjes ante los campesinos. ¡En menuda sociedad vivimos!&lt;br /&gt;-Veo que los rumores son ciertos, eres un monje que viste de rojo. Un color bastante pecaminoso ¿lo sabía, Monje rojo? De eso he deseaba hablar con Ud. De lo que debe y no debe hacer. -&lt;br /&gt;-¡Vaya! Y yo que pensaba que era un color que representaba poder. A muchos señores les gusta vistir este color. -Le hice saber con sorna pero no encontrarías actitud victoriosa o maliciosa en mi voz, sólo una calmada y armoniosidad que chocaba con la ronca y brusca voz del sumo sacerdote. Bricus rió tán fuerte que Isabella le golpearía abochornada, captando la atención del hombre pues dijo con tono despectivo:&lt;br /&gt;-Además de graciosillo, acompañado de jovenes que le rien las gracias. Por favor, Monje rojo acompañeme y hablemos con seriedad. -&lt;br /&gt;Sonreí vagamente al recordar el hueco sonido del golpe que le propinó Isabella a Bricus y la enorme carcajada del muchacho. Esos dos eran mi perdición pero a veces también mi salvación. Escuche todo lo que tuvo que decirme. Las advertencias, las consecuencias, todo lo que salía de su boca de lengua afilada y helada. Asentía y prometía intentar no meterme en terrenos que no tenían nada que ver conmigo. De nuevo, en la zona publica del templo, podría escuchar las voces de Bricus e Isabella pero entres ellas había una que no había escuchado hasta ese momento. Mis ayudantes y el dueño de esa voz al verme se aproximarían hasta mí tán rapido como sus piernas entumecidas por el frio les permitieron.&lt;br /&gt;-¿Qué tal ha ido, maestro Rezo? ¿Verdad que es un cascarrabias? -Exclamaría Bricus, siempre tán sincero y extrovertido. Me encogí de hombros y pasandole una mano por sus revoltosos e irregulares cabellos le respondí:&lt;br /&gt;-Nada que no haya oido antes. Es una persona difícil pero en el fondo es bueno, Bricus, no merece que le faltes el respeto. -Le aconsejaría pero la verdad yo también pensé que era un individuo desagradable.&lt;br /&gt;-Pues Nefessio no lo considera tán venerable. -Replicó Bricus, seguramente referiendose al extraño con el que hablaba.&lt;br /&gt;-¿Nefessio? -Repetí su nombre confuso. -¿Es así como se llama vuestro compañero de chachara? -&lt;br /&gt;-Así es, ese fue el nombre que mis padres me otorgaron al poco de nacer, Monje rojo. -Respondería el propio Nefessio inclinandose un poco ante mí quedando su cabeza a la altura de mi pecho. Su larga capa pasaría muy cerca de mí al realizar ese movimiento. -El sumo sacerdote de esta orden es un tipo inaguantable. Ni siquiera sé porque sigo dirigiendome a este templo. -Añadió al ponerse en pie de nuevo. -No como Ud, según se cuenta, es lo más parecido a un santo que recorre la tierra. -Añadió con profunda admiración.&lt;br /&gt;-Eso es lo que opina el pueblo pero ya se sabe cómo son las multitudes... -Repliqué quitandole importancia. -¿Puedo preguntar qué hace en un lugar sagrado como este un gallardo caballero como tú? -Preguntaría tomandolo por un guardian o caballero. Sus ropajes emitian un sonido curioso, lo que me hizo deducir que iría ataviado con cota de malla bajo las prendas de lana, cuero o piel que seguramente le abrigaban. Nefessio se echaría a reir acompañado por Bricus mientras saliamos del templo para enfrentarnos de nuevo a la frias temperaturas que hacía afuera. Isabella debió de lanzarles una de esas miradas que se conocen como asesinas porque las carcajadas se detuvieron de mala gana. Tosiendo un poco, Nefessio me revelaría su verdadero origen. Sentandonos en una de las mesas más proximas a la gran chimenea de uno de sus restaurantes favoritos de toda la ciudad, le escuchariamos mientras calentabamos nuestros cuerpos con unas tazas de caldo bien caliente y de delicioso sabor.&lt;br /&gt;-Me halaga mucho que por un instante haya pensado que soy de la nobleza pero lo cierto es que vengo de origen tán sencillo como bien podría venir cualquier otro vendedor o artesano de esta ciudad. Supongo que al ir tomando tanto contacto con ellos he ido perdiendo mi encanto pueblerino. -Comentaba con voz meláncolica. Como si todavía echase de menos esa vida, dura pero más afable.&lt;br /&gt;Bricus se bebería de un trago el caldo como si se tratase de una simple bebida mientras que Isabella iría sorbito a sorbito, disfrutando de cada gota que llegaba a su paladar. Dejando la taza en la mesa de pronto, exclamó:&lt;br /&gt;-Maestro Rezo, ¿por qué le presenta a la madre de Orianna al bueno de Nefessio? -&lt;br /&gt;En aquel momento si hubiese podido abrir mis ojos y dirigirle alguna mirada, le habría mandado una de esas que mandan los padres a sus hijos de menor edad, aún chiquillo, para silenciarlos o reprenderles sin armar un numerito. Me seguía costando hacerme a la idea de que Orianna y mi futuro hijo serían entregados a otro hombre pero hasta que la propia Orianna no llegase de nuevo a mí para pedirme un último favor, no ví a Nefessio como el esposo digno de ella y mi hijo. Bricus replicaría como un chiquillo molesto al darse cuenta de lo tensos que nos habiamos debido de poner todos:&lt;br /&gt;-Si de todos modos, fuiste tú quien pensó que eso sería lo mejor para todos. -&lt;br /&gt;Cuantas ganas me entraron de confesar que ese era el único plan que se me ocurrió antes de caer más y más prendado de ella, de su luz, una luz tán intensa que al menos hacía de la oscuridad un lugar menos frio y solitario. En vez de sincerarme, le dije:&lt;br /&gt;-Y lo mantengo pero Orianna ya va a desposarse con alguien. -&lt;br /&gt;Al instante esas palabras no serían como flechas que atravesaran mi corazón exclusivamente pues alcance a oir con una claridad sorprende como Nefessio también hacía por contener el dolor. ¿Sería Nefessio el chiquillo del que me habló Orianna?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Al observar al que sería mi futuro esposo, todo mi ser tembló de miedo, sentada frente a él en uno de los gastados pero comodos sillones que poseiamos en la habitación más grande de toda la casa, casa no muy grande pero decorada con todo el estilo y buen gusto que mi madre siempre tuvo. Con la ayuda que mi amado de la niñez y su padre le ofrecieron al poco de llegar a ese pueblo y adquerir la vieja y derrumbada vivienda. A pesar de lucir un aspecto tán impoluto como le correspondía a cualquier hombre de su rango y posición había algo en él que no acababa de convencer. Se mostró muy amable y muy galán, como a toda dama le gusta que sea su caballero de cuento, pero en sus ojos se apreciaba una fiereza sobrecogedora. Cada vez que los posaba sobre los mios, parecían ser capaces de traspasarme la ropa y la piel. Sin embargo madre se sentía tán agusto, claro que madre sólo pensaba en nuestra hermosa boda en mitad de la plaza con todo el pueblo de testigo. Con las manos entrelazadas y mi bebé lo más oculto que fue posible entre ropas y firmes vendajes, rehuía sus miradas mientras madre hablaba de mis virtudes.&lt;br /&gt;-Le aseguro que además de hermosa, mi hija es una excelente costurera y cocinera. -&lt;br /&gt;-¡Oh! Eso sin duda la convertirá en toda una ama de casa pero ya tengo unos cuantos sirvientes que se encargan de esas tareas. Lo que me gustaría saber es si será una esposa obediente y refinada o una de esas que pierden los nervios por cualquier cosilla. -Atajaría él ayudandome a hacerme una idea mejor de la clase de esposo que sería y la clase de esposo que sería no me emocionaba, sería de esos que cuando les da la gana buscan el consuelo de otras mujeres con la esperanza de no perder por ello a su esposa, la que siempre estará para ellos como un perrito faldero. Yo sería su dama, claro que sí, pero sólo si el me permitiese jugar con otros hombres de modo similar. Sería divertido comparar cúal de los dos ha tenido más amantes. Dudo que fuese a ser tán generoso, sería tán deseada. Se lo hubiese preguntado pero yo sólo estaba ahí para ser tesada. Mi madre le aseguró que sería la esposa más tranquila y maravillosa del mundo, lo que agradó al caballero. Todos sus dientes brillaban con una blancura deslumbrante y sus cabellos eran como el oro, peinados con esmero hacía atrás, dejando algunos mechones caer a ambos lados de su rostro. Rostro de facciones varoniles y seguras. Cuanto más lo miraba más irreal me parecía. Tendría la edad que entre Isabella, Bricus y yo acabamos adivinando que Rezo tendría. Entrando en los treinta, caballero con varios meritos a sus espaldas y pronunciada arrongancia. Hubo un punto en la conversación, uno de los importantes ya que la castidad en una mujer es tán valiosa como la carencia de ella en un hombre, en que mi miedo se volvería pavor, un pavor que casi me delataba. Mis ojos estuvieron fijos en mi madre, vestida con sus mejores ropajes y envuelta en el chal más largo y tejido con la mejor tela que guardaba recelosamente en su baúl. El caballero, aunque escuchaba y mantenía la conversación con mi madre, parecía más deseoso de hablar conmigo.&lt;br /&gt;-Bien, tál y como me aseguraron, será todo un placer desposarme con su hija. ¿Es mujer ya? -Así, con esa sutilidad, surgió el tema. Madre dejaría escapar una risita y se lo afirmó:&lt;br /&gt;-Por supuesto, ya debería Ud saber que esta prohibido desposarse con una joven que aún no haya tenido su primera sangre. Mi hija es mujer desde hace cuatro años. -&lt;br /&gt;Biologicamente hablando sí, mentalmente, creo que mucho antes. Yo empece a tontear y a querer saber de esas cosas mucho antes que cualquier muchacho y los muchachos suelen ser más ardorosos que las muchachas. Claro que lo de ser madre lo experimente a la edad que todas suelen hacerlo.&lt;br /&gt;-Magnifico. Ahora si nos disculpa, me gustaría conocer a mi futura esposa un poco mejor. -Le pediría a mi madre, tal y cómo ha de hacerse trás ser presentada por la madre, la muchacha al que será su esposo. Para que charlen más intimamente pero sin obscenidades, eso le dejaría en muy mal lugar, la únión carnal ha de ser después de la boda, en la noche de bodas. Madre se marcho apresuradamente pero antes de levantarse, me diría en voz muy baja:&lt;br /&gt;-Cariño mio, este es el mejor partido que he podido encontrar, te lo ruego, no lo estropes. -&lt;br /&gt;Resoplé y le respondí:&lt;br /&gt;-Si, madre. -&lt;br /&gt;Al oirla marcharse, me concentré en no olvidar que aquello era lo mejor para mi futuro hijo, que si aquel caballero podía darnos una buena vida a cambio de un pequeño sacrificio por mí parte, debía ser fuerte y comportarme como la dama que debía de ser, como la mujer florero que todos los maridos buscaban y dejar a un lado las ocurrencias que sólo a Rezo o a Nefessio hubiese gustado. Adoptando un aire delicado e inocente, comenzariamos a compartir pensamientos y gustos.&lt;br /&gt;-Dime, ¿alguna vez has visitado el reino de Seillune? -&lt;br /&gt;Negue con la cabeza exhibiendo una sonrisa forzada.&lt;br /&gt;-Pues te aseguro que cuando viajemos a la ciudad capital de Seillune, te parecerá el lugar más maravilloso del mundo. -&lt;br /&gt;"El lugar más maravilloso del mundo ¿de verdad? No hay lugar más maravilloso en el mundo que aquel al que vas acompañada de tu amado" Pensé con una sonrisa que se torcería suavemente pero pronto recobró fuerza al pensar en qué preguntar al noble caballero que tenía frente a mí.&lt;br /&gt;-¿Qué opinas de los religiosos como sacerdotes o eruditos? -Le pregunté yo poniendole a prueba, deseaba verificar si lo que Rezo me había contado con respecto a los caballeros era verdad. -¿Sueles acudir a los templos para rezar o meditar? -&lt;br /&gt;Mi pregunta le dejaría sorprendido pero alzando una ceja, apoyando su mentón sobre el puño izquierdo contestaría:&lt;br /&gt;-No soy un hombre muy practicante que digamos, ¿Por qué lo preguntas? -&lt;br /&gt;-Ohh verás, es que tanto mi madre como yo, si somos bastante religiosas. Incluso he llegado a plantearme seriamente el sacerdocio. -Le respondí yo con una sonrisa traviesa.&lt;br /&gt;Eso pareció enfurecerle pero apretando los puños y repeinandose, se controlaría y diría:&lt;br /&gt;-¿Sabes? Eso hubiese sido una perdida de tiempo. Tú madre ha hecho bien en buscarte esposo. -&lt;br /&gt;"¿Una perdida? ¿Una perdida para quién? Seguramente más para ti que para mí" me dije a mí misma. Tuve que concentrar toda mi mente y mi energia en el bien del bebé para no lanzarme a él, cogerle la espada y cortarle el cuello. A lo largo de la conversación me convencí de que no era la clase de hombre que yo deseaba como padre sustituto de mi hijo y del hijo de Rezo. Llegando el momento en que el sol empezaba a descender, el caballero se despediría de mi besandome la mano, exclamando:&lt;br /&gt;-Estoy impaciente por que la ceremonia que nos unirá se celebre. -&lt;br /&gt;-Supongo que yo también. -Se me escapó decir. El caballero rió pero a madre casi le da un ataque. Respiró e inspiró varias vaces, con una risa histerica.&lt;br /&gt;-¡Qué cosas tiene mi hija! ¡Claro que está deseosa de la ceremonia sea pronto! -&lt;br /&gt;En el único lugar de la casa en el cúal me sentía protegida, sentada sobre la cama, examinaría la que era mi dormitorio, complice de mis ataques de furia y de creatividad, acariciando la manta tán limpia como mimosa al tacto de mis dedos, calida y usada desde que era muy pequeña. El espejo de medio cuerpo encima de mi tocador de caoba de oscuro color con relieves que le daban un aspecto muy señorial ya no tenía un cristal tán brillante y hermoso como el día que lo trajeron pero aún se atisbaba mi reflejo. Mi mesita de noche por muchas veces que fuera encerada, seguía poseyendo algunas muescas pero a mí eso no me parecía malo, me gustaba ya que me hacía imaginarla como una mujer que a pesar del tiempo o las heridas seguía hacía delante. La estanteria de una tabla sujeta a la pared no poseía tantos libros como me hubiese gustado pero cada uno de ellos era antiguo y valioso, palabras que dejaron grandes sabios como Lei Magnus o Themis Ulcies, recitas muy utiles acompañadas de apuntes para crear venenos o brebajes curativos o leyendas e historias escritas por sabios de muy distintas épocas hasta nuestros días. ¿Me permitiría mi futuro esposo adquirir más libros? Algunos de ellos poseían imagenes tán bonitas, si tenía que deshacerme de ellos, antes se los regalaría a alguien, a alguien que los apreciase como yo lo hacía o puede que más. Gracias a Ceiphied la ceremonia no se celebraría hasta encontrar a un buen sacerdote, de los mejores entre los recíen formados, por lo que pude encontrarme a escondidas con Rezo. Él me comunicó que no se iría hasta que el niño naciese. Lanzandome a sus brazos como una niñita que vuelve a encontrarse con su perdido padre, me desahoguaría. Nunca pude ver sus ojos pero al mirar su rostro, siempre pude ver tanta calma y ternura. A veces era más un padre que un amigo o un novio y a lo mejor por eso me gustaba tanto permanecer horas y horas abrazada a él. Sentados, con la cabeza apoyada sobre su rostro, hablaba y hablaba mientras el me escuchaba pacientemente. El bebé se revolvía suavemente y aunque a veces hacía un poco de daño, provocando bultos en mi, no me importaba. Él, Rezo y el verme empujada a una boda no deseada, me estaban haciendo sentar la cabeza, volviendome un poco más responsable.&lt;br /&gt;-Rezo, lamento tanto haberte metido en esto. -Me disculpé, me disculpé de todo corazón, pasando una mano por la zona en la que estaría el bebé flotando tranquilamente. -Creí que no te atreverías, mi amor de la infancia nunca se atrevía a ir más allá de los besos y las caricias. -&lt;br /&gt;-¿Tu amor de la infancia? Creo que ya me hablaste de él una vez pero no recuerdo su nombre. -Me diría él tratando de centrarse. Reí llevandome la mano que acariciaba mi tripa hacía los labios y dije:&lt;br /&gt;-Eso es porque no te dije su nombre. Era muy dulce, muy amable y muy timido, todas las muchachas decían que te parecias bastante a él, a mí Nefessio. -&lt;br /&gt;-¿Nefessio, dices? Mmmm... -Sería todo lo que diría a continuación Rezo, con una voz entre misteriosa y de satisfacción. Me dió la sensación de que algo en su cabeza se activó pues preguntó -¿Y qué te parece el hombre con el que tu madre ha preparado el desposamiento? -&lt;br /&gt;Me quedé bastante rigida al recordar sus penetrantes y oscuros ojos sobre mí, mi rostro se contrajó al recordar sus palabras, la arrogancia y la superioridad que en ellas se notaba. Era todo lo contrario de lo que yo buscaba en el que sería mi futuro esposo.&lt;br /&gt;-Me da miedo. Temo que le haga algo muy malo al niño si descubre que no es suyo. -&lt;br /&gt;-Comprendo. -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Que a Orianna no le agradase el esposo que su madre le había encontrado me llenaba de una satisfacción increible pero al poco de nacer el niño, me costaría el doble seguir con mis asuntos mientras ellos unian sus vidas con Nefessio. No es que tuviese nada en contra de él, entre el caballero y él, le prefería mil veces a él pero ya se sabe, cuando se van creando lazos, lazos tán fuertes entre un hombre y una mujer, a veces el hombre acaba bastante aprisionado por esos lazos que la mujer a de cortar. Ella era tán especial y nuestro niño nació sano y sin ninguna disminusvalia a pesar de lo complicado que fue sacarlo de su calida y ocasional vivienda dentro de Orianna. Como a menudo ocurre, el pequeño Tessaurus sintió deseos de descubrir el mundo antes de tiempo, como si percibiera que cuando antes saliese de su madre, más fácil sería que Neffesio convenciese a la madre de Orianna de que él tenía que desposarse con Orianna. Una batalla de dificil victoria. Recorriendo el barrio por dónde suelen vivir los artesanos, sea en la ciudad que sea, Bricus se detendría y me observaría de arriba a abajo como si nunca antes me hubiese visto, con voz inquisitiva diría pasando sus dedos por mi pelo:&lt;br /&gt;-Creo que esas muchachas y la propia Orianna tenían razón al decir que te pareces bastante a Nefessio, claro que tus cabellos no son ni la mitad de revoltosos y rizados que los suyos. -&lt;br /&gt;-¡Ya vale! -Le replicaría yo intentando apartar sus enguantados dedos de mi cabello. Cuando logre sentir la suavidad del tejido de sus guantes, tomando seguridad, agarre su mano y la aparte. Isabella reiría maliciosamente. Esos dos siempre deseaban que el otro fuese castigado, se llevaban bastante mal pero en el fondo se hicieron muy amigos. Tendría que ordenar los pocos pero sedosos cabellos que cayeron sobre mi frente gracias a Bricus, me daba repelús que mis cabellos cayeran sobre mi rostro. El hombre de la residencia por la cúal paramos debió de escucharnos pues al instante el sonido de una puerta abriendose un poco y una voz muy ronca provocaron que las risotadas de Isabella se moderaran.&lt;br /&gt;-¿Se puede saber a qué viene tanto escandalo? ¡Algunos necesitamos mucho silencio para trabajar! -Gruñiría.&lt;br /&gt;-Lo sé y lo siento muchísimo. Buscabamos a un hombre joven llamado Nefessio. ¿Sabe dónde podría encontrarle? -Le contestaría yo aducadamente. El sonido de la puerta al cerrarse me haría pensar que se había disgustado tanto que ni nos daría una respuesta ni nos dejaría entrar a reponer fuerzas pero al rato la voz de un hombre joven surgiría de algún punto de la casa. Era la de Nefessio, al principio me costó reconocerla pero luego si se iría volviendo familiar.&lt;br /&gt;-Pasad por aquí. -Nos invitó abriendo otra puerta, la cúal producía un sonido más desagradable, como el tocar un instrumento desafinado. -Como habreis podido comprobar, mi jefe no es un hombre de grandes delicadezas. -Se permitió el lujo de indicar y después rió. A su risa se le uniría la nuestra mientras nos adentrabamos a la vivienda por la zona en la cúal había sonado el chirrido de la otra puerta. El fuerte olor a barniz y madera me confirmó que estabamos en la parte de la casa dedicada al taller.&lt;br /&gt;-Qué olor más fuerte. -Comentaría Isabella a mí derecha agitando sin duda una mano.&lt;br /&gt;-Cierto y tendreis que disculparnos por ello, algunos muebles acaban de ser retocados hace poco. -Nos informaría con voz amable Nefessio. -He tenido que abrir la parte que tenemos cara al publico. Ese gruñón no me permitía recibiros en el salón de su casa. -&lt;br /&gt;Sus pasos se oían raidos de un lado a otros acompañado de un leve y sordo sonido, me figuré que sería el de algunos asientos al ser colocados. Además de agradable, era muy detallista, eso le iba favoreciendo pues si quería ganarme, tenía que demostrar que no era un hombre como lo eran tantos otros.&lt;br /&gt;-Bueno, ya podeis sentaros, no son elegantes sillones pero valdran. -Nos sugirió frutandose chocando sus manos dejandome escuchar un leve plaf.&lt;br /&gt;-No, yo mejor me quedo de pie. -Le haría saber Bricus colocado a mi izquierda con voz alegre. Nefessio suspiraría, Isabella y yo si nos sentariamos, por educación.&lt;br /&gt;-Alguno de los muebles que hay aquí, ¿los has hecho con tus propias manos? -Deseé saber al poco de sentarme. La madera estaba tán bien lijada que parecía hecha por todo un experto. Sentandose en la silla rechazada por Bricus, Nefessio contestó:&lt;br /&gt;-Si pero por ahora sólo me encargo de muebles de poca importancia como las sillas en las que estamos sentados pero esto no es nada en comparación con lo que hace Ud. -&lt;br /&gt;Lo decía tan enserio, tán maravillado y con una voz tán clara, pura como la de un niño, que no había atisbo de mentira o engaño, que siempre me hacía sentir inmerecedero de escuchar precisamente de su boca esas palabras pero poco a poco me animaban a verlo como alguien que sí llevaría a Orianna con amor y sin celos ante mí. Con una sonrisa, le planteé la cuestión y que qué haría.&lt;br /&gt;-Yo sólo calmo males fisícos con magía y los pocos conocimientos que he ido adquiriendo. Nunca he creado nada hermoso a partir de ninguna clase de material pero sí, me figuro que eso es de algún modo lo que me hace valioso y me agrada que me consideres especial por ello pero si te dijese que la única cosa que he creado ha de ser entregada a otro artista, ¿qué me dirías? -&lt;br /&gt;-Pues... No lo sé, si el artista al que has de entregarsela es de confianza, me figuro que no habrá gran problema, ese artista te permitirá tenarla de vez en cuando, ¿no? Porque solo es su guardían. -Me respondería pasado un largo rato en silenciosa reflexión.&lt;br /&gt;Los terminos que utilizó me gustaron, sin darse cuenta estaba admitiendo que aún al enterarse de que el hijo de Orianna no era suyo, lo cuidaría y lo amaria porque se le había pedido eso y él como hombre de confianza, cumpliría. Hasta a veces habría un modo de que estuviese con él. Era el esposo que buscaba.&lt;br /&gt;-Disculpa mi osadia pero ¿te has desposado con alguna muchacha ya? -Pregunté sin andarme con más rodeos. Nefessio tampoco se andaría por las ramas.&lt;br /&gt;-No pues le prometí a una chiquilla de la que me enamoré de bien joven que jamás me desposaría con ninguna otra muchacha que no fuese ella. -&lt;br /&gt;-¡Qué romantico! -Exclamarían Bricus e Isabella, Bricus con voz más burlona.&lt;br /&gt;-Era una chiquilla muy precoz, siempre se le acusaba de cosas terribles por ello pero a mí me tenía loquito perdido. -Me la definiría detalladamente, como regresando a esos tiempos, con una voz tán llena de amor y dulzura que lograría ablandarme.&lt;br /&gt;-¡Esa es sin duda Orianna! -Adivinó Bricus dando un golpe al suelo con el pie. -Ella también se acuerda mucho de tí pero ay con su madre, la ha desposado con un tipo horrible. ¡Si vienes con nosotros, el maestro Rezo y nosotros convenceremos a esa arpia para que Orianna y tú os desposeis y todos vivamos felices de nuevo! -Se aventuró a soltar Bricus impaciente por poner fin a toda este enredo. A veces su brusqueda viene bastante bien. Nefessio se levantaría atónito y soltaría:&lt;br /&gt;-¿En serio? ¿Ud haría eso por mí? -&lt;br /&gt;Poniendome en pie, se lo aseguré pero poniendole una condición:&lt;br /&gt;-Por supuesto pero también tienes que cuidar al futuro niño que ella traerá al mundo como si fuera tuyo. Si descubro que te has acabado deshaciendo de él, la llevaré conmigo. -&lt;br /&gt;Nefessio cayendo al suelo me prometería, incluso juraría, que cuidaría de ambos y que aún siendo hijo bastardo, le daría todo, todo lo que poseyera como si fuese realmente suyo. Los días fueron pasando sin mucha novedad, Orianna se sentía segura y feliz al saber que yo había logrado convencer a su madre de que cambiase de pretendiente porque había encontrado uno mucho mejor en la ciudad. El caballero no se enojaría pues recibía muchas peticiones por parte de muchas madres con bellas e ingenuas hijas a las que desposar. Orianna estaba euforica, no paró de formularme preguntas sobre ese futuro esposo que le había encontrado. Yo le aseguraba que sería de su total agrado mostrandole una sonrisa traviesa. Sí, en aquellos días fuí yo quien tenía a Orianna con la boca abierta. En el momento en que Orianna rompió aguas estaba con nosotros. Sonó como el sonido de huevos rompiendose. De inmediato la obligamos a tumbarse en la cama boca arriba, decía sentir un dolor intermitente y más espantoso que tener retortijones. Chillaba, maldecía y sollozaba. Yo no me aparté de ella, sentandome a su lado, ordenaría a Isabella traer mi bolsa de viaje y rebuscar en ella algunas cosillas. Mi pobre Orianna dilataba gemiendo dolorida muy lentamente, podíamos escucharla aferrarse a las asperas sabanas mientras el bebé se abría camino con grandes complicaciones. Pasado un rato, con gemidos que se habían convertido en autenticos aullidos de puro dolor e indignación por parte de la desesperada madre, ordené a Isaballa sacar paños con los que envolver al bebé. Isabella, probablemente, asomada tál y como le pedí junto a Bricus que mantenía abiertas las piernas de Orianna con fuerza y terqueria, exclamaba con voz llorosa:&lt;br /&gt;-¡Maestro Rezo, no parece que el bebé asome ninguna parte de su cuerpecito! -&lt;br /&gt;-¡No jodas! -Soltaría Bricus. -¡Mira que como nazca muerto! -&lt;br /&gt;El rugido que salió de mi boca dejó a todos impresionados.&lt;br /&gt;-¡No lo permitiré! -&lt;br /&gt;Entonces se me ocurriría la única solución que podría ayudar al bebé. Agarrando una mano a Orianna, le informé de lo cruda que se estaba poniendo la cosa y de qué tendría que hacerle algo de daño. Ella lloraba y lloraba y cada vez era menos dueña de su cuerpo. La siguiente orden a mis jovenes ayudantes sería tán precisa como clara.&lt;br /&gt;-Conseguid un cuchillo, tenemos que sacar al bebé antes de que se asfixie. -&lt;br /&gt;Los pasos de Isabella se escucharía alejarse y acercarse en apenas un instante. Isabella debió de quedarse en shock al escuchar la siguiente orden pues no logre escuchar ningún sonido proveniente de ella o que me señalase que se estaba moviendo.&lt;br /&gt;-¡No te quedes ahí parada! -Le gritaría Bricus todavía manteniendo las piernas de Orianna separadas y todo lo abiertas que podía. -¡Haz lo que el maestro Rezo ha dicho! ¡No creo que sea tán difícil, tú que eras hija de un pastor, habrás hecho esto antes con ovejas o cabras! -&lt;br /&gt;Entonces trató de replicar pero su voz apenas alcanzaría un grado audible para Bricus.&lt;br /&gt;-¡No puedo! -Acabaría gritando echandose a llorar. -¡Esas cosas las hacian mis hermanos! -Recordaría gritando en pleno ataque de panico.&lt;br /&gt;Me recorrió una angustía tán fuerte como paralizante pero no podía dejarme llevar por ella, el bebé mi necesitaba, Orianna me necesitaba, creo que fue en ese momento que esa vocecilla que al principio era como un susurro se volvería tán clara como alta, una vocecita que con los años se iría alzando hasta acabar como un grito desesperado. Una voz que decía Ojalá pudiese ver, pues estaba claro que un ciego no podía realizar esa clase de trabajos, los de un curandero pero apretando los dientes, rogando a Ceiphied su ayuda, dije a la asustada y superada Isabella lo siguiente:&lt;br /&gt;-Ven conmigo Isabella, lo haremos juntos. Sólo ayudame a encontrar el lugar adecuado en que hacer la incisión. -&lt;br /&gt;Ella caminaría hacía mí, pasos lentos y muy distantes unos de los otros, sus manos temblaban, el fino acero del cuchillo era frio y parecía estar aún un poco humedo. Entres los dos obraríamos la importante operación. Ella con voz congestionada me ayudaría a llegar hasta el centro, un poco hacía arriba, sujetando su temblorosa mano, con firmeza atravesariamos la fina piel que hacía de barrera entre el bebé y nosotros. El sonido sería similar al que produce cualquier cuchillo al cortar carne. Fue un momento bastante tenso y terrorifico el meter las dedos y agrandar el agujero que habíamos realizado en Orianna en busca del bebé. Mi corazón latía tán fuerte que dolía. Al momento de sacarlo, Isabella se lo llevaría en el paño para labarlo un poco. Los sollozos y gritos se calmarían, creo que Orianna cayo inconsciente, mientras ordené a Bricus coser la overtura en su panza. Bricus obedeció tomando los utensilios necesarios. Los leves ras ras que surgían al entrelazar con los gruesos hilos la carne, me indicaban que Bricus lo estaba haciendo estupendamente. Cuando Isabella con una mano me obligaría a extender las mias para tomar al bebé, lo primero que hice fue concentrar toda mi afinado oido con el deseo de que pudiese escuchar su pequeño corazón latir. Era un sonido tán ligero, un bum bum casi extinguiendose, lo estreché entre mis brazos acercando su cabecita para poder apoyar levemente mi rostro en ella y usé mi magía sanadora sobre él. Pasaría un buen rato hasta que sus extremidas comenzasen a moverse y su respiración y latidos ganasen fuerza trayendo con sigo un agudo sollozo, que yo amansaría sintiendo un alivio y una felicidad tán grande que parecería invadir a mis ayudantes. Orianna le otorgaría un nombre precioso aunque me costó mucho convencerla de que no era buena idea ponerle mi nombre.&lt;br /&gt;-Tessaurus es muy bonito. Nuestro tesoro. -Le diría reprimiendo la emoción que me llenaba sentirlo vivo entre mis brazos sentandome de nuevo junto a ella.&lt;br /&gt;-Pues que sepas que tu nombre me gusta mucho más pero bueno... -Acabaría por acatar ella con voz molesta pero muy animada observandonos a Tessaurus y a mí. Antes de entregarselo y marcharme le dije la última vez que estariamos juntos.&lt;br /&gt;-Tu futuro esposo se llama Nefessio. -&lt;br /&gt;Eso la volvió loca, muy loca de alegria pues con sus propias palabras, era el hombre más parecido a mí que conocía. Sería un padre y un esposo formidable. Yo le dedicaría mi última sonrisa, una sonrisa entristecida, una sonrisa que se acabaría por desvanecer con la muerte de Bricus poco tiempo después. Alejandome de esos dos, pense eso de es mejor amar y haber perdido que no haber amado nunca. Quien lo dijese no se hacía una idea de lo equivocado que estaba. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-2744222261255268001?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/2744222261255268001/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=2744222261255268001' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/2744222261255268001'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/2744222261255268001'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/10/rojo-relativo-historia-15.html' title='ROJO RELATIVO Historia 15'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-4782085694133506242</id><published>2011-09-27T07:03:00.000-07:00</published><updated>2011-09-27T07:16:45.560-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Recomendaciones'/><title type='text'>CANCIONES QUE INSPIRAN...</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Army of Lovers - Crucified&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;iframe height="315" src="http://www.youtube.com/embed/vYT2aWavXlc" frameborder="0" width="420"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Depeche Mode - Walking in my shoes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;iframe height="315" src="http://www.youtube.com/embed/-4YEW8uibkY" frameborder="0" width="420"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Bueno, hoy os recomiendo estas dos canciones, de dos grupos, a mí parecer, muy buenos e interesantes ^^ Espero que os gusten y que al igual que a mí, os sean de gran inspiración...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-4782085694133506242?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/4782085694133506242/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=4782085694133506242' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/4782085694133506242'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/4782085694133506242'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/09/canciones-que-inspiran.html' title='CANCIONES QUE INSPIRAN...'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://img.youtube.com/vi/vYT2aWavXlc/default.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-3661627082918584781</id><published>2011-09-22T07:08:00.001-07:00</published><updated>2011-09-22T07:18:23.773-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Recomendaciones'/><title type='text'>LOS SUEÑOS DE LA LUCIÉRNAGA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-eIrLPiSXpzM/TntBkNjgaII/AAAAAAAACFw/QBpI5S5WlB8/s1600/suenios_luciernaga.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 259px; DISPLAY: block; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5655185847463471234" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-eIrLPiSXpzM/TntBkNjgaII/AAAAAAAACFw/QBpI5S5WlB8/s400/suenios_luciernaga.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Hoy recomiendo este libro, también en plan fantasia medieval, llamado Los sueños de la luciernaga escrito por Jenny Jones ^^&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SINOPSIS&lt;br /&gt;El fuego ha llegado a Bricus. El conde Marrin -hace tiempo amigo de los acuamantes- ahora está bajo las influencias del poderoso Piromante y sus luciérnagas letales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar a la ciudad, Laura y Darius conocen una noticia aterradora. Su pirma Wincy, la bruja de las aguas, se ha visto obligada a huir. Muy pronto, tanto Laura como Darius se verán implicados en la lucha de la ciudad. Pero Darius está a favor del Piromante y Laura favorece a Wincy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando el agua se encuentra con el fuego, solo uno de los dos puede sobrevivir...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;OPINIÓN PERSONAL&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Es bastante interesante porque hay magía y parece ambientado en un mundo y época muy medieval, los personajes principales son jovenes y pronto se les coge cariño y el malo maloso, bueno, borda bastante bien su papel de malo, de conspirador y de persona poderosa sin escrupulos. Una historia entretenida, bastante recomendable ^^ (Con descripciones muy detalladas, lo que siempre viene muy bien)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;MUY RECOMENDABLE&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-3661627082918584781?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/3661627082918584781/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=3661627082918584781' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/3661627082918584781'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/3661627082918584781'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/09/los-suenos-de-la-luciernaga.html' title='LOS SUEÑOS DE LA LUCIÉRNAGA'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-eIrLPiSXpzM/TntBkNjgaII/AAAAAAAACFw/QBpI5S5WlB8/s72-c/suenios_luciernaga.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-6953009017395228417</id><published>2011-09-21T01:39:00.000-07:00</published><updated>2011-09-21T08:47:18.389-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos cortos'/><title type='text'>ROJO RELATIVO Spin-Off II</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):&lt;br /&gt;Erik y Christine son personajes originales de WaterLillySquiggles y Miss Whoa Back Off&lt;br /&gt;Ferrissian DiCallium es personaje original de QP/Diana&lt;br /&gt;Los otros personajes que vayan surgiendo en el FanFic son cosa mía y los que no lo sean, os lo ire mencionando ^^&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Narrado en primera persona, esta vez según la madre de Rezo ^^&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Hace poco leí un FanFic muy bueno sobre Rezo o más bien sobre una vivencia suya cuando era un niño y me encantó, sobretodo la idea de que pudiese tener hermanos o hermanas. Lo considero acertado pues en la edad media el número de hijos era bastante alto aunque había mucha mortandad infantil. Con respecto al nombre de la madre no he querido cambiarlo pues el primero que se me ocurrió me parece muy bonito (aunque no consigo recordarlo &amp;gt;&amp;lt;) y con respecto al nombre del marido y los otros niños he tomado prestados nombres de personajes de la mitología griega como Cepehus. Es una historia bastante triste pero es que la edad media era una época muy dura...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;FanFic Slayers&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Rojo Relativo - Spin Off II&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;¿Soy mala madre? Claro que lo soy, abandoné a mi niño aún cuando en este mismo templo frente a vos, prometí cuidarlo y mantenerlo a mí lado hasta que fuese un hombre. En mi defensa podría argumentar que me ví obligada pues temo la mano de hierro del que es mi esposo. Ahora sólo me queda rogaros que veleís por él y por su espiritu. Puedo notar las lagrímas brotar nuevamente en mi rostro frente a la estatua del dios dragón rojo Ceiphied, tán grande y tán solemne con sus ojos rasgados sobre mí, puedo notar también la manita de mi último hijo, aunque mi visión se nubla a causa de las lagrimas, observo su carita, tán fina y rosada como la tenía el hermano del que jamás sabrá. Sus ojos brillan entristecidos y su frente se arruga levemente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-No te entristezcas, madre es muy sensible y por eso a veces se le escapan algunas lagrimas... -Le pidó limpiandome los ojos con algunos dedos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿Es porque padre está fuera? -Me pregunta ladeando su cabecita mirandome con sus preciosos y claros ojos. Los mismos que su hermana mayor. Un azul hielo que aún no son capaces de intimidar o congelar como los de su padre. Asintientó tratando de sonreir pero es tán doloroso, lloro, lloro por mis hijos, por los hijos que él apartó de mi lado. Agarró su mano y caminamos por la amplia sala hacía la salida justo cuando un sacerdote de inusuales ropajes entra acompañado por otro, ambos en silencio, mi niñito giró la cabeza asombrado y exclamó:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¡Madre mira, su tunica! ¡Es toda roja! -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Le chisté agachando la cabeza avergonzada cuando los dos sacerdotes giraron la cabeza hacía nosotros. De nuevo en el hogar me siento junto al fuego en la mecedora de madera en la cúal he acunado a todos mis hijos e hijas hasta que Ceiphied se los llevó consigo. Un largo suspiró sale de mis labios antes de continuar con mi labor de madre y buena esposa. Contemplo a mi pequeño sentarse en el suelo y con una sonrisa entristecida murmuró su nombre. Cuando me sonrie pienso que el buen Ceiphied todavía guarda piedad para mí. Si no, el pequeño Adonaih no estaría aquí, como mi esposo tanto deseó que los otros estuviesen, fuertes y sanos, sin nada que pudiese poner en peligro su nombre o su honor. Retomó la costura mientras tarareó la canción que siempre canté a sus hermanos, la misma que cantaba para mi padre y los demás sacerdotes de su orden. Adonaih no cesa de hablar, aquel sacerdote le ha cautivado, mientras va sacando de su caja su gran colección de guerreros y monstruos realizados con duro cobre y pintados a mano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-El rojo es un color elegante ¿verdad? Por lo que debe de ser un sacerdote muy importante ¿verdad? Pero el otro también parecía un sacerdote importante aunque en su tunica era blanca y de otro color -Iba diciendo colocando las figuras en el suelo cuidadosamente. Yo asentía o simplemente contestaba:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Así es, cariño. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Sin descuidar la costura, con precisión y atención a los finos hilos que iban tapando los agujeros de su ropita. Unos golpes en la puerta de madera captarían mi atención al momento siguiente y la voz de uno de los sirvientes me haría saber lo siguiente:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Señora, una joven pregunta por Ud. ¿Le digo que vuelva más tarde? -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Perpleja porque no esperaba visitas procedentes de ninguna conocida o miembro de mi familia me levantaría de la mecedora a toda prisa dejando sobre ésta los utensilios y el jersey de lana a medio coser. Adonaih también se sorprendería y correría a mí lado para averiguar quien podría ser aquella muchacha o qué venía buscando aquí, en nuestro apacible hogar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Lleveme hasta ella, la atenderé personalmente. -Le ordené con voz suave y respetuosa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Como su señora guste, sigame pues. -Me indicó el sirviente antes de emprender la marcha hacía la entrada. Una entrada que no tenía nada que envidiar a la que pudiese tener cualquier palacio, espaciosa y con un suelo de baldosas de claro color, tán claro como el de las paredes, con una figura de piedra que mostraba a los visitantes al anterior dueño de esa vivienda y tierras. Hombre recio, de gran estatura, arropado por una gruesa capa y fuerte armadura que sostenía con gracia y magnanidad una larga espada de brillante hoja y dorado pomo. Sin lugar a dudas una digna representación del padre de mi esposo, un hombre con caracter y ferreas convicciones pensé fijando mis ojos brevemente sobre los de la estatua vacios y frios como los de su hijo, aún con vida. Como sacerdotisa que una vez fuí no me agradaba la vida de un guardian ni la de un soldado, por muy noble que pudiese ser su labor. Si por mí hubiese sido, el mayor de todos mis hijo hubiese sido presentado ante el sumo sacerdote de la ciudad con la esperanza de que se convertiese en un buen sacerdote, al servicio de Ceiphied y de las buenas gentes. Posiblemente él no se habría asustado o negado a curar a su hermano, costase lo que costase pero mi apuesto y buen Absalón murió siguiendo los sueños y principios que su padre le inculcó desde bien pequeño. Al volver la vista hacía delante, cerca de las grandes puertas de madera con algunos relieves estaba la joven de la que el sirviente me había hablado. Una muchacha de edad cercana a la que una ha de tener para ser desposada por sus padres, con ojos oscuros pero vibrantes y expresión risueña en su todavía aniñado rostro. Menuda pero con senos ya bastante desarrollados bajo su sencillo vestido blanco con cinturón de oscura piel a juego con sus cabellos, largos hasta los hombros y muy lisos. Me aproxime hasta ella admirada, se parecía tanto a mí niña, a mi preciosa Cassiopea.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Eres una jovencita muy hermosa. ¿Lo sabías? Seguro que te desposaran con un joven muy apuesto también. -Se me escapó decirle. Ella se me quedaría mirando antes de entre risas responder:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿Desposarme? El maestro Rezo no lo permitiría. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;En ese instante comprendí que era una sacerdotisa o una futura sacerdotisa. Tomandola del brazo la invite a entrar al salón para charlar más comodamente. Adonaih nos seguía mirandola de soslayo como un gato receloso. Antes sentarnos, mandé a uno de los sirvientes, una mujer regordeta de rostro afable que trajese hasta nosotras un poco de té. Ella obedeció sin queja alguna. Adonaih se sentó sobre mi alda, ya no era un chiquillo tan pequeño y me dolía las piernas pero se lo consentía, con sus azulados ojos puestos en la invitada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Cuanto me hubiese gustado que conocieses a mi Cassiopea, ella también era muy alegre y bonita. -Le comenté mientras esperabamos a que llegase la sirvienta con el té. La muchacha sonrió ruborizandose un poco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿Ud cree? No creo que sea para tanto, soy muy delgada y mis curvas aún no quieren desarrollar su autentico potencia. -Diría agitando la mano quitandose importancia. -Sin embargo si hija si que debió de ser muy hermosa, Ud es una dama bellísima. -Apostó mirandome con detenimiento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Sonreí adulada. En aquel encantador momento llegó la sirvienta que nada más entregarnos a cada una las tacitas de buena porcelana llenas de té y dejar la humeante tetera, también de porcelana, en la mesa sobre un paño, salió del salón sin decir palabra. Los sirvientes al igual que yo temían a mi esposo y aunque yo les ofrecía algo de libertad, se comportaban conmigo de igual manera, silenciosamente o hablando lo justo, evitando así perder ese necesario empleo. Dando ligeros soplos a mí tacita de caliente té, le pregunte por el motivo de su visita. Si había venido a verme no sería por compasión o aburrimiento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Por cierto, ¿cúal es el motivo que te ha traido hasta mi? -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Pues... Esto... ¡Ah sí! Mi maestro deseaba conocer a su hijo y convertirlo en un pupilo suyo. -Contestó ella al cabo de un rato señalando con los ojos a Adonaih. Tanto él como yo nos quedamos sin palabras. Dejando en la mesa al lado de la tetera la tacita trás darle un sorbo, protesté:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Pero Adonaih es aún un niño. Ni siquiera a comenzado todavía su entrenamiento... -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Eso al maestro Rezo no le importa. Bricus también comenzó muy joven. -Me explicó tratando de calmar la preocupación emergente en mí. -¿Cúantos años tiene exactamente? -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Pronto cumpliré diez años y padre empezará a enseñarme a usar la espada y como montar a caballo. -Respondería el propio Adonaih exhibiendo gran orgullo ante nosotras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Sí, un poco joven pero se las apañaría. -Comentó encogiendose antes de darle un buen trago a su tacita de té, que comenzaba a templar la calentura de su contenido. -Pero no se asuste, como ya he dicho, por el momento, mi maestro tán sólo quería conocer y valuar al chico, nada más. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Escuchar sus últimas palabras me aliviaron pero si ella era una sacerdotisa, su maestro sería un sacerdote y por mucho que me gustase la idea o por mucho que él me insistiese, mi esposo se negaría e incluso se plantaría frente a él para dejarle claro que nuestro Adonaih no era de esa clase de muchachos debiles o de la casta de los sabiondos porque él tuvo la fortuna de no serlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Si acepta la invitación, mi maestro y Ud podrán hablar sobre ello, yo sólo venía a comunicarselo en su nombre. -Añadiría la joven al finalizar de beberse el té, dejarlo sobre el paño junto a la tetera y levantarse. Quitandome de encima a Adonaih me levanté para acompañarla hasta la entrada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Por favor digale a su maestro lo agradecidos que estamos por su interés pero que no va a ser posible. Si mi marido se enterase... No quiero crearle problemas a su maestro, a mi marido no le agradan los sacerdotes... Pero insistale en que nos han complacido mucho su interés. -Le fuí transmitiendo al llegar y detenerme en mitad de la entrada, donde estaba la estatua del padre de mi esposo. Adonaih caminaba agarrandose a la larga falda que poseía mi vestido. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Ya veo... No se preocupe, así se lo haré saber a mí maestro. Que Ceiphied os acompañe. -Se despidió caminando hacía las grandes puertas de madera sin dejar de sonreir. Adonaih y yo nos despedimos moviendo la mano desde allí. Sentada en la mecedora de mi dormitorio con un fuego casi consumido concluyó con las prendas de mi hijito Adonaih para preseguir pensativa y sí, aún resintida, cosiendo las prendas con multiples rotos de mi esposo. Hundiendome en el mortificador recuerdo de cómo me negué a gritos a obedecer la inmoral orden de mi esposo con la consecuente paliza que me dejó sentada en el suelo llorando sin poder articular otra palabra que no fuese sí, lo que vos digais mientras los sirvientes nos observaban apenados y asustados desde otra sala, la sala en la que ese hijo del que mi autoritario esposo se iba a deshacer nos escuchaba. Si mi hijo tendría pesadillas con dragones y demonios o moría congelado esperando piedad de algún noble señor sería por su culpa pero también mia por ser quien se lo llevó la mañana siguiente consigo a la ciudad para dejarlo en mitad de una multitud que lo despreciaría o lo ignoraría y que él no podría ver. Sus últimas palabras fueron Sí, madre. Aquí te esperaré. Vuelvo a notar que mi visión se emborrona y dejó de coser cerrando los ojos, pasando mi mano izqueirda sobre mi cabeza y vuelvo a rogar al dios dragon Ceiphied que Adonaih no se convierta en la clase de guardia que es su padre y pidó también por él, por mi niño abandonado, que este donde este, sea un buen hombre y vaya consiguiendo todo lo que se le ha negado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-6953009017395228417?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/6953009017395228417/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=6953009017395228417' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/6953009017395228417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/6953009017395228417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/09/rojo-relativo-spin-off-ii.html' title='ROJO RELATIVO Spin-Off II'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-6920014067117349608</id><published>2011-09-19T01:40:00.000-07:00</published><updated>2011-09-19T03:25:02.237-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos cortos'/><title type='text'>ROJO RELATIVO Historia 11</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):&lt;br /&gt;Erik y Christine son personajes originales de Waterlillysquiggles y Miss Whoa Back Off.&lt;br /&gt;Ferrissian DiCaillum es personaje original de QP/Diana.&lt;br /&gt;Los otros que vayan apareciendo en los FanFics son cosa mia y si no lo son, os lo haré saber ^^&lt;br /&gt;Me gustó e inspiró mucho un FanFic que hizo Miss Whoa Back Off en el que Zelgadiss y Amelia siendo niños son secuestrados, la idea de ver a Rezo, como tutor y pariente de Zelgadiss, desesperado buscando a su niño y dando un escarmiento a esos sinverguenzas me encandiló aunque claro hay ciertas cosillas que yo, a lo mejor, no coincido tanto con ella... Y eso supongo que es bueno, así no pensareís que me voy copiando, cosa que no hago y procuro no hacer ^^' Pues eso, a disfrutar mi historia ^^&lt;br /&gt;Historia contada en primera persona, según Zelgadiss o según Rezo. A veces según ambos u otro personaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FanFic Slayers&lt;br /&gt;Rojo Relativo - Los pecados del padre para el hijo II&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;No sé ser un buen padre. Dejé a la única mujer que amé y al fruto de ese amor prohibido en manos de otro hombre porque lo que más deseaba era proseguir con mis estudios e investigaciones, según ella, mi deseo de ser un gran hechicero era mayor que el amor que sentía por ella pero pensandolo bien quizás no sólo los aparté de mi vida para que no me robasen tiempo, quizás los aparté por miedo. Desde que mi primera ayudante se autoimpusó ese cargo, supé que no estaba preparado para ocuparme de otras personas o mejor dicho, que no estaba preparado para convivir con otras personas pero al ser tán jovencita y al esforzarse tanto en su labor, acabé por aceptarla al igual que acabaría aceptando a unos cuantos más como ella. Sin embargo, ellos, más o menos, podían valerse por sí mismos, en cambio Zelgadiss, lo acogí a Zelgadiss a muy tierna edad, siendo un bebe, con todo lo que ello conllevaba, hasta que cumpliese una edad similar a la de ellos, tuve que cuidarle y guiarle como habría hecho un buen padre. El día que me lo arrebataron lo comprendí, lo comprendí en toda su totalidad. También comprendí aquello que ella, la que hubiese sido mi bellísima esposa decía, podría llegar a ser un maestro en la magía pero aún me quedaba mucho por aprender con respecto a como tratar a las personas más queridas.&lt;br /&gt;Fuera, en la amplia entrada en cuyo suelo compuesto por lisas baldosas, pasos procedentes de varias personas se detenían a mitad del recorrido hasta alguna de las habitaciones que había en la planta principal de la mansión. Desde el gran salón en el cúal me encontraba sentado en uno de los elegantes y comodos sillones apenas pude oir sus voces, voces que eran susurros atemorizados procedentes de las bocas de los tres jovenes, pero no hizo falta pues una de las aprendices y ayudantes que se hallaban en el salón conmigo diría centrando sus ojos en lo que la puerta abierta dejaba atisbar de la entrada:&lt;br /&gt;-¿Esos tres ya han llegado? ¿Qué pasará que todavía no han entrado aquí? -&lt;br /&gt;-¿A qué tres te refieres, Crystal? -Quisé saber yo de inmediato con un presentimiento que no tardaría en hacerse realidad.&lt;br /&gt;-Parnassus, Ferrissian y Pandora, maestro Rezo. -Me indicaría ella con una voz que no parecía la de una joven sino la de una madre disgustada.&lt;br /&gt;-¿Puedes ver a Zelgadiss con ellos? -Pregunté suponiendo y esperando que como tantas otras veces estuviese con esos tres. La respuesta de Crystal me produjó un fuerte escalofrio, ella, la perspicaz Crystal debío de darse cuenta al mirarme pues al rato añadió:&lt;br /&gt;-Pero quizás este afuera... Voy a asegurarme. -&lt;br /&gt;Y salió del salón apresuradamente, consciente de que ya había vuelto a encubrir a esos tres. Eris y Cliff la observarían salir dejando escapar una ligera risilla. Crystal no ganaba para disgustos como cuidadora de Zelgadiss. Esperamos a que volviese arrastrando al pequeño y protestón Zelgadiss y ese tiempo se volvió tán largo y pesado como si cada instante que pasaba fuese un grano de arena que caía uno por uno en uno de esos antiguos relojes de arena. Eris retomaría la lectura de la novela que acababa de descubrir, el pasar de paginas era el único y continuado sonido que llegaba a mis oido durante aquel rato de espera. Crystal antes de llevarlos frente a mí, les hizo un buen interrogatorio.&lt;br /&gt;-¡¿Cómo que habeís perdido a Zelgadiss?! -Repetiría procurando controlar las ganas de gritar mirando a los tres con los ojos desencajados a causa de la sorpresa y el enojo.&lt;br /&gt;-Pues... Lo que acabas de oir, me despisté un momento y Zelgadiss desapareció... -Le explicaría Pandora sin atreverse a mirar a Crystal a los ojos, con voz temblorosa.&lt;br /&gt;Crystal se llevaría ambas manos a la cabeza, un fuerte nudo en se le iría formando en la garganta, dando vueltas por la zona en la que estaba plantada frente a los tres ayudantes y aprendices, angustiandose, antes de obligarles a contarme lo que acababan de contarle a ella, murmuraba:&lt;br /&gt;-¿Y ahora qué hago? ¿Qué le digo yo al maestro Rezo? -&lt;br /&gt;Los tres aguardaron callados a que les impusiese un severo castigo por esa falta al acabar Pandora, la más joven de los tres, de contarme lo sucedido en la ciudad y que Zelgadiss seguiría en la ciudad. Eris y Cliff me dejaron solo con ellos pues sentían que su presencia allí ya era innecesaria. No supé qué hacer con ellos. Cierto que merecían un castigo o como minimo una buena regañina por mí parte pues si se llevaban con ellos a Zelgadiss, yo les había advertido y pedido en innumerables ocasiones que se ocuparan bien de él y que no lo dejasen sólo pero como Pandora aún era joven y se mostraba tán culpable y arrepentida por su leve percance, meneando la cabeza, tán sólo les dije esto:&lt;br /&gt;-Ahora lo más importante es encontrar a Zelgadiss. El castigo puede esperar. -&lt;br /&gt;Los tres jovenes se mirarían aliviados pero Pandora todavía contenía las ganas de echarse a llorar. Entre hipidos me suplicaría ayudarme en la busqueda.&lt;br /&gt;-¡Maestro Rezo, por favor, permitame ayudarle a encontrarle! -&lt;br /&gt;Con una sonrisa comprensiva le respondí:&lt;br /&gt;-Sólo un rato. Sólo guiame hasta el lugar en el cúal se perdió. -&lt;br /&gt;Pandora asintió moviendo su cabeza con tanta rapidez que varios de los cabellos más largos que poseía por el lado izquierdo de su cabeza cayeron sobre su frente y parte de su mejilla izquierda emitiendo un siseo parecido al de la brisa mañanera. Marchamos hacía la ciudad sin tardanza dejando a Crystal como encargada de los demás aprendices y ayudantes residentes de la mansión. Ya había transcurrido gran parte de aquella mañana cuando llegamos al interior de la bulliciosa ciudad. Atravesamos las calles de piedra más principales con la intención de llegar hasta el centro sin demora pues aquella mañana en todo el centro de la ciudad se había disputado un importante torneo ofrecido por el señor de ésta en busca de sangre nueva para su guardía o sencillamente porque se encontraría muy aburrido. Fue por el motivo que fuese, en la amplia y rectangular plaza se colocarían los días anteriores las gradas en las cuales el señor acompañado por su familia y sus amistades más cercanas contemplarían el espectaculo sentados mientras la plebe lo haría de pie limitado por las gruesas e improvisadas verjas de madera, con guardias a diestro y siniestro por si sucedía algún intercado entre el publico más humilde, para celebrar ese torneo. Torneo en el cúal Parnassus como tantos otros jovenes de las poblaciones vecinas quisó probar su valía. Pandora y su buen amigo, a veces rival, el arquero y talentoso hechicero DiCallium irían a animarle en cuanto acabasen sus respectivas tareas como ya habían hecho en otras ocasiones pero con la inesperada unión de Zelgadiss.&lt;br /&gt;-Fue aquí, mientras intentaba hacerme un hueco entre la gente. -Nos señalaría Pandora gritando entre la multitud que frecuentaba los puestos de comercio en aquel momento. Cliff y yo nos dirigimos hacía el lugar en el que Pandora se había parado. La voz de Pandora se alzaba furiosa sobre otra voz, una voz cuya dueña debía de ser una vendedora aviejada y sin ninguna clase de educación pues la mayoria de palabras que salían de su boca eran tán soeces que aún sin poder verla me ayudaron a hacerme una idea de su aspecto de muy encantadora. Cliff sería quien pondría un poco de orden entre ambas damas colocandose entre ellas con los brazos cruzados.&lt;br /&gt;-¡Damas, calmense y cuentennos a qué se deben esos gritos! -Les exigió adoptando un aire disciplinario como si en vez de un joven aprendiz fuese un guardia. Tanto Pandora como la vendedora callarían fijando sus ojos en él. -Eso está mejor. Ahora, contadnos lo sucedido. -Añadió sin perder ese tono mandón.&lt;br /&gt;-Resulta que he encontrado entre los ropajes que vende las ropas que llevaba Zelgadiss esta misma mañana. -Empezaría Pandora a explicarnos mientras colocaba las ropas a Cliff, el cúal reconoció con rapidez las prendas. -Le he preguntado qué como es que tiene esas ropas y la muy bruja no me ha querido responder. -Finalizaría vuelvo a adquirir su voz un deje de rabia.&lt;br /&gt;-¿Es eso cierto Cliff? -Pregunté acercandome a él para acariciar el tejido del jersey de lana que Pandora le había entregado. Cliff me lo afirmó rotundo.&lt;br /&gt;-Así es. El jersey de Zelgadiss era del mismo color y de la misma lana que lo es este jersey. -&lt;br /&gt;No necesité saber más, dirigí mi rostro a donde me figuré estaba la grosera vendedora, la cúal al caer en la cuenta de quien era yo, cambió completamente de actitud. Al hacerle la misma pregunta, nos contaría todo lo que sabía y no quisó decirle a Pandora. A su sencillo puestecillo llegó un individuo todo encapuchado y cubierto por oscuras ropas y larga capa con guantes y botas recias de cuero que le dió desinteresadamente esos ropajes. Ella los aceptó sin desconfiar de aquel individuo pensando más en las ganancias que podría obtener de ellos pues parecían de bastante buena calidad.&lt;br /&gt;-Eso es todo, su eminencia. -Concluyó y me pidió poder quedarse con las ropas. Yo se lo concedí, al fin y al cabo, no parecía esa clase de vendedores que sólo piensan en obtener más y más dinero sino una viuda que cargaba con una familia numerosa y el negocio de su difunto esposo como unico modo de dar a esa numerosa grupe de hijos alimento.&lt;br /&gt;-Por cierto, ¿viste a algún niño con aquel individuo? -Quisé saber antes de que nos alejasemos de su puesto. Ella negando con la cabeza me daría un claro y entristecido no al pensar que aquellas ropas pertenecían a un niño desaparecido. En uno de los restaurantes que encontramos en la plaza mientras esperabamos a que nuestros platos fueran servidos, Cliff comentaría lo siguiente:&lt;br /&gt;-Maldición, he intentado usar magía para encontrarlo pero nada, por más que me concentre, no logró ni siquiera atisbar el lugar en el que pueda estar. -&lt;br /&gt;-Eso, seguramente sea porque se encuentra en un lugar en el cúal se haya realizado un hechizo de protección. -Puntualice yo arrugando la frente, cada vez más y más desanimado.&lt;br /&gt;Ese razonamiento nos llevó a otro aún peor, Zelgadiss no se había perdido, se lo había llevado alguien, alguien que conocía y sabía utilizar la magía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Abrir los ojos y atisbar la figura de tres desconocidos a lo lejos, iluminados por la única luz que había en aquel antro procedente de lo que parecía una vela colocada sobre un platito no fue muy agradable. Al despegar los ojos de esos tres para echar un ojo a mi alrededor, todo lo que lograría ver sería a mis compañeros entre sombras colocados a mi alrededor, atados al igual que lo estaba yo por fuertes nudos, de esos que te dejan feas señales por lo fuerte que han sido realizados. Mientras ellos comían y charlaban sentados con los brazos apoyados sobre la larga y vasta mesa de madera, yo empezaba a comprender que había sido secuestrado, cosa que me produjó un miedo tán intenso que mis ojos se humedecieron listos para lanzar una serie de lagrimas dificilmente contenibles. Apoyando lentamente la cabeza sobre la oscura pared de piedras iniformes lloré en silencio temiendo lo que podrían hacerme.&lt;br /&gt;-¡Ey, creo que uno de los crios ya se ha despertado! -Exclamó uno de ellos, cuya voz no tenía nada que ver con la que pudiese tener un bandido, parecía más propia de un villano de cuento, de esos que son dibujados con apariencia ridícula en vez de aterradora.&lt;br /&gt;-Perfecto. -Le respondería el que parecía el jefe. Su voz era suave y elegante, tanto que me recordó a la de Rezo pero tenía algo que me dejó confuso, no parecía la de un hombre. -Entonces ve y tapale los ojos de inmediato. -Ordenaría a continuación.&lt;br /&gt;El tipo obedeció sin rechistar. Antes de levantarse y sacar lo que parecía un gran puñuelo de entre sus oscuras ropas cubrió su rostro de modo que no pudiese identificar sus rasgos faciales. Me quede mudo a medida que su figura se volvía más definida porque era un hombre de complexión corpulenta y fuerte como un arbol y bastante alto. Al notar sus dedos enguantados sujetar mi cara, me resistí alejandola con brusquedad, mi temor hacía la oscuridad volvió a mí con mayor fuerza.&lt;br /&gt;-¡Vaya, vaya con el mocoso! -Diría él ejerciendo mayor fuerza sobre la mano que me tenía sujeto el rostro mientras con la otra me iba enrollando el pañuelo sobre los ojos, muy a mi pesar. -¡Parece ser que va a ser uno de los problematicos! -&lt;br /&gt;-Mejor. Ya oiste sus preferencias. -Le replicó el jefe aún sentado desde la mesa y todos rieron.&lt;br /&gt;¿Sus preferencias? ¿Las preferencias de quién? Eso no me sonó nada bien. Lo que conseguí por preguntar fue un buen puñetazo por parte de aquel bruto. Su respuesta no fue muy original que digamos.&lt;br /&gt;-Ya lo sabrás a su debido momento -&lt;br /&gt;Dolorido y con un temor que no paraba de crecer me quedé quietecito escuchando conteniendo el aliento como iba cubriendo los ojos con más pañuelos a los otros niños. A todo aquel que llorase o hiciese preguntas, le daba un puñetazo que lo dejaba tán indefenso y dolorido como a mí sobre el suelo. Por sus voces, pude decir que más o menos eran de mi edad pero a juzgar por el olor que algunos despedían, muchos de ellos serían mendigos o chiquillos abandonados. El grupo de chiquillos iría aumentando a lo largo del viaje que nos vimos forzados a realizar. No sé como, ninguno llegamos a saberlo, pero consiguieron hacerse con una carreta, una de esas viejas carretas de maderas en las que los granjeros colocan la paja y la trasportan de un lado a otro. No pasabamos mucho tiempo en el mismo sitio, nosotros siempre estabamos agrupados dentro de la carreta bajo un grueso mantón que nos ocultaba como si fuesemos bartulos para el viaje en vez de niños asustados. Desde nuestro escondrijo lo único que podiamos hacer era rezar, rezar al buen Ceiphied para seguir vivos pues las raciones de comida que recibiamos eran tán precarias, un pan que sólo disfrutarían los más fuertes y un botijo no muy grande medio lleno de agua.&lt;br /&gt;-Incluso los presos comen mejor que nosotros. -Mascullaría uno de nosotros tán hambriento como furioso.&lt;br /&gt;El propio jefe al oirle soltar esas palabras lo sacó de la carreta tirandolo al sucio suelo del camino mientras el otro iba extendiendo de nuevo el mantón sobre nosotros poco a poco desembainando su larga y afilada espada dijo obligando al chico a abrir la boca para que sacara bien fuera la lengua:&lt;br /&gt;-Sólo por eso mereces morir de hambres crio desagradecido pero en vez de eso, te cortaré la lengua como escarmiento. -&lt;br /&gt;¡Eso fue lo que hizo al instante de acabar de hablar! Sus compañeros contemplaron como la fina espada traspasaba el grueso tejido del que se componía su lengua separando el trozo de ésta que estaba más asomado empapado en la sangre del chico,&lt;br /&gt;-¿Crees que a él le gustará que le hayas hecho eso? -Le preguntó el hombre con voz de villano patético pero con unos modos y un cuerpo muy apropiados para un bandido.&lt;br /&gt;-Puede que no pero no me importa, el simplemente nos pagó para que fueramos encontrando y trayendole mocosos. -Le respondió tirando a un lado el trozo de lengua y posteriormente embainando su espada de nuevo al acercarse a sus compañeros. -Además si a él ya no le interesa, siempre podremos venderselo a un hechicero para sus experimentos. -&lt;br /&gt;No eran vulgares bandidos, eran unos autenticos monstruos. Seguía pensando en un modo de escapar pero no me atrevía a poner en marcha las ideas que se me fueron ocurriendo, no quería llegar a cachitos a donde fuese que tuviesemos que llegar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Ya habrían pasado muchos días desde que Zelgadiss desapareciese pero yo no cedería hasta encontrarlo y tenerlo de nuevo a mí lado. Si era necesario, incluso, usaría metodos poco ortodoxos, ¿no dicen que la causa justifica el fin? Adentrandome en el bosque llegue hasta Dilgear y sus hombres. Dilgear como bien lo fuera Gerom o Erik era mi as bajo la manga. Un individuo difícil de describir pues era mitad bestia mitad troll. Un bandido encantador, con una actitud arrogante y desafiante pero astuto y con la suficiente inteligencia y fama entre los suyos para caminar por el lado del camino que suele estar más oculto. La verdad es que no se sorprendió mucho al verme sentado en uno de los bancos de piedra esperandole.&lt;br /&gt;-¿Qué quieres? -Preguntaría sin miramientos ni modales ni nada acercandose a mi cruzando sus peludos y musculosos brazos. Su voz era tán ronca y grave como la recordaba.&lt;br /&gt;-¿Que qué quiero? Creo que es bastante obvio. Usan tus influencias en el bajo mundo y traeme a la banda de desalmados que han secuestrado a Zelgadiss. -Le respondí poniendome a su nivel, es decir, tratandole con la misma arrogancia y poca sutileza con la que él me trataba.&lt;br /&gt;Dilgear debió de mirar a sus hombres haciendo alguna clase de mueca pues una serie de risas surgieron de la nada.&lt;br /&gt;-Buscar mocosos malcriados no formaba parte del trato, Monje rojo. -&lt;br /&gt;-¿Significa eso que no vas a aceptar este encargo? No creo que haga falta recordarte lo que pasará si no lo cumples. -&lt;br /&gt;Dilgear, que aún recordaba el acuerdo que hicimos largo tiempo atrás, gruñó como un animal pero agachando la cabeza como un perrito arrepentido, replicó:&lt;br /&gt;-Está bien, removeremos un poco la mierda pero según lo que vayamos sacando, quiero que nos des una buena recompensa. -&lt;br /&gt;Eso me pareció gracioso.&lt;br /&gt;-¿Cómo es posible que en lo único que pienses sea en dinero? Dilgear, ¿no te parece más grato la satisfacción que te producirá hacer algo bueno por una vez? -Bromeé.&lt;br /&gt;-Bueno, en realidad, pienso en muchas otras cosas. -Admitió Dilgear rascandose la cabeza. El rozar del cuero de sus guantes sobre su espeso pelaje hacía un ruidito divertido. Alce una ceja interesado. -Cosas como en follar, matar y beber. -&lt;br /&gt;El vitoreo y los silbidos que empezaron a echar sus hombres fue ensordecedor. ¿Pero qué se podía esperar de una gente como esa? Dilgear se pavoneó caminando hacía sus hombres con ambos brazos extendidos. En eso momento sentí un gran deseo de lanzarle un buena bola de fuego que le corrigiese esa parte de su caracter tán marcada. En vez de eso, tomé mi bacúlo de metal y con un golpe seco al suelo los silencié.&lt;br /&gt;-Eso ha sido bastante innecesario por tu parte Dilgear. Ahora ve y haced lo que te he comentado si no quieres acabar ahorcado en mitad del bosque. -&lt;br /&gt;Dilgear se pusó a ello acompañado por los pocos hombres que de verdad merecían la pena entre todos los que le seguían. El hombre pez, Nonsa, se molestó un poco al no ser escogido pero no dió replica alguna, sabía que nunca sería escogido para esa clase de misiones. A medida que sus pasos se acercaban a una de las estancias, pasos que sonaban como los que bien pudiese realizar un pato o alguien con los pies descalzos y mojados, se me ocurrió darle un proposito que sólo él podría hacer. Lo cúal lo animaría mucho porque se consideraría a si mismo valioso o especial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Algunos de los niños murieron, los de condición más debíl o de menor edad. Sus cuerpos eran quemados antes de que empezasen a corromperse dejando un olor a carne quemada insoportable que se expandía por el aire. Yo me esmeraba por recordar lo que Rezo me había ido enseñando o diciendo porque verdaderamente era gracias a sus palabras que iba sobrellevando ese infierno pero llegada la noche, la fria noche al raso, sólo cubierto por las ropas que no eran mis ropas y el grueso pero deshilachado mantón, me fortaleza se desvanecía y volvía a comportarme como lo que era, un chiquillo lejos, muy lejos de sus seres más queridos. En lo único que pensaba, lo cúal me animaba mucho a seguir adelante, era en que Rezo le daría su merecido a esa dama con corazón de hielo, frio y azul como sus ojos. Sí, fue una pequeña sorpresa pero en efecto era una mujer, el jefe, el más poderoso e implacable de los bandidos, era una mujer. ¡Encima, una mujer bellísima! No recuerdo su nombre pero si puedo definirla, sólo cuando se exhibía por los pueblos conmigo toda vestida como una buena sacerdotisa en vez de como un bandido, podías comprobar que poseía una figura esbelta y muy femenina, con senos de buen tamaño pero lo que más me fascinó de ella fueron sus largos y ondulantes cabellos de un rojo que no parecía natural pero que lo era cuando el sol posaba sobre ellos su luz. Diambulabamos por las poblaciones en busca de otros chiquillos, pues cuantos más capturasen, mayor sería el pago. Con los pies doloridos y entumecidos caminaba tomado de su mano sin poder quitar mis ojos de ella, que sonreía interpretando su papel a la perfección. Nada más divisarlos, nos dirigiamos hacía ellos y la función comenzaba.&lt;br /&gt;-¿Te has perdido? -Preguntaba ella con su suave voz arrugando la frente para que se dibujase en su rostro una expresión de ternura o compasión hacía el pequeño. Muchos asentían y ella les hacía esta vana promesa. -Ven con nosotros, juntos encontraremos a tu madre. Él también se ha perdido pero pronto encontrará a su madre. -Añadía cuando fijaban sus ojitos sobre mí. A otros al haber sido abandonados o sin familia a la que ser devueltos les proponía ir con ella porque ella les llevaría a un buen lugar. ¡Mentira!&lt;br /&gt;La cosa se complicó cuando llegó el momento de entregarnos a otro individuo. Uno cuya maestría con la espada y dotes de mando nos parecieron espectaculares, maravillosas, muy a respetar pero que había sido enviado por aquel que tanto interés tenía en nosotros y del cúal no conociamos ni el nombre. Por lo visto se había pactado que sería él quien nos llevaría hasta el castillo en el que residía ese señor tán misterioso. Apenas con un agíl y sonoro salto bajaría de su caballo. Todos contendriamos la respiración a medida que iba hacía nosotros y los bandidos mientras el hermoso caballo de negras crines como el carbón y un robusto cuerpo de un negro de tonalidad más intensa que sus crines, ensillado y listo para trotar con tán sólo un gesto de su dueño. Todos alzamos nuestras cabezas asombrados. En sus ojos no se podía encontrar otra cosa más que una ferrea lealtad y vigor pero si te fijas con mayor atención también había algo de tristeza. Unos ojos de un color azul oscuro como el mar en día de tormenta, reflejando un cielo que oscurece el agua en toda se extensión. Parandose, nos examinaría antes de escoger unos cuantos, los que él consideró apropiados para su señor. Al colocar sus ojos sobre mí con gesto pensativo diría lo que cambiaría las cosas.&lt;br /&gt;-Mmm este joven me recuerda mucho a alguien... Alguien importante... -&lt;br /&gt;Al retirar el largo mechón que caía ocultando parte del lado izquierdo de mi rostro con algunos dedos, la imagen de aquel hombre tán importante se hizo más evidente para él pues con una sonrisita lo haría saber tál que así:&lt;br /&gt;-Al eminente Monje Rojo... -&lt;br /&gt;A lo cúal los bandidos gritaron:&lt;br /&gt;-¡Imposible! -&lt;br /&gt;Y los tres se aproximaron a mí creandose así un circulo que me separó unos instante del resto de chiquillos. Cuando los tres se convencieron de que mi parecido fisíco con Rezo era más que notable, exigieron mayor cantidad de monedas de oro por mí.&lt;br /&gt;-¿Y sí fue por esto por lo que lo investigaron? -Soltó uno de los hombres. -Dicen que los sacerdotes no deben tener hijos... -&lt;br /&gt;-Lo dudo. -Le interrumpió ella. -En algunas ordenes si se les permite formar familia. De todos modos, sea o no sea su hijo, podríamos sacarle el doble de pasta si le hacemos creer eso. -Le explicaría a sus compañeros demostrando que era la única en usar la cabeza.&lt;br /&gt;El caballero se llevó a algunos chiquillos con él pero prometío regresar por mí trás comentarle a su señor la subida de precio con respecto a mí persona. Poco a poco fuí entendiendo lo que significaba ser familiar de Rezo, el eminente Monje rojo. De ese modo me convertí en la gallina de los huevos de oro, el chiquillo más preciado del disminuido grupo. Los tratos que recibiría a partir de ese momento, se irían suavizando pero seguiría siendo tratado como un becerro al que hay que vender. Ellos comenzarían a hablar mal de él o a sugerir cosas que no me gustarían y que para colmo, me enojarían mucho. Como si ella sí supiese como eran realmente, algo que me era inaudito porque ella no vivía con él. Lo que traería una oportunidad de huir que aproveché. Fue una noche en la que pudimos dormir bajo techo, en una pequeña aldea, muy pequeña, que debió de ser atacada por bandidos hacía muchos años porque no había ni un alma. Entrando en una de las pocas viviendas menos destruidas pues muchos bandidos tenían costumbre de ir incendiandolo todo a su paso, una vez robadas todas las pertenencias de los pobres aldeanos asesinados tomariamos nuestra misera cena sentados sobre el suelo, todos bien juntitos como un grupo de ovejas mientras ella y los otros cenaban a la mesa unos alimentos calientes que rezumaban un olor que llenaba toda la habitación que sólo nos ayudaba a que nuestras tripas gruñesen con mayor insistencia, retorciendonos en el suelo con las manos sobre el estomago. Los lloriqueos de algunos fastidiaban al bandido que nos ponía y que sólo a mí me quitaba de vez en cuando los pañuelos sobre los ojos, que dando un golpe a la cascada mesa de madera, nos gritó con la boca aún llena de carne a medio masticar:&lt;br /&gt;-¡Dejad de lloriquear como bebes y dormios de una jodida vez! ¡Así no hay quién coma tranquilo! -&lt;br /&gt;Pero lo único que consiguió fue que los lloriqueos se tornaran en llantos más agudos e incontrolables. Golpeando la mesa de nuevo con el puño apretado lanzó otro grito trás dar un largo trago a su petaca forrada de piel, llena de alcohol machaca pancreas, poniendose en pie:&lt;br /&gt;-¡Cerrad el jodido pico o iré y os lo cerraré yo mismo! -&lt;br /&gt;-¡Y pensar que me dijeron que querías tener familia! Ya se ve lo buen padre que eres. -Se mofaría la señorita pelirroja esbozando una sonrisa maliciosa sentada a su lado con una pierna sobre la otra mientras sostenía en una mano una taza de té resquebrajada por algunas partes. Su compañero se quedó de pie durante un momento bastante largo observandola antes de replicarle cualquier cosa. La luz de la luna a través de la única ventana que había a su derecha acentuaba sus bonitos rasgos dandole un aspecto casi irreal como de hada o ninfa del bosque. Muy serio, frunciendo el ceño, le respondería:&lt;br /&gt;-Pues no mentían. Cuando era joven me enamore de una dama tán hermosa y embrujadora como tú pero nunca pudimos casarnos, unas altas fiebres me la arrebataron y a los hijos que podriamos haber tenido. -&lt;br /&gt;A medida que lo fue contando su voz no me pareció tán ridícula o patética, se volvió ensombrecida y melancolica como debía de ser la voz de un verdadero villano.&lt;br /&gt;-Lo acabé mandando todo al diablo pues nunca encontré consuelo alguno en ningún templo ni en boca de ningún sabio o erudito. Haciendo los trabajos más sucios como este. -Finalizó.&lt;br /&gt;Su anécdota nos atrapó y sin que nos dieramos cuenta fuimos cayendo dormidos uno a uno excepto yo, que deseaba escucharles un rato más. Entonces le llegó el turno a ella de compartir algo durante aquel apacible momento que les había ido envolviendo.&lt;br /&gt;-¿Sabes? Mi padre siempre odia al Monje Rojo porque su abuelo se encargó de inculcarselo desde bien pequeño a golpes. Mi abuelo estaba muy enamorado de una joven muy hermosa que estuvo un tiempo en el mismo hospicio en el que él fue llevado trás una dura batalla... -&lt;br /&gt;Lo que estaba llegando a mis oidos no podía ser verdad, no podía creer que Rezo, que el hombre que me había cuidado y querido desde que tenía uso de razón, mi abuelo según Pandora, fuese esa clase de hombre. La clase de hombre que dejaría embarazada a una joven y no se responsabilizaría de ella ni el niño en común con ella. No pude controlar el grito de disgusto que salió de mi boca. Los tres bandidos miraría hacía donde yo estaba.&lt;br /&gt;-¡Eso que dices es mentira! -Fue lo que grité repetidas veces, cada vez, más enfurecido, negandome a creerla, aún siendo posible que fuese algo que si sucedió.&lt;br /&gt;-¿Eso crees? ¿Estás seguro pequeño? El amor suele nublar nuestras impresiones sobre una persona. -Fue lo que dijo ella levantandose de la vieja silla de madera en la que estaba sentada con voz desafiante pero tranquila.&lt;br /&gt;-¡Si! -Exclamé gritando más fuerte sin tener en cuenta a los otros chicos, que se despertaron por culpa de mis gritos sobresaltados y añadí. -¡Si que lo creo! ¡Son perversas mentiras porque tanto tu familia como tu odiais a Rezo! -&lt;br /&gt;Caminando hacía mí resonando sobre el suelo sus gruesas botas de cuero continuó soltando barbaridades sobre Rezo.&lt;br /&gt;-¡Cierto! Pero gracias a eso vimos lo que los demás no son capaces de ver. Creeme, pequeño, tú Rezo ha hecho muchas cosas buenas pero también ha hecho varias muy malas como la creación de quimeras. Seguramente las use para sus egoistas fines... -&lt;br /&gt;-¡Basta! ¡Deja de decir esas cosas! -Insistí cabreado y desesperado intentando ponerme en pie. Me costó un buen rato pero cuando lo conseguí habiendo concentrado mi creciente furia en algo que me permitiese hacerla callar, añadiría tres palabras cargadas de magía. -¡O tendré que hacerte callar! ¡Flechas de fuego! -&lt;br /&gt;El espacio que nos separaba se cargó de calor, un calor que adquiriría una forma muy extraña como una fina llama roja que iluminaría toda la vivienda pero con las manos atadas no pude dirigirla hacía ella y esa fina llamarada caería creando una pequeña fogata entre nosotros. Ya que estaba de pie, lo único que podía hacer e hice fue correr hacía la única salida en toda la casa.&lt;br /&gt;-¡Quiero a ese crio de vuelta inmediatamente! -La oí ordenar a los bandidos que iban con ella.&lt;br /&gt;Corriendo todo lo rapido que mis entumecidas piernas por culpa del largo viaje sentado de mala manera en la carreta me dejaban, sin mirar hacía atrás, rezando para no chocar contra nada o para no caerme de bruces a mitad del camino, sin rumbo fijo, iba hacía delante alejandome del par de zancadas que daban mis opresores no muy lejos de mí. Acariado por el viento que iba y venía entre los arboles con los brazos flexionados y las palmas de las manos muy juntas, maldecía mi suerte, con las manos atadas me sería difícil realizar los pocos hechizos que conocía como el de levitar. Mi cabeza se llenaba de mil pensamientos que se entrelazaban creando más pensamientos enrevesados. Rezo visitaba a mucha gente que vivía en hospicios y aunque se preocupaba más de atender a los enfermos, siempre tenía unas bonitas palabras de consuelo para jovenes madres o para prostitutas recien liberadas de esa denigrante profesión pero eso no quería significar que tuviese algo en común con ellas. Lo que aquella maquiavelica y hermosa bruja, porque cada vez estaba más convencido de que sólo una bruja podría decir esas cosas, había dicho era producto de su odio porque cuando la gente se llena de odio suelta cosas muy feas e hirientes de la persona a la que odian. Eso me explicó Rezo un día que me encontró llorando porque unos jovenes aldeanos se habían metido conmigo. En eso estaba pensando cuando de entre las sombras surgió aquel magnifico caballo negro, igual de negro que el mismísimo cielo, sólo acompañado por la azulada luz de la plateada luna y en él iba montado con grandeza, todo erguido, el caballero que me comparó con Rezo. El gritó que dí al caer al suelo de espaldas fue tremendo pero no fue nada en comparación con el sonido que surgió del caballo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-Traigo buenas y malas noticias. -Le susurraría al oido uno de los hombres en los que Dilgear más confiaba.&lt;br /&gt;-¿En serio?... Entiendo... ¡No jodas!... Bueno, buen trabajo de todos modos. -Iría exclamando el hombre bestia al ir recibiendo ambas noticias sentado frente a mí.&lt;br /&gt;Antes de que el hombre se marchase volviendo a sus asuntos, Dilgear le haría saber algo al oido. Cruzandome de brazos, dije:&lt;br /&gt;-Secretitos en reunión es de muy mala educación. Lo que tengais que hablar, que sea en voz alta. -&lt;br /&gt;Entonces los susurros cesaron. El bandido se aclararía la garganta y diría con voz bien clara y enfatica:&lt;br /&gt;-Tiene toda la razón, señor Rezo, al fin y al cabo, esto le concierne a Ud más que a nosotros. -&lt;br /&gt;-Será la costumbre. -Apostilló Dilgear con guasa y pasandole el brazo a su compañero le ordenaría contar lo que había descubierto de nuevo pero en voz alta.&lt;br /&gt;-Bien, dando una vuelta por ahi me he enterado de que hace poco han empezado a haber una serie de desapariciones de niños por la zona pero lo más curioso es que esos crios desaparecidos son bastante parecidos fisícamente y lo mejor de todo, los niños no han aparecido muertos por ninguna parte ni han sido exhibidos en el mercado negro. -&lt;br /&gt;-Eso no tiene sentido. -Pensé en voz alta aliviado pero todavía sintiendo bastante inquietud. -¿Qué clase de delincuente secuestraría entonces a un chiquillo sin intención de sacar dinero de él en el mercado negro? -&lt;br /&gt;-No debe de ser un bandido como la mayoria... -Suspiró Dilgear antes de adentrarse a la parte del campamento que usan como comedor y sala de reunión con el otro bandido detrás suyo. Habría que seguir investigando. Si algunos niños secuestrados tenían familia, los padres habrían hecho alguna mención a los guardias de la ciudad pensé. Una vez más, en el centro de la ciudad más cercana, acompañado por Cliff, ayudante y aprendiz cuyo nivel de lectura superaba al de los demás igualandose con el de Eris o con el de Crystal, cruzariamos la plaza para llegar hasta el cuartel de la guardia. Edificio no muy grande en el que no seriamos los unicos en mencionar las desapariciones. El general desde su mesa de lisa y barnizada madera de excelente calidad pondría orden golpeando la superficie de ésta varias veces, pidiendo a gritos, calma y paciencia.&lt;br /&gt;-¡Mis hombres hacen todo lo que esta en su mano por encontrar a sus hijos pero sin una pequeña pista lo tienen muy difícil! -&lt;br /&gt;En su voz quebrada de tanto gritar se podía percibir el cansancio y el esfuerzo que estaban poniendo en ello pero para ese grupo de padres no era suficiente, sin olvidar decir, que desde hacía poco, el grupo había crecido complicando el poder atender sus demandas. Cuando alzó la vista y dislumbró mis rojos ropajes, saldría de detrás de su mesa casi de un salto y apartando varias parejas, se plantó frente a mí y a Cliff.&lt;br /&gt;-¡Ceiphied ha escuchado mis suplicas! Ayudeme a tranquilizar a esta manada de padres enloquecidos y yo personalmente atenderé su problema. -Me rogaría. Según Cliff sólo le faltó ponerse de rodillas con las manos juntas. Me gustó como sonó su oferta pero tuve que rechazarla, colocando una mano sobre su hombro izquierdo cubierto al igual que el otro y el resto de su torso de un jersey de cuero sobre una cato de malla sólo apreciable bajo entre las mangas y los guantes que llevaba puestos, arrugando la frente le dije:&lt;br /&gt;-Agradezco mucho tu oferta pero lo que ahora importa es ayudar a estos desmoralizados padres. ¿Cuántos niños han desaparecido ya? -&lt;br /&gt;-Durante este mes creo que bastantes, unos diez, que hayamos tenido constancia. -Me contestó resoplando pasandose el dorso de la mano por la frente. El uniforme debía de ser bastante pesado pero no creo que fuese eso lo que le agobiase, estaba siendo una jornada dura para él y sus hombres. Saliendo a la entrada acompañado por Cliff y por el propio general, se me ocurrió hacerle esta pequeña mención:&lt;br /&gt;-¿De entre todos los bandidos que conoces procedentes de esta zona, cúantos suelen ir con ropajes oscuros? -&lt;br /&gt;El hombre no sabría que responder. Con gesto taciturno y pensativo regresaría hacía el interior del cuartel y al instante volvería con una respuesta que sería un gran paso para saber dónde o cómo llevar la busqueda nuevamente.&lt;br /&gt;-Según nuestros informes, ninguno pero el guardaespaldas del hermano de nuestro señor va muy de oscuro en un caballo más negro que la noche. -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;La señorita pelirroja usó varios hechizos de lo que parecía magía negra contra el caballero dejandoló tán desprotegido como asustado. La señorita pelirroja era tán buena como Pandora, me dejó con la boca y los ojos abiertos.&lt;br /&gt;-¡Antes de morir admite que eres un traidor y que no tenías intención alguna de llevar ante tu señor a los chiquillos! -Le recomendó sujetando su espada de nuevo con ambas manos apuntando al caballero, que había caido del caballo cuando éste salió trotando despavorido al segundo hechizo lanzado. Con el rostro ensangrentado por el golpe que le propinó el caballo antes de huir por el bosque, su clara piel se tiñó de un rojo que descendía por su frente hasta su cuello como un rio carmesí que no paraba de fluir, el caballero le sostendría la mirada y respondería:&lt;br /&gt;-¡Jamás! ¡Ya iba siendo hora de que alguien le detuviese! ¡Su propio hermano me mandó hacerme pasar por su guardaespaldas para vigilarle! -&lt;br /&gt;-¡¿Entonces le hiciste saber nuestra oferta a tu señor o no?! -Preguntaría antes de insertar su espada sobre el pecho del caballero de ropajes azul marino. Su espada brillaría roja como si estuviese poseída por un ente maligno y traspasaría las ropas e incluso la cota de malla quedandose clavada más allá de su piel, dañando mortalmente su corazón. De su boca iría saliendo un chorrillo de saliva que se volvería tán rojo como la sangre recorriendo y manchando su mentón y parte de su cuello. Lloré al verme alejado de él por uno de los rufianes que la seguian. El idiota, tán grande y fornido como un troll e igual de alto y feo porque el otro estaba herido.&lt;br /&gt;-Muchachos, llevemosle los crios que tenemos nosotros mismos y exijamosle un extra por nuestro pequeño hechicero. -Mandaría a los hombres guardando su espada, cuyo fulgor rojo menguaría dejando sólo el color de la sangre esparcida como prueba de su uso aquella mañana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Bastante lejos, en el siguiente tramo de bosque que se podía encontrar al salir de la ciudad, cerca de otra ciudad, fue encontrado el cuerpo sin vida del guardaespaldas del hermano del señor de la ciudad en la que acababamos de estar. La noticia creó gran conmoción pues se decía de él que siempre fue un fiel y noble caballero, de increible talento con la espada y uno de los mejores amigos de ese señor. Todos los murmullos y comentados eran para él. El general de la guardia sería quien nos confirmaría las habladurias. Lo que me sorprendería fue que decidiese venir en persona a transmitirmelo. Parnassus le guiaría hasta la mansión al verlo en mitad del bosque sobre su equino girando la cabeza hacía todas direcciones mientras se rascaba la cabeza con los ojos entrecerrados. Si Parnassus no tenía ninguna tarea pendiente o se había cansado de asumilar complejos conocimientos magicos solía pasear por el bosque acompañado tan sólo por su espada, objeto que parecía querer más que nada en el mundo pero que no se podía comparar con Pandora, su hermana, la única joven que le tenía loquito de tanto que la quería y lo poco que la entendía. Un arma de hoja gruesa y muy magullada que aún resistía con entereza los golpes de otras armas y mango elaborado con resistente piel de dragón, arma que perteneció a su padre y portaba con aprecio y arrojo. Al principio Parnassus se le quedaría mirando desde una distancia prudente pero al convencerse de que no era un mercenario, se aproximaría lentamente a él saliendo de entre los arboles en los que se había ocultado receloso. A medida que caminaría hacía él, la indumentaria del hombre confirmaría a Parnassus la identidad del desconocido.&lt;br /&gt;-¿Qué hace por aquí el general de la guardia del señor Blackwood? -Querría saber parandose a pocos pasos de él con las manos puestas sobre las caderas.&lt;br /&gt;-Pues me dirigía a la residencia de su eminencia el Monje Rojo... Pero me he perdido. -Respondería avergonzado el general mostrando una sonrisa forzada.&lt;br /&gt;Parnassus le dedicaría una mirada de desconfianza pero acabaría llevandole hasta la mansión. Sentado con los ojos inevitablemente cerrados imaginaba con una vaga sonrisa el paisaje que se podía ver desde la ventana, entornada para que al menos pudiese escuchar el canto de los pajaros aquella solitaria mañana hasta que Crystal cruzó el amplio salón y la cerró aunque antes espantó a los pajarillos que se habían posado sobre el alfeizer.&lt;br /&gt;-¿Por qué has hecho eso? -Pregunte al oir como el canto de los pajaros fue cambiado por el sonido de cristales entrechocaban al ser juntados seguidos del seco sonido que produjó el cerrojo cerrandose.&lt;br /&gt;-Es obvio. No pienso permitir que te pases todo el tiempo así y que se cuelen todas las alimañas del bosque. -&lt;br /&gt;-Sólo eran unos pajarillos... -Protesté incorporandome un poco, variando de postura en el sillón de madera bien pulida recubierto de suave piel. Ella siguió en pie mirandome como una madre que observa a su hijo con resignación pues suspirando añadió:&lt;br /&gt;-Además, Parnassus ha traido a alguien que preguntaba por Ud. -&lt;br /&gt;Una expresión de perplejidad aparecería en mi rostro.&lt;br /&gt;-¿Y crees qué es un individuo que merezca todo mi interés? -&lt;br /&gt;-¡Maestro Rezo! -Exclamó sin ser capaz de reprimir su fuerte caracter más. -¡Sea quien sea ha venido expresamente a verle! Lo minimo que debería hacer es encontrarse con él y agradecerle el haber venido, digo yo... -Me reprendería como una autentica madre.&lt;br /&gt;Si mis ojos hubiesen podido abrirse, los hubiese puesto en blanco antes de levantarme de mala gana. En mitad de la amplia entrada Parnassus y el general de la guardia esperaban mi llegada. Parnassus descruzaría sus brazos y con una educación que dejó admirado al general, me pidió poder retomar sus asuntos.&lt;br /&gt;-Maestro Rezo, si me lo permite, me gustaría ir a la ciudad. -&lt;br /&gt;-Te lo concedo pero regresa antes de medio dia o te quedarás sin comer. -Le recordé.&lt;br /&gt;-Entendido. No me retrasaré. -Asintió él y sus pasos se acallaron trás un portazo.&lt;br /&gt;Acomodado en una silla alta de madera me iría contando lo que uno de sus hombres le había comunicado por carta aquella misma noche, al encontrar una paloma aturdida bajo una ventana en su propia residencia. La pobre ululaba moviendo la cabecita y las alas con movimeintos rapidos y repetidos, en una de sus patas estaba enrollada la pequeña nota en la cúal con pocas palabras su hombre le hacía saber unos hechos perturbadores. El único sospecho que tenía había sido brutalmente asesinado y abandonado en mitad del siguiente bosque hermano de este en el que yo y mis aprendices viviamos.&lt;br /&gt;-¡Maldita sea! ¡Ahora seguimos igual que antes! -Se condenaba el general dandose golpes en la parte superior de la pierna derecha apretando los dientes. -¡¿Así cómo encontraremos a los niños?! -&lt;br /&gt;-Mi buen general, no desespere, si me lleva hasta él, le aseguro que los niños serán encontrados. -Le aseguré tranquilizandole y animandole a no abandonar o al menos, si lo hacía, que me dejase vía libre pues yo, yo, usaría todos los medios de los que disponía para encontrar a los niños, entre ellos, especialmente, a Zelgadiss. El general pestañearía y alzando la cabeza diría:&lt;br /&gt;-¿Ud cree? Pero, ¿qué hará con él? Ya está muerto... -&lt;br /&gt;-Si me lleva hasta él, ya lo verá. -Le contesté con una sonrisa que pretendía ser traviesa.&lt;br /&gt;El general ladearía su cabeza, seguramente arrugando la frente un tanto confuso pero emitiendo una leve risita aceptaría, pues bien era sabido en las aldeas cercanas y en la ciudad cúan prodigioso podía llegar a ser. Durante el viaje mis pensamientos eran para Zelgadiss, temía lo que aquel hombre pudiese confesar, ¿seguría mi niño con vida? A cada año que pasaba se volvía más contestón e inquieto, incapaz de guardar sus pensamientos y más activo de lo a veces me hubiese gustado. Un niñito la mar de revoltoso pero inteligente y muy imaginativo, muy apasionado en todo. Rogué al dios dragón Ceiphied que ese pequeño granuja siguiese vivo. Comimos y dormimos arropados por la naturaleza como bandidos pero era más asequible y rapido que entrar en las poblaciones en busca de hospedaje y alimentabamos al caballo del general con la hierba desigual que encontrabamos por algunas partes del camino. Llegamos exhaustos pero viajar siempre fatiga, sobretodo si vas a pie. Era ya atardecido cuando llegamos al lugar del crimen. Allí en mitad del bosque, rodeados por arboles de diversos tamaños erguidos de difentes modos, se podía sentir el silencio y los restos de un crimen acontecido días atrás pero el cadaver no estaba por ningún lado.&lt;br /&gt;-¿Aquí fue encontrado? -&lt;br /&gt;-Sí, a pocos pasos de una pequeña aldea abandonada. -Me confirmó el general sosteniendo la única fuente de luz que él poseía, un grueso palo cuya punta había sido incendiada a proposito. -Al parecer quienes le encontraron lo quitaron de ahí. -&lt;br /&gt;-No me cabe duda. Las bestias del bosque habrían dejado algunos restos. -Admitir al oir su hipótesis.&lt;br /&gt;Permanecí un buen rato en silencio. Tratando de pensar en qué hacer, hasta el momento el contacto con muertos que había practicado había sido en parte gracias al contacto con sus restos fisícos pero nunca, hasta ese momento, me había atrevido a realizar una conexión más compleja como aquella, tán sólo con la esencia o con un rastro de ese individuo tán limitado como su sangre seca. Entrar en el plano astral no era fácil pero no me parecía adecuado realizar necromancia rodeado de pueblerinos ignorantes y temerosos. Los necromantes no gozaban de muy buena fama y los más jovenes daban más problemas que soluciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Los muros que limitaban los terrenos y el castillo de aquel señor eran tán altos, gruesos y de un gris tán azulado que no parecían de piedra, parecían dos largos y enormes bloques de hielo. Me quedé un buen rato contemplandolos mientras ella, nuestra secuestradora hablaba con los guardias que custodiaban la única entrada, dos puertas enormes que debían de abrirse con alguna clase de mecanismo por detrás o mediante magía pues uno de los guardias al rato lanzó un atronador grito mirando hacía atrás y las puertas empezaron a abrirse lentamente permitiendonos el paso. Con agitar la mano un poco el bandido grandote y feo me cogió entre sus manos y alzandome sobre su hombro derecho echó a andar hacía donde los guardias y la señorita pelirroja estaban. El otro bandido también se pusó en marcha dando un fuerte tirón a la cuerda que agrupaba a los otros chicos, ya sólo eran cuatro. El terreno que rodeaba el castillo y en el cúal se podían observar desde lejos algunos grupos de viviendas eran preciosos, tán verdes y tupidos que parecía a la lejania unas largas alfombras separadas por algunas lineas de color marrón tirando a amarillento. Mucho bosque, toda esa zona al igual que la zona por la que vivía estaban rodeadas de bosques, al ir descendiendo la alfombra verde adquería esa forma. Muchos arboles por la derecha que estaban tán juntos que apenas había espacio y muchos arboles por la izquerda del camino. Eso iba viendo trás de mí mientras pataleaba inquieto y malhumorado sobre el pecho cubierto de un fuerte pelo del gigantón. Ahora, con los ojos descubiertos, podía comprobar que los unicos vestidos eran ella y el otro bandido, bueno, totalmente vestidos. Este tipo sólo llevaba unos pantalones de cuero rojo oscuro que le quedaban bastante estrechos y unas botas recubiertas de lana o algún tejido parecido. Sus muñecas estaban tapadas por unas muñequeras también de cuero. El camino era bastante largo, estaba a punto de quedarme dormido, vencido, abandonando la idea de volver a ver a Rezo y a sus ayudantes y aprendices cuando una voz, una dulce y melodiosa voz, que me resultaba vagamente familiar, me haría abrir los ojos y girar dolorosamente la cabeza todo lo que pude. Lo que logré ver fue la figura de un hombre todo vestido de rojo, un rojo de viva tonalidad y otro tipo también envuelto por mantos de rojo color pero ni la mitad de brillantes que los de aquel hombre. Mis ojos brillaron y una gran sonrisa se dibujó en mi cara. ¡Rezo me había encontrado! Tanto la señorita pelirroja como el bandido se quedarían atonitos ante él cuando se retiró la capucha dejando todo su rostro al descubierto. La sonrisa que tenía me pareció de las más bonitas que Rezo pudiese esbozar. En ella se atisbaba algo que me gustó, era como las sonrisas que te dedicaba antes de derrotarte jugando al ajedrez.&lt;br /&gt;-Podemos hacer esto por las buenas o por las muy buenas. -Les ofreció sin perder la sonrisa, con una calma total, extendiendo los brazos. -Escoged bien. -Se permitió el lujo de aconsejarles al instante siguiente.&lt;br /&gt;La señorita pelirroja dió un paso hacía delante con ojos brillantes de soberbia.&lt;br /&gt;-¿Y si no quiero escoger, qué harás, Monje Rojo? -Le retó llevandose las manos a la espada semioculta bajo su larga y oscura capa.&lt;br /&gt;-Entonces no tendré otra opción más que la de detenerte personalmente. -Le respondió Rezo con su calmada y amable voz, voz cargada de intenciones como si ya hubiese previsto que ella no iría a colaborar. Cuando volví a girar la cabeza, Rezo usaría su bacúlo plateado emitiendo un breve pero inolvidable tintineo de las anillas matalicas que estaban colocadas unas sobre otras. Sentí que mis ojos pesaban y que una sensación de modorra crecía en mí, pero yo no sería el único en sentirla, los otros chiquillos también caerían llevados por ese extraño pero placentero sueño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-Un hechizo de sueño. ¡Qué astuto! Pero no me ha afectado. -Me diría la hechicera y principal culpable de las desapariciones con voz burlona.&lt;br /&gt;-Es que ese hechizo no iba para tí ni para los tuyos. -Le informé sin perder una pizca de calma. -No me parecía muy correcto que los niños os viesen morir. Le prometí a alguien un poco de diversión. -Añadí girando un poco la cara hacía la derecha, dónde debía seguir Dilgear silenciosamente expectante y todo encapuchado.&lt;br /&gt;-¡Espera un momento! -Gritaría otro bandido con una voz muy particular. -¡Si eres el eminente Monje Rojo, el santo, no te atreverás a matarnos! -&lt;br /&gt;¡Ya estabamos! Me gustaba que la buena gente, la gente sencilla o la gente abandonada y desemparada del mundo me viese con tán buenos ojos pero que unos mercenarios que iban a alimentar los malsanos apetitos de un monstruo sólo porque les pagase una buena cantidad de monedas de oro utilizaran eso para salvar sus miserables vidas me hacía hervir la sangre en las venas pero suspirando, contuve la ira y tratando de ver algo bueno, aunque sólo fuese en él, les recorde mi oferta, la oferta que la hechicera no aceptaría.&lt;br /&gt;-Me agrada que pienses así de mi pero me temo que no habeis elegido correctamente. Claro que, si aceptais ser entregados a la guardia del señor Blackwood, el menor, sería la justicia la que decidiese que hacer con vosotros. -&lt;br /&gt;-¡Oh venga, menos chachara y más acción! ¡Tú sabes tán bien como yo que no se van a entregar por las buenas! -Soltaría Dilgear deshaciendose del mantón rojo que lo cubría practicamente por entero, ocultando hasta el momento también su rostro de bestía parda.&lt;br /&gt;-Tranquilo, tu muerte será la más indolora. -Le prometí aunque empece a pensar que aquel hombre habría tenido algo de bondad mucho tiempo atrás. Quizás por eso, sólo por eso, le prometí una muerte rapida y limpia.&lt;br /&gt;Dilgear iría desembainando su arma pasando su larga lengua de animal por sus dientes deseoso cada vez más de darle uso. El sonido que surgía de esta al ir siendo mostrada era como un chillido suplicante hacía su amo de probar sangre humana. La hechicera lo tuvo claro también pues sacaría su espada sin más preambulos dispuesta a cortarme la cabeza en cuanto se quitase de en medio a Dilgear, cosa difícil, ya que era mitad troll. Dilgear caminó colocandose frente a ella diciendo:&lt;br /&gt;-¡No me lo puedo creer! ¡Con esta ya serán dos hermosas zorras pelirrojas las que mate! -&lt;br /&gt;Pero no había fastidio en su grave y cavernosa voz sino emoción.&lt;br /&gt;-¡Kassal entreguemonos, no podrás vencerle, no es como los humanos! -Le advirtiría el bandido dispuesto a enfrentarse a Dilgear para protegerla pero ella se negó enojada:&lt;br /&gt;-¡¿Crees que no lo sé?! ¡Pero no pienso entregarme, si he de morir, moriré enfrentandome al Monje Rojo! -&lt;br /&gt;A continuación realizaría un hechizo sobre la espada, reconocí de inmediato las palabras de poder que gritaría apuntando a Dilgear con la espada.&lt;br /&gt;-¡Astral Vine! -&lt;br /&gt;Era asombroso escucharles batir sus armas, las cuales aullaban ferozmente al chocar el hierro de sus hojas, una, dos, tres, varias veces y entre medias, unos comentarios de todo tipo iban y venían de sus bocas. Dilgear aprovechaba los momentos que la hechicera empleaba en realizar algún hechizo contra él para que los posibles pero finos cortes se fuesen cerrando esparcidos por sus brazos o su torso cubierto por una sencilla camisa adquerida a su cuerpo por un simple cinturón. La sangre proveniente de los cortes de ella caían al suelo como gotas de rocio sobre las hojas, realizando lineas dispares en el suelo. Con todos los hechizos neutralizados con un sólo golpe de mi bastón y perdiendo una cantidad seria de sangre, la hechicera no tenía muchas posibilidades de vencer. Eso era un hecho evidente para todos pero su orgullo le impedía rendirse, moriría peleando, como una auntentica fiera. Dilgear disfrutaba como un chiquillo del combate povoneandose y burlandose de ella, lo que acentuaba su odio hacía mí. En aquel momento vinó a mí algo de muy lejos, muy atrás en el tiempo, ¿y sí era la hija o la nieta o la bisnieta de alguien que me odiase o simplemente, de alguien a quien no complaciera debidamente? Antes de morir, daría una orden, una orden simple y desesperada, desgarradora para mí, que le daría la victoria al bandido que parecía apreciarla tanto y que le había suplicado rendirse.&lt;br /&gt;-Theron, si vas a rendirte y vas a entregar a los mocosos a sus padres, hazlo pero antes, mata al del Monje Rojo. -&lt;br /&gt;Y cayó poco a poco dejando que la espada se le escurriese entre los dedos, provocando un agudo sonido que perdió intensidad a la misma vez que su ama perdía la poca vida que le quedaba. Al pobre bandido le había dejado en una encrucijada, todos estaban pendientes de lo que haría.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Al abrir los ojos me encontraba en brazos de Rezo, el cúal se aferraba a mí con todas sus fuerzas, sentir de nuevo el suave y calido tejido de su tunica me reconfortó muchísimo. Aunque me sonreía, su frente estaba arrugada y las lagrimas no paraban de brotar de sus ojos, curiosamente, cerrados. Yo también sentí un algo que me humedecería los ojos emborronandome la visión y por mucho que traté de resistirme, acabé llorando en sus brazos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-No llores mi niño, ahora todo está bien, todo está bien. -Me repetió muchas veces aunque parecía que era más para calmarse él que para calmarme a mí, como si tratase de convencerse de ello, diciendolo como cuando dices un mantra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Secandome los ojos con los dedos asentí y con voz aún un poco temblorosa por tanto llorar después de alzar la mirada y descubrir que en aquel paraje sólo seguiamos él y yo, que ni los otros niños ni los bandidos estaban por allí, pregunté:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Rezo, ¿dónde están los demás niños? -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Los niños han sido llevados a la ciudad hace un buen rato. -Me haría saber recobrando la serenidad, con la calma y amabilidad usuales.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Entonces con expresión meditativa una asombrosa y maravillosa conclusión llegaría a mí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¡Eso significa que has logrado darles una buena lección a esos tres ! -Chillaría eúforico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;La confirmación que me daría Rezo sea vaga o poco aclaradora pero no me importó demasiado en aquel momento. Los malos habían sido derrotados y yo volvía a estar junto a Rezo. Era todo lo que necesitaba comprobar, Rezo lo sabía y por eso tán sólo dijo lo que yo necesitaba y quería escuchar. Cogiendome de la mano se iría poniendo en pie ya que estaba arrodillado como hacía para ponerse a mi altura. Rezo era un hombre realmente alto. El camino de vuelta a casa fue un poco largo por lo que tendriamos que pasar algunas noches en los pocos hostales o posadas que encontrasemos por el camino. Con un sentimiento de culpa creciendo en mi interior, a sabiendas de que Parnassus y especialmente Pandora serían duramente castigados por haberme dejado solo aquella mañana, con mi consiguiente desaparición, dirigiendo mis ojos hacía Rezo, el carismatico pero sosegado Monje rojo, le echaría valor, mucho valor y le contaría el inicio de ese lio. Suponía que parte del castigo sería no volver a salir con ellos y eso era muy doloroso para mí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Rezo, me gustaría contarte algo. -Comence temeroso, intentando que mi voz fuese clara y confiada sin que se estinguiese a mitad del relato. Él colocó sus codos sobre la mesa de fea madera sujetandose el mentón con el dorso de sus claras manos. No necesitó decir nada, yo advertí que iba a escucharme con toda su atención. -Lo sucedido esa mañana fue culpa mia, Pandora me dijo que la esperase donde estaba pero yo quisé ir con ella y entre tanta gente acabé perdiendome, luego esa bruja me engañó igual que engañaba a los otros niños. -Finalice respirando hondo pero ese sentimiento de culpa no se esfumó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Es muy hermoso por tu parte cargar con las culpas pero no va a servir de nada, tu eras su responsabilidad en esos momentos. -Respondió él con su calmada y agradable voz. -Sin embargo, si tanto te importa ese castigo, tu confesión puede hacer que sea suavizado. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Al oir sus últimas palabras levanté la cabeza de la mesa animado. Justo a tiempo para ver como la humeante y abundante comida pedida llegaba a nuestra mesa. Estaba tán hambriento que un fino hilillo de baba caía desde mis labios hasta mí mentón. Para mí aquello era un grandioso manjar. Rezo debió de figurarselo pues limpiandome esa babilla con su servilleta me comentó:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Pensé que esto te agradaría. Los niños secuestrados llegaron con un aspecto terrible, delgados y muy sucios. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Poniendome encima mi servilleta no tardaría en deborar ese manjar. Rezo tomaría un poco de vino rosado. De un color rojo tán bonito como el de su tunica. Las camas no eran gran cosa pero después de varios dias durmiendo en el frio y polvoriento suelo, me trajeron muy buenos recuerdos de lo que era el comfort. Como en cualquier habitación sólo podías encontrar una cama, Rezo y yo tuvimos que dormir en la misma cama. Fue un poco extraño pero me gustó. Las prendas que usaba para dormir eran gruesas pero con un tacto muy agradable, tupidas y suaves como el pelaje de un lobo y despedían un calorcillo apreciado. Crystal me contó una vez que cuando yo era muy pequeño, a veces dormía en la cama de Rezo junto a él. Me llamó poderosamente la atención la suavidad y fineza que poseían las manos de Rezo pues no parecían manos de hombre, con dedos tán alargados y tán claras. Las manos de un hombre son asperas y llenas de callos, con las venas muy marcadas. Y el olor que despedía tampoco parecía de un hechicero o de un hombre, oía a bosque. Se mantenía tán cerca de mí estrechandome contra su pecho con tanta intensidad, como si temiese que pudiese volver a desaparecer o a ser raptado de nuevo, que cuando no pudé aguantar más, grité a mitad de la noche:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-R-Rezo, ¡no puedo respirar! -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Él despertaría e iría soltandome pues con alivio sentiría como esa presión disminuiría.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Oh, perdón. -Se disculparía alejandose e incorporandose un poco. -No pretendía molestarte. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Y se dispondría a dar la vuelta dejando un frio espacio entre los dos. Yo, que me había encaprichado de esa sensación de unión, exclamaría:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¡No, no me molesta! Lo que pasa es que me agarrabas con tanta fuerza que casi me asfixió. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Rezo suspiraría y volvería a la posición anterior.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Verás, durante estos días me he dado cuenta de una cosa, una cosa en la que hacía tiempo que no pensaba, y en lo importante que es esa cosa... -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Le escuché hasta caer dormido, asentiendo sin comprenderle del todo. Sólo pude deducir que se referiría a mí o a eso de ser padre y la responsabilidad. A la mañana siguiente le haría aseguraría que siempre, siempre estaría a su lado, incluso cuando creciese y tuviese que hacer mi propio camino. Abandonando el último hostal, le preguntaría:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-¿Y cuando volvamos a la mansión ya no podré dormir más contigo en la misma cama? -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;-Por supuesto que no. -Sería su contestación y añadió. -Ya te mimo demasiado. -&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Yo reiría pero también protestaría todo el camino que nos quedaba. Por fin, en la mansión, tendría ocasión de relatar con todo lujo de detalles esa pequeña odisea a los aprendices y ayudantes de Rezo, de pie, en medio del salón. Crystal apreciaría más que ninguno la amplia sonrisa que surgió de los labios de Rezo. Rezo se sentía, con toda sinceridad, feliz y lleno de vida otra vez. Luego todo se volvería más complicado y oscuro para todos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;NOTA AL RESPECTO&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Para esta historia, bueno, el enfoque de la historia, me inspiré en algo que leí en un libro, que me encantó, que también transcurría en la edad media ^^ (Lo del secuestro y el lio de los señores)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-6920014067117349608?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/6920014067117349608/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=6920014067117349608' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/6920014067117349608'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/6920014067117349608'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/09/rojo-relativo-historia-11.html' title='ROJO RELATIVO Historia 11'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-2474930834163376279</id><published>2011-09-14T01:18:00.000-07:00</published><updated>2011-09-14T01:32:15.326-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Recomendaciones'/><title type='text'>Canción de hielo y fuego JUEGO DE TRONOS</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-3GLau9Hk63Q/TnBjekAyFyI/AAAAAAAACFo/eWvqNyWs9_0/s1600/juego-de-tronos-cancion-de-hielo-y-fuego-libro-primero_thumbnail.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 274px; DISPLAY: block; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5652126909064156962" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-3GLau9Hk63Q/TnBjekAyFyI/AAAAAAAACFo/eWvqNyWs9_0/s400/juego-de-tronos-cancion-de-hielo-y-fuego-libro-primero_thumbnail.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;El libro que voy a recomendar hoy o la serie de libros pues resultan que son muchos son los correspondientes a Canción de hielo y fuego. De la cúal, por ahora basada en el primer libro, ha surgido la serie tán esperada de Juego de tronos ^^ Escritos por un tal George R R Martín.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;SINOPSIS:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;La historia de Canción de hielo y fuego se sitúa en un mundo ficticio medieval, principalmente en un continente llamado Poniente pero también en un vasto continente oriental, conocido como Essos.[4] La mayor parte de los personajes son humanos pero a medida que la serie avanza aparecen otras razas. Hay tres líneas argumentales en la serie: la crónica de la guerra civil dinástica por el control de Poniente entre varias familias nobles; la creciente amenaza de los Otros, apenas contenida por un inmenso muro de hielo que protege el norte de Poniente; y el viaje de Daenerys Targaryen, la hija exiliada del rey que fue asesinado en otra guerra civil hace quince años, quien busca regresar a Poniente a reclamar sus derechos. Estas tres historias interactúan entre sí y son extremadamente co-dependientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La serie está narrada en tercera persona a través de los ojos de varios personajes. Para el final del cuarto tomo, ha habido veinticinco puntos de vista, incluyendo ocho personajes que sólo han aparecido una vez.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;OPINIÓN PERSONAL:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Pues, la verdad, hacía tiempo, desde que leí El señor de los anillos, que no encontraba ninguna historia en plan fantasia medieval que me pudiese gustar y por lo que llevo leído pinta bien aunque quizás los lios politicos entre los diferentes reinos o familias reales de cada zona me abrumen un poco pero en general, promete y eso de que cada capítulo sea contado en referente a un personaje me encanta ^^&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;MUY RECOMENDABLE&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-2474930834163376279?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/2474930834163376279/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=2474930834163376279' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/2474930834163376279'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/2474930834163376279'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/09/cancion-de-hielo-y-fuego-juego-de.html' title='Canción de hielo y fuego JUEGO DE TRONOS'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-3GLau9Hk63Q/TnBjekAyFyI/AAAAAAAACFo/eWvqNyWs9_0/s72-c/juego-de-tronos-cancion-de-hielo-y-fuego-libro-primero_thumbnail.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-8231954677143680753</id><published>2011-09-13T02:00:00.000-07:00</published><updated>2011-09-13T02:29:32.781-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Recomendaciones'/><title type='text'>CHRONICLE OF A CHIMERA por QP/Diana</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-ipLFfnjFGrE/Tm8egx_SUaI/AAAAAAAACFY/4gL3AviJ0AE/s1600/K_CoC.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 287px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651769605896688034" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-ipLFfnjFGrE/Tm8egx_SUaI/AAAAAAAACFY/4gL3AviJ0AE/s400/K_CoC.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;La recomendación de hoy es la de un FanFic que entre lo largo que es y lo bien escrito que está podría ser considerado un libro, el nombre de este FanFic tán bueno es Chronicles of a chimera y es obra de QP/Diana. Está en español (gracias a Ameban), en ingles y en el idioma de su creadora ^^&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;SINOPSIS:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Comienza desde el instante en que Zelgadiss, un joven que aspiraba a ser un gran espadachín, es convertido en quimera y va desarrollandose durante el tiempo que estuvo al servicio de Rezo, el Monje rojo, individuo que lo convertió en quimera y que es visto por medio mundo como un santo. Vendrían a ser varios tomos en los cuales hay varias historias pero creo que está sin acabar así que esto es todo lo que puedo resumir ^^' &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;OPINIÓN PERSONAL:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;Ameban tiene razón es asegurar que es uno de los mejores fanfictions que te puedes encontrar porque es cierto, los personajes y el entorno están muy conseguidos y los datos extra que va poniendo también me parecen una gran idea por su parte pues todo escritor de FanFics ha de hacerlo para aclarar cosillas. Además realizo una serie de dibujos, a mí parecer, muy chulos para cada bloque de historias. Me inspiró muchísimo, la verdad. Conque si os gusta Slayers y de entre sus personajes, vuestro favorito es Zell, este FanFic lo teneis que leer y disfrutar porque se lo merece ^^&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;MUY PERO QUE MUY RECOMENDABLE&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;PD Lo podeis leer aquí:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.fortunecity.es/ilustrado/inanimado/166/dianacom.htm"&gt;http://www.fortunecity.es/ilustrado/inanimado/166/dianacom.htm&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4595413119645638361-8231954677143680753?l=laaberintorojo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/feeds/8231954677143680753/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4595413119645638361&amp;postID=8231954677143680753' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/8231954677143680753'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4595413119645638361/posts/default/8231954677143680753'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laaberintorojo.blogspot.com/2011/09/chronicle-of-chimera-por-qpdiana.html' title='CHRONICLE OF A CHIMERA por QP/Diana'/><author><name>MARY</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11033848199924242430</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_bsFeYvYHWlQ/SaWboirX6zI/AAAAAAAAAkc/fmL1mbjui3s/S220/MARY.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-ipLFfnjFGrE/Tm8egx_SUaI/AAAAAAAACFY/4gL3AviJ0AE/s72-c/K_CoC.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4595413119645638361.post-4601500213642299463</id><published>2011-09-12T10:02:00.000-07:00</published><updated>2011-09-12T10:40:24.390-07:00</updated><title type='text'>ROJO RELATIVO Spin-Off</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):&lt;br /&gt;Christine y Erik son personajes originales de waterlillysquiggles y Miss Whoa Back Off&lt;br /&gt;Ferrissian DiCallium es personaje original de QP/Diana&lt;br /&gt;Los otros que vayan surgiendo en el FanFic son cosa mia, para enriquecerlo&lt;br /&gt;La historia se cuenta en primera persona, según Zelgadiss o según Rezo o según ambos aunque&lt;br /&gt;según otro personaje relevante&lt;br /&gt;Me gustan los espejos, antiguamente se creía que podían robarte el alma o que poseían cualidades magicas. Inspirada por el que salía en Harry Potter y la piedra filosofal se me ocurrió este Spin-Off&lt;br /&gt;Espero que os guste, Naga aparece también XD&lt;br /&gt;Otra cosita importante, en Rojo Relativo he tratado de mostrar a Rezo como un tipo enigmatico, de esos que te sorprenden, te enfadan y te fascinan, con un puntito muy canalla como el que se puede comprobar en Evolution -R. Aunque lo de que envidié a Zelgadiss se me ha ocurrido al recordar una cosa que comenta en el manga antes de desvanecerse en la luz. Lo demás son suposiciones mias con respecto a como fue forjandose su caracter... Me entristece pero muchas veces pienso en ello, en lo dura que sería la vida en la edad media para cualquier enfermo o chiquillo abandonado porque hoy en día lo es U_U&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FanFic Slayers&lt;br /&gt;Rojo Relativo - Spin-Off&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos años pasaron desde la última vez que me encontre con mi buen amigo Zelgadiss. Tantos que muchas cosas habían pasado a lo largo de ese tiempo, cosas realmente interesantes como la muerte ¿o fue un asesinato? del celebre Monje Rojo o poco después la destrucción de la antigua ciudad de Sairaag. Claro que lo que más me sorprendió fue que las gentes del pequeño reino de Teforasia se recuperasen de la terrible enfermedad que oprimió al reino. Acontecimientos asombrosos que fueron marcando la vida de mi buen amigo, finalmente libre pero aún con cuerpo de quimera. Yo, Perrian, el mejor ladrón de conocimientos del mundo entero, tampoco me he quedado de brazos cruzados, he realizado grandes viajes y he encontrando interesantes libros, sin olvidar mencionar, con desmedido orgullo, que ya sé leer. Claro que Zelgadiss sabe leer antiguos escritos que yo jamás lograré leer. Sin embargo hay una cosa que no ha cambiado en mi vida, sigo viviendo en la ciudad de Bamond, la ciudad famosa por sus mercados y sus peligrosos negocios en los barrios bajos. Pensé más de una vez en encontrar un lugar más adecuado pero pensando en mi buen Zelgadiss y en los buenos ratos que pasamos por la ciudad abandone la idea. Como guinda al pastel, diré que ahora soy yo quien manda, yo también he alcanzado la libertad, soy mi propio jefe aunque tenga que aguantar las suplicas de trabajo de la mayoria de bandidos de la zona. Zelgadiss me expusó sus vivencias y me describió con alegría a los que eran sus amigos, amigos que a pesar de los problemas que causaban eran de los que merecía la pena conocer, amigos que fue conociendo y con los que fue entablando mayor amistad desde que Rezo murió. Me dejó, sinceramente, atónito verle sonreir tanto, incluso soltar alguna sonora carcajada pero como viejo amigo suyo, todavía con vida, me encantaba comprobar que su animo había mejorado. Yo, sintiendome incapaz de superar sus anecdotas, tán sólo le haría saber lo que consideré más interesante.&lt;br /&gt;-Yo sigo viajando y consiguiendo libros o manuscritos de difícil obtención pero ya no lo hago obligado... -&lt;br /&gt;-¿Significa eso lo que creo que significa? -Preguntaría Zelgadiss con actitud suspicaz, interrumpiendome.&lt;br /&gt;-¡Sí, Zelgadiss, ahora soy yo quien manda! -Le confirme sin poder contener las ganas de decirselo sin más misterios.&lt;br /&gt;-¡Bien hecho! Crear tu propio negoción es lo mejor que podías hacer. -Exclamaría alzando su copa para chocarla con la mia dando un brindis triunfal. Tomé mi copa, que reposaba en el suelo y la alce haciendo chocar con la de Zelgadiss sonriente sin explicarle que en realidad había heredado el negocio de aquel hechicero a marchas forzadas.&lt;br /&gt;Trás dar un largo sorbo a nuestras copas, Zelgadiss se levanto del comodo sillón en el anteriormente se habría sentado mi maestro y echando un vistazo a las estanterias de cuidada madera que fui fabricando con gran esfuerzo, pasando sus dedos por los libros, varios de ellos restaurados por un servidor, Zelgadiss con sus ojos brillando maravillados, dijo:&lt;br /&gt;-Entonces sigues proporcionando valiosos libros... Yo también sigo buscando una cura para regresar a la normalidad. ¿Crees qué&lt;br /&gt;algún antiguo libro me daría la solución? -&lt;br /&gt;Me quedé callado observandole. Si había una respuesta, yo no podría darsela pero por muy doloroso que aún le resultase a Zelgadiss, Rezo podría. Rezo, el eminente Monje Rojo, uno de los cinco sabios más grandes del mundo. Como Zelgadiss se detuvo como esperando una respuesta por mi parte, suspirando respondí:&lt;br /&gt;-Puede que sí pero tampoco me hagas mucho caso. Muchos hechiceros piensan que es un mito. -&lt;br /&gt;Las alargadas y puntiagudas orejas de Zelgadiss se movieron levemente como hacen la de los gatos u otros animales, estaba muy atento a eso que intentaba contarle.&lt;br /&gt;-Dilo. Con la piedra filosofal pasaba lo mismo y al final la encontramos. -Me animó Zelgadiss con una voz que no parecía suya.&lt;br /&gt;-¿Has oido hablar de algún espejo magico últimamente? -&lt;br /&gt;Zelgadiss negaría la cabeza. Tal y cómo lo imaginaba, tuve que contarle todo lo que sabía sobre ese espejo. Espejo que nada tenía que ver con uno que crease otro gran sabio llamado Shazard Lugandi. Zelgadiss, apoyado un poco sobre el poco hueco de pared escucharía la información que tán libremente le dí sobre el espejo con gesto reflexivo.&lt;br /&gt;-Los rumores dicen que se encuentra en la laberintica ciudad de Solaria. No lo tendrás fácil. -Añadí advertiendole su futuro.&lt;br /&gt;-Eso no importa. Encontré el modo de desplazarme por la ciudad sin perderme. -Me diría él que cada vez estaba más y más dispuesto a arriesgarlo todo para encontrar el espejo. -Además cuento con un gran ladrón por amigo. -&lt;br /&gt;Eso no me gustó porque sonaba a que me vería obligado a acompañarle y a ayudarle. Empece a protestar:&lt;br /&gt;-Si crees que voy a ayudarte, vas muy equivocado... -&lt;br /&gt;Pero Zelgadiss insistía acercandose a mí de modo amenazante, sin dejar de sonreir. Al final, acabé cediendo. Zelgadiss podía llegar a ser muy convincente cuando se lo proponía. Aquella noche Zelgadiss pasaría la noche conmigo. Sentado frente a una gruesa bolsa de piel de color similar al de sus ropas, Zelgadiss se preparaba para el largo viaje que tendriamos que hacer. Quizás si eramos afortunados no estuviese muy lejos y usando el hechizo Ray Wing llegasemos en un pestañear de ojos. Zelgadiss examinaba cuidadosamente sus pertenencia a fin de llevar sólo las nec
