lunes, 18 de agosto de 2014

FanFic FFVI (ONESHOT) Succumb to Me

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Todos los personajes de FFVI son de creación exclusiva de Squaresoft (Square-Enix) y Yoshitaka Amano
Historia contada en primera persona (Desde el punto de vista de Celes) e_e
ONESHOT Un poco de KefuTina con algo más de KefkaxCeles (Lo sé, es raro pero también me gusta y la cosa surgió así en mi perversa cabeza)

FanFic FFVI

Succumb to me

-Vaya, vaya, si resulta que tenemos una invitada... -Exclamó Palazzo, con sus ojos fijos en mí antes de ponerse encima velozmente de Terra, quedando ésta boca arriba en la amplitud de la cama.

Finalmente había reparado en mí, ya no me quedaba otra que avanzar unos pasos como me solicitó levantando con teatralidad uno de sus brazos.

Con agilidad felina se apartó del yaciente cuerpo de Terra, apenas cubierto por unos largas tiras hasta las muñecas rojizas con estampados de flores de múltiples colores, lo que se asemejaba más a una pieza de ropa interior que a un vestido de igual tela y unas medias de pálido rosa. Sentándose a su lado, ambos me observaron largo rato sin decir palabra. Palazzo desde luego lucía una expresión a medio camino del fastidio y el entretenimiento. Reconozco que aquello me enojó el doble aunque tampoco podía esperar ni una pizca de culpa en su mirada.

-Oh señorita Chere, que placer para la vista contemplarla precisamente en mis dominios. -Comenzó a hablar con su lengua de reptil, escogiendo cada palabra con pérfido placer. -¿Significa esto que deseas unirte a nuestra pequeña fiesta? -

-¿QUÉ DEMONIOS INSINUAS? -Mi grito resonó por todo el dormitorio. Era asqueroso, la mera idea de pasárseme por la cabeza me producía arcadas.

-Lo que has oído, querida. -Me respondió tranquilamente, levantando una fina ceja, sugestivo. -Siempre apruebo la llegada de nuevos juguetes. -Agregó dedicando una fugaz mirada a Terra, inmóvil, incapaz de dar una franca opinión. Una efímera sonrisa se formó en el rostro de la cadete.

Intentando lidear con su oscuro e innecesario humor, retirándome algunos mechones de la cara, repliqué con una tensa sonrisa:

-Lamento desilusionarte pero eso nunca va a pasar, tengo demasiado buen gusto como para juntarme con un bufón amargado como tú. -

-Oohhh! -Entonces se lamentó ruidosamente haciéndome creer victoriosa por un momento mientras se dejaba caer como un hombre abatido por un disparo cubriéndose con su capa de intenso rojo, igual que el de las sabanas. -¡Qué palabras más feas para provenir de unos labios tan bonitos! -Dijo a pocos centímetros de mí, apareciendo de la nada instantes antes detomar mi rostro alarmado y basarme.

Me desarmó por completo. Cuando nuestros labios se separaron, caí al suelo gritando roja y asqueada.

-Mmm... Realmente una pena que no quieras ser mi muñeca, este bufón podría mostrarte tantos trucos... -Se relamió en voz alta apartándose con gracia cirquense unos pasos. Los pañuelos anudados nuevamente a su cintura a modo de cinturón parecían moverse libremente con cada movimiento que el arlequín ejecutaba, el color predominante era sin duda el amarillo, seguido por el naranja. Sobre ellos destacaban  figuras redondeadas azul marino a juego con su ancha e inflada manga izquierda.  -Quizás... Incluso podría ser capaz de derretir esa fachada tuya tan fría. -

No me gustó nada como sonaron sus últimas palabras pues me indicaban que una idea peligrosa acababa de hacer aparición en su oscura y caótica mente. Tragué saliva al comprobar como mi mal presentimiento se hacía realidad viéndole esbozar una extensa y maliciosa sonrisa con ojos por encima de sus manos entrelazadas.

-¡ANTES MUERTA! -Aullé temiendo su aproximación intentando ponerme de pie para encararlo, aún a pesar del temblor de mis piernas.

Sin embargo también era jefe de mi unidad por lo que también era mi superior y pasase lo que pasase la única que saldría perdiendo sería yo mi recordó una molesta vocecita en mi cabeza.  La rabia, el miedo y el odio podían ser potenciadores de mi magia pero él seguía siendo el más dotado en su uso. El primer lanzamiento surgió sin yo enterarme, la mano con la que quise ordenarle retroceder se iluminó y una corriente blanca y azulada surcó el espacio que nos distanciaba. Por un instante mi mano se enfrió como lo haría la otra, lista para lanzar otra centella azul pero fui dolorosamente detenida por las ardientes manos que me sujetaron súbitamente por detrás.

-¡Terra! -Exclamé y casi rompí a llorar al darme cuenta de que no iba a ser una pelea justa estando sobre su cabeza aquel maldito artefacto dorado.

-¿Ves? A ella no le parece tan mala idea. -Comentó él con una expresión burlona. -Ojalá pudieses parecerte más a ella. -Me pareció oírle suspirar después.

Le dediqué una mirada furibunda. La eterna y grotesca sonrisa de Palazzo no se esfumaba al sostenerme la mirada. Mi indignación no hacía más que aumentar la emoción al juego. Me resistí todo lo que me fue humanamente posible cuando sus dedos se deslizaron por mi cuerpo. ¡Lo juro! Torciéndome sobre la alfombra de grandes dimensiones con adornos dorados tejidos a mano me negaba a sucumbir a sus malas artes. Cerraba mis ojos y gritaba toda clase de improperios contra su despreciable persona sin servir de mucho. Él reía y reía, alabando mi perdida de control, sin detenerse, rompiendo ropa sí no atinaba a librarse de ella de otra manera menos directa. Más que besar como un caballero, lo que hizo sobre mí sensible piel descubierta fue arrastrar su lengua provocando fuertes chillidos de repulsión por mí parte. Sólo las pocas veces que era forzada a mirarle a los ojos, me daba la impresión de que lo hacía apropósito.

-No te enfades, querida, creo que estoy siendo bastante blando contigo. -Me decía al oído y se tomaba la libertad de basarme y debía de haber algo tan toxico como una droga en sus labios pues me quedaba sin aliento. Una vez recobrado, le fulminaba con la mirada. -Bueno, bueno, ya veo que aquí no te agradan, probemos más abajo. -Agregó pasando su lengua por su labio superior e inferior. El carmín ganó un sutil brillo gracias a la saliva.

No estuve del todo segura a lo que se refería hasta que noté como sus manos me separaban suavemente las piernas, tensándose mis muslos al incremento de la distancia entre ambas. El sudor que comenzó a segregar todo mi cuerpo era frio y me hacía temblar. Ya no era capaz ni de reconocerme, las reacciones de mi propio cuerpo me habían dejado sin palabras al colarse sin pudor esa misma lengua suya entre los cerrados pliegues que custodiaban los conocidos como labios menores para lamer mi interior. Podía creer que ahí dentro pudiesen hacerse tales cosas. Mucho menos que un fuerte cosquilleo y unas ganas de hacer pis le prosiguieran. Quise cruzar mis piernas pero sus manos lo ponían seriamente difícil. Jadeé tras largo intento y para mi sorpresa y vergüenza Palazzo también jadeó varias veces. Enrojecí más allá del limite. ¡Aquello no podía estar pasándome a mí! Terminado el tormento creo que me lo hice encima pues una cálida sustancia empapó parte de mis nalgas y los muslos. También algo pringoso.

-¿Mejor? -Me preguntó y apretando los dientes no halle manera de responder. Jamás me había sentido así antes. -Ahora sería bueno si fuésemos ambos los que se sintiesen bien. ¿Mm? -Sugirió. Frunciendo el ceño negué lentamente. -¡Oh vamos! Ahora me toca sentirme bien dentro de ti. Me lo merezco. -Protestó como un mocoso malcriado viéndose privado de su postre favorito.

-¿Dentro de mí? -Repetí sopesando sus palabras antes de gritar. -¡NO! ¡ME QUEDARÍA EN CINTA! -Eso ya sería el colmo del horror. Resultó ser más listillo de lo que parecía o a los demás oficiales les gustaba pensar que era pues soltando otra escalofriante carcajada, me replicó:

-¿Quién ha dicho que voy a meterme por la puerta principal? La trasera es mucho mejor. -

Ayudado por Terra me volteó ignorando mis chillidos, insultos y desesperadas negativas. Fue lo más humillante y doloroso que he aguantado en la vida. Con mi cara contra el suelo y los brazos inmovilizados, no encontraba ya modo de combatir, además estaba exhausta. Muchas lagrimas afloraron y desgarradores gritos al sentir con abrupta claridad su intromisión la primera vez ya que entraba y salía a su antojo hasta que su vulgar deseo no quedó satisfecho. A cada embestida, todo mi torso se desplazaba con violencia contra el suelo, mis endurecidos pezones se irritaron. Sobre mí le oí juntar sus labios con los de Terra, eso me enfurecía, con toda libertad. Ya no me quedaba duda de que Terra había padecido esto o cosas peores por tiempo indefinido. Desde quedaba clara una cosa, yo se lo hacía pasar bien pero su verdadero interés seguía recayendo en ella. Su dulce y obediente muñeca porque apartándose de mí dejando escapar un último alarido de gozo me ignoraría por completo. Desde mi posición, girándome un poco vi como algunas gotas blancas habían caído por la alfombra y cerrando los ojos por última vez traté de no darle un sentido a lo que cubría la piel rosada al rededor de mi ano, palpitante. Ladeando un poco la cabeza, dirigiendo sus ojos hacía Terra, que había aflojado sus dedos sobre mis muñecas, con voz melosa anunció:

-Terra, mi pequeña brujita, no creas que me he olvidado de ti, terminemos lo que andábamos haciendo. -

Aquí tenéis otra historia corta protagonizada por Kefka Palazzo, Terra y Celes, todos fascinantes personajes del FFVI. Espero que al igual que la primera erótico-festiva que escribí os guste n_nU Es algo menos sado en el sentido de que Kefka no usa ningún tipo de herramienta para someter a Celes, la única con posibilidades de negarse a formar parte del juego pero precisamente por eso y porque yo no concibo entre ellos una buena relación me pareció retorcido e interesante que Kefka quisiera usar otros métodos con ella. (Creo que no hay nada peor que la persona que más odias haga ese tipo de cosas contigo) Otra vez siento que quizás no haya mostrado del todo bien a los personajes pero aquí Celes y Terra son unos años más jóvenes y con respecto a Kefka, él es muy sádico, disfruta infligiendo dolor pero humillar y ver a Celes tan fuera de sí puede ser otro buen entretenimiento... Algo infantil porque Kefka también es representado como muy infantil y de humor variable. 

MARYXULA





domingo, 25 de mayo de 2014

25 de Mayo FELICIDADES MADRE *u*

Esto va para la persona más maravillosa del mundo, mi madre:

Este día especial quería recordarte una vez más que sin nada sería igual, ni yo ni ninguno estaríamos a tu lado, a pesar de las exigencias y las peticiones o los sacrificios obrados a lo largo de los años. Celebra con gozo este día que demuestra que un año más has estado a nuestro lado y te lo mereces todo. 

Aunque más de una vez hemos diferido y nos hemos distanciado en opiniones y acciones, tú siempre has estado ahí aún sin poseer las palabras o las maneras más adecuadas para un consuelo, tu atención y preocupación siempre a la mía se sumó. Y si eso no te hace merecedora de mi amor ¿qué lo puede hacer? Por que la vida es lucha y luchar juntas es mejor que por separado, porque juntas nos reímos del dolor y el cansancio y porque la una sin la otra se siente incompleta, extraña como atontada. 

Los demás lo saben y lo pueden ver pero sus alas ya abrieron y sus caminos siguieron, no sin tener siempre en mente donde está su hogar y es que ese hogar está en ti, estés donde estés, la casa se llena de tu esencia, las voces que resuenan muchas veces serán mías pero en nuestras cabezas son tuyas y es que cuando hay tanto amor, ese amor viaja con cada uno. Tú eres el pilar base de esta gran construcción, la reina de este revoltoso ajedrez, la señora del sillón que maneja y desmaneja y a todos nos dirige con una sonrisa y paso firme. 

¿Qué más decirte? Cuando esto te lo digo cada día, en cada momento de intimidad, con amigos o solas, la luz que nunca llega a apagarse del todo, el galope del caballo que aún aviejado sigue resonando fuerte. Día a día, acción tras acción, errando o no, quiero que sepas que de mayor quiero ser como tú. Eso lo resume todo ¿no? Porque hay mucha gente a la apreciar o admirar pero como una madre ninguna y tú eres la mía y doy gracias a Dios por tenerte aquí cada año que yo llevo de vida. ¡Disfruta, disfruta de un año más de sueños y promesas que eso es la vida aunque nuestros pies no se separen de la calzada!

martes, 6 de mayo de 2014

KEFKA PALAZZO


Kefka Palazzo es el antagonista y el jefe final de Final Fantasy VI. Es el primer soldado Magitek según se conoce en la historia, que sirve como mago de la corte del Emperador Gestahl y se limita a cumplir sus órdenes al principio del juego, pero "a sus espaldas", ataca varias ciudades y se hace con el poder de varios Espers. Finalmente, Kefka derroca a Gestahl y consigue el poder de la Tríade Marcial, convirtiéndose en el dios de la magia.
Mientras que los anteriores antagonistas de Final Fantasy aparecían como personas despiadadas, frías y calculadoras, Kefka es maníaco y destructivo. Es, junto con Sephiroth, el villano más reconocido de la saga, y destaca por sus peculiares frases, el enfrentamiento final contra su forma de ángel (que más tarde se convertiría en un clásico más de la saga) y su odio hacia la vida y la existencia. Pero, sin duda, el rasgo más distintivo de Kefka es su risa, que se repite varias veces a lo largo del juego. Su extraña personalidad sería provocada por el descontrol que trajo la experimentación de Magicita en él.

Apariencia y personalidad

Kefka viste como un arlequín. En sus artworks originales y en Dissidia Final Fantasy, Kefka viste con un revoltijo de tejidos de distintos colores, destacando el rojo y el amarillo. Lleva un volante a rayas rojas y blancas, y una capa roja por fuera, y amarilla por dentro. En su sprite de Final Fantasy VI aparece con ropas verdes. Tiene maquillaje rojo alrededor de los ojos y la boca, y el resto de la cara cubierta de maquillaje blanco. Sus manos también aparecen del mismo color blanco. Tiene el pelo rubio, recogido en una coleta y adornado con una ostentosa pluma. En su forma de "dios", Kefka tiene forma de ángel demoníaco, con la piel violeta y un manto rojo. Sus brazos y piernas tienen más musculatura que su forma humana, y tiene seis alas: cuatro de ángel y dos de murciélago. En esta forma, el único rasgo que Kefka comparte con su forma humana es su pelo, aún recogido en una coleta y adornado con la pluma. En cuanto a carácter, Kefka es maníaco, malhumorado, extravagante y despiadado. Está completamente demente, puesto que no muestra ningún respeto por la vida de las personas; de hecho, se divierte causando sufrimiento. Siente un profundo odio hacia toda forma de vida, y su único objetivo es causar muertes y caos allá por donde pasa. Lo que empieza como un simple desagrado hacia la vida humana se convierte más adelante en nihilismo, y al final del juego, Kefka justifica que la vida carece de sentido, y no entiende cómo el amor y la esperanza puedan hacer felices a los demás, y trata de destruír toda vida existente. Sin embargo, en Dissidia se da un origen distinto al nihilismo de Kefka. Tras ser derrotado en Impulso Sombrío, Kefka dice lo inútil que es la vida, tal y como hace en Final Fantasy VI, y se desvanece. Tras esto, Terra piensa que Kefka destruía para intentar reconfortar su corazón, lo que supondría que su odio hacia la vida tuviera origen en un lado más triste de su personalidad.

Opinión personal 

 Mi gusto por este personaje a diferencia de la atracción o fascinación hacía otros villanos dentro de la saga de Final Fantasy no puede ser más curiosa teniendo en cuenta que yo no pude gozar de la experiencia de jugar esta entrega ya que su año de lanzamiento y circulación yo era muy pequeña pero sí hace pocos años gracias a un artbook de su diseñador Yoshitaka Amano lo vi y siempre me pareció un personaje que debía de tener una historia genial, digna de su diseño. Pasó el tiempo y me gustaba mucho pero seguía sin conocer ni su historia ni su personalidad ni nada, para mí era un misterioso y magnifico arlequín hasta que gracias a un poco de investigación de otro villano cuya historia y manera de ser recuerdo bastante bien pues proviene de uno de mis Final Fantasys favoritos pero sentía que necesitaba profundizar más, vi su ilustración junto a un pequeño resumen de su razón de ser. Resultaba que era, de algún modo, como Joker, el famoso Joker de Batman, pero en un mundo con un carácter más militar... Ahora veo la introducción al juego de Final Fantasy Dissidia con otros ojos e_e 

Finalizo confesando que es de los pocos personajes que me gustan hasta limites insospechados y de los cuales me pasé bastante tiempo sin saber nada de él, sólo mirando su imagen e imaginando quien podría ser n_n

domingo, 2 de marzo de 2014

FanFic Final Fantasy VI MY BABY DOLL

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Los personajes de Final Fantasy VI no son creación mía, sino de Square-Enix y respectivos colaboradores
La idea surgió debido a tanto fanart que he visto de Kefka y Terra. De alguna manera retorcida e inexplicable puede darse la circunstancia de que él la quiera pero ya digo que de una manera muy muy inusual... (Multiplica tu rabia hasta cien, eso es cuando el cree que te quiere decía Morgan Freeman en una película e_e)
Narrada en tercera persona (como suele suceder cuando escribo historias cortas)
AVISO! Clasificado M Kefka x Terra

Why can’t you just love her?
Why be such a monster?
You bully from a distance
Your brain needs some assistance


FanFic Final Fantasy VI

My Baby Doll

No era justo.


De entre todos los juguetes que estaban a su alcance y en diversas ocasiones había usado a fin de entretenerse en ese aburrido y monocromático mundo en el que se movía desganado, ligeramente animado cuando un timbre sonaba en su cabeza indicándole que era hora de jugar, ella se convirtió en su favorito más rápidamente de lo que él mismo hubiese esperado.

Una figura de cuerpo delicado como el suyo, pálido y suave como la porcelana que encerraba dentro un potencial inimaginable. Además de poseer largos y ondulados cabellos  que caían con sutileza sobre sus pequeños hombros luminosos, tan luminosos como los hilos de oro que había distinguido entre molesto y divertido en mangas y cuellos de oficiales o otras importantes figuras a su alrededor o al rededor de Su emperador, él único juguete ciertamente relevante, el único juguete que utilizaba con mayor cuidado pero que podía importarle menos. Con dos grandes ojos de aturdidor azul púrpura siempre perdidos en algún lugar lejano al presente. Terra Branford, temida e incomprendida, la pequeña brujita del Imperio.

Ella era su muñeca, todos lo sabían, sólo él pudo ser tan listo para lograrlo, pero entonces ¿por qué no le dejaban jugar con ella tanto como quisiese? Él se tomó muchos dolores de cabeza y tiempo para que ella fuese su muñeca. Aprovechando como siempre los pretextos que salían por la boca de Su emperador, al menos el conjunto de palabras que atraían su interés pues oír a Su emperador era aburrido, aburrido...¡Aburrido! Pero no podía permitirse el lujo de exponer esa opinión en voz alta y se limitaba a poner la misma cara de idiota que todos a su alrededor. Algo que nunca se le había dado mal, fingir era fácil, era como ponerse una mascara invisible y darle consistencia a una serie de actos y palabras.

Fuese como fuese, se las ingeniaba para jugar con ella un poquito más de lo establecido. ¿Cómo? Tan sencillo como pronunciar su nombre en un tono más o menos imperativo concentrando gran parte de su poder en ser el único reinante de su castigada mente. La cinta metálica ajustada a su frente bajo algunos mechones rubios hacía el resto. Opresiva como un fino grillete de hierro pero menos gruesa, adaptable a su victima, era un sofisticado artificio de tortura para su poseedora pero en cambio para él no era más que un embellecedor complemento. Nada más invadir su tranquila mente la espeluznante voz del general todo pensamiento o muestra de voluntad se anulaba como si las corrientes que unían sus neuronas se rompiesen de golpe, chillona y cantarina como la de un niño a la par que masculina y según la circunstancia grave como la de cualquier hombre de su edad, la chica la conocía bien pues no había modo de deshacerse de ella, una vez dentro era lo único que resonaba en ese espacio vacío, guiándola como si de su conciencia se tratase...

XXX

Sus ojos color celeste se abrieron para ser alzados y así observar a la muchacha de estilizado cuerpo que se posicionaba a pocos metros de él sobre una amplia alfombra de agradable tacto y una composición delirante, cargada de intensos tonos amarillos y rojizos. Sus labios fuertemente apretados debido a la impaciencia se torcieron para reflejar una sonrisa de satisfacción. A pesar de los posibles daños en su cerebro de los que tanto le había advertido el doctor Cid, su muñequita de cabellos dorados y ojos azulados era joven y más resistente de lo que ese carcamal pensaba por lo que no le concedía igual importancia. Todo lo que es creado, tarde o temprano era destruido. Como cargado de vitalidad, se enderezó desde su asiento, un alargado sofá todo forrado en gruesa tela de color verdoso y revestido por varios mantos de fina seda multicolores reflejando la extravagancia y curioso buen gusto de su amo, uno de los pocos afortunados en poder decorar su dormitorio y despacho con semejante recargo mientras extendía sus brazos a ambas direcciones con las manos abiertas como para recibirla. Sobre su alda descansaba un instrumento de uso más apropiado para chocobos revoltosos que para una dama. Un instrumento cuyas funciones Terra conocía mejor de lo que le hubiese gustado. Un objeto parecido a un látigo pero más delgado con pequeñas tiras de recia tela. La joven retrocedió un paso, lo suficientemente consciente de las intenciones de su superior.

-Mi pequeña brujita, eso no es muy educado por tu parte. -Le reprendió el hombre ataviado por ropas más acordes con las de un bufón real que con las de un soldado negando con la cabeza frenéticamente mientras bajaba sus brazos. Terra le miró con la frente arrugada y sus rosados labios apretados. Aquel hombre le horrorizaba, le costaba incluso mirarle a los ojos. Dejando escapar una especie de carcajada que le provocó un estremecer desde el inicio de su columna hasta el final le quitó importancia retirándose algunos finos mechones dorados, él tampoco es que fuese una persona muy dada a los protocolos. -¡Da igual! ¿Sabes por qué? ¡Lo que quiero es oír tu dulce, dulce voz cantar al ritmo que yo marque! -

Había oído un gran surtido de voces elevarse hasta quebrarse hacía el cielo, un cielo oscurecido a causa de la ceniza y el humo que se cernía en terreno de combate pero no había ninguna tan hermosa como la de ella. Sus sollozos eran como cánticos, una bella oda o una aria dedicada expresamente para él. O al menos a él le gustaba considerarlo así. Puesto en pie, sosteniendo con firmeza su particular batuta de cuero, la siguiente serie de palabras se clavaron en la mente de la ya atemorizada muchacha como alfileres contra su piel al mismo tiempo que la corona de esclavitud se iluminaba.

-¡Quítate la ropa! -

Resistirse era un acto inútil, aparte de doloroso. En cuestión de minutos la muñeca complacería a su dueño ajena a todo, como un autómata de carne y hueso, pero capacidad reducida a actos básicos como mover sus dedos sobre la tela carmesí de su atuendo en busca de botones o cremallera que deslizar para mostrar su ya maltratado cuerpo, cuyas marcas sólo eran sutilmente apreciables por su espalda, bajo las doradas olas que era su melena rubia. contenida torpemente en un moño. Apenas emitían sonido las prendas al caer siendo apartadas por sus pies, única parte cubierta por sus botas de cuero marrón. Sólo dos cosas la sacarían de ese estado, retornándola a la desagradable y desfavorable realidad y ambas provocan en su piel desprotegida involuntarios colapsos. Contuvo el aliento al advertir el roce de las yemas de los largos dedos de Palazzo al reconocer y recrearse en anteriores toques de su fusta antes de infligir nuevos y más violentos toques. El hecho de dañar zonas ya dañadas, parecía complacerle mucho, de hecho, la carne aunque no en rojo vivo, parecía seguir recordando la sensación de profundo dolor como si fuese la primera vez.

Como el manso pero asustado cordero de camino al matadero entre los brazos de su amo, la muchacha cerró los ojos, ojos que empezaban a humedecerse lentamente, llenándose de ese brillo que sólo el terror cede. No entendía su función de muñeca y le resultaba difícil reflexionar siquiera en ello pues sus ojos se llenaban de lagrimas y todo su ser convulsionaba haciéndose un ovillo sobre el frío suelo de la celda. A veces deseaba no volver a abrir sus ojos, caer y no volver a levantarse pero si era capaz de reaccionar, se levantaría y una nueva serie de latigazos serían ejecutados. Era incansable. Levantando sus brazos y sujetándose una mano con la otra, girada para que su espalda pudiese ser sodomizada el juego dio comienzo sin previo aviso.

El chasquido fue alto y directo contra su piel de quebradiza seda, más hiriente de lo que creyó recordar, por lo que un aullido de dolor y pánico surgió rompiendo el silencio sólo roto por un nuevo chasquido. Terra sintió todo su cuerpo agitarse al instante de ese incremento de dolor percibido.

-¡No está mal! ¡No está mal! -Le oyó chillar como un chiquillo ilusionado y no supo si sonreír o llorar a moco tendido. Todos sus esfuerzos estaban puestos en no dejar caer una sola lagrima pero ambos sabían que tarde o temprano se iba a derrumbar. Y ahí residía, de alguna manera retorcida, la gracia del juego.

Se mantuvo como pudo en pie con las siguientes caricias de la fusta, retorciéndose por dentro, mordiéndose el labio inferior con el superior para al menos no gritar pues le avergonzaba tanto, mucho más que mostrarse desnuda. Su cuerpo ¿qué belleza podía exhibir? Todo golpeado, todo lacerado bajo los polvos blancos que lo ocultaban. Los latigazos cesaron pero el escozor permanecía como una recurrente llamada de atención. Era la sangre que se congregaba a tan delicada zona.

-¡Mírame! -Fue la extraña orden de su general. Su timbre de voz se había vuelto bruscamente varonil. La muchacha de cabellos de oro se volvió para encararlo, forzada por el ornamento metálico en su frente. En sus ojos carentes de luz se advertían lagrimas listas para salir. -Terra, pequeña, ¿Por qué ya no te oigo cantar? -Demandó saber y su voz volvió a cambiar de registro a la par que arrugaba su frente compungido.

Ella era incapaz de dar una respuesta cuando su mirada recobró viveza. Pestañeaba y abría la boca como queriendo hallar una defensa pero el miedo le atenazaba la garganta.

-¡Canta! -Bramó y valiéndose de su mano libre, la abofeteó con desmedida fuerza, recargando todo el peso de su debilitado cuerpo en el pie izquierdo, Terra logró no caer del todo. Cerró los ojos creyéndose capaz de aguantar una vez más pero fracasó y las lagrimas rodaron por su rostro ansiosas mientras respiraba costosamente por la nariz. Palazzo añadió emitiendo otra grotesca risotada. -Es fácil, si yo quiero que bailes, bailas al igual que si yo quiero que cantes, ¡Cantas! ¡Cantas! ¡Cantas para mí! -

Cada exclamación seguida de un buen manotazo. La muchacha asintió cuando él se detuvo, mirándola con una de sus delgadas cejas levantada. Su muñeca era muy bonita pero a veces también algo atontada. Respiró hondo posicionada otra vez de espaldas a él pero esa vez no cerró los ojos hasta que el cuero besó con brusquedad la palpitante piel, sin darle apenas tiempo a prepararse para los siguientes. Resultando increíblemente doloroso, incluso perdió el control de su esfinter pues algo liquido y cálido descendió empapando sus muslos, gotas doradas inesperadas. A su alarido se le agregaron varios chillidos de espanto e incontenible vergüenza. No hace falta decir que más lagrimas brotaban y brotaban sobre sus mejillas enrojecidas.

-Yo... Yo... -Dentro del estupor, Terra buscaba las palabras con las que componer una frase de disculpa, más para sí misma que para el provocador de eso. Si se giraba para encontrarse con los claros ojos de Palazzo, los vería chispeantes, distilar un fulgor producto del placer que se estaba afianzando.

Riendo como el demente que era, el general golpeó el suelo varias veces, exclamando presa de esa euforia que sólo era provocada al presenciar como su juego empezaba a darle lo que quería:
-¡Eso es! ¡Eso es! ¡Eso es lo que quiero! -

-Entonces... -Se valentonó ella, girándose sin haber recibido orden de ello con una mirada suplicante. -¿Significa esto que el juego ya ha terminado? -

-¡¿Qué?! -El hombre envestido por coloridas y dispares ropas mostró replicó frunciendo el ceño, algunos cabellos como hebras de oro habían vuelto a caer sobre su frente arrugada. -¿Quién ha dicho eso? ¡Yo desde luego no! -Farfulló con voz chillona. La mirada de la rubia joven se ensombreció a causa de la desilusión. -Sé que todavía puedes ofrecerme más y mejores cantos. -

Dolorida y mojada, obedeció una vez más. Al fin y al cabo, ¿cuál era su propósito? Era cualquier cosa excepto un ser humano. La tersa piel enrojecía bajo el influjo del instrumento más de castigo que de otra cosa, y nuevos chillidos, aullidos y sollozos se elevaban por toda la habitación como envolviéndole. La rabía se sumó a la desesperación y frustración cuando él comenzó a dedicarle toda clase de insultos. Qué si era una desagradecida, que sí era una idiota, toda clase de cosas salían como dardos venenosos de sus labios tenidos en fuerte carmín morado. No porque estuviese especialmente enfurecido con ella, ella se obligaba a repetirse eso una y otra vez como algún que otro oficial le decía apenado pero no lo suficientemente valiente como para entrometerse. En el amplio abanico de personas que uno podía encontrarse, él era del tipo que odiaba sin razón aparente a todo y a todos. Costaba, no sabía por qué pero costaba tanto quitarle importancia. Era por todos esos sentimientos y emociones que la abrumaban y Palazzo lo sabía, le sacaba bien partido. Era un buen titiritero, tiraba de sus cuerdas con maestría impecable.

A la siguiente caída, tardó en ponerse en pie, todo su cuerpo pesaba por lo que volvió a caer dramáticamente sentada sobre el suelo,  tanto cuerpo como mente estaban tan incapacitados para proseguir que cerrando sus ojos, Terra se dejó sumergir finalmente en la inconsciencia. Percibiendo lejana la patada en todo el centro de su marcada espalda, inerte, como si realmente estuviese muerta, su rostro tocó el suave terreno. Mordiéndose los labios mientras arrugaba su ancha frente, Palazzo no tuvo otra más que aceptar el final del juego. Al retirar tras apretar su pie bajo la larga bota de cuero blanco con ondulantes lineas negras al inicio esa parte de clara piel pareció colorearse de un hermoso rojo vino como si la estéril tierra del desierto bajo un atardecer fuese cubierta por rojiza agua reflejo del cielo que rodearía a un moribundo sol. La contemplaba embelesado, sobretodo teniendo presente que era mestiza, mitad humana y mitad Esper. Creía como tantos otros que los Esper al haber perdido su humanidad, albergarían otra clase de sangre. Quizás verde como también se creía que tenían los lagartos u otros animalejos asquerosos.

-Ohhh... Supongo que esto sí pone final a nuestro juego. -Masculló poniéndose en cuclillas con agilidad felina, reflexivo la observó como si realmente se plantease hacer algo para sacarla de su estado de inconsciencia pero emitiendo una media sonrisa, ciertamente cansado y con suficiente excitación en el cuerpo lo dejó pasar.

Colocando la mano libre sobre el bulto que aún se imponía bajo sus pantalones de delicada tela, se vio obligado a soltar todo esa concentración de placer por su cuenta como sucediese en otras ocasiones, como cualquier hombre hacía pero no comentaban en voz alta. Apretando sus dientes contra el solido material del mango de la fusta, con ambas manos se tocó arrodillado a pocos metros de ella, cerrando sus ojos, rememoraba cada lamento, cada sollozo, cada aullido lastimero de la muchacha y su miembro se retorcía también de jubilo entre sus pálidos dedos hasta emanar la pegajosa y blancuzca sustancia que caía como una fina babosa amorfa yendo a parar sobre la sangre creando en su perturbada mente la ilusión de ser tragada por ésta como un gusano blanco ahogándose en la inmensidad de un charco rojo. Su cuerpo sabía tan bien como él cuán divertido había sido el juego. Volvía a sentirse más o menos satisfecho.

XXX

De retorno a la realidad, la mano que la levantaba del suelo no parecía igual de cruel de lo que había sido momentos anteriores. Levantando sus cejas parecía querer apresurarla. ¿Se había quedado ahí todo el tiempo esperando a que regresase en sí? La sola idea la inquietaba.

La recia tela de su ropa parecía de lija al rozar su sensible piel. Ignorar esa desagradable sensación era todo lo que podía hacer. Formaba parte de todo aquello, el dolor ya fuese físico o emocional se convertía en un compañero de viaje al que había que aguantar, pocos soldados lo comprendían igual de bien que ella y justo por eso fracasaban. Paralizarse cuando tu deber era actuar era una de las peores cosas que podías hacer por lo que como si estuviese en mitad del campo de entrenamiento seguía adelante. Su función era ser usada ya fuese para matar o para otros oscuros propósitos, su razón de ser era ser un instrumento más.

Frente al gran y ovalado espejo que había encima de una coqueta mesa de madera con adornos dorados y superficie de algún caro material, dedicaba a su reflejo miradas de extrañeza o incomprensión pues no conseguía identificar a la joven que le imitaba, con rostro de muñeca, ojos grandes a pesar de su hinchazón y coloración rojiza, nariz pequeña y fina más unos labios bastante deseables a pesar de la sequedad. Tomada entre sus largos y firmes dedos, la veía ganar algo más de palidez gracias a los polvos que sólo una adinerada señorita podría permitirse, no ella, una presa del Imperio pero de alguna manera al verle arrugar la frente, sentía que quizás no fuese la única. 

La coacción no era necesaria pero le gustaba recalcarle las cosas que él consideraba de vital importancia porque vivían rodeados de individuos que no entendían ni se esforzaban en comprender como ellos dos comprendían la verdadera esencia de su existencia. Lejos, alejándose, retomando su lugar, si es que alguna vez había tenido uno, trataba de darle sentido a su sinsentido.

¿Alguna vez sería capaz de comprender el sentido de la vida? Probablemente no pero ¿sería capaz al menos de hallarle sentido a la suya más allá de la simplicidad de la destrucción y el odio que sólo él se esmeraba en hacerle creer como únicos principios validos? 

Cerraba los ojos tumbada en su oscura y desoladora celda y se fundía con el silencio y la oscuridad. 



























domingo, 23 de febrero de 2014

FanFic ONESHOT Final Fantasy VI

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Ninguno de los personajes de ningún Final Fantasy me pertenecen, son originales de Square-Enix

Historia blandita porque estoy dando mis primeros y arriesgados pasos con Final Fantasy como escritora de fics aunque yo creo que más o menos se puede captar algo de drama, además de comedia ligera XDU

Escrita en tercera persona 

Sinceramente espero que os guste porque así me iré animando e iré probando a escribir más, desarrollando más posibles tramas y profundizando más en los personajes participes X3
Sólo voy a decir que para el aspecto del personaje Leo Christope me baso en un fanart que me encantó llamado Die, die, die y que puede ser encontrado en el DA *u* Con respecto a Kefka Palazzo, que esté como una cabra no quiere decir que sea un idiota aunque a menudo te lleves esa impresión n_nU A mí me da la sensación de que es un tipo retorcido, que se regocija en hacerle a todo el mundo la vida imposible, que se vale de mil trucos para proseguir con sus propios propósitos como manipular al Emperador Gestahl y que posiblemente toda esa diplomacia, elegancia o distinción de la que se hace gala a su alrededor le importan un pito XD (¿Si le importase actuaría como actúa?) Y sobretodo que debe de ser muy difícil discutir con él, como pasa con algunos críos, de los insolentes y que se creen con derecho a hacer lo que les de la gana... Todo un reto de personaje n_nU (Más o menos es como sucede con Joker, al menos ese Joker que yo tanto amo.)

FanFic Final Fantasy VI
Desacuerdos desfavorables 

El aumento de sincronizados sollozos y agudos gritos provenientes de dos individuos fáciles de distinguir, incluso desde los alargados pasillos de esa zona del monumental castillo del Imperio, alertaban a uno de sus más respetados y honorables generales de que alguien se estaba extralimitando en sus funciones. Alguien, por desgracia, bien conocido por todos los habitantes de la gigantesca residencia imperial.

Apresurado, mucho antes de sus ojos pudiesen cruzarse con los azul celeste de su compañero al mando, su ceño ya estaba fuertemente fruncido. Por algún motivo aún más desquiciante que el mero esfuerzo en tratar con debido respeto a su camarada, éste, como consciente de la contenida irritación que le provocaba no cesaba en sacar lo peor de él con mayor frecuencia. "Respira hondo, Leo, respira hondo" Se repetía a sí mismo habiendo llegado a su destino mientras se pasaba una mano por su tensa tez. Lo que le esperaba, como en cada encuentro fortuito o forzoso con él, requería de toda su calma y diplomacia.

-¿Qué ocurre aquí? -Solicitó saber con voz tajante, propia de su rango, la misma que hacía brotar de su voz cuando se dirigía a un camarada de igual o menor rango entre las filas. Al instante una pequeña figura encogida y temblorosa lentamente levantó la cabeza al sentir que los incesantes e insoportables gritos de la otra figura habían cesado repentinamente. -General Palazzo, no pienso repetirlo otra vez, ¿a qué se debía todo ese escándalo? -Se vio obligado a agregar al no obtener respuesta.

La atención depositada en la pequeña de largos y ondulados cabellos rubios y finos como paja recién recogida fue rápidamente dirigida a su odioso camarada, el general Leo Christope. Atormentar a una niñita de frágil apariencia y mente quebradiza era divertido, pero mucho más divertido era tomarla con un hombre hecho y derecho, con burdos principios bien fundamentados y suficientemente entrenado para hacer cualquier cosa que su juramento de soldadito de plomo le dictase, a pesar de algún disgusto ocasional.

-Nada de nada... Uweheehehee... -Fueron las primeras palabras que se dignó a darle. Acompañadas de su ya famosa en todo el Imperio carcajada, principal indicativo de que la corriente de pensamientos que en su retorcida e inalcanzable mente algo malvado tomaba forma y dee una manera burlona se encogió de hombros fingiendo inocencia, quizás ante la mirada incrédula e insistente del soldado, caminaría sin alterarse hasta él y confesaría malicioso. -Bueno, es posible que algo, precisamente algo que tú deberías haber hecho en vez de yo. -

La rabia no tardó en hacer acto de presencia en el rostro del hasta el momento sereno general Leo y su replica no hizo más que asegurarlo. Por muy buen jugador de palabras que fuese Palazzo, él tampoco necesitaba gran dosis de tiempo para descubrir el significado oculto de cada una de las que el soldado de aspecto colorido y burlón como un arlequín dejaba salir. Más de una vez con un tono teatral y alguna que otra vez con una voz capaz de denotar verdadera sinceridad y odio.

-¡Maldita sea, Kefka! -Bramó, atemorizando a la ya bastante asustada y bonita niña cuyos ojos de un intenso azul púrpura se cerraron al mismo tiempo que sus pequeñas manos se posaban sobre su cabeza, temblando apoyada contra la pared de recia piedra. -¡Ya sabes que no debemos actuar más allá de las ordenes establecidas! -

-¿Ni siquiera si nuestra adorable cautiva intenta escapar? -Preguntó el alto pero no muy musculoso hombre maquillado y ataviado por llamativas ropas, pestañeando y ladeando levemente su cabeza mientras colocaba uno de sus largos y también pintados dedos contra su barbilla.

-¡Así es! -Le hizo saber asintiendo enérgico la cabeza, esa cabeza suya siempre perfectamente peinada y cuya parte centra era la que más cabellos dorados poseía pues en la de los lados el cabello siempre era cortado de modo gradual. -Y lo sabes igual de bien que yo. Nuestra máxima prioridad es que prosiga encerrada en esta torre hasta nueva orden. -Apostilló cruzando sus bien esculpidos brazos bajo la amplía chaqueta de oscuro verdor y ornamentos de oro.

Puesto que no había mayor desprecio que ese para mostrar su mínimo interés, el general Palazzo bostezó ruidosamente y entornando sus ojos dijo rascándose la cabeza con una sonrisa vaga y despectiva:
-Blah, blah, blah, ¿acaso es lo único que sabes hacer? Darme sermones como a uno de tus cadetes... ¡Y todo porque he sido yo y no tú quien ha pillado a esa mocosa tratando de escaparse! -

Por muy desconcertande que resultará, Leo Christope sabía que no podía tomar nada de lo dicho en serio, no tenía ni lógica ni razón de peso para ofenderse. Por lo que el general Leo no hizo otra cosa más que escuchar su melodramático monólogo con la esperanza de que se marchase tomando la decisión que solía tomar siempre. Informar de su desacuerdo al mismísimo Emperador Gestahl como un niño malcriado que acude a su padre a sabiendas de que tiene su favor. A veces Leo Christope no entendía como semejante individuo tenía tanta influencia sobre el mismo hombre que en más de una ocasión había alabado sus acciones y decisiones. Al principio esa treta no parecía más que otra tonta jugarreta del extravagante general, una serie de palabras que perdían fuerza con sólo consentir que sus actos prosiguiesen pero mucho había llovido desde ese entonces. Arrugando la frente y posicionando una mano enguantada a excepción de los dedos por un fino tejido amarillo, Kefka aparentando pesado dolor por la actitud de su compañero emitió las siguientes palabras:
-¿Sabes? Realmente no quería tener que hacer esto pero si no hay otra manera, me siento en el deber de informar a nuestro Emperador de este terrible incidente... ¡Uweheehehee! -

La carcajada final fue lo único que tornó la expresión de sorna del general Leo en otra bien diferente. Desde luego no era el mismo pavor que mostraba la carita de la pequeña pero se le aproximaba, era un sentimiento frío y desagradable, como si sus sentidos se disparasen en terreno aparentemente tranquilo pero hostil. 

Notando con satisfacción como ambos pares de ojos le seguían, Kefka Palazzo abandonó la desoladora habitación con una sonrisa de absoluta felicidad. El hormigueo que se extendía por su cuerpo haciéndole querer dar gritos, saltos y volteretas imposibles de ejecutar para un humano se incrementaba al pensar relamiéndose en el futuro de impuesta subordinación a la pequeña Terra y por muy desacuerdo que su compañero estuviese, no podría hacer nada para detener la colocación del artificio sobre la clara frente de la niña.  

viernes, 20 de diciembre de 2013

FanFic CROSSOVER: Moon´s Lover

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Los personajes de CLAMP son creaciones exclusivas de CLAMP
Los personajes de Kuroshitsuji que podáis encontrar tampoco son míos
Pero la historia, perversión y otros personajes que no identifiquéis sí son míos
Aviso: Cambié ligeramente el nombre de Clow de modo que se pudiesen distinguir sus dos personalidades por John (el más parecido que he encontrado) ya que aquí la historia está planteada así siendo el Mago Clow una especie de rol adoptado inconscientemente por el protagonista al igual que Yue sería otro rol, obligado, que la victima ha de tomar como bien podría ocurrir en la realización de una fantasía sexual e_e (Amo/sirviente, profesor/alumno, policia/delincuente...) 
ONESHOT Podría denominarse un ClowxYue 


"Él camina el sendero de la vida
Siguiendo la misma búsqueda, como un fantasma
Tonto amante, romance tonto, qué patético!
Desencanto constante, permanente"



FanFic Crossover
Welcome to Hell - CLAMP

Moon´s lover

Arrugó la frente mientras conseguía abrir sus ojos de pálido azul y a pesar de la borrosa imagen que éstos le concedían acertó al pensar que no estaba solo. Se incorporó y quedó sentado al igual que la figura que no le había quitado ojo en todo el tiempo de inconsciencia. Su respiración se agitó al ritmo que su corazón se aceleraba al notar como dos firmes manos le agarraban por los hombros cubiertos por su largo y sedoso cabello iluminado por la impasible y hermosa luna llena que se atisbaba grande sobre ellos, en las partes que faltaban del alto techo de piedra. Tragó saliva con dificultad al contacto de su piel fría y desnuda contra la cálida y suave seda, sus ojos se humedecieron y tuvo que apretar sus dientes para no desmoronarse, más de lo permitido. La voz que acompañaba al delicado sonido que emitían sus largos dedos al recorrer su largo cabello hasta el cuello no era desagradable ni amenazadora, sino todo lo contrario, calma y amable, melodiosa aunque insinuante y determinada contra su oreja.


-Tras muchas noches de espera, por fin volvemos a estar junto, mi jiāo yàn yuè. -Le hacía saber aquél que sin él comprender como se había convertido en su amo. Al cuál se entregaba en cuerpo y alma aquella noche de luna llena, incapaz de racionalizar, con una percepción de sí mismo limitada, no más allá de lo que su amo quisiese ver en él. -¿Me has extrañado? Yo nunca dejo de pensar en ti. -Agregaba, tan atrapado en la fantasía que le daba vida e impulsaba sus deseos más ocultos. Con ojos brillantes como dos zafiros fijos en él. 


-Sí, Amo Clow. -Confirmaba disimulando el temor en su voz, afeminada como la de un castrati en cada prosa cantada. Rápidamente y agachando la cabeza, apartó la mirada de su señor ya que nunca estaría a su nivel. Ni siquiera fuera de la fantasía en ese mundo dividido por clases y posibilidades. 


Un sonido de aprobación brotó de la boca del Mago, que tomando su rostro entre algunos dedos a fin de sostenerlo y elevarlo de nuevo, le besó. Primero un beso en su arrugada frente bajo un sin fin de mechones plateados para dar un sutil comienzo a los eventos siguientes o también a considerar ritual, todo con la principal intención de aplacar a su tímida Luna, amante huidiza pero atrayente guardiana de la noche, señora de las mareas y aliada poderosa. Finalizado ese acercamiento, el siguiente movimiento se tornó gradualmente más atrevido pero al Mago no le importaba ya que sabía bien que su amada Luna no le contrariaría, no, cuando dentro de la fantasía ambos sabían bien que sin él no era nada, su cuerpo se desvanecería y su esencia retornaría a la antigua esfera de blanco fulgor sobre la oscura bóveda celeste. Con el rubor coloreando sus claras mejillas, se dejaba hacer apenas emitiendo ruido de queja, se limitaba a cerrar sus bellos ojos sintiendo la presión de los labios de él debilitando la fuerza en el puño que mantenía contra el pecho de él hasta que jadeante volvía a abrirlos. Sólo era un largo fundir de labios hasta que las manos del Mago descendían por su cuerpo desprovisto de telas níveas. Bordeando el collar de pesado material que cubría parte de su pecho, reconociendo sin necesidad de mirarlas las gemas de diferentes tamaños pero idéntico color sobre la flexible tela central y sintiendo doble orgullo ante su simbolismo. 


-Me perteneces. Yo te dí esta existencia, mí jiāo yàn yuè. -Rememoraba ligeramente sofocado por la pasión que se liberaba en su interior, manifestándose en su esbelto cuerpo bajo los ropajes. Él asentía respirando costosamente y respondía con gran esfuerzo:

-Lo sé, Amo Clow. -El breve gruñido le indicó que no le bastaba una mera confirmación. -No soy nada sin Usted. -Exageraba su ficticia devoción.

Un agotador unir y desunir de labios y en algún que otro instante, una animada lengua que comprometía a su compañera hasta que los dedos que se pararon en cada pezón del muchacho, ya bastante endurecidos a causa del frío y el roce se aferraron a cada uno con la perversa intención de estrujarlos, surgiendo de ese sucio modo un deseado gemido, que duró todo lo que el Mago quiso pues el escozor no se mitigó hasta que sus dedos no se detuvieron. Tanto el color de los pezones como el de sus mejillas cobraron un color intenso nada más que el pícaro Mago retirase sus manos, se tomaba su tiempo en disfrutar de cualquier reacción de su amada Luna, cualquier pequeño acto le maravillaba proveniente de ella. Bien era cierto que él marcaba las pautas, que él dominaba a esa representación de la Luna pero siempre desde una admiración y deseo superior incluso a sí mismo.


-A-Amo Clow, yo... -Iba a disculparse totalmente lleno de pudor pero quedó silenciado por otro largo beso y le comunicó al oído con aliento abrasador:

-Quiero oírte gemir así y mucho más fuerte. -A lo que el muchacho sólo pudo tragar saliva mucho más abochornado ante el desafío que supondría complacer a su amo en eso, poca cosa teniendo en cuenta el aumento de exigencias. -Gime para mí, gime para tu amo. -Añadió en tono autoritario sin perder un ápice de sensualidad.

Dicho eso deslizó su lengua por el interior de su oreja previa bajada por su cuello de cisne imponiéndose nuevamente sobre él hasta no dejarle otra opción, que echar su espalda tan hacía atrás que quedó tumbado boca arriba, sintiendo por fin algo de cobijo en la amplía túnica de oscuro color y ornamentos dorados bordados a mano. Ya no tenía escapatoria, sucediese lo que sucediese, estaba plenamente expuesto y a disposición de los bajos instintos de su amo, encima suya. A cada beso y caricia que su cuerpo recibía se concentraba en dar buena seña de gusto lo mejor que podía, a veces más preciso que en otras pero en general con todo el remolino de sensaciones que se despertaban tal y como buscaba producir el Mago, más y más rendido a su propia y egoísta pasión, que no dejaba ni un tramo de piel por degustar quedando muy, muy poco para llegar a su parte favorita en el bello y estilizado cuerpo bajo el suyo. Aunque hizo lo imposible, el muchacho no pudo contener el hormigueo que se intensificaba al rededor de su ombligo, insistente gracias al repetido y húmedo paseo de la lengua del Mago, extasiado ante los agudos e incesantes aullidos de exaltación y desenfreno. Seguro de no recibir ningún golpe, perdonable, no paraba e iba más allá al introducir su ágil lengua en el interior del ombligo deleitándose en cada suplica sofocada por la doblemente agitada respiración. 


-Eso sí ha estado bien. -Anunció también jadeando un poco, mostrando una sonrisa de incontenible satisfacción e innegable triunfo. En sus ojos entornados se apreciaba un brillo fulminante, que nadie hubiese podido apagar. -Pero no es nada en comparación con lo que me gustaría hacerte ahora. -La mirada de desconcierto y pavor le obligaron a agregar con voz muy suave además de afectuosa mientras acariciaba su rostro de exquisitos rasgos, todo empapado en sudor frío. -Vamos, no te asustes, te haré sentir realmente bien, mi jiāo yàn yuè, sabes que jamás sería capaz de hacerte daño. -


A pesar de esa momentánea desconfianza consintió a su amo aquello que alguna parte dormida sospechaba no debía permitir pues era algo por lo que él mismo de hacer le originaría problemas. No comprendía bien la mayoria de cosas que el Mago compartía con él entre besos por mucho que siguiese las indicaciones a medida que sentía sus dedos tocar el lánguido trozo de carne que era su falo en ese momento. Dedos que descendían y ascendían marcando un ritmo lento pero constante y poco a poco desmedido conforme su respiración y sus pulsaciones variaban, en principio tenso ante la llegada de una nueva ola de emociones que de seguro le desbordarían nuevamente pues ese imperceptible hormigueo crecía y crecía pero además se desplazaba velozmente por todo su sistema nervioso como un rayo aumentando una sensación de calor que le asfixiaba. Su sexo blando y de un suave rosado ganaba forma bajo los dedos del Mago, de los cuales, la yema del gordo se frotaba con mayor fuerza por el emergido glande. Ya no podía parar, los gemidos eran más y más altos a cada pasada y los giros de cabeza más seguidos y bruscos. En todo su cuerpo se concentraba una energía que no hacía más que crecer y crecer, era espectacular. Para quien entendiese de esas cosas, era un espectáculo magnifico aunque por mucho que esa energía brotase y brotase contenida, no era de larga duración. Tal lo sabía el Mago, que se moría por tenerla dentro. Al retirar sus dedos, en efecto, éstos estaban cubiertos por una sustancia pegajosa del color de la leche. Sin ningún reparo, ante los asombrados ojos del muchacho, los lamió produciendo un sonido de regocijo como si realmente poseyese un sabor delicioso.


-¿A-Amo Clow? -Logró decir perdido en total extrañeza, arrugando la frente incapaz de hallar sentido a ese acto.


Su amo encaminó sus ojos azul profundo hacía él y levantando una de sus finas cejas oscuras, de igual oscuridad que sus lacios y revoltosos cabellos, respondió:

-Sí mi jiāo yàn yuè, no tengo reparos en lamer tus fluidos. ¿Te parece mal? -

Negó lentamente con la cabeza y haciendo acopio de mayor fortaleza, escuchó lo que su amo iba a solicitarle, resultando ser la última pero más compleja petición a cumplir, porque él tendría que realizarla. Chupando sus labios y por primera vez haciendo gala de cierta vulnerabilidad, el Mago confesó su gran deseo. 


-Desearía tanto tenerte dentro, sentir todo tu poder en mí mientras nos fundimos... Nunca tengo suficiente y aunque bien puedo figurarme el motivo, es lo que más deseo. -Dijo y al rato de terminar la frase, su sonrisa se desdobló sutilmente. -Dicho de otra manera menos rebuscada, deseo que me penetres. Introduce tu pene en mi ano. -Agregó con tono suave pero con firmeza como había ido saliendo en cada demanda pero con un ligero añadido de emoción. El muchacho quedó mudo y cien por cien ruborizado, su boca estaba abierta y sus ojos engrandecidos y negaba con la cabeza apartándose de su amo lentamente. -Por favor, concédeme ese último placer, concédeselo a tu amo. -El Mago insistió avanzando hasta el muchacho, totalmente superado. Buscando recuperar su confianza como en otras ocasiones, confianza que se minaba y su minaría llegado el éxtasis.


-No... Yo... No... Podría. -Rehusó al encontrarse con la mirad de su amo y negando con furia su cabeza aulló sintiendo entre la espada y la pared.. -¡Si no lo hago bien, le lastimaré! ¡Haré daño al Amo Clow! -Gritó notando un gran peso en su pecho, una idea igual de aterradora que el castigo a ejecutar contra él sin embargo negarse a ello también sería penalizado como gentilmente le recordó el Mago elevando la voz:

-Pero me decepcionarás mucho si vas contra mis deseos. Los deseos de tu amo. -Sólo cuando el abrumado muchacho cesó de agitar su cabeza pestañeante, le sugirió comprensivo como cualquier padre ante los ataques de pánico de su pequeño. -Si te ofreciera ciertas indicaciones durante ello, lo harías, ¿verdad? -

Volviendo a pestañear, asimilando las palabras de su amo, asintió respirando hondo varias veces, aparentemente calmado. Ignoraba el motivo pero volvía a sentirse dispuesto a actuar conforme su rol, por consiguiente guiado por la voz de su amo actuó como un amante suele actuar, desvistiendo al otro. Deshaciendo con cuidado los nudos dorados que albergaban las ropas de su amo, azul brillante al pasar sus manos por ellas, frunciendo el ceño altamente absorto en cada uno hasta no hallar más. Sentado observaría como su fibroso torso quedaría igual de expuesto al frío que el suyo sosteniendo entre sus manos su sexo, cuyo porte rápidamente se recobraba con pocos frotes de esos dedos pálidos y fríos. Tumbándose boca abajo con naturalidad, entusiasmado de ser observado por su amada Luna, dió inicio a la introducción de algunos dedos en su único y pequeño agujero. Por supuesto, previamente lubricados por su propia saliva de lascivo modo. Apretando sus dientes y cerrando sus ojos azules rememoró la primera vez, el dolor ya no parecía igual de intenso, sólo un fastidio hasta que el agujero fuese dilatándose, lo que se podía obtener añadiendo dedos que se adentrasen en tan oscuro lugar. Su sonrisa se amplió al notar como su miembro se endurecía y gimió sonoramente al retirarlos uno a uno pero no de dolor sino de puro placer. Con la suficiente agilidad, apoyado en una rodilla, levantó un brazo para tomar una de las manos del muchacho y prosiguió guiándolo.

-Parece doloroso... -Musitó él con las mejillas al rojo vivo. 

-No tanto como crees. -Le aseguró el Mago con arrogancia. -Es más, la primera vez que lo hice sinti tanto dolor y luego tanto placer, que no sólo me vine, me oriné encima. -Como para él ese acto no tenía nada de vergonzoso ni perverso, hablaba de ello con tanta ligereza levantando ambas cejas negras. Justamente la reacción contraria a la hubiese podido tener John. -Siempre he querido revivirlo. -Admitió contra la oreja del muchacho cargado de picardia.

De la manera que le señaló el Mago, el muchacho se posicionó detrás para entrar por el estrecho agujero. A pesar de la visual demostración, no parecía del todo convencido de que fuese a caber por lo que tendía a echarse para atrás, alargando el momento de la penetración. Con paciencia y un deseo que le inflamaba el Mago animaba a su amada e insegura Luna a continuar jadeando al compás de los jadeos de ésta, obligada a embestir en desesperados intentos de traspasar el pequeño orificio hasta sumirse en ese cálido y oscuro lugar, totalmente echado sobre la extensa espalda del Mago, notando todo su calor, No era suficiente, aún estando dentro, su amo deseaba más acción, quería más embestidas. Para el muchacho era desconcertante pues ya estaba dentro sin embargo obedeció. Las primeras fueron taimadas y cuidadosas pero sin darse cuenta el ritmo que marcaba su amo con sus movimientos le lanzaban a acelerar la frecuencia y la intensidad de las siguientes aumentando su sensación de fatiga pero también un cumulo de poder que le quemaba al mismo tiempo que le animaba. Ambos, poseídos de parecida forma o potencia, gemían y aullaban como dos criaturas enloquecidas creando una interesante sonata. Era como correr pero sin mover los pies, sólo las caderas al entrar y salir, Aferrando sus dedos al suelo, retorcidos sobre la tela ya rasgada. Llegado el momento culminante, ese momento en que su glande se encogía como si fuese la cabeza de una serpiente, abriendo la boca y poniendo los ojos en blanco, inundó aquella oscuridad de su blanco jugo. Cerrándose sin que él pudiese hacer nada para evitarlo, su cabeza cayó sobre el sedoso cabello del Mago que cubría todo su cuello, al flojear el nudo que los mantenía más o menos peinados. El Mago entreabrió los ojos ya que a pesar de haber experimentado tal brutal sobrecarga de energía durante el orgasmo, no sentía tanto cansancio. 

A la luz de la impasible luna, la imagen del muchacho parecía doblemente embellecida, como si realmente fuese una criatura celeste caída de ese cielo nocturno. Vistiéndose como le correspondía tras saciar sus deseos una noche más de luna llena no podía apartar la vista, era demasiado hermoso, con los destellos de la luna sobre su desnudo cuerpo y su largo cabello liso desparramado como una plateada capa mal puesta por encima. Era en esos momentos que de verdad lamentaba hacer lo que consideraba debía hacer. Tomando con delicadeza la túnica y limpiándola con un paño humedecido de agua se la colocaría sobre los hombros de modo que gran parte de su atuendo azulado quedaba oculto, sólo siendo apreciable la dorada linea en la que estaban los dorados cordones atados mucho antes de despertar al muchacho. A su bella Luna, cuyo tiempo de permanencia o existencia en esa forma entre mágica y humana se había agotado. En sus ojos azules, algo de brillo había regresado. Frotándolos, pestañeó y mirando con reveladora claridad al hombre puesto en pie frente a él, preguntó desorientado:

-¿Quién es Usted? -Examinando el lugar mientras se ponía en pie al mismo tiempo que el hombre de extrañas ropas y lentes redondeadas se acercaba. -¿Dónde estoy? -Y finalmente bajando la mirada, descubriendo su cuerpo carente de ropa, excepto el collar parecido al que se le podría añadir a una armadura inusual, gritó. -¡¿Por qué estoy sin ropa?! -Su voz aún propia de un joven, había perdido ciertos matices que agradaban al Mago.

Suspiró largamente y disminuyendo la distancia entre ellos, quedando muy cerca, peligrosamente cerca del muchacho, agarrándolo por última vez a fin de abrazarlo y besarle, respondió:
-Ya nada de eso importa, duerme, tan sólo duerme, hasta que una nueva luna llena nos vuelva a unir. -

Con la misma rapidez y elegancia con que había tomado su rostro para besarle, las deslizó por su cuello para quitarle la vida. El muchacho se debatía pero al cabo de un rato, el Mago notó como su espíritu huía de ese cuerpo inerte silenciosamente. 

Otra historia crossover y totalmente AU (Realidad alternativa) que ha salido hace poco de mi cabeza o que estaba pero no me atrevía a escribirla hasta que me vinieron mil reflexiones y paranoias al leer un FanFic buenísimo sobre Clow y Yue :3 Algunas cosas son perversiones mías, avisados quedáis, porque me da morbo eso o porque cada vez que lo pienso, siento un cosquilleo travieso XD Ahora también digo que es bajo un contexto trágico, mitad cuento, mitad realidad macabra como viene siendo en WtH n_nU Clow es el alterego de John aunque como sucede con la múltiple personalidad, John no sabe de Clow, Clow sí porque es la personalidad que tiene todo lo que John se ha negado durante años y años... 

MARYXULA




















jueves, 28 de noviembre de 2013

FanFic CLAMP El mago más poderoso del Mundo 17

FanFic CLAMP
El mago más poderoso del mundo - Su valiosa obra maestra

-Amo Clow, la muerte del Honorable Fei Wang Li no es culpa suya... -Escuché a Hikari repetirme entristecida pero con una dulce y tranquila sonrisa en su rostro arrodillándose como una madre frente a mí.
-Pero yo lo sabía y no hice nada por impedirlo. -Repliqué bruscamente, incómodo, asediado por la culpabilidad, una culpabilidad que hacía tiempo no sentía tan intensa. Entre mis dedos, ese fino papel permanecía fuertemente estrujado, papel que encontré en la caja de madera que tan importante era para mí. Era un mensaje expresamente realizado para mí el dibujo que se apreciaba al dejar de ejercer fuerza sobre éste. -Pero lo peor es que con su muerte, me he quedado solo. -Añadí notando como cada palabra salía con un pesado y amargo sabor. Un torrente de nuevas lagrimas se desbordó.
Hikari suspiró desviando la mirada, en ese lento desplazamiento sus ojos color agua marina quedarían detenidos en mis guardianes, un alocado león de dorado pelaje que no se daba por vencido en su obsesión por atrapar a alguno de los majestuosos ejemplares que recorrían el jardín cual reyes y el silencioso chiquillo que aburrido y de seguro abochornado se aproximaría a este rincón, oscureciéndose así sus finos cabellos hasta recobrar una tonalidad menos irreal. Quieto junto a ella, entornando sus preciosos ojos de sutil azul a juego con su clara piel y cabello, colocando una de sus manos sobre su pecho envuelto en sencillas y anchas ropas de colores desfavorables anunció con certera voz:
-No está solo, siempre nos tendrá a nosotros. -
Y tenía razón sin embargo no era lo mismo o no debía sentir que fuese lo mismo dada su naturaleza. La sonrisa de Hikari reapareció y dedicándole una tierna mirada, asintió y agregó:
-Los dos únicos capaces de seguirle hasta el fin del mundo... Más de una vez Symond y yo hemos llegado a tener celos de lo mucho que le quieren. Con que no se preocupe por eso. -
Y se puso en pie con la agilidad que sólo la juventud da para continuar con sus labores de criada. Yue sería una buena compañía pero el sonoro rugido del cada día más desarrollado Kerberus la retuvo un ratito más. Era fascinante verlo correr, desplegando sus vigorosas patas aunque el final de la carrera nunca terminase con la misma gracia.
-¿De qué hablabais? -Quiso saber tras agitar su cabeza y sentarse de una manera menos humillante. -No os estaréis burlando de mí a mis espaldas... -Agregó entrecerrando sus rasgados y dorados ojos girándolos hacía Yue. Respirando hondo, al instante me sequé las lagrimas y negando con la cabeza le respondí mostrándole el dibujo que albergaba el papelillo:
-Hablábamos sobre este dibujo, Yue no sabe lo que es, ¿lo sabrías tú? -
A lo que él gruñiría cruzándose de brazos:
-¡No vale! ¡Estabais hablando de algo serio y yo no me he enterado! -
Hikari me lanzaría una mirada ligeramente regañona mientras que la mía fue más bien una mirada de complicidad. Suspirando, dijo:
-Es verdad Kerberus, sólo estábamos jugando pero ya sabes como es el Amo Clow... ¿Vienes a echarme una mano? -
El dorado león se quedaría un momento pensativo pero levantando su peludo culo del suelo, la seguiría alegremente. Yue en cambio se sentó a mi lado, en su plateada cabecita habían empezado a originarse dudas y miedos con respecto a mis obligaciones como único representante del Clan Li, más especialmente con lo que supondría aceptar y tolerar al contraer matrimonio con Xia He. Petición complicada de aceptar para mí, el futuro esposo pues aún suponiendo que las familias poderosas o en desacuerdo lo tramaban a fin de afianzar poder o traer paz venidera fuese en la parte del mundo que fuese, el incorregible romántico que llevaba dentro me decía que no era correcto unir tu vida a alguien que realmente no fuese tu persona especial y me hubiese impulsado a una alocada huida como cualquier muchacho pero las palabras que me dedicó junto al enigmático papelillo hicieron tal efecto sobre mí que actué acorde el rango que me estaba siendo concedido. Ya que no pude salvarlo, me esforzaría en no decepcionarlo.
-Padre, Usted... ¿De verdad ama tanto a la Honorable Xia He como para contraer matrimonio con ella? -Ahí apareció ese pero que dificultaba mi conformación con la responsable decisión tomada. -En Inglaterra, aprendí que las personas contraen matrimonio cuando su amor es tan grande que no pueden vivir el uno sin el otro y piden a Dios que les una por siempre. -Me expuso apoyando su barbilla en los nudillos que se entreveían bajo las largas mangas de su traje. Asentí confirmando que su información era cierta sin ser del todo consciente de lo que saldría después de su boca. -¡Entonces cásese conmigo! -
No supe que responder, la propuesta me había dejado bastante perplejo, aturdido incluso pues conseguí atisbar algo que nunca había atisbado con tal magnitud pero lo peor llegó cuando proyectó sobre mi sus ojitos azules. Notando como un fuerte rubor subía por mis mejillas como si la pregunta hubiese sido formulada por una jovencita muy apreciada y me avergonzase herir sus sentimientos o hacerle creer lo que no debía me costó bastante aclarar que un matrimonio previamente pactado entre el Clan Li y la familia de mi futura esposa no requería tanto amor.
-Pues si en China no se puede, vayamos a Inglaterra y pidamos lo a Dios. -Me diría, yo creo que sin comprender mucho de lo que había tratado de explicarle. Lo que me alteró más:
-¡Yue! -Se me escaparía un sonoro grito. -¡Eso tampoco podría ser! ¡Dios sólo permite esa unión entre hombre y mujer! -
-¿Entonces qué pasaría conmigo? Yo quiero estar contigo para siempre... -Me planteó descendiendo poco a poco su voz al igual que bajaba su cabeza con los ojos humedecidos pero sin dar mayores muestras de congoja.
-Y lo estarás. -Le prometí venciendo ese miedo a tocarlo para que fijase sus preciosos ojos sobre mí. Esbozando una sonrisa hice la pertinente y última aclaración. -Pero de un modo totalmente diferente al de ella. Los padres y los hijos comparten otro vinculo irrompible. -
A su felicidad se sumó la sorpresa pues aunque había buscado en alguna que otra ocasión hubiese intentado tocarme al igual que Kerberuss nunca había tenido la suficiente convicción para obtener el contacto y prolongarlo por lo tanto que yo le hubiese tocado significaba que volvía a ser ese yo que tanto añoraban más como sucede cuantas más experiencias vives, las malas vivencias y las obligaciones me iban encaminando a ser otro hombre, justamente ese hombre que en mi sueño tanto me costó identificar como mi futuro yo. Recobrando naturalidad, le pedí ir a buscar a Kerberuss pues tenía ganas de completar mi baraja, esa locura a medias que me catapultaría a la gloria y la cual necesitaba como cualquier baraja de Tarot, un orden y unos principios a la hora de ser usada. Junto a Yue y a Kerberuss, la clasificación saldría sola ya que sus disputas, comentarios y preguntas me sacaban tantas ideas, entre los tres componíamos algo parecido a una familia cuyos miembros más importantes serían el Sol y la Luna, regentes de los cuatro elementos presentes en la naturaleza continuados por las respectivas variaciones de cada uno resultando meramente necesario recordar la clasificación con la consecuente disposición mágica según:

LUNA (Yue)
Oscuridad ligada al Guardián representante del Astro
Ejerciendo una fuerte influencia sobre Viento y Agua
SOL (Kerberuss)
Luz ligada al Guardián representante del Astro
Ejerciendo una fuerte influencia sobre Fuego y Tierra

Teniendo en cuenta que cada elemento sería parte de la esencia de un espíritu de dicho elemento o la invocación de éste, para no provocar su ira les correspondía comanda sobre el resto de seres mágicos cuyas cualidades provendrían de cada uno de ellos fue uno de los puntos en los que hice mucho incapié, sobretodo ante ellos. Con las ideas claras, con igual velocidad a la empleada en despejar la lisa superficie de madera en la sala bien considerada por salón para anotar y esbozar todo lo compuesto en diversos papeles que se amontonarían en mi inseparable cuaderno de sombras abandoné mi asiento seguido por los entusiasmados guardianes con la mala pata de ser interceptado por la mismísima Xia He, seguida como ya no era de extrañar de sus doncellas más fieles, en mitad de los amplios pasillos cuyas paredes componían bellos fragmentos de un paisaje sólo interrumpido por los diferentes motivos que las puertas corredizas albergaban los tres nos paramos de golpe. La alegre expresión que ambos niños poseían se esfumó en un cerrar y abrir de ojos resultando la de Kerberuss la más graciosa. Entrecerrando sus dorados ojos el anaranjado león arrugó el hocico exageradamente masculló:
-Con lo bien que estábamos... Ahora esa bruja nos arrebatará a Padre. -
-Kerberuss. -Le reprendí en voz baja aunque el adjetivo que le había dado por emplear me parecía bastante gracioso gracias a la ironía que poseía.
El relajado ceño de Yue se frunció endureciendo su sereno rostro al oír el quejido del abierto león dorado. Aún guardando una débil esperanza de estar conmigo siguiendo estrictamente lo marcado detestaba que ella fuese a tener mayores privilegios a raíz de una unión que afianzaría su lugar como señora ¿de la casa? Comprendiese o no esa emoción que provocaba tanta tensión en su cuerpo, era algo que no sabía ni podía disimular cada vez que ella avanzaba hasta mí y se refería a mí como futuro esposo así como hizo en esa ocasión.
-Futuro esposo, ¿tenía pensado salir? Sería una estupenda idea hacerlo solos, a fin de ir conociéndonos mejor como nos aconsejó el Astrólogo. -Habló parada detrás mio tras la obligada inclinación por parte de ambos. Encogiéndome de hombros, a sabiendas que todos me miraban expectantes, posicionando una mano sobre mi cuello apenas visible bajo el cuello de fino material dorado, busqué una replica no muy doliente que darle:
-En realidad no porque bien pensado, lo que deseaba hacer, puedo hacerlo sin necesidad de alejarme de la propiedad Li. -
-¡Perfecto pues! -Exclamaría ella agradada. -Podríamos charlar junto al Pozo. Es un lugar tan hermoso. -Agregaría pestañeando con coquetería, provocando mayor irritación a mis dos guardianes.
-¿Ahora? Espero que no estés pensando en preparar nada ahora pues estoy a punto de realizar algo que de seguro me llevará bastante tiempo... -Salté yo viéndomela venir, los guardianes se mirarían entre ellos sintiendo cercana la victoria pero al observar como su iluminado rostro se apagaba aunque el cuidado maquillaje no hubiese perdido ni una pizca de color, añadí con todo mi buen corazón. -Mañana seré todo tuyo ¿eh? -
Ella se ruborizaría suavemente ante mi original manera de aplazar lo que parecía tanto desear compartir conmigo, cerrando sus ojos asintió y me dejó marchar. La verdad esa clase de cosas sólo se me ocurría decirlas en voz alta porque admiraba la maestría y la picaresca que le echaba mi padre, conquistando siempre a toda la dama que se proponía más posiblemente esas ráfagas de chulería y teatralidad me perjudicaban ya que despertaban pasiones en una Xia He que era tan humana como cualquier otra dama, deseosa de amar y ser amada. Siendo sincero, creo que lo dije para poner a prueba a Kerberuss, cuya cara de asco fue la más divertida que le había visto adoptar. Lejos de Xia He y sus acompañantes, quieto y cerrando los ojos, avivé el recuerdo de todo lo concerniente a lo que pretendía hacer. Los chinos como me figuré al observar a mi medio hermano emplear magia solían valerse de peticiones escritas a la hora de invocar el poder de cada elemento, proveniente de un dios bien diferente pero los sabios druidas se valían de otro método. Mordiéndome el labio inferior me tiré un rato dudando cual me convenía usar, originando una pequeña discusión entre Kerberuss y Yue.
-¿Qué pasa con Padre? ¿Acaso ya no sabe hacer magia? -Se mofaría moviéndose inquieto. Podía oír sus patas deslizarse ruidosamente.
-¡Kerberus! -Le gritaría Yue disgustado. -¡Lo que ocurre es que necesita concentrarse y tú eres muy ruidoso! -
-¿Yo? -Fue su replica, fingiendo gran ofensa en su voz de animal asemejándose a un bufido. -¡Pues... Pues a lo mejor eres tú! -Rugió. Su defensa no fue elocuente pero bastaba para picar al ángel plateado.
No debían pero sus infantiles discusiones faltas de argumentos pero llenas de chispa me hacían tanta risa aún tapándome la boca con una mano, una carcajada se escapó por mí parte dando así fin a su disentimiento. Al abrir los ojos, tras las redondeadas lentes les vi mirarse extrañados antes de mirarme a mí ligeramente molestos. Trasformando ese signo de pura diversión en algo más comedido como una sonrisa les dije:
-Me río porque ambos tenéis parte de razón. -
-¿Entonces habrá magia o no? -Preguntó el león de dorado pelaje con emoción e impaciencia en sus ojitos. -¡Me muero de ganas de conocer esas entidades de las que nos has hablado! -Exclamó sonando su voz similar a un maullido animado.
Asentí risueño. ¡Qué más daba el método a usar! Hasta el momento mis conocimientos de la magia empleada en Occidente no me habían fallado por lo que solicitando un poco de espacio a los dos guardianes procedí a materializar mi báculo, cuya longitud y brillo impactaban bastante a los pequeños y en cierta forma, así tenía que ser como prolongación de mi cuerpo y transmisor de esa colosal poder que todo el mundo opinaba yo era dueño. Al principio tanto su fulgor como el calor que desprendía eran un pelín insoportables pero con paciencia iban menguando. Aferrado a él creé el circulo de protección girándome a la misma vez que lo movía según giran las agujas de cualquier reloj. Poco a poco una luminosa linea apareció en el terreno produciendo dificultad en observar al individuo que había en el interior del resplandeciente y complejo dibujo que tomó forma tras completar la linea circular. Apoyado sobre el báculo, aclaré mi garganta y proclamé en voz bien alta cual sacerdote o mendigo demente:

"¡Espíritus Elementales, acérquense a mí!
Gnomos, compartan su humor conmigo.
Ondinas, jueguen en mi presencia.
Silfos, que la brisa me acaricie.
Salamandras, muévanse en las llamas de las velas.
¡Espíritus Elementales, Gracias por venir!"

Tal y como Symond me la había hecho aprender y mantener en mi mente sin embargo la llamada al espíritu elemental fue en mi querida lengua, inglés siendo simplemente comprendido por los atentos Kerberuss y Yue, que no apartaban ni un instante sus ojos de mí aunque les costase abrirlos totalmente. Tome aire percibiendo como el lugar se llenaba de algo inexplicable o de costosa credibilidad y trace el circulo mágico tres veces más, éste emitiría cegadores fulgores tres veces como un faro contra la lejanía al rotar, lo que dejaría a mis pobres guardianes unos momentos desorientados, con los ojos llorosos bajo una de sus manos cerradas, usada como único escudo. Pronto, tras una sofocante subida de calor en el ambiente, el elemental tomó forma surgiendo de la nada una llama de intenso rojo suspendida en el aire que a veces al agitarse suavemente se tornaría anaranjada. Armándome de valor, le dediqué una cuidada reverencia como el ser tan relevante que era merecía más chascando los dedos, creando una pequeña llama, traté con él:
-¡Oh gran Farisilles, señor del fuego! Aquí este humilde mago os ruega hagáis un trato con él. -
La fogosa figura humana que se atisbó al desplazarse unos pasos inquietando a mis guardianes pareció mirarme entre fastidiada y curiosa. Como poco a poco fui aprendiendo debido a que el termino que usé era para un rango inferior al que justamente ese espíritu poseía. Como sus palabras parecían el crepitar de fuego al adentrarse en madera, continué prudentemente hablando:
-A fin de corregir un error con respecto al uso de magia que estoy elaborando, me gustaría que Usted me permitiese formar parte de la futura jerarquía creada recientemente en mis cartas mágicas, si le parece bien y acepta a cambio será regidor de todas aquellas cartas que alberguen un poder relacionado al fuego pero si no le parece bien, me gustaría en su lugar que me cediese parte de su esencia para crear a su sustituto... -
La criatura de fuego se detuvo bruscamente como si mis palabras fuesen un tremendo insulto o peligrosas. Temeroso de haber cometido un error bajé la cabeza sintiendo mis mejillas ganar color. Symond me decía que eran seres tan importantes al igual que Fei Wang Li, no deseaba atraparlo cual animal pero si las palabras no lo convencían me vería obligado a ello, con todo lo que acarrearía.
-¡Por favor señor Fuego, no se asuste de Padre, Padre le tratará bien si acepta! -Le suplicaría Kerberuss, captando la total atención del ardiente ser, que no sólo desvió sus ojos hacía él sino que velozmente se plantó frente al león sintiendo algún tipo de conexión con él. -¡Ey! ¿Qué hace? ¡Eso quema! -Chillaría al sentir la abrasadora caricia del ente de fuego, que ignorando las protestas lo acarició varias veces como un niño mimoso.
Al espíritu del Fuego le encantaba Kerberuss, como deduje se sentiría terriblemente atraído a su poder pues cuando el león dorado comenzó a lanzarle ráfagas de fuego para alejarlo, obtuvo el efecto contrario. Entonces se me ocurrió un trato mejor que desde luego, el elemental no despreció convertiéndose así en Fuego, la primera criatura mágica elemental de las cuatros que regirían a las demás. Mientras Kerberuss se esperaba hecho un ovillo de dorada lana a que los ungüentos mitigasen el escozor de las quemaduras bajo algunas vendas de seda cuidadosamente enrolladas alrededor de su lomo, observaba todavía con asombro y embeleso la imagen de aquella nueva carta pues al ser liberado ningún ojo humano podía percibir con tanta claridad esa figura humana toda de voluble fuego que se prolongaba o disminuía cuales alas fatuas, puesta sobre la mesa por encima de las otras cartas de igual forma y colores. Sólo la llegada de Yue con los materiales requeridos para escribir me sacó del influjo.
-Muy amable, Yue. -Le alabé retirando las cartas rápidamente de modo que el niño pudiese poner el frasquito relleno de oscura tinta además de algunos papeles y un grueso pincel ocupando todo el espacio que esa mesa disponía. Una sonrisa embelleció su ya hermoso rostro. -Estoy convencido de que esta carta dejará con la boca abierta a nuestro buen amigo Symond. -Pero meditativo, habiendo tomado el pincel y alargado el brazo hasta el frasco para humedecer sus cerdas de negra tinta me retracté y alejé el pincel.
-¿No va a escribirle al señor Windson? -Querría afirmar Yue pestañeando sentándose a mí lado.
-Si pero he pensado que quizás no sea tan buena idea... -Le respondí sensato. Nadie podía asegurarme que la información llegaría correctamente y eso, en esos tiempos tan convulsos que corrían era un riesgo que no tenía por qué correr. -Además, considero que será más divertido contárselo en persona, viendo su cara de incredulidad al mostrarle las cartas. -Expliqué adelantándome a su siguiente y obvia duda.
Yue asintió y no lanzaría más cuestiones sin embargo Kerberuss revolviéndose despaciosamente y levantando su cabeza, notando su estomago demandar comida, me hizo una suplica enternecedora.
-Padre, ¿podría recibir mi ración de comida diaria aquí? Todavía me escuece... -
-Mira qué tienes cuento. -Le soltó Yue con su cuerpo girado al igual que el mio desde su asiento, cruzado de brazos.
Kerberuss entrecerró sus ojos un instante pero fingiendo con maestría no haber oído al otro guardián, insistiría quejicoso. Como él siempre fue más amigo de las bromas y las tretas, queriendo comprobar hasta que nivel tenía razón, le tendí una pequeña trampa, arrugando la frente con suma preocupación le dije:
-¿De verdad te encuentras tan mal? -Suspiré apenado y añadí encogiéndome de hombros mientras él asentía con gesto de dolor. -En ese caso, se lo consultaré a la Honorable Xia He. -Y apartándome con brío de la mesa, emprendí el camino hacía la salida.
El pánico y repulsión hacía la persona mencionada lo activó justamente como me había imaginado sin embargo aunque se puso rápidamente en pie para correr a detenerme gritando, a mitad de su exasperada carrera se desplomó emitiendo un incontenible aullido de dolor. Yue acudió hasta él arrepentido y yo tuve que darle el capricho pues por muy exagerado que fuese a veces, en esa ocasión no mentía. Arrodillado a su lado, con la frente bien arrugada le comuniqué que quizás necesitaba que le extendiésemos una dosis mayor del ungüento curativo. En sus dos orbes doradas sutilmente divididas por una alargada pupila oscura un brillo de molestia y orgullo herido. Desde ese momento tuve claro que a la dorada bestia guardiana no le entusiasmaba enfermar o ser herido pero con el tiempo aprendería a aceptarlo como parte de esa tarea que tanto orgullo le daba o bien le fastidiaba estar a merced de los cuidados y consejos de Xia He como me comentaba Hikari, la observadora Hikari.
-Para tener una apariencia tan fiera, eres un blando Kero. -Le reprochó burlona Hikari recogiendo del suelo los cuencos vacíos.
-¡Pero he conseguido que Padre pase la hora de la comida conmigo y Yue! -Replicó con satisfacción.
-Sigo sin creer que tus quemaduras requieran tanto escándalo. -Le dijo ella mientras le daba un leve golpe con un pie, provocando que el anaranjado león gritase dolorido a la par que disgustado. Son las consecuencias de ser un bribón. -Sin embargo ahora estás solo... -
-¡Padre y Yue han ido a por otro espíritu elemental! -Rugió Kerberuss ofendido del mal pensar de nuestra amiga. -En cuanto me ponga mejor, Padre lo hará aparecer para mí. -Añadió con los ojos brillantes de ilusión juntando sus peludas manos.
-¿Está haciendo magia? ¡Ahora mismo voy a verlo! -Exclamaría ella saliendo apresurada para mayor fastidio del animal.
En el patio como ya hiciese esa mañana, otra invocación tomaba parte pero esa vez el elemental ni dominaba ni provenía del mismo elemento. Nuestro invitado era un ser más bien etéreo y de naturaleza tranquila como la brisa que nos rodeaba provocando que nuestros ropajes y cabellos cobrasen actitud. Asemejada a una dama cuyo cuerpo carece de solidez como bien le sucede a un fantasma, poseedora de unas grandes alas capaces de batir enrojeciendo el cielo y cabellos tan indefinidos como el finalizar de su cuerpo. Poco después de reverenciarla y presentarme como lo más cortés posible desde mi circulo mágico con un leve gesto indiqué a Yue que se acercase y a pocos pasos de el ente, arrodillado sostuviese el incensario encendido a modo de regalo por nuestra parte.

Mago... Me hiciste sentir halagado... Hágame saber el motivo de este encuentro...

Creí oír como susurrado por el viento que recorría diversas direcciones. Una melodiosa y dulce voz femenina que encogió mi corazón. Sosegando mis emociones, pedí a Yue que se apartase pues el regalo ya había sido tenido en cuenta. Puesta la mano que no sostenía el báculo del color del sol, procedí a exponer por segunda vez mi idea al espíritu elemental del aire, que durante un tenso momento de silencio, haría brotar una nueva serie de susurros.

Mago... Puesto que no hallo maldad en sus palabras... He decido aceptar su propuesta y guiar a las criaturas surgidas a partir del elemento que domino...

Finalizados los susurros, la criatura avanzó hasta mí y cubriendo su cuerpo con sus grandes alas se tornó tan luminoso que mis estupefactos ojos fueron cerrados mientras dirigía a tientas el báculo hacía el frente como la brisa me empujaba a hacer. Todo vibró y al instante siguiente lo que se encontraba suspendido frente a mí era una nueva carta alargada y brillante que al ser tocada me proporcionó un fresco escalofrío como si alguien hubiese soplado tras de mí, justo en el cuello. Declarando el circulo abierto dí por termina esa invocación.
-Padre, ¿va a convocar a algún espíritu más? -Querría saber Yue al verme salir del circulo trazado, cuyo brillante dibujo se desvanecería poco a poco.
Negué con la cabeza mientras continuaba apoyándome en el báculo cual anciano hasta dar con un asiento.
-Será mejor que antes descanse un poco. -Fue todo lo que le contesté esbozando una cansada sonrisa acomodándome en el tosco banco de piedra.
Pero aquel mismo anochecer me las vería con un elfo cuyos rasgos poco tenían de orientales sin embargo su carácter tajante sí me era muy de esos lares. Con ella no hubo manera pero empleando mi magia logré debilitarla lo suficiente como para tomar algo de su poder y de inmediato crear a la criatura que sería Tierra. Jadeante en la seguridad que me había ofrecido durante la trifulca mi circulo mágico, hice un último esfuerzo por mantenerme lucido y declaré el circulo abierto finalizando el día con una caída al suelo amainada por el pobre Yue que sujetaría mi cuerpo como bien le permitió el suyo. Como me hubiese gritado Symond certero, me había excedido.

Más o menos aquí una historia más de mi colección de historias El mago más poderoso del mundo *u* Aunque si lo preferís lo podéis leer en FF.Net junto al anterior, el número 16 n_nU Que todo este tan comprimido es porque soy bastante vaga y os lo pongo tal cual esta XDD (Además ahí podréis leer información gratuita sobre todo lo que probablemente no entendáis n_n)

MARY