viernes, 21 de noviembre de 2014

FanFic FFVI (ONESHOT): La Pequeña Bailarina

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Ningún personaje perteneciente a la saga FF me pertenece, son creación exclusiva de Square-Enix (Squaresoft) y sus respectivos colaboradores
Historia narrada en tercera persona
De entre todas las pequeñas ideas que me vienen y van, al final voy a elegir una que creo podrá dejar a los fans con buen sabor de boca, a pesar de lo emotiva que pueda salir... A veces tengo la sensación de que la historias se cuentan ellas solas XDU Sería como un recuerdo un tanto difuso que Kefka conserva de su madre. Me gusta pensar que tuvo una madre afectuosa, a pesar de la incomprensión que presenta tener un hijo como Kefka n_un
Sutil KefuTina

Fanfic Final Fantasy VI
La pequeña bailarina

Antes de que pudiese abrir los ojos, ya intuía que una pequeña figura se acercaba a su espaciosa cama, por lo que sin abrir los ojos la esperó en silencio, fingiendo seguir preso de un sueño profundo. A pesar del inmenso respeto que le causaba ese lugar, en el cuál nunca era del todo bien recibida viéndose en más de una valiente ocasión obligada a adentrarse en él como un delincuente, la pequeña de áureos rizos radiantes a la menor incidencia del sol y nívea piel aquella mañana plenamente entregada a su misión no había dudado en hacer acto de presencia, siendo de este modo la primera persona en desearle un muy feliz día.

-¡Feliz cumpleaños! -Exclamó posicionada a pocos metros de la cama, mostrando una emoción a la que el joven general no encontraba sentido pero era incapaz de resistirse a contemplar en su pequeña protegida. ¿Cómo era posible que esa tontería provocase tal brillo en sus ojos? La clase de emoción que la impulsaba a cometer acciones intolerables, fuera de todo acuerdo impuesto. -¡Qué tengas un feliz día, Kefka! -Agregó después de atravesar a gatas la ancha distancia entre ellos encima de su cama, abrazada a él.

Haciendo un esfuerzo por apartarla de su lado cuidadosamente, dedicándole una mirada de fastidio respondió:
-Gracias... Supongo, pero hubiese resultado más agradable sin esta muestra excesiva de emoción por tu parte. -Terra, la preciosa niña se encogió risueña arrugando la frente, pero no sentía gran culpabilidad en mostrarle su cariño. -Ahora, sal de aquí para que me vista y podamos proseguir con este maldito día. -

La pequeña rubia notó perfectamente la hostilidad con la que algunas palabras brotaron de su labios cuyo tono natural era un tanto morado, parecido al de una persona que hubiese experimentado muy bajas temperaturas. Con expresión pensativa, Terra abrió de nuevo la boca pero esa vez su tono de voz fue más soportable mientras le miraba. Sus brazos estaban cruzados y una ceja permanecía suspendida por encima de uno de sus ojos entornados.

-¿Maldito? ¿Es qué no te gusta los cumpleaños? -Fue la directa pregunta que ella formuló, en eso era toda una maestra, en alguna que otra ocasión ese tipo de preguntas desarmaban al insensible general, cuya respuesta fue mucho más contundente:
-No. -Y adelantándose a ella, agregó con el único objetivo de dar fin a algo que ella parecía querer alargar. -Ni siquiera el mío propio. De todos modos es una estupidez conceder tanta importancia a un día, la gente nace y muere y ya está. -

La niña calló sintiendo que cualquier intento por defender su visión claramente positiva de la festividad personal de cada uno sólo serviría para que ambos terminasen discutiendo a pleno pulmón. Prefiriendo centrar su mente en algo menos entristecedor que las palabras de su mentor, agitando su cabeza llena de largos rizos dorados, retomó su gran sonrisa y salió de la gran cama con estas palabras a modo de breve despedida:
-Lo que tú digas pero te aconsejo que te prepares porque, ¡aún hay más por mí parte! -

Kefka la vio salir escopeteada de su lujoso dormitorio. Resoplando el soldado rubio se mentalizaba para vete tú a saber qué habría podido preparar la pequeña hibrido para él. Probablemente no se ilusionaría tanto como ella pero empezaba a picarle la curiosidad, algo que no podía corregir ni quería que fuese corregido ya que esa curiosidad que tendía a sentir le había llevado muy lejos, desde que había sido capaz de recordar con coherencia, siempre acompañada de la urgencia de descubrir aquello que la ocasionaba...

xoxoxox

Ella también era un poquito así o al menos era lo que a él le gustaba pensar en las limitadas ocasiones que su recuerdo se reavivaba eclipsando otros pensamientos pero que confiriese tanta importancia a un acontecimiento que nadie valoraba como su nacimiento sólo le provocaba gran irritación, casi la misma que le causaba tanto empeño en la pequeña Branford. Según los expertos en el complejo campo que abordaba la mente humana era una reacción muy propia de una persona incapaz de experimentar sentimientos o emociones. Él mismo había reconocido que prefería ser odiado o ser amado ya que ser amado implicaba corresponder a esa persona pero ella a diferencia de la pequeña Branford comprendía lo suficientemente bien a su hijo para amarlo sin agobiarlo. A veces había que recordar que los niños normales también precisaban de amor; darlo y recibirlo.

El comienzo de ese lejano día fue bastante previsible.

Ella se encargaría de despertarlo mandando al ruidoso de su hermanastro, que dada su edad no era de extrañar tanta energía concentrada en tan pequeño cuerpo, a menudo adornado por varios moratones gracias a su incesante torpeza bajo sus ropas.

-¡Hora de despertarse! -Gritaba correteando por la habitación hasta que "su hermano mayor" le ordenaba callarse incorporándose rápidamente. Con pocos instantes de silencio, le volvía el habla. -¡Madre dice que te vistas y bajes de inmediato! ¡Ha preparado tortitas para desayunar! -

Información innecesaria ya que si se concentraba lo suficiente podía deleitarse con el dulzón olor de las tortas friéndose en la sartén, animando a su estomago a emitir un gruñido mientras su lengua se paseaba por sus labios rosados. Aseándose y vistiéndose todo lo deprisa que podía aún sospechando de lo que la realización de tan apetitoso manjar podía significar bajó dispuesto a aguantar lo que fuese, oyendo tras de sí el acelerado descenso del pequeño de cabellos muy rizados, tanto como los de su padre, el pescadero. La aversión que había entre él y ese hombre era tanta que ni siquiera se molestaba en dirigirse a él por su nombre, tampoco nunca lo consideró un padre, era un extraño que había embaucado a su madre.

El beso suave y cálido de ella bastó para recibirlo en la cocina, de medidas austeras como todo lo que le rodeaba. La marca roja que quedaba al separarlos de su piel hacía que emergiese una breve sonrisa de satisfacción. Siempre le satisfacía las muestras de afecto incondicional que ella le dedicaba, sobretodo cuando el pescadero estaba observando sentado en su rincón de la robusta mesa de madera cubierta por manteles tejidos a mano, cedidos en la dote.

-¡Ya iba siendo hora! Date prisa y comete todas las tortitas, en el salón te espera alguien muy especial. -Le picaba como sólo ella sabía hacerlo, agregando un guiño que no hacía otra cosa que confirmar sus sospechas pero era como un juego, sólo entre ellos, y a él le encantaba. 

Tomando sus armas; cuchillo y tenedor, el pequeño Kefka asentía con un brillo en los ojos que denotaban la intensidad de su curiosidad sobre el pálido fondo azul que eran sus iris, previo paso al engulle del pan frito adornado por finas capas de caramelo, siempre observado absorto por su hermanastro, sentado frente a él en otra silla, meramente distraído por la caída de algún rizo inoportuno castaño.

En efecto, sentada en un sillón cubierto por tela de aburrido color reposaba una bella criatura. Igual de grande y delicada que el pequeño Tomaso pero más silenciosa, con una eterna sonrisa que acompañaba a unos ojos grandes pero lánguidos como si la pequeña señorita estuviese a punto de quedarse dormida o en mitad de su espera se hubiese perdido en sus propios pensamientos allí se hallaba La pequeña bailarina que había conquistado al chico de cabellos dorados y piel casi tan pálida como la suya. Tal y como él la había visto tras el escaparate, bajo doradas letras, de la única tienda juguetes en toda la ciudad de Albrook, vestida por primorosas telas rojizas con gasas rosadas cosidas recreando la falda de un tutú a juego con los finos lazos rosas que mantenían a raya sus incesantes rizos color pajizo. Ante la expectante mirada de ella, la tomó con un cuidado inimaginable en un chico con la fama que él tenía para abrazarla. Incluso sí era consciente de los atentos ojos fijos en él, no la soltó hasta que la exclamación de su madre y el pequeño Tomaso le sobresaltaron:

-¡Feliz cumpleaños! -

-Sabía que había trampa. -Fue su respuesta, huraña para cualquiera que no le conociese tan bien como ella, sin embargo su sonrisa, de oreja a oreja, no dejaba dudas de que había triunfado.

-Ahora sí podremos celebrar este día como cualquier otro chico. -Añadió estrechándolo contra su pecho, pasando sus dedos por su cabello ligeramente ondulado y luminoso como el sol. -Porque aunque tú le veas sin sentido u odioso, siempre habrá alguien que lo haga, no le quites esa ilusión, muñeco mío. -

-Me conformaré con recibir un regalo así de bonito... -Replicó, cediendo terreno. Sólo para ella porque, ¿quién si no ella lo haría? La oyó reír suavemente antes de ser liberado.

Kefka sintió que sus excusas para no celebrarlo habían perdido peso aunque siguiese pensando lo mismo al respecto. Si la gente quería hacerlo por el tendría que encogerse de hombros y aceptarlo, a regañadientes, pero aceptarlo. Escuchar canciones estúpidas y todo lo demás...

xoxoxox

La primera sorpresa no resultó demasiado exagerada, el joven general sospechaba que con un poco de ayuda Terra había conseguido tostar los granos molidos del café que solía tomar rebajado en leche pero las siguientes sí. Ciertamente ignoraba como se las había apañado para reunir a todas sus muñecas y muñecos en el salón cuáles invitados humanos dispersados en el sofá y los dos sillones de respaldo alto de modo que al entrar, pareciese que todos ellos le estuviesen mirando con la misma alegría que ella, sin olvidar la colocación de algunos globos de colores tan llamativos como los de sus propias ropas. Después de una agotadora mañana, regresar al hogar y verse inmenso en semejante espectáculo era lo último que necesitaba mas reconocía que la audacia e imaginación de la niña le había causado cierta sorpresa. Respiró hondo contando hacía diez como le aconsejaban a fin de no explotar creando un ardiente desastre como un volcán humano a medida que se adentraba en su busca. Estaba cansado y molesto como no era excepción en él después de tratar con tanto idiota en el castillo imperial.

-¡¿Qué demonios has hecho?! -Gritó agarrándola por los brazos, no consiguió contenerse lo suficiente. Ella conteniendo el aliento para luego recuperarlo mientras cerraba sus ojos azul verdoso lista para enfrentarse a él, sencillamente replicó:
-¿No lo ves? Es una fiesta de cumpleaños porque hoy es tu cumpleaños. -

Que le hablase así no ayudó mucho a calmarlo, le parecía muy condescendiente para venir de una cría pero respirando nuevamente habló fijando sus ojos azules en los de ella:
-Hee hee... Está bien, es una fiesta ¿no? Mi fiesta de cumpleaños... Veo que has trabajado mucho en todo esto, te concedo una hora, en cuanto el reloj marqué esto, ¡Lo quiero todo como estaba antes! -Le hizo saber mostrándole el tiempo exacto que correspondería a una hora en su reloj de mano, un objeto de bellos grabados sobre la tapa con una pequeña imagen al lado de la clara esfera que a la niña siempre fascinaba. 

Terra asintió varias veces pues cuando Kefka se enfadaba no había modo de dialogar con él, además pocos lo intentaban y dentro de esos pocos insensatos pocos salían ilesos. El calor que emanaba de toda su piel a través de los variados tejidos incluso, fue descendiendo y la niña rubia pudo relajarse y moverse.

-Tic-tac brujita mía tic-tac. -Añadió cerrando el reloj para guardarlo de nuevo en uno de los pocos bolsillos que su larga chaqueta poseía. Mirándolo con extrañeza antes de traer un pequeño pastel sobre un pequeño plato de encantador diseño no pudo contener la pregunta en su boca:

-¿No recuerdas lo que te dije esta mañana, antes del café? -

Kefka pareció cerrar los ojos para rememorar pero a medida que los volvía a abrir negó tajante con la cabeza.

Sentándose en el sofá colocando a una de sus pequeñas amigas de frágiles materiales esperó a que la niña le agasajase. Pensándolo con frialdad, degustando el pastel de pequeño tamaño pero gran dedicación en su proceso el joven general sólo sabía que había sido otro maldito día más en la lista de días vividos, más o menos agradable hasta que alguien había sacado a la luz brevemente el detalle de ser justamente el día que nació pasado mucho tiempo lo que lo convirtió en un día el doble de insoportable. Divagando, perdiéndose en sus propios pensamientos no oyó a la niña reclamar su atención, sólo ante el contacto de sus dedos sobre una de sus rodillas toda esa maraña se desvaneció y sus ojos claros recayeron en ella que con una sonrisa capaz de derretir el corazón a cualquiera, tan sólo para él, como haciendo borrón y cuenta nueva exclamó:
-Pues de nuevo te digo ¡Feliz cumpleaños! -

Seguido de un fuerte abrazo y un sonoro beso sobre su blanco rostro a causa de los polvos y el maquillaje en general. En cuanto terminó de comer el dulce, haciéndole entrega del platito con apenas migajas y la cuchara, abrió su regalo. Sólo aquel que ella le hizo saber emocionada que era de su parte. Terra contempló a su mentor en silencio, sintiendo una inseguridad y un temor al fracaso grandes y pesados como rocas sobre su espalda Deshaciéndose el envoltorio con gracia y rapidez Kefka quedó largo tiempo anonadado ante la mirada de la pequeña figura de trapo que sostenían sus manos enguantadas.

-¿Te gusta? -Terra preguntó con voz temblorosa, cercana al llanto. -La he hecho yo y es una bailarina pero no es muy bonita... -

-Todas sois iguales, ¿eh? os gusta verme caer en la trampa. -Fue su única y enigmática respuesta pero la carcajada que les envolvió denotó que había dado en el clavo. Tanto que resultaba doloroso.

Con un gesto le indicó que se acercase y ella aunque confusa, obedeció fielmente. Aquello fue extraño, muy extraño, incluso impropio en él, en su manera de ser o actuar pero qué demonios, el resto del tiempo que quedase de aquella fiesta quería pasarlo así, mostrándole algo de gratitud. No amor, por el momento, gratitud pues de alguna manera le había hecho recordar a la única mujer que había apreciado tanto como se apreciaba a sí mismo.

MARY: Aquí tenéis un one-shot dramático y de extensión decente para un one-shot. Como siempre espero que os guste, lo he hecho todo lo mejor que he sabido, con todo mi cariño además porque hace poco poquito (el 19 de Noviembre) fue el cumpleaños de este personaje tan fascinante para mí, y atrayente llamado Kefka Palazzo TUT
Quizás os resulte un poco raro pero me gusta pensar que aún siendo un psicópata cruel y excéntrico, Terra fue o sería la única capaz de amarlo o conquistarlo e_e OTP feelings everywhere, lo siento me puse un poco bastante fangirl XDDU Pero que esto no os engañe, a medida que pasan los años o a medida que vaya escribiendo más cositas veréis que cabrón siempre ha sido y siempre será porque es lo que me gusta de él... A Terra la intento mostrar como considero yo que actuaría cualquier persona en su situación, creciendo con un tipo tan particular, necesitada de mucho afecto, con sus grandes inseguridades pero por remedio, paciente y astuta. Todo esto pre-canon, o sea antes de los eventos del juego porque me gusta en este caso más imaginarlos al principio n_nU
Con esto creo que ya he dicho bastante... De verdad espero que os guste a pesar de todo ;) Algunos personajes como su madre, su hermanastro y su padrastro son OCs míos pero necesarios porque todos tenemos un pasado, una familia y todo eso XDDDU












martes, 4 de noviembre de 2014

FanFic FFVI (ONESHOT) Mano amiga

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Los personajes de FFVI no me pertenecen, son de creación exclusiva de Square Enix (Squaresoft) y Yoshitaka Amano
Historia contada en tercera persona
Bueno, aquí otro intento de contar algo con mi trio favorito de personajes n_n (Sé que mis ideas no son muy espectaculares pero bueno, al principio nada es tan espectacular como nos gustaría) Por la cercanía y el respeto con el que Leo trata a Terra en uno de sus momentos de declive emocional, me gusta mucho pensar que aunque Leo no fuese su instructor "oficial" podrían haber tenido bonitos momentos juntos (más padre e hija que con Kefka XD) aunque yo creo que es sólo la forma de ser de Leo, que es un tío correcto y noble a pesar de estar en el bando de los malos...
No hay ninguna pareja que mencionar, quizás ligeras insinuaciones y serían KefuTina pero nada más

Fanfic FFVI
Mano amiga

Cuando la joven pudo reaccionar ante el contacto de las cálidos dedos que sostenían uno de sus brazos con igual delicadeza que firmeza, ella pestañeó abriendo la boca ante la sorpresa de hallarse retenida por el hombre más insospechado. Alto y fornido pero con una sonrisa que garantizaba seguridad y confianza en su persona, Leo Christophe era ese hombre. Relajándose, la muchacha de cabellos muy ondulados y rubios como olas doradas sobre su espalda sonrió aliviada.

-No era mi intención abordaros de este modo, cadete Branford pero me gustaría hablar de una cosa contigo. -Se disculpó el soldado de piel morena consciente de la posible reacción de la joven soldado, cuya frágil apariencia no era difícil de comparar con la de una bella muñeca de porcelana.

-Claro, lo que usted quiera. -Fue la rápida respuesta de Terra, nombre que invitaba a fantasear con lugares lejanos y casi salvajes.

Liberándola con suavidad, como si temiese romper su brazo de clara piel a excepción del largo guante de tela roja que lo envolvía, Leo asintió sin dejar de sonreír con cortesía y pronto ambos se encaminaron hacía su despacho. A lo largo del recorrido la muchacha trataba de mantener un aire más formal pues que muchos superiores fuesen tan amables tanto con ella como con la soldado Chere no implicaba que fuese debido a un gran agrado despertado en ellos, sino porque todos sabían cuan valiosas eran para El Imperio. Nada más llegar a la amplia habitación, el soldado se había tomado la libertad de preparar un asiento para ella ante de ocupar el suyo al otro lado de la mesa de resistente madera y bellos adornos tallados por diversas partes. Aquello ya resultaba excesivo pero la joven soldado se sentó agradecida.

-Gracias pero ¿no le parece demasiado? -Terra dijo sintiéndose un tanto extraña. Ella conocía bien su función, el General Palazzo se había encargo bien de hacérselo entender, incluso sentir por lo que tanta cortesía era un poco abrumadora.

-En absoluto. -Negó él tranquilo. Aún sabiendo por boca de otros soldados que Leo era unos años menor que Kefka, el hombre frente a ella no le daba esa impresión por lo que casi le producía risa imaginarlo como un hombre más joven. -¿Qué? ¿Qué ocurre? -Preguntó rompiendo el breve silencio al verla contener esa risa tonta e improcedente. Con gran habilidad, Terra replicó retomando serenidad:
-No es nada, supongo que estoy un poco nerviosa. -

-Pues cualquiera lo diría. -Observó Leo antes de concentrarse de lleno en el asunto a tratar con ella. -Bueno, dejando a un lado mi lamentable sarcasmo, si te he conducido hasta mi despacho es como ya te dije hace unos instantes en el pasillo para tratar un tema que me preocupa. Terra, ¿va todo bien con el General Palazzo? -

Supo que su pregunta había sido muy incisiva con sólo ver el cambio en el rostro de la bella muchacha pero una vez formulada en voz alta, todo lo serio pero amable que pudo, no había vuelta atrás.  Lo que descomponía a la joven soldado no sólo era el hecho de libremente hablar de ello sino de cómo hacerlo cuando ni ella para sí misma sabía describirlo, con o sin corona de esclavitud brillando impasible sobre su cabeza. Que fuese bueno o malo, era una cuestión por el momento, menor. Reuniendo valor, Terra fijó sus ojos color aguamarina y habló con voz clara:
-Por supuesto, todo lo bien que puede ir cualquier interacción con una persona tan complicada como el General Palazzo. -

El bueno de Leo Christophe quiso insistir, era su impulso más natural como el hombre justo y honorable que era pero su cabeza, la misma que le había salvado en tantas extremas ocasiones le detuvo. Por muy consciente del problema que fuera o por muchas pruebas a mostrarle que tuviese, si ella no podía reconocerlo, presionarla no iba a ser una solución mejor.

-Me alegro pero quiero hacerte saber que en el momento en que ocurra algo fuera de lugar puedes contar conmigo aunque no seas uno de mis muchachos. -Quiso que quedase claro porque como soldado de rango superior sentía el deber de proteger a los novatos, especialmente a aquellos que les había tocado estar bajo las oscuras alas de Kefka Palazzo.

Terra tomó en cuenta sus palabras asintiendo pero rechazó su ayuda tan educadamente como fue capaz pues lo último que le deseaba al buen soldado era verlo metido en una guerra contra Kefka que no podría ganar.

-¿Algo más que debamos hablar? -Preguntó ella previo paso a la despedida. El soldado negó con la cabeza y ambos se despidieron como los soldados que eran pero a medida que Terra se alejaba, la impotencia se reflejaba en sus ojos de Leo, quien había y habría de consentir tantas cosas, siendo esa la peor de todas.



domingo, 26 de octubre de 2014

PEQUEÑA REFLEXIÓN...

EL CUERPO Y EL ALMA

Si todos los sabios del munco coinciden en que somos más que materia, piel y huesos, ¿por qué seguimos temiendo nuestro destino? Cierto que mientras el cuerpo se rompe o se desgasta, se arruga o se deforma como un envoltorio, el alma no, como el caramelo que aguarda protegido. Sólo hay que recordar que recordar que la esencia de las cosas no reside en las cosas, que siempre ha ido mucho más allá como el ave que sale del cascarón o la cara debajo de la mascara pero seguimos temiendo lo que ni siquiera hemos experimentado aún, no hay esperanza ni un poquito de confianza. Quizás por eso no haya ya respeto ni por los fantasmas ni por la otra realidad o otros estados de conciencia. No, nos llamamos locos porque nos aferramos al cuerpo, dejando como algo ilusorio al alma y la conciencia. Lo que en verdad deberíamos hacer es cuidar del cuerpo y prepararnos para liberar el alma porque el alma regresa a su lugar y el cuerpo como todo lo material habrá un día que aquí se quedará.

lunes, 18 de agosto de 2014

FanFic FFVI (ONESHOT) Succumb to Me

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Todos los personajes de FFVI son de creación exclusiva de Squaresoft (Square-Enix) y Yoshitaka Amano
Historia contada en primera persona (Desde el punto de vista de Celes) e_e
ONESHOT Un poco de KefuTina con algo más de KefkaxCeles (Lo sé, es raro pero también me gusta y la cosa surgió así en mi perversa cabeza)

FanFic FFVI

Succumb to me

-Vaya, vaya, si resulta que tenemos una invitada... -Exclamó Palazzo, con sus ojos fijos en mí antes de ponerse encima velozmente de Terra, quedando ésta boca arriba en la amplitud de la cama.

Finalmente había reparado en mí, ya no me quedaba otra que avanzar unos pasos como me solicitó levantando con teatralidad uno de sus brazos.

Con agilidad felina se apartó del yaciente cuerpo de Terra, apenas cubierto por unos largas tiras hasta las muñecas rojizas con estampados de flores de múltiples colores, lo que se asemejaba más a una pieza de ropa interior que a un vestido de igual tela y unas medias de pálido rosa. Sentándose a su lado, ambos me observaron largo rato sin decir palabra. Palazzo desde luego lucía una expresión a medio camino del fastidio y el entretenimiento. Reconozco que aquello me enojó el doble aunque tampoco podía esperar ni una pizca de culpa en su mirada.

-Oh señorita Chere, que placer para la vista contemplarla precisamente en mis dominios. -Comenzó a hablar con su lengua de reptil, escogiendo cada palabra con pérfido placer. -¿Significa esto que deseas unirte a nuestra pequeña fiesta? -

-¿QUÉ DEMONIOS INSINUAS? -Mi grito resonó por todo el dormitorio. Era asqueroso, la mera idea de pasárseme por la cabeza me producía arcadas.

-Lo que has oído, querida. -Me respondió tranquilamente, levantando una fina ceja, sugestivo. -Siempre apruebo la llegada de nuevos juguetes. -Agregó dedicando una fugaz mirada a Terra, inmóvil, incapaz de dar una franca opinión. Una efímera sonrisa se formó en el rostro de la cadete.

Intentando lidear con su oscuro e innecesario humor, retirándome algunos mechones de la cara, repliqué con una tensa sonrisa:

-Lamento desilusionarte pero eso nunca va a pasar, tengo demasiado buen gusto como para juntarme con un bufón amargado como tú. -

-Oohhh! -Entonces se lamentó ruidosamente haciéndome creer victoriosa por un momento mientras se dejaba caer como un hombre abatido por un disparo cubriéndose con su capa de intenso rojo, igual que el de las sabanas. -¡Qué palabras más feas para provenir de unos labios tan bonitos! -Dijo a pocos centímetros de mí, apareciendo de la nada instantes antes detomar mi rostro alarmado y basarme.

Me desarmó por completo. Cuando nuestros labios se separaron, caí al suelo gritando roja y asqueada.

-Mmm... Realmente una pena que no quieras ser mi muñeca, este bufón podría mostrarte tantos trucos... -Se relamió en voz alta apartándose con gracia cirquense unos pasos. Los pañuelos anudados nuevamente a su cintura a modo de cinturón parecían moverse libremente con cada movimiento que el arlequín ejecutaba, el color predominante era sin duda el amarillo, seguido por el naranja. Sobre ellos destacaban  figuras redondeadas azul marino a juego con su ancha e inflada manga izquierda.  -Quizás... Incluso podría ser capaz de derretir esa fachada tuya tan fría. -

No me gustó nada como sonaron sus últimas palabras pues me indicaban que una idea peligrosa acababa de hacer aparición en su oscura y caótica mente. Tragué saliva al comprobar como mi mal presentimiento se hacía realidad viéndole esbozar una extensa y maliciosa sonrisa con ojos por encima de sus manos entrelazadas.

-¡ANTES MUERTA! -Aullé temiendo su aproximación intentando ponerme de pie para encararlo, aún a pesar del temblor de mis piernas.

Sin embargo también era jefe de mi unidad por lo que también era mi superior y pasase lo que pasase la única que saldría perdiendo sería yo mi recordó una molesta vocecita en mi cabeza.  La rabia, el miedo y el odio podían ser potenciadores de mi magia pero él seguía siendo el más dotado en su uso. El primer lanzamiento surgió sin yo enterarme, la mano con la que quise ordenarle retroceder se iluminó y una corriente blanca y azulada surcó el espacio que nos distanciaba. Por un instante mi mano se enfrió como lo haría la otra, lista para lanzar otra centella azul pero fui dolorosamente detenida por las ardientes manos que me sujetaron súbitamente por detrás.

-¡Terra! -Exclamé y casi rompí a llorar al darme cuenta de que no iba a ser una pelea justa estando sobre su cabeza aquel maldito artefacto dorado.

-¿Ves? A ella no le parece tan mala idea. -Comentó él con una expresión burlona. -Ojalá pudieses parecerte más a ella. -Me pareció oírle suspirar después.

Le dediqué una mirada furibunda. La eterna y grotesca sonrisa de Palazzo no se esfumaba al sostenerme la mirada. Mi indignación no hacía más que aumentar la emoción al juego. Me resistí todo lo que me fue humanamente posible cuando sus dedos se deslizaron por mi cuerpo. ¡Lo juro! Torciéndome sobre la alfombra de grandes dimensiones con adornos dorados tejidos a mano me negaba a sucumbir a sus malas artes. Cerraba mis ojos y gritaba toda clase de improperios contra su despreciable persona sin servir de mucho. Él reía y reía, alabando mi perdida de control, sin detenerse, rompiendo ropa sí no atinaba a librarse de ella de otra manera menos directa. Más que besar como un caballero, lo que hizo sobre mí sensible piel descubierta fue arrastrar su lengua provocando fuertes chillidos de repulsión por mí parte. Sólo las pocas veces que era forzada a mirarle a los ojos, me daba la impresión de que lo hacía apropósito.

-No te enfades, querida, creo que estoy siendo bastante blando contigo. -Me decía al oído y se tomaba la libertad de basarme y debía de haber algo tan toxico como una droga en sus labios pues me quedaba sin aliento. Una vez recobrado, le fulminaba con la mirada. -Bueno, bueno, ya veo que aquí no te agradan, probemos más abajo. -Agregó pasando su lengua por su labio superior e inferior. El carmín ganó un sutil brillo gracias a la saliva.

No estuve del todo segura a lo que se refería hasta que noté como sus manos me separaban suavemente las piernas, tensándose mis muslos al incremento de la distancia entre ambas. El sudor que comenzó a segregar todo mi cuerpo era frio y me hacía temblar. Ya no era capaz ni de reconocerme, las reacciones de mi propio cuerpo me habían dejado sin palabras al colarse sin pudor esa misma lengua suya entre los cerrados pliegues que custodiaban los conocidos como labios menores para lamer mi interior. Podía creer que ahí dentro pudiesen hacerse tales cosas. Mucho menos que un fuerte cosquilleo y unas ganas de hacer pis le prosiguieran. Quise cruzar mis piernas pero sus manos lo ponían seriamente difícil. Jadeé tras largo intento y para mi sorpresa y vergüenza Palazzo también jadeó varias veces. Enrojecí más allá del limite. ¡Aquello no podía estar pasándome a mí! Terminado el tormento creo que me lo hice encima pues una cálida sustancia empapó parte de mis nalgas y los muslos. También algo pringoso.

-¿Mejor? -Me preguntó y apretando los dientes no halle manera de responder. Jamás me había sentido así antes. -Ahora sería bueno si fuésemos ambos los que se sintiesen bien. ¿Mm? -Sugirió. Frunciendo el ceño negué lentamente. -¡Oh vamos! Ahora me toca sentirme bien dentro de ti. Me lo merezco. -Protestó como un mocoso malcriado viéndose privado de su postre favorito.

-¿Dentro de mí? -Repetí sopesando sus palabras antes de gritar. -¡NO! ¡ME QUEDARÍA EN CINTA! -Eso ya sería el colmo del horror. Resultó ser más listillo de lo que parecía o a los demás oficiales les gustaba pensar que era pues soltando otra escalofriante carcajada, me replicó:

-¿Quién ha dicho que voy a meterme por la puerta principal? La trasera es mucho mejor. -

Ayudado por Terra me volteó ignorando mis chillidos, insultos y desesperadas negativas. Fue lo más humillante y doloroso que he aguantado en la vida. Con mi cara contra el suelo y los brazos inmovilizados, no encontraba ya modo de combatir, además estaba exhausta. Muchas lagrimas afloraron y desgarradores gritos al sentir con abrupta claridad su intromisión la primera vez ya que entraba y salía a su antojo hasta que su vulgar deseo no quedó satisfecho. A cada embestida, todo mi torso se desplazaba con violencia contra el suelo, mis endurecidos pezones se irritaron. Sobre mí le oí juntar sus labios con los de Terra, eso me enfurecía, con toda libertad. Ya no me quedaba duda de que Terra había padecido esto o cosas peores por tiempo indefinido. Desde quedaba clara una cosa, yo se lo hacía pasar bien pero su verdadero interés seguía recayendo en ella. Su dulce y obediente muñeca porque apartándose de mí dejando escapar un último alarido de gozo me ignoraría por completo. Desde mi posición, girándome un poco vi como algunas gotas blancas habían caído por la alfombra y cerrando los ojos por última vez traté de no darle un sentido a lo que cubría la piel rosada al rededor de mi ano, palpitante. Ladeando un poco la cabeza, dirigiendo sus ojos hacía Terra, que había aflojado sus dedos sobre mis muñecas, con voz melosa anunció:

-Terra, mi pequeña brujita, no creas que me he olvidado de ti, terminemos lo que andábamos haciendo. -

Aquí tenéis otra historia corta protagonizada por Kefka Palazzo, Terra y Celes, todos fascinantes personajes del FFVI. Espero que al igual que la primera erótico-festiva que escribí os guste n_nU Es algo menos sado en el sentido de que Kefka no usa ningún tipo de herramienta para someter a Celes, la única con posibilidades de negarse a formar parte del juego pero precisamente por eso y porque yo no concibo entre ellos una buena relación me pareció retorcido e interesante que Kefka quisiera usar otros métodos con ella. (Creo que no hay nada peor que la persona que más odias haga ese tipo de cosas contigo) Otra vez siento que quizás no haya mostrado del todo bien a los personajes pero aquí Celes y Terra son unos años más jóvenes y con respecto a Kefka, él es muy sádico, disfruta infligiendo dolor pero humillar y ver a Celes tan fuera de sí puede ser otro buen entretenimiento... Algo infantil porque Kefka también es representado como muy infantil y de humor variable. 

MARYXULA





domingo, 25 de mayo de 2014

25 de Mayo FELICIDADES MADRE *u*

Esto va para la persona más maravillosa del mundo, mi madre:

Este día especial quería recordarte una vez más que sin nada sería igual, ni yo ni ninguno estaríamos a tu lado, a pesar de las exigencias y las peticiones o los sacrificios obrados a lo largo de los años. Celebra con gozo este día que demuestra que un año más has estado a nuestro lado y te lo mereces todo. 

Aunque más de una vez hemos diferido y nos hemos distanciado en opiniones y acciones, tú siempre has estado ahí aún sin poseer las palabras o las maneras más adecuadas para un consuelo, tu atención y preocupación siempre a la mía se sumó. Y si eso no te hace merecedora de mi amor ¿qué lo puede hacer? Por que la vida es lucha y luchar juntas es mejor que por separado, porque juntas nos reímos del dolor y el cansancio y porque la una sin la otra se siente incompleta, extraña como atontada. 

Los demás lo saben y lo pueden ver pero sus alas ya abrieron y sus caminos siguieron, no sin tener siempre en mente donde está su hogar y es que ese hogar está en ti, estés donde estés, la casa se llena de tu esencia, las voces que resuenan muchas veces serán mías pero en nuestras cabezas son tuyas y es que cuando hay tanto amor, ese amor viaja con cada uno. Tú eres el pilar base de esta gran construcción, la reina de este revoltoso ajedrez, la señora del sillón que maneja y desmaneja y a todos nos dirige con una sonrisa y paso firme. 

¿Qué más decirte? Cuando esto te lo digo cada día, en cada momento de intimidad, con amigos o solas, la luz que nunca llega a apagarse del todo, el galope del caballo que aún aviejado sigue resonando fuerte. Día a día, acción tras acción, errando o no, quiero que sepas que de mayor quiero ser como tú. Eso lo resume todo ¿no? Porque hay mucha gente a la apreciar o admirar pero como una madre ninguna y tú eres la mía y doy gracias a Dios por tenerte aquí cada año que yo llevo de vida. ¡Disfruta, disfruta de un año más de sueños y promesas que eso es la vida aunque nuestros pies no se separen de la calzada!

martes, 6 de mayo de 2014

KEFKA PALAZZO


Kefka Palazzo es el antagonista y el jefe final de Final Fantasy VI. Es el primer soldado Magitek según se conoce en la historia, que sirve como mago de la corte del Emperador Gestahl y se limita a cumplir sus órdenes al principio del juego, pero "a sus espaldas", ataca varias ciudades y se hace con el poder de varios Espers. Finalmente, Kefka derroca a Gestahl y consigue el poder de la Tríade Marcial, convirtiéndose en el dios de la magia.
Mientras que los anteriores antagonistas de Final Fantasy aparecían como personas despiadadas, frías y calculadoras, Kefka es maníaco y destructivo. Es, junto con Sephiroth, el villano más reconocido de la saga, y destaca por sus peculiares frases, el enfrentamiento final contra su forma de ángel (que más tarde se convertiría en un clásico más de la saga) y su odio hacia la vida y la existencia. Pero, sin duda, el rasgo más distintivo de Kefka es su risa, que se repite varias veces a lo largo del juego. Su extraña personalidad sería provocada por el descontrol que trajo la experimentación de Magicita en él.

Apariencia y personalidad

Kefka viste como un arlequín. En sus artworks originales y en Dissidia Final Fantasy, Kefka viste con un revoltijo de tejidos de distintos colores, destacando el rojo y el amarillo. Lleva un volante a rayas rojas y blancas, y una capa roja por fuera, y amarilla por dentro. En su sprite de Final Fantasy VI aparece con ropas verdes. Tiene maquillaje rojo alrededor de los ojos y la boca, y el resto de la cara cubierta de maquillaje blanco. Sus manos también aparecen del mismo color blanco. Tiene el pelo rubio, recogido en una coleta y adornado con una ostentosa pluma. En su forma de "dios", Kefka tiene forma de ángel demoníaco, con la piel violeta y un manto rojo. Sus brazos y piernas tienen más musculatura que su forma humana, y tiene seis alas: cuatro de ángel y dos de murciélago. En esta forma, el único rasgo que Kefka comparte con su forma humana es su pelo, aún recogido en una coleta y adornado con la pluma. En cuanto a carácter, Kefka es maníaco, malhumorado, extravagante y despiadado. Está completamente demente, puesto que no muestra ningún respeto por la vida de las personas; de hecho, se divierte causando sufrimiento. Siente un profundo odio hacia toda forma de vida, y su único objetivo es causar muertes y caos allá por donde pasa. Lo que empieza como un simple desagrado hacia la vida humana se convierte más adelante en nihilismo, y al final del juego, Kefka justifica que la vida carece de sentido, y no entiende cómo el amor y la esperanza puedan hacer felices a los demás, y trata de destruír toda vida existente. Sin embargo, en Dissidia se da un origen distinto al nihilismo de Kefka. Tras ser derrotado en Impulso Sombrío, Kefka dice lo inútil que es la vida, tal y como hace en Final Fantasy VI, y se desvanece. Tras esto, Terra piensa que Kefka destruía para intentar reconfortar su corazón, lo que supondría que su odio hacia la vida tuviera origen en un lado más triste de su personalidad.

Opinión personal 

 Mi gusto por este personaje a diferencia de la atracción o fascinación hacía otros villanos dentro de la saga de Final Fantasy no puede ser más curiosa teniendo en cuenta que yo no pude gozar de la experiencia de jugar esta entrega ya que su año de lanzamiento y circulación yo era muy pequeña pero sí hace pocos años gracias a un artbook de su diseñador Yoshitaka Amano lo vi y siempre me pareció un personaje que debía de tener una historia genial, digna de su diseño. Pasó el tiempo y me gustaba mucho pero seguía sin conocer ni su historia ni su personalidad ni nada, para mí era un misterioso y magnifico arlequín hasta que gracias a un poco de investigación de otro villano cuya historia y manera de ser recuerdo bastante bien pues proviene de uno de mis Final Fantasys favoritos pero sentía que necesitaba profundizar más, vi su ilustración junto a un pequeño resumen de su razón de ser. Resultaba que era, de algún modo, como Joker, el famoso Joker de Batman, pero en un mundo con un carácter más militar... Ahora veo la introducción al juego de Final Fantasy Dissidia con otros ojos e_e 

Finalizo confesando que es de los pocos personajes que me gustan hasta limites insospechados y de los cuales me pasé bastante tiempo sin saber nada de él, sólo mirando su imagen e imaginando quien podría ser n_n

domingo, 2 de marzo de 2014

FanFic Final Fantasy VI MY BABY DOLL

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Los personajes de Final Fantasy VI no son creación mía, sino de Square-Enix y respectivos colaboradores
La idea surgió debido a tanto fanart que he visto de Kefka y Terra. De alguna manera retorcida e inexplicable puede darse la circunstancia de que él la quiera pero ya digo que de una manera muy muy inusual... (Multiplica tu rabia hasta cien, eso es cuando el cree que te quiere decía Morgan Freeman en una película e_e)
Narrada en tercera persona (como suele suceder cuando escribo historias cortas)
AVISO! Clasificado M Kefka x Terra

Why can’t you just love her?
Why be such a monster?
You bully from a distance
Your brain needs some assistance


FanFic Final Fantasy VI

My Baby Doll

No era justo.


De entre todos los juguetes que estaban a su alcance y en diversas ocasiones había usado a fin de entretenerse en ese aburrido y monocromático mundo en el que se movía desganado, ligeramente animado cuando un timbre sonaba en su cabeza indicándole que era hora de jugar, ella se convirtió en su favorito más rápidamente de lo que él mismo hubiese esperado.

Una figura de cuerpo delicado como el suyo, pálido y suave como la porcelana que encerraba dentro un potencial inimaginable. Además de poseer largos y ondulados cabellos  que caían con sutileza sobre sus pequeños hombros luminosos, tan luminosos como los hilos de oro que había distinguido entre molesto y divertido en mangas y cuellos de oficiales o otras importantes figuras a su alrededor o al rededor de Su emperador, él único juguete ciertamente relevante, el único juguete que utilizaba con mayor cuidado pero que podía importarle menos. Con dos grandes ojos de aturdidor azul púrpura siempre perdidos en algún lugar lejano al presente. Terra Branford, temida e incomprendida, la pequeña brujita del Imperio.

Ella era su muñeca, todos lo sabían, sólo él pudo ser tan listo para lograrlo, pero entonces ¿por qué no le dejaban jugar con ella tanto como quisiese? Él se tomó muchos dolores de cabeza y tiempo para que ella fuese su muñeca. Aprovechando como siempre los pretextos que salían por la boca de Su emperador, al menos el conjunto de palabras que atraían su interés pues oír a Su emperador era aburrido, aburrido...¡Aburrido! Pero no podía permitirse el lujo de exponer esa opinión en voz alta y se limitaba a poner la misma cara de idiota que todos a su alrededor. Algo que nunca se le había dado mal, fingir era fácil, era como ponerse una mascara invisible y darle consistencia a una serie de actos y palabras.

Fuese como fuese, se las ingeniaba para jugar con ella un poquito más de lo establecido. ¿Cómo? Tan sencillo como pronunciar su nombre en un tono más o menos imperativo concentrando gran parte de su poder en ser el único reinante de su castigada mente. La cinta metálica ajustada a su frente bajo algunos mechones rubios hacía el resto. Opresiva como un fino grillete de hierro pero menos gruesa, adaptable a su victima, era un sofisticado artificio de tortura para su poseedora pero en cambio para él no era más que un embellecedor complemento. Nada más invadir su tranquila mente la espeluznante voz del general todo pensamiento o muestra de voluntad se anulaba como si las corrientes que unían sus neuronas se rompiesen de golpe, chillona y cantarina como la de un niño a la par que masculina y según la circunstancia grave como la de cualquier hombre de su edad, la chica la conocía bien pues no había modo de deshacerse de ella, una vez dentro era lo único que resonaba en ese espacio vacío, guiándola como si de su conciencia se tratase...

XXX

Sus ojos color celeste se abrieron para ser alzados y así observar a la muchacha de estilizado cuerpo que se posicionaba a pocos metros de él sobre una amplia alfombra de agradable tacto y una composición delirante, cargada de intensos tonos amarillos y rojizos. Sus labios fuertemente apretados debido a la impaciencia se torcieron para reflejar una sonrisa de satisfacción. A pesar de los posibles daños en su cerebro de los que tanto le había advertido el doctor Cid, su muñequita de cabellos dorados y ojos azulados era joven y más resistente de lo que ese carcamal pensaba por lo que no le concedía igual importancia. Todo lo que es creado, tarde o temprano era destruido. Como cargado de vitalidad, se enderezó desde su asiento, un alargado sofá todo forrado en gruesa tela de color verdoso y revestido por varios mantos de fina seda multicolores reflejando la extravagancia y curioso buen gusto de su amo, uno de los pocos afortunados en poder decorar su dormitorio y despacho con semejante recargo mientras extendía sus brazos a ambas direcciones con las manos abiertas como para recibirla. Sobre su alda descansaba un instrumento de uso más apropiado para chocobos revoltosos que para una dama. Un instrumento cuyas funciones Terra conocía mejor de lo que le hubiese gustado. Un objeto parecido a un látigo pero más delgado con pequeñas tiras de recia tela. La joven retrocedió un paso, lo suficientemente consciente de las intenciones de su superior.

-Mi pequeña brujita, eso no es muy educado por tu parte. -Le reprendió el hombre ataviado por ropas más acordes con las de un bufón real que con las de un soldado negando con la cabeza frenéticamente mientras bajaba sus brazos. Terra le miró con la frente arrugada y sus rosados labios apretados. Aquel hombre le horrorizaba, le costaba incluso mirarle a los ojos. Dejando escapar una especie de carcajada que le provocó un estremecer desde el inicio de su columna hasta el final le quitó importancia retirándose algunos finos mechones dorados, él tampoco es que fuese una persona muy dada a los protocolos. -¡Da igual! ¿Sabes por qué? ¡Lo que quiero es oír tu dulce, dulce voz cantar al ritmo que yo marque! -

Había oído un gran surtido de voces elevarse hasta quebrarse hacía el cielo, un cielo oscurecido a causa de la ceniza y el humo que se cernía en terreno de combate pero no había ninguna tan hermosa como la de ella. Sus sollozos eran como cánticos, una bella oda o una aria dedicada expresamente para él. O al menos a él le gustaba considerarlo así. Puesto en pie, sosteniendo con firmeza su particular batuta de cuero, la siguiente serie de palabras se clavaron en la mente de la ya atemorizada muchacha como alfileres contra su piel al mismo tiempo que la corona de esclavitud se iluminaba.

-¡Quítate la ropa! -

Resistirse era un acto inútil, aparte de doloroso. En cuestión de minutos la muñeca complacería a su dueño ajena a todo, como un autómata de carne y hueso, pero capacidad reducida a actos básicos como mover sus dedos sobre la tela carmesí de su atuendo en busca de botones o cremallera que deslizar para mostrar su ya maltratado cuerpo, cuyas marcas sólo eran sutilmente apreciables por su espalda, bajo las doradas olas que era su melena rubia. contenida torpemente en un moño. Apenas emitían sonido las prendas al caer siendo apartadas por sus pies, única parte cubierta por sus botas de cuero marrón. Sólo dos cosas la sacarían de ese estado, retornándola a la desagradable y desfavorable realidad y ambas provocan en su piel desprotegida involuntarios colapsos. Contuvo el aliento al advertir el roce de las yemas de los largos dedos de Palazzo al reconocer y recrearse en anteriores toques de su fusta antes de infligir nuevos y más violentos toques. El hecho de dañar zonas ya dañadas, parecía complacerle mucho, de hecho, la carne aunque no en rojo vivo, parecía seguir recordando la sensación de profundo dolor como si fuese la primera vez.

Como el manso pero asustado cordero de camino al matadero entre los brazos de su amo, la muchacha cerró los ojos, ojos que empezaban a humedecerse lentamente, llenándose de ese brillo que sólo el terror cede. No entendía su función de muñeca y le resultaba difícil reflexionar siquiera en ello pues sus ojos se llenaban de lagrimas y todo su ser convulsionaba haciéndose un ovillo sobre el frío suelo de la celda. A veces deseaba no volver a abrir sus ojos, caer y no volver a levantarse pero si era capaz de reaccionar, se levantaría y una nueva serie de latigazos serían ejecutados. Era incansable. Levantando sus brazos y sujetándose una mano con la otra, girada para que su espalda pudiese ser sodomizada el juego dio comienzo sin previo aviso.

El chasquido fue alto y directo contra su piel de quebradiza seda, más hiriente de lo que creyó recordar, por lo que un aullido de dolor y pánico surgió rompiendo el silencio sólo roto por un nuevo chasquido. Terra sintió todo su cuerpo agitarse al instante de ese incremento de dolor percibido.

-¡No está mal! ¡No está mal! -Le oyó chillar como un chiquillo ilusionado y no supo si sonreír o llorar a moco tendido. Todos sus esfuerzos estaban puestos en no dejar caer una sola lagrima pero ambos sabían que tarde o temprano se iba a derrumbar. Y ahí residía, de alguna manera retorcida, la gracia del juego.

Se mantuvo como pudo en pie con las siguientes caricias de la fusta, retorciéndose por dentro, mordiéndose el labio inferior con el superior para al menos no gritar pues le avergonzaba tanto, mucho más que mostrarse desnuda. Su cuerpo ¿qué belleza podía exhibir? Todo golpeado, todo lacerado bajo los polvos blancos que lo ocultaban. Los latigazos cesaron pero el escozor permanecía como una recurrente llamada de atención. Era la sangre que se congregaba a tan delicada zona.

-¡Mírame! -Fue la extraña orden de su general. Su timbre de voz se había vuelto bruscamente varonil. La muchacha de cabellos de oro se volvió para encararlo, forzada por el ornamento metálico en su frente. En sus ojos carentes de luz se advertían lagrimas listas para salir. -Terra, pequeña, ¿Por qué ya no te oigo cantar? -Demandó saber y su voz volvió a cambiar de registro a la par que arrugaba su frente compungido.

Ella era incapaz de dar una respuesta cuando su mirada recobró viveza. Pestañeaba y abría la boca como queriendo hallar una defensa pero el miedo le atenazaba la garganta.

-¡Canta! -Bramó y valiéndose de su mano libre, la abofeteó con desmedida fuerza, recargando todo el peso de su debilitado cuerpo en el pie izquierdo, Terra logró no caer del todo. Cerró los ojos creyéndose capaz de aguantar una vez más pero fracasó y las lagrimas rodaron por su rostro ansiosas mientras respiraba costosamente por la nariz. Palazzo añadió emitiendo otra grotesca risotada. -Es fácil, si yo quiero que bailes, bailas al igual que si yo quiero que cantes, ¡Cantas! ¡Cantas! ¡Cantas para mí! -

Cada exclamación seguida de un buen manotazo. La muchacha asintió cuando él se detuvo, mirándola con una de sus delgadas cejas levantada. Su muñeca era muy bonita pero a veces también algo atontada. Respiró hondo posicionada otra vez de espaldas a él pero esa vez no cerró los ojos hasta que el cuero besó con brusquedad la palpitante piel, sin darle apenas tiempo a prepararse para los siguientes. Resultando increíblemente doloroso, incluso perdió el control de su esfinter pues algo liquido y cálido descendió empapando sus muslos, gotas doradas inesperadas. A su alarido se le agregaron varios chillidos de espanto e incontenible vergüenza. No hace falta decir que más lagrimas brotaban y brotaban sobre sus mejillas enrojecidas.

-Yo... Yo... -Dentro del estupor, Terra buscaba las palabras con las que componer una frase de disculpa, más para sí misma que para el provocador de eso. Si se giraba para encontrarse con los claros ojos de Palazzo, los vería chispeantes, distilar un fulgor producto del placer que se estaba afianzando.

Riendo como el demente que era, el general golpeó el suelo varias veces, exclamando presa de esa euforia que sólo era provocada al presenciar como su juego empezaba a darle lo que quería:
-¡Eso es! ¡Eso es! ¡Eso es lo que quiero! -

-Entonces... -Se valentonó ella, girándose sin haber recibido orden de ello con una mirada suplicante. -¿Significa esto que el juego ya ha terminado? -

-¡¿Qué?! -El hombre envestido por coloridas y dispares ropas mostró replicó frunciendo el ceño, algunos cabellos como hebras de oro habían vuelto a caer sobre su frente arrugada. -¿Quién ha dicho eso? ¡Yo desde luego no! -Farfulló con voz chillona. La mirada de la rubia joven se ensombreció a causa de la desilusión. -Sé que todavía puedes ofrecerme más y mejores cantos. -

Dolorida y mojada, obedeció una vez más. Al fin y al cabo, ¿cuál era su propósito? Era cualquier cosa excepto un ser humano. La tersa piel enrojecía bajo el influjo del instrumento más de castigo que de otra cosa, y nuevos chillidos, aullidos y sollozos se elevaban por toda la habitación como envolviéndole. La rabía se sumó a la desesperación y frustración cuando él comenzó a dedicarle toda clase de insultos. Qué si era una desagradecida, que sí era una idiota, toda clase de cosas salían como dardos venenosos de sus labios tenidos en fuerte carmín morado. No porque estuviese especialmente enfurecido con ella, ella se obligaba a repetirse eso una y otra vez como algún que otro oficial le decía apenado pero no lo suficientemente valiente como para entrometerse. En el amplio abanico de personas que uno podía encontrarse, él era del tipo que odiaba sin razón aparente a todo y a todos. Costaba, no sabía por qué pero costaba tanto quitarle importancia. Era por todos esos sentimientos y emociones que la abrumaban y Palazzo lo sabía, le sacaba bien partido. Era un buen titiritero, tiraba de sus cuerdas con maestría impecable.

A la siguiente caída, tardó en ponerse en pie, todo su cuerpo pesaba por lo que volvió a caer dramáticamente sentada sobre el suelo,  tanto cuerpo como mente estaban tan incapacitados para proseguir que cerrando sus ojos, Terra se dejó sumergir finalmente en la inconsciencia. Percibiendo lejana la patada en todo el centro de su marcada espalda, inerte, como si realmente estuviese muerta, su rostro tocó el suave terreno. Mordiéndose los labios mientras arrugaba su ancha frente, Palazzo no tuvo otra más que aceptar el final del juego. Al retirar tras apretar su pie bajo la larga bota de cuero blanco con ondulantes lineas negras al inicio esa parte de clara piel pareció colorearse de un hermoso rojo vino como si la estéril tierra del desierto bajo un atardecer fuese cubierta por rojiza agua reflejo del cielo que rodearía a un moribundo sol. La contemplaba embelesado, sobretodo teniendo presente que era mestiza, mitad humana y mitad Esper. Creía como tantos otros que los Esper al haber perdido su humanidad, albergarían otra clase de sangre. Quizás verde como también se creía que tenían los lagartos u otros animalejos asquerosos.

-Ohhh... Supongo que esto sí pone final a nuestro juego. -Masculló poniéndose en cuclillas con agilidad felina, reflexivo la observó como si realmente se plantease hacer algo para sacarla de su estado de inconsciencia pero emitiendo una media sonrisa, ciertamente cansado y con suficiente excitación en el cuerpo lo dejó pasar.

Colocando la mano libre sobre el bulto que aún se imponía bajo sus pantalones de delicada tela, se vio obligado a soltar todo esa concentración de placer por su cuenta como sucediese en otras ocasiones, como cualquier hombre hacía pero no comentaban en voz alta. Apretando sus dientes contra el solido material del mango de la fusta, con ambas manos se tocó arrodillado a pocos metros de ella, cerrando sus ojos, rememoraba cada lamento, cada sollozo, cada aullido lastimero de la muchacha y su miembro se retorcía también de jubilo entre sus pálidos dedos hasta emanar la pegajosa y blancuzca sustancia que caía como una fina babosa amorfa yendo a parar sobre la sangre creando en su perturbada mente la ilusión de ser tragada por ésta como un gusano blanco ahogándose en la inmensidad de un charco rojo. Su cuerpo sabía tan bien como él cuán divertido había sido el juego. Volvía a sentirse más o menos satisfecho.

XXX

De retorno a la realidad, la mano que la levantaba del suelo no parecía igual de cruel de lo que había sido momentos anteriores. Levantando sus cejas parecía querer apresurarla. ¿Se había quedado ahí todo el tiempo esperando a que regresase en sí? La sola idea la inquietaba.

La recia tela de su ropa parecía de lija al rozar su sensible piel. Ignorar esa desagradable sensación era todo lo que podía hacer. Formaba parte de todo aquello, el dolor ya fuese físico o emocional se convertía en un compañero de viaje al que había que aguantar, pocos soldados lo comprendían igual de bien que ella y justo por eso fracasaban. Paralizarse cuando tu deber era actuar era una de las peores cosas que podías hacer por lo que como si estuviese en mitad del campo de entrenamiento seguía adelante. Su función era ser usada ya fuese para matar o para otros oscuros propósitos, su razón de ser era ser un instrumento más.

Frente al gran y ovalado espejo que había encima de una coqueta mesa de madera con adornos dorados y superficie de algún caro material, dedicaba a su reflejo miradas de extrañeza o incomprensión pues no conseguía identificar a la joven que le imitaba, con rostro de muñeca, ojos grandes a pesar de su hinchazón y coloración rojiza, nariz pequeña y fina más unos labios bastante deseables a pesar de la sequedad. Tomada entre sus largos y firmes dedos, la veía ganar algo más de palidez gracias a los polvos que sólo una adinerada señorita podría permitirse, no ella, una presa del Imperio pero de alguna manera al verle arrugar la frente, sentía que quizás no fuese la única. 

La coacción no era necesaria pero le gustaba recalcarle las cosas que él consideraba de vital importancia porque vivían rodeados de individuos que no entendían ni se esforzaban en comprender como ellos dos comprendían la verdadera esencia de su existencia. Lejos, alejándose, retomando su lugar, si es que alguna vez había tenido uno, trataba de darle sentido a su sinsentido.

¿Alguna vez sería capaz de comprender el sentido de la vida? Probablemente no pero ¿sería capaz al menos de hallarle sentido a la suya más allá de la simplicidad de la destrucción y el odio que sólo él se esmeraba en hacerle creer como únicos principios validos? 

Cerraba los ojos tumbada en su oscura y desoladora celda y se fundía con el silencio y la oscuridad.