domingo 12 de febrero de 2012

WeLcOme To HeLL - Circus Circus





NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Aviso que puede contener momentos muy subiditos de tono e_e

Como ya sabreís, trataré de ser lo más elegante posible ^^

También podreis hallar alguna que otra palabra malsonante LOL


"Entre los límites temporales de los nueve y catorce años surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana sino de ninfas (o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas.''

Lolita - Vlidimir Nabokov


Nínfulas y faunos


Temía realmente convertirme en algo como él, probablemente por eso nació una enemistad entre ambos. El modo en que comenzamos a exponer nuestros amoríos, él no tenía ningún problema en admitir que amaba a varones, un tanto, más jovenes de lo que cualquiera pudiese considerar adecuado aunque amar a otro varón ya implicase que no estuvieses del todo bien sin embargo yo, yo me avergoncé súbitamente al recordar a mi amada, a la señorita que me tenía tán lejos de la tierra y cuyo amor al ser descubierto me costó una falta grave dentro de la comunidad pues la ética no entiende de si eres mago o un tipo corriente. Un escritor años después acunaría el termino de nínfula para las señoritas de tál poderío sensual como ella parecía poseer a tál edad. Si se referiría a que eran como ninfas tendría razón pero explicar por qué no bastaría. Estaba como hechizado, las palabras salían de mi boca con torpeza, mis mejillas ganaban fuerte tonalidad roja y en mi mente nacían pensamientos y deseos que un hombre adulto jamás debería tener hacía una muchachita. Sí, empezaría a gastar gran parte de mi sueldo en fulanas a fin de apaciguar de algún modo los calentones tán frecuentemente sufridos, buscando a una que se asemejase a ella, si era posible, para materializar esas fantasías que aún siendo sólo pensamientos despertaban mis instintos más bajos. Que me escuchase con tanta atención me hizo sentir más despreciable, a cada "te comprendo perfectamente" la conciencia que antes estuviese acallada por el placer se destapaba la boca y chillaba taladrando mi cabeza que nunca debí ir tán lejos pues acabaría convertiendome en un monstruo o como se llaman entre ellos, un lobo. Escucharlo a él era peor, mucho peor, me ponía los pelos de punta con cuanta seguridad y agrado lo relataba, como si no hubiese nada de malo en ello. Deseé pegarle pero me contuvé lo mejor que pudé. ¿A qué punto llegó la conversación? Si no fuese por lo repúlsivo de todo el tema, a uno muy positivo.

-¿Qué? -Preguntaría distraido, había llegado un momento en que no logré seguir atendiendo a lo que me contaba por lo que dejé de prestar atención. -¿Serías tán amable de repetirme lo último que has dicho? -

-¡Claro! Me gustaría que conocieses a Michael, mi principe. -Repetiría esbozando una sonrisa.

A pesar de haberlo oido y comprendido, no sabría que decir por lo que asintí y le acompañé hasta la pequeña salida del roulott, bajando pocos escalones de madera, continuamos andando hasta salir de toda la zona que el Circus Circus había hecho suya, al atardecer todo el arido terreno del descampado se tornaba de un bonito naranja dorado. Al poco de despedirme, no tuve claro si había sido buena idea aceptar una nueva visita por su parte. Al retornar hacía mi roulott, Charlotte, la hermosa y suspicaz Charlotte notaría que algo me tenía preocupado ya que caminaba arrastrando los pies lentamente y eso era raro en mí, cuyo paso era rapido y firme como el trote de un caballo joven. Acercandose a mí, exigió saber que pasaba.

-Viktor, ¿ha pasado algo malo entre ese tipo y tú? -Preguntaría arrugando la frente, único signo de preocupación en ella. Suspirando mientras sacaba fuerzas, negué con una amplía sonrisa. Arrugando un poco más la frente, insistiría insatisfecha:

-¿Seguro? -

-Sí, Charlotte. -Volvería a negar. No tenía ni idea de cómo podría afectarle volver a ver a ese chiquillo, chiquillo que fue durante un tiempo como un hijo para su hermana siamesa y para ella gracias al día a día con él. Temía que descubriese que yo también pudé ser un monstruo como los que circulaban no muy lejos de su Circus Circus.

¡Maldito Blackfield! Él tenía un encanto insólito, que te hacía sentir que podrías conversar con él de cualquier cosa y él jamás la contaría o no te juzgaría como un verdadero amigo debería asegurar pero tener un amigo como Blackfield traería problemas y enfrentarme a esa parte de mi pasado tán nefasta. Me había devuelto recuerdos agridulces, deseos sucios y los fragmentos de un amorío prohibido. Si ella hubiese tenido la edad que Charlotte tenía, todo hubiese sido menos incorrecto pero estaba entre la niñez y la madurez, lo que la convertía en una muchachita de cuerpo apetecible y actitud juguetona. Siempre preguntando, siempre queriendo saber, siempre sonriendo pícaramente como animandome a meter toda mi mano en ese fuego. Recuerdo que durante las clases había cierta distancia entre nosotros, lo que era bueno, sólo tenía que esforzarme en la lección la noche antes preparada para ser recitada pero ¡Ay, Dios mio! Cada vez que tenía que acudir a mi despacho y se sentaba como un muchacho, con sus piernas abiertas cubiertas por largas y negras medias de lana. Sus explicaciones perdían coherencia, sus ojos se volvían más azules y sus labios parecían moverse con una fluidez muy sensual, que perdía el norte y era ella inclinandose sobre su lado de la mesa la que debía de hacerme regresar chascando sus dedos. ¿Cómo demonios podía ser? Incluso su mero recuerdo me encendía como una cerilla nada más ser frotada contra la cajetilla. Tantos años siendo duramente reprendido y azotado para que ya adulto y consciente de lo insano que era acabase dandome ese placer que ella ya no volvería a darme fisícamente. Respirando entrecortadamente, sintiendo mi pecho elevarse bruscamente con un corazón que emanaba sangre a un ritmo ligeramente acelerado, me complacía. ¡Por los viejos tiempos! O ¿Por qué no? Por cada vez que deseé hacerlo y no fuí capaz gracias al miedo que nos infundían. Con los ojos cerrados y las gafas dejadas en la única mesita que en el roulott podías encontrar, sólo lamenté no poder ser besado o percibir sus dulces labios recorriendo mi torso descubierto. Las lagrímas caerían curiosamente al mismo tiempo que mi blanco espema se vertía y descendía como si fuese burbujeante champán de una botella recien descorchada.

-¿Sabeis lo que más me gusta de una puta jovencita? -Se disponía a contar a voces el hijo de la mujer obesa a otros colegas, artistas o trabajadores que yo todavía no conocía bien. -Es que te la maman, no son tán relamidas como las que ya tienen experiencia. -

Todos se reían a carcajadas excepto yo parado frente a ellos. Aplastando su cigarrillo contra el gastado y ancho pantalón que llevaba, el muchacho soltaría:

-¡Ey! ¿Y tú por qué no te ries? Acaso, ¿te la ha chupado alguna vieja? -

Lo de "vieja" era un feo apelativo que se les daba a las prostitutas mayores de treinta años, las cuales no tenían más remedio que convertirse en madames o toda aquella que superase los veinte años tál y cómo me informaría Lo, la mandamás entre las prostitutas de todo el lugar. Haciendo un poco el chulo, contesté:

-Es posible. -

Lo que le hizo una gracia tremenda, entre risotadas, replicaría:

-Pues dudo que haya sido por las calles del Infierno. Te arruinan. -

-¿A que nuestro Johnny es un joven encantador? -Se mofaría Charlotte interrumpiendo sin ningún miedo entre tanto macho, desordenandole los cabellos antes de que éste se pusiese de nuevo su sombrero de pretendido caballero. -Vuelve al trabajo de una maldita vez y deja de pavonearte, todo el mundo sabe que tu madre jamás permitiría que contratases los servicios de una prostituta. -Lo alentó humillandolo como sólo Charlotte sabía. Cuando sus ojos de claro color se cruzaron con los mios, menos cautivadores, tragué saliva preparandome para recibir una reprimenda seguida de una orden.

-Y tú, tú ven conmigo. -Fue todo lo que dijo dejando a los presentes atónitos al agarrarme del brazo para que la siguiese apresuradamente.

-¿S-Se puede saber qué pretendes? -Alcancé a preguntar perplejo. No estaba preparado para aquello, para ser conducido al interior de su roulott y... ¡Ser interrogado! No llegué a saber cómo pero se enteró de que aquel tipo era el tipo que tenía al Michael que con tanto cariño y esfuerzo cuidó su hermana. Sentado en una sencilla banqueta de madera la observé cerrar la puerta con llave y tapar totalmente las ventanas con las cortinas de gruesa tela como pretendiendo confinarnos ahí, en una oscuridad tán sólo disminuida por la vela de brava llama que fue al instante siguiente encedida. Dando un largo suspiro, se apróximaría a mí sosteniendo la vela entre sus manos con mirada y sonrisa perversa, aterrado traté de saber que le estaba rondando por la cabeza:

-Err... Charlotte, no estarás pensando en quemarme ¿a qué no? -

-No... Bueno, que lo haga o no, dependerá de tí. -Me respondió sin dejar la vela en el suelo o en cualquier otro lado lejano de mí. -¿De qué hablasteis Blackfield y tú en tu roulott? -Preguntaría a continuación con pretendida calma y gran interés.

-D-De nada grave. -Mentí asustado, sintiendo como una fina gota de sudor caía desde mi frente hasta mi mejilla derecha. Ella sabía que mentía, por lo que acercando la vela peligrosamente a mí, exclamó:

-¡Ni se te ocurra volver a mentirme o te quemaré vivo! -

-¡E-E-Está bien! -Grité contrayendo mi estomago para que la calida y traspasadora llama no llegase a acariciar si quiera mis ropas. -¡Pero antes quiero saber por qué me estas haciendo esto! -Rogué saber. Ella me daría una explicación más dura y corta de lo que me hubiese gustado escuchar pero dado el delicado momento no le obligué a alargarla. Hacía un tiempo que Blackfield se llevó consigo al pequeño Michael por culpa de Jack N, únicamente interesado en el dinero y dada la mala fama del señorito Charlotte se obsesionó con apartarlo de él.

-Hablamos de antiguos amoríos. -Acabé confesando, sereno a causa del remordimiento. Charlotte me miraría con asco como si por fin hubiese encontrado la excusa perfecta para odiarme y alejarse de mí sin embargo apartó la vela y me obligó a continuar hablando. -Le hablé de una muchacha de la que me enamoré irracionalmente como si me hubiese quedado embrujado o hechizado, luego él me habló de su querido principe, así es como le gusta llamar cariñosamente a Michael, el principe de su jardín de faunos... -Si no fuese porque me entristecía que usasé tán bellas descripciones, hubiese sonreido. Entre bellas ninfas y bellos faunos estabamos habiamos acabado por perder la cabeza. Haciendo un último esfuerzo, finalicé de trasmitirle lo que me había dicho. -Por último, antes de irse, me comentó que le complacería que Michael me conociese porque... -Y ahí fue que Charlotte no pudó aguantar más y me dió un efectivo bofetón antes de gritarme:

-¡Cómo me enteré que le pones un dedo encima...! -

-¡¿Yo?! -Le interrumpiría yo con otro grito, sinceramente dolido. -¡Jamás lo haré! ¡Yo no soy como él! ¡Lo mio fue sólo un puñetero desliz! -Trás soltar todo el veneno que me corrompía, me iría abriendo la puerta a lo bruto, de una patada. Encaminandome furioso hasta mi roulott, chocaría con algunas personas pero sólo les soltaría una directa disculpa, en la soledad, bebería y bebería hasta caer, hasta perder el contacto con la realidad y aferrarme a viejos recuerdos de tiempos agradables.

viernes 10 de febrero de 2012

FanFic CROSSOVER Tu corazón en el pasado

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Bueno, leyendo algunos FanFics sobre Shaoran y Sakura de Choco-Chan y otras grandes artistas y fans de estos dos, me ha dao por intentar escribir alguno a mí también pero he de advertir que puede ser subidito de todo y raro porque la idea me surgió con todo este lio que montó tiempo atrás con mi Crossover XD (Todo gracias a Clow, que tuvo la bondad y astucia de trasmutar en cartas magicas a algunas de las criatutas de Viktor )
Los personajes que aparecen en el presente son los de siempre en CCS de CLAMP pero los del pasado son OCs que aparecen en mi FanFic sobre Clow Reed ^^
En primera persona, mi manera de narrar historias favorita ^^

"El amor nace del recuerdo, vive de la inteligencia y muere por olvido."
(Ramón Llull - Filósofo y escritor en lengua catalana)

FanFic Crossover
CLAMP - Welcome To Hell
Tu corazón en el pasado

-¡Sakura! ¡Sakura! -Escucharía gritar a una preocupada Tomoyo con voz que se apagaba a la lejanía hasta desaparecer dejando trás sí, la nitidez de los gruesos arboles que componían el bonito y florido parque de Tomoeda. Bajo un breve momento sumida en una oscuridad total, preocupadas voces me devolverían lentamente a lo que yo consideraba la consciencia. Abriendo con lentitud mis ojos, los rostros de los dueños de aquellas voces se me irían siendo revelados pero ¡Oh! Imaginad mi asombro cuando descubrí quién me estaba sosteniendo. Con voz pastosa, abriendo aún más mis ojos, exclamé:
-¡¿Shaoran?! -
Hacía tanto tiempo desde la última vez pudimos reunirnos. Sus expediciones e investigaciones le tenían tán ocupado pero siempre me prometía regresar a Tomoeda para estar conmigo, a pesar de las obligaciones que se le exigían como miembro de la poderosa e influyente familia Li. Sin apartar sus serenos ojos marrón chocolate de los mios, de un vivo y luminoso tono verde, asintió. Colocando una mano sobre su pecho, todavía un poco aturdida, me enderecé lo suficiente para empezar a caminar, sin dejar de apoyarme en Shaoran. Al alzar un poco más la cabeza, dos hombres me observaban con expresión preocupada. El primero, llevandose una mano enguantada al pecho, diría con voz angustiada:
-¡Lillian, luz de mi vida! ¿Estás bien? -
-S-Sí creo. -Le respondería yo arrugando la frente, al darme cuenta de que era capaz de comprender y hablar su lengua, el inglés como si fuese la mía. -¿Por qué lo pregunta? -
-¡Qué alivio! Nos has tenido muy preocupados, hace un momento te desmayasté. -Me explicaría tomando mis manos entre las suyas, que estaban bajo unos oscuros y suaves guantes. Tomando mi rostro a continuación entre sus manos, me daría un tierno beso en la frente y dirigiendose a Shaoran, añadiría con una sonrisa que hacía más notable su agradecimiento. -Te agradezco mucho que hayas estado tán pendiente de mi Lillian, Syaoran. -
Éste retirandose de mi, juntando las manos al mismo tiempo que inclinaba unos palmos su cabeza, quitaría importancia a su hazaña y echaría a andar hacía el interior de lo que parecía una gran mansión de corte victoriano.
-Disculpad al joven Syaoran, es un joven muy agradable pero demasiado reservado. -Anunciaría el otro hombre, cuyo aspecto sí reconocí, lo que causó una reacción muy impulsiva e inapropiada por mí parte frente al otro hombre, que por las muestras de afecto que me brindaba, se comportaba de manera muy similar a la de un padre.
-¡Eriol! -Exclamé lanzandome a sus brazos con lagrímas en los ojos.
-¿Eriol? -Repetiría el hombre desconocido. -Oye, Clow, ¿desde cúando has decido cambiar tu nombre sin decirmelo? Sabes que yo podría haberte encontrado uno mejor. -Le exigiría saber cruzandose de brazos, alzando una ceja. El hombre cuyo aspecto fisíco no parecía variar apenas o de la misma pero lenta forma que el del otro hombre, de clara y fina piel en contraste con sus negros y laceos cabellos bien separados por una linea central hacía cada lado del rostro concluyendo en un ramalazo a un lado de su cuello domado por una cinta de oscuro color azul a juego con la corbata que se apreciaba por encima de su blanca e impoluta camisa, miraría a su amigo travieso, lo que acentuaría el gesto de pretendida ofensa que el semblante del hombre había adquerido.
-¿Cómo cúal? ¿Lugh, quizás? -Replicó con los ojos entrecerrados el mago Clow. -Tranquilo, mi buen Symond, como ya sabes mi nombre es Clow y siempre será Clow. Además Eriol Reed no suena muy bien que digamos. -
Echandose a reir, el hombre aceptaría la palabra de su amigo, que con sólo dar un silbido, convocaría a uno de sus guardianes, los cúales creí Rubymoon y Spinel pero resultaron ser Yue y Kerberus siendo eso otra pequeña demostración de que estaba ante Clow Reed en persona, como Symond, el otro hombre me recordaría con resignación al atribuir mi desconocimiento a una posible amnesia ¿temporal?
-¡Amo Clow! -Gritarían casi a la misma vez, surgiendo cada uno de un lugar distinto del amplío y verdoso terreno en el que nos encontrabamos. -¿Nos necesita? -Preguntaría entusiasmado Kerberus corriendo como una bestia desbocada, en cambio, Yue llegaría volandolo sin decir palabra, para él sería algo muy estúpido preguntar algo tán obvio. Posando los pies descalzos con elegancia sobre la humeda hierba, sin extremecerse, el bello angel de largos y plateados cabellos miraría a su verdadero Amo y encogiendo sus alas hasta que éstas se volvieron tán pequeñas que desaparecieron en su ancha espalda, como extasiado, escucharía las ordenes del mago Clow, compartiendo espacio con Kerberus.
-Yue, Kerberus, me gustaría que cuidaseis de Lilly mientras Symond y yo traemos a un medico que pueda examinarla. -Les solicitaría con voz firme pero agradable.
-Así lo haremos -Le respondió Yue con calma.
-¡Puede contar con nosotros! -Gritaría Kerberus enérgico y mostrando mucho más animo.
La diferencia entre ellos seguía siendo tán marcada pero en ambos se apreciaba una fuerte unión. Observar el afecto que le procesaban al mago Clow me conmovía profundamente, con la misma intensidad que la primera vez que tuve la oportunidad de verlos junto a él habiendo usado la carta Retorno. Habiendose despedido de ellos, Clow y Symond saldrían apresuradamente. Dandome unos golpecitos con una de sus regordetas manos de león, Kerberus atraería mi atención hacía él, aclarandose la garganta hablaría conmigo.
-Señorita Lillian, ¿no preferiría sentarse? -Sugeriría torpemente, muy metido en su papel de cuidador. -Así quizás no se maree tanto. -Encaminando sus brillantes y amarillos ojos hacía Yue agregaría. -espere aquí, Yue le traerá una silla. -
En los ojos de Yue se atisbaría disgusto, poniendo sus delicadas manos sobre sus caderas, sentenciaría:
-Ni hablar. Será Kerberus quien la traiga. -
-No seas así, Yue, mientras tú te encargas de esa gran misión, yo me encargaré de ella. -Le intentaría convencer Kerberus pero sus palabras empeorarían el humor del orgulloso Yue, quién protestaría:
-No soy de ningún modo, Kerberus, sencillamente no me parece justo tener que ser yo precisamente quien lo haga ya que has sido tú quien ha tenido la idea. -
Ante el avanzado manejo de la palabra de Yue, Kerberus callaría hasta ser capaz de dar una respuesta adecuada, lo que requeriría haber comprendido todo lo lanzado por Yue. Presintiendo una tonta discusión entre ellos, como muy a menudo pasaba por cualquier pequeñez, dije:
-¡Chicos! No es necesario que me traigais nada, estoy estupendamente. -
Tanto Kerberus como Yue pondrían sus ojos en mí. Con la cabeza ligeramente ladeada, no muy convencido de ello, Kerberus, suspirante, diría:
-Iré a por la silla para Lillian yo. -
Acto seguido, se alejaría a toda prisa convertiendose en un borroso punto dorado. Yue se llevaría una mano a la frente y meneando la cabeza, masculló:
-¡Este Kerberus no tiene remedio! -
Una pedorreta saldría de mi boca al intentar contener las ganas de reirme. Kerberus era mucho más aniñado que Yue, inquieto, glotón y metomentodo como cualquier niñito de guarderia o inicios de primaria. Extendiendo un brazo para que le diese la mano, Yue, con más serenidad, me propondría ir con él en busca de Kerberus. Yo aceptaría encantada. Su apenas visible emociones eran casi aterradoras pero su amabilidad y cuidado lo convertían en un ser maravilloso, la sinceridad con la que hablaba y la curiosidad con la que pedía saber lo convertían lo convertían en un compañero grato, más, muy a mi pesar, no me dedicaba ni me dedicaría las hermosas sonrisas que le dedicaba a su amo.
-¡Yue, ven aquí y ayudame! -Bramaría el dorado guardián del sol al alzar la cabeza y vernos adentrarnos al salón. Yue y yo nos mirariamos desconcertados pero al oir el siguiente grito acompañado de un fuerte rugido, correriamos al lugar por el cúal supusimos estaba Kerberus, enzarzandose con Shaoran, que por lo visto se negaba a ceder a su causa el asiento que estaba ocupando de entre todos los que disponía el elegante salón. Kerberus se esforzaba en moverlo tirando insistentemente del trozo de tela que cubría la pierna izquierda de Shaoran, de pie resistiendo los intentos de la doraba bestia magica con los puños apretados mientras lo maldecía en chino.
-¡Kero, deja de molestar a Shaoran! -Le ordenaría corriendo para separar de Shaoran al tozudo guardián solar.
-¡Pero...! -Iría a protestar él durante el breve momento que en retiró sus afilados dientes para hablar, lanzandome una mirada suplicante. Yue, desde su rincón, confirió fuerza a mí orden diciendo:
-¡Nada de peros, Kerberus! La señorita Lillian ya no necesita ningún asiento. -
Kerberus cedió y Shaoran pudó sentarse de nuevo sin embargo lanzó un sonoro gruñido al joven, levantando la cabeza abandonaría el salón ocultado su orgullo herido. A Kerberus no le gustaba ser regañado y mucho menos por culpa de ese mocoso. A Yue Shaoran le era indiferente, como el resto de personas que vivían en esa mansión, él sólo parecía agradarle el mago Clow, sin necesidad de fingir poseer ese sentimiento u otros similares. Me costaría un buen rato encontrarlo ya que jamás había estado en esa casa pero poco a poco una vaga sensación de familiaridad me guió hasta el cuarto que debía de ser el dormitorio de Lillian. En el rincón que bajo el tocador de caoba el león de pelaje naranja se había posicionado con la cabeza ligeramente ladeada sobre sus patas delanteras.
-Hola Kerberus. -Le saludé cerrando la puerta despacio, sin provocar un portazo. Una de sus orejas se alzó pero su cabeza continuaba gacha. -¿No te habrás enfadado conmigo por lo del salón? -Le pregunté caminando hacía ese rincón con prudencia hasta poder sentarme en la cama frente a él. -Ha sido una orden que me ha salido sin querer... -Le intenté explicar pero negando con la cabeza, éste dijo:
-Tranquila señorita Lillian, no estoy enfadado contigo sólo con el mocoso. Si hubiese querido colaborar, no hubiese habido necesidad de obligarle pero todos los Li son unos bordes. -
Me encogí de hombros antes de replicarle sin resultar muy maleducada:
-Bueno, a veces una persona que puede parecer muy desagradable con el tiempo puede resultar muy encantadora. -
Estaba más claro que el agua que hablaba de Shaoran, de ese niño recien llegado de China que al principio a todo el mundo parecía un antípatico o demasiado serio pero que poco a poco, al ir conociendolo mejor, se le podía ver grandes virtudes y que siempre fue dueño de un corazón grande y leal. Hablaba del Shaoran Li que yo conocía, es decir, del descendiente actual de Clow Reed, el amor de mi vida. La reacción de Kerberus me hizó reir, con los ojos entrecerrados, soltó:
-¿En serio? -
-¡Sí! -Le afirme risueña. -Fíjate en el mago Clow, la gente piensa que es un hombre malvado pero es tán dulce y caballeroso. -
Suspirando, con sus regordotas manos suspendidas en el aire, con resignación decidió salir del rincón y alegrar la cara.
-Si me lo planteas así... -
Justo cuando estaba pasandole por la cabeza una cariñosa mano, la puerta se abriría inesperadamente. Al girar la cabeza y dirigir mis ojos hacía la puerta, vería entrar dando graciosos saltitos a una preciosa niñita de rojos cabellos, de un rojo más fuerte que el que poseían los mios vistos en el espejo que había arriba del tocador, con ojos ámbarinos y despiertos, que parecían capaces de contagiar su alegría.
-¡Lillian! -Chillaría trepando por la mullida cama para colocar sus bracitos sobre mí en un amoroso abrazo. Se notaba que quería con todo su pequeño y ligero ser a su hermana mayor. -¿Puedo jugar con Kero yo también? -Me solicitaría al separarse de mí mirando a Kerberus, que la miraría de reojo con una ceja levantada.
-Er... Claro, ¿por qué no? -Le respondí esbozando una sonrisa sútilmente forzada, me incómodaba no poder llamarla por su nombre. Ella me volvería a abrazar con todas sus fuerzas sin parar de exclamar:
-¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! -
Yo mantendría mi sonrisa aunque Kerberus podía ver que una fina gota de sudor caería desde mi frente hasta la mitad del lado derecho de mi cara. En ese momento me costaba acoplarme al papel de hermana mayor, en mi familia ese cargo le correspondía a Touya, que lo llevaba con mucho gusto aunque cualquiera lo hubiese dicho al verlo meterse tanto conmigo. Al cabo del tiempo Susie y yo seriamos como verdaderas hermanas y eso llegaría a cada pequeño instante que pasasé con ella, recuperando una relación que a todos sorprendería. Esa primera toma de contacto apenas duraría. La voz de Symond anunciaría desde la entornada puerta que el Doctor Lister tenía que ocultarme con la consecuente posibilidad de quitarme alguna prenda a mitad de la exploración. La pequeña Susie inflaría sus mofletes con fastidio pero bajandose de la espalda del agobiado pero tranquilo guardián solar se marchó botando alegremente despidiendose de todo el mundo con la manita movida de un lado a otro. El distinguido medico dedicaría una tierna sonrisa a la vivaracha niñita al apartarse dejandole un pequeño espacio por el que continuar su camino.
-¿Por qué está aquí el Doctor Lister? -Escucharía preguntarle a Symond con vocecita inquieta al otro lado de la puerta, siguiendo cada indicación que el hombre me daba con la parte de arriba del vestido de claros tonos que llevaba. -¿Está Lillian enferma? -
-No cariño pero el Doctor Lister ha venido para garantizarnoslo. -Le intentaba explicar su padre usando las palabras más sencillas y positivas que conocía, para no preocupar a la pequeña Susie demasiado. -¿Lo comprendes ahora cariño? -Le preguntaría a fin de cerciorarse que la niña lo había entendido, al instante siguiente el breve ruido de un beso al chocar contra una mejilla o una cabeza llegaría a mis oidos. Me emocionó tanto que no logré retener las lagrímas.
-Señorita Windson, ¿no la estaré incomodando? Ya sabe que sólo hago mi trabajo. -Diría el educado medico sobresaltandome desde detrás. Estaba dando leves golpecitos a mi espalda hasta que me escuchó lagrimear. Sorbiendo por la nariz la fluente de mocos que me impedirían dar una respuesta clara, retirandome las lagrímas con una mano, le contesté:
-¡Oh no es por eso! Ud continue con su trabajo. -
El hombre dejó escapar una pequeño ruidito como si riese pero con la boca cerrada y finalizó su exploración. De espaldas, me comentaría que no tenía nada muy grave o al menos que a él le pareciese extremadamente angustioso como les explicaría despúes a Symond y a su esposa, sentada junto a él en un sófa que parecía sacado de un museo. La clase de sófa que maravillaría a Tomoyo, Con patas y antebrazos de oscura madera bien pulida y respaldo de cuero rojo. Todo parecía tán perfecto, tán equilibrado, eso debía ser lo que me ponía tán ñoña, la familia de Lillian era una familia tán unida y todos lucían tán felices y resplandecientes juntos. No como la mayoria de familias actuales, no como mi familia, que al morir mi madre, parecía haber perdido uno de los ingredientes principales para ser perfecta, por mucho que mi padre, Fujikata, se esforzase en tomar y juntar ese rol con el que ya había ocupado como padre.
-Piensan que te desmayaste debido a un fuerte ataque de asma. -Me comunicó Kerberus, cuyo afinado oido era sorprendente tumbandose sobre mis piernas panza arriba estando yo sentada en la cama, el doble de grande de lo que llegaría a serlo mi cama en Tomoeda. -Pero el Amo Clow sigue empeñado en dar respuesta a tu extraño comportamiento. -
-¿Lo le convence la posibilidad de que padezca amnesia? -Pregunté entrecerrando los ojos con tono de sabionda.
-Al principio sí pensó que podria ser eso pero dandole vueltas se dió cuenta de que al caer no te golpeaste la cabeza. -Me fue contando Kerberus sin apartar sus brillantes y rasgados ojos de gran minino de los mios color hierba. -Pero no sé porque darle tanta importancia a un detalle tán pequeño si en lo demás estás perfectamente. -Opinó como si quisiese pasar a otro tema. -¿No vas a escribir sobre este curioso evento en tu diario hoy? -
-¿Ein? -Exclamé como si mi cabeza se hubiese atascado a mitad del proceso de comprensión de lo sugerido por Kero. -¿Y no sería muy osado por mi parte? -Solté sin darme cuenta de lo raro que resultaba pedir permiso siendo yo su supuesta dueña. Kerberus se quedaría un momento callado pero dejando escapar una risilla, respondió:
-¿Osado? ¡Lo osado fue que el Amo Clow te lo regalase! -
-En ese caso, creo que escribiré algunas notas... -Dije pero en realidad, nada más encontrarlo y sacarlo del cajón en el que había sido cuidadosamente puesto, me pasé todo el tiempo, leyendolo. Era un cuaderno emanante de vivencias, sueños y desvelos más maduros de lo que me imaginé al abrirlo y pasar algunas paginas. Los pocos dibujos realizados en él me enamoraron. Compuestos por trazos tán ligeros y rapidos que más que una ilustración parecían bocetos o el inicio de una idea o pensamiento pero parecían estar tán llenos de emoción y daban la sensación de trasmitir un pequeño momento que me gustaron bastante. En las primeras hojas uno no hubiese pensado que se trataba de un diario, lo escrito junto a los dibujos era demasiado fantasioso, muy onirico para ser real pero poco a poco esas historias cobrarían algo de realismo o intimidad al continuar con recorriendo con mis ojos por cada hoja.

Querido Diario:
Sé que te prometí muchos años atrás compartir contigo tán sólo las historias más bellas e imaginativas que se cuajasen en mi mente día trás día pero he crecido y ahora mi mente se halla llena de otra clase de fantasias, oscuras fantasias, que sólo podré compartir contigo pues ¡Oh! Destino cruel, ¿qué otro podría atesorarlas sin juzgarme o considerar a mi amado un ser despreciable? Tán sólo por concederme tán peligroso capricho, por aceptar la tentación incrementada, por consentir mostrarme ante él como una mujer en vez de como la niñita que todos aún desean ver en mí. De modo que antes de comenzar esta nueva y sincera corriente de hechos vividos o soñados, me sentía en la obligación de advertirte ya que a lo largo de mi vida tú serás mi más fiel amigo y aliado. Si deseas una explicación más extensa, te haré saber que este cambio no sólo se debe a mi necesidad por tratar temas inconfesables o abrumadores, se debe a qué debido a que fuiste un obsequio del caballero al cúal me esforcé por conquistar y al sucumbir finalmente, me ha ayudado a descubrir todo mi potencial tanto a nivel magico como a nivel femenino, creí conveniente que nuestro romance, dure el tiempo que dure, sea conservado.

Cerrando el cuaderno despúes de haber leido más de la mitad, dejandolo reposar sobre mi pecho, pensé quedando embriagada por la narración que me traía recuerdos de todos los libros que Eriol cedió temporalmente a Tomoyo de autores tán romanticos y represantitivos de esas épocas como Ann Radcliffe pero abriendo los ojos de golpe, como si un gran peligro se avecinasé, un pensamiento preocupante llegó a mí mente como un grito. ¡Lillian estaba enamorada del mago Clow! Desde el primer momento parecía ser, como un irracional flechazo pero yo a quién quería con todas mis fuerzas, corazón y alma era a Shaoran. ¿Se entristecería el mago Clow si mis acercamientos hacía Syaoran Li se desenvolvían más atrevidos? Su historia de amor me tuvo muy pillada, más de lo que me hubiese gustado ya que era un amor tán tragico, como el que mi amiga Rika y el profesor Terada han mantenido durante tantos años. Ni me atrevía a comprobarlo hablando de ello con Kerberus, por lo que me quedé tumbada con los ojos cerrados callada como un muerto hasta que un dulce sueño me atrapó. Por un momento creí estar regresando a dónde ciertamente debía regresar, mi cuerpo para desconcierto de Kerberus fue tornandose luminoso pero al abrir los ojos e incorporarme a los pocos instantes de ser la puerta golpeada dos o tres veces, reconociendo el lugar al observar la habitación arrugando la frente, me ví obligada a afrontar que seguía en la mansión Windson, en Inglaterra. Mi habitación no poseía unas paredes de un color tán sobrio y los muebles de oscura madera tampoco se le asimilaban a la clase de muebles que un japonés suele comprar en nuestros días. Sin omitir que mi habitación está llena de muñecos y peluches y en ésta el único que podía pasar por peluche era Kero al adoptar institivamente su otra forma. Encogí la cabeza un poquito ruborizada, eso me hizo pensar que Lillian era mucho más sofisticada y madura de lo que yo llegaría nunca a ser. Al mirar hacía abajo, Kerberus ya no estaba tumbado encima, se había apartado unos centimetros y me dirigía una mirada atónita.
-¡¿T-Tú puedes realizar viajes astrales?! -Exclamó con los ojos terriblemente abiertos señalandome con un regordete dedo. Sintiendome como un bicho raro, repliqué:
-¿Es malo? -
-¡El Amo Clow dice que muy pocos hechiceros son capaces de hacerlo! -Me respondió lanzando otro grito, ese algo más euforico, creí creer. -¡Señorita Lillian, ha de informar de eso al Amo Clow y a su padre enseguida! -Me aconsejó saliendo de la cama de un salto hacía la puerta, rascandome la cabeza le ví arañar la puerta deseoso de que la abriese. Recorriendo la grandiosa casa en su busca me dí de bruces contra Shaoran.
-P-Perdón. -Me disculparía a la misma vez que me levantaba del suelo apoyando las manos sobre éste. Shaoran masculló algo y se hizo camino alejandose de mí. Descontenta con su actitud, cambié mis planes caminando por la zona que acababa de abandonar para adentrarme en lo que parecía un despacho de dimensiones medias, todo él tenuamente iluminado por la llama que había sido encedida en la única vela que una plateada lampara tenía incrustada en el centro.
-¡¿Qué haces aquí?! -Exigiría saber con expresión de fuerte desagrado pero también algo de verguenza Shaoran, tán apuesto con sus ropas chinas, con una dorada banda repleta de anudados lazos de igual material en el centro y el resto de un vivo tono verde. -El señor Reed y yo estamos tratando asuntos personales, ¡Espera afuera hasta que hayamos concluido la conversación! -Me mandó con un inglés tán tosco como su trato hacía mí.
-Supongo que Lillian ha venido porque ayer quedamos en que esta noche la pasaríamos juntos. -Le informó Clow con una voz más afable con un inglés más fluido. -¿No te importará que se quede? Después me gustaría hablar con ella. -Le solicitó saber sentado en el único sillón que había en toda la habitación cerca de la mesa, sin apartar sus dedos de la cabeza de Kerberus, que se comportaba tán mansamente como si fuese un gatito en vez de un león de aspecto adulto sentado a su vera. La sonrisa que se había quedado en el rostro del dorado guardián me hizó presentir que se lo había soltado todo a Clow, como un niño que no sabe callarse las cosas. El sentimiento de que yo sobraba se volvió más grande, más pesado, como una cadena de acero sobre el cuello, impidiendome decir palabra, sólo mover la cabeza. Los castaños ojos de Shaoran parecían arder de enojo, todo su ser parecía arder, su cabeza se agitaba ligeramente mientras intentaba mantener la calma, esa calma tán autoimpuesta, para no perder los estribos ante su abuelo, lo que lo convertía en una figura de posición superior en el clan.
-N-No, honorable Clow. -Respondió bajando la cabeza con los ojos cerrados pero el ceño muy fruncido, lo que endurecía su hermoso y joven rostro.
-¡Perfecto! Prosigamos pues. -Fue lo último en decir en inglés el mago Clow ya que Shaoran era de procedencia china, por lo que bien se podía suponer que sus antepasados, desde el más lejano al más cercano a la actualidad, hablaban en chino. Oyese lo que oyese en el despacho no saldría de allí pues no entendí ni una palabra. De pie, con las manos colocadas una encima de la otra, les observaba en silencio arrugando la frente y abriendo la boca de vez en cuando pensativa. Me maravillaba la gracia con la que el mago Clow gesticulaba y la tranquilidad con la que surgían sus palabras, sin perder la sonrisa en todo lo que durase la conversación pero me enamoraba con que pasión y que energía Shaoran conversaba, me recordaba a los heroes de las historias de fantasia mitologica. Finalizada la conversación, no muy satisfactoriamente para Shaoran, a juzgar por las furiosas zancadas con las que se alejó de Clow y la brusca manera en que abrió la puerta, Clow me animó a acercarme.
-Tiene el caracter de los Li, sin lugar a dudas. -Pensó en voz alta riendo azorado mientras se ponía en pie llevandose las manos a la espalda. -Espero que esta pequeña disputa familiar no te haya asustado, acércate, si no me equivoco, un pajarito me ha dicho que posees habilidades muy especiales. -
-Kerberus. ¿Verdad? -Mascullé antes de llenarme de valor y apróximarme a él. Desde que había leído esas confidencias en el diario de Lillian, no sabía como actuar frente a él. El tiempo había pasado, ya no era la misma niña que atrapaba cartas vestida por coloridos e imaginativos vestidos ideados y hechos para cada captura. Debía tomarmelo con filosofía, quizás si me imaginaba que era Eriol y no el poderoso mago Clow todo sería menos forzado. Meditandolo profundamente, Eriol era su reencarnación por lo que no había mucha diferencia entre ellos. Aún así, me costaba y me costaría el doble intimar con él porque ¡Yo sólo quiero a Shaoran! Él era mi persona especial y siempre lo va a ser.
-Me hace muy feliz que te hayas enamorado de Syaoran porque él está muy enamorado de tí. -Me soltó el mago Clow dejandome paralizada a mitad del trayecto hacía la mesa. -Pero debido al compromiso al que se vió obligado a aceptar no puede demostrarte su amor. Syaoran es un hombre de palabra, que valora demasiado las costumbres que ha aprendido desde niño. -Me iría diciendo, suspirando concluyó. -De ahí que me reproche mi modo de vida y este empeñado en devolverme al lugar que él considera mi lugar, con la familia Li. ¿No te parecería bonito que el Oriente y el Occidente se volviese a unir? -
-¡Qué egoista eres, Amo Clow! -Exclamaría Kerberus con un ojo cerrado. -¡¿Mira que sugerir esas cosas de la señorita Lillian y el mocoso?! ¡Si el destino decidiese que él fuese a ser mi siguiente amo, me moriría! -
Clow y yo nos echamos a reir, a Kero nunca le gustó Shaoran, al parecer tampoco le gustó su antecesor. Relajada gracias a las niñerias de Kerberus, mantuve una agradable y destendida charla con el mago Clow. Él me explicaría entre burlón y sereno en qué consistía eso de los viajes astrales y porque le causaba tanta admiración a Kerberus.
-Te contaré un secreto. -Dijo indicandome con un dedo que acercase mi rostro para que pudiese oirle. -Yo también puedo viajar por otras dimensiones. -Susurró y guiñandome un ojo dió por zanjada la cuestión que tán preocupado tenía a Kerberus. -Ahora me gustaría que te vestieses de fiesta, me gustaría que me acompañases al casino. -Me ordenaría con una encantadora sonrisa dando una palmada.
-¡No puedo más! -Gritaría antes de perder el aliento en el último tirón que la criada dió a fin de anudar la última parte del enrevesado y grueso hilo que cerraría el estrecho y blanco corsé que me cubría el torso dejando la mitad de mis senos al aire. -¡Ahora comprendo por que las damas de antaño tenían esas cinturitas de avispa! -
-¡Ya deje de quejarse! -Me reprendía la mujer, pocos años mayor de lo que yo realmente era, resoplando. -¿Nunca ha oido eso de que para estar bella una ha de sufrir? -
Girandome, negué con la cabeza, manteniendo los brazos flexionados como si me hubiesen atado con una especie de cuerda invisible. ¿Para qué tanta prenda si luego sería echada al suelo en un ataque de loca pasión? Inflando los mofletes, enfriandome a causa de la poca ropa que llevaba, esperé a que la sirvienta me colocase lo que parecía un enague de tela unido a un armazón con anchos aros de fino acero que recordaban la forma de una jaula ovalada.
-¡No fastidies! -Grité tirintando de frio e intranquilidad. -¡No pienso ponerme eso! -Le advertí con los ojos entrecerrados, arrugando la frente y negando varias veces con la cabeza. La sirvienta cerró los ojos con resignación, como si mi opinión no tuviesen valor o más bien como si no fuese la primera vez que me escuchase decir semejantes cosas y procedió agarrandome de un brazo a colocarmelo lo que me obligó a lanzar más gritos.
-¡¿Pero qué haces?! -Volví a gritar agitandome con la patética consecuencia de una dolorosa caía de culo al suelo. -¡Si te digo que no pienso ponerme eso, es que no me lo voy a poner! -Le reiteré poniendome en pie costosamente, con el trasero dolorido, alejandome de la sirvienta, que sostenía la horrorosa prenda a la espera de que afrontase ese miedo tonto e infantil y me dejase finalizar de vestir. Alzando una ceja, desafiante, intentó que me lo pusiese de nuevo y no cedió hasta lograrlo. Por mucho que chillé y que me resistí aquella cosa ya formaba parte de las prendas que me cubrían. La sonrisa de victoria que esbozó la sirvienta me sentó como una patada en el culo, más dejando caer mi cabeza, afronté lo mejor que pude la derrota. Las faldas se amoldaron al armazón a la perfección ampliandose y adoptando una forma identica a la de una campana o un gran globo cuanto éste está muy hinchado. La parte inferior era del mismo color y de la misma primorosa y mimosa tela, tán bien acogida por mi desprotejida piel.
-Ahora ya sólo nos queda arreglar tu cabeza, señorita Lillian. -Me anunció la criada erguida de orgullo conduciendome hasta el tocador tomando mi mano enguantada.
El cambio fue tál que la primera en quedarse obnubilada fuí yo. Ladeando prudentemente la cabeza, pestañeando con coqueteria, me lanzaba miradas de fascinación pues no podía dar credito a la imagen que el espejo me enseñaba, aquella muchacha no podía ser yo, esa muchacha de grandes ojos esmeralda adornados por largas y oscuras pestañas acompañadas por un pequeño lunar inventado, mejillas muy rosadas y labios de un tono vino tinto que acrementaban el deseo de rozar sus labios pero lo que más me impactó fue lo obrado en mis cabellos, tán largos y sedosos que parecían fluir de un dorado naranja como el pelaje de Kero bajo un moño de tamaña mediano formado y compactado con la ayuda de una flor de vivos color rosado y blanco, la flor que hacía alusión mi nombre. Posicionando sobre mis labios una mano, sonreí meneando la cabeza. ¡La de fotos que me hubiese hecho Tomoyo! Aclarandome la voz, dije:
-Bueno, ¿queda algo más por hacerme o ya puedo reunirme con... El señor Reed? -
La agotada pero triunfal mujer contestó:
-No, señorita Lillian, gracias a Dios ya hemos acabado. -Trás frotarse la frente, añadiría mirandome como si contemplase una obra de arte. -Vaya y deslumbre a todos. -
-Así lo haré. -Le aseguré poniendome en pie con su ayuda abandonando mi reflejo en el antiguo espejo. En la entrada Clow me esperaba con la compostura y vestimentas propias de la época. Al tenderle mi mano, él la besó arridillandose como el caballero que era, dejando que la larga y oscura capa que le tapaba cayendo por la espalda se extendiese todo lo larga que era por el suelo como una eterea dama desvalida. Planeada artimaña para tenerme riendo un buen rato, ruborizada a la par que complacida. Golpeandole suavemente con un abanico del mismo color que mi elegante traje, entre risas le pedí:
-Déje de ponernos en evidencia y vayamos de una vez al casino. -
-Tus palabras son ordenes. -Replicaría él alzando las cejas sin perder una pícara sonrisa finalizando su actuación al ponerse en pie. Antes de salir de la mansión hacía el fresco exterior, meramente iluminado por largas farolas desplegadas a lo largo de la calle, entre casa y casa, Mi cortés caballero inglés me envolvería con su capa al arrimar mi cuerpo contra el suyo.
-Aunque todavía no estemos en invierno, durante la noche la brisa viene fresca. -Me hizo saber mientras dabamos el primer paso que nos dejaría al otro lado de la puerta principal, cerrada trás nosotros. -No quisiera que pillases una fuerte pulmonía, el carruaje que pedí puede tardar en llegar un rato. -
Su gentileza me dejaba fuera de combate. Asentí apartando la mirada, sus ojos eran tán azules que podías perderte en ese azul celeste, centelleantes y amigables, que te robaban el corazón sin necesidad de adoptar un fulgor agresivo. Ojos que reflejaban moriña o melancolía que comprimía el corazón. Con la vista puesta a la lejania de la empedrada calle, recordé la última historia publicada en una revista literaria de otra de mis más allegadas amigas de la infancia, la imaginativa Naoko. Suspiré entornando los ojos, eramos un grupo de amigas tán diferentes pero tán bien amoldadas que sabíamos mantener nuestras diferencias lo suficientemente pequeñas como para que éstas no nos separasen. En cuanto apareció el grandioso carruaje tirado por esbeltos caballos mis pensamientos cogieron otra dirección. ¡En mi vida había tenido la oportunidad de montar en algo así! Con la ayuda del mago Clow conseguí entrar pues el maleducado del cochero no se molestó en echar una manita a esta dama. Trás escupir, su respuesta a mi petición fue:
-Señorita, eso no forma parte de mi trabajo, hágalo Ud misma. -
-¿No te parece un hombre encantador? -Bromearía Clow ya sentado frente a mí. -Es por ese motivo que lo escogí. -Añadió acomodandose en el asiento que poseía su parte del interior del carruaje. Alzando la cabeza al recostarme sobre mi asiento aterciopelado, respondí:
-En ese caso, no vuelvas a solicitar un carruaje, ejercitar mis piernas será menos ofensivo. -
Las vistas que ofrecían las grandes ventanas del vehiculo hicieron que valiese la pena ser tratada como una cualquiera. Londres era una ciudad espectacular, justamente como nos la describía Eriol a Tomoyo y a mí con orgullo. Empecé a lamentar no haber aceptado la propuesta de Eriol de estudiar en el extranjero. La velada fue de ensueño, la gastronomía londinense era de sobresaliente y que Clow se valiese de Dulce para amenizar algunos postres ya que las especialidades del lugar no eran lo suficientemente dulces fue la guinda del pastel. Me enternecía tanto el amor que le procesaban las cartas al mago Clow, nada más aparecer, le daban un beso y si eso no se podía, se lo lanzaban llevandose una mano a los labios para luego retirarla hacía él.
-¿Te gustaría saber cuando cree a Dulce? -Me propusó contarme mientras me contemplaba degustar el recién manipulado postre. Asentí sonriente. Dulce era una carta tán linda y útil. A veces se me antojaba de las más infantiles pero quizás era eso lo que la hacía tán linda. -Estaba en China con mi esposa y mi primer hijo, Xiao Lang, intentaba cocinarle algún pastel pero con los ingredientes que disponiamos salió bastante extraño. En realidad fue una estúpidez pero me pusé a pensar en uno de esos duendecillos que en un cuento cada vez que el protagonista se iba a dormir, le ayudaban. Dulce es mi hadita de la reposteria. -Me trasmitió, le escuché con gran interés. No todos los días podría escuchar al creador de las cartas Clow compartir su sabiduria. Llevandose una mano a la frente, rió antes de continuar contandome cosas. Cualquiera que lo escuchase excepto yo pensaría que ese hombre deliraba o que era demasiado guasón.
-Hablando de cartas magicas, ¿has creado una llamada Recuerdo? -Me ví obligada a interrumpirle rememorando algunas de las cartas Clow que Eriol me dejo escondidas en el libro que trajó la última vez que estuvo por Tomoeda. El rostro de Clow se sereno, sosteniendo su barbilla sobre el dorso de éstas, dijo extrañado:
-No me suena haber nombrado así a ninguna de mis cartas. ¿Podrías describirme su verdadera naturaleza? -
-Claro, déjeme recordarla. -Le respondí yo mientras cerraba los ojos concentrandome en recordar su aspecto aunque no logré definirsela muy claramente. -Era como una niña que flotaba con el pelo corto, parecido al que yo tenía de pequeña, pero muy rubio. Su trajecito parecía de artista de circo. -
Pero no podía ser obra suya, en ella se podía percibir el poder de otra persona además del poder de Clow. Si hubiese sido más hábil la hubiese podido retener pero no hubo manera. Ninguno volvió a abrir la boca hasta que el camarero nos trajó la cuenta.
En el casino, de enormes salas, altísimos techos y suelos con pulidas baldosas que si las mirabas con atención era capaces de reflejar tu figura con una nitidez perturbadora. Nada más desplazarnos hasta el centro de la amplía sala principal, un grupo de hombres vestidos con sus mejores galas, trajes negros y chalecos de blanco color que cegaban mis ojos, con brillantes y doradas cadenas que ocultaban sus preciados relojes de bolsillo, se agolparía formando un circulo a nuestro alrededor.
-¡Mago Clow! -Exclamaban ávidos por ser los primeros en captar la atención de Clow. Clow encaminó sus deslumbrantes ojos al primero que pronunció su nombre o para hablar con más precisión, el nombre con el que se había hecho famoso como ocultista, entre los más reputados de su tiempo. El hombre que le había parecido más interesante, continuó hablando mientras nos apartaba del grupo. -¡Verá, mi buen Mago Clow, yo no soy muy aficionado a estas cosas pero cuando un día me hablaron de Ud, quisé intentarlo! -
Por el modo en que se explicaba, no me fue difícil advertir que aquel hombre estaba desesperado. Su petición iba a ser ningúna tonteria o ningúna trivialidad como generalmente se le solicita a un ocultista pero Clow no me lo contó, ¿ética profesional? Esperando y esperando sentada hasta aburrirme tanto que me tumbé en el sófa, fuí pretendida varias veces por toda clase de caballeros. ¡Uy! Todo demasiado victoriano, resoplando y jugueteando con el abanico me empezaría a entrar sueño. La orquesta comenzó a interpretar las canciones más lentas, sonreí pensando que quizás el maestro de orquesta deseaba ayudarme a entrar en ese dulzón sueño. Las palmaditas en el rostro que el mago Clow me proporcionó me sacarían de mis agridulce sueño.
-Lillian, ya he acabado, ¿nos vamos o prefieres que bailemos un rato? -Me haría elegir con dulzura sentando a mi lado. ¡Os lo juro! Ese hombre no podía ser real, todo aquello debía ser un sueño, el sueño más extraño y bonito que hubiese podido tener en la vida. Avivandome un poco, pestañeando al incorporarme, le rogué que me sacase de allí pues yo no estaba agusto, desentonaba y temía arruinar la noche con mis modernidades. A cuadros, Clow me sorprendió intensamente cuando en vez de llevarme de vuelta a casa, a la mansión Windson, pidió al cochero dirigirse a su casa.
-¿No debería estar con Symond y Marion? -Pregunté con los ojos abiertos hasta el limite.
-Eso depende de tí, ¿quieres ir con ellos? -Me respondió él astutamente.
Me encogí de hombros. No sabía lo que contestarle, ellos se suponía que eran mis padres pero apenas los conocía, en cambio a él lo conocía un poquito más, probablemente gracias a Eriol y sabía perfectamente que ocurriese lo que ocurriese, no sería peligroso. Sayumi extendería sus brazos mostrando los dientes anhelante por hacerse cargo de nuestras capas, únicos abrigos que nos envolvían. Cargada con ello, nos guiaría hasta el salón, en el cúal los guardianes de las cartas y su cuidadora, Hikari solían pasar la mayor parte del tiempo acompañados por el parco en palabras Shaoran.
-¡Ya era hora que llegases! -Le espetaría levantandose nada más fijar sus ojos color chocolate sobre nosotros. -Mañana tenemos un largo viaje que preparar. -Citaría saliendo del sillón como un guardía que ya ha cumplido con su misión de vigilancia. Al cruzar nuestro lado intenté detener su apurado paso.
-¡Shaoran, espera! -Diría osando agarrar su sedosa manga verde. Éste se detuvó un fugaz momento pero sus palabras fueron tán recias, dando un fuerte respiro por la nariz, como haría un bravo toro, habló:
-¡S-Suéltame! Si las cosas estan así, es en gran parte por tu culpa. -
Mis labios temblaron y mis ojos se nublaron al soltar a Shaoran, que se alejó rapidamente de mi vista fundiendose con la oscuridad del pasillo. Meneé la cabeza agachandola para que nadie pudiese verme en tán frágil estado, a punto de echar a perder el maquillaje esparcido con suma destreza y cuidado en mi rostro. No me gustaba encontrarme con ese Shaoran, me traía malos recuerdos, recuerdos que me herían ya que al principio mi Shaoran también era muy así, compitiendo ferozmente conmigo por ser el próximo amo de las cartas Clow, a veces, sin tener en cuenta cúan despectivo se comportaba pero también solía ruborizarse. El mago Clow era el único que se esforzaba por arreglar lo que las palabras de Shaoran destruían. Alzando y redireccionando mi cara, me besó y dijo:
-No, mi Lillian, la culpa es solo mia. -
Me sentí tán despreciada que dejé de resistirme a sus encantos. Quizás Eriol siempre fue más adecuado, con él hubiese visto Londres y otros lugares, el me trataría como la señorita que era y Yue sonreiría con sinceridad pero no, me enamoré del heroe solitario, no del principe azul. ¿Por qué Shaoran nunca ha tenido ningún detalle conmigo? Ese pequeño incidente con Syaoran Li me trajó tristes recuerdos de algunas disputas sufridas con Shaoran, su modo de concluirlas era identico. Salía de la casa malhumorado, sin decir palabra y si trataba de detenerlo, me soltaba cualquier cosa gritando. No sé quien era peor de los dos si yo por consertirlo o él por hacerme sentir tán bien, en cada beso, en cada caricia, era como comer chocolate cuando te ha sido expresamente prohibido, era algo que no debía de estar pasando y mi conciencia no tardaría en fastidiar ese placer que me recorría entera, placer aumentado cuando sus manos me liberaron del puñetero corsé, permitiendo a mi espalda recobrar una posición menos forzada, mi largo suspiro le haría reir sonoramente pero nadie nos escucharía pues la carta magica Silencio se aseguraba de ello. Continuando desvistiendonos, mis ojos verdosos no se apartaban de ella, era de las cartas más escalofriantes que Clow fue capaz de crear, parada al lado de la puerta, sin decir palabra ni escandalizarse, con su dedo indice colocado sobre sus finos labios. ¿Por qué Shaoran nunca ha tenido ningún detalle conmigo? Ese pequeño incidente con Syaoran Li me trajó tristes recuerdos de algunas disputas sufridas con Shaoran, su modo de concluirlas era identico. Salía de la casa malhumorado, sin decir palabra y si trataba de detenerlo, me soltaba cualquier cosa gritando. No sé quien era peor de los dos si yo por consertirlo o él por hacerme sentir tán bien, en cada beso, en cada caricia, era como comer chocolate cuando te ha sido expresamente prohibido, era algo que no debía de estar pasando y mi conciencia no tardaría en fastidiar ese placer que me recorría entera, placer aumentado cuando sus manos me liberaron del puñetero corsé, permitiendo a mi espalda recobrar una posición menos forzada, mi largo suspiro le haría reir sonoramente pero nadie nos escucharía pues la carta magica Silencio se aseguraba de ello. Continuando desvistiendonos, mis ojos verdosos no se apartaban de ella, era de las cartas más escalofriantes que Clow fue capaz de crear, parada al lado de la puerta, sin decir palabra ni escandalizarse, con su dedo indice colocado sobre sus finos labios. Nuestras ropas caerían desordenadas al suelo excepto la odiosa enagua con los aros metalicos.
-¿Se puede saber que haces con una jaula de pajaro encima de tus piernas? -Se mofaría él dejandolo en una silla de pie.
-¿A Ud que le parece? -Le respondí aborchonada y la par que agradecida, moviendo mis largas piernas como si nadase en unas aguas imaginarias, tumbada boca arriba en su cama.
-Sharon consiguió encasquetartela. -Adivinó volviendo a la cama quitandose las redondeadas gafas mostrandome sus preciosos y enigmaticos ojos azules sin ningún cristal protector delante. Me tenían cada vez más fascinada. Encogiendo la cabeza, asentí con el ceño fruncido.
-Sin embargo ha hecho un gran trabajo maquillandote. -La alabó. -Todos los hombres del casino se morían de envidia. -Añadió antes de besarme y así reiniciar lo que nos tenía tán entretenidos. Cerrando los ojos me concentré en disfrutar de esas sensaciones que regresaban a mí en cada pase de sus manos por mi torso desnudo, que parecían llegar a su punto más alto cuando bordeó mis senos como si dibujase su figura avanzando hasta mi pequeño y levemente sobresaliente pezón.
-¡Dios mio! Jamás pensé que incluso para esto fuese tán diestro. -Se me escaparía decirle incorporandome un poco mientras él se ponía ligeramente a mi derecha. Agachando la cabeza, esbozando una timida sonrisa que enseñaba sus perfectos dientes, respondió:
-¿Será que va a ser cierto eso de que la practica hace al maestro? -Respondería fingiendo sorpresa alzando ambas cejas mientras su mano descendía alegremente enlenteciendo el ritmo al llegar a mi tripa, en cuyo centro estaba mi ombligo. Encogiendo la tripa un poco al primer contacto con los dedos que se paseaban cerca de mi obligo, un fuerte rubor se hizo visible en mi cara. Giré la cabeza azorada pues esa era la clase de jueguecitos que debería poner en practica con Shaoran pero nunca había tiempo, ni en la noche de San Valentín. Mi acompasada respiración se tornó brusca al imaginar lo que sucedería depués.
-¿Me vas a penetrar? -Le pregunté jadeando nerviosa. Retirando sus dedos de mi sensibilizada piel, mirando al cielo un momento, respondió:
-¡Qué cosas tienes Lillian! Si lo hiciese y tu padre se enterase, me mataria, sin olvidar recordarte que el único modo de hacerlo sin que se enterase sería muy brusco. -
-Es verdad. -Le dí la razón llevandome una mano a la cabeza riendome como una loca.
-Pero existen muchos modos de complacer a una dama tán apasionada como tú. -Dijo y se dispusó a abrirme con cuidado las piernas hasta que mi palpitante sexo quedase libre para ser mimado bajo finos cabellos de fuerte tonalidad entre anaranjada y amarilla. La oleada de fuertes emociones volvió a sacudirme al posar él su mano. El carmín iría abandonando mis labios al entremezclarse con los labios del mago Clow en cada beso. Había pasado de vivir una aventura romantica propia de Jane Austen a una de alta sensualidad propia del infame Casanova. Estaba tán excitada que me daba igual. Al día siguiente, desperté como me figuro despertó la cenicienta el primer día de su nueva vida en palacio, flipando por lo que había pasado la noche anterior. Con un sentimiento de culpa naciendo y creciendo a cada mirada distante de Syaoran y la mirada reprochante de Yue. La única que hizo el esfuerzo por ser amable conmigo fue Hikari mientras me acompañaba hasta la bañera.
-El Amo Clow me ha pedido que te ayude a arreglarte un poco. -Me hizo saber mientras comprobaba que el agua que había sido vertida en la alargada y de seguro escurridiza bañera estaba agradable. Suspirando añadió. -Aunque se esmera en no llamar la atención, todos sabemos lo encaprichado que lo tienes. Igual que pasó con tú madre. -
Quisé profundizar pero recapacitandolo, me encogí de hombros con una vaga sonrisa y avancé hasta la bañera desprendiendome de la sedosa y ancha bata con la que había amanecido. Hikari me tendería su mano y poco a poco me sumergí en la templada y cristalina agua. Conversar con Hikari me resultó parecido a hacerlo con Tomoyo, mientras restregaba con energía un redondeado jabón sobre mi espalda. Reí con todas mis ganas cuando me comentó la pequeña disputa tenida con Clow pocos instantes antes pasandome las manos espumosas por los brazos afanosamente.
-¿Puede creer lo desvergonzado que es el Amo Clow? -Exclamaba risueña. Negué con la cabeza curiosa. -¡Quería que una de sus creaciones se ocupase de Ud! Pero con todo el respeto del mundo yo me negué argumentando que prefería hacer yo por mis propios medios. Si supuese lo que tuve que insistirle en encargarme yo. -
-Hizo bien, Burbuja lo hubiese dejado todo perdido de burbujas y espuma. -Le dí toda la razón identificandome con ella. -¿Y Shaoran que le parece? -Me dió por preguntarle estando ella liada con mi cabeza. Frotando y machacando mi pelo como si fuese masa, echandole agua con un pequeño barreño de vez en cuando.
-Me hace recordar al Honorable Fei Wang Li. -
-¿Te refieres al hermano del mago Clow? -Intenté adivinar. Ella asintió.
Apenas sabía gran cosa sobre Clow Reed pero gracias al libro que Eriol trajó repleto de datos que avivaron mi curiosidad dormida mi conocimientos sobre él crecieron un poco más. Al salir de la bañera el aire me atravesaría frio hasta que Hikari me envolvió en una larga y tupida toalla. Con la piel limpia y el alma aparentemente sosegada trás el baño me vestí observando como Hikari metía las ropas de fiesta en una bolsa de oscuro cuero.
-Buenos días, ¿puedo desayunar algo antes de irme? -Solicité amablemente, temerosa de que me mandaran de vuelta sin ni siquiera darme un trocito de pan que calmase mi revuelto estomago. Sentada esperé callada una respuesta. Syaoran Li pondría cara de fastidio y dignandose a contestar, diría:
-¿No tienes suficiente con haber pasado la noche aquí? Qué te den de comer en otra parte. -
Aguantando sus palabras con la mejor actitud posible, le repliqué:
-Pues me gustaría desayunar aquí, contigo. Sólo será un ratito. -
Sayumi colocó ante mí una apetitosa tortita que deboré dejando a los cubiertos hablar por mí con un vaso lleno de blanca leche que me bebí de un sorbo. Shaoran me miraría cruzado de brazos con el gesto torcido, si hubiese dependido de él, la cortesía hubiese finalizado nada más salir del dormitorio de Clow. Limpiandome bien la boca con una servilleta de tela, me levantaría llevando conmigo el plato y el vaso vacios hasta el fregadero. Agradecí a la criada japonesa en perfecto japonés su hospitalidad y marché hacía la entrada, ésta negando con la cabeza, me dijo con una sonrisa encantadora:
-No ha sido nada señorita Windson, el señor Reed lo había preparado para Ud. -
¡Tanto Eriol como él eran unos maestros de la reposteria! Me relamí de gusto como una niña pequeña. Clow se disculparía una y otra vez junto a la puerta principal por las maneras de Shaoran y Yue. Negando con la cabeza mientras mis manos eran sostenidas por las suyas de parecida claridad, le reiteré que no pasaba nada, que él no tenía la culpa de estar tán sobreprotegido, termino que le llamó la atención y consiguió que una expresión de sorpresa se dibujase en su rostro de actor europeo de rasgos tán finos y proporcionados seguido por un gesto burlón.
-Te prometo pasar con él a la mansión Windson antes de emprender el viaje hasta Norwich, para embarcar. -Me prometió besandome en la boca por última vez. De vuelta en casa, en la casa real de Lillian, un pensamiento egoista cruzó mi cabeza. ¿Y si en vez de escoger entre Eriol y Shaoran, me dejaba amar por los dos? Dejando en su correcto lugar la mitad de prendas de las que Clow tán amablemente me había liberado e inventado alguna excusa para la desaparición del armazón de finos aros de acero, me tumbé en la confortable cama, acto que produjó que el bolso de cuero cayese al suelo aparentemente sin nada dentro dandome un pequeño susto pues el sonido de algo chocando contra el suelo no fue esperado. Al gatear y acercarme hasta el borde de la amplía cama ví lo que parecía un luminoso libro. Abriendo los ojos con la boca abierta lo recogí con una mano. Yo conocía ese libro cuyas paginas estaban totalmente en blanco. Era la carta Creación, que parecía estar deacuerdo con Clow en que era una lastíma que Shaoran y yo no tuviesemos una relación más favorable. Buscando entre los cajones de todos los muebles del dormitorio una pluma con la que escribir, estaba a punto de manipular los acontecimientos venideros... Lo que no yo no sabía que podía traer consecuencias tán feas como las que ocurrirían en mi actual y propia vida. Empapando mi instrumento de escritura bien en oscura tinta sentada frente al espejo apoyando mis brazos en la mesita que componía el tocador las letras fueron realizadas tán claramente como la emoción me permitió. Finalizada la labor, al cerrar el libro éste brillaría cegador confirmandome que la operación había sido un exito. Aquella misma tarde, lo relatado cobraría vida. Esperé sentada junto al árbol de gruesa corteza del cúal había caido el otro día con toda la espalda y la parte trasera de la cabeza apoyada en él silbando, mirando expectante hacía la lejanía. No tardé ni un instante en reconocer a la figura toda de verde que pasado un rato caminaría hacía mí. Casi me estremecí de la ilusión. Desviando la mirada, Shaoran empezaría a hablar.
-Este va a ser el último día que este por aquí, he conseguido adelantar el viaje a China. -Me iría contando como si a medida que me lo contase fuese a ser más fácil que surgiese en cualquier momento la disculpa, la disculpa tán meditada y recomendada por Clow. -Sé que durante estos días me he comportado como un idiota con todo el mundo, especialmente contigo y con el honorable Clow pero. -Se aclaró la garganta torpemente antes de continuar y sincerarse. -Pero supongo que era porque estaba celoso. Tanto él como tú sois personas muy importantes para mí y bueno, que seais amantes... No me gusta. -
-¿Por qué no? -Pregunté con el corazón a punto de reventar, deseando más que nunca escuchar de sus labios una declaración de amor. Dirigiendo sus castaños ojos hacía mí, llenandose de aplomo, respondió:
-Porque quien debería besar tus labios y tocar tu cuerpo soy yo... Sería lo correcto, si pudiese... -Sus últimas palabras irían perdiendo fuerza al mismo tiempo que sus mejillas se enrojecían vivamente. Poniendome en pie para acoger su rostro entre mis manos, ladeando suavemente la cabeza le comenté:
-Pues hazlo, todavía estas a tiempo. -
Remojandome los labios, le dí un pequeño empujón al unir mis labios con los suyos en un impaciente beso habiendo acercado su rostro al mio con mis manos, que a pesar de haber sido agarradas por las suyas, éstas no fueron apartadas. Echaba tanto de menos el sabor que se me quedaba después de mantener mis labios contra los suyos. Echaba de menos su sonrisa y el siguiente y más intenso beso. Echaba de menos que posicionase una de sus manos sobre mi cadera y la otra sosteniendo mi cabeza o que enredase sus dedos sobre mis ahora largos cabellos pero sobretodo echaba tanto de menos no tocar su delgado pero masculino cuerpo y como no, que sus inquietos dedos tocasen el mio mientras nos revolcabamos por la cama o en ese caso, la verde alfombra de hierba que poseía el magnifico jardín de los Windson. Incluso añoraba que me lamiese y peñizcase los pezones. Rememorar esas largas horas que nos tirabamos adentrandonos en el mundo de la pasión en vez de estudiar en su piso me hacían estallar de gozo y placer. Abriendo los ojos y pestañeando varias veces la imagen de un niño se volvería precisa.
-Esto... Siento molestar pero uno de mis hermanos dice que tienes que regresar al momento actual. -Diría rascandose la cabeza. Sus ropas parecían de payaso, muy brillantes al igual que sus ojos. Sus cabellos eran puntiagudos y estaban muy revueltos como si tuviese un erizo pegado. Me separé de inmediato de Shaoran, que aprochandose de nuevo la verde prenda tradicional china se quedaría sentado no muy lejos, gritando roja como un tomate:
-¡Pero niño! ¿cúanto tiempo llevas ahí parado? -
-Sólo un ratito. -Respondería con voz temblorosa como si estuviese a punto de llorar en cualquier momento. Arrugando la frente dandome cuenta de que sólo era un niño, abotonandome el ancho camisón me esforce por controlar la verguenza y la furia que me estaban invadiendo en ese momento, hacer llorar a un niño que parecía tán especial no sería propio de mí. Trás tomar aire muchas veces, le pedí que me explicase el motivo por el que nos había interrumpido. Mirando hacía el suelo, repitió:
-Uno de mis hermanos me ha dicho que te diga que tienes que regresar al momento actual. -
-¿Al momento actual? -Repetí aunque no entendía del todo a lo que se refería, tenía una ligera idea ya que estaba claro que yo no era Lillian Windson y que esa no era mi época pero lo de volver, eso era la parte que me costaba comprender. -¿Cómo? -Añadí.
-¡Regreso, regreso! -Me soltaría con voz cantarina. -¡Qué nombre más raro para una señora que podría ser mi madre! -
A su manera, me estaba diciendo que usará la carta Regreso, como usará el día que me enfrenté a Eriol momentos antes del combate con la firme intención de hablar con el mago Clow y aclarar lo que me estaba pasando pero una duda se me apareció. Regreso era una carta que te llevaba a eventos pasados, ¿podría llevarme al presente también? No, no podía o eso nos explicaría Clow, su creador y principal amo más, al niño no parecía importarle, él pedía dando saltos que la invocasemos. ¡No os imaginais cúan ilusionado se mostró ante la verdadera apariencia de la carta! Sonriendo y sonrojandose, juntando sus manitas en gesto suplicante le preguntaría, con un respeto asombroso:
-Oh poderosa carta Clow, ¿me permitirías usar mi humilde poder a la vez que Ud usa su grandioso poder? -
La serena dama envestida por largas tunicas superspuestas sosteniente de una ovalada superficie que se asemejaba a un espejo pero en cuyo cara estaban pintados números como si en verdad se tratase de un reloj fijaría sus ojos en Clow, quién sin hablar, le concedió unir su poder al del niñito. Una intensa luz brotaría de ambos nada más agarrar el niño una de sus largas mangas que caían hasta el suelo de tán largas que eran.
-¡Sakura! -Escucharía mi nombre exclamar a alguien de nuevo. Al ir abriendo los ojos esa persona sería Touya, mi hermano mayor, que al segundo siguiente girando la cabeza lanzaría otro fuerte grito hacía la puerta. -¡Chicos, venid, venid, Sakura por fin ha despertado! -
-Hermano... -Diría yo apesadumbrada, sintiendome desorientada y atontada. -¿Qué haces en el parque? -Quisé saber creyendo estar aún en el parque con Tomoyo. Él me dedicaría una sonrisa forzosa sentado a mi lado en un gastado sillón azul oscuro mientras una serie de personas entraban a la habitación, una de ellas cargaba consigo un gran ramo de flores.
-Sakura, no estamos en el parque, sufriste una grave decaida y ahora estas ingresada en el Hospital ¿Recuerdas? -Me trasmitió despacio y muy clarito, como si hablase con una niña muy pequeña. Sin dar demasiados detalles, fue ahí que comenzó a empeorar todo.

domingo 29 de enero de 2012

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Esta historia, os he de advertir, es de las fuertes pero espero que os guste y no seas muy duros conmigo por ello pues como tantas veces digo, procuraro ser lo más sútil posible en ciertas escenas... No sé porque pero se me ocurrió un día que el perfído Chaos hiciese un trato con Yue antes de que Petición actuase LOL (Yue me parece más sensible e inocente que Chaos por lo que pensé que sería interesante que interactuasen un poquito como la representación de un angel y un diablillo <3)
Contada en primera persona. La primera parte, que son divagaciones de Caos, por ese personaje y la otra, por Yue ^^
Los personajes de CardCaptor Sakura pertenecen a CLAMP ^^ El resto son cosa mia
Dedicada especialmente a Chocolate-con-menta, Tsuki no Youkai y Melissa-yueirishu, grandes fans de CardCaptor Sakura y grandes escritoras de FanFics ^^ (Sin olvidar decir, que admiro muchísimo sus obras, esfuerzo e imaginación)


"Un capricho se diferencia de una gran pasión en que el capricho dura toda la vida." - Oscar Wilde - Dramaturgo y novelista irlandés

FanFic Crossover
CLAMP - Welcome To Hell
El trato



Era tán bello como repúlsivo. Apoyado sobre el descendente tejado de una vivienda de grandes dimensiones, no muy lejos de un ventanal en cuyo interior escasa luz dejaba entrever dos siluetas que se movían a vertiginoso ritmo como si danzasen una melodía que sólo ellas pudiesen escuchar, yo no necesita asomar mi cabeza junto a él para contemplar lo que esos dos individuos se proponían pero al parecer, ese ser sí pero con brusca rapidez giraba su cabeza enderezandose. Esos repetidos actos me causaron gran entretenimiento. No concebía a ese ser tán mojigato pero por otra parte, su mojigateria me vendría bien. Al fin y al cabo, como había ido aprendiendo por mí mismo, tarde o temprano llega el momento de tomar al toro por los cuernos, si en verdad, deseas obtener lo tán anhelado. A medida que me desplazó mediante largos y acróbaticos saltos de tejado en tejado hasta acabar frente a él, cerrando los ojos, me esfuerzo por recordarle pero supongo que los recuerdos que se han mantenido en mi memoria son tán feos y turbios que cuesta encontrar alguno en que él aparezca por lo que las imagenes se suceden como escenas de una película sin posibilidad de ser rebobinada.

Flash Back

-Hola pequeño. -Un hombre muy alto y de cabellos rojizos como los mios exhibiendo una gran sonrisa me diría, al chocar yo contra él sin darme cuenta. -¿Te has perdido? -Preguntaría arrugando la frente mientras se arrodillaba para mirarme a los ojos.

Asentí sonrojado, lo que haría que el hombre soltase una suave risa antes de añadir:

-Bueno, si tu quieres, podría ayudarte a encontrar a la persona con la que has venido. -

Mirandome los pies, cubiertos por unas botas de fina piel roja con grandes cuadrados negros recosidos, no supé que respuesta darle. Apenas le conocía, en realidad, apenas conocía a alguien en aquel lugar tán abarrotado de gente a lo ancho de la espaciosa sala, pero él deseaba ayudarme. Alzando mi voz todo lo que la timidez me permitió, queriendo confiar en él, le hice saber el nombre de la única persona que conocía, aún estando rodeados de un incesante jaleo.

-¡Viktor! -

-¿Viktor? -Repetiría él con expresión pensativa.

-¡Sí! ¡Viktor, el ilusionista! -Le afirmé dando un pequeño bote con los dos pies juntos, esperanzado.

El hombre tomandome de la mano me prometería buscarlo, asegurandome que no debía de estar muy lejos ya que todos los artistas, fuese lo diferente que fuese su arte, se reunían en esa vivienda tán grande, con paredes tán de un llamativo rojo, rojo más saturado que el de mis botas o mi trajecito. No sabría decir con exactitud cuantas vueltas dimos o por cuantos rincones nos meteríamos pero si sé que cuando mis piernas empezaron a pasarme, con tál sólo tirar una vez de su chaqueta verde oscuro, él me acercaría hasta el asiento que divisó más apróximado. Dando un soplido, me dejé caer en el abultado sofá de un rojo menos luminoso que el de las paredes. Colocandose una mano sobre la frente daría algunos pasos en circulos, intranquilo o preocupado, como si se estuviese debatiendo entre algo, algo que parecía causarle alguna clase de dolor ya que sus ojos brillaban pero perdían el brillo al instante siguiente.

-¿Ocurre algo malo? -Tanteé incorporandome para levantarme del cómodo sofá.

-¿Qué? -Respondería él confuso como recíen levantado. -No, pequeño pero me temo que se hace tarde y todavía no hemos encontrado a tu Viktor. -Me contaría sentandose a mi lado mirandome con disimulada amargura. La clase de amargura con la que a veces ciertas mujeres miran a varios hombres. -Si eres tán amable de esperarme aquí, iré a dar una última vuelta por el salón. -Soltaría pasado un leve momento de silencio saliendo con agílidad del sofá para marcharse. Yo le vería irse sorprendido, sin comprender el súbito cambio que acababa de experimentar. Encogiendome de hombros, me quedé a la espera y esperé bastante tiempo, tanto que acoplandome en el sofá de nuevo, un soporifero sueño se adueñó de mí. En el mejor momento de un sueño que no conseguí recordar con claridad, la agradable voz del hombre pelirrojo me despertaría, retrismitiendome una inesperada y aterradora noticia.

-Pequeño, me temo que Viktor no está, probablemente haya abandonado el local ya pero no te preocupes, yo me ocuparé de tí esta noche. -Le escuché decirme comenzando a sentir por mi espalda un estremecer seguido de una desagradable sensación que se incrementaría más y más a cada paso que dí tomado de su mano, alejandome de ese lugar por una calle que no me sonaba. Un fuerte temblor en todo mi cuerpo se produciría nadaa más llegar y adentrarme a lo que lucía como un piso con amplías y apenas amobladas habitaciones con suelo de madera y paredes de grisaceos tonos iluminadas por la fina luz que la luna nos ofrecía. El portazo que emitió la puerta al ser cerrada a mis espaldas me sobresaltaría pero lo que realmente me alarmó de que estaba a punto de suceder justo eso que tanto temía que pasase sería al oirle hablar mientras caminaba hacía mí.

-Bueno, ahora que estamos tú y yo solos, ¿qué podríamos hacer? -

-¿D-Dormir? -Propusé con voz contenida y los ojos humedeciendose.

-¡Me parece una magnifica idea! -Exclamaría pero llevandose una mano a la barbilla replicaría. -Pero ¿no te parece un poco pronto? ¿Por qué no hablamos un poquito antes de irnos a la cama? -

-B-Bueno. -Accedí yo apretando los labios para no acabar sollozando frente a él, que me guiaría hasta el único asiento que esa habitación había. En mitad de una vieja y estrecha cama nos sentaríamos para charlar.

-¿Sabes? Me recuerdas mucho a un chiquillo que conocí hace tiempo. -Me confesaría con la cabeza levemente ladeada y los ojos entornados, traspasandome como si fuesen los dos agujeros de una pistola fabricada por un metal que hubiese sido recien sacado de la forja. -Al principio era un chiquillo tán encantador, ¡Dios! Ni te lo imaginas sin embargo ahora es tán insolente. -Me lo describía con palabras que me eran difícil de entender la mayoria de las veces mientras jugueteaba con los revoltosos mechones de pelo sobresalían por la parte trasera de mi cabeza. Me empezaba a incómodar que su cuerpo estuviese cada vez más pegado al mio, más, mi pavor me mantenía paralizado y él debía de saberlo porque lo que me dijo después era una clara señal de ello.

-Pero tú no tienes por qué ser así ¿o sí? -

Negué con la cabeza, dibujandose una perversa sonrisa en su rostro, se inclinaría sobre mí, echando todo su cuerpo contra el mío hasta que mi cabeza dió con la almohada.

-¡Au! -Se me escapó al tocar tán de repente mi cabeza con la rigida almohada pero creo que él ni se enteró, estaba demasiado ocupado posando una mano sobre mi cara mientras que colocaba la otra sobre la almohada difícultandome el poder inclinarme y abandonar la cama, que se convertiría en una especie de trampa o jaula. Teniendome bien aprisionado, con habilidad y una velocidad que crecería, esa mano que acariciaba mi rostro descendería por mi cuerpo a la misma vez que sus labios tocaban mi cuello, un chasquillo al apartarlos brevemente, me estaba besando, besos de esos con los que las hermosas damas como Charlotte se derritirían, besos que a mí me provocaban llanto, pues solían ir seguidos de una humeda y asquerosa lengua deseosa de empapar más piel, piel que estaría más abajo, protegida por el momento por el ajustado trajecito de identico diseño a las botas, abotonado por unos grandes botones plateados, botones arrancados con el único fin de que esa ropa se desprendiese de mi cuerpo mostrando más de mi clara piel. Un torrente de lagrímas emanaría desde mis ojos y un sollozo también estaría a punto de brotar negandole ese privilegio pero él con un preciso y apasionado beso lo acalló. Beso de esos llamados de lengua porque es tán intenso que las lenguas llegan a entrelazarse y al separarse dejan un delgado puente compuesto de saliva. Asqueroso pero por algún motivo, algo que aviva una chispa. Su aliento quemaba y su respiración se volvía irregular, antes de proseguir con sus sucios asuntos, me aseguró que me haría disfrutar.

-Pequeño, te aseguro que no te arrepentirás. -Me susurraría, yo me encogí lloroso y asqueado.

-P-Por favor... -Le rogué pero no serviría de nada y para mayor desgracia, hacer otra súplica podía acarrear enfadarlo con la consecuencia de que me golpease, muchos son así. colocando mis brazos y manos para alejarlo un poco pero agarrando con firmeza mis brazos, suspendiendolos ligeramente doblados, no hubo manera de que su lengua continuase con su camino. Lloré incontroladamente cuando él adentró su mano por la parte del traje que bien parecían unos pantalones cortos unidos a la parte de arriba mientras me sujetaba ambas manos con la otra mano. Cerrando fuertemente los ojos, me resistí pero no sirvió para nada, nada de lo que se me ocurría lo hacía. Chistando, me aconsejaría:

-Relájate, pequeño, así será más agradable. -

A cada suave frote que ejercía con sus dedos sobre mi... Mí... Sobre eso en vez de encantarme, que parecía ser lo único que pretendía, me ponía más tenso. No quería divertirme de esa manera, esa manera era fea y sucia, siempre acababa con los pantalones manchados. Tampoco quería tener que explicar la causa de esas manchas blancas y pegajosas como la leche caducada pero siempre acaba por suceder, como cuando te meas encima porque no puedes aguantartelo más rato. Fue por culpa de su lengua, tán retorcida y tán resbaladiza como el cuerpo de una serpiente, enrollandose a eso. Recien desnudado, trás un buen rato chillando y pataleando, me sentí verdaderamente vulnerable, desviando la mirada, respiraba fuertemente por la nariz, que estaba inundada de mocos, percibiendo como las lagrímas proseguían cayendo y arrastrando con ellas la figura negra que Viktor me había dibujado. Con la chaqueta fuera y la camisa por fuera del pantalón de palido color amarillo, atrayendome hacía él, humedeciendose los dedos pasandoles la lengua, me los introduciría poco a poco, primero uno y luego el otro, por el pequeño y apenas abierto orificio conocido como ano. Grité al sentirme desgarrar, abrazandome, él intentaría consolarme.

-Sé que duele, pequeño, sé que al principio duele pero he de hacerlo. -

Apretando los dientes, me arquearía rechazando su consuelo. Al oir claramente el sonido que produjeron sus pantalones al desabrocharse los botones que éstos poseían, supé que no me liberaría hasta haberme desgarrado por completo adentrando su eso en mí. Sobresalía como cuando un animal se dispone a avalanzarse sobre otro, su presa. Obligandome a dejarme caer sobre la cama boca abajo todo el peso de su cuerpo me volvería a aprisionar y su duro y recto eso se hundiría más dolorosamente adentro. Sus suspiros pasaron a ser algo mucho más ruidoso que taladraba mis oidos y sus palabras, se volvieron efúsivas y repetitivas. Me elogiaba o eso me pareció entender pero el último alarido no conseguí comprenderlo, con lo familiar que me era esa frase.

-¡MeEe... CoOoorrOoo....! -Proclamaría antes de derrumbarse sobre mí.

Agotado pero despediendo aún un gran calor, se quedaría en esa posición unos instantes hasta que retomando fuerzas, se apartó lentamente dejando algunas gotitas, blancas seguramente, caer desde la puntita de su eso. Me sentía tán dolorido y aturdido que ni me moví, sus últimos vaivenes habían sido tán bruscos como la intensidad de sus gritos. Ya ni lloraba, no me quedaban fuerzas y eso pareció gustarle pues habiendo recobrado la formalidad o la caballerosidad o lo que hubiese tenido antes de lo ocurrido, recien lavado y con la chaqueta encima de la camisa bajo los pantalones, tomando mi trajecito para vestirme de nuevo, diría:

-No sabes cúan feliz me hace comprobar que tus llantos han cesado. -Al sentarse y arrastrarme fuera de la cama cuidadosamente y ponerme en pie frente a él para proceder con la envestidura, añadiría besandome en los labios, sonriente. -La próxima vez te haré disfrutar más. -

Grititos ahogados salieron de mi boca aunque mis ojos parecían haber agotado las lagrímas. Cambió las asperas sabanas que cubrían la cama y me llevó de vuelta al lugar del que me había sacado. Las miradas que intercambiaron los señores que me encontraron era de indignación y resignación.

-Blackfield ya ha vuelto a hacer de las suyas. -Anunció el que parecía más serio, todo elegantemente vestido de negro excepto su camisa azulada, cruzado de hombros. Con cabellos grises y fina barba a juego y rostro sereno.

-Míralo por el lado positivo, Leatremount, si hubiese sido encontrado por El lobo feroz, a estas alturas estaría muerto. -Le replicaría alzando los brazos con las palmas extendidas el otro, con ojos pícaros bajo sus angulosas y espesas cejas negras. Clavando sus claros ojos sobre él, el hombre más sensato exclamó:

-¡Qué capullo eres, N! -Resoplando, le ordenaría avisar al ilusionista de que estaba con ellos. -¡Haz algo útil y trae a Viktor! -

Flash Back Fin

De cerca resultó aún más abominable a mis ojos pero conteniendo las ganas de golpearle, pronuncié su nombre para atraer su atención. Quizás, me pregunté a mí mismo, si era debido no sólo a su angelical aspecto, clara piel, palido y azulado tono de ojos, largos y sedosos cabellos plateados bajo la luna, ama de la noche, y grandes y esponjosas alas, no, sino a esa ingenuidad y pudor que parecía irradiarle. Fuese lo que fuese, me fastidiaba y por eso creo que sentí tanto gozo en interpretar el papel de Metistófeles, demonio tentador y corruptor de Fausto.


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-Yue. -Escuché a alguien nombrar mi nombre.

Sobresaltado me aparté de la ventana para dirigir mi cuerpo y cabeza hacía aquel que me llamaba. El joven que permanecía frente a mí era extraño, dudo que hubiese sido humano. Con languidos ojos me observaba ladeando ligeramente la cabeza, cruzado de brazos. En sus ojos había algo que me turbaba, eran tán rojos y tán brillantes pero quizás fueran marrones, un castaño inusual, de tán intenso color que podían parecer rojos. Su sonrisa se amplió al comprobar con que fascinación le miraba yo. Descruzando sus brazos para alargando un brazo, posar una mano sobre uno de mis hombros, diría con la otra mano puesta en el pecho:

-Yue, ésta puede ser tu gran noche. -

Pestañeé sin saber que decir, ¿qué demonios quería decir con eso? Él sin apartar su mano de mi hombro atrayendome un poco hacía él, trás dejar escapar una risita, con voz melosa, casi susurrante, continuó diciendo:

-Mi querido Yue, con esas palabras no pretendía más que informarte de que el deseo que tán escondido tienes en tu corazón podría hacerse realidad. -

Volví a pestañear, incredulo y confuso. ¿Mi deseo se haría realidad? Es decir, ¿Volvería a estar con el Amo Clow sin molestas mujeres de por medio? Como si fuese capaz de penetrar en mi mente y estuviese escuchando todos mis pensamientos, el joven de ojos color rubí y revoltosos mechones entrelazados de igual color al que Marion poseía, de un rojo muy oscurecido, asentía sin perder la sonrisa en su aniñado rostro.

-Pero si no deseas que suceda, dilo y me iré. -Me increpó apartandose de mi rapidamente.-N-No, por favor, quedate y explícame como lo harías, que el Amo Clow y yo volviesemos a estar juntos. -Le respondería yo casi suplicante, agarrandolo del brazo para que no se marchase.

-¿De verdad deseas que lo haga? -Preguntaría él como si quisiese corroborarlo. Asentí, empezando a avergonzarme. -Está bien, lo intentaré pero a cambio has de permitirme hacer otra cosa. -Me solicitaría liberandose de mi mano al ir apartando mis dedos uno por uno. Nuestras manos eran bastante parecidas, de largos dedos y clara piel aunque sus uñas eran negras y brillantes a diferencia de las mias como la oscura lagríma que estaba posada sobre sus mejillas.

-¡Lo que sea! -Le indiqué yo dispuesto sin conocer la terrible consecuencia que eso provocaría.

Dando una sonora palmada y cerrando los ojos crearía una pequeña onda luminosa que que al crecer, de ella surgiría una figura que tomaría forma más fisíca antes de que la onda volviese a menguar. Era una muchacha muy bonita, con ojos de un azul tán bonito como el de los ojos del Amo Clow, con mejillas muy rosadas y un cabello larguísimo y ondulante oscuro en contrapunto con su vestido, blanco y azul moldeado y sujeto a su cuerpo por una gruesa cinta de un azul más intenso al igual que las zapatillas atadas a sus pies y largas piernas. Abriendo el joven los ojos, tendiendole una mano, me la presentaría como Amor.

-Nombre extraño para una muchacha. -Comentaría yo arrugando la frente examinandola.

-Cierto pero creéme, su nombre es el nombre más adecuado que nadie pueda haberle dado. -Me informaría él alzando una ceja mientras la conducía a la ventana.

Alarmado a la par que curioso, contemplé como abría la ventana y se adentraba en el dormitorio de mi amo. ¡Al Amo Clow no le iba a agradar esa inoportuna visita! Sin embargo, la muchacha pasearía por la habitación hasta dar con la cama, en la que el Amo Clow debía de estar durmiendo con Marion acurrucada encima. Quisé gritar pero ningún sonido salió de mi boca. Quedandose quieta con la cabeza apuntando hacía ese rincón, juntando las manos posicionadas en su pecho inundaría la habitación de una cegadora luz. Cerrando los ojos inabilitado para soportar tál resplandor, no los abrí hasta pasado un buen rato. Me sorprendí mucho al no atisbar a la muchacha salir por la ventana pero me sorprendió mucho más el no chocarme con el extraño joven con el que había estado hablando.

-Quizás te quedaste dormido y soñaste que alguien te visitaba. -Me diría Kerberus mirandome con los ojos cansados, trás un largo bostezo. Enfurruñandome, le espeté:

-¡Estoy seguro que estaba despierto! -

Me dolía que no creyese lo que acababa de contarle. Dando otro largo bostezo, cerrando sus rasgados y luminosos ojos que parecían dos bolitas amarillas, soltaría arrugando la frente molesto por mi grito:

-Vaale, entonces si tanto te preocupa, hablalo con el Amo Clow. Yo tengo sueño. -

Meneando la cabeza con resignación le vería aferrarse a su gruesa y tupida manta mientras regresaba al mundo de los sueños. Sentado a su lado, con las piernas cruzadas, dedicandole una mirada de reproche, permanecí en nuestra habitación meditabundo hasta que el señor Morfeo se acordase de mí. No podía dejar de darle vueltas a lo sucedido, sin dejar que sus palabras se perdiesen en mi mente. Me sentía tán ansioso por descubrir si lo que me había dicho se haría realidad. El sonido de rapidos pasos por la habitación me despertaría, al mirar hacía arriba pues mi cabeza se había quedado meramente agachada, la visión de una ociosa ama Bianca, me indicaría que era hora de comenzar ese nuevo día. Cargada con una larga escoba iría recogiendo y arrastrando hasta un rincón las blancas plumas que se habían ido desprendiendo de mis alas al recorrer levitando la habitación como otras partes de la casa.

-Buenos días, ama Bianca. -Le saludé apoyando una mano en una pierna doblada mientras alzaba la otra a fin de poder levantarme. Ama Bianca se giraría y me dedicaría una bella sonrisa. -¿Cree posible que pueda reunirme con el Amo Clow? -Le pedí precavido, consciente de que podía ser muy violento ir hasta su dormitorio estando Marion con él, aún desnudos. La ama Bianca me respondió, juntando las plumas para meterlas en un saquito:

-¡Claro! Ahora el Amo Clow habrá terminado de desayunar. -

Encogiendo mis alas hasta hacerlas desaparecer, crucé la habitación hasta dejar a la ama Bianca y al dormilón de Kerberus atrás. Mi corazón palpitaría como un potro salvaje a medida que me apróximaba al Amo Clow, al bajar las anchas escaleras cubiertas en su centro por una larga y roja alfombra de terciopelo mis pies se moverían tán apurados que apenas parecerían tocar el suelo. Desde alguna de las zonas más oscuras de la magistral entrada que esa vivienda disponía, un criatura de amenazador aspecto y espeluznante voz exclamaría:

-Esta mañana se te ve más resplandeciente que en otras ocasiones, Guardian Lunar, ¿por qué será? -

-¿Será debido a la pequeña visita de otro ser surgido de la magía? -Fingiría preguntarse otra horrenda criatura con malicia. Su voz era como susurros salidos de la boca de un hombre o un animal de grandes dimensiones pero lo poco que se apreciaba de esa criatura, toda envuelta por largas y oscuras telas eran unas feas y delgadas manos cuyo contacto era frio y estremecedor.

Sin mirarles si quiera, me desplace en busca de la cocina.

-Si buscas a tu señor, éste hace escasos momentos que ha abandonado la cocina. -Me informaría una de las criaturas al deducir lo que me había impúlsado a dirigirme dirección a la cocina.

-Está reunido con nuestro señor, en la biblioteca. -Agregaría la otra.

-Gracias. -Fue todo lo que les respondí yo inclinando un instante la cabeza con las manos juntas antes de cambiar de rumbo. Por muy perversas o escolofriantes que fuesen, eran tán leales y colaboradoras como lo eramos Kerberus y yo. A la larga, uno acababa por fraternizar con ellas aunque en más de una ocasión, su modo de ser las volvía unas compañeras bastante singulares. Situandome ante ambos hechiceros, les escucharía divagar un buen tiempo acerca de lo que el Amo Clow creyó haber sido una alucinación pero no lo era, ella, si se refería a la hermosa muchacha que se adentró en su dormitorio, había sido real.

-Ud no está loco, ella era real. -Acabé por atreverme a decir, indignandome pues el Amo Clow era la persona más coherente y sensata que conocía, omitiendo sus amoríos, romances que dejarían a escritoras como Ann Radcliffe ruborizada e incluso escandalizada. Entonces ambos mago repararían en mi presencia al dirigir sus ojos hacía mí.

-Yue, ¿cúanto hace que estás aquí? -Preguntaría él, mirandome como si mi presencia le sofocase.

-Tranquilicese Amo Clow, sólo acabo de llegar. -Le respondí yo bajando la cabeza mientras colocaba mis manos, una sobre la otra, bajo el estomago. -Pero si le molesta verme, iré con Kerberus. -Añadí poniendolo a prueba. Él, pasandose una mano por el cuello bajo su largo tramo de cabello negro que caía por ese lado únicamente sujeto por un lazo azulado, pasando sus ojos de mí al ocultista, que le mandó una mirada sagaz con una ceja alzada, dijo:

-Pues... Si al señor Hagen no le importa... -

-¿A mí? -Exclamó Ian Hagen señalandose al posar una mano sobre su pecho. -Para nada, cuantos más seamos, más conclusiones podremos sacar. -

En mi habitual sereno rostro, a menudo considerado inexpresivo o gélido, se dibujó una sonrisa. Nada me hacía más feliz que estar con él pero que el señor Hagen me lo concediese solía turbarme, el señor Hagen era un hechicero del que nunca sabías a ciencia cierta si fiarte o no. Siempre sospeché que lo permitía porque le gustaba observar al Amo Clow comportarse como una joven muchachita que pierde la estabilidad y la confianza frente a su amado. Sentados en dos confortables sillones de alto respaldo y recortados antebrazos con algunas partes de cuero rojo o rojo tirando a marrón, complementado con los tonos que poseía la madera de las extensas estanterias repletas de libros, posicionados por tamaños y colores creando una equilibrida y agradable visión de todo el conjunto, continuarían con la charla. Al amo Clow no sólo le preocupaba la leve aparición de la bella pero rara muchacha sino que lo que realmente temía era que le hubiese hecho algo.

-Extrañas voces llenaron mi cabeza y desde ese momento no cesan de retumbar en mi mente. -Exponía el Amo Clow arrugando la frente, inclinado, agitando las manos en cada gesticulación.

-¡Qué interesante! ¿Es posible que alguien este intentando manipularte? -Le sugirió malicioso el ocultista sentado más adecuadamente, con la espalda pegada al respald, los dedos entrelazados y sus codos apoyados en la pierna que tenía sobre la otra pierna. El Amo Clow negaría con la cabeza, esa posibilidad no le parecía del todo viable ya que si así fuera, no sería capaz de recordar cada acto realizado a lo largo de la mañana y la noche con claridad. -Bien, ¿y dices que la habitación se llenó de un gran poder magico? -

-Así es pero te aseguro que no era mio, lo cúal no me pareció normal porque tú sabes que soy capaz de crear, voluntaria o involuntariamente, toda clase de criaturas. -Le afirmó el Amo Clow arrugando aún más la frente. Ian Hagen cerraría un momentos los ojos, pensativo, formularía la siguiente pregunta:

-¿Has pensado que podría ser un espíritu o una criatura magica como una Banshee? -Al abrir los ojos y contemplar la expresión de desconocimiento del amo, el señor Hagen procedería a explicarle como era la criatura citada. -Se dice que son espíritus con figura de bellas mujeres pero me temo que no muy gozoso ser visitado por una de ellas pues si una de ellas te visita, es porque tu muerte está cerca. -

-¿Hay algo más que deba saber sobre las Banshees? -Replicaría el Amo Clow con una tensa sonrisa, aquella clase de espíritu no le gustaría de igual modo que lo hacían las hadas o las nereidas. Ian Hagen asintió y dijo:

-Creo que además son unas criaturas que lanzan espantosos chillidos. -

Esa información relajaría al amo, ella no abrió su boquita en ningún momento.

-Puede que, a lo mejor, sea un ángel. -Dedujé yo, consciente de que al Amo Clow le gustaban esas criaturas. Muchas veces a él se le ocurría denominarme como su angel custodio, apelativo que me llenaba de gozo y orgullo pero que podía provocar algún enfrentamiento con Kerberus, bestia guardiana. La exagerada mueca de asco de Ian Hagen fue divertida pero no reí porque a mi amo no le agradó. Lanzandondole una mirada reprochante, el Amo Clow exclamó:

-Si así fuera, sería una maravillosa posibilidad. -

-Oh, claro, si nos ponemos en ese plan... También podría haber sido un súcubo. -Protestaría Ian Hagen, negandose a admitir que una criatura de luz hubiese tenido algo que ver. Mi amo se encogió de hombros y cruzandose de brazos apoyando medio cuerpo en el sillón como un chiquillo aburrido o molesto, concluiría con estas palabras:

-Puede ser o no puede ser, cuando haya reunido suficiente información sobre esa criatura que has mencionado, retomaremos el tema. -

Estaba claro que el Amo Clow no quería enzarzarse en una disputa con Ian Hagen en clara desventaja. El ocultista dejó escapar una risita y levantandose del cómodo sillón nos dejaría solos.

-Será todo un placer. -Fue lo que dijo a modo despedida, a mí parecer, con un tono de voz provocador.

Yo sólo sabía lo poco que me había comentado él y la benévola Arcadía sobre esos seres, seres creados por Dios pero que a diferencia de los humanos, creados para guiar, proteger o enviar mensajes a los hombres que tanto ama Dios. Escogidos para guardar los diversos reinos que componían el cielo y acompañantes del Señor. Más, ella brillaba y era muy hermosa, como le gusta a los humanos representar a los angeles. Debí de entristecerme al igual que mi amo, con la mirada decaída y tán callado, que él me diría:

-No le des importancia, Yue, el señor Hagen es así. -

-Pero me preocupa que Uds se peleén por mi culpa. -Le comenté acercandome a él para, sólo si él me lo concedía, reposar mi cabeza en su alda. Añoraba tanto esos pequeños acercamientos.

-Créeme, Yue, si nos peleasemos no sería por tu culpa. -Se esforzaría en amainar mi sentimiento de culpa el Amo Clow trás un hondo suspiro, pasando algunos dedos por mi luminoso cabello de plata. -A veces nuestra percepción de las cosas choca pero nada más. -El ligero roce de las yemas de sus dedos por mi cabeza me complacía tanto, cerrando los ojos, disfruté de ese pequeño momento entre los dos. Probablemente podría ser demasiado ambicioso al desear algo más que aquello. Si Kerberus era feliz tán poca cosa, yo debería aprender a serlo de similar manera. -Además estoy seguro de que tienes razón, de que aquella criatura podría haber sido un ángel. -

-Un ángel de amor. -Musitaría yo atrayendo a mí memoria las palabras del joven de cabellos de oscurecido fuego, tornandose mis mejillas de clara tonalidad rosadas. Levantando un poco más la voz, dueño de una perspecacía momentanea, añadí retirando la cabeza para mirarle. -Amo Clow, ¿qué le dicen las voces que le mencionó al señor Hagen? -

Sus ojos se abrerían y un intenso rubor tiñió de rojo su clara tez, rehúyendo mi mirada, con tono de voz entrecortado me respondería:

-Que... Dejase de engañarme a mí mismo... Y admitiese mis verdaderos sentimientos... Hacía tí. -

El pálido azul de mis ojos en contraste del intenso azul de los suyos al osar poner mis manos en su rostro para redirigirlo hacía mí cobraría algo de vigor como si de repente alguien les añadiese más color. Tragando saliva pues me había quedado ligeramente en estado de shock y rechupandome los labios, volví a tentar a mi suerte.

-Entonces... ¿Eso significa que tú me amarías como amas a Marion? -Quisé saber, necesita más que nunca aclarar la clase de amor que sentía él. Había tantas clases de amor, el amor que te procesa un padre, el amor que se procesan una pareja, el amor que nos otorgaba Dios a cada momento. ¡Oh sí! Un sentimiento, una emoción o una fuerza que abarcaba tantas interpretaciones y grados pero que fuese en su base animal o espíritual, conducía al hombre a estados tán complejos y profundos que era una de esas fuerzas con las que parecía haberse desarrollado desde el primer momento. Su respues fue otra pregunta:

-Si lo hiciera, ¿sería digno de tí? -

Su pregunta no fue sencilla de responder. Eramos nosotros, Kerberus y yo, los que debíamos ser dignos de él. Debíamos ser nosotros los que nos esmerasemos por ofrecerle una grata compañia y protegerlo contra todo lo malo que también puede haber en el mundo. Mordiendo el labio inferior con el superior, busqué la forma más apropiada de exponerle mis pensamientos y lo que yo veía en él que él no parecía capaz de ver.

-Yo apenas entiendo lo que siento, si es que realmente soy capaz de albergar sentimientos pero me agrada mucho su presencia, que hable conmigo como habla con Symond o con ama Bianca, que cuente conmigo para lo que sea. porque como ya sabrá, yo vivo por y para Ud. -Le fuí manifestando casi sin pensar bien en lo que decía, dejando que las palabras saliese de mi boca, que los pensamientos se convirtiesen en palabras que se prodigarían por el aire. Quitandose las gafas, entornando sus ojos, que habían comenzado a humedecerse, asintiendo con la cabeza, alegó:

-¡Lo sé! Créeme que lo sé y tanto tu presencia como la de Kerberus es muy grata para mí pero... -

-¡Entonces demuestralo! -Le rogué inundandose mis ojos de ese incoloro liquido que segregan a veces los ojos, lagrímas lo suelen llamar, como si mi azulado iris se estuviese licuando. -¡Vuelve a besarme y vuelve a acariciarme como lo hacías antes! ¡Déjame sentarme en tus rodillas de nuevo! -Finalicé por exigirle mientras tomaba una de sus manos para, aún estando cerrada, sentirla sobre un lado de mi rostro.

-Oh Yue... -Suspiró cerrando los ojos con el ceño levemente fruncido. Me quedé como paralizado pues al instante de oir mi nombre fue como si me serenase de golpe, inundado por un pavor inimaginable, temeroso de haber ido muy lejos, de exponerme demasiado o asustado al haber olvidado mi posición ante él que según la honorable Xian He era simplemente la de un guardián, un ser que sólo existía para proteger y obedecer. -Creo que el señor Hagen tenía razón en decir que al crearos pusé demasiado empeño. -Para mi asombro, trás pasarse una mano por los ojos, poniendo sobre sus ojos las redondeadas lentes, colocando sus manos sobre mi cuello, ¡me besaría en la boca! Nada más separarse nuestros labios, la sorpresa no podría ser disimulada, tán boqueabierto estaba que aún pestañeando múltiples veces, no lograba salir de ese estado. Mis mejillas no tardaron en ponerse de un vivo rojo.

-¡A-Amo Clow! -Conseguí exclamar, aquello no tenía sentido sin embargo era justo lo que tanto había deseado. Él, encogiendo un poco la cabeza, alzaría ambas cejas, como si hubiese sido un acto realizado por pura impulsividad. Sonriendo un poco, quisé repetirlo pero aquel beso sería más satisfactorio ya que nuestros labios permanecieron unidos más rato, superponiendose los unos con los otros como dos piezas que tratan de encajar en un mismo hueco, envolviendome en una sensación desconocida y probablemente desconcertante, una sensación que parecía crecer y crecer, con la consecuente negación por mi parte a separar mis labios de los suyos. Un tanto inseguro, coloqué mis brazos alrededor de su cuello mientras me dejaba caer lentamente sobre él, era tán maravilloso que me entraban ganas de cerrar los ojos pero como eso me impediría deleitarme con la visión del rostro de mi amo, los tenía tán abiertos como me era posible, ni un pestañeo emitirían. La gotita que caía desde su frente hasta el lado derecho de su rostro iría acompañada de una sonrisa forzada como si mi fascinación le pareciese desorbitada pero encantadora.

-Amo Clow, besa muy bien. -Le halagaría al tán retrasado momento en que sus labios se separaron de los mios para posarse en mi cuello. Un ruidito salió de su boca, quizás una risita contenida. Sus manos se movilizarían por mi estilizado pero fibroso torso, todavía ataviado por mis sedosas ropas de pulcro blancura y azul plateado sin embargo no procederían a librarme de ellas, por lo que extrañado y posiblemente ansioso por experimentarlo en mi propia piel, le sugerí dar el paso.

-Amo Clow, si lo desea, puede hacerlo. -Hablaría sintiendo mi corazón botar de emoción ante lo desconocido, ante lo maduro y apasionado que se iría volviendo todo. -Haga conmigo lo que desee. -Le declaré con voz decidida.

-¿Estás seguro? -Querría certificar él deteniendo sus labios y separando su rostro de mi cuello para dedicarme una serena mirada. Asentí con seguridad. Si eso nos uniría más, si así se demostraban el amor que sentían los humanos adultos, yo estaba más que dispuesto. Al principio sus manos parecieron temblar pero al instante de poner las mias sobre ellas, para facilitar la labor, les fue devuelta la maña. Se le veía realmente concentrado, incluso en eso, ponía todo su empeño y ensímismamiento. Los delgados lazos irían sucumbiendo entre sus dedos como no muy tarde lo haría yo, al sentir como sus manos apartaban hacía los lados la parte inferior de las prendas revelando mis hombros tán claros como mi cuello o mi rostro. A pesar de que él ya me había visto desnudo en otras ocasiones, en aquel momento me embargaría algo distinto, era más consciente de lo que ello implicaba como lo que implicaría verle y tenerle desnudo. Mis pulsaciones se acelerarían como si ese potrillo salvaje en que se había convertido mi corazón hubiese convertido su paseo en una agitada carrera. Tirando de la gruesa tela azulada que me servía por cinturón, la prenda más principal, que era como una especie de larga bata podría ser totalmente apartada de mi cuerpo, dejando a la vista mis pectorales y estomago. Se me escapó un enorme suspiro al verle retomar sus besos por mi cuello, besos que sería prodigados con mayor intensidad a lo largo de la parte expuesta de mi cuerpo al cambiar de posición en el sillón. Con toda sinceridad, verle arrodillarse mientras me besaba y tocaba se me presentó erroneo pero la rareza me invadió de curiosidad. Lo siguiente sí me dejó fuera de juego, las sensaciones se intensificarían y los calores se volverían insoportables como si la poca ropa que me quedaba se convertiese en un aútentico estorbo pero no fue quitada, como mucho, algunos gruesos hilos fueron tirados hasta agrandar una fina raja. Lo que fue a besar, mi sexo, se tensaría saliendo del agujero como un rosado, rigido y gordo gusano, un gusano de sobresaliente y más regordota cabeza. Sosteniendolo entre sus dedos, se dispondría a besarlo pero aquellos besos no fueron como los otros, su lengua también participaría, mojando cada zona que tocaba, pero creo que fue el más extasioso de todos ya que alteró tanto mi corazón como mi respiración. Los suspiros fueron cambiados por gemidos irrefrenables y éstos luego pasaron a ser alaridos, tanto grite que mi voz se quebró dejando roncas muestras del disfrute que me embriagaba con ese largo y humedo beso.

-¡Dios mio! -Chillaría Marion horrorizada , destrozando nuestro apasionado momento, justo en el instante más algido. -¡Esto... Esto no puede ser cierto! ¡No por tu parte! -Continuó chillando con los ojos como platos negando con rotundidad la cabeza antes de salir disparada como una flecha de la biblioteca dejando un sonoro y desagradable portazo trás de ella.

Como si en vez de un grito, Marion hubiese golpeado fuertemente al Amo Clow con una maza o una robusta porra en la cabeza, éste abriría y cerraría sus preciosos ojos color zafiro y apartandose de mi sexo, casi con espanto, limpiandose la boca con el dorso de la mano, se levantaría y correría hacía la doble puerta que daba a la entrada, en busca de la escandalizada y sollozante Marion. Podría decirse que la aparición de la agraciada pelirroja devolvió a mi amo a su lugar, para mi congoja porque más que enojarme, volviendo a enfundarme mis ropas, ocultando mi sexo, que perdió su en pocos momentos su altiva forma como si también lamentase lo sucedido, el no ser mimado, busqué al Amo Clow.

-Creo que ya sé de que criatura pudo tratarse. -Anunciaría en voz bien alta, el señor Hagen, a próposito, sin dudas. Me detuvé, tán sólo un momento pues a veces mi curiosidad era más fuerte que yo. -¿Has oido hablar de Saleos? -Hecha la pregunta, sonreiría maliciosamente y no diría más.

Al llegar al salón, desde la puerta, ví al Amo Clow abrazar a Marion, que no paraba de llorar y lanzar desgarradoras palabras. Al levantar la vista, en los ojos que se veían trás sus gafas, se podía atisbar algo que me traspasaría el corazón y el alma, si esque un ser como yo tenía eso. Ni más voces aconsejarían a mi amo ni más arrebatos se adueñarían de él. Se guardaría esos sentimientos para compartirlos con otras damas, yo retomaría el afecto que se le concede a un sirviente o a un ayudante. Valiendome de sus propias palabras, era lo mejor para todos.