miércoles, 27 de abril de 2016

FanFic FFVI (One-shot) TAINTED LOVE

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Ningún personaje de la saga Final Fantasy me pertenece, son creación exclusiva de Square-Enix (Squaresoft) y respectivos colaboradores n_n
Historia narrada en tercera persona
De recuerdos... Porque de otra manera no sé yo como hacer esta idea encajar con la línea temporal que me está saliendo LOL Además podría agregar otra ideíta que tenía suelta ewe
Clasificado R+ OT3 X3

FanFic Final Fantasy VI
Amor corrompido

En el confort que encontraba dentro de su despacho, rodeado por la suave combinación de notas que llenaban el amplio espacio que la habitación albergaba desde la gruesa corneta mientras la púa metálica creaba surcos sobre el oscuro disco, el general Christophe se dedicaba con tranquilidad a la examinación de documentos de diverso índole cuando la melodía fue detenida obligándole a apartar sus ojos color oliva de su escritorio para girar su levantada cabeza. La sorpresa hizo brillar sus ojos al contemplar con una ceja rubia elevada a la muchacha de corta estatura y delicada figura cubierta por sus ropas de pasional rojo y figuras florales de diferente tamaño alrededor, pálida tez y grandes ojos aguamarina fijos en los suyos al ser finalmente descubierta. Aclarándose la garganta bajo un puño cerrado el soldado de dorada piel como una estatua de cobre bajo la luz solar disminuyendo su sonrisa no tuvo más remedio que dar comienzo a la conversación.

-¿Qué haces aquí? Terra. -Quiso saber de inmediato, buen sabedor de que la soldado Branford no pertenecía a su unidad por lo que el motivo podía ser ciertamente excepcional, siguiéndola con la mirada hasta tenerla sentada frente a sí. Sus botas de cuero rojo resonando contra el suelo no alfombrado. -No es frecuente tener el placer de recibirte en mi despacho, a menos que... ¿Te envíe Kefka? -Jugó a adivinar, haciendo una leve pausa. Tanto ella como él eran individuos con una muy desarrollada intuición mas la negación de la joven le contradijo.
-No aunque tiene que ver con él. -

Su voz casi un susurro, dulce y clara, ligeramente coqueta sin pretenderlo, ladeando la cabeza a un lado, sonriendo como una niña sentada frente a su mejor amigo. Sus mejillas ganando algo de color rosado mientras buscaba el modo adecuado de formular su pregunta, la pregunta que llevaba largo tiempo rondándole en su cabeza repleta de largos y rubios cabellos retorcidos como dorados bucles. Colocando ambas manos sobre la lisa superficie que les separaba, Leo encogiéndose de hombros replicó:
-En ese caso, ¿a qué has venido? -

-Sólo quería estar segura de una cosa... -Empezó a preparar el terreno ella apoyando sus codos en la misma mesa aunque al instante siguiente pareció arrepentirse y los retiró diciendo. -Pero no sé si va a ser una buena idea... Lo último que me gustaría sería ofenderle. -Atrayendo la atención del cada vez más perplejo general que la miraba con la frente arrugada.

-Terra, si tienes algo que decirme, dilo, viniendo de ti no creo que vaya a ser tan terrible. -La animó previo largo suspiro al cerrar sus ojos un instante. Entonces simplemente Terra lo dejó escaparse de su boca.

-¿Estás enamorado de Kefka? -

Leo se sintió literalmente noqueado por la sencilla pero directa pregunta, era como si su mente se hubiese apagado tras una repentina explosión de luz similar a una bombilla reventada, pestañeando y tragando saliva costosamente sólo era capaz de mirar a la chica que arrugando la frente empezaba a lamentar haberla formulado, mirándolo intentando comprender la expresión en su rostro.

-Leo... ¿Estás enfadado? -Titubeando un poco, Terra abrió la boca para saber, preocupada. Las frente fruncida no era un signo positivo solía decirle la experiencia pero en sus labios no estaban torcidos hacía abajo pero tampoco estaban curvados hacía arriba. -Leo, por favor di algo. -Suplicó agitándolo hasta que el hombre reaccionó.

-¿Tanto... Se nota...? -Masculló él, notando el fuerte rubor cubrir sus oscuras mejillas, respirando hondo varias veces. Cualquiera diría que estaba a punto de darle un infarto o algo, tomando las cálidas manos de Terra para apartarlas con cuidado del cuello de su chaqueta verde.

-No estoy segura, por eso quería que me lo aclararas. -Musitó Terra todavía cerca de él, juntando sus manos a la vez que se encogía de hombros. -Todo el mundo piensa que os odiáis a muerte pero desde pequeña yo siempre he pensado que es al revés... -

No es que fuese asunto suyo, al parecer no lo era aunque eventualmente se había visto involucrada sin quererlo como aquella noche, rompiendo una vez más las valiosas recomendaciones o reglas que su mentor le imponía y ella, si de verdad deseaba una agradable convivencia con él, debía acatar. Normalmente lograba no traspasar ninguna de las importantes pero siempre había alguna que otra que se le escapaba a causa de la incontenible curiosidad mutando en escalofríos de desconcierto y posterior preocupación...

Todo estaba oscuro cuando unos alaridos que no supo identificar como humanos la sobresaltaron, por un breve momento al abrir sus ojos y atisbar en la penumbra la mesita de noche con la cara prácticamente pegada al mimoso material que emulaba el pelaje del pequeño y blandito animal a su lado, su pequeño ser pestañeando y arrugando la frente bajo diversos mechones rizados de pelo desordenado empezaría a comprender la situación, agarrándose con mayor fuerza a su moogle de peluche. ¿Seguía Kefka jugando o estaba experimentando una pesadilla? Sus sueños eran más intensos que los de la mayoría de la gente, la mayoría de las veces ni siquiera eran imágenes o experiencias que su subconsciente creaba o repetía sino vivencias compartidas o surgidas de ninguna parte que se colaban mostrando recuerdos, miedos o incluso esperanzas que los Espers fusionados con él habían experimentado. Incorporándose con pensativa expresión, si el problema era ese, ella creía poder solucionarlo como hacían las mamás con sus hijitos en los cuentos que le habían leído y todavía leía, hablándole con mucho cariña, pasando su mano por su cabeza, repitiendo palabras calmantes, nunca había fallado y ambos habían dormido un rato juntos. Respirando hondo se armó de valor, fuese lo que fuese, tenía que ir hasta su dormitorio para averiguarlo. Kupo la acompañaba una vez retiró las sabanas y mantas para abandonar la cama. Cruzando toda la planta en silencio con el juguete entre sus brazos delante de su menudo cuerpo protegido por la sedosa tela del camisón, la pequeña niña que ella había sido caminaba con tanta seguridad como precaución, su corazón golpeando su pecho a cada paso dado. Frente a la puerta de madera correcta, contuvo la respiración, quieta, saboreando como siempre solía hacer esa punzada de emoción y miedo provocando un ligero estremecimiento como si el dorado pomo causase un rápido calambrazo antes de hacerlo girar aún sospechando que la puerta estaría cerrada con llave, implicando que estaba altamente ocupado con otro juguete. El prestaba gran atención a sus juguetes aunque no fuesen muy duraderos excepto a ella que estaba a su disposición las veinticuatro horas al día. Resoplando solía retomar su camino pero aquella ocasión era diferente, el juguete no era un juguete como Kefka gustaba denominar a sus amantes.

-No pasa nada, Terra, vuelve a dormir. -El hombre de fuerte complexión que había abierto la puerta no podía ser que estuviese ahí arrodillándose al instante siguiente para posar sus cálidas y grandes manos sobre sus pequeños hombros bajo sus rizos pero ahí estaba, haciéndose cargo del mago. -Yo me ocupo de Kefka esta noche, ¿eh? -Agregó dedicándole una sonrisa que prometía tranquilidad.

Confusa, ella ladeó la cabeza mientras levantaba su cuello en un vano intento de ver más allá del trabajado torso del soldado frente a ella.

-Está bien... -Respondió dándose por vencida. Mentón apoyado sobre la gorda cabeza del moogle. Al cabo de un corto ratito, levantando la mirada, preguntó consciente de que Kefka les estaría observando. -¿Puedes acompañarme? Está muy oscuro. -Una pequeña llamada de atención para su tutor y un poco de ese afecto que él no le daba pensó dibujándose una sonrisa siguiendo al amable moreno de vuelta a su dormitorio.

A la mañana siguiente despertada por una de las dos sirvientas que todavía conservaban su trabajo al servicio del general Palazzo Terra se apuró en realizar sus matinales actividades de aseo y vestirse intrigada en comprobar si Leo les acompañaría en el desayuno o ya había sido liberado por Kefka. Tras frotarse bien la cara, sintiendo el agua fría rozar su cálido rostro, no pudo evitar soltar un chillido de dolor, la nueva doncella contratada debía haberse encargado de traer ese agua sin conocer su delicada situación. Respirando hondo varias veces, cogió la mediana toalla para secar su compungido rostro redondeado. Cerrando los ojos y rogando no prender el agua, sumergió un tembloroso dedo para calentarla como había visto a Kefka hacer cada vez que su café se enfriaba a lo largo de la mañana. Alegre de su triunfo pudo proseguir sin problemas. Su vestido era rojo exceptuando los puños y el cuello más algunos botones añadidos a la parte superior. Sus medias como de costumbre albergaban un sutil tono rosado, los zapatos siempre iban a juego con la prenda principal. Sus largos y rizados cabellos solían ser mantenidos a raya por una alta coleta cuando Kefka no se encargaba él mismo de esas tareas. Mirándose al espejo suspiro tras valorar que todo estaba correcto, el mago era tan exigente como tajante, una sola mirada bastaba para saber su aprobación o desaprobación. Al contrario, el otro general siempre tenía una buena palabra que darle.

-Buenos días. -Saludo a los dos soldados antes de sentarse entre ellos a la mesa, posando sus ojos primero en el rubio que sólo le dedicó una mirada condescendiente y después al de piel oscura, retomando su sonrisa. Leo también le deseó un feliz día levantando la vista de su taza de humeante té. -... Y ¿puedo preguntar cómo es que Leo sigue aquí? -Añadió al cabo de un agradable momento de silencio para todos tomando la plateada cuchara con la que movería el azúcar hasta disolverse oculto por el blanco liquido en su tazón.

-Claro querida, pregunta, pregúntale a nuestro invitado. -Concedió con inusual y perturbadora dulzura el rubio, relamiéndose, haciendo que su pequeño ser temiese alguna jugarreta pero respirando hondo y mirando al tranquilo oficial lanzó la pregunta:
-Leo, ¿Qué hace usted todavía en nuestra casa? -Faltándole incluir "vivo" aunque eso ya hubiese sido aparte de cruel, imprudente.

Leo parecía querer responder pero juzgando la expresión en su rostro tenía problemas en abordar el tema y Kefka en silencio lo disfrutaba con malicia, dibujándose una sonrisa retorcida similar a una mueca debido a la fuerza con la que los labios se quedaron curvados, ojos de claro azul fijos en el soldado, expectantes. Le gustaba un poco demasiado desarmarlo y contemplar como la vergüenza actuaba. Tragando saliva y después carraspeando optó omitir cierta parte de la explicación requerida.

-Verás, Terra, como ya viste Kefka se empezó a sentir mal y decidí quedarme un poco más para quedarme tranquilo. -

-Ah... Bueno eso tiene sentido. -Exclamó ella, no queriendo ser cómplice del juego del otro. Sosteniendo entre ambas manos el tazón para beber la templada leche.

-Oohhh... ¿Nada más? -Quiso saber el mago de dorados cabellos y pálida piel bajo el cuidado maquillaje provocador. -Mira que esta es una oportunidad de oro para aclarar todas tus dudas al respecto, ¿Mm? Leo es muy bueno y viniendo de ti no le va importar responder alguna más. -Le tentaba con su vocecita de niño travieso. Terra negó con la cabeza, dejando sobre el platito el semivacío tazón. Aún muriendo por algo de atención, ella odiaba que fuese con esos fines.

-No, nada más. -Replicó ella con firmeza, mirándole a los ojos.

El hombre de ropas de vistosos colores y botas de tamaño y color dispar resopló viéndose obligado a aceptar la derrota pero levantando una fina y rubia ceja bajo la finas figuras rojas adornando su ancha frente dijo:
-La próxima vez ¿Mm? -

A lo que el propio Leo reaccionó bruscamente, finalmente ruborizado y tosiendo puesto en pie habiendo aguantado demasiado desde su llegada el día posterior. Sus palabras, taimadas mostraban parte de esa excitante rabia:
-No, no va a haber una próxima vez. -Ojos marrón verdoso encendidos contra los fríos e impasibles ojos del mago que ladeando la cabeza le sonreía embelesado hasta rotarlos para mirar a la pequeña rubia y despedirse. -Será mejor que me vaya ya. Hasta luego, Terra. -Ella asintió con una entristecida sonrisa.


Tapando su cara con una mano dejando entrever apenas parte de ésta, negando sutilmente con la cabeza el general recobraba la calma que el asunto siempre requería. La muchacha esperó retomando su asiento en silencio hasta que un prolongado suspiro salió de sus carnosos y morenos labios, retirando la mano y colocándola sobre la mesa cerrándola lentamente. Ya ni se atrevía a recordar el momento en que lo que él quería mantener como una inofensiva amistad se tornó en algo más, sabía que no podía ser, quizás en otros lugares, quizás durante un periodo de tiempo en la historia pero no en el régimen de Gestahl, había seguido con dolorosa vehemencia los consejos ofrecidos por su superior durante unos cuantos años pero al igual que una vieja herida de guerra mal curada, sólo bastaba apretar un poco sobre ella para que se abriese nuevamente y una corriente de sentimientos y emociones brotase como sangre en carne viva doliendo como o incluso más que la primera vez.

-Sí, a pesar de toda su maldad, aún le quiero. -Reconoció con el mayor arrojo que habría de mostrar en lo que llevaba vivido. El sabía bien que estaba condenado, era el pequeño precio a pagar por su error pero ya no podía remediarse. -No siempre fue... De esta manera. -

Terra asintió y ladeando su cabeza le mostró una sonrisa comprensiva, ella le comprendía mejor que nadie pues de alguna manera ella también era presa de su diabólico encanto, eso era lo que la convertía en muñeca, la corona era un artilugio que atraía la seguridad de los que la rodeaban y la temían, nada más.

-Lo sé... Es lo que me gusta creer también. -Sus palabras parecieron un susurro pero no era necesario que elevara su voz si no quería. Lentas y cargadas de una emoción que encogía su corazón.

Ambos se quedaron un rato en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos relacionados con el hombre en cuestión hasta que con la misma ligereza con la que se había sentado, la rubia de innumerables rizos danzando contra su rostro y hombros se levantó para abandonar el despacho. Ya había malgastado mucho de su tiempo libre o temiendo que al no ser encontrada por el mago, éste manifestase contra alguien su disgusto. La volatilidad de su carácter solía alertarla como la principal en tomar la responsabilidad de sus actos entre los dos. Colocando una mano por encima de su frente, erguida y de nuevo risueña, saludo al general que rio quitándole importancia y girándose caminó hacía la puerta dejando tras de sí simplemente su fragancia a flores y la esencia que siempre la envolvía a magia.

MARYXULA

Me ha salido superemotiva LOL (Pero espero que os guste)
Yo siempre he tenido esta idea de que a Leo Kefka le importa demasiado para seguir intentando ayudarle o corregirle o aconsejarle o lo que sea que haga con él porque mira conociendo a Kefka durante el juego, vivir con él fácil no tiene que ser, menos hacerle ver que se equivoca en según que cosas XDU (El nivel o la implicación amorosa varia porque me gusta probar diferentes ideas y posibilidades)
Sobre Terra, siempre tengo la idea de que ella ha sido muy intuitiva y curiosa aunque por miedo a herir sentimientos eran cositas que se iba guardando, con Kefka antes de la infusión pasa igual, ella tiene sus propias teorías para sobrellevar la tragedia...








jueves, 14 de enero de 2016

FanFic FFVI (One-shot) Molestia Aparte

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA):
Los personajes de la saga Final Fantasy son creación exclusiva de Square-Enix (Squaresoft) y sus respectivos colaboradores
Historia narrada en tercera persona n_nU
Esta es una idea que tuve inspirada por un fic que leí de uno de mis autores favoritos pero sin nada que ver, sólo Kefka jugando un poco con la paciencia de Leo...
Pre-Canon

FanFic Final Fantasy VI
Molestia aparte

-Ten, querida, quiero que me digas el minuto exacto en que el bueno de Leo abandona mi despacho. - La joven de poca estatura y delicada figura cubierta en ropas rojas escuchó la indicación de su superior, también dueño de una rubia y larga melena recogida en una coleta alta por un fino hilo cubierto de coloridas perlas y varias plumas de diversos tamaños y fuertes colores enganchadas mientras tomaba entre sus pálidas manos el objeto que le era entregado. Un bello reloj de mano.

Ella levantó la mirada y asintió.

-¡Buena chica!- Exclamó acariciando con sus dedos largos y delgados su cabeza repleta de rizos dorados que trataban de descender por su aniñado rostro. Ella se limitó a emular la gran sonrisa del pequeño hombre y sin soltar el reloj se quedó sola junto a la elegante puerta de madera pintada con bordes dorados.

Kefka no se molestó en llamar o anunciar su presencia al otro, concentrado en la lectura de múltiples papeles amarillentos con pequeña letra negra redactados a maquina. Junto a éstos, una sencilla taza de humeante café estaba sobre la rectangular mesa. El rubio frente a él examinaba su frente, siempre excesivamente arrugada para una persona de esa edad. ¿Qué podía hacer para captar su atención? Pensaba ladeando su cabeza a un lado con el dedo índice aún sobre sus labios coloreados con esmero de rojo carmín. De igual velocidad que la idea brotó, el individuo sentado en el sillón fue sacado de sus pensamientos al oír el desagradable sonido emitido por la porcelana chocando contra el suelo, dejando meros trozos y el oscuro liquido impregnándose en la lisa superficie.

-¡Oops! -Dijo Kefka cuando por fin los ojos marrón verdosos de Leo se quedaban fijos en él y apoyándose en la mesa sin ningún pudor, mejilla contra una mano cerrada, agregó. -Ahora que parece que tengo tu atención, ¿puedes explicarme que haces en mi despacho? - Sus cabellos caían gráciles sobre su hombro bajo la gran solapa de su gran chaqueta dividida en dos colores; rojo y amarillo.

Leo suspiró dejando sobre la mesa el papel que sus dedos aferraban, entrelazándolos mientras sus codos también eran apoyados en la mesa respondió con contenida calma:
-En el letrero de la puerta se lee claramente Leo Christophe... ¿Tanto te cuesta aceptarlo? -

-No puedes hacerte una limitada idea. -Replicó susodicho sentándose encima de la mesa, quedando así ligeramente más alto su rostro que el de Leo. -Además sabes muy bien que este me pertenecía desde un principio, como el general de más rango entre los dos. -Agregaba dando suaves toques con el borde de sus largas uñas a la mejilla del otro, provocador.

El soldado de morena piel pareció querer replicar, elevando un dedo para señalar pero al instante de abrir la boca la cerró. Kefka rio victorioso y exclamó:
-¡Exacto! Por lo que, ¿qué esperas para irte? -

Recobrando el espíritu pero dispuesto a obedecer, hizo una pequeña puntualización sonriendo:
-No obstante, como secretario del Emperador te correspondería el despacho que está por esa zona, cerca del Emperador... De todos modos, me iré a otra parte. -

Y levantándose recogió todos los papeles extendidos en la mesa, juntándolos los guardó en una fina carpeta de cuero y junto a su larga chaqueta verde oscuro abandonó la habitación consciente de la mirada furibunda en el otro que había entrecerrado sus bonitos ojos azul claro y torcido el gesto, cruzado de brazos.

Al abrir la puerta y hallar a Terra, la que tuvo que dar un paso atrás para que él pudiese avanzar, la saludó amigablemente.

Hasta que la figura del soldado no desapareció de su vista, Kefka no indicó a la joven también a considerar soldado que entrase, cerrando la puerta tras de sí aunque claramente molesto por la renuncia del General Christophe, él quería saber cuanto antes el tiempo que le había llevado echarlo. Formaba parte del juego, cada día apuntaba en uno de sus cuadernos los números que ella le comunicaba y los comparaba. Era entretenido fastidiar al bueno de Leo, poner a prueba su paciencia como la de todos los demás le comentaba a la chica sentándola en su regazo ya habiéndose acoplado al elegante sillón de madera y respaldo de tela mientras tomaba el reloj de sus manos a fin de guardarlo.

MARY (MARYXULA)














jueves, 7 de enero de 2016

AHORA QUE NOS CONOCEMOS MEJOR...

Quizás siempre has estado en mi vida pero es ahora que el vinculo está creciendo, fortaleciéndonos, a raíz de una tragedia pero eso está superado ahora porque si yo lleno tu mundo de color, tu llenas el mío de amor y eso es lo que importa. Reservando un ratito de mi tiempo, celebrando que los cambios que la vida nos da van a ser buenos, compartiendo más que palabras, emociones y dejando que la fantasía nos entretenga. Ya era de que nos conociésemos mejor y por eso yo ahora solo pido a Dios para ti lo mejor, que este vinculo no se rompa por nada del mundo.

Una pequeña cosita que se me ha pedido hacer para un cumpleaños de una persona muy cercana n_n

jueves, 19 de noviembre de 2015

FanFic FINAL FANTASY VI (Oneshot) Burning Comet

NOTA DEL AUTOR:
Ningún personaje de la saga Final Fantasy me pertenece, son creación exclusiva de Square-Enix (Squaresoft) y sus respectivos colaboradores
Sólo algún que otro posible personaje cuyo nombre no reconozcáis sea cosa mía n_un
Escrita en primera persona
Algo especial para Kefka porque en Noviembre es su cumpleaños y pienso que dentro del Fandom español hay tan poquita cosa sobre él (sólo lo que escribo yo TWT) ¡Feliz cumpleaños!

Yo soy el ardiente cometa
Yo soy el mudo sonido
Yo soy la lágrima y el rostro sonriente


FanFic Final Fantasy VI
Yo soy el ardiente cometa

Tras desjuntar mis manos, me entretuve una vez más sacando mi reloj de mano bien guardado en uno de los bolsillos que disponía mi larga chaqueta de soldado verde con cuello y mangas de un tono verdoso todavía más oscuro y diversos botones dorados. Aunque nunca me había importado esperar, comenzaba a impacientarme, observando con mayor detalle de lo usual las finas y oscuras manecillas moverse con lentitud por la blanca superficie tras abrir el redondeado objeto, inmóvil en una de mis pálidas manos. Cuando mis ojos de un sutil azul celeste comenzaban a irritarse de nuevo, obligándome a pestañear, el sonido del pomo de la puerta girando atrajo mi total atención lanzando mis ojos hacía ésta como dos desesperadas fieras, abriéndose lentamente. La sonrisa que iluminó mi rostro cansado de tanta espera brotó al instante de identificar con claridad las dos figuras que se adentraban en la sencilla sala en cuyo centro les esperábamos una mesa, otras sillas y yo ya sentado frente a ellos. Guardé de inmediato el reloj recién cerrado en su bolsillo correspondiente y adoptando una postura más correcta, volví a entrelazar mis dedos con mis manos sobre la fría y plana zona que era la mesa observándolos avanzar y tomar asiento, no sin previamente dejar sobre la mesa los papeles a firmar, ofreciendo una selectiva información del experimento o "intervención" que se iba a suceder nada más dar mi aprobación como cobaya humana.

-Soldado Palazzo dado su interés y la superación de nuestras... Expectativas, le recomendaría que leyese atentamente la información que le ofrecemos antes de firmar. -Me recomendó con un tono casi burlón, camuflando de alguna manera su desaprobación hacía mi triunfo, el hombre envestido por una bata igual de llamativa que el otro de menor altura y con un espeso bigote de claro color rojizo,  que ya había tenido el placer de conocer mucho antes, en mis días de preparación de asistente en el laboratorio del Imperio.

-Gracias pero no creo que sea necesario. -Por supuesto, fue mi provocadora respuesta, buscando con los ojos una pluma y un tintero con la que trazar mi firma sobre el espacio que deduje sería el correcto.

La mirada del otro, o sea, del buen doctor Cid parecía suplicarme cautela antes de confirmar el punto en el que firmar en cada papel, prácticamente más iluminado por la lámpara que ocupaba el centro del techo por encima de nuestras cabezas, de un diseño simple y resistente a diferencia de muchas otras lámparas del Palacio Imperial, que me digno a mirar con la idea de que algún día alguna de ellas caía aplastando a algún pobre inocente. Suspiré y tomé uno de los papeles para echarles un ojo por última vez. Tanto Cid como yo conocíamos lo que se buscaba alcanzar con el proyecto como el proceso, no había razones para preocuparse tanto aunque bueno, él siempre me había dado esa impresión, demasiado responsable llegando al temor a la hora de poner en practica sus propias teorías. Apartando el papel de mi vista con una sonrisa de niño bueno y obediente, levantando una ceja insistí:
-¿Me permitís ahora firmar el documento? Muchas gracias. -Agregué mostrando más fastidio que sarcasmo, he de confesar.

La tinta parecía fluir como finos ríos negros a medida que componía cada letra que formaba mi nombre y apellido con gracia y elegancia dignas de un burócrata o un individuo de buena cuna. Mi nombre era mi orgullo, por lo que desde que he sido capaz de recordar, siempre me ha gustado trazar una firma digna de mostrar al individuo al que menciona. Finalizada, puse el alargado utensilio de escritura sobre el botecito de tinta y retorné la vista en los científicos que me miraban en silencio.

xxx xxx xxx

-¡Vaya, vaya! -Me sobresaltó una animada e incrédula voz seguida de una molesta palmadita en la espalda observando en silencio las vistas que la pequeña ventana de una larga serie ofrecía sentado sintiendo el suave bamboleo del tranvía al recorrer la ciudad. -¡Es el soldado Palazzo! ¿Verdad? -Continuó parloteando ruidosamente sentándose a mi lado sin percatarse de mi desinterés al retornar la vista a la ventana. -¡Qué sorpresa más grande! Ninguno apostaba un gil a que serías admitido en el proyecto. -Me comentó entre risotadas.

Tuve que apretar los dientes antes de dirigirme a él con la mejor de las sonrisas y pedirle educadamente que me dejase tranquilo. Cosa que el comprendió para mi alivio rápidamente, probablemente lo acusó al amanecer del día. Nos citaron más temprano de lo que ya teníamos costumbre de abandonar los cuarteles.

-¡Eso, mejor vente a nuestro lado! -Exclamó desde otra zona del interior del vehículo otro soldado de corpulento aspecto bajo el abrigo verde oscuro que lo protegía del frescor de las primeras horas de la mañana.

Recuerdo que el viaje se me hizo corto debido a la hermosura que contemplaba. A medida que el sol se elevaba lentamente sobre el cielo de tonos anaranjados y rojos, su fulgor sobre los edificios daban la sensación de incendiarlos como si el solido material color rubí se derritiese con las cúpulas de cristales pintados de ámbar dorándose como oro fundido. Pensé que si esa iba a ser la última vez que mis ojos verían Vector, no podía ser más bello. Siempre lo era pero aquel día con mayor razón.

En efecto como una de mis antiguas compañeras nos informó amable pero tajante a partes iguales como haría cualquier profesional en su puesto de trabajo no era necesario que trajésemos con nosotros nada del exterior, allí se nos otorgaría lo imprescindible durante el tiempo que durase nuestra estancia recordándome por alguna razón al protocolo a seguir en la zona de enfermería, sin embargo no nos harían encaminar nuestros pasos a esa zona sino que bajaríamos al laboratorio, varias plantas bajo la gran construcción que era el Palacio Imperial con nuestros neceseres recién entregados dentro de una bolsa cerrada. Todo muy entretenido. Nos ocupó el resto de la mañana trasladarnos con éxito a nuestros respectivos cubículos. Salas provistas de lo imprescindible, todavía más minimalistas y deprimentes que las que un hospital o una residencia psiquiátrica poseen pero con una gran superficie de cristal por la cual ser observado.

Las tres comidas que yo degusté un tiempo algo más largo que mis compañeros no se distinguían mucho de la comida sin sustancia o carente de especias atrayentes, básicamente carnes poco pasadas por el fuego, caldos de verdura y purés blanquecinos. Sintiendo curiosamente ligero malestar al doblar el brazo de esta u otro modo, recordatorio de la fina aguja que traspasaba nuestra frágil y en mi caso, clara piel, bajo el recio esparadrapo.  De cuando en cuando pude entretenerme centrando mi atención en las veces que veía ir y venir a los encargados de nuestro grupo de cobayas humanas, antes de que la puerta se abriese con llave que sólo ellos tenían en su poder, el estomago tronaba al advertir un carro de metal por delante similar a lo que padece un animal puesto a prueba.

Fue un poco antes al día que la fase final sería realizada habiéndose comprobado las anteriores fases y con los preparativos necesarios listos que algo amenazaba con devorar mi satisfacción. Igual me solía ocurrir de niño habiendo elaborado algo de lo que sólo yo podía estar convencido haría que todos a mí alrededor me aplaudiesen o me alabasen, por fortuna no duraba mucho pero era algo intenso, cercano a un dolor de pecho, que me privaba de aire mientras mi mente se llenaba de estupideces. Si, como voces a muy baja frecuencia que me cuestionaban pero que yo siempre me he negado a escuchar, haciendo un esfuerzo mayor por recobrar aliento y así poder mostrarlo. Creyendo oír en el silencio el aliento de la muerte detrás mío mientras dejaba que el agua fría y cristalina me apaciguase en mitad de la noche antes de regresar a la incomoda y estrecha cama que el cubículo de dimensiones medianas disponía, sobreviviese o no, lo que tenía claro era que debía acostumbrarme pues iba a pasar bastante tiempo tumbado en ella. Creo que en ese estado de nerviosismo fácil de despertar, agradecí que una vez cerrada la gruesa puerta de metal ningún sonido del exterior se podía distinguir de fondo. Cerré los ojos con fuerza y recostado sobre un lado, cubriéndome con mis brazos bajo la fina tela de la única manta que hallé retomé mi sueño. Nada reparador pero necesario y por tanto, bien recibido.

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Respirando hondo y moviendo la cabeza a un lado y al otro una vez más, rotando, deslizando mis propios dedos sobre mi cuello ligeramente inclinado sobre mis hombros quise reír una vez más pero la mirada de los hombres vestidos con chaquetas y pantalones de similar color a los míos me advertían de lo que podía volver a sucederme. Conteniendo las ganas, abrí mis dos orbes de un azul empalidecido y retorné mi cabeza a su posición habitual. Manteniendo una de mis finas cejas rubias elevada, sonreí siendo la más leve muestra de aquello que me poseía mientras la magia tomaba forma como si esa esencia se canalizase en energía y la energía surgiese de mi cuerpo caliente e intensa cubriéndome sin dañarme como el fuego que rodea al cometa en su feroz movimiento. Conteniéndola con igual esfuerzo que mis ganas de gritar, reír o agitarme como las llamas que creaba. ¡Tan bellas! Azulándose por la mitad, superando la partes anaranjadas con cada movimiento de mis brazos.

-Es... Asombroso. -Alcanzó a articular el hombre de larga y rizada melena plateadas, no hacía mucho de un rubio claro en perfecto equilibrio con su piel, gastada por el acero y el cuero en otros tiempos, tiempos de disputas estúpidas y consecuentes separaciones que concluirían en guerras por unificar lo roto. -¿Cuál es tu nombre, soldado? -Quiso saber acortando la distancia que nos separaba.

Haciendo disminuir mis preciosas llamas hasta desvanecerse quedando meramente el espacio que me rodeaba aún cálido y las largas mangas verdosas de mi chaqueta chamuscadas, tal y cómo había practicado aquella semana, colocando mis dos brazos detrás y juntando mis manos, levantando pecho respondí efusivo:
-¡Kefka Palazzo Eminencia! -

Pero esa palabra seguía resultándome repulsiva, al instante de salir de mi boca, no era capaz de controlar el apretón de mis dientes, tensos antes de cerrar la boca y retomar una forzosa sonrisa.

-Bien, Kefka, ¿Qué te parecería ser nombrado Primer caballero de las futuras fuerzas Magitek? -Me propuso algo con lo que cualquier soldado en mi situación moría por recibir y yo, yo sólo pensaba en los fuertes tonos de su chaqueta rojo sangre o en cómo el oro de sus medallas resaltaba sobre ella pero un hombre ambicioso cree conocer a otro de igual calaña por lo que la decisión se transformó en una obligación. Dándome una palmada en la espalda con una de sus grandes manos enguantadas agregó: -Pues a partir de ahora dicto que ese sea tu rango. -

-Bien, entonces puedo regresar a casa ¿ya? -Fue todo lo que yo dije, encogiéndome de hombros y haciendo desvanecer mi complaciente sonrisa, resultando en una de esas particularidades mías que tanto le atraían ya que en vez de romper a reír y afirmar con la cabeza antes de retomar su sillón me hubiese lanzado una mirada asesina o hubiese negado con severidad.

A diferencia de Cid o el resto de individuos que entraban a su despacho, no incliné mi cabeza antes de girarme y echar a andar hacía la gran puerta o doble puerta de madera con relieves dorados. El hombre pelirrojo de poca estatura sentado en uno de los asientos frente a la mesa de la secretaria a una considerada distancia ocupada por la extensa alfombra bajo nuestros pies roja con figuras doradas o de un color amarillo muy luminoso bordeando el centro se levantó de golpe para acercarse a mí apresurado. Qué molesto era. No siempre pero en ocasiones como esa sí.


MARY (MARYXULA)

No lo he dicho en FF.Net pero esto serían eventos anteriores a lo que pasa en el juego n_nU Algo de mis ideas con respecto al personaje y su parte pre-canon XDU (Pero vamos, se intuye porque está en pasado y tal...)
Una especie de Preview de lo que vendrá a ser Metamorfosis TwT Porque al igual que he probado con Rezo y estoy ahí ahí con Clow, también tengo ganas de escribir y compartir muchas más cosas que me vienen con respecto a Kefka antes del juego, currándomelo a mi ritmo X3 (Pero no tan largo como lo de Clow, más como cuando empece porque luego lo acabo por cortar TAT)




lunes, 16 de noviembre de 2015

AVE DE PLUMAS DORADAS

Igual que un pájaro ibas desplegando las alas, día tras día, tu cuerpo se aproximaba al momento del vuelo. Ligera como una de las múltiples alas que ahora son tus brazos te veíamos, etérea como un alma arrastrando el lastre del cuerpo esperabas sentada, no sabíamos cuando pero el momento estaba llegando, dulcemente como el cantar lejano del pájaro. Vuela, vuela, vuela, porque en este nido ya has dejado todo lo que has debido dejar. Abre tus alas repletas de plumas doradas, prepara un nuevo nido, que pronto nos encontraremos. Mientras tanto, en nuestras mentes, millones de recuerdos flotan como millones de plumas danzando en el aire, como rodeándonos antes de alejarse. Que el sonido de tu risa será nuestra melodía como el trinar del pájaro cada mañana al despertar. Criatura de luz que ahora brillas cruzando el cielo, recuerda que siempre a tu lado hubo alguien y ese alguien te cuido y te protegió durante tu metamorfosis, guarda para ellas las plumas más bellas de tu nuevo plumaje y lleva contigo, a ese nuevo nido, todo el amor que te dieron.

Maryxula


jueves, 12 de noviembre de 2015

DIGIMON (Fanarts)



                                                        PIEDMON Y MYOTISMON

viernes, 2 de octubre de 2015

FanFic (ONESHOT) FFVI Ardor

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Los personajes de FFVI no me pertenecen, son una creación exclusiva de Square-Enix (Squaresoft) y respectivos colaboradores
Historia contada en tercera persona (Intento escribir así sobretodo en los one-shots) 
Esto sería algo que iría con otro fanfic pero que como es cortito y el fanfic está siendo escrito en inglés lo pongo con los demás one-shots... Tina es Terra, en la versión japonesa ella en realidad se llama Tina, lo de Terra fue gracias a los traductores americanos n_nU
KefkaxTerra (No-con) Clasificado M
FanFic Final Fantasy VI
Ardor
Alejándose hasta que su espalda chocó inevitablemente con la pared, desde el rincón que se había convertido en su habitual, la pequeña de cabellos largos y rizados sin orden ni control al rededor de su rostro de facciones delicadas observaba con los ojos tan abiertos que le dolían y la mandíbula tensa debido al pánico como los soldados que poco antes se habían adentrado en su habitación, fría y hermética con intenciones poco amistosas recibían su castigo. Conteniendo el aliento, sus ojos azul verdoso estaban fijos en el soldado cuyo traje y melena rubia atada en una sencilla coleta indicaban que debía poseer un grado distinto al de los otros a excepción de ser desagradablemente sorprendida por la cercanía con la que uno de ellos era golpeado contra la pared, impregnándola de su roja y pegajosa sangre, cayendo el casco de extraño diseño al suelo. No parecía más corpulento que ellos pero estaba claro que era el doble de peligroso, fuese por la razón que fuese, la ira que le embargaba le dotaba de esa fuerza casi animal, inundando la habitación de una temperatura que se elevaba a su alrededor hasta que con ambos hombres desparramados en el suelo, se calmó. Limpiándose su recta nariz con un pañuelo de algodón, empezó a reír como si nada malo hubiese pasado, suave y melodiosa. 
-Idiotas. -Le oyó mascullar mientras guardaba el pañuelo y se colocaba algunos mechones finos y alargados como hebras doradas. -Pero si mi querida muñeca está bien, todo está bien, ¿verdad querida mía? -Agregó apartando la vista de los hombres inconscientes a sus pies para encontrarse con los ojos de la niña. 
En el transcurso que duró su cierre de ojos, el soldado rubio ya estaba a pocos, mínimos, centímetros de ella, arrodillado frente a ella, más que deseoso de examinarla. El grito se congeló en su garganta al chocar con sus ojos de un intenso azul celeste. Arrugando sus cejas, contuvo el miedo todo lo que pudo. 
-No pasa nada, preciosa, ahora estás conmigo y nadie te hará daño. -A pesar del disfrute que le producía su terror, se sentía tan metido en el papel de protector que le brindaba palabras de alivio. -Sonríe, vamos, muéstrame una bonita sonrisa. -La animaba sosteniendo su rostro entre sus manos y ahí era cien por cien sincero, moría por ver en su cara de muñeca con ojos grandes y labios pequeños, una sonrisa. 
Ella al principio pareció rehusarse girando la cabeza hacía un lado pero él insistió dirigiéndola hacía el frente. Entonces entornando los ojos al igual que él, se forzó a esbozar una sonrisa que no recordaba haber tenido nunca. La sonrisa de él creció y la besó en la cabeza, feliz como un niño cuya mascota hace exactamente lo que él quiere.  
-Mi preciosa preciosa muñeca. -Ella le oyó claramente decir casi en un gemido contenido notando como el poco espacio de aire entre ellos disminuía en un pestañeo. Su piel era fría, incluso más que las paredes que la rodeaban. 
Cerrando forzosamente los ojos de nuevo, sólo pudo oir el sonido de los botones ser desabrochados lo que provocó que los abriese atónita pero incapaz de pronunciar palabra. Aquello estaba fuera de todo lugar pero él no parecía la clase de soldado que le importaban las consecuencias, menos cuando ella le hacía arder de esa manera. Con la mano enguantada que aún sostenía su cuello la condujo hacía abajo, imponiéndose cuando ella forcejeó, diciendo sin variar su tono de voz, amable o gentil:
-Vamos no seas tímida, yo hago mucho por ti, sólo necesito un poco de agradecimiento por tu parte. -
¿Agradecimiento? La confusión debilitó su espíritu combativo y abriendo la boca le complació. Cerró los ojos por ultima vez deseando disolverse en la oscuridad conteniendo en su boca el miembro rosado humedecido por su lengua a cada lento deslizamiento, principalmente preocupada de dañar ese trozo de carne vibrante pues si lo hacía en sus intentos de tragar su propia saliva sería salvajemente golpeada, su instinto le decía que entre ambas cosas esa era la peor pero cuando la notaba más dentro, a punto de llegar hasta el final, las arcadas eran un desafío mayor. No sabía cuanto iba a aguantar aquello y los ruidos que había ido emitiendo se habían ido tornando más violentos, en el instante en que algo liquido de sabor desconocido llenó su interior, empapando su paladar, creyó haberle mordido pues su alarido fue de tal magnitud que llorosa quiso apartarse para echar a correr sin embargo fue separada poco a poco por los firmes dedos que la habían estado agarrando por la cabeza, tirando de algunos de sus rizos. Lo que todavía goteaba por la punta de su glande no tenía un tono rojo y oscuro sino blancuzco como leche o pintura de ese tono. Si levantaba la vista en la cara del soldado se apreciaban una sonrisa intensa y un color rosado en cada mejilla, seguramente a causa del incremento de placer. Jadeante ocultó su flácido sexo.
-Mi pequeña Tina, ahora todo estará bien, estos dos vendrán conmigo y no volverán a hacerte nada malo. -Se despidió de ella limpiando las lagrimas que resbalaban por sus mejillas sin causar rumor. Aunque abrió la boca en señal de incredulidad, seguía sin brotar palabra de esos labios tentadores.
Más o menos limpia, ella le vio marcharse con ambos hombres encima, cada uno sujeto por un brazo por la cintura. El beso de despida que le dedicó la hizo temblar consciente de que si se presentaban más incidentes como ese, Kefka tendría otra oportunidad de oro para intimar con ella. En efecto, los encargados principales eran soldados de menor nivel pero le correspondía a él hacer y deshacer como su capitán.
MARY (MARYXULA)
Pequeña historia que me vino a la cabeza un día mientras escribía otro de mis fanfics con temática no consensuada entre los personajes y temática oscura y tal n_nU
Como en la primera escena escribí el intento de escape de Tina (más conocida como Terra) siendo niña y de algún modo retando a Kefka a usar un método como la Slave Crown para asegurarse que es totalmente suya (y en segundo lugar del Imperio en su mente) pues luego me vino esto explicando de algún modo que Kefka ya estaba bastante obsesionado con ella y que la quería como sólo un monstruo puede amar algo o a alguien... El contraste estaría en que mientras que habla de un modo muy encantador y manipulativo, sus acciones en ese fic son brutales a la hora de tratar con ella en privado n_nU
Si pongo que es clasificado M es por algo, perdonen mi maldad, a veces cuando estoy frustrada o enojada me vienen cosas de este estilo a la mente pero como en toda obsesión destructiva, Tina no se enamora de él, es Kefka el que se monta su película... Es el Pre-Canon más oscuro que tengo fuera de los AUs por cierto (Encima inspirada por un fic cuya temática también tenía un puntito muy abrumador)