sábado, 25 de febrero de 2012

FanFic CLAMP El mago y sus amores

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Los personajes de CLAMP, son obviamente obra de CLAMP (El resto si puede que sea cosa mia)

Historia corta y fuertecita pero descrita lo más elegantemente posible ^^'

Como cuanto más intento describir a Clow, más me viene a la mente, el personaje de Oscar Wilde, Dorian Gray, Clow, sintiendose bien o mal por ello, es bisexual n_n (Claro que siempre preferie yacer con una dama antes que con un varón excepto que ese varón sea Yue e_e)

Espero que os guste esta locurilla, como veo tantas historias entre Shaoran y Eriol me ha dao por intentarlo también, ya sabeis lo liberal y libertina que soy XD



FanFic CLAMP - CCS

El mago y el lobezno



Habiendo cerrado el consultorio pocos momentos antes del atardecer, Clow se disponía a apagar el dispensario de incienso que había contribuido a crear tán agradable y relajada atmósfera entre él y los clientes recibidos durante ese día cuando el sonido de tela y madera rompiendose le obligarían a encaminarse apresúrado hacía la parte más ambientada al publico del pequeño local. Sus ojos se abrerían exageradamente al descubrir a un muchacho atascado en mitad de las puertas corredizas que acababan de ser corridas separando así esa parte del local del otro. Meneando la cabeza mientras se llevaba una de sus finas y palidas manos a su frente apenas cubierta por finos mechones negros, se acercaría al joven para ayudarlo a salir con algo más de fácilidad de la puerta, cuyo desperfecto habría de ser arreglado a la mañana siguiente.


-¿Se puede saber qué haces aquí, justo cuando acababa de cerrar? -Le preguntaría el mago, más admirado que enojado con el terco muchacho. La respuesta del muchacho de revueltos cabellos marrón sucio mirandole con fiereza fue:


-Necesitaba verle. -


Las palabras que Clow ya sabía que iban a brotar de la grosera boca del muchacho no causaron gran sorpresa en el mago pero lo que detectó en ellas sí, un sentimiento que se tornaría más fuerte al siguiente acto del joven al exigirle un motivo.


-¿Si? -Inquiriría el mago con una sonrisa forzada. -¿Y de qué se trata esta vez? -



Apróximando sin ningún tipo de pudor, sus manos al rostro del respetado y aclamado señor Reed Li Clow, el indisciplinado Syaoran le besaría en la boca. Recreandose en el calido y suave roce que le proporcionaban los labios del mago hasta que Clow lograse separarlos, respirando irregularmente con un sonrojo de vivo color rojo en sus mejillas, sólo podría articular la siguiente oferta:


-Si permito que suceda, júrame que arreglarás la puerta destrozada y que no volveremos a vernos en lo que nos quede de vida. -


-Se lo juro. -Aceptaría Syaoran con firmeza aunque eso muy por dentro le estuviese causando gran dolor. Él sabía tán bien como el mago que su amorío o lo que hubiese pretendido hacer surgir no podía ser, Reed Li Clow estaba casado e incluso llegaría a tener hijos con esa mujer de honorable familia.


Retirandose algunos delgados cabellos, esforzandose por disimular cúan turbado y pudoroso se sentía en ese momento, Clow haría un gesto al joven para que le siguiese. El joven con una sonrisa que irradíaba una sincera alegría y orgullo, no tardó ni un instante en acatar la silenciosa solicitud. A cada paso que daba por el alfombrado suelo, se iba deshaciendo de una prenda, con toda la naturalidad que gracias a su forzoso trabajo había adquirido. Al clavar sus almendrados ojos sobre él mago, el joven recorrería la larga trenza color azabache que caía por su amplía espalda, que no tardaría en ser descubierta para gozo del joven. El mago al girar su cabeza y comprobar que Syaoran ya se hallaba desprovisto de ropa, no sabría como ocultar lo difícil que le iba a ser a él mostrarse desnudo.


-¿Serias tán amable de darte la vuelta mientras me desvisto? -Le pediría Clow con la voz más clara que logró sacar, habiendose aclarado la garganta previamente.


El pequeño lobo reiría meneando la cabeza, tál y cómo supusó desde el primer día que sus ojos se fijaron en los del mago, éste no era como los otros hombres que habían fijado sus ojos en él y eso le hacía desearlo con más desespero. Se moría por fundirse con él pero cruzandose de brazos se daría la vuelta para complacer a su timido amado. Clow suspiraría extendiendo sobre el liso suelo la alfombra más grande de que disponía y comenzaría a librarse de sus protectoras y sedosas ropas, de colores más bellos y luminosos que las ropas desperdigadas de Syaoran. Imposible de contener su impaciencia por contemplar al mago despojado de ropa, de cuando en cuando, giraba su cabeza al apreciar el sonido de los dedos del mago sobre las cintas anudadas.


-¿Necesita ayuda? -Preguntaría a Clow, sobresaltandolo al apróximarse a él, rapido y silencioso como una sombra. El aliento del joven, tán cercano y el contacto de su piel desnuda al rodearlo por las caderas, abochornarían al mago, tanto, que no encontraría palabras para apartarlo. Su respiración volvería a alterarse cuando Syaoran le forzase sútilmente a girarse, quedando sus rostros a escasos metros, para besarlo con la energia y pasión propia de su edad.


-¡U-Un momento! -Consiguiría exclamar el colorado mago. -¡Mis gafas! D-Deja que me las quite, no me gustaría que se rompiesen. -Le rogaría creando más ansiedad en el joven Syaoran, que le espetaría:


-¡Está bien pero no se entretenga! -


Apartandose un paso dejaría algo de espacio libre a Clow, que sintiendo una gota de sudor caer desde su frente a lo largo de su rostro, se las retiraría, tornandose su visión confusa, y situaría al lado del incensario cuyo contenido ya no eran más que oscuras cenizas. Entornando sus preciosos y claros ojos Clow miraría como el pequeño lobo ejercía cierta presión sobre él mientras le besaba, fusionando sus labios contra los del mago, despediendo un imparable frenesí, labios que imponían su deseo en complicados movimientos que Clow imitaba lo mejor que sabía, cerrando los ojos, dejandose contagiar por la lujuria del muchacho que sólo separaba unos pocos instantes sus labios para respirar y comunicarle cúanto lo amaba, sin preámbulos, encargandose de darle una prueba más fisíca al agarrar su mano derecha, guiandola hasta su sexo. Miembro que bajo la mano de ambos reaccionaría más reafirmado, irguiendose provocando que el joven soltase un sonoro gemido.


-Es... Por Ud... -Le confesaría entre jadeos. -Le amo tanto... De verdad... -


Clow escucharía apartaría repentinamente su mano del palpitante sexo, lo que esa sensual confesión le había echo sentir por un breve momento, había incrementado la vaga sensación de pícardia, la travesura podría irsele de las manos pero notando sus piernas temblar débiles frente a la corriente de placer que empezaba a extenderse por culpa de los labios del joven, apoyando sus envidiosas manos en la plana superficie del mueble la mitad de alto que los fogosos hombres, se rendía a los besos y caricias de Syaoran, que se manejaba con una destreza impropia de su edad y magnifica agílidad al descender por su níveo torso descubierto hasta, permitiendo a sus rodillas tocar el suelo, permaneciendo su rostro a minimos centimetros de la parte del intima en el cuerpo del mago. Sin ni siquiera precisar del consentimiento de Clow, el muchacho bajaría con un ligero tirón los pantalones de cara y lisa seda obteniendo un agudo chillido de sorpresa por parte de Clow. Syaoran se pasaría la lengua por los labios como un niño travieso que se relame antes de dar bocado a un manjar que le ha sido prohibido y sosteniendo el sexo del mano entre sus manos, se lo introduciría en la boca poco a poco, lameando la blanca carne, sintiendolo despertar en su boca como si el pastel de jugosa carne se hubiese rebustecido pero lo mejor para Syaoran no sólo era el tacto del duro miembro humedecido por su lengua, a Syaoran le estimulaba oir los golpes y gemidos que al mago se le escapaban, con la cabeza alzada y despeinada debido a la brusquedad en que se movía.


-¡Y-Ya ha sido sufiente! ¡Para! -Le rogaba en los limitados momentos que el extasís le daba tregua pero Syaoran no tenía ningúna intención de parar, cuanto más se negaba el mago al disfrute, con mayor fuerza y entrega chupaba su sexo. El alarido del mago sería tán intenso como el estallido de su blanca simiente en el interior de la boca del joven, que al separar cuidadosamente el miembro del mago, de su lengua caería un fino hilo blanquecido. Sin dejar de sonreir a su exhausto amado, se limpiaría el esperma que se le escapaba por las comisuras de los labios cúal leche de cabra restregandose un poco con el dorso de una mano.


-¡Menuda eyaculación! -Exclamaría Syaoran encantado. -Me complace saber que no eres uno de esos cuyo miembro no se anima, haga uno lo que haga. -


-¡¿De qué demonios estás hablando?! -Exclamaría Clow, que en su vida se había sentido tán avergonzado aunque a la misma vez, excitado por ello. -¡¿Me habías tomado por un impotente?! -


Syaoran asintió cerrando sus ojos color almendra un momento sin perder la sonrisa mientras se ponía en pie, su sexo no parecía haber perdido ni un ápice de su firmeza y eso era una buena señal para Syaoran, en cambio Clow deseaba que retomará su anterior y fofa forma lo antes posible. Tumbandose, cúan largo era, en la alfombra de caprichosas figuras tejidas de diversas tonalidades, retaría al mago a consumar el acto sexual. Clow sólo tomaría sus redondeadas gafas un momento para comprobar que sus ojos no le engañaban. El pequeño lobo le esperaba con los codos apoyados sobre la alfombra y las manos bajo su rostro, que aún habiendo sido lavado por agua bien fria, no había logrado ocultar las huellas de una pelea reciente.


-Aproveche la oportunidad porque estoy dispuesto a hacer lo que sea por ser tuyo y que tú seas mio. -Le advirtiría. -Le aseguro que si he de usar la violencia, la usaré. -


Clow dejaría escapar una leve risilla. El tono de voz del muchacho se había vuelto serio, amenazador como lo adopta alguien que ya ha conseguido lo que se ha propuesto por las malas otras veces. Syaoran se dispondría a hacer realidad su amenaza levantandose con la ayuda que sus brazos extendidos contra la alfombra le brindaba pero entonces el peso del cuerpo del mago por encima de él le forzaría a tumbarse de nuevo. Nunca había amado a nadie de ese modo pero le interesaba averiguar si sentiría lo mismo que se sentía con una mujer, por lo que fue tán delicado como el estrecho agujero le permitió al agrandarse unos dolorosos centimetros a cada lenta embestida que el mago realizaba contra el muchacho, que golpeaba repetidamente el suelo alfombrado lanzando varios alaridos ahogados hasta que ese dolor se tornase placentero, como si su mente recordase de nuevo que eso era justo lo que tanto había deseado. Acelerando el ritmo, entrelazandose nuevos alaridos con los de su amado, sintiendolo estallar al mismo tiempo que él se dejaba poseer por ese placer, por ese extasís en estado puro que se manifestaría bajo la alfombra en pequeños charquitos blancos. Extasís como jamás le había hecho sentir otro hombre, extasís más conocido por los expertos en ese arte como orgasmo. Qué pena que fuese tán fugaz, que se desvaneciese o menguase mucho antes de que el mago se retirase de él, sudoroso y con todo su cabello negro ocultando parte de su hermoso y elegante rostro, de rasgos tán finos como masculinos. Si Syaoran vertió una lagríma fue porque aquella sería su primera y última unión con ese hombre. A la mañana siguiente, arreglaría el estropicio causa en la puerta corredera y se tendría que conformar con el amor de otros hombres.


-Te amo. -Se despediría del mago. -No lo olvides nunca. -


-Ya lo sabía. -Respondería Clow resignado. -Pero esto no ha de significar nada para ninguno de nosotros. -


Suspirante, Syaoran daría el primer paso a la calle pero volviendo la cabeza, con ojos brillantes, volvería adentro del consultorio de Clow, para intentar una última jugarreta pero chocando con el mago, éste con una sonrisa impasible diría:


-Ten, es lo último que obtendrás de mí, emplealo para encontrar un trabajo adecuado. -


Las monedas de plata brillarían en la palma de su mano derecha al recibir la luz del luminoso sol que regía el cielo al salir definitivamente del consultorio y de la vida del mago.












viernes, 24 de febrero de 2012

WelCome To HeLL - Circus Circus ABRACADABRA



Imagen encontrada en Internet... Creo que se asemeja bastante a mi Viktor o al menos al primer diseño que le dí al personaje ^w^


Advertencia: La historia puede que un poco fuerte, aún así, espero que os guste. Procuro escribir del modo menos hiriente posible, ya lo sabeis ^^' WTH es así je je...

Para mayor drama, en primera persona.


WeLcOme To HeLL

Circus Circus - Abracadabra


"La magia es un puente que te permite ir del mundo visible hacia el invisible. Y aprender las lecciones de ambos mundos." Paulo Coelho - Escritor brasileño.


Desde niño, había aprendido que daba igual usar según que palabras a la hora de crear hechizos o conjuros pues no era la palabra lo que daba el poder sino lo concentrado que estuvieses al citarla y la cantidad de magía que brotase en el momento de producir el sonido que conformaría la palabra materializandolo pero como profesor o mago esperpentico que fingía ser me encantaba usar tán topicas formulas como "Abracadabra, pata de cabra" o "Hocus Pocus", todo a fin de obtener además de una pasmada cara, una sonora carcajada. Tarea no tán sencilla con los niños que fuímos rescatando del Infierno. ¿Demasiado inmaduro para ellos o un truco demasiado usado por otros... Individuos? Gregor era el único en proponer más formulas magicas dentro del grupo de los pequeños artistas.


-¡Venga! -Me esforzaba en animarles yo. -¡No puede ser que sólo a Gregor se le ocurran cosas! -


Pero a ellos parecía darles igual la aplastante imaginación y disposición del grandullón. Resoplando, frotandome las manos pensaba en que decirles para sacarles de tán abrumador silencio pero al principio nada parecía funcionar, lo que me obligaba a llevarlos hasta los diferentes roulottes en los que dormían bajo la protección de otros artistas de más experiencia y edad como Charlotte o Miss "Bola de Grasa" y su esmirriado hijo. Sin embargo, yo no me rendía, en el interior de mi roulott, meramente alumbrado por una vela sobre un deslucido candelabro, cúal profesor que fuí buscaba nuevos metodos de que se mostrasen más introvertidos o que como mucho, se atreviesen a ayudarme en algo, lo que fuese, demostrando así interés en el Circus Circus, el que podría haber sido el mejor hogar de entre todos los que irían a parar al cabo de un tiempo. Muy lentamente, vería como todo mi esfuerzo era recompensado pero a menudo, situaciones adversas, provocaban un retroceso. Sus mentes eran el doble de frágiles que sus cuerpecitos, cuerpos que habrían aguantado Dios sabe que atrocidades pues por muy fuertes o resistentes que se tuviesen que volver, eran niños de muy tiernas edades.


-Viktor, esto que intentas hacer con ellos es muy bonito pero créeme, estos niños no tienen futuro. -Me intentaba advertir algunas veces Charlotte, cuyos claros y difusos ojos habían visto más tragedias que los mios con la consecuente sabiduria en sus palabras pero yo, dolido, demasiado metido en mi papel de padre o guia de esos chiquillos, me enfurecía con ella.

-¡¿Cómo que no tienen futuro?! -Le espetaba gritando encolerizado dirigiendo mis cansados y enrojecidos ojos hacía ella, siempre plantada de pie a escasa distancia con las manos en su cintura. -¡¿Ni siquiera aquí?! -Le exigía saber poniendome de pie, apretando los dientes, sintiendo como la furia se transformaba en tristeza. Observando como su frente se arrugaba y sus deseables labios temblaban antes de dar una respuesta cuidadosamente preparada.

-Sí pero no más allá de nuestro Circus Circus. -Decía suspirando como un soldado que acaba de abatir a un soldado enemigo de menor edad. Ambos lo pasabamos realmente mal pero supongo que formaba parte de residir en una zona dejada de la mano de Dios.


Hasta no encontrar y ofrecer una mejor vida al pequeño Nicola, no comprendí lo acertada que estaba Charlotte. Sería a partir de ahí que este humilde mago se las tendría que ver con una manada de lobos cuya hambre de carne tierna no tenía limite. Al no tener una casa con unos padres como Dios manda, Nicola lo tenía difícil para alejarse de ellos. Todos los hombres que le había tratado con amabilidad, eran como Blackfield o quizás peores, presumo que por ese motivo malinterpretaba mi buena voluntad. Más de una vez lo hallaba en algún rincón tán golpeado y con las ropas tán rotas, que lagrímones resbalaban por mi rostro sin apenas darme tiempo a contenerlos. Con él como bien habría seguido siendo con Recuerdo o con Momento, tenía que valerme de mucha más paciencia y delicadeza al explicarle o corregirle algunos puntos de su comportamiento. Especialmente al tratar de bañarlo o de ponerle su ropa de noche.


-Err... Bueno, si me lo permites, he traido nueva ropa para tí porque obviamente la que llevabas está tán rota y sucia que ninguna de las mujeres del Circus Circus les apetece enmendarlas. -Le iría comentando la primera vez que lo llevé conmigo al Circus Circus.


Él apenas emitía sonido alguno excepto el que producía el aire al salir y entrar de su nariz, sentado en el único asiento que pudé brindarle, retirandose del centro con rapidos movimientos de piernas y trasero. Alejandose de mí hasta chocar contra una de las cuatro paredes que conformaban el cubil con ruedas que era mi sencillo roulott. Sentandome en la estrecha cama, rascandome la cabeza mientras arrugaba la frente, pensaba en un acercamiento que no ocasionase forcejeos violentos con él. Usar mi magia para someterlo era una gran idea pero utilizar así la magia estaba prohibido, no sólo eras castigado perdiendo todos tus privilegios y grado dentro de la comunidad sino que eras expulsado de por vida. Los efectos que podías causar en la otra persona a lo largo eran nefastos, peor que golpearla. Colocandome las gafas, me armaba de valor y me dirigía hasta su rincón para dialogando con él entregarle mi mano y conducirlo hasta la cama.


-Me llamo Viktor y sé que ahora te parece un tipo en el que no se puede confiar o algo peor pero te prometo, ¡NO! Te juro que jamás te haría algo así, yo sí soy de confiar. -Le decía con toda mi sinceridad, a la espera de que el pequeño pelirrojo tomase la decisión que le pareciese bien. Confiar en mi o no confiar. Temblorosamente transcurrido un buen rato, yendo yo a rendirme, levantaba su brazo con la mano puesta como si quisiese darme un buen apretón de manos. Tomando su mano lo llevaba hasta el centro y en pocos momentos, alumbrado por la perezosa llama de la vela que cada semana era renovada, arrodillandome procedía a desnudarlo para posteriormente envestirlo con ropas limpias pero apenas desabrochar los botones de sus pantalones caidos, se apartaba negando bruscamente con la cabeza pero curiosamente, al instante siguiente retomaba la posición anterior pero sus ojos estaban inundados de lagrímas.


-No voy a hacerte nada de eso, en cuanto te desnude, te vestiré con esto. -Le indicaba yo a punto de llorar también mostrandole una prenda. -Te lo prometo, pequeño, puedes confiar en mi. -Agregaba esforzandome por afianzar su minada seguridad hacía el adulto que estaba junto a él, o sea, hacía mi.


-Todos decis lo mismo. -Observaría el niño con suave acento francés bajo la espesa capa de resignación. Cocolocando sus manos sobre las mias las pondría sobre su sexo oculto bajo los botones que pretendía desabrochar.


Me quedé mudo de la sorpresa. Desconcertado, aparte mis manos de esa zona. Llevandome una de estas a la frente, un nuevo corriente de lagrímas brotaría desde mis ojos al suponer que debía de recordarle a alguno de esos canallas, para ser más especificos, mi manera de hablar, tán correcta y afable, le recordaba a Jules Blackfield. Lo supé cuando al instante siguiente dijo:


-¿No va a tocarme? -Y desabotonandose los gordos botones, conteniendo la verguenza que debía de estar dandole, remetiendose las manos en el agujero ya visible, me revelaría su languido y rosado sexo, descansando entre sus manos. -¿Significa eso que prefiere que me toque yo? -


-¡NO! -Gritaría yo cayendome para atrás. -¡Por el amor de Dios! -


Me daba tál apuro escucharlo hablar de un modo tán directo temas tán intimos como si fuese un adulto que me tuve que suplicarle que dejase de sugerir esas cosas cúal prostituta o me daría un infarto. Lo peor era que a cada sugerencia se alteraba más, siendo incapaz de hacer menguar sus sollozos.


-¿Desea que le de yo placer a Ud? -Sería la última sugerencia que saldría de sus labios antes de ponerme a gritarle que parase, que yo sólo pretendía cambiar su ropa. -¡Por favor, no me pegue si no lo hago bien! -Añadiría colocando sus manos sobre su cabeza, cerrando fuertemente sus ojitos color miel.


-¡NO! ¡NO! ¡Y NO! -Gritaría hasta quedarme sin voz poniendome retomando la anterior pose, en cuclillas mientras recogía las prendas que había caido al suelo al caerme yo. -Sólo intento ponerte ropa nueva. -Insistí dejando caer sobre sus descubiertos hombros una camisa de amoroso tejido, como si ésta poseyese algún tipo de sustancia calmante, Nicola dejó de gritas y agitarse.


Sentado sobre la humilde cama, le quitaría los pantalones cubiertos de barro seco y los lanzaría al suelo, cayendo sobre su vieja y agujereada camisa, tál y cómo le prometí, al instante siguiente estaba ajustando los amplíos y limpios pantalones, compañeros inseparables de su nueva camisa.


-Oye, tú por cusualidad, ¿no sabrás alguna formula magica que pueda usar? -Le preguntaría haciendome el tonto. -Es que soy un mago bastante despistado y he olvidado las palabras magicas para que mis trucos salgan buen. -


Asintió y recitó con su bonito acento francés:


-Abracadabra, pata de cabra, baba de vieja, haz que esta persona desaparezca. -


¡Ya tenía un digno adversario entre los niños para Gregor! Pensaría sonriendo triunfal. Él se convertiría en Caos, nombre aportado por todo los demás niños, que vieron en él lo mismo que yo pero que nunca supieron como tornarlo en Equilibrio.



martes, 14 de febrero de 2012

FanFic CROSSOVER WeLcOme To HeLL





NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

¡Qué semanita llevo! Bueno, en honor al día de los enamorados, os ofrezco otra historia de las fuertes... Espero que os guste, como siempre, procuraré ser lo más elegante posible ^^

En primera persona, ya sabeis lo mucho que me gusta esa forma narrativa LOL

Hay personajes que pertenecen a CLAMP, otros que pertenecen a Hajime Kanzaka y otros que son de otro anime cuyo autor no recuerdo XD El resto son si son mios, los locos de WTH ^^



FanFic Crossover

WelComE To HeLL

CLAMP - Slayers - Kuroshitsuji


"Si vas a hacer algo relacionado con el sexo, debería ser cuanto menos genuinamente perverso."

Grant Morrison - Artista y escritor de comics.


Sean bienvenidos al Cabaret de Media noche

(Rezo)


A pesar de que mi instinto me indicaba que no era una buena idea aceptar la invitación que nos daba ciertos beneficios en el burdel, pues eso era lo que realmente era, si mi buen amigo Clow estaba dispuesto a aceptarla e incluso a adentrarse en ese mundillo, yo sentí el deseo de adentrarme con él. Sentimiento extraño en mí dada mi alabada prudencia y ferrea templanza.


-¿Por qué no? -Diría una vez escuchada la propuesta sintiendo entre mis dedos el fino y suave papel. -Nunca he estado en una fiesta, será divertido. -Añadí encogiendome de hombros sin perder la sonrisa.


-¡Entonces, hasta la noche! -Se despediría con un tono de voz que parecía mostrar su satisfacción al oir nuestra afirmación pero si me esforzaba podría apreciar algo de malicia, como si nuestro sí le permitiese continuar con planes ya tramados de antemano sólo para nosotros. Al oir como los pliegues de sus ropas variaban supé que era hora de ponerse en pie y acompañarlo hasta la salida al igual que a su amigo, un caballero que se me antojó más fiable. Con sútil acento que nada tenía que ver con el que poseía el otro invitado. Clow también abandonaría su asiento, sus pasos siempre eran firmes y continuados, a juzgar por ellos, Clow debía de ser un hombre muy resuelto. Los pasos que se entremezclaron, entre ellos los mios también, eran rapidos y un poco dispares hasta ser los primeros en cesar.


-Nos ha agradado mucho su visita señor Leautremount. -Le haría saber amablemente Clow al despedirse. El breve crujido que produjó la larga manga de sus particulares ropas me ayudó a deducir que su mano estaba siendo alzada o que quizás se había movido de otro modo.


-Igualmente, es bueno comprobar cúan estúpidos son los rumores que circulan sobre Uds. -Respondería el señor Leautremount con voz risueña. -¡Y ya lo saben, si necesitan algo, ya saben a quienes acudir! -Añadiría, mi figuré, colocando colocando una mano sobre su amigo. El sonido que provocó su mano sobre la ropa llegó a mis oidos como un susurro. Al instante siguiente sus pasos se distorsiarían al pasar un carruaje a medida que ellos se alejaban.


(M)


Nada más verme llegar, Jack N no dudaría ni un instante en atosigarme con sus preguntas
-¡¿Les has hablado de nuestro Midnight Cabaret?! -Fue la primera en soltar aprisionandome al colocar un brazo al rededor de mi cuello pero antes que pudiese responderle algo, vendrías otras cuantas más. -¡¿Qué les pareció?! ¡¿Y la propuesta?! ¡¿Les entregastes las invitaciones que te dí?! -


-¡Por el amor de dios, Jack, deja al chaval tranquilo! -Le ordenaría Leautremount al atravesar el salón de rojos tonos en paredes y mobiliario y encontrar a su amigo tán pegado a mí.


-¡No hasta que me de una respuesta a mis preguntas! -Exclamaría él posteriormente soltando una desagradable y teatral risotada, de esas que sólo se les escapa a los villanos en las novelas.


Leautremount se acercaría hasta nosotros resoplando, había momentos que no sabía cómo era capaz de aguantar a Jack N durante tanto tiempo, para liberarme del pesado de su amigo y socio. No fue tarea fácil pero habiendo logrado convencerlo, animandolo a sentarse en un sillón, le trasmitiríamos la tán deseada información. Pasandome una mano por la parte más oprimida del cuello, cerrando los ojos un momento mientras me recobraba de lo que podría haber sido una falta de aire total, oí como Leautremount le relataba lo sucedido en la mansión Windson.


-¡De acuerdo! -Le interrumpiría Jack N deseoso de ir a la parte que más le convenía. -Todo eso está muy bien pero ¿Le invitasteis a venir a la fiesta de esta noche aquí o no? -


-¡Qué impaciente eres! Estaba a punto de llegar a esa parte. -Le reprocharía Leautremount con el ceño fruncido antes de revelarle la respuesta afirmativa de ambos caballeros. -Sí y aceptaron aunque te advierto que ni el señor Reed ni el señor Greywords parecen la clase de caballeros que gusten de los divertimentos que ofrecemos. -Le advertiría, de paso, pero conociendo a Jack N, la advertencia no surtió mucho efecto ya que éste replicaría con arrogancia:


-¿Y tú cómo estás tán seguro? Cuanto más rico es uno, más caprichos extravagantes tiene uno. -Esbozando una sonrisa misteriosa, Leautremount respondió:


-Sencillamente lo sé pero tú mismo. -


Jack N habría insistido y seguramente habría descubierto el motivo oculto pero siendo conocedor de que nuevos caballeros de la zona alta tendrían la osadía de formar parte de la fiesta de esa noche, prefirió gastar su tiempo en realizar últimas mejoras o advertir a las chicas de que conquistasen a los nuevos invitados, para que así, esa no fuese la única vez que se pasasen por el Midnight Cabaret. Incorporandose para salir del sófa, chascando la lengua nos lo haría saber tál que así:


-Bueno esta noche lo sabremos. M, ¿te gustaría acompañarme? Voy a zanjar últimos detalles con las chicas. -


-¡Por supuesto! -Acepté poniendome en pie de un salto. -Sabes que no me perdería por nada del mundo ver como papí maneja a sus nenas. -Me permití el lujo de mofarme dirigiendome hacía la puerta, en la cúal espere pocos instantes a que Jack N llegase también y de esa manera, ir hacía la zona en la que residían las chicas juntos.


Al poco de abrir la puerta de madera doble pintada de rojo, la fuerte fragancia que sobrecargaba el ambiente penetraría por nuestras fosas nasales hasta hacernos sentir una sensación que en cualquier otro hombre hubiese sido similar a la sentida al tomar varias copas de más pero para nuestros acostumbrados sentidos era un ligero mareo o atontamiento. Clara señal de que ese parte del Midnight Cabaret era exclusivamente ocupada por feminas. Las chicas irían y vendrían, unas semidesnudas y otras recien vestidas pero con sus rostros aún por maquillar. Todas, desde la más novata a las más maduras, poseían y sabían desplegar gran belleza pero de entre todas ellas, Charlotte, siempre sería la más deseada con una hermosura destacable acompañada de la gracia y modales que pocas de las otras chicas podían exhibir con su naturalidad. Como todo buen proxeneta se me hinchaba el pecho de orgullo al contemplarla rodeada de clientes deseosos de poseerla pero como amante, mi ego me hacía sentir en incontables ocasiones grandes ganas de matar a todo aquel se atreviese a mirarla. Permaneciendo en pie estaba siendo preparada para la fiesta cubriendo su cuerpo con la vestimenta más sensual y elegante que una mujer sostenía a la espera de que otra mujer se las fuese colocando. Nuestros ojos no tardarían en encontrarse ya que a diferencia de las otras chicas, Charlotte se hallaba dando la espalda a un gran espejo. ¡Incomprensible que una dama de tál belleza temiese ver su imagen reflejada en un espejo! Pero así era.


-¿No te parece un temor estúpido el temer a tu reflejo? -Comentaría a medida que me acercaba hasta ella con una ceja alzada acompañada de una sonrisa vagamente burlona. Rompiendo el hielo de la única manera que conocía, machacandolo hasta convertirlo en mil trocitos.


La furiosa mirada que me dedicó debido a que el brillante corsé que se le acababa de poner todavía le oprimía bastante privandola de respiración hubiese sido de esas capaces de fundir el hielo. Mirada que solía espantar a cualquier hombre pero que a mí me excitaba, antojandoseme fuertes deseos de besarla, me dispondría a darme ese gusto pero ella, posiblemente tomandose mi comentario como algo dañino, retiraría su rostro bruscamente impidiendome rozar sus labios exquisitamente pintados por un oscuro y tentador rojo.


-No seas así, Charlotte, ya deberías conocer mi particular manera de elogiar a una dama. -Me disculparía, a mi manera, con la clara intención de arreglar lo dicho anteriormente recobrando su afecto mientras atraía su rostro hacía mi para besarla apasionadamente. El bofetón que me lanzaría a los pocos instantes después, como si hubiese logrado recuperar el aire privado anteriormente iría seguido de estas originales palabras:


-En ese caso, ya deberias conocer cúan particular es mi reacción ante tus elogios. -


Las mujeres tampoco me mirarían con buenos ojos, supongo que ya se habían temido desde el primer momento en que me acerqué a Charlotte lo que pretendía. No decían palabra pero sus ojos estaban fijados en mí y su ceño estaba fruncido de tál modo que su frente había gran cantidad de arrugas marcadas. Como esa noche sería sólo para los clientes o todo aquel que asistiese a la fiesta y la demandase, en esos momentos, tán ligera de ropa, me apeteció jugar un rato con ella y como ella tampoco es que se fuese a resistir mucho a medida que se me ocurría informarle de lo que Jack N no tardaría en trasmitirle, acabadas de ser informadas todas las chicas, colocandome detrás suyo comencé a recorrer su ceñido torso a causa del opresivo corsé provocando que Charlotte se ruborizase, en principio disgustada al comprender lo que tramaba pero luego a causa del gustito que se extenderia por su cuerpo sólo cubierto por la parte de lo que sería el vestido inferior. El gesto de reproche y la verguenza que mostraba Charlotte eran justo lo que necesitaba para que la excitación que me producía hacerlo no decayese. De verdad, hubiese sido capaz de yacer con ella ahí mismo pero ella, muy consciente de ello, percibiendo como mi sexo ganaba firmeza y dureza, alcanzó a decir:


-Marie, ¿serías tán amable de ayudarme a desvestirme? No me gustaría que este animal empezase a romper el vestido de esta noche. -Separando mis manos de su cuerpo añadiría suspirante. -Y tú, haz el favor de esperarme en el dormitorio. -


Una de las mujeres resoplaría pero descruzando sus brazos obedecería y Charlotte aparecería en el dormitorio mostrando todo su cuerpo de clara y tersa piel desprovisto de ropajes. Piel de claridad similar a la que la mia también poseía pero mucho más alabada en una dama pues en el caso de los varones se podía pensar que el dueño de esa palidez estaba enfermo o carente de vitamina proveniente del sol. En cambio, sus largos y ondulados cabellos caían negros azabache en contraste con su piel al tumbarse sobre la amplía cama, cama que habría acogido a inumerables hombres entre sus rojas mantas y blancas sabanas. Suspirando mientras se abría sensualmente de piernas me espetaría con su voz más melosa:


-Adelante pero que sea de los rapidos. -


-Te he enseñado a actuar como una fulana demasiado bien. -Le respondería yo, desprendiendome de algunas ropas, las más de tejidos más gruesos adentrandome en la cama.


Recrearme en el tacto de sus pechos y observar como sus rosados pezones se tornaban de un intenso color rojizo al mismo tiempo que se endurecían me ayudó a reavivar a mi flacido sexo, que recobró fácilmente su anterior estado como si ya recordase lo que había estado esperando. Charlotte volvería a notarlo, se me presentaba tán encantadora cada vez que se ruborizaba como si todavía conservase esa mojigateria que tenía la primera vez que la hice mia. Al desabotonarme los gordos botones de los gastados pantalones, mi instrumento saldría erguido como un animal a punto de atacar, los suspiros de Charlotte se incrementarían mientras que su perfecto pecho se elevaría más rapídamente, al ir yo entrando en ella, en su poco a poco humeda pero calida cueva interna. Removiendose pues parecía ser una llegada un tanto difícil, sus suspiros se convertirían en jadeos, jadeos que se entremezclarían con los mios propios ya que me enloquecía sus movimientos, segregando nuestros cuerpos gotas de sudor que suavizan nuestra erizada piel y provocando que la poca ropa que me cubría se me pegase como señal de que ya sobraba pero no sería quitada. El momento cumbre llegó sin apenas darnos cuenta, tán agitados nuestros alaridos de placer, tán agudos los suyos que eclipsaban los muelles de la cama ceder en cada empujón contra ella. Al separarme de ella, tanto su cuerpo como el mio parecerían arder pero contemplar su rostros, cuyos ojos estaban cerrados y sus mejillas vivamente coloreadas de rojo, merecía la pena mientras mi blanco y pegajoso fluido resbalaba desde la puntita de mi glande, yendo a parar algunas gotas al abierto y palpitante sexo de ella, que se asemejaba a una rosa aplastada totalmente abierta entre rosada y roja recubierta por esas gotitas como rocio de la mañana. Ya con las ropas anteriormente esparcidas por el suelo, habiendome aseado un poco, desperté a mi bella Charlotte.


-Espabila Charlotte, esta noche tienes mucho que demostrar. -Le anunciaría dandole algunas palmaditas en la cara antes de alejarla de la cama arrastrandola hasta que reaccionase y echase a andar por si misma.


¡Así es como siempre he sido! Para mi el amor no es más que un juego, podemos unir nuestros cuerpo y compartir una gran lujuria o nuestras pasiones pero realmente no sé si llegaré a sentir ese amor del que todo el mundo habla. A veces incluso he llegado a odiarme por ello pues Charlotte si siente eso por mí y hizo toda clase de sacrificios para estar junto a mí pero supongo que en el fondo soy otro monstruo que juega a ser un caballero. Es lo que tiene criarse en un mundillo en el que el sentir amor ha de ser una brillante interpretación.


(Clow)


Colocandome unos dorados gemelos en los blancos puños de la camisa que llevaba me percataría de que estaba siendo observado con gran atención por el chico del cúal se ocupaba Rezo, Zackarias, inocente invocador de Deseo.


-¡Ostras! -Exclamaría al girarme un poco dirigiendo mis ojos hacía él, en cuya rostro lucía una expresión de gran asombro. -¡¿Entonces es cierto que esta noche ireís al Midnight Cabaret?! -


-Así es. -Le afirmé sonriente pero al instante siguiente alzando una ceja, añadí. -¿Acaso conoces algún motivo por el cúal no debieramos ir? -Con tono de voz burlón.


-No. -Negó él cambiando su expresión de sorpresa por una más bien pícara.


Tapandose la boca con las manos saldría corriendo hacía el salón, en el cúal debía de estar Aradia, sentada de mala manera en el sillón de alto respaldo que en el que yo solía sentarme sumergida en la lectura de uno de los multiples libros que permanecían apenas dañados por el tiempo en la habitación que parecía haber sido usada como despacho. Meneando la cabeza me dije a mi mismo que el niño tán sólo habría venido a comprobar por sí mismo la información dada por Aradia, algunos años mayor que él, con una malicia más desarrollada que la que pudiese tener él. Mirandome por última vez al espejo que ese dormitorio tenía, practicaría una serie de miraditas y gestos a fin de reirme un poco de mí mismo. Tál y cómo había deducido, Zackarias y Aradia estaban en el salón acompañados por Rezo, que para ser una persona invidente, siempre lograba dejarme sin palabra debido a la destreza con la parecía desenvolverse. Sin embargo, si lo meditabas con calma y frialdad, no sería tán sorprendente en una persona que ha vivido aislada y en la oscuridad desde muy temprana edad. Antes de llegar a sentarme a su lado, ya supó que estaba ahí pues agrandando su sonrisa mientras giraba su rostro hacía mí dijo:


-Hola Clow, ¿está listo para la fiesta? -


-¡No lo dude! -Le respondería yo enfático, deseoso como cualquier otro animal social por conocer nueva gente y disfrutar. -Aunque sinceramente, Rezo ¿a Ud le parece bien dejar a esas dos criaturas al cuidado de los niños? -Le pregunte, un pelín inseguro, al posar mis ojos en las dos jovencitas graciosamente vestidas que sentadas en el suelo, veían como Zackarias dibujaba tumbado en el mismo suelo. El conocido en otro lugar y tiempo como El monje rojo arrugaría levemente su frente antes de responderme:


-Sí, al fin y al cabo, yo no permaneceré allí toda la noche. -


Qué responsable se mostraba siempre, a pesar de lucir un aspecto tán joven o quizás un poco más juvenil que yo, su comportamiento recordaba al de un padre o al de el miembro más anciano de un grupo ya fuese una familia o no. Sonriendo al figurarme que Rezo habría mantenido un estilo de vida calmado y puritano sentencié:


-Bien, en ese caso no creo que haga falta contratar a ninguna niñera. ¡Vayamonos ya pues! -


-¿Ya es hora? -Querría saber él poniendose en pie al poco de empezar a hacerlo yo.


Una energica pero cordial afirmación brotaría de mis labios. A la salida, los niños nos despedirían como si nos dispusiesemos a partir hacía el combate, es decir, aferrandose a nosotros mientras gritaban toda clase de cosas como por ejemplo que nos olvidasemos de ellos o que nos querían muchísimo. El caballero que compartió amablemente el carruaje que había contratado para la ocasión sería un caballero de elegantes y oscuras ropas bajo su tupida capa que a medida que nos encaminasemos a esos peligrosos lares bordeadores de la ciudad, nos concedería el honor de saber su identidad. Identidad a no olvidar.


-¡Oh, qué descuidado he sido! Mira que no presentarme antes de comenzar a conversar con Uds. -Exclamaría con gesto reprochante hacía su persona. -Soy el señor Williams y es todo un placer haber coincidido con Uds. -Se presentaría alzando su sombrero de copa negro unos instantes encogiendo la cabeza brevemente. Dejando escapar una risita, señalando a Rezo y después a mí, respondí:


-Igualmente. Somos los señores Greywords y Reed. -
Más, finalizado el viaje, no muy lejos de la gran puerta de entrada del local tenuemente iluminado por dos farones acoplados a la pared de aparente tono rojo con gruesas velas en la caja de cristal que lo componían, el señor Williams se alejaría cruzando la rocosa carretera hasta desaparecer de nuestra vista nada más entrar al Midnight Cabaret, que así es como debía de ser llamado ese local ya que ese conjuntos de letras se podía apreciar en la parte inferior, siendo esa la parte más iluminada. Mi rostro se iluminaría nada más dar el primer paso alejandome así un poco de la entrada pues era justo como el señor Manson nos había asegurado que sería, yo me atrevería a decir que fue incluso mejor de como me lo estuve imaginando. Llevase mis ojos trás las redondeadas gafas a la zona a la los llevase, todo, absolutamente todo tenía ese toque que nada tenía que envidiar a la chispa que tenían los cabarets más famosos de Paris como el Moulin Rouge o el Chat Noir. Una gran pista de baile en la que grandes grupos de gente podrían bailar sin estrecheces molestas, a lo lejos bajando dos o tres escalones, varias mesas de tamaño mediano permanecían perfectamente alineadas a la espera de ser ocupadas y más allá, un escenerio era tapado por dos cortinas de gran espesor color carmesí. Sin olvidar, que arriba como si de una antigua catedral se tratase, había una pequeña parte en la que una modesta orquesta proporcionaría buen ritmo al evento.


-Te dije que vendrían -Escucharía a una familiar voz decir no muy lejos.


Al bajar mi cabeza y fijar mi vista al frente, mis ojos chocarían con los ojos de dos hombres bien vestidos que nos observaban con dos grandes sonrisas dibujadas en sus rostros. El más alto, cruzado de brazos era el señor Leautremount, que no tardaría en presentarnos a su amigo y dueño de ese local, Jack N. Hombre de ojos centelleantes, actitud bribona y afiladas cejas que le conferían una similitud con el diablo divertida. El antónimo de lo que Leautremount parecía ser.


-¡Perfecto! Ahora que nos conocemos, con toda confianza os pido que pilleis un buen asiento, las chicas no saldrán hasta que lleguen los demás invitados. -Nos informaría dando una palmada con sus manos enguantadas por negros guantes de cuero, sin perder su imagen de diablillo.


-Anda, venid conmigo a tomar una copa mientras tanto. -Nos invitaría el señor Leautremount mientras su compañero se iba colocando una amistosa mano sobre nuestros hombros.


Por lo visto habiamos llegado de los primeros pero eso en el Midnight Cabaret no era un hecho aislado. A los caballeros como el señor Williams o como el señor Blackfield les encantaba llegar de los primeros pues así tenían la oportunidad de ir preparando terreno, o sea, de tratar asuntos con otros conocidos, de emborracharse o de pactar cualquier cosa con Jack N en privado porque llegar justo cuando la fiesta comenzaba era mucho más agobiante. Rezo y yo le escuchariamos fascinados contarnos como funcionaban las cosas en el Midnight Cabaret mientras poco a poco la enorme sala se iba llenando de caballeros y alguna que otra dama.


(M)


-¡Mierda! -Aullé apresurado saltando por la ventana como sólo un felino salvaje podría hacer sin matarse. -¡La fiesta ya estará empezando y yo llegó tarde! -


Mientras saltaba de tejado en tejado hasta alcanzar el correspondiente al Midnight Cabaret me imaginaba la cara enojada de Jack N, me daría una paliza si la noche no salía como él deseaba que saliese echandome toda la culpa. Balanceandome como un mono logré llegar hasta una de las ventanas que disponían los dormitorios del piso superior. A la pequeña Alizée no le agradaría mucho que digamos mi acrobatica aparición en su dormitorio pues enrojecida de verguenza gritaría:


-¡Vete! ¡Sal de mi cuarto o llamaré al señor Leautremount! -


Recolocandome un poco mis ropas más distinguidas parado unos momentos ante su sencillo espejo, la retaría a hacerlo antes de lanzarme como un loco a la puerta para correr dirección a la pequeña terraza en la cúal actuaban los músicos. La niña resoplaría tomando la única fuente de luz que había en la habitación para colocarla más próxima. Qué una francesita me despreciase me volvía loco pero ya tendría tiempo para incomodarla en otro momento. Al abrir la doble puerta de madera roja, todos mis compañeros girarían la cabeza para observar mi triunfante llegada, todos ellos sentados y armados con sus brillantes y preciados instrumentos musicales. Aclarandome la garganta, pues esa como tantas otras noches me la pasaría gritando y cantando a pleno pulmón, comencé a incitar a todos mis oyentes, bajo mis pies expectantes con los ojos hacía el techo.


-¡Damas y caballeros, sean bienvenidos al Cabaret de Media noche!
El aturdidor sonido de palmas y gritos me bastaría para saber que la noche se iría a estropear, sino que a partir de ese momento iba a mejorar. ¡Sí! Y yo cantaría y los entretendría hasta quedarme sin voz.


(Clow)


La multitud pareció enloquecer cuando el señor Manson comenzó cantar mientras la orquesta ponía sonido a cada serie de palabras que salían de su ronca pero agradable voz. Todos posicionados en las mesas a la espera de que la presentación de las chicas diese comienzo siendo ese el inicio de lo que más adelante vendría. Viendo a Rezo por el rabillo del ojo, sentí cierto reparo, todos excepto él podríamos deleitarnos con la visión de damas dueñas de gran belleza.


-Esto... Si necesitas descripciones, yo te las daré gustoso. -Le propondría pasando mis ojos del curvilineo y atrayente cuerpo mostrado sensualmente por una joven dama tán sólo iluminada por la única luz que había a lo alto de una farola en mitad del escenario de madera poseedora de lacios cabellos que caían por sus hombros descompensados y desordenados a cada movimiento que ejercía. -Sería injusto que fueses el único privado de disfrutar de estas arrebatadoras vistas. -Añadiría arrugando la frente mientras me pasaba una mano por el cuello chistoso.


-Se lo agradezco mucho pero ya tendré oportunidad de conocerlas más adelante. -Rechazaría afable mi sugerencia, con una sonrisa comprensiva que me haría sentir peor un ratito más.


-¡Bien, amigos! -Jack N exclamaria adelantandose unos pasos hacía nosotros, el publico, dejando a las chicas colocadas trás de si. -Ahora que ya conocen a mis lindas chicas, ¡Ha llegado el momento de sacar sus números y descubrir qué belleza les acompañará esta noche! -Nada más soltar esa indicación, todo el mundo tantería entre sus ropas desesperados hasta ir sacando lo que se me antojaba una etiqueta o un papelito de similar tamaño y forma.


Como si en vez de ser participes de un espectaculo estuviesemos jugando al bingo, Jack N no cesaría de citar a viva voz una serie de números, a cada número mencionado, un entusiasmado caballero se levantaba y avanzaba a zancadas hasta el escenario, ya en medio del escenario daba a Jack N su etiqueta, trás asegurarse de que no era falsa, Jack N anunciaba:


-¡Caballeros, me temo que al señor Peterson le acompañará esta noche la señorita Alice! -


Un profundo suspiro saldría de bocas de varios caballeros como si por un momento hubiesen temido perder algo. Así se irían emparejando las hermosas damas hasta sólo quedar una. Morena, de piel extremadamente clara, labios curvados hacía arriba fuertemente teñidos de rojo y unos ojos brillantes como diamantes de leve tono azul. Esa señorita de inusual belleza, altiva cúal reina de hielo, debía ser la deseadísima y disputada Charlotte, la joya de la corona. Mi primer impúlso al mirar la invitación que se nos fue otorgada, fue entregarsela a Jack N para pasar la noche con ella pero al rememorar las palabras del resignado Rezo cambié las tornas.


-N-No sé que decir... -Respondería a Jack N mientras Charlotte tomaba su brazo afectuosamente. -Yo ni siquiera debería haber formado parte de este juego. -


-Pues no digas nada. -Le replicaría malicioso Jack N. -Charlotte no tendrá ningún inconveniente en complacerle, padezca lo que padezca. -Le manifestaría con una sonrisa propia de un descarado vendedor. Desde las alturas, el señor Manson se entrometería, lanzando esta sugerencia:


-¡Señor Greywords, si su acompañante no le agrada, yo me pongo en su puesto! -


-¡De eso ni hablar! -Bramaría Jack N. -¡Tú sigue a lo tuyo! -


Ayudado por Charlotte, Rezo y ella irían hacía la pista de baile quedandome solo pero no mal acompañado pues Jack N dandome algunas palmaditas en la espalda mientras me encogía de hombros me aseguraría que disponía de más señoritas pero que para hacerlas venir tendría que tratar con la madame que se responsabilizaba de ellas. Jo, una mujer de armas tomar, ojos castaños y largos cabellos rubios que caían como oro fundido cubriendo sus pechos ocultos bajo su original e incitadora vestimenta. Sentados en los sillones rojos que formaban parte del sencillo mobiliario de esa sala, superando toda clase de insinuaciones, provocaciones y malpensaciones, la madame me entregaría unas llaves de dorado destello. Llave que me permitiría abrir el dormitorio de la señorita descrita por Jo, si conseguía no perderme entre tanto largo pasillo de rojizas alfombras al igual que las rojizas paredes pero más saturado su color. Tanto rojo me ponía a imaginar que recorría las arterias del cuerpo de algún animal, pensamiento hilarante pues nadie había logrado hacerse tán pequeño, pensamiento asqueroso pues jamás hubiese usado a Pequeña para viajar e investigar de eso modo el cuerpo humano. Finalmente, frente a la puerta correcta ya que al introducir la llave en la cerradura, ésta coincidió perfectamente, al instante de girarla para abrirla y entrar, una jovencita me recibiría muy animada.


-¡Buenas noches, señor cliente! -Chillaría estrujandome mientras no paraba de reir. -¡Es Ud guapísimo! ¡Vayamos a la fiesta! -Solicitaría al poco de separarse de mi, abriendo sus grisaceos ojos al mismo tiempo que me cogía de la mano lista para echar a correr sin darme oportunidad a dialogar un poquito más con ella. Sus lisos y larguísimos cabellos ondeaban como una capa cobriza a cada veloz paso.


-¡¿Se puede saber a qué vienen esas prisas?! -Gritaría yo siendo llevado de la mano cada vez a mayor velocidad como si fuese un pelele.


-¡Fiesta! ¡Fiesta! -Era todo lo que salía de su boquita.


Al cruzar las escaleras hacía abajo casí se me salió el corazón, posaba sus pies como si botase sobre cada escalón de madera. Con la mano que tenía libre puesta sobre el pecho, le rogaba ser menos arriesgada pero ella o no me escuchaba o simplemente no le interesaban mis advertencias. Por fin llegado a la habitación más amplía de todo el edificio, aprovechando que se había detenido cerca de un sófa de confortable y mullido aspecto, me desprendí de su mano y jadeando como un anciano fatigado trás una larga caminata me dejaría caer sobre el sófa color vino tinto. Los invitados amoldados en él reirían al direccionar sus rostros hacía el recien llegado.

(Rezo)


Reconocer entre las voces que me rodeaban la voz del mago Clow me relajaría. A pesar de haber aprendido con gran soltura el idioma que tanto él como los niños usaban, había momentos que temía abrir la boca pues por muy correcta y claramente que llegasen las palabras a mis oidos, una buena parte aún me resultaban un poco complejas a la hora de asignarles un significado coherente. Las dos damas y los tres o cuatro caballeros que estaban repartidos por este apacible rincón, me oportaban tantas cosas interesantes o al menos a mí aquellas que fuí capaz de entender me las parecieron que también sentí deseos de obsequiarles con algunas de las que yo había ido guardando en mi mente a lo largo del tiempo. Centrando su atención al igual que yo en el exhausto Clow, cuya respiración y suspiros eran claro indicio de cansancio, pues el hombre de voz más agravada, exclamaría:


-¡Demos una calida bienvenida al recien llegado! -


-¡Bienvenido al grupo! -Dirían los demás alzando la voz lo suficientemente como para ser oido entre tanta música y ruidos humanos provenientes de la zona más central. Un fluir de risitas surgiría después y el leve chocar de dos objetos cristalinos seguido por el gorgeo de un liquido al desplazarse. -Si es capaz de aguantar esto, si será un aútentico camarada. -Añadiría uno de ellos, amo de una voz encantadora. Todos volverían a reir suavemente, sin perder la compostura.


-¡Señor cliente! -Chillaría una vocecita redicha. -¡Vamos a bailar! -


-¡¿Qué?! -Replicaría Clow con un deje de voz entre sorprendido y fastidiado, resoplando añadiría sin abandonar el sófa. -¿Qué tal luego? Ahora estoy bastante cansado. -


-¡Bailemos! ¡Venga, bailemos! -No pararía de suplicar la vocecita chillona como si su dueño fuese un chiquillo teniendo una sonora rabieta. Los ligeros chasquidos que producían sus ropas al ser estiradas me ayudó a deducir que el pobre Clow estaba siendo obligado a levantarse.
El conjunto de pasos que se alejaron tán rapidamente que casi apenas se lograba escucharlos me confirmó que la vocecita había salido victoriosa.


-¡Pobre caballero! -Comentaría el caballero de voz agradable. -¡Con la de chicas que dispone el Midnight Cabaret y le ha tocado la más impúlsiva! -


-Cierto pero se dice que es de las más fogosas en la cama. -Puntualizó otro caballero, con tono de voz travieso. -¿A tí qué te parece? Charlotte. -Pediría la opinión de mi acompañante femenina. Tragando el liquido que recien acababa de atravesar su garganta, ésta respondería:


-Sé por dónde quieres que vayan los tiros y sólo te haré saber que cualquier mujer con el varón adecuado puede más fogosa de lo que piensas. -


Unos fuertes aplausos bastaron para saber que el resto del grupo estaba maravillado con su respuesta. Gracias al pase de otro tema, me enteraría de que dos de los caballeros eran reconocidos artistas por la zona y que el otro era hermano de otro gran artista.


-¡Qué cojones vas a ser tú un artista! Si lo único que haces son burrapatos. -Le espetaría el escritor, lo que provocaría que el pintor se defendiese con igual groseria:


-¡¿Y tú qué coño sabes?! No puedes ver mis obras, eres más ciego que un jodido murcielago. -


-Pero he oido decir en boca de otros artistas que tus obras tampoco son gran cosa. -Le haría saber sin dejar de reirse. -Sin embargo mi esposa está como loca por posar para tí. -Acabaría apaciguando al pintor, que con voz arrepentida diría:


-Generalmente prefiero pintar fulanas, son menos pudorosas pero por tí podría hacer una excepción. -
-Eso espero. Así podré poner alguna ilustración en la novela con la que estoy trabajando. -


Una gran admiración sólo superada por la curiosidad me invadió, pediendole saber si en verdad era ciego, cómo era capaz de pasar sus palabras al papel. Él, adoptando cierto tono enigmatico en sus palabras, que haría a los demás reir, sólo me contestaría con una palabra, magía.


-¡Qué fanfarrón es este hombre! -Hablaría una de las damas agitando, supongo, un brazo en cuya mano debía de descansar un vaso o una copa de cristal a medio vaciar que nos salpicaría levemente. -¡Todo lo que se le ocurre es escrito por moi! -


Por un momento sentí bastante estúpido por no haber imaginado esa posibilidad pero las dulces palabras de animo de Charlotte y su proposición de cambiar de aires me hicieron recobrar la sonrisa. No eran mala gente me manifestaría pero a menudo su acido sentido del humor chocaba con la gente menos acostumbrada a esa clase de trato.


-Les gusta demasiado hacerse los interesantes ante nuevos invitados. -Me comunicaría con su voz más amable y comprensiva aunque también sútilmente hostil hacía los artistas. -Si lo desea, podemos marcharnos a otro rincón, más tranquilo. -


-Me gustaría que Clow estuviese con nosotros. -Admití timidamente.


-Me lo figuraba. -Replicaría ella dejando escapar un ruidito como si riese por un instante pero con la boca cerrada. -¡Vayamos a ver qué tal les va a esos dos! -Agregaría agarrando uno de mis brazos mientras nos poniamos en pie listos para introducirnos en la pista de baile en busca del hechicero y su extraña compañera pues estaba seguro que era una muchacha aunque posiblemente más joven de lo que nuestra ética nos hubiese permitido escoger.


(Clow)


¡Esa muchachita era incansable! No sabría especificar cuanto tiempo nos pasamos bailando y bailando, ella se movía como si su cuerpo no conociese los efectos del cansancio y la necesidad de parar a fin de no marearse o para llenar su cuerpo de alguna bebida tampoco parecía caber en su dinamica cabecita. Por lo que cuando ví a Charlotte acompañado de Rezo apróximarse a nosotros, estuve a punto de llorar de alegría, mientras sostenía con una mano a mi habilidosa e imparable bailarina, cuyo menudo cuerpecito giraba y giraba a la vez que su boca prodigaba chillidos de puro gozo. Frente a nosotros, Charlotte con apenas decir dos o tres palabra alcanzaría lo que yo no había conseguido desde el primer instante en que la conocí.


-Euforia, cariño, ya me ocupo yo de él. -Le diría y ésta, como las palabras de la morena dama tuviesen poderes magicos, soltando mi mano se iría asintiendo con la cabeza desplegando una fresca y aniñada sonrisa.


Ya estaba libre, tán fácilmente que ni me lo creía. Arqueando una ceja y llevandome una mano a la frente me convencería a mí mismo de que si lo desease, podría pasarme todo el resto de la noche tumbado. Sonriente alabé su dominio sobre Euforia, nombre que le iba que ni pintado.


-¡Eres más asombrosa de lo que pensaba! -Me deshice en elogios con los ojos luminosos trás el cristal de mis lentes. Ella, encogiendose de hombros con coqueteria, respondería:


-¡No es necesario que me hagas coba! No tenía pensado darte placer oral. -


-¿Qué has dicho? -Querría comprobar que mis oidos me habían traicionado y que no había soltado lo que había soltado, tán a la ligera. Negando la cabeza sin perder una resplandeciente sonrisa se retractaría:


-Nada, sólo bromeaba. -Carraspeando un poco, nos formularía la obligada pregunta de la noche. -¿Hay algo más en lo que pueda complaceros? -


-Sí a Rezo no le importa, a mi se me ocurren unas cuantas cosillas. -Sería mi respuesta, encaminando mis ojos un instante al rostro de Rezo y luego al de ella, dejando que el claro azul de sus ojos se tornase más azul al reflejar mis abrumadores y azulados ojos. Ladeando levemente la cabeza, el llamado Monje rojo me concedería vía libre al decir:


-En absoluto, es más, es toda tuya. -


-En realidad, esta noche soy para los dos. -Nos informó agarrandose tanto a mi como a Rezo, que al comprender lo que eso significaba, se ruborizó intensamente.

(M)


Reposando en uno de los esponjosos asientos que el humilde y temporal establecimiento del señor Tao disponía, llenando mi cuerpo de sustancias para nada aconsejables pero que embobaban mis sentidos apaciguando así mi mente, siempre tán llena de pensamientos feos y retorcidos como culebras, divagaba en voz alta, sintiendo continuamente sobre mí los rasgados y ambarinos ojos de la exotica Ran Mao, sigilosa y recelosa cúal gata criada en las calles más problematicas de Hong Kong. El traficante chino desde la puerta entreabierta de cascada madera sólo adornada por una cortina compuesta por pequeñas bolitas unidas por finas y largas cuerdecitas prestaba gran atención a mis palabras, entre exhalación y inspiración de tán penetrante humo que tornaba el ambiente borroso se permitía el descaro de replicar como si todo lo que salía por mi boca estuviese siendo compartido con él. A veces Lau me rememoraba al Gato de Cheshire, dejandose llevar por las sustancias alucinogenas o no, ese tipo siempre se comportaba de manera inesperada y misteriosa.


-Te apuesto lo que quieras a que el señor Greywords no yacerá con mi Charlotte. -Aposté soltando una estrepitosa carcajada mientras me removía con la sensación de que mis movimientos eran lentos y pesados. Ran Mao ladearía su cabeza pestañeando como si el caballero mencionado le suscitase gran curiosidad.


-¿Lo que sea? -Preguntaría Lau girando brevemente la cabeza con una chispa encendida en sus rasgados ojos, ocasionalmente abiertos en plenitud. -Acepto la apuesta. -Agregaría sin recibir ninguna respuesta por mi parte a la pregunta formulada, sonriendo.


-Él no es como el señor Reed aunque la amistad que siente hacía éste le podría hacer cambiar. -Continué hablando. -Creo que me dan algo de envidia, yo nunca sentiré algo así hacía otras personas. El amor sea cúal sea su grado es algo que no soy capaz de poseer. -


-¿Se deberá a qué el monstruo se lo arrebató al niño? -Sugirió Lau con un tono de voz entristecido. Eso, la precisión con la que se acercó a lo que yo adjudicaba mi frialdad emocional, fue escalofriante. ¿Sería Lau Tao igual de certero en destapar los temores del Mago Clow y el Monje rojo?


(Clow)


-Me siento mal por tu amigo. -Me comunicaría Charlotte, a medida que su vestido era gracilmente desarmado por mis dedos. -Podría haberle brindado el mismo disfrute que te voy a brindar a ti. -


-Pues no deberías sentirte así, Rezo es mucho más fiel a lo que su corazón le dicta que yo. -La consolé aunque tampoco se apreciaba incontenible congoja en ella, meramente insatisfacción, similar a la insatisfacción de haber realizado un trabajo a medias.


-¿En verdad el señor Greywords se llama Rezo? -Demandaría saber arqueando una fina y oscura ceja sentandose sobre mí, de modo que nuestros rostros quedasen a una distancia muy corta y nuestros ojos chocasen suavemente. Alzando ambas cejas, le replicaría:


-Pues mi nombre también es bastante inusual, ¿deseas oirlo? -


Colocando una mano sobre el rostro de la incredula Charlotte, acercaría su rostro para poder susurrarselo. Una risilla saldría de sus labios y al poco de retirar su rostro diría poniendo pícaramente un dedo sobre mis labios curvados:


-Ya lo sabía pero me parece tán bello que no me ha sido molestía volver a oirlo. -


El corsé de rugoso y brillante tejido caería cúal alas de mariposa a un lado de la colorada cama liberando sus redondeados y perfectos pechos de clara tonalidad y extrema tersura coronados por dos rosados salientes que se alzaban puntiagudos al contacto repetido de mis dedos. Al haber sido retirado el corsé, cúal cortinilla de azulada seda, las faldas que componían la parte inferior del vestido se separarían por si mismas desvelando una agradecida sorpresa.


-¡¿No llevabas ropa interior bajo tus ropas?! -Exclamaría, ganando bastante color mis mejillas, obteniendo un contundente calentón que me forzó a despojarme de mis ropas sin demorarme. Ella, encogiendose de hombros me devolvería una atractiva contestación:


-Nunca la llevo. -


Alzando la cabeza se carcajearía al comprobar que mi rostro se enrojecía aún más al igual que algunas gotitas de sudor empezaban a brillar por mi cara. Retornando su cabeza al frente, pasando la lengua por sus labios color pasión procedió a tomar las riendas de la situación. Empujando lentamente al pegar su torso desnudo contra el mio, originando que su sexo descubierto rozara contra el mio intensificando su despertar.


-Justo lo que venias deseando, ¿no? No permitamos que decaíga. -Me susurraría con una voz tán ardiente que casí consiguió hacerme estallar de excitación.


-S-Sí... -Jadeé y ella desplegando un irreal erostimos a cada deslizamiento de sus brazos, similar al que bien realizaría una bailarina, me libró de los botones que aprisionaban mi caliente piel. Me morí de ganas de besarla, de que nuestros labios se tocasen, incluso deseaba sentir la sangre correr entre ellos guiados por un roce más fiero pero sus labios se centraron en tocar mi cuerpo hasta extremecerlo rotundamente. Ella hacía descender sus labios dejando rosadas huellas de su trayecto mientras que yo sin embargo posaba mis manos al rededor de su cadera y las dirigía cúal escultor por su definida figura gracias al opresivo corsé llevado desde, me imagino, varios años. Su cuerpo iría emanando un calorcillo agradable y sus jadeos acompañarían a los mios pero para mi deleite de una forma más modulada, con la estabilidad que carencian los mios. Al justo instante en que sus dedos desabotonaron mis pantalones, un resonador gemido eclipsaría a todos los jadeos anteriores.


-¿Tán buena soy? -Me mofaría antes de situarse poco a poco encima provocando que mi contenida lujuria llegase a un punto insostenible. Con cada vaíven de nuestros cuerpos, finalmente aferrados dejando que el extasis nos enloqueciese, superando el limite, vertiendome en ella con una libertad que rara vez había sido dueño.


-¿Podría hacerte una pregunta? -Suspiraría recobrando la sensatez. Ella asintió con una sonrisa cansada en su acalorado rostro casi oculto por largos mechones oscuros. -Deseaba besarte, ¿por qué razón no ha sucedido? -


-Es simple, tus labios no me pertenecen al igual que nos mios tampoco son tuyos. -


(Rezo)


Justo cuando un dulce sueño me estaba invadiendo, notar el contacto de su piel me despertaría repentinamente.


-¡Despierta, Monje rojo! -La escucharía gritarme con su clara y fanfarrona voz. -¡Ahora viene la mejor parte del cuento! -


-¿Puedo saber qué tramas? -Le exigiría saber figurandome con exito que si sentía su piel tán próxima era debido a que se las había apañado para subirse encima mio.


-Captar tu atención. -Me respondería con brobuconería, colocando mis manos sobre sus brazos descubiertos la aparté de mí mientras le decía:


-Agradezco que mi presencia te sea agradable pero... -


-¡¿Pero qué?! -Me espetaría ella fingiendo sentirse muy dolorida. -¿Es que yo no te resulto agradable? -


Siendo conocedora de mi gran corazón y de que a pesar de ser yo consciente de que esa era su formula magica para ablandarme no la dejaría en la estacada, modulaba su voz de manera que llegase llorosa y desamparada. Suspirando, busqué nuevas formas de expresarle lo que se había formado entre nosotros. Era complicado ya que ella lo tergiversaba a proposito. Para ella yo era el cliente ideal por lo que no dudaría en hacerme su usual cliente. Para tener parecida edad que Aradia, se comportaba más como una mujer que ella.


-Mira, permitiré que te quedes esta noche pero mañana, bien entrada la mañana, te llevaré con el padre Samuel, él te encontrará un buen hogar. -Me esforcé en exponerle pero a ella mis buenos propositos no le parecían tán buenos.


-¡Eso significa que de todos modos vas a alejarme de tu lado! -Gritaría con un tono de voz entre furioso y desesperado. -Creía que eras diferente pero ya veo que eres como todos. -Refunfuñaría cruzandose de brazos, la fricción que provocó su piel chocando contra la tela del camisón me lo indicó.


-Me agradas pero no sería apropiado que mantuviesemos esa clase de relación. -Le diría arrugando la frente con una sonrisa entristecida al percibir gracias a los leves cambios de su respiración que parecía estar a punto de romper a llorar.


-¿En serio? Entonces tocame, a ti te dejaré hacerme lo que quieras. -Me ofrecería por segunda vez y por segunda vez me vería obligado a rechazar su ofrenda ligeramente ruborizado.


-Mejor finaliza el cuento y ve a dormir a alguno de los dormitorios que dispone la casa libres. -Le replicaría yo alzando ambas cejas a la misma vez que dejaba mostrar mis dientes.


Me gustaba Sophie, demasiado para mi desgracia, me hacía recordar a alguien en quien no pensaba desde hacía mucho tiempo pero pondría todo a mi alcance para no sucumbir ante los encantos de la joven Sophie. Conocida en el Midnight Cabaret, ¿dónde sí no?













domingo, 12 de febrero de 2012

WeLcOme To HeLL - Circus Circus





NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Aviso que puede contener momentos muy subiditos de tono e_e

Como ya sabreís, trataré de ser lo más elegante posible ^^

También podreis hallar alguna que otra palabra malsonante LOL


"Entre los límites temporales de los nueve y catorce años surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana sino de ninfas (o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas.''

Lolita - Vlidimir Nabokov


Nínfulas y faunos


Temía realmente convertirme en algo como él, probablemente por eso nació una enemistad entre ambos. El modo en que comenzamos a exponer nuestros amoríos, él no tenía ningún problema en admitir que amaba a varones, un tanto, más jovenes de lo que cualquiera pudiese considerar adecuado aunque amar a otro varón ya implicase que no estuvieses del todo bien sin embargo yo, yo me avergoncé súbitamente al recordar a mi amada, a la señorita que me tenía tán lejos de la tierra y cuyo amor al ser descubierto me costó una falta grave dentro de la comunidad pues la ética no entiende de si eres mago o un tipo corriente. Un escritor años después acunaría el termino de nínfula para las señoritas de tál poderío sensual como ella parecía poseer a tál edad. Si se referiría a que eran como ninfas tendría razón pero explicar por qué no bastaría. Estaba como hechizado, las palabras salían de mi boca con torpeza, mis mejillas ganaban fuerte tonalidad roja y en mi mente nacían pensamientos y deseos que un hombre adulto jamás debería tener hacía una muchachita. Sí, empezaría a gastar gran parte de mi sueldo en fulanas a fin de apaciguar de algún modo los calentones tán frecuentemente sufridos, buscando a una que se asemejase a ella, si era posible, para materializar esas fantasías que aún siendo sólo pensamientos despertaban mis instintos más bajos. Que me escuchase con tanta atención me hizo sentir más despreciable, a cada "te comprendo perfectamente" la conciencia que antes estuviese acallada por el placer se destapaba la boca y chillaba taladrando mi cabeza que nunca debí ir tán lejos pues acabaría convertiendome en un monstruo o como se llaman entre ellos, un lobo. Escucharlo a él era peor, mucho peor, me ponía los pelos de punta con cuanta seguridad y agrado lo relataba, como si no hubiese nada de malo en ello. Deseé pegarle pero me contuvé lo mejor que pudé. ¿A qué punto llegó la conversación? Si no fuese por lo repúlsivo de todo el tema, a uno muy positivo.

-¿Qué? -Preguntaría distraido, había llegado un momento en que no logré seguir atendiendo a lo que me contaba por lo que dejé de prestar atención. -¿Serías tán amable de repetirme lo último que has dicho? -

-¡Claro! Me gustaría que conocieses a Michael, mi principe. -Repetiría esbozando una sonrisa.

A pesar de haberlo oido y comprendido, no sabría que decir por lo que asintí y le acompañé hasta la pequeña salida del roulott, bajando pocos escalones de madera, continuamos andando hasta salir de toda la zona que el Circus Circus había hecho suya, al atardecer todo el arido terreno del descampado se tornaba de un bonito naranja dorado. Al poco de despedirme, no tuve claro si había sido buena idea aceptar una nueva visita por su parte. Al retornar hacía mi roulott, Charlotte, la hermosa y suspicaz Charlotte notaría que algo me tenía preocupado ya que caminaba arrastrando los pies lentamente y eso era raro en mí, cuyo paso era rapido y firme como el trote de un caballo joven. Acercandose a mí, exigió saber que pasaba.

-Viktor, ¿ha pasado algo malo entre ese tipo y tú? -Preguntaría arrugando la frente, único signo de preocupación en ella. Suspirando mientras sacaba fuerzas, negué con una amplía sonrisa. Arrugando un poco más la frente, insistiría insatisfecha:

-¿Seguro? -

-Sí, Charlotte. -Volvería a negar. No tenía ni idea de cómo podría afectarle volver a ver a ese chiquillo, chiquillo que fue durante un tiempo como un hijo para su hermana siamesa y para ella gracias al día a día con él. Temía que descubriese que yo también pudé ser un monstruo como los que circulaban no muy lejos de su Circus Circus.

¡Maldito Blackfield! Él tenía un encanto insólito, que te hacía sentir que podrías conversar con él de cualquier cosa y él jamás la contaría o no te juzgaría como un verdadero amigo debería asegurar pero tener un amigo como Blackfield traería problemas y enfrentarme a esa parte de mi pasado tán nefasta. Me había devuelto recuerdos agridulces, deseos sucios y los fragmentos de un amorío prohibido. Si ella hubiese tenido la edad que Charlotte tenía, todo hubiese sido menos incorrecto pero estaba entre la niñez y la madurez, lo que la convertía en una muchachita de cuerpo apetecible y actitud juguetona. Siempre preguntando, siempre queriendo saber, siempre sonriendo pícaramente como animandome a meter toda mi mano en ese fuego. Recuerdo que durante las clases había cierta distancia entre nosotros, lo que era bueno, sólo tenía que esforzarme en la lección la noche antes preparada para ser recitada pero ¡Ay, Dios mio! Cada vez que tenía que acudir a mi despacho y se sentaba como un muchacho, con sus piernas abiertas cubiertas por largas y negras medias de lana. Sus explicaciones perdían coherencia, sus ojos se volvían más azules y sus labios parecían moverse con una fluidez muy sensual, que perdía el norte y era ella inclinandose sobre su lado de la mesa la que debía de hacerme regresar chascando sus dedos. ¿Cómo demonios podía ser? Incluso su mero recuerdo me encendía como una cerilla nada más ser frotada contra la cajetilla. Tantos años siendo duramente reprendido y azotado para que ya adulto y consciente de lo insano que era acabase dandome ese placer que ella ya no volvería a darme fisícamente. Respirando entrecortadamente, sintiendo mi pecho elevarse bruscamente con un corazón que emanaba sangre a un ritmo ligeramente acelerado, me complacía. ¡Por los viejos tiempos! O ¿Por qué no? Por cada vez que deseé hacerlo y no fuí capaz gracias al miedo que nos infundían. Con los ojos cerrados y las gafas dejadas en la única mesita que en el roulott podías encontrar, sólo lamenté no poder ser besado o percibir sus dulces labios recorriendo mi torso descubierto. Las lagrímas caerían curiosamente al mismo tiempo que mi blanco espema se vertía y descendía como si fuese burbujeante champán de una botella recien descorchada.

-¿Sabeis lo que más me gusta de una puta jovencita? -Se disponía a contar a voces el hijo de la mujer obesa a otros colegas, artistas o trabajadores que yo todavía no conocía bien. -Es que te la maman, no son tán relamidas como las que ya tienen experiencia. -

Todos se reían a carcajadas excepto yo parado frente a ellos. Aplastando su cigarrillo contra el gastado y ancho pantalón que llevaba, el muchacho soltaría:

-¡Ey! ¿Y tú por qué no te ries? Acaso, ¿te la ha chupado alguna vieja? -

Lo de "vieja" era un feo apelativo que se les daba a las prostitutas mayores de treinta años, las cuales no tenían más remedio que convertirse en madames o toda aquella que superase los veinte años tál y cómo me informaría Lo, la mandamás entre las prostitutas de todo el lugar. Haciendo un poco el chulo, contesté:

-Es posible. -

Lo que le hizo una gracia tremenda, entre risotadas, replicaría:

-Pues dudo que haya sido por las calles del Infierno. Te arruinan. -

-¿A que nuestro Johnny es un joven encantador? -Se mofaría Charlotte interrumpiendo sin ningún miedo entre tanto macho, desordenandole los cabellos antes de que éste se pusiese de nuevo su sombrero de pretendido caballero. -Vuelve al trabajo de una maldita vez y deja de pavonearte, todo el mundo sabe que tu madre jamás permitiría que contratases los servicios de una prostituta. -Lo alentó humillandolo como sólo Charlotte sabía. Cuando sus ojos de claro color se cruzaron con los mios, menos cautivadores, tragué saliva preparandome para recibir una reprimenda seguida de una orden.

-Y tú, tú ven conmigo. -Fue todo lo que dijo dejando a los presentes atónitos al agarrarme del brazo para que la siguiese apresuradamente.

-¿S-Se puede saber qué pretendes? -Alcancé a preguntar perplejo. No estaba preparado para aquello, para ser conducido al interior de su roulott y... ¡Ser interrogado! No llegué a saber cómo pero se enteró de que aquel tipo era el tipo que tenía al Michael que con tanto cariño y esfuerzo cuidó su hermana. Sentado en una sencilla banqueta de madera la observé cerrar la puerta con llave y tapar totalmente las ventanas con las cortinas de gruesa tela como pretendiendo confinarnos ahí, en una oscuridad tán sólo disminuida por la vela de brava llama que fue al instante siguiente encedida. Dando un largo suspiro, se apróximaría a mí sosteniendo la vela entre sus manos con mirada y sonrisa perversa, aterrado traté de saber que le estaba rondando por la cabeza:

-Err... Charlotte, no estarás pensando en quemarme ¿a qué no? -

-No... Bueno, que lo haga o no, dependerá de tí. -Me respondió sin dejar la vela en el suelo o en cualquier otro lado lejano de mí. -¿De qué hablasteis Blackfield y tú en tu roulott? -Preguntaría a continuación con pretendida calma y gran interés.

-D-De nada grave. -Mentí asustado, sintiendo como una fina gota de sudor caía desde mi frente hasta mi mejilla derecha. Ella sabía que mentía, por lo que acercando la vela peligrosamente a mí, exclamó:

-¡Ni se te ocurra volver a mentirme o te quemaré vivo! -

-¡E-E-Está bien! -Grité contrayendo mi estomago para que la calida y traspasadora llama no llegase a acariciar si quiera mis ropas. -¡Pero antes quiero saber por qué me estas haciendo esto! -Rogué saber. Ella me daría una explicación más dura y corta de lo que me hubiese gustado escuchar pero dado el delicado momento no le obligué a alargarla. Hacía un tiempo que Blackfield se llevó consigo al pequeño Michael por culpa de Jack N, únicamente interesado en el dinero y dada la mala fama del señorito Charlotte se obsesionó con apartarlo de él.

-Hablamos de antiguos amoríos. -Acabé confesando, sereno a causa del remordimiento. Charlotte me miraría con asco como si por fin hubiese encontrado la excusa perfecta para odiarme y alejarse de mí sin embargo apartó la vela y me obligó a continuar hablando. -Le hablé de una muchacha de la que me enamoré irracionalmente como si me hubiese quedado embrujado o hechizado, luego él me habló de su querido principe, así es como le gusta llamar cariñosamente a Michael, el principe de su jardín de faunos... -Si no fuese porque me entristecía que usasé tán bellas descripciones, hubiese sonreido. Entre bellas ninfas y bellos faunos estabamos habiamos acabado por perder la cabeza. Haciendo un último esfuerzo, finalicé de trasmitirle lo que me había dicho. -Por último, antes de irse, me comentó que le complacería que Michael me conociese porque... -Y ahí fue que Charlotte no pudó aguantar más y me dió un efectivo bofetón antes de gritarme:

-¡Cómo me enteré que le pones un dedo encima...! -

-¡¿Yo?! -Le interrumpiría yo con otro grito, sinceramente dolido. -¡Jamás lo haré! ¡Yo no soy como él! ¡Lo mio fue sólo un puñetero desliz! -Trás soltar todo el veneno que me corrompía, me iría abriendo la puerta a lo bruto, de una patada. Encaminandome furioso hasta mi roulott, chocaría con algunas personas pero sólo les soltaría una directa disculpa, en la soledad, bebería y bebería hasta caer, hasta perder el contacto con la realidad y aferrarme a viejos recuerdos de tiempos agradables.

viernes, 10 de febrero de 2012

FanFic CROSSOVER Tu corazón en el pasado

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Bueno, leyendo algunos FanFics sobre Shaoran y Sakura de Choco-Chan y otras grandes artistas y fans de estos dos, me ha dao por intentar escribir alguno a mí también pero he de advertir que puede ser subidito de todo y raro porque la idea me surgió con todo este lio que montó tiempo atrás con mi Crossover XD (Todo gracias a Clow, que tuvo la bondad y astucia de trasmutar en cartas magicas a algunas de las criatutas de Viktor )
Los personajes que aparecen en el presente son los de siempre en CCS de CLAMP pero los del pasado son OCs que aparecen en mi FanFic sobre Clow Reed ^^
En primera persona, mi manera de narrar historias favorita ^^

"El amor nace del recuerdo, vive de la inteligencia y muere por olvido."
(Ramón Llull - Filósofo y escritor en lengua catalana)

FanFic Crossover
CLAMP - Welcome To Hell
Tu corazón en el pasado

-¡Sakura! ¡Sakura! -Escucharía gritar a una preocupada Tomoyo con voz que se apagaba a la lejanía hasta desaparecer dejando trás sí, la nitidez de los gruesos arboles que componían el bonito y florido parque de Tomoeda. Bajo un breve momento sumida en una oscuridad total, preocupadas voces me devolverían lentamente a lo que yo consideraba la consciencia. Abriendo con lentitud mis ojos, los rostros de los dueños de aquellas voces se me irían siendo revelados pero ¡Oh! Imaginad mi asombro cuando descubrí quién me estaba sosteniendo. Con voz pastosa, abriendo aún más mis ojos, exclamé:
-¡¿Shaoran?! -
Hacía tanto tiempo desde la última vez pudimos reunirnos. Sus expediciones e investigaciones le tenían tán ocupado pero siempre me prometía regresar a Tomoeda para estar conmigo, a pesar de las obligaciones que se le exigían como miembro de la poderosa e influyente familia Li. Sin apartar sus serenos ojos marrón chocolate de los mios, de un vivo y luminoso tono verde, asintió. Colocando una mano sobre su pecho, todavía un poco aturdida, me enderecé lo suficiente para empezar a caminar, sin dejar de apoyarme en Shaoran. Al alzar un poco más la cabeza, dos hombres me observaban con expresión preocupada. El primero, llevandose una mano enguantada al pecho, diría con voz angustiada:
-¡Lillian, luz de mi vida! ¿Estás bien? -
-S-Sí creo. -Le respondería yo arrugando la frente, al darme cuenta de que era capaz de comprender y hablar su lengua, el inglés como si fuese la mía. -¿Por qué lo pregunta? -
-¡Qué alivio! Nos has tenido muy preocupados, hace un momento te desmayasté. -Me explicaría tomando mis manos entre las suyas, que estaban bajo unos oscuros y suaves guantes. Tomando mi rostro a continuación entre sus manos, me daría un tierno beso en la frente y dirigiendose a Shaoran, añadiría con una sonrisa que hacía más notable su agradecimiento. -Te agradezco mucho que hayas estado tán pendiente de mi Lillian, Syaoran. -
Éste retirandose de mi, juntando las manos al mismo tiempo que inclinaba unos palmos su cabeza, quitaría importancia a su hazaña y echaría a andar hacía el interior de lo que parecía una gran mansión de corte victoriano.
-Disculpad al joven Syaoran, es un joven muy agradable pero demasiado reservado. -Anunciaría el otro hombre, cuyo aspecto sí reconocí, lo que causó una reacción muy impulsiva e inapropiada por mí parte frente al otro hombre, que por las muestras de afecto que me brindaba, se comportaba de manera muy similar a la de un padre.
-¡Eriol! -Exclamé lanzandome a sus brazos con lagrímas en los ojos.
-¿Eriol? -Repetiría el hombre desconocido. -Oye, Clow, ¿desde cúando has decido cambiar tu nombre sin decirmelo? Sabes que yo podría haberte encontrado uno mejor. -Le exigiría saber cruzandose de brazos, alzando una ceja. El hombre cuyo aspecto fisíco no parecía variar apenas o de la misma pero lenta forma que el del otro hombre, de clara y fina piel en contraste con sus negros y laceos cabellos bien separados por una linea central hacía cada lado del rostro concluyendo en un ramalazo a un lado de su cuello domado por una cinta de oscuro color azul a juego con la corbata que se apreciaba por encima de su blanca e impoluta camisa, miraría a su amigo travieso, lo que acentuaría el gesto de pretendida ofensa que el semblante del hombre había adquerido.
-¿Cómo cúal? ¿Lugh, quizás? -Replicó con los ojos entrecerrados el mago Clow. -Tranquilo, mi buen Symond, como ya sabes mi nombre es Clow y siempre será Clow. Además Eriol Reed no suena muy bien que digamos. -
Echandose a reir, el hombre aceptaría la palabra de su amigo, que con sólo dar un silbido, convocaría a uno de sus guardianes, los cúales creí Rubymoon y Spinel pero resultaron ser Yue y Kerberus siendo eso otra pequeña demostración de que estaba ante Clow Reed en persona, como Symond, el otro hombre me recordaría con resignación al atribuir mi desconocimiento a una posible amnesia ¿temporal?
-¡Amo Clow! -Gritarían casi a la misma vez, surgiendo cada uno de un lugar distinto del amplío y verdoso terreno en el que nos encontrabamos. -¿Nos necesita? -Preguntaría entusiasmado Kerberus corriendo como una bestia desbocada, en cambio, Yue llegaría volandolo sin decir palabra, para él sería algo muy estúpido preguntar algo tán obvio. Posando los pies descalzos con elegancia sobre la humeda hierba, sin extremecerse, el bello angel de largos y plateados cabellos miraría a su verdadero Amo y encogiendo sus alas hasta que éstas se volvieron tán pequeñas que desaparecieron en su ancha espalda, como extasiado, escucharía las ordenes del mago Clow, compartiendo espacio con Kerberus.
-Yue, Kerberus, me gustaría que cuidaseis de Lilly mientras Symond y yo traemos a un medico que pueda examinarla. -Les solicitaría con voz firme pero agradable.
-Así lo haremos -Le respondió Yue con calma.
-¡Puede contar con nosotros! -Gritaría Kerberus enérgico y mostrando mucho más animo.
La diferencia entre ellos seguía siendo tán marcada pero en ambos se apreciaba una fuerte unión. Observar el afecto que le procesaban al mago Clow me conmovía profundamente, con la misma intensidad que la primera vez que tuve la oportunidad de verlos junto a él habiendo usado la carta Retorno. Habiendose despedido de ellos, Clow y Symond saldrían apresuradamente. Dandome unos golpecitos con una de sus regordetas manos de león, Kerberus atraería mi atención hacía él, aclarandose la garganta hablaría conmigo.
-Señorita Lillian, ¿no preferiría sentarse? -Sugeriría torpemente, muy metido en su papel de cuidador. -Así quizás no se maree tanto. -Encaminando sus brillantes y amarillos ojos hacía Yue agregaría. -espere aquí, Yue le traerá una silla. -
En los ojos de Yue se atisbaría disgusto, poniendo sus delicadas manos sobre sus caderas, sentenciaría:
-Ni hablar. Será Kerberus quien la traiga. -
-No seas así, Yue, mientras tú te encargas de esa gran misión, yo me encargaré de ella. -Le intentaría convencer Kerberus pero sus palabras empeorarían el humor del orgulloso Yue, quién protestaría:
-No soy de ningún modo, Kerberus, sencillamente no me parece justo tener que ser yo precisamente quien lo haga ya que has sido tú quien ha tenido la idea. -
Ante el avanzado manejo de la palabra de Yue, Kerberus callaría hasta ser capaz de dar una respuesta adecuada, lo que requeriría haber comprendido todo lo lanzado por Yue. Presintiendo una tonta discusión entre ellos, como muy a menudo pasaba por cualquier pequeñez, dije:
-¡Chicos! No es necesario que me traigais nada, estoy estupendamente. -
Tanto Kerberus como Yue pondrían sus ojos en mí. Con la cabeza ligeramente ladeada, no muy convencido de ello, Kerberus, suspirante, diría:
-Iré a por la silla para Lillian yo. -
Acto seguido, se alejaría a toda prisa convertiendose en un borroso punto dorado. Yue se llevaría una mano a la frente y meneando la cabeza, masculló:
-¡Este Kerberus no tiene remedio! -
Una pedorreta saldría de mi boca al intentar contener las ganas de reirme. Kerberus era mucho más aniñado que Yue, inquieto, glotón y metomentodo como cualquier niñito de guarderia o inicios de primaria. Extendiendo un brazo para que le diese la mano, Yue, con más serenidad, me propondría ir con él en busca de Kerberus. Yo aceptaría encantada. Su apenas visible emociones eran casi aterradoras pero su amabilidad y cuidado lo convertían en un ser maravilloso, la sinceridad con la que hablaba y la curiosidad con la que pedía saber lo convertían lo convertían en un compañero grato, más, muy a mi pesar, no me dedicaba ni me dedicaría las hermosas sonrisas que le dedicaba a su amo.
-¡Yue, ven aquí y ayudame! -Bramaría el dorado guardián del sol al alzar la cabeza y vernos adentrarnos al salón. Yue y yo nos mirariamos desconcertados pero al oir el siguiente grito acompañado de un fuerte rugido, correriamos al lugar por el cúal supusimos estaba Kerberus, enzarzandose con Shaoran, que por lo visto se negaba a ceder a su causa el asiento que estaba ocupando de entre todos los que disponía el elegante salón. Kerberus se esforzaba en moverlo tirando insistentemente del trozo de tela que cubría la pierna izquierda de Shaoran, de pie resistiendo los intentos de la doraba bestia magica con los puños apretados mientras lo maldecía en chino.
-¡Kero, deja de molestar a Shaoran! -Le ordenaría corriendo para separar de Shaoran al tozudo guardián solar.
-¡Pero...! -Iría a protestar él durante el breve momento que en retiró sus afilados dientes para hablar, lanzandome una mirada suplicante. Yue, desde su rincón, confirió fuerza a mí orden diciendo:
-¡Nada de peros, Kerberus! La señorita Lillian ya no necesita ningún asiento. -
Kerberus cedió y Shaoran pudó sentarse de nuevo sin embargo lanzó un sonoro gruñido al joven, levantando la cabeza abandonaría el salón ocultado su orgullo herido. A Kerberus no le gustaba ser regañado y mucho menos por culpa de ese mocoso. A Yue Shaoran le era indiferente, como el resto de personas que vivían en esa mansión, él sólo parecía agradarle el mago Clow, sin necesidad de fingir poseer ese sentimiento u otros similares. Me costaría un buen rato encontrarlo ya que jamás había estado en esa casa pero poco a poco una vaga sensación de familiaridad me guió hasta el cuarto que debía de ser el dormitorio de Lillian. En el rincón que bajo el tocador de caoba el león de pelaje naranja se había posicionado con la cabeza ligeramente ladeada sobre sus patas delanteras.
-Hola Kerberus. -Le saludé cerrando la puerta despacio, sin provocar un portazo. Una de sus orejas se alzó pero su cabeza continuaba gacha. -¿No te habrás enfadado conmigo por lo del salón? -Le pregunté caminando hacía ese rincón con prudencia hasta poder sentarme en la cama frente a él. -Ha sido una orden que me ha salido sin querer... -Le intenté explicar pero negando con la cabeza, éste dijo:
-Tranquila señorita Lillian, no estoy enfadado contigo sólo con el mocoso. Si hubiese querido colaborar, no hubiese habido necesidad de obligarle pero todos los Li son unos bordes. -
Me encogí de hombros antes de replicarle sin resultar muy maleducada:
-Bueno, a veces una persona que puede parecer muy desagradable con el tiempo puede resultar muy encantadora. -
Estaba más claro que el agua que hablaba de Shaoran, de ese niño recien llegado de China que al principio a todo el mundo parecía un antípatico o demasiado serio pero que poco a poco, al ir conociendolo mejor, se le podía ver grandes virtudes y que siempre fue dueño de un corazón grande y leal. Hablaba del Shaoran Li que yo conocía, es decir, del descendiente actual de Clow Reed, el amor de mi vida. La reacción de Kerberus me hizó reir, con los ojos entrecerrados, soltó:
-¿En serio? -
-¡Sí! -Le afirme risueña. -Fíjate en el mago Clow, la gente piensa que es un hombre malvado pero es tán dulce y caballeroso. -
Suspirando, con sus regordotas manos suspendidas en el aire, con resignación decidió salir del rincón y alegrar la cara.
-Si me lo planteas así... -
Justo cuando estaba pasandole por la cabeza una cariñosa mano, la puerta se abriría inesperadamente. Al girar la cabeza y dirigir mis ojos hacía la puerta, vería entrar dando graciosos saltitos a una preciosa niñita de rojos cabellos, de un rojo más fuerte que el que poseían los mios vistos en el espejo que había arriba del tocador, con ojos ámbarinos y despiertos, que parecían capaces de contagiar su alegría.
-¡Lillian! -Chillaría trepando por la mullida cama para colocar sus bracitos sobre mí en un amoroso abrazo. Se notaba que quería con todo su pequeño y ligero ser a su hermana mayor. -¿Puedo jugar con Kero yo también? -Me solicitaría al separarse de mí mirando a Kerberus, que la miraría de reojo con una ceja levantada.
-Er... Claro, ¿por qué no? -Le respondí esbozando una sonrisa sútilmente forzada, me incómodaba no poder llamarla por su nombre. Ella me volvería a abrazar con todas sus fuerzas sin parar de exclamar:
-¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! -
Yo mantendría mi sonrisa aunque Kerberus podía ver que una fina gota de sudor caería desde mi frente hasta la mitad del lado derecho de mi cara. En ese momento me costaba acoplarme al papel de hermana mayor, en mi familia ese cargo le correspondía a Touya, que lo llevaba con mucho gusto aunque cualquiera lo hubiese dicho al verlo meterse tanto conmigo. Al cabo del tiempo Susie y yo seriamos como verdaderas hermanas y eso llegaría a cada pequeño instante que pasasé con ella, recuperando una relación que a todos sorprendería. Esa primera toma de contacto apenas duraría. La voz de Symond anunciaría desde la entornada puerta que el Doctor Lister tenía que ocultarme con la consecuente posibilidad de quitarme alguna prenda a mitad de la exploración. La pequeña Susie inflaría sus mofletes con fastidio pero bajandose de la espalda del agobiado pero tranquilo guardián solar se marchó botando alegremente despidiendose de todo el mundo con la manita movida de un lado a otro. El distinguido medico dedicaría una tierna sonrisa a la vivaracha niñita al apartarse dejandole un pequeño espacio por el que continuar su camino.
-¿Por qué está aquí el Doctor Lister? -Escucharía preguntarle a Symond con vocecita inquieta al otro lado de la puerta, siguiendo cada indicación que el hombre me daba con la parte de arriba del vestido de claros tonos que llevaba. -¿Está Lillian enferma? -
-No cariño pero el Doctor Lister ha venido para garantizarnoslo. -Le intentaba explicar su padre usando las palabras más sencillas y positivas que conocía, para no preocupar a la pequeña Susie demasiado. -¿Lo comprendes ahora cariño? -Le preguntaría a fin de cerciorarse que la niña lo había entendido, al instante siguiente el breve ruido de un beso al chocar contra una mejilla o una cabeza llegaría a mis oidos. Me emocionó tanto que no logré retener las lagrímas.
-Señorita Windson, ¿no la estaré incomodando? Ya sabe que sólo hago mi trabajo. -Diría el educado medico sobresaltandome desde detrás. Estaba dando leves golpecitos a mi espalda hasta que me escuchó lagrimear. Sorbiendo por la nariz la fluente de mocos que me impedirían dar una respuesta clara, retirandome las lagrímas con una mano, le contesté:
-¡Oh no es por eso! Ud continue con su trabajo. -
El hombre dejó escapar una pequeño ruidito como si riese pero con la boca cerrada y finalizó su exploración. De espaldas, me comentaría que no tenía nada muy grave o al menos que a él le pareciese extremadamente angustioso como les explicaría despúes a Symond y a su esposa, sentada junto a él en un sófa que parecía sacado de un museo. La clase de sófa que maravillaría a Tomoyo, Con patas y antebrazos de oscura madera bien pulida y respaldo de cuero rojo. Todo parecía tán perfecto, tán equilibrado, eso debía ser lo que me ponía tán ñoña, la familia de Lillian era una familia tán unida y todos lucían tán felices y resplandecientes juntos. No como la mayoria de familias actuales, no como mi familia, que al morir mi madre, parecía haber perdido uno de los ingredientes principales para ser perfecta, por mucho que mi padre, Fujikata, se esforzase en tomar y juntar ese rol con el que ya había ocupado como padre.
-Piensan que te desmayaste debido a un fuerte ataque de asma. -Me comunicó Kerberus, cuyo afinado oido era sorprendente tumbandose sobre mis piernas panza arriba estando yo sentada en la cama, el doble de grande de lo que llegaría a serlo mi cama en Tomoeda. -Pero el Amo Clow sigue empeñado en dar respuesta a tu extraño comportamiento. -
-¿Lo le convence la posibilidad de que padezca amnesia? -Pregunté entrecerrando los ojos con tono de sabionda.
-Al principio sí pensó que podria ser eso pero dandole vueltas se dió cuenta de que al caer no te golpeaste la cabeza. -Me fue contando Kerberus sin apartar sus brillantes y rasgados ojos de gran minino de los mios color hierba. -Pero no sé porque darle tanta importancia a un detalle tán pequeño si en lo demás estás perfectamente. -Opinó como si quisiese pasar a otro tema. -¿No vas a escribir sobre este curioso evento en tu diario hoy? -
-¿Ein? -Exclamé como si mi cabeza se hubiese atascado a mitad del proceso de comprensión de lo sugerido por Kero. -¿Y no sería muy osado por mi parte? -Solté sin darme cuenta de lo raro que resultaba pedir permiso siendo yo su supuesta dueña. Kerberus se quedaría un momento callado pero dejando escapar una risilla, respondió:
-¿Osado? ¡Lo osado fue que el Amo Clow te lo regalase! -
-En ese caso, creo que escribiré algunas notas... -Dije pero en realidad, nada más encontrarlo y sacarlo del cajón en el que había sido cuidadosamente puesto, me pasé todo el tiempo, leyendolo. Era un cuaderno emanante de vivencias, sueños y desvelos más maduros de lo que me imaginé al abrirlo y pasar algunas paginas. Los pocos dibujos realizados en él me enamoraron. Compuestos por trazos tán ligeros y rapidos que más que una ilustración parecían bocetos o el inicio de una idea o pensamiento pero parecían estar tán llenos de emoción y daban la sensación de trasmitir un pequeño momento que me gustaron bastante. En las primeras hojas uno no hubiese pensado que se trataba de un diario, lo escrito junto a los dibujos era demasiado fantasioso, muy onirico para ser real pero poco a poco esas historias cobrarían algo de realismo o intimidad al continuar con recorriendo con mis ojos por cada hoja.

Querido Diario:
Sé que te prometí muchos años atrás compartir contigo tán sólo las historias más bellas e imaginativas que se cuajasen en mi mente día trás día pero he crecido y ahora mi mente se halla llena de otra clase de fantasias, oscuras fantasias, que sólo podré compartir contigo pues ¡Oh! Destino cruel, ¿qué otro podría atesorarlas sin juzgarme o considerar a mi amado un ser despreciable? Tán sólo por concederme tán peligroso capricho, por aceptar la tentación incrementada, por consentir mostrarme ante él como una mujer en vez de como la niñita que todos aún desean ver en mí. De modo que antes de comenzar esta nueva y sincera corriente de hechos vividos o soñados, me sentía en la obligación de advertirte ya que a lo largo de mi vida tú serás mi más fiel amigo y aliado. Si deseas una explicación más extensa, te haré saber que este cambio no sólo se debe a mi necesidad por tratar temas inconfesables o abrumadores, se debe a qué debido a que fuiste un obsequio del caballero al cúal me esforcé por conquistar y al sucumbir finalmente, me ha ayudado a descubrir todo mi potencial tanto a nivel magico como a nivel femenino, creí conveniente que nuestro romance, dure el tiempo que dure, sea conservado.

Cerrando el cuaderno despúes de haber leido más de la mitad, dejandolo reposar sobre mi pecho, pensé quedando embriagada por la narración que me traía recuerdos de todos los libros que Eriol cedió temporalmente a Tomoyo de autores tán romanticos y represantitivos de esas épocas como Ann Radcliffe pero abriendo los ojos de golpe, como si un gran peligro se avecinasé, un pensamiento preocupante llegó a mí mente como un grito. ¡Lillian estaba enamorada del mago Clow! Desde el primer momento parecía ser, como un irracional flechazo pero yo a quién quería con todas mis fuerzas, corazón y alma era a Shaoran. ¿Se entristecería el mago Clow si mis acercamientos hacía Syaoran Li se desenvolvían más atrevidos? Su historia de amor me tuvo muy pillada, más de lo que me hubiese gustado ya que era un amor tán tragico, como el que mi amiga Rika y el profesor Terada han mantenido durante tantos años. Ni me atrevía a comprobarlo hablando de ello con Kerberus, por lo que me quedé tumbada con los ojos cerrados callada como un muerto hasta que un dulce sueño me atrapó. Por un momento creí estar regresando a dónde ciertamente debía regresar, mi cuerpo para desconcierto de Kerberus fue tornandose luminoso pero al abrir los ojos e incorporarme a los pocos instantes de ser la puerta golpeada dos o tres veces, reconociendo el lugar al observar la habitación arrugando la frente, me ví obligada a afrontar que seguía en la mansión Windson, en Inglaterra. Mi habitación no poseía unas paredes de un color tán sobrio y los muebles de oscura madera tampoco se le asimilaban a la clase de muebles que un japonés suele comprar en nuestros días. Sin omitir que mi habitación está llena de muñecos y peluches y en ésta el único que podía pasar por peluche era Kero al adoptar institivamente su otra forma. Encogí la cabeza un poquito ruborizada, eso me hizo pensar que Lillian era mucho más sofisticada y madura de lo que yo llegaría nunca a ser. Al mirar hacía abajo, Kerberus ya no estaba tumbado encima, se había apartado unos centimetros y me dirigía una mirada atónita.
-¡¿T-Tú puedes realizar viajes astrales?! -Exclamó con los ojos terriblemente abiertos señalandome con un regordete dedo. Sintiendome como un bicho raro, repliqué:
-¿Es malo? -
-¡El Amo Clow dice que muy pocos hechiceros son capaces de hacerlo! -Me respondió lanzando otro grito, ese algo más euforico, creí creer. -¡Señorita Lillian, ha de informar de eso al Amo Clow y a su padre enseguida! -Me aconsejó saliendo de la cama de un salto hacía la puerta, rascandome la cabeza le ví arañar la puerta deseoso de que la abriese. Recorriendo la grandiosa casa en su busca me dí de bruces contra Shaoran.
-P-Perdón. -Me disculparía a la misma vez que me levantaba del suelo apoyando las manos sobre éste. Shaoran masculló algo y se hizo camino alejandose de mí. Descontenta con su actitud, cambié mis planes caminando por la zona que acababa de abandonar para adentrarme en lo que parecía un despacho de dimensiones medias, todo él tenuamente iluminado por la llama que había sido encedida en la única vela que una plateada lampara tenía incrustada en el centro.
-¡¿Qué haces aquí?! -Exigiría saber con expresión de fuerte desagrado pero también algo de verguenza Shaoran, tán apuesto con sus ropas chinas, con una dorada banda repleta de anudados lazos de igual material en el centro y el resto de un vivo tono verde. -El señor Reed y yo estamos tratando asuntos personales, ¡Espera afuera hasta que hayamos concluido la conversación! -Me mandó con un inglés tán tosco como su trato hacía mí.
-Supongo que Lillian ha venido porque ayer quedamos en que esta noche la pasaríamos juntos. -Le informó Clow con una voz más afable con un inglés más fluido. -¿No te importará que se quede? Después me gustaría hablar con ella. -Le solicitó saber sentado en el único sillón que había en toda la habitación cerca de la mesa, sin apartar sus dedos de la cabeza de Kerberus, que se comportaba tán mansamente como si fuese un gatito en vez de un león de aspecto adulto sentado a su vera. La sonrisa que se había quedado en el rostro del dorado guardián me hizó presentir que se lo había soltado todo a Clow, como un niño que no sabe callarse las cosas. El sentimiento de que yo sobraba se volvió más grande, más pesado, como una cadena de acero sobre el cuello, impidiendome decir palabra, sólo mover la cabeza. Los castaños ojos de Shaoran parecían arder de enojo, todo su ser parecía arder, su cabeza se agitaba ligeramente mientras intentaba mantener la calma, esa calma tán autoimpuesta, para no perder los estribos ante su abuelo, lo que lo convertía en una figura de posición superior en el clan.
-N-No, honorable Clow. -Respondió bajando la cabeza con los ojos cerrados pero el ceño muy fruncido, lo que endurecía su hermoso y joven rostro.
-¡Perfecto! Prosigamos pues. -Fue lo último en decir en inglés el mago Clow ya que Shaoran era de procedencia china, por lo que bien se podía suponer que sus antepasados, desde el más lejano al más cercano a la actualidad, hablaban en chino. Oyese lo que oyese en el despacho no saldría de allí pues no entendí ni una palabra. De pie, con las manos colocadas una encima de la otra, les observaba en silencio arrugando la frente y abriendo la boca de vez en cuando pensativa. Me maravillaba la gracia con la que el mago Clow gesticulaba y la tranquilidad con la que surgían sus palabras, sin perder la sonrisa en todo lo que durase la conversación pero me enamoraba con que pasión y que energía Shaoran conversaba, me recordaba a los heroes de las historias de fantasia mitologica. Finalizada la conversación, no muy satisfactoriamente para Shaoran, a juzgar por las furiosas zancadas con las que se alejó de Clow y la brusca manera en que abrió la puerta, Clow me animó a acercarme.
-Tiene el caracter de los Li, sin lugar a dudas. -Pensó en voz alta riendo azorado mientras se ponía en pie llevandose las manos a la espalda. -Espero que esta pequeña disputa familiar no te haya asustado, acércate, si no me equivoco, un pajarito me ha dicho que posees habilidades muy especiales. -
-Kerberus. ¿Verdad? -Mascullé antes de llenarme de valor y apróximarme a él. Desde que había leído esas confidencias en el diario de Lillian, no sabía como actuar frente a él. El tiempo había pasado, ya no era la misma niña que atrapaba cartas vestida por coloridos e imaginativos vestidos ideados y hechos para cada captura. Debía tomarmelo con filosofía, quizás si me imaginaba que era Eriol y no el poderoso mago Clow todo sería menos forzado. Meditandolo profundamente, Eriol era su reencarnación por lo que no había mucha diferencia entre ellos. Aún así, me costaba y me costaría el doble intimar con él porque ¡Yo sólo quiero a Shaoran! Él era mi persona especial y siempre lo va a ser.
-Me hace muy feliz que te hayas enamorado de Syaoran porque él está muy enamorado de tí. -Me soltó el mago Clow dejandome paralizada a mitad del trayecto hacía la mesa. -Pero debido al compromiso al que se vió obligado a aceptar no puede demostrarte su amor. Syaoran es un hombre de palabra, que valora demasiado las costumbres que ha aprendido desde niño. -Me iría diciendo, suspirando concluyó. -De ahí que me reproche mi modo de vida y este empeñado en devolverme al lugar que él considera mi lugar, con la familia Li. ¿No te parecería bonito que el Oriente y el Occidente se volviese a unir? -
-¡Qué egoista eres, Amo Clow! -Exclamaría Kerberus con un ojo cerrado. -¡¿Mira que sugerir esas cosas de la señorita Lillian y el mocoso?! ¡Si el destino decidiese que él fuese a ser mi siguiente amo, me moriría! -
Clow y yo nos echamos a reir, a Kero nunca le gustó Shaoran, al parecer tampoco le gustó su antecesor. Relajada gracias a las niñerias de Kerberus, mantuve una agradable y destendida charla con el mago Clow. Él me explicaría entre burlón y sereno en qué consistía eso de los viajes astrales y porque le causaba tanta admiración a Kerberus.
-Te contaré un secreto. -Dijo indicandome con un dedo que acercase mi rostro para que pudiese oirle. -Yo también puedo viajar por otras dimensiones. -Susurró y guiñandome un ojo dió por zanjada la cuestión que tán preocupado tenía a Kerberus. -Ahora me gustaría que te vestieses de fiesta, me gustaría que me acompañases al casino. -Me ordenaría con una encantadora sonrisa dando una palmada.
-¡No puedo más! -Gritaría antes de perder el aliento en el último tirón que la criada dió a fin de anudar la última parte del enrevesado y grueso hilo que cerraría el estrecho y blanco corsé que me cubría el torso dejando la mitad de mis senos al aire. -¡Ahora comprendo por que las damas de antaño tenían esas cinturitas de avispa! -
-¡Ya deje de quejarse! -Me reprendía la mujer, pocos años mayor de lo que yo realmente era, resoplando. -¿Nunca ha oido eso de que para estar bella una ha de sufrir? -
Girandome, negué con la cabeza, manteniendo los brazos flexionados como si me hubiesen atado con una especie de cuerda invisible. ¿Para qué tanta prenda si luego sería echada al suelo en un ataque de loca pasión? Inflando los mofletes, enfriandome a causa de la poca ropa que llevaba, esperé a que la sirvienta me colocase lo que parecía un enague de tela unido a un armazón con anchos aros de fino acero que recordaban la forma de una jaula ovalada.
-¡No fastidies! -Grité tirintando de frio e intranquilidad. -¡No pienso ponerme eso! -Le advertí con los ojos entrecerrados, arrugando la frente y negando varias veces con la cabeza. La sirvienta cerró los ojos con resignación, como si mi opinión no tuviesen valor o más bien como si no fuese la primera vez que me escuchase decir semejantes cosas y procedió agarrandome de un brazo a colocarmelo lo que me obligó a lanzar más gritos.
-¡¿Pero qué haces?! -Volví a gritar agitandome con la patética consecuencia de una dolorosa caía de culo al suelo. -¡Si te digo que no pienso ponerme eso, es que no me lo voy a poner! -Le reiteré poniendome en pie costosamente, con el trasero dolorido, alejandome de la sirvienta, que sostenía la horrorosa prenda a la espera de que afrontase ese miedo tonto e infantil y me dejase finalizar de vestir. Alzando una ceja, desafiante, intentó que me lo pusiese de nuevo y no cedió hasta lograrlo. Por mucho que chillé y que me resistí aquella cosa ya formaba parte de las prendas que me cubrían. La sonrisa de victoria que esbozó la sirvienta me sentó como una patada en el culo, más dejando caer mi cabeza, afronté lo mejor que pude la derrota. Las faldas se amoldaron al armazón a la perfección ampliandose y adoptando una forma identica a la de una campana o un gran globo cuanto éste está muy hinchado. La parte inferior era del mismo color y de la misma primorosa y mimosa tela, tán bien acogida por mi desprotejida piel.
-Ahora ya sólo nos queda arreglar tu cabeza, señorita Lillian. -Me anunció la criada erguida de orgullo conduciendome hasta el tocador tomando mi mano enguantada.
El cambio fue tál que la primera en quedarse obnubilada fuí yo. Ladeando prudentemente la cabeza, pestañeando con coqueteria, me lanzaba miradas de fascinación pues no podía dar credito a la imagen que el espejo me enseñaba, aquella muchacha no podía ser yo, esa muchacha de grandes ojos esmeralda adornados por largas y oscuras pestañas acompañadas por un pequeño lunar inventado, mejillas muy rosadas y labios de un tono vino tinto que acrementaban el deseo de rozar sus labios pero lo que más me impactó fue lo obrado en mis cabellos, tán largos y sedosos que parecían fluir de un dorado naranja como el pelaje de Kero bajo un moño de tamaña mediano formado y compactado con la ayuda de una flor de vivos color rosado y blanco, la flor que hacía alusión mi nombre. Posicionando sobre mis labios una mano, sonreí meneando la cabeza. ¡La de fotos que me hubiese hecho Tomoyo! Aclarandome la voz, dije:
-Bueno, ¿queda algo más por hacerme o ya puedo reunirme con... El señor Reed? -
La agotada pero triunfal mujer contestó:
-No, señorita Lillian, gracias a Dios ya hemos acabado. -Trás frotarse la frente, añadiría mirandome como si contemplase una obra de arte. -Vaya y deslumbre a todos. -
-Así lo haré. -Le aseguré poniendome en pie con su ayuda abandonando mi reflejo en el antiguo espejo. En la entrada Clow me esperaba con la compostura y vestimentas propias de la época. Al tenderle mi mano, él la besó arridillandose como el caballero que era, dejando que la larga y oscura capa que le tapaba cayendo por la espalda se extendiese todo lo larga que era por el suelo como una eterea dama desvalida. Planeada artimaña para tenerme riendo un buen rato, ruborizada a la par que complacida. Golpeandole suavemente con un abanico del mismo color que mi elegante traje, entre risas le pedí:
-Déje de ponernos en evidencia y vayamos de una vez al casino. -
-Tus palabras son ordenes. -Replicaría él alzando las cejas sin perder una pícara sonrisa finalizando su actuación al ponerse en pie. Antes de salir de la mansión hacía el fresco exterior, meramente iluminado por largas farolas desplegadas a lo largo de la calle, entre casa y casa, Mi cortés caballero inglés me envolvería con su capa al arrimar mi cuerpo contra el suyo.
-Aunque todavía no estemos en invierno, durante la noche la brisa viene fresca. -Me hizo saber mientras dabamos el primer paso que nos dejaría al otro lado de la puerta principal, cerrada trás nosotros. -No quisiera que pillases una fuerte pulmonía, el carruaje que pedí puede tardar en llegar un rato. -
Su gentileza me dejaba fuera de combate. Asentí apartando la mirada, sus ojos eran tán azules que podías perderte en ese azul celeste, centelleantes y amigables, que te robaban el corazón sin necesidad de adoptar un fulgor agresivo. Ojos que reflejaban moriña o melancolía que comprimía el corazón. Con la vista puesta a la lejania de la empedrada calle, recordé la última historia publicada en una revista literaria de otra de mis más allegadas amigas de la infancia, la imaginativa Naoko. Suspiré entornando los ojos, eramos un grupo de amigas tán diferentes pero tán bien amoldadas que sabíamos mantener nuestras diferencias lo suficientemente pequeñas como para que éstas no nos separasen. En cuanto apareció el grandioso carruaje tirado por esbeltos caballos mis pensamientos cogieron otra dirección. ¡En mi vida había tenido la oportunidad de montar en algo así! Con la ayuda del mago Clow conseguí entrar pues el maleducado del cochero no se molestó en echar una manita a esta dama. Trás escupir, su respuesta a mi petición fue:
-Señorita, eso no forma parte de mi trabajo, hágalo Ud misma. -
-¿No te parece un hombre encantador? -Bromearía Clow ya sentado frente a mí. -Es por ese motivo que lo escogí. -Añadió acomodandose en el asiento que poseía su parte del interior del carruaje. Alzando la cabeza al recostarme sobre mi asiento aterciopelado, respondí:
-En ese caso, no vuelvas a solicitar un carruaje, ejercitar mis piernas será menos ofensivo. -
Las vistas que ofrecían las grandes ventanas del vehiculo hicieron que valiese la pena ser tratada como una cualquiera. Londres era una ciudad espectacular, justamente como nos la describía Eriol a Tomoyo y a mí con orgullo. Empecé a lamentar no haber aceptado la propuesta de Eriol de estudiar en el extranjero. La velada fue de ensueño, la gastronomía londinense era de sobresaliente y que Clow se valiese de Dulce para amenizar algunos postres ya que las especialidades del lugar no eran lo suficientemente dulces fue la guinda del pastel. Me enternecía tanto el amor que le procesaban las cartas al mago Clow, nada más aparecer, le daban un beso y si eso no se podía, se lo lanzaban llevandose una mano a los labios para luego retirarla hacía él.
-¿Te gustaría saber cuando cree a Dulce? -Me propusó contarme mientras me contemplaba degustar el recién manipulado postre. Asentí sonriente. Dulce era una carta tán linda y útil. A veces se me antojaba de las más infantiles pero quizás era eso lo que la hacía tán linda. -Estaba en China con mi esposa y mi primer hijo, Xiao Lang, intentaba cocinarle algún pastel pero con los ingredientes que disponiamos salió bastante extraño. En realidad fue una estúpidez pero me pusé a pensar en uno de esos duendecillos que en un cuento cada vez que el protagonista se iba a dormir, le ayudaban. Dulce es mi hadita de la reposteria. -Me trasmitió, le escuché con gran interés. No todos los días podría escuchar al creador de las cartas Clow compartir su sabiduria. Llevandose una mano a la frente, rió antes de continuar contandome cosas. Cualquiera que lo escuchase excepto yo pensaría que ese hombre deliraba o que era demasiado guasón.
-Hablando de cartas magicas, ¿has creado una llamada Recuerdo? -Me ví obligada a interrumpirle rememorando algunas de las cartas Clow que Eriol me dejo escondidas en el libro que trajó la última vez que estuvo por Tomoeda. El rostro de Clow se sereno, sosteniendo su barbilla sobre el dorso de éstas, dijo extrañado:
-No me suena haber nombrado así a ninguna de mis cartas. ¿Podrías describirme su verdadera naturaleza? -
-Claro, déjeme recordarla. -Le respondí yo mientras cerraba los ojos concentrandome en recordar su aspecto aunque no logré definirsela muy claramente. -Era como una niña que flotaba con el pelo corto, parecido al que yo tenía de pequeña, pero muy rubio. Su trajecito parecía de artista de circo. -
Pero no podía ser obra suya, en ella se podía percibir el poder de otra persona además del poder de Clow. Si hubiese sido más hábil la hubiese podido retener pero no hubo manera. Ninguno volvió a abrir la boca hasta que el camarero nos trajó la cuenta.
En el casino, de enormes salas, altísimos techos y suelos con pulidas baldosas que si las mirabas con atención era capaces de reflejar tu figura con una nitidez perturbadora. Nada más desplazarnos hasta el centro de la amplía sala principal, un grupo de hombres vestidos con sus mejores galas, trajes negros y chalecos de blanco color que cegaban mis ojos, con brillantes y doradas cadenas que ocultaban sus preciados relojes de bolsillo, se agolparía formando un circulo a nuestro alrededor.
-¡Mago Clow! -Exclamaban ávidos por ser los primeros en captar la atención de Clow. Clow encaminó sus deslumbrantes ojos al primero que pronunció su nombre o para hablar con más precisión, el nombre con el que se había hecho famoso como ocultista, entre los más reputados de su tiempo. El hombre que le había parecido más interesante, continuó hablando mientras nos apartaba del grupo. -¡Verá, mi buen Mago Clow, yo no soy muy aficionado a estas cosas pero cuando un día me hablaron de Ud, quisé intentarlo! -
Por el modo en que se explicaba, no me fue difícil advertir que aquel hombre estaba desesperado. Su petición iba a ser ningúna tonteria o ningúna trivialidad como generalmente se le solicita a un ocultista pero Clow no me lo contó, ¿ética profesional? Esperando y esperando sentada hasta aburrirme tanto que me tumbé en el sófa, fuí pretendida varias veces por toda clase de caballeros. ¡Uy! Todo demasiado victoriano, resoplando y jugueteando con el abanico me empezaría a entrar sueño. La orquesta comenzó a interpretar las canciones más lentas, sonreí pensando que quizás el maestro de orquesta deseaba ayudarme a entrar en ese dulzón sueño. Las palmaditas en el rostro que el mago Clow me proporcionó me sacarían de mis agridulce sueño.
-Lillian, ya he acabado, ¿nos vamos o prefieres que bailemos un rato? -Me haría elegir con dulzura sentando a mi lado. ¡Os lo juro! Ese hombre no podía ser real, todo aquello debía ser un sueño, el sueño más extraño y bonito que hubiese podido tener en la vida. Avivandome un poco, pestañeando al incorporarme, le rogué que me sacase de allí pues yo no estaba agusto, desentonaba y temía arruinar la noche con mis modernidades. A cuadros, Clow me sorprendió intensamente cuando en vez de llevarme de vuelta a casa, a la mansión Windson, pidió al cochero dirigirse a su casa.
-¿No debería estar con Symond y Marion? -Pregunté con los ojos abiertos hasta el limite.
-Eso depende de tí, ¿quieres ir con ellos? -Me respondió él astutamente.
Me encogí de hombros. No sabía lo que contestarle, ellos se suponía que eran mis padres pero apenas los conocía, en cambio a él lo conocía un poquito más, probablemente gracias a Eriol y sabía perfectamente que ocurriese lo que ocurriese, no sería peligroso. Sayumi extendería sus brazos mostrando los dientes anhelante por hacerse cargo de nuestras capas, únicos abrigos que nos envolvían. Cargada con ello, nos guiaría hasta el salón, en el cúal los guardianes de las cartas y su cuidadora, Hikari solían pasar la mayor parte del tiempo acompañados por el parco en palabras Shaoran.
-¡Ya era hora que llegases! -Le espetaría levantandose nada más fijar sus ojos color chocolate sobre nosotros. -Mañana tenemos un largo viaje que preparar. -Citaría saliendo del sillón como un guardía que ya ha cumplido con su misión de vigilancia. Al cruzar nuestro lado intenté detener su apurado paso.
-¡Shaoran, espera! -Diría osando agarrar su sedosa manga verde. Éste se detuvó un fugaz momento pero sus palabras fueron tán recias, dando un fuerte respiro por la nariz, como haría un bravo toro, habló:
-¡S-Suéltame! Si las cosas estan así, es en gran parte por tu culpa. -
Mis labios temblaron y mis ojos se nublaron al soltar a Shaoran, que se alejó rapidamente de mi vista fundiendose con la oscuridad del pasillo. Meneé la cabeza agachandola para que nadie pudiese verme en tán frágil estado, a punto de echar a perder el maquillaje esparcido con suma destreza y cuidado en mi rostro. No me gustaba encontrarme con ese Shaoran, me traía malos recuerdos, recuerdos que me herían ya que al principio mi Shaoran también era muy así, compitiendo ferozmente conmigo por ser el próximo amo de las cartas Clow, a veces, sin tener en cuenta cúan despectivo se comportaba pero también solía ruborizarse. El mago Clow era el único que se esforzaba por arreglar lo que las palabras de Shaoran destruían. Alzando y redireccionando mi cara, me besó y dijo:
-No, mi Lillian, la culpa es solo mia. -
Me sentí tán despreciada que dejé de resistirme a sus encantos. Quizás Eriol siempre fue más adecuado, con él hubiese visto Londres y otros lugares, el me trataría como la señorita que era y Yue sonreiría con sinceridad pero no, me enamoré del heroe solitario, no del principe azul. ¿Por qué Shaoran nunca ha tenido ningún detalle conmigo? Ese pequeño incidente con Syaoran Li me trajó tristes recuerdos de algunas disputas sufridas con Shaoran, su modo de concluirlas era identico. Salía de la casa malhumorado, sin decir palabra y si trataba de detenerlo, me soltaba cualquier cosa gritando. No sé quien era peor de los dos si yo por consertirlo o él por hacerme sentir tán bien, en cada beso, en cada caricia, era como comer chocolate cuando te ha sido expresamente prohibido, era algo que no debía de estar pasando y mi conciencia no tardaría en fastidiar ese placer que me recorría entera, placer aumentado cuando sus manos me liberaron del puñetero corsé, permitiendo a mi espalda recobrar una posición menos forzada, mi largo suspiro le haría reir sonoramente pero nadie nos escucharía pues la carta magica Silencio se aseguraba de ello. Continuando desvistiendonos, mis ojos verdosos no se apartaban de ella, era de las cartas más escalofriantes que Clow fue capaz de crear, parada al lado de la puerta, sin decir palabra ni escandalizarse, con su dedo indice colocado sobre sus finos labios. ¿Por qué Shaoran nunca ha tenido ningún detalle conmigo? Ese pequeño incidente con Syaoran Li me trajó tristes recuerdos de algunas disputas sufridas con Shaoran, su modo de concluirlas era identico. Salía de la casa malhumorado, sin decir palabra y si trataba de detenerlo, me soltaba cualquier cosa gritando. No sé quien era peor de los dos si yo por consertirlo o él por hacerme sentir tán bien, en cada beso, en cada caricia, era como comer chocolate cuando te ha sido expresamente prohibido, era algo que no debía de estar pasando y mi conciencia no tardaría en fastidiar ese placer que me recorría entera, placer aumentado cuando sus manos me liberaron del puñetero corsé, permitiendo a mi espalda recobrar una posición menos forzada, mi largo suspiro le haría reir sonoramente pero nadie nos escucharía pues la carta magica Silencio se aseguraba de ello. Continuando desvistiendonos, mis ojos verdosos no se apartaban de ella, era de las cartas más escalofriantes que Clow fue capaz de crear, parada al lado de la puerta, sin decir palabra ni escandalizarse, con su dedo indice colocado sobre sus finos labios. Nuestras ropas caerían desordenadas al suelo excepto la odiosa enagua con los aros metalicos.
-¿Se puede saber que haces con una jaula de pajaro encima de tus piernas? -Se mofaría él dejandolo en una silla de pie.
-¿A Ud que le parece? -Le respondí aborchonada y la par que agradecida, moviendo mis largas piernas como si nadase en unas aguas imaginarias, tumbada boca arriba en su cama.
-Sharon consiguió encasquetartela. -Adivinó volviendo a la cama quitandose las redondeadas gafas mostrandome sus preciosos y enigmaticos ojos azules sin ningún cristal protector delante. Me tenían cada vez más fascinada. Encogiendo la cabeza, asentí con el ceño fruncido.
-Sin embargo ha hecho un gran trabajo maquillandote. -La alabó. -Todos los hombres del casino se morían de envidia. -Añadió antes de besarme y así reiniciar lo que nos tenía tán entretenidos. Cerrando los ojos me concentré en disfrutar de esas sensaciones que regresaban a mí en cada pase de sus manos por mi torso desnudo, que parecían llegar a su punto más alto cuando bordeó mis senos como si dibujase su figura avanzando hasta mi pequeño y levemente sobresaliente pezón.
-¡Dios mio! Jamás pensé que incluso para esto fuese tán diestro. -Se me escaparía decirle incorporandome un poco mientras él se ponía ligeramente a mi derecha. Agachando la cabeza, esbozando una timida sonrisa que enseñaba sus perfectos dientes, respondió:
-¿Será que va a ser cierto eso de que la practica hace al maestro? -Respondería fingiendo sorpresa alzando ambas cejas mientras su mano descendía alegremente enlenteciendo el ritmo al llegar a mi tripa, en cuyo centro estaba mi ombligo. Encogiendo la tripa un poco al primer contacto con los dedos que se paseaban cerca de mi obligo, un fuerte rubor se hizo visible en mi cara. Giré la cabeza azorada pues esa era la clase de jueguecitos que debería poner en practica con Shaoran pero nunca había tiempo, ni en la noche de San Valentín. Mi acompasada respiración se tornó brusca al imaginar lo que sucedería depués.
-¿Me vas a penetrar? -Le pregunté jadeando nerviosa. Retirando sus dedos de mi sensibilizada piel, mirando al cielo un momento, respondió:
-¡Qué cosas tienes Lillian! Si lo hiciese y tu padre se enterase, me mataria, sin olvidar recordarte que el único modo de hacerlo sin que se enterase sería muy brusco. -
-Es verdad. -Le dí la razón llevandome una mano a la cabeza riendome como una loca.
-Pero existen muchos modos de complacer a una dama tán apasionada como tú. -Dijo y se dispusó a abrirme con cuidado las piernas hasta que mi palpitante sexo quedase libre para ser mimado bajo finos cabellos de fuerte tonalidad entre anaranjada y amarilla. La oleada de fuertes emociones volvió a sacudirme al posar él su mano. El carmín iría abandonando mis labios al entremezclarse con los labios del mago Clow en cada beso. Había pasado de vivir una aventura romantica propia de Jane Austen a una de alta sensualidad propia del infame Casanova. Estaba tán excitada que me daba igual. Al día siguiente, desperté como me figuro despertó la cenicienta el primer día de su nueva vida en palacio, flipando por lo que había pasado la noche anterior. Con un sentimiento de culpa naciendo y creciendo a cada mirada distante de Syaoran y la mirada reprochante de Yue. La única que hizo el esfuerzo por ser amable conmigo fue Hikari mientras me acompañaba hasta la bañera.
-El Amo Clow me ha pedido que te ayude a arreglarte un poco. -Me hizo saber mientras comprobaba que el agua que había sido vertida en la alargada y de seguro escurridiza bañera estaba agradable. Suspirando añadió. -Aunque se esmera en no llamar la atención, todos sabemos lo encaprichado que lo tienes. Igual que pasó con tú madre. -
Quisé profundizar pero recapacitandolo, me encogí de hombros con una vaga sonrisa y avancé hasta la bañera desprendiendome de la sedosa y ancha bata con la que había amanecido. Hikari me tendería su mano y poco a poco me sumergí en la templada y cristalina agua. Conversar con Hikari me resultó parecido a hacerlo con Tomoyo, mientras restregaba con energía un redondeado jabón sobre mi espalda. Reí con todas mis ganas cuando me comentó la pequeña disputa tenida con Clow pocos instantes antes pasandome las manos espumosas por los brazos afanosamente.
-¿Puede creer lo desvergonzado que es el Amo Clow? -Exclamaba risueña. Negué con la cabeza curiosa. -¡Quería que una de sus creaciones se ocupase de Ud! Pero con todo el respeto del mundo yo me negué argumentando que prefería hacer yo por mis propios medios. Si supuese lo que tuve que insistirle en encargarme yo. -
-Hizo bien, Burbuja lo hubiese dejado todo perdido de burbujas y espuma. -Le dí toda la razón identificandome con ella. -¿Y Shaoran que le parece? -Me dió por preguntarle estando ella liada con mi cabeza. Frotando y machacando mi pelo como si fuese masa, echandole agua con un pequeño barreño de vez en cuando.
-Me hace recordar al Honorable Fei Wang Li. -
-¿Te refieres al hermano del mago Clow? -Intenté adivinar. Ella asintió.
Apenas sabía gran cosa sobre Clow Reed pero gracias al libro que Eriol trajó repleto de datos que avivaron mi curiosidad dormida mi conocimientos sobre él crecieron un poco más. Al salir de la bañera el aire me atravesaría frio hasta que Hikari me envolvió en una larga y tupida toalla. Con la piel limpia y el alma aparentemente sosegada trás el baño me vestí observando como Hikari metía las ropas de fiesta en una bolsa de oscuro cuero.
-Buenos días, ¿puedo desayunar algo antes de irme? -Solicité amablemente, temerosa de que me mandaran de vuelta sin ni siquiera darme un trocito de pan que calmase mi revuelto estomago. Sentada esperé callada una respuesta. Syaoran Li pondría cara de fastidio y dignandose a contestar, diría:
-¿No tienes suficiente con haber pasado la noche aquí? Qué te den de comer en otra parte. -
Aguantando sus palabras con la mejor actitud posible, le repliqué:
-Pues me gustaría desayunar aquí, contigo. Sólo será un ratito. -
Sayumi colocó ante mí una apetitosa tortita que deboré dejando a los cubiertos hablar por mí con un vaso lleno de blanca leche que me bebí de un sorbo. Shaoran me miraría cruzado de brazos con el gesto torcido, si hubiese dependido de él, la cortesía hubiese finalizado nada más salir del dormitorio de Clow. Limpiandome bien la boca con una servilleta de tela, me levantaría llevando conmigo el plato y el vaso vacios hasta el fregadero. Agradecí a la criada japonesa en perfecto japonés su hospitalidad y marché hacía la entrada, ésta negando con la cabeza, me dijo con una sonrisa encantadora:
-No ha sido nada señorita Windson, el señor Reed lo había preparado para Ud. -
¡Tanto Eriol como él eran unos maestros de la reposteria! Me relamí de gusto como una niña pequeña. Clow se disculparía una y otra vez junto a la puerta principal por las maneras de Shaoran y Yue. Negando con la cabeza mientras mis manos eran sostenidas por las suyas de parecida claridad, le reiteré que no pasaba nada, que él no tenía la culpa de estar tán sobreprotegido, termino que le llamó la atención y consiguió que una expresión de sorpresa se dibujase en su rostro de actor europeo de rasgos tán finos y proporcionados seguido por un gesto burlón.
-Te prometo pasar con él a la mansión Windson antes de emprender el viaje hasta Norwich, para embarcar. -Me prometió besandome en la boca por última vez. De vuelta en casa, en la casa real de Lillian, un pensamiento egoista cruzó mi cabeza. ¿Y si en vez de escoger entre Eriol y Shaoran, me dejaba amar por los dos? Dejando en su correcto lugar la mitad de prendas de las que Clow tán amablemente me había liberado e inventado alguna excusa para la desaparición del armazón de finos aros de acero, me tumbé en la confortable cama, acto que produjó que el bolso de cuero cayese al suelo aparentemente sin nada dentro dandome un pequeño susto pues el sonido de algo chocando contra el suelo no fue esperado. Al gatear y acercarme hasta el borde de la amplía cama ví lo que parecía un luminoso libro. Abriendo los ojos con la boca abierta lo recogí con una mano. Yo conocía ese libro cuyas paginas estaban totalmente en blanco. Era la carta Creación, que parecía estar deacuerdo con Clow en que era una lastíma que Shaoran y yo no tuviesemos una relación más favorable. Buscando entre los cajones de todos los muebles del dormitorio una pluma con la que escribir, estaba a punto de manipular los acontecimientos venideros... Lo que no yo no sabía que podía traer consecuencias tán feas como las que ocurrirían en mi actual y propia vida. Empapando mi instrumento de escritura bien en oscura tinta sentada frente al espejo apoyando mis brazos en la mesita que componía el tocador las letras fueron realizadas tán claramente como la emoción me permitió. Finalizada la labor, al cerrar el libro éste brillaría cegador confirmandome que la operación había sido un exito. Aquella misma tarde, lo relatado cobraría vida. Esperé sentada junto al árbol de gruesa corteza del cúal había caido el otro día con toda la espalda y la parte trasera de la cabeza apoyada en él silbando, mirando expectante hacía la lejanía. No tardé ni un instante en reconocer a la figura toda de verde que pasado un rato caminaría hacía mí. Casi me estremecí de la ilusión. Desviando la mirada, Shaoran empezaría a hablar.
-Este va a ser el último día que este por aquí, he conseguido adelantar el viaje a China. -Me iría contando como si a medida que me lo contase fuese a ser más fácil que surgiese en cualquier momento la disculpa, la disculpa tán meditada y recomendada por Clow. -Sé que durante estos días me he comportado como un idiota con todo el mundo, especialmente contigo y con el honorable Clow pero. -Se aclaró la garganta torpemente antes de continuar y sincerarse. -Pero supongo que era porque estaba celoso. Tanto él como tú sois personas muy importantes para mí y bueno, que seais amantes... No me gusta. -
-¿Por qué no? -Pregunté con el corazón a punto de reventar, deseando más que nunca escuchar de sus labios una declaración de amor. Dirigiendo sus castaños ojos hacía mí, llenandose de aplomo, respondió:
-Porque quien debería besar tus labios y tocar tu cuerpo soy yo... Sería lo correcto, si pudiese... -Sus últimas palabras irían perdiendo fuerza al mismo tiempo que sus mejillas se enrojecían vivamente. Poniendome en pie para acoger su rostro entre mis manos, ladeando suavemente la cabeza le comenté:
-Pues hazlo, todavía estas a tiempo. -
Remojandome los labios, le dí un pequeño empujón al unir mis labios con los suyos en un impaciente beso habiendo acercado su rostro al mio con mis manos, que a pesar de haber sido agarradas por las suyas, éstas no fueron apartadas. Echaba tanto de menos el sabor que se me quedaba después de mantener mis labios contra los suyos. Echaba de menos su sonrisa y el siguiente y más intenso beso. Echaba de menos que posicionase una de sus manos sobre mi cadera y la otra sosteniendo mi cabeza o que enredase sus dedos sobre mis ahora largos cabellos pero sobretodo echaba tanto de menos no tocar su delgado pero masculino cuerpo y como no, que sus inquietos dedos tocasen el mio mientras nos revolcabamos por la cama o en ese caso, la verde alfombra de hierba que poseía el magnifico jardín de los Windson. Incluso añoraba que me lamiese y peñizcase los pezones. Rememorar esas largas horas que nos tirabamos adentrandonos en el mundo de la pasión en vez de estudiar en su piso me hacían estallar de gozo y placer. Abriendo los ojos y pestañeando varias veces la imagen de un niño se volvería precisa.
-Esto... Siento molestar pero uno de mis hermanos dice que tienes que regresar al momento actual. -Diría rascandose la cabeza. Sus ropas parecían de payaso, muy brillantes al igual que sus ojos. Sus cabellos eran puntiagudos y estaban muy revueltos como si tuviese un erizo pegado. Me separé de inmediato de Shaoran, que aprochandose de nuevo la verde prenda tradicional china se quedaría sentado no muy lejos, gritando roja como un tomate:
-¡Pero niño! ¿cúanto tiempo llevas ahí parado? -
-Sólo un ratito. -Respondería con voz temblorosa como si estuviese a punto de llorar en cualquier momento. Arrugando la frente dandome cuenta de que sólo era un niño, abotonandome el ancho camisón me esforce por controlar la verguenza y la furia que me estaban invadiendo en ese momento, hacer llorar a un niño que parecía tán especial no sería propio de mí. Trás tomar aire muchas veces, le pedí que me explicase el motivo por el que nos había interrumpido. Mirando hacía el suelo, repitió:
-Uno de mis hermanos me ha dicho que te diga que tienes que regresar al momento actual. -
-¿Al momento actual? -Repetí aunque no entendía del todo a lo que se refería, tenía una ligera idea ya que estaba claro que yo no era Lillian Windson y que esa no era mi época pero lo de volver, eso era la parte que me costaba comprender. -¿Cómo? -Añadí.
-¡Regreso, regreso! -Me soltaría con voz cantarina. -¡Qué nombre más raro para una señora que podría ser mi madre! -
A su manera, me estaba diciendo que usará la carta Regreso, como usará el día que me enfrenté a Eriol momentos antes del combate con la firme intención de hablar con el mago Clow y aclarar lo que me estaba pasando pero una duda se me apareció. Regreso era una carta que te llevaba a eventos pasados, ¿podría llevarme al presente también? No, no podía o eso nos explicaría Clow, su creador y principal amo más, al niño no parecía importarle, él pedía dando saltos que la invocasemos. ¡No os imaginais cúan ilusionado se mostró ante la verdadera apariencia de la carta! Sonriendo y sonrojandose, juntando sus manitas en gesto suplicante le preguntaría, con un respeto asombroso:
-Oh poderosa carta Clow, ¿me permitirías usar mi humilde poder a la vez que Ud usa su grandioso poder? -
La serena dama envestida por largas tunicas superspuestas sosteniente de una ovalada superficie que se asemejaba a un espejo pero en cuyo cara estaban pintados números como si en verdad se tratase de un reloj fijaría sus ojos en Clow, quién sin hablar, le concedió unir su poder al del niñito. Una intensa luz brotaría de ambos nada más agarrar el niño una de sus largas mangas que caían hasta el suelo de tán largas que eran.
-¡Sakura! -Escucharía mi nombre exclamar a alguien de nuevo. Al ir abriendo los ojos esa persona sería Touya, mi hermano mayor, que al segundo siguiente girando la cabeza lanzaría otro fuerte grito hacía la puerta. -¡Chicos, venid, venid, Sakura por fin ha despertado! -
-Hermano... -Diría yo apesadumbrada, sintiendome desorientada y atontada. -¿Qué haces en el parque? -Quisé saber creyendo estar aún en el parque con Tomoyo. Él me dedicaría una sonrisa forzosa sentado a mi lado en un gastado sillón azul oscuro mientras una serie de personas entraban a la habitación, una de ellas cargaba consigo un gran ramo de flores.
-Sakura, no estamos en el parque, sufriste una grave decaida y ahora estas ingresada en el Hospital ¿Recuerdas? -Me trasmitió despacio y muy clarito, como si hablase con una niña muy pequeña. Sin dar demasiados detalles, fue ahí que comenzó a empeorar todo.