sábado, 9 de julio de 2011

WELCOME to HELL - KUROSHITSUJI

Este maravilloso dibujo no es mío pero mola y yo creo que se le da un aire a la señorita Elisabeth ^^


"Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere."

Elbert Hubbard - Ensayista estadounidense


Fue todo tán repentino... Al poco de acudir Lizzy a mi mansión para insistirme en acompañarla a una estúpida fiesta de cumpleaños que celebraría una amiga suya de la que ni siquiera había oido hablar, trás un tira y afloja desafortunado para mí, pues cada vez que Elisabeth llora, es como si algo muy importante se rompiese, acabé aceptando su propuesta. Lizzy se marcharía entusiasmada acompañada por su cuidadora, ama Laura, prometiendome pasarlo en grande. Yo la despediría torciendo el gesto pero en el fondo, satisfecho de no verla partir sollozando.

-¿Y en qué lugar será esa fiesta? Señorita Elisabeth. -Querría saber Sebastian, mi fiel mayordomo, aprovechando que el carruaje en que Lizzy había entrado aún no se había puesto en marcha.

Lizzy le miró con gesto pensativo y respondió:

-No lo recuerdo pero no creo que sea fuera de Inglaterra. Su familia también vive por aquí. -

Esa información pareció tranquilizar a Sebastian, quién la despidió con una sonrisa. De vuelta a la mansión se dispondría de inmediato a preparar las ropas y el regalo que llevaría a la señorita Susan. Yo me quedaría en el salón leyendo un buen rato aunque la lectura comenzaba a volverse tediosa. Tanto los personajes como la trama empezaban a decepcionarme, haciendome perder el interés inicial. Una vocecita enérgica y alegre interrumpió mi lectura.

-Señor Ciel durante el tiempo que no esté ¿qué tarea deberemos hacer? -

-Supongo que la de siempre, Finny, ocuparte del jardín... Además tampoco estaré mucho tiempo fuera. -Le indiqué. Por lo visto se había enterado de que me ausentaría unos días. Lo que durase el viaje hasta la ciudad donde la señorita Susan viviese y mi evidente viaje de vuelta. Finny, dueño de esa vocecita, exclamó dandose un pequeño golpe en la frente:

-¡Ah claro! -

Y se marchó trotando como un potrillo salvaje hacía el jardín. Resonando sus pasos un buen rato pues la vivienda era muy grande. Las habitaciones con techos realmente altos y amplitudes exageradas. La clase de hogar que Finny no había tenido. Amplio, elegante y aún, a pesar de la desgracia, lleno de amor.

-Finny es demasiado ruidoso. -Pensé en voz alta, creyendome sólo de nuevo.

-¿Eso cree? A pesar de su oscuro pasado, es un muchacho alegre. Debería aprender un poco de él. -Me aconsejó Sebastian colocado a mis espaldas. El susto que me dió fue mortal. Giré bruscamente la cabeza y con la mano izquierda sobre el corazón le grite:

-¡Mierda! ¡Sebastian, no vuelvas a aparecer así! ¡Casí me da un infarto! -

Él simplemente sonrió, acto que me fastidió.

-Tán sólo venía a decirle que todas sus cosas estan listas para mañana. -

Laura comentó a Sebastian que la fiesta de cumpleaños se celebraría pronto y que la señorita Elisabeth ya tenía todas sus cosas preparadas para desplazarse hasta allí pero que antes deseaba comentarmelo con la esperanza de que fuesemos juntos. Bien temprano, practicamente de madrugada, Sebastian me despertó. Efectivamente, todo a mi alrededor se encontraba listo. La ropa que se dispondría a ponerme y una pequeña bolsa de viaje con neceseres que podría necesitar estaba sobre una silla de madera tapizada. Dando un sonoro bostezo me levanté dejando las suaves sabanas recubiertas por una gruesa manta a un lado. No me apetecía emprender ese viaje, Sebastian lo percibía por lo que realizó sus deberes como mayordomo en silencio. Cualquier palabras podría ponerme furioso. Mi desayuno no fue muy consistente, Sebastian lo ordenó así a sabiendas de que podría vomitarlo a mitad del camino. Lo tomé sin decir palabra y una vez terminado me encaminé a la entrada. Afuera me esperaba Sebastian y a su lado, el anciano Tanaka. Aquello me sorprendió pero no dije nada. Confiaba en la astucia de Sebastian ya que Sebastian era más que un mayordomo. Marchamos a la residencia Middleford, allí nos esperaba Lizzy seguida por Ama Laura. Sus ojos brillaban y su sonrisa parecía inalterable.

-¡Buenos días Ciel! ¿Listo para conocer a mi amiga Susan? -Exclamó al verme dandome un efusivo abrazo. Lizzy es así, es muy extrovertida, a veces, eso puede ser peligroso. Laura y Sebastian sonreían observandonos a cierta distancia. Ambos consideraban que sería bueno para mí asistir a ese acontecimiento con Lizzy.

En la ciudad natal de la madre de la pequeña Susan, lejos de las altas y hermosas mansiones de los señoritos nacidos en cuna de oro y sabanas de tela plateada, uno de esos niños que perdió sus privilegios al ser condenado por un delito no cometido, por una malinterpretación por parte de sus más cercanos y sus seres queridos, o sea yo, diambulaba en busca de amigos, personitas que pudiesen apaliar el sufrimiento que la soledad causaba a mi pequeña y dulce Rose Lee. Plantando como siempre en una zona que bien podría ser denominada la de los artistas pues era la única en toda la extensa y circular plaza de la ciudad en la que se nos era permitido mostrar nuestro talento. Desde una joven violinista hasta un hombre tuerto que retaba a cuantos pasaban por su lado a adivinarles cualquier cosa. Un estafador sin dudas. Sin olvidar a este humilde titiritero. Mas de un niño deseaba quedarse a contemplar el pequeño espectaculo que ofrecía pero sus madres y padres se lo negaban. Los afortunados, niñitas en su mayoria, me miraban entre asustados y cautivados, a veces incluso se atrevían a tocar a mis pequeños actores para comprobar si eran o no muñecos. Preguntando con los ojos entornados y sus cabecitas ladeadas ligeramente sobre sus hombros:

-¿Están vivos como Pinocho? -

-¿Tú qué crees? -Les digo yo con voz suave. -Ellos son más que simples titeres. Son mis compañeros, mis amigos. -

Los niños sonrien, se vuelven complices por un instante. Ellos entreven lo que tienen que entrever, lo que los adultos no ven o no consiguen ver. Me entregan parte de sus asignaciones semanales y se van dando brincos cogidos de la mano por sus padres. Las horas pasan y pasan, diversas personas vienen y van por la plaza. Cuando llega la hora de irse, todos los artistas nos vamos sin dar un ruido. Quedarse más tiempo sería temerario pues la polícia suele tener la zona muy controlada. Estando ocupado en guardar a mi pequeño actor de ese día en su caja, especialmente hecha por mis manos para ellos, de madera, pintada con esmero. Un personaje insólito aparece ante mí. Alto, de aspecto distinguido. Trajeado, con bastón y sombrero de copa negro, todo cubierto por una larga capa oscura, tan oscura como su traje. Con sonrisa arrogante y mirada despectiva. Cabellos y barba de fuerte color marrón chocolate. Sus ojos son de un color vulgar, nada particulares. No necesita presentarse ya que sabe muy bien que le conozco. Golpeando el suelo con su brillante bastón dice:

-¡Ponte en pie! He venido a ofrecerte un trabajo que no querrás rechazar. -

Me levanto de mala gana, poniendome a su altura. Mi astucia me obliga a desconfiar, por lo cúal, no es sorprendente que le replique:

-Eso depende de lo que sea ese trabajo que me ofreces. -

-Qué desconfiado eres, Titiritero. -Dice él fingiendo sentirse ofendido. -Pues se trata de hacer una actuación para mi sobrina. Dentro de pocos días es su cumpleaños. ¿Lo rechazarías? -

Williams sabía como tentarme. Me quedé un rato meditando la oferta antes de aceptarla. Al y al cabo sería muy bien pagado. Nos estrechamos las manos para sellar el acuerdo. De inmediato me ví obligado a preparar en muy poco tiempo algo para la pequeña Susan y sus amiguitos. Sinceramente, la señorita Susan no fue la única maravillada en su fiesta. Encontraría a un viejo amigo, a un amigo cuya perdida me dolió muchísimo.

Charlotte, la mujer más cercana a una madre que un chiquillo maldito como yo hubiese tenido la suerte de tener, a falta de la madre propia, estaba frente a mí. Necesitaba hablar con alguien y como no había ningún hombre en que más confiase, me solicitó a mí.

-Nunca más. -Dijo. Las palabras salían de su boca todavía con rabia. -Nunca más volveré a acoger a desconocidos. -

-¿No? ¿Por qué?-Quisé saber. Me extrañaba que alguien como ella, dura pero compasiva a la vez, dijese aquello. Algo muy grave debía de haber sucedido en Circus Circus. -¿Ni siquiera a los que te supliquen asilo? -

-A nadie más. El cupo ha sido cerrado. -Respondió esforzandose por no gritar, por contener la angustia y la rabia al recordar lo sucedido hacía apenas unos tres días. -He acogido a demasiados monstruos a lo largo de todo este tiempo. -

Sus ojos se humedecíeron pero las lagrimas fueron reprimidas, por lo que no habían recorrido su hermosa cara. Aunque los años iban pasando, aún lucía hermosa. Hice un esfuerzo por animarla, parecía necesitar animarse más que nunca. Tomando su manos entre las mias, le recordé un gran acierto, un acierto llamado Viktor.

-Es posible. Vivis cerca del Infierno pero también has acogido en tu circo a gente buena, ¿o ya no recuerdas a nuestro mejor mago? -

-Viktor... -Pronunció su nombre y ante su mero recuerdo, rompió a llorar.

La miré sin saber que decir, que hacer. Estaba tán destrozada. Entre lloros, iría diciendome:

-Ohh Dios mio... Viktor... El bueno de Viktor... Aquel hombre joven que llegó poco después de la muerte de padre... -

Se pasó un buen rato llorando, llegando a un punto que me preocupó y enojó. Como el estrechar sus manos no le era suficiente, abrazada a mí lloraría hasta quedarse literalmente seca. Mi camisa acabó manchada del rimel que recorría sus mejillas aguado por las lagrimas. Cuando sus llantos quedaron en llantos secos y quebrados, poniendome muy serio, se lo pregunté, le pregunté por el monstruo que la tenía tán alterada. El monstruo que estaba rompiendo a mi dama de piedra. Su respuesta, con voz sollozante me dejó helado.

-Ese tipo al que todos por la zona del Infierno apodan Titiritero. -

No necesité que Charlotte me contase su encontronazo con él o que le había encontrado en plena faena. Antes de irme, le llevé hasta la sencilla cama que poseía en su caravana y la ayude a acostarse. Necesitaba descansar, olvidar todo ese asunto lo antes posible. Ella de algún modo se sentía culpable porque ella le acogió durante un tiempo como si fuese uno más de su enorme familia. Tenía talento y no solía llamar mucho la atención. Yo, como uno de los pocos chiquillos supervivientes, sabía de lo que era capaz y de como conseguía encontrar "amigos". Se me pusó la carne de gallina al recordar aquella vivencia. Yo debía de ser muy chiquito, todavía no habría cumplido los siete u ocho años. Estaba tán aterrorizado que no podía articular palabra. Se presentó ante mí como alguien que podría ser un gran amigo pero sólo si yo también mostraba ser un buen amigo. No supé comprender del todo a lo que se refería pero supusé que si me portaba bien se vería satisfecho. La presentación de Rose Lee fue un momento importante, decisivo. Ella no hablaba y tampoco se movía pero él decía que era debido a que estaba triste o enfadada. Era preciosa, de piel muy clara, ojos de similar color a los del titiritero que parecían desprender una profunda meláncolia y unos largos y cuidados cabellos entre color castaño y afrazán. Su vestido parecía hecho exclusivamente para ella, con bordeados y un conjunto de colores muy curiosos, como si se tratase de una artista de circo como yo lo era.

-Su nombre es Rose Lee. -Me indicaría el sentandose entre nosotros en el suelo.

He de admitir que no esperaba que Rose Lee, a la que yo consideraba un juguete más, alzase su brazo para extrechar mi mano. Me retiraría un poco con los ojos muy abiertos al principio pero ante la persistente y abrumadora mirada del titiritero le daría mi mano e incluso la trataría como a una niña normal. Cuando ella pasaba su puño cerrado suavemente sobre mi rostro, yo haría algo parecido sobre el suyo. Creí que Rose Lee era una de esas personas que sufren una demencia grave que las incapacita para moverse o interactuar con la gente porque al tocar su piel, su piel no parecía ni de porcelana ni de madera. El titiritero nos observaría sintiendo un gran gozo.

-Eres el mejor amigo que hemos tenido hasta ahora. -Exclamaría con gran felicidad en su rostro.

Si, estar junto a Rose Lee fue lo único bonito que puedo recordar. Hubiese dado todo lo que tenía por que ese momente se hubiese alargado pero el dijo que Rose Lee debía descansar, que en otro momento volvería a verla. Volví a encontrarme solo y asustado. Aunque ya no llevaba su cara maquillada de ninguna manera, seguía produciendome desasosiego.

-Estas siendo un gran amigo. Soy tán feliz... Sin embargo, todavía no me has mostrado tu aprecio. -

Esas palabras, el modo en que las dijo, me entró un mal presentimiento... Nunca me he parado a pensar en los otros amigos que no resultaron ser tán merecedores de ese honor. ¿Muertos? Seguramente. Fuí a enfrentarme al pasado una vez más. Fuí sin perder tiempo a visitar a Blackfield.











viernes, 8 de julio de 2011

Welcome To Hell KUROSHITSUJI



Bueno, bueno, va siendo hora de comenzar otra historia, más o menos, larga ^^ Éste vendría a ser el perseguido Titiritero de esta nueva historia, un Crossover entre Welcome to Hell y Kuroshitsuji pero ¿quién sabe? A lo mejor aparecen otros personajes de otros animes que me molan ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Como digo siempre, Welcome to Hell tiene una tematica MUY fuerte pero que suelo tratar lo mejor que puedo. Se compone de historias cortas, algunas hiladas y otras autoconclusivas. A los personajes principales ya deberiaís ir conociendolos, los canallas de UNIDAD y sus conocidos. No trateis de buscar logica a ciertos acontecimientos, os enredareis más, tán sólo prestad atención a la historia general que voy a tratar de narrar ^^ La historia irá narrandose desde diferentes puntos de vista. Ahora que ya hay algunos puntos aclarados, a leer ^^


En el lujoso y espacioso salón que Williams reservaba para eventos especiales, su hermana y su respectivo marido eran recibidos con una forzosa sonrisa por su parte. Williams, hombre de intachable reputación y de los mejores abogados de la ciudad, se esmeraba en dar buena imagen ante su cuñado, el cúal no conocía del todo al hermano de su amada esposa debido, sin duda, a que ésta nunca sería capaz de confesar como era en realidad su hermano mayor. Le resultaba incómodo visitarle por lo que procuraba no hacerlo a menos que fuese extrictamente obligado. Mientras su hermosa hermana tomaba asiento sin despagarse de su amado esposo, como si éste fuese el pilar que la sostenía y temiese caer, el astuto Williams fijaba sus ojos en él. Apenas sabía nada de aquel hombre de aspecto joven e ingenuo, bien vestido y con modales propios de un joven educado en la alta sociedad, al igual que él, su hermana y su hermano, fallecido. Poseía unos ojos de suave color castaño y su pelo en cambio era oscuro y muy sedoso. Le traía recuerdos perversos. La mirada de su hermana, dulce pero prohibitiva, le ayudaba a guardar esos recuerdos para luego.

-Mi querida hermana, ¿a qué se debe esta visita? Aún queda para Navidad. -Preguntó Williams ya sentado en su magnifico sillón de cuero. Su voz sonaba socarrona.

La dama carraspeó antes de responder a su malicioso hermano:

-Tán sólo venía a invitarte a la fiesta de cumpleaños de la pequeña Susan. -

-¿Así? -Replicó Williams fingiendo sorpresa. -Pensaba que no deseabas que la pequeña Susan conociese a su repulsivo tío. -

Las palabras de Williams la incomodaron, antes de responder, dirigió sus ojos claros a los castaños de su marido, como buscando un poco más de valor y le dijo:

-Y asi es pero los familiares de Stefan desean conocerte. -

El hombre asintió con la cabeza mientras sonreía timidamente.

-Mi padre ha oido hablar muy bien de Ud. -Le hizo saber. Su voz era agradable tán agradable como su aspecto.

-Bueno, en ese caso, tendré que ir ¿no crees hermana mía? -Zanjó Williams con una sonrisa pícara, la clase de sonrisa que se dibuja en el rostro de un niño travieso al contemplar a su hermano ser castigado. Williams sabía que su hermana en cuanto se casó se marchó lejos de la ciudad para no tener que volver a verle y para proteger de él a sus futuros hijos. Los tres se levantaron y caminaron hacía la entrada. Annette ni siquiera se despidió de su hermano, ayudada por su caballeroso y apuesto marido se enfundaría su abrigo y una vez llegado el carruaje que habían solicitado se marcharía de aquella mansión en la cúal residía el individuo más indeseable que hubiese podido conocer a lo largo de su vida. Ya dentro del carruaje, escuchando al cochero ordenar a los caballos ponerse en marcha. La pobre Annette incapaz de contenerse más, lloraría, tapandose el rostro con ambas manos. Su marido, su encantador marido, trataría de consolarla arrugando la frente.

Lejos, muy lejos, en la antigua Europa, un joven de familia de renombre, los Phantomhive, se encontraba siendo importunado por su joven prometida, la señorita Elisabeth Ethel Cordelia Middleford. Con suma alegría le comentaba que acababa de ser invitada a la fiesta de cumpleaños de una amiga de muy lejos, lo que al señorito Ciel le interesaba bien poco sin embargo escuchaba a la señorita Elisabeth fingiendo interés para no enojarla o entristecerla. La figura de un hombre alto y bien parecido se aproximaba a ellos, todo vestido de negro, abotonado, con unos guantes blancos portando con exquisita elegancia y habilidad una bandeja redonda con dos tazas de humeante té en su interior. Con una sonrisa, sin decir apenas palabra, depositó ambas tazas en las manos de ambos niños.

-Lo que la señorita le propone parece divertido. ¿No lo considera así mi señor? -Le dijo mirando a la señorita Elisabeth, que sonreía complacida de que alguien estuviese de su parte. El joven amo replicó:

-Tengo asuntos más interesantes que atender y lo sabes, Sebastian. -

-Si Ud lo dice. -Le contrarió sin perder sus buenos modales aquel mayordomo, pues ese hombre era un mayordomo, antes de irse dejando de nuevo solos a los niños.

La señorita Elisabeth observó callada a su prometido, era un jovencito tán serio, en pocas ocasiones le veía sonreir sinceramente. Su aspecto era distinguido y muy formal, no le gustaba vestir colores bonitos y alegres como el rojo, el anaranja o el amarillo. Sus cabellos eran negros como la noche pero sus ojos eran de un azul intenso como el mar llegado el anochecer. En general era muy guapo, ¿qué se podía esperar de un Phantomhive? pero el parche negro que ocultaba su ojo izquierdo le confería un aspecto sospechoso.

-Entonces, ¿no vendrás conmigo a la fiesta de Susan? -Quisó saber Elisabeth con ojos humedecidos y voz temblorosa.

-No tengo invitación. -Terció Ciel molesto de que Elisabeth continuase insistiendo.

-Oh si es por eso, no importa. Diré que vienes conmigo. -Exclamó la niña recobrando alegria.

Tras varias excusas más el joven Ciel viendose desarmado por la señorita Elisabeth acabó cediendo aunque no fue tarea fácil. Elisabeth corrió hacía Laura, su cuidadora y le comunicó que Ciel finalmente había aceptado ir con ella a la fiesta.

-¿Lo ves? En el fondo al señorito Ciel también le gusta divertirse. -

-Aunque cualquiera lo diría. -Se permitió añadir Sebastian con una sonrisita burlona.

En el Infierno, donde nosotros solemos vivir y convivir, una mujer mantenía una brusca disputa con un hombre. Esa mujer era Charlotte, jefa y artista del Circus Circus, lugar en que el arte, la magía y diversos talentos convivían y daban lo mejor de sí mismos para entretener a las gentes, desde los habitantes del Infierno hasta los ciudadanos de más alto nivel. El hombre, ese hombre, no era más que otro monstruo de los diversos monstruos que poblaban la zona. Inteligente, meticuloso y con demasiada imaginación. En palabras del propio R, que se moría de ganas de examinarle, un enfermo mental con unos gustos muy extravagantes. Decía buscar amigos, amigos que le comprendieran pero en nuestra opinión, buscaba lo que todos los monstruos buscan. Saciar deseos desestructurados. Charlotte acababa de descubrirle y no parecía muy satisfecha.

-¡Desgraciado! -Le gritaba. -¡Debería haberte denunciado en cuanto desapareció el primero de mis más jovenes artistas! -

-¡¿Si?! ¡¿A quién?! ¡¿A la polícia o a sus padres?! ¡Conmigo están mejor! -Le respondía alzando la voz superando los gritos de la cada vez más y más furiosa Charlotte. Mujer de armas tomar, hermosa y luchadora. De curvilineo cuerpo, sonrisa que te derrite y larga cabellera negra azabache. Con una vida dura, varias perdidas importantes a sus espaldas y un circo como único hogar y familia. Sus ojos echaban chispas y sus puños estaban cerrados con tanta fuerza que le dolían las manos. Lo que salía de la boca de ese hombre era más que repugnante. Él realmente creía en lo que decía. ¿Cómo podía mostrarse tán inocente, tán niño cuando estaba claro que era un hombre corrupto, un monstruo? No le iba a permitir entrar en su juego.

-¡Eso es mentira! -

Sus voz se elevó hasta dejarla casi afónica. Esa voz que en ocasiones podía sonar tán armoniosa. Él se esforzaba en defenderse, en exponer lo que él consideraba que hacía correcto:

-¡Les alimento! ¡Los doy ropa bonita! ¡Les demuestro mi afecto! -

¡Basta! ¡No sigas! ¡Lo que tu tratas de hacer parece normal pero no lo es! -Le interrumpía finalmente con lagrimas en los ojos pues lo que algunos chiquillos supervivientes contabamos era bien distinto. El hombre calló consciente de que ella tampoco lo entendía, por lo que sus palabras no servían para nada. Antes de irse al ver como Charlotte se ponía en cuclillas sollozante, le ofrecería un pañuelo. Ésta lo rechazaría gritando con la poca voz que le quedaba:

-¡Vete y no vuelvas por aquí nunca más! -

El hombre salió y efectivamente no volvió a actuar por allí más. Al verle caminar por la calle uno nunca hubiese podido imaginar la clase de persona que era. Su aspecto era más bien sencillo, camisa clara, chaleco de tela oscuro y pantalones anchos de similar color al chaleco que llevaba abierto totalmente. Sus ojos no eran excesivamente grandes pero si se apreciaban marrones, tán marrones como la madera proveniente de cualquier roble. Su pelo no se desordenaba, era sumiso a las ordenes de su amo pasadas sus manos sobre él. Un castaño tán claro que a veces era tomado por rubio. Tenía buen cuerpo, no muy alto. Piel clara y rostro anguloso. Un tipo en principio normal, que te podías encontrar en cualquier tugurio del Infierno. Las prostitutas solían tentarle pero nunca lo atraparían. Los traficantes, curiosamente, si, si despertaban su atención, claro que la droga no solía ser para él. Sus pedidos eran de los difíciles, por lo que más de una vez, muchos tuvieron que mejorar sus mercancias. Un tipo vulgar pero imposible de engañar. Así era el Titiritero.

miércoles, 6 de julio de 2011

LÍBRANOS DEL MAL



Antes de ponerme a escribir de nuevo, me gustaría recomendaros un libro que me leí en tres días y medio y que me encantó, Líbranos del mal.


SINOPSIS:

En pleno siglo XIII. En un pequeño pueblo francés. Un niño al que se le atribuyen poderes sanatorios desaparece misteriosamente...

El párroco de un pequeño pueblo francés y un investigador en Roma se han propuesto resolver dos misterios. El primero ha sido herido por unos enigmáticos hombres de negro que han secuestrado a un niño investido con el don de la curación; el segundo investiga la muerte en extrañas circunstancias de cuatro cardenales. Las dos historias avanzan de forma paralela. Inmersa en un período histórico muy turbulento, La Iglesia ha decidido afanzar su poder utilizando los dones sobrenaturales de cinco niños.


OPINIÓN PERSONAL:

Muy pero que muy recomendable. Ha sido comparada incluso con la magnifica novela En el nombre de la rosa. La idea de que la historia parta desde dos acontecimientos que luego se entrelazan me encantó, me recordó a David Lynch pero un David Lynch detectivesco, correcto y detallista. Muy bien ambientado y con personajes que a lo largo de la historia se te hacen o muy queridos y muy odiados al descubrir de la mano de los dos protagonistas sus verdaderas intenciones. Hacía tiempo que no leía una historia tán absorbente...


MUY RECOMENDABLE

viernes, 24 de junio de 2011

WeLcOme To HeLL DEMONS



Bueno queridos mios y mias, durante dos semanas os dejare tranquilos XD Me voy de vacaciones unos dias, luego os contaré... Conque hasta que regrese ^^ Ahora con el post ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Durante estos días iré preparando algunas historias o bueno, iré escribiendo pa que no se me vaya de la cabeza el FanFic estoy preparando... Me va a dar un poco de cosa escribir ciertas cosas pero bueno XD Todo es en plan protesta òó

La advertencia de siempre, tema chungo pero que procuro tratar con delicadeza ^^'

Narrado según distintas perspectivas ^^


Las introducciones grandiosas nunca han sido lo nuestro. Nosotros, especialmente yo, nos limitamos a contar acontecimientos sorprendentes de un modo que pocos acaban comprendiendo pero podriamos empezar contando que Juliette no sólo atrapó a unos cuantos lobitos malos, en su admirable cruzada se metería en un terreno aún más peligroso... A ciertas personas perversas o alejadas del camino que Dios ofrece las damas de buen hacer les gritan a la cara comunmente adjetivos como demonio o seguidor del diablo. A mí me lo habrán mencionado tantísimas veces, sin embargo, las apariencias engañan. Muchos de sus amados maridos son los verdaderos oradores del diablo pero eso es algo que sólo sabemos nosotros, los residentes del Infierno.

Nuestro ya de por sí infernal terreno se llenó de curiosos elementos durante un largo tiempo. Supongo que algunos de ellos aún seguirán por aquí pero dudo que los buenos y temerosos ciudadanos los reconozcan como esas diabolicas criaturas que aparecen en las historias de terror. Lautremont ya se lo comentó a Jack N.

-Jack, amigo mio, los señores del Infierno van a hacernos una visita. -

-¡Estupendo! Entonces habrá que preparles algo salvaje. -Bromearía Jack N.

La gente no se lo tomó muy enserio que digamos pero Lautremont ya había cumplido con su misión de advertir a las gentes sobre ellos y lo importantes que eran o que podían ser. Lautremont no tenía pinta de satanico ni lucerano ni nada de eso pero le gustaba leer toda clase de cosas, desde cuentos infantiles hasta las investigaciones más complejas de algún individuo prestigioso. Su biblioteca era increible, una maravilla, encontrabas esa clase de libros que no debías encontrar. Comprensible que acogiese con agrado a alguno que otro. Uno de los que se pasaría por su hogar, sólo pasaría en busca de su señor, aquel humano que le había invocado logrando sobrevivir y con el cúal había hecho un fuerte pacto. Un tipo bien parecido, de cabello oscuro, ojos castaños sangrantes y vestido como un mayordomo. Para Lautremont fue toda una sorpresa ya que los otros demonios con los que había tenido contacto nunca aparecieron ante él vistiendo ropas de mayordomo o sirviente. Claro que uno de ellos era terriblemente arrogante. Descubrimiento de Williams unos cuantos años atrás, jugando con la magía negra. Un tipo interesante. Siempre vestido de negro adoptando la identidad de maestro y amo de la magía negra, gran orador, ojos penetrantes y oscuros como la noche, un magnifico oponente en cualquier juego al que se le desafie. Le llamariamos Rasputin pero eso no sería correcto, en su lugar nos referimos a él por el nombre de Szador. Cada demonio tiene una visión muy distinta de lo que significa seguir el camino del diablo. Cada demonio tiene un modo de vida y de conseguir almas muy diferente también. Yo no soy un demonio pero por algún motivo que me complace varios de ellos creen que sí. La llegada de esos oscuros individuos trajó cosas muy excitantes pero muy malas a su vez. Mucha muerte y mucha locura. Muchos ya no lograban distinguir la realidad de la ilusión. Otro demonio que llamó mi atención y creo que yo la suya fue uno de esos con historia, ancestrales, lejanos pero siempre poderosos. Un genio del engaño, un genio retorcido con aspecto de joven y encantador caballero de rojas ropas.

La época más oscura y demoniaca que se vivimos en El Infierno y todo gracias a la curiosidad de unos cuantos ricachones y a la desaparición de un joven adinerado londines.

miércoles, 22 de junio de 2011

FanFic Slayers THE PATH TO DECAY


El sonido que de niño calmaba su inquieto corazón ahora lo incrementaba. Era algo que tarde o temprano tendría que aprender a esconder. Nos convertimos en dos desconocidos, ninguno confiaba verdaderamente en el otro. Eso me producía dolor pero debía de haberme convertido en un adicto a él porque cuanto más se alejaba de mí, más cerca deseaba tenerlo. Alejados de mis otros subordinados, individuos a las ordenes de Zelgadiss, él me ponía al corriente de sus progresos, despúes comprobabamos juntos los hallazgos. Tanto Zelgadiss como Dilgear eran los hombres del grupo más talentosos, cautelosos y fuertes. Brillaban con luz propia, con o sin quererlo, obedientes pues al ser los mejores, era a los que mayor responsabilidades les exigía. Sin embargo, el hechicero que Zelgadiss trajó consigo por propia voluntad tenía posibilidades de alcanzar ciertos meritos. Leerme uno a uno, pagina por pagina los libros conseguidos recientemente y relacionados con mi inminente interés hacía el Orihalcon era una pesada labor para Zelgadiss pues las letras eran pequeñas y el contenido muy superior a lo que Zelgadiss pudiese haber leido hasta ese momento más con gran resignación los leía en voz clara y alta hasta secarse sus labios. Su actitud aunque servicial era fría, se esforzaba mucho en ponerse a mí nivel. Si ya no sintía cariño o aprecio en mis palabras, yo en las suyas tampoco lo percibiría. A veces intentaba mostrarme afectuoso pero Zelgadiss notaba que realmente no sentía lo que trataba de sentir.

-Ya has leido suficiente por hoy. Regresa con los demás y toma un merecido descanso. -Le interrumpí posando una mano sobre el libro, el cúal se encontraba abierto más allá de por la mitad. Zelgadiss con voz cansada replicó:

-Es importante para tí. Debería seguir un poco más. -

Tuve que mostrarme firme con él de nuevo.

-He dicho que ya basta por hoy. -

Zelgadiss no volvió a replicar aunque lo hubiese deseado. De todos modos, se encontraba cansado, ya era muy tarde. La única habitación que aún seguía iluminada era en la cúal estabamos. La vela pronto sería consumida totalmente por la impetuosa llama que no parecía haberse agotado. El pesado libro fue cerrado en cuanto Zelgadiss memorizó el número correspondiente a las paginas en las que había cesado de leer. Zolf, el hechicero, dominador del poderoso hechizo de Magía negra Drag Slave, era el único hombre que todavía permanecía despierto al llegar hasta la casa principal en la que mis hombres se reunían. En cuanto avistó a Zelgadiss corrió hacía él y darle una sonora bienvenida pero al verme a su lado, contuvo sus ganas.

-Aqui os traigo de vuelta a Zelgadiss. -Dije a Zolf separandome de Zelgadiss. -Procura descansar. Mañana pasaré a por ti temprano. -Le recomendé a Zelgadiss a modo de despedida.

La bola de luz que nos había servido de guía se quedó con Zelgadiss. Un hombre que no puede ver la luz no encuentra de la misma importancia que uno que si la ve. Mi figura se desvaneció en la oscuridad. Zolf agarró a Zelgadiss pero Zelgadiss se negó a ser ayudado.

-Puedo llegar hasta el campamento por mí mismo. -Le indicó.

Zolf se disculpó y le siguió. Zolf tán sólo intentaba hacer su trabajo lo mejor posible, al fin y al cabo ¿no formaba parte de ese trabajo, ayudar a su jefe si lo veía en apuros? El se sentía como una especie de escudero ya que Zelgadiss debía ocuparse de él. Vigilarlo, atenderlo o lo que él considerase. Para Zolf era normal preocuparse por Zelgadiss. Le doblaba la edad y nunca llegaba a hacerse del todo a la idea de que Zelgadiss mandase sobre tantos hombretones como él. Un día, Zolf se me acercó para confirmar sus suposiciones acerca de Zelgadiss.

-Señor Rezo, ¿es cierto que Zelgadiss era un joven que hizo un pacto con un demonio? -

Su pregunta me resultó tán ridicula como inapropiada viniendo de un hechicero, uno que era capaz de controlar el Drag Slave, uno que habría estudiado con gran entrega y cuidado las bases de la Magía negra. En fin, me esforce en controlar las ganas de reirme en su cara. Un hechicero de su nivel ya debería saber que los demonios no hacen tratos, sólo destruyen.

-¿Un pacto? ¿Con un demonio? Dudo mucho que eso sea posible. -

-Bueno... No sé... Los muchachos y yo creiamos que era por eso que Zelgadiss... -Iba a exponerme pero no le dí oportunidad de continuar.

-Dile a tus imaginativos compañeros que precisamente ellos no son quienes para ponerse a preocuparse tanto por el aspecto de Zelgadiss. -Con esas palabras daría el tema por zanjado.

Claro que Zelgadiss se moviese por donde se moviese siempre se obligo a ir bien tapado, enseñando lo menos posible su aspecto de quimera. Otro motivo por el que sus ganas de sociabilizarse se marcharon. Claro que hablando de ello frente al propio Zelgadiss, Zolf, llegó a la conclusión de que Zelgadiss, fuese lo que fuese o hubiese hecho lo que hubiese hecho, era el jefe, un jefe merecedor de su puesto y de que esas cosas que se murmuraban sobre él eran mentiras salidas de la boca de algún envidioso.

-Para ser un hechicero que sabe utilizar el Drag Slave, a veces parece no tener muchos conocimientos sobre Magía negra. Espero no estar equivocandome con Zolf, si descubro que lo que me dijiste es una patraña, no tendré otra que deshacerme de él. -Le he recalcado a Zelgadiss en más de una ocasión. -No me gusta acoger inútiles. -

Zelgadiss y Zolf tuvieron un comienzo un tanto particular pero a la larga se han ido haciendo muy amigos. Zolf ha acabado por aceptar su lugar y ha comenzado a trabajar tán sólo fiandose de Zelgadiss, es algo que no me molesta. Siempre y cuando el uno como el otro no olviden quien es el que manda sobre ambos. Rodimus es un verdadero escudero y como tál sé que seguirá hasta la muerte a Zelgadiss. Sí, nuestra relación se retuerce sin embargo ha alcanzado a adaptarse como bien pudiera hacer un animal enjaulado a la espera de una oportunidad para liberarse.







domingo, 19 de junio de 2011

FanFic Slayers VICTORIAN SLAYERS IV

Ay qué tres XD Bueno aqui tendriaís a la pareja protagonista y a la hija de Xelloss y Philia, mitad dragón, mitad demonio XD De cuidado ^^ Espero que os guste, a mí manera ^^



NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Vale, no tengo ni idea si Hajime Kanzaka ha dicho algo sobre si los demonios pueden o no reproducirse o lo hacen en plan incubus y sucubus pero yo creo que si podría aunque claro de un modo violento y desagradable porque a ellos les atrae las emociones negativas ^^' No soy la única fan que lo cree pues en un gran FanFic sobre la busqueda de Zelgadiss de su cura, aparecen personajes que son los hijos de Xelloss XD Ella en mi historia sólo aparece hablando con su padre informandole de que el circulo magico creado al resucitar a Shabragnigudu aún no ha perdido su poder y de que si llevan hasta él a Rezo Di Saillune hasta él, la nueva invocación funcionará como ellos desean. Si, ya llega la parte en la que hay lucha, he tenido que añadir más eventos jeje pues la historia original queda insificiente... Con diversos puntos de vista ^^


-¡Oh Xelloss! Traigo grandes noticias. -Anunció postrandose en el sucio suelo de aquel callejón de la ciudad una chiquilla de vestimenta amplia y andrajosa, toda de colores o grisaceos o oscuros pero no tán oscuros como sus cabellos. Dos largos mechones oscuros ocultaban sus afiladas orejas similares a los de su madre sin embargo su perfecto flequillo era más parecido al de su padre. Ojos brillantes y expresión traviesa hacían juego con sus oscuros cabellos. Xelloss abrío un ojo y dijó:

-¿Sí? Significa eso que el circulo magíco de invocación aún podría volver a ser usado. -

-¡Así es! Sólo tendría que decir las palabras de poder adecuadas... ¡Lo que El monje rojo hiciera! -Confirmó la niña al demonio. -¿Crees qué será capaz de hacerlo? -

-Con la motivación adecuada, no me cabe duda. -Le respondió Xelloss. Demonio-sacerdote de la antiguamente conocida Zellass Metallium, otro demonio de gran poder, cercano al Rey demonio Ojos de Rubi. Ahora que ya estaba comprobada esa parte del plan, tenían que conseguir completarla llevando hasta el circulo al joven Rezo. La propuesta ya estaba hecha, ahora el demonio-sacerdote debía esperar el movimiento del joven...

Los demonios deseaban realizar ese segundo intento ya que este Rezo parecía unido de algún modo u otro a Shabragnigudu y estaba vivo, es decir el alma no había sido manipulada ni separada del cuerpo mediante la magía. Este alma no sería llevada a otros cuerpos, por lo que los demonios más osados trás una larga investigación y busqueda iban a despertar a su oscuro señor de nuevo. Claro que al igual que a mí me costaría demostrarle que todo eso era real, para ellos tampoco resultaría fácil obtener su cooperación. Me encontraba esperando tranquilamente en el salón que tenían para invitados cuando apareció con expresión crispada. Me miró y aunque esa crispación fue menguando, en sus ojos aún se apreciaba disgusto. Al avanzar hasta donde yo me encontraba, disfrutando del calor que proporcionaba el fuego en la chimenea. Me lanzó una pregunta muy directa-¡Tú eres la muchacha del otro día! ¿Cómo has sabido dónde vivo si no recuerdo habertelo mencionado? -

Levantandome de un salto, le respondí:

-Sí y estoy aquí porque deseaba entregarle algo bastante importante. -

Mi voz no sonó como me habría gustado pero en cuanto sacase los documentos y los pusiera en su mano todo habría acabado. No volveriamos a vernos y mi vida retornaría a la normalidad. Una normalidad gris y solitaria en mi casa abandonada o entre rejas. La señorita Amelia, que se encontraba en el otro sillón ante esa brusquedad por parte de su encantador hermano, preguntaría con voz suave pero asustada:

-Hermano, ¿ha ocurrido algo? Ella tán sólo venía para entregarnos unos documentos que pertenecieron a nuestra familia. -

-Si tanto te preocupa el modo en que he encontrado tu casa, no tienes que preocuparte, el encargado de la biblioteca me lo dijo. -Acabo diciendole, a ver si eso le calma un poco.

Coge los papeles amarillentos y se deja caer en el elegante sofá oscuro de piel.

-Perdonadme. Es que acaba de sucederme algo muy extraño y estoy un poco nervioso. -Se disculpa lanzando el viejo libro que su supuesto tío Phillionel acaba de regalarle a la mesa que esta en mitad de los sillones y el sófa.

-No importa. De todos modos una vez entregados esos papeles, yo ya no tengo nada que hacer aquí. -Le digo mostrandole una dulce sonrisa preparandome para irme pero su siguiente pregunta me obliga a quedarme más de lo esperado.

-¿Y dices qué pertenecieron a nuestra familia? Todos los documentos reales están en la biblioteca. -

-Lo sé pero verás. -Hago un gran esfuerzo por explicarle mis suposiciones. -Estos documentos han sido descubiertos hace poco en Sairaag y trás una intensa investigación, creo que los dueños más indicados sois los Saillune porque El rey Zelgadiss estuvo ligado de alguna manera a Rezo, El monje rojo. -

Amelia exclama triunfante:

-Te lo dije. Zelgadiss trabajaba para El monje rojo antes de conocer a la princesa Amelia. -

Amelia me mira como buscando mi confirmación, yo simplemente digo:

-Es muy probable. Echadle un vistazo y si no os corresponde. Llevadlo a la biblioteca. -Sugiero mientras me marcho. Rezo me acompaña hasta la puerta de entrada.

Nada más marcharse esa muchacha pelirroja, me pongo a echarle un vistazo como a los documentos que me ha entregado. Zelgadiss una vez coronado rey nunca volvió a hablar sobre su pasado, ni siquiera a sus amados hijos. Cuesta hacer un seguimiento adecuado a tu historia familiar cuando se conoce tán poco de uno de tus ancestros. Tán sólo se puede jugar a suponer eventos y con imaginación, ir enlazando personas. Buscó una vela nueva, la enciendo y sentado en mi escritorio, me sumerjó en la lectura de los textos. Todavía no alcanzo a comprender como puedo ser capaz de leer algo que parece tán antiguo, quizás no sea debido a que comprendo esas letras, quizás sea debido a que es algo que ya he dicho. Me encuentro ante algo que no parece racional, algo que además de parecer importante, me acabará consumiendo. A la mañana siguiente salgo bastante apurado para recibir la primera clase. El eminente profesor y medico que la imparte ya ha comenzado a explicar los pasos que esta realizandole al presumible paciente, cadaver cedido por algún familiar amante de la ciencia y la medicina. Muchos apartan la mirada cuando comienza a exihibir los organos que acaba de diseccionar, otros se esfuerzan en no vomitar llevandose ambas manos a la boca. Yo, yo simplemente observó y tomó notas, sin decir palabra. A veces mis compañeros piensan que no soy como los demás, que soy un tipo extraño pues esas cosas no parecen inmutarme. Para relajar un poco las mentes, solimos ir a visitar al Hada verde, que se nos es ofrecida en un establecimiento que muy pocos conocen. Ese hada ha de ser muy perfida pues aunque me ofrece una nueva visión de las cosas, no me provoca nuevas o bonitas ensoñaciones. Aviva las que ya sufro volviendolas tán intensas que me cuesta saber que es sueño y que es realidad. La que experimento en ese momento me deja con los pelos de punta, no la recuerdo bien pero las palabras que escribo antes de que el efecto se desvanezca no me agradan.

"Es verdad, deposito demasiada confianza en él. No me trae lo que realmente deseo, tán sólo más hombres de los que desconfiar. ¿No se da cuenta de que es un trabajo exclusivamente para él?"

Vuelvo a leer los documentos y con la libreta al lado, me pongo a comparar ciertos detalles. Me guste o no, esa muchacha pelirroja y yo tenemos que hablar con mayor profundidad sobre esos papeles...

Por muy agradable que me resulte su presencia, esto tendría que haber acabado. Mi misión ya ha sido cumplida sin embargo aquí estamos, sentados en un banco haciendo comparaciones, compartiendo deducciones contemplando los documentos que le entregué, un antiguo libro y una libreta que usa para tomar notas durante sus clases de anatomia humana. El viento esa tarde sopla suavemente, meciendo las hojas de los arboles que caen sin apenas hacer ruido. Todavía no ha llegado la primavera, el invierno va surgiendo sin resulta aún pesado.

-¡¿Qué son todos estos garabatos?! No entiendo nada. -Pregunta señalandome algunos dibujos realizados en su libreta.

-Son simbolos. Algunos hechizos requieren de simbolos como estos. -Le explico mientras él me mira con expresión de no comprender nada. -Aunque también existen hechizos que no los necesitan. -

-¿Hechizos? Qué tonteria. -Refunfuña.

Me siento ofendida. Que alguien con la misma sangre de Rezo, El monje rojo, ni comprenda ni aprecie la magía me parece algo muy ofensivo ya que El monje rojo fue un hechicero poderosísimo. Intento no cabrearme demasiado con él y proseguimos con la lectura y estudio de todo lo que llevamos encima. Él me comenta que no cree en la magía aunque su familia sepa utilizarla y la haya utilizado durante varios siglos pero también me dice que el día que la ciencia le fallé, quizás comience a estudiar magía blanca.

-Para no estar interesado en la magía ni en las razas inusuales como los dragones, conoces las clases de magia que existen. -Suelto sorprendida y muy agradada.

Rezo se encoge de hombros y dice:

-Bueno, es natural, Seillune antes fue considerado la ciudad de la magía blanca. No sería apropiado que la familia real no supiese usarla. -

-Me ha costado muchísimo descubrirlo pero ¿sabías que El monje rojo era muy bueno tanto con la magía negra como con la magía blanca? Curaba enfermedades terribles. -Comparto con él.

-Pero nunca logró curar sus propios ojos. ¿Qué clase de hechicero no es capaz de algo así? -Me pregunta dejandome sin saber que responderle.

-Creo que fue gracias a eso que se volvió un poco loco. -Dije y de inmediato cambie de tema. -A mí me gusta mucho la magía. Se me da bastante bien, permiteme demostrartelo. -

Me levante, agite un poco los brazos y me fuí preparando para crear una bola de fuego controlable pero la subita aparación de un joven con aspecto extraño me dejó tán sorprendida que perdí la concentración. Rezo al disiparse el oscuro humo del que emergió gritó:

-¡Eres el impostor de antes! ¡¿Qué demonios quieres de mí ahora?! -

-Ya deberías saberlo. ¿O no recuerdas lo que te dije? -Dijo con tono de voz que parecía pretender ser meloso pero resultó burlón. -Has leido el libro ¿no? Ahora te toca venir conmigo. -

Rezo dirigió sus ojos hacía el libro y los papeles amarillentos que tenía sobre las rodillas. Yo le miré por el rabillo del ojo. Si no creía ni veía de utilidad la magía, por el momento, por quéU ese tipo le buscaba. Elemento que no sólo conocía la magía, con ropajes oscuros excepto lo poco que se podía apreciar de su camisa. Rostro risueño y de piel muy clara con una melena impropia en un caballero de alta o baja clase. Portador de un bastón con una gran joya roja enroscada en la parte alta de éste. La clase de bastones que uno puede encontrar en un museo como última evidencia de la existencia de los llamados grandes sabios.

-¿Conoces a este tipo? -Quise saber poniendome en guardia. Desconfiaba de él y a juzgar por el grito que Rezo le lanzó, a Rezo tampoco le caía del todo bien. -¿Es el que te dio el libro? -

Asentí poniendome muy tenso cerrando el libro con los documentos en su interior. El mismo que se había echo pasar por mi apreciado tio y me había lanzado una inimaginable propuesta. Como si fuese fácil conseguirlo a pesar de ser consciente de que puede ser logrado pero a paso muy lento. Metiendo el libro en su bolso, que permanecía a mí lado, levantandome le comunique al igual que se lo había comunicado a Lina, la muchacha pelirroja, mi negativa ante una solución que no fuese cientifica.

-Tienes razón. Supongo que has venido de busca de mí respuesta a esa propuesta que me lanzaste. He leido algunas partes de ese libro pero como hombre de ciencia que soy no voy a aceptarla, prefiero cumplir mi deseo por otros medios. -

Tanto él como Lina me miraron. Lina incluso me aplaudió y exclamó:

-¡Así se habla! No aceptes nada que este tipo te ofrezca. ¡No parece ser de fiar! -

-¿Tanto se nota? -Bromeó y sin que pudiesemos comprenderlo, nos atacó. La joya que poseía su bastón de madera brilló fuertemente y apuntando hacía nosotros, una especie de rayo negro salió de él. Lina, que se encontraba más cerca, lo único que pudo hacer fue cruzar sus brazos sobre la cara apartandola con los ojos cerrados. Sonará raro pero en aquel momento creí vivir un deja vu, es decir, creí haber vivido una situación así antes. Cerré los ojos y moviendo las manos, algo surgió entre el rayo negro y Lina. Invisible pero protector al rededor de ella.

-¡Increible! ¡Esto es una barrera magica! -La escuche gritar tán sorprendida como contenta de seguir con vida.

El tipo se mostró entre sorprendido y molesto pero no volvió a atacar, Lina no se lo permitió. Apretando los dientes y juntando las manos gritaría con todas sus fuerzas:

-¡Ahora verás! ¡Bola de fuego! -

Un intensa llama uniforme surgió de sus manos adaptando con rapidez una forma similar a la de una bola, una bola de un tamaño bastante grande, que le sería mandada con toda la furia de Lina al tipo del bastón, el cúal se protegió como bien logró. Lina se pondría el bolso y agarrandome del brazo me haría correr como jamás había corrido en la vida. A pesar de la seriedad del acontecimiento, exclamó con una sonrisa pícara:

-Eso que acabo de realizar es magía. Si la usas bien, es genial. -

-Si tu lo dices. -Le dije yo sin aliento.

Llegando al lugar más seguro que encontramos por esa zona, me esforce por recobrar un poco el sentido...

Rezo y yo llegamos al templo, el único que poseía la ciudad. Templo muy frecuentado en la antiguedad, que ahora no era más que un monumento más para la gran mayoria de ciudadanos. Rezo se llevó las manos a la cabeza mientras caminaba por la amplia parte en la que nos encontrabamos. A mí entender, la parte que era permitida visitar y en la que tanto sacerdotes como ciudadanos de a pie rezaban sus plegarias al Dragon Rojo Ceiphied. Recordando algunas cosas que mi hermana solía contarme de pequeña sobre la valiente Lina Inverse y la clase de enemigos a los que se enfrentaba, un escalofrio recorrió todo mi cuerpo.

"¿Y si ese tipo es un demonio? ¿Aquel que solía andar con Lina Inverse de vez en cuando?"

-¿Te encuentras bien? No tienes buena cara. -Me preguntó Rezo sacandome de mis pensamientos. Mi rostro debió de palidecerse demasiado.

-¿Qué? Oh sí, tranquilo, sólo estaba pensando. -Le contesté sonriendo y meneando las manos. -Puede que ese tipo sea un demonio, además uno bastante fuerte. -

-Cualquiera lo diría aunque eso explicaría la propuesta que me formuló. -Resopló Rezo.

-Veo que todavía no concibes que todo esto sea real. Te guste o no, la magía es algo que forma parte de tí, tarde o temprano tendrás que utilizarla y aceptarla. ¡Cómo ha pasado con la barrera magica! -Me puse a darle un sermón sobre magía. Durante todo el tiempo que estuvimos juntos no pude evitar lanzarle un montón de esos sermones. Él me escuchó y con una sonrisa cansada acabó aceptando mi sermón.

-Prefiero la ciencia pero si como dices, aquella cosa que te protegió fue obra mía usando magía, empezaré a valorarla un poco. -

Me alegro oirle decir eso, a pesar de que su voz sonó cansada y resignada. Desde ese momento, me propuse enseñarle los conceptos claves de la magía, de las distintas clases de magía. Mi pupilo resultó ser un gran hechicero, en pocas lecciones, acabo superandome. Eso me enojaba pero se me pasaba cada vez que decía esto:

-En mi vida he oido o he hecho esta clase de cosas pero últimamente tengo la impresión de que a lo mejor en otra vida sí. -

Luego se sonrojaba, se pasaba la mano por la cabeza y no volvía a decir nada al respecto. Como si mostrar sus sentimientos fuese algo vergonzoso o que no debe hacerse. Pasado un buen rato, se marcharía a su casa. Tenía una hermana a la que atender y temía que a ese tipo se le ocurriese aparecer en su hogar y hacerle cualquier cosa...

Antes de separarme de ella, sacando el libro antiguo, me dijo:

-No olvides esto. -

-Puedes quedartelo. Serán de mi familia pero yo no los quiero. -

Ella insistió. Aunque me lo acabe llevando conmigo, a la mañana siguiente, nada más salir de clase, los llevé a la biblioteca. El encargado me agradeció de todo corazón que hiciese ese aporte sin pedir nada a cambio. Me juró que allí estarían en las mejores condiciones posibles. Yo, encogiendome de hombros, le dije:

-Eso ahora depende de Uds. -

Al salir del gran edificio, una chiquilla de pelo oscuro, ojos brillantes y apenas mayor de seis o siete años, se me acercó.

-¿Por qué ha hecho eso señor Rezo? Es que teme que esos documentos le confirmen lo que anda últimamente temiendo. -Me preguntó.

-¿Lo qué ando temiendo? -Repetí. -¿A dónde quieres llegar pequeña? -

-Que esos sueños y visiones que no cree reales hayan sido reales. -Me respondió sonriente. -Zelgadiss no fue un simple ayudante o un simple sirviente. Zelgadiss fue mucho más que eso para El monje rojo. -Añadió dejandome de piedra.

-Eran parientes. -Murmuré a pesar del grueso nudo que se me hizo en la garganta. -Entonces, yo y Amelia... Espera un momento, en el libro ni en los documentos se dice nada de eso. -Añadí retomando confianza.

-Pero Rezo probablemente guardase alguna cosa que si lo demuestra en su torre. -Me informó y como por arte de magía se esfumó. Pestañeé de nuevo pero ella ya no estaba.

No había necesidad de rebuscar en el pasado pero deseaba darle una respuesta logica a la aparición de mis sueños y al hecho de que fuese capaz de hacer grandes conjuros con apenas escuchar dos o tres cosas sobre ellos. Si los demonios me veían tán valioso como al Monje rojo, debía saber por qué. O simplemente, muy en el fondo, deseaba poder rellenar correctamente ese gran agujero correspondiente a los familiares de Zelgadiss. Ellos también merecen aparecer en nuestro árbol genialogico. Con todas y con esas, Amelia tenía que ser mí principal ocupación. Quedarme a su lado, ¿sería bueno o eso la pondría en peligro? Fue una decisión largamente meditada pero el destino tampoco parecía dispuesto a quedarse con la duda. Eché un último vistazo al libro con la esperanza de encontrar un mapa y calcandolo, volví a dejarlo. Intercalando un mapa más actual con ese logré situar más o menos el lugar al que tenía que dirigirme. Peligroso sería ya que varias zonas rurales estaban señaladas como llenas de monstruos y de lesser demons. Atandome al traje una espada, me alegré de haber recibido de niño clases de esgrima. Pasase lo que pasase, no me eché atrás...

Con el corazón en un puño durante dos días al no haberme encontrado con Rezo. Caminé a visitarle. ¡Qué alivio sentí cuando el mayordomo me comunicó que su señor hacía dos días que se había marchado de la ciudad! No imaginé, ni se me pasó por la cabeza que no sería un inocente viaje de ocio hasta que el demonio, cuyo nombre siempre fue Xelloss, se plantó en mi casa.

-Me gustaría invitarte al acontecimiento más grandioso del mundo. La resurección de Mi oscuro señor, Shabragnigudu. -

-¡¿Qué?! ¡Eso es imposible! Shabragnigudu fue derrotado por Lina Inverse. -Le recordé a voz en grito. Su invitación me había dejado muy alterada. Sin embargo, él, agarrandome salvajemente exclamó:

-¡Es por eso mismo que te estoy invitando! ¡Así lo comprobarás con tus propios ojos! -

Salimos de mi fea y vieja casa volando, el riendose como un loco y yo, yo me negaba a creer lo que acababa de decirme hasta que lo ví con mis propios ojos, como bien dijo Xelloss.

sábado, 18 de junio de 2011

FanFic Slayers VICTORIAN SLAYERS III



Otro dibujo más ^^ Espero que os guste aunque lo haya hecho en un cuaderno a cuadritos ^^' Me esforce bastante y le di color ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

En esta parte, última espero ^^ Empezará según ella, Lina pero luego irá avanzando según él, el descendiente de Rezo ^^ La historia tampoco es que sea muy larga por lo que espero acabarla hoy, dando los detalles justos. A dos voces XD


Nos encontramos del modo más casual que existe. Yo, que había ganado justamente un valioso descubrimiento, me dirigía, muy a mí pesar, a cumplir el consejo y la orden dada por mí hermana mayor. Mujer de armas tomar, agraciada y con un fuerte caracter, de cabellos tán rojos como el fuego, más que los mios incluso y con una vida más ordenada que la mía como encargada de la limpieza en el monumental templo de la ciudad. Tán sólo fuí a mostrarle mi premio y a contarle como lo conseguí pero ella, no tán satisfecha con la idea de que aquello fuese "nuestro" me dijo:

-Hermana mia, esto no nos pertenece. Deberías entregarselo a sus verdaderos dueños. -

-Pero yo lo he ganado. Es mío ahora. -Repliqué agarrando el bolso en el que lo guardaba poniendo ojitos tristes. Ella me miro meneando la cabeza e insistió:

-Lina, tesoro, eso no importa. Lo correcto es darlo a sus verdaderos dueños. -

-Está bien. -Acabé cediendo poniendo morros. -Pero si no los encuentro, es nuestro. -Añadí sonriendo antes de salir a toda prisa del templo.

En la biblioteca de la ciudad, en la cúal se encontraban toda clase de documentos y restos de antiguos documentos tanto reales como sobre magía, me pusé a buscar a sus dueños o a algún posible dueño, alguien vinculado con aquel que hubiese escrito todos esos rollos de pergamino.

-¿Puedo ayudarla en algo? -Me preguntó atentamente el encargado al verme allí parada entre tantas estanterias de gran tamaño y altura aterradora. Pestañeé y dije girandome para mirarle:

-Me gustaría saber a quien debo entregar esto. -

Le enseñé los papeles que guardaba en el viejo bolso. El pobre hombre se quedó sin palabras.

-Muchacha, ¿de dónde has sacado estos documentos? Son realmente antiguos. -

-Pues... Es probable que en la casa abandonada en la que vivo. -Mentí.

La verdad me habría hecho parecer una criminal. A la gente de alta cuna no le gusta ni las apuestas ni los juegos de azar. Me llevó hasta su despacho y me contó que esos escritos era anteriores a todos los que se habían encontrado y clasificado en la biblioteca. Yo le mostré un dibujo realizado a carboncillo, seguramente aquel individuo fue quien los escribió. Un hombre que era mucho más importante de lo que en un principio pensé.

-Mire, quizás Ud pueda decirme quien es este hombre. Encontré su retrato entre los diversos escritos. -Le comenté entregandole el dibujo con cuidado. Me gustaba mucho ese dibujo. El hombre lo tomó entre sus manos con cuidado y alzandolo al trasluz, su expresión de curiosidad cambió por completo, volviendose de estupefacción. Creí que le iba a dar algo, se levantó de su asiento y gritó:

-¡No puede ser! ¡Jovencita este hombre es Rezo, apodado El monje rojo! -

Me quedé igual pero como el pobre hombre insistía en que fue un tipo muy importante, que hizo grandes aportes a la magia y tal acabó por contagiarme su euforia al suponer que esos documentos habían sido de alguna importante investigación suya.

"Rezo, El monje rojo."

No podía parar de pensar en él. Me alegro mucho que fuese un tipo tán poderoso y apreciado en la comunidad pero aún sabiendo quien era, más o menos pues tampoco se tenía mucha información sobre él en la biblioteca, ¿eso me ayudaría a encontrar a alguien a quien entregar esos documentos? Necesitaba saber si había dejado descendencia o no o al menos, si había tenido algún amigo que si la hubiese tenido con certeza...

Aún sin conocer del todo el proceder de mi nombre, me parecía extraño sin embargo a mí hermana menor, Amelia Ela Di Saillune, le encantaba. Acabadas las clases de anatomia me disponía a regresar a casa. Sin el tío Phillionel cerca de ella, temía que en mi ausencia pudiese empeorar sin previo aviso. Amelia era una niña bastante limitada debido a su mal en los ojos. Tanto mi tío Phillionel como yo procurabamos ocuparnos de ese mal pues era un mal repetitivo, que iba minando su visión poco a poco. Pudiera ser que en nuestra familia ya hubiese habido casos similares pero por más que investigaba al respecto no encontraba gran cosa. Nuestro árbol genialogico era grande pero a veces me daba la impresión de que se hayaba incompleto. Me esforzaba hasta el agotamiento en mis estudios, deseaba con fervor ser un buen medico, especializado o no, en la ceguera. Algunos compañeros opinaban que podía llegar a ser un poco obsesiva mi dedicación, yo les respondía que eso era gracias al poco interés que ellos depositaban a sus estudios. Antes de entrar a la mansión Di Saillune, me pareció buena idea pasar por la biblioteca en busca de algún libro antiguo lleno de fabulas que leerle a Amelia. Ella realmente creía en esas cosas, en demonios, dragones y en la magía. Cuando yo le recordaba que eso no eran más que historias inventadas por los aldeanos temerosos ella solía sacar el tema de que Zelgadiss, nuestro ancentro conocido más antiguo fue en su juventud una especie de monstruo gracias a la combinación de otros dos mostruos.

-Amelia, Zelgadiss no era un monstruo. Simplemente sufriría una enfermedad de la piel difícil de tratar. -Le recordé ya en casa dejando la lectura de la historia por la mitad.

-¡Te equivocas mi querido hermano! El fue convertido en quimera para servir al Monje rojo. -Gritaba negandose a aceptar mi planteamiento mucho más realista.

Para no hacerla llorar acababa por aceptar su razonamiento. Según tío Phillionel a Amelia no le convenía llorar.

Media hora despúes tío Phillionel llegaba y al verme sentado rodeado de libros, papeles y demás bartulos me ordenaba ir a la cama como cuando tenía ocho años. Descansar era bueno y vital para el cuerpo y la mente pero a menudo no me resultaba placentero. Sueños de intensa viveza surgían. Siempre pensé que las historias que me contaba Amelia tenían algo que ver hasta que me encontré con esa muchacha pelirroja...

Fue un choque estúpido. Ambos caimos al suelo y nuestras cosas se esparcieron a nuestro alrededor. Rascandome el culo me levanté y con gran enojó me pusé a gritar a aquel muchacho, varios años mayor que yo, con aspecto impoluto y chambergo de mejor calidad que el mio de oscuro color al igual que su traje y sus cabellos.

-¡Mira por dónde vas idiota! ¿No ves que ahora tendré que recoger y ordenar todos los documentos de nuevo? -

-Lo lamento mucho señorita, ¿puedo hacer algo para arreglar este entuerto? -Fue su respuesta.

Tán elegante como educado. La clase de tipos que luego se hacen de oro mientras gente como yo se pudre en caserones abandonados. Odio "La gente guapa". Antes de levantarse comenzó a recoger sus cosas pero también algunos de mis documentos.

-¡No hace falta! -Le informé con un chillido de puros nervios.

Ignorando mi orden, acabó por recogerlos todos y metiendolos en mi vulgar bolso me los entregó con una sonrisa. Me quedé atontada por un instante porque en aquel leve momento me recordó al Monje rojo, o a la sonrisa que El monje rojo mostraba en ese dibujo tán detallado. Luego se pusó a colocarse su chambergo de modo que le cubriese entero. Dando un suspiro al comprobar que sus pertenencias no habían sido dañadas a modo de despedida dijo:

-Bueno, bella dama de rojos cabellos, si todo está bien, he de irme. -

Pero yo, agarrandolo del brazo, no le permití irse tán tranquilamente.

-Antes de marcharte. -Dije pensando que el hecho de que se pareciese tanto al Monje rojo no podía ser causalidad -¿Serías tán amable de decirme tú nombre? -Suavice el tono de mi voz, al fin y al cabo, por muy poco que me gustasen los ricos, no parecía muy engreido.

-Rezo Di Saillune, para servirle a Ud y a Ceiphied. -Me contestó haciendo una pequeña reverencia. En cuanto le solte, se marchó.

"Se llama Rezo, igual que Rezo, El monje rojo."

No necesité nada más para suponer que la familia Di Saillune podía estar vinculada de algún modo con El monje rojo. Corrí hacía la biblioteca de nuevo pero esa vez mi petición fue distinta.

-Deseo ver el árbol genialogico de la familia Di Saillune, por favor. -

El encargado de ese día me condujó hasta la zona dedicada a la familia real de Saillune. Seillune hacía pocos siglos había sido la ciudad capital de un poderoso reino de igual nombre. Sacando los amarillentos rollos de pergamino y desenrollandolos con extremo cuidado, pudé observar sentada junto al bibliotecario en una larga mesa las generaciones anteriores a aquel muchacho. Me maravilló escuchar los nombres, desde los más antiguos hasta los más recientes. Todos ellos parecían tener el apellido en común excepto Zelgadiss, el cúal era Greywords. Quisé saber un poco más acerca de la familia de Zelgadiss, por lo que amablemente pedí:

-¿Podría mostrarme la parte relacionada con Zelgadiss Greywords? -

-Lo siento pero esto es todo lo que disponemos. -Dijo el encargado arrugando la frente.

Chascando la lengua decepcionada y encogiendome de hombros dije:

-Ya veo... Bueno, no importa, guardelo. Ya he visto lo que deseaba. -

"Jo, estaba segura que Rezo Di Saillune podía ser descendiente de Rezo. No puedo rendirme tán pronto, tengo que confirmar esta sospecha."

Jamás había estado antes en el edificio en el que mi tío Phillionel trabaja con otros nobles de gran prestigio. Es un edificio que me recuerda a las antiguas construciones, no habrá sufrido muchos cambios a lo largo de los siglos sólo los necesarios pues según tío Phillionel este edificio junto al templo es de los más antiguos que se conservan en Saillune. Nada ni nada menos que el palacio dónde la familia real vivía. Es mi cumpleaños y tío Phillionel me ha prometido desvalarme algo interesante, algo que marcará las decisiones que tomé a partir de ahora. Miro los pocos tapices que se conservan, en ellos se nos muestran a las figuras más importantes de Saillune como por ejemplo al principe Phillionel, el primer Phillionel. Un individuo de complexión fuerte y de seguro mucho más peludo que nosotros, luciendo un gran bigote negro a juego con unos ojos brillantes y vigorosos. Prefiero contemplar aquel en el que la princesa, ya reina, posa junto a su esposo, Zelgadiss, el bandido que fue coronado rey. Poco se sabe de él antes de conocer a la princesa y a sus compañeros de aventuras. Tán sólo desagradables habladurias de los aldeanos de otros reinos. Motes tales como El furioso o el espadachín demoniaco. Se le ve tán triste en comparación con su esposa.

-Siento haberte hecho esperar, Rezo. La reunión a durado más de lo esperado. -Oigo a tío Phillionel acercandose. -Veo que este tapiz es más de tu agrado que los demás. Si tanto lo deseas, podríamos traerlo a casa. Ya sabes que este lugar como todo lo que esta en él perteneció a nuestra familia. -

-Lo sé tío Phillionel pero llegada la democracia acordamos dejarlo como patrimonio nacional. -Le recuerdo sin apartar mis ojos de los de Zelgadiss. Hay algo en sus ojos que me hace sentir tán cercano a él, como si hubiesemos vivido juntos largo tiempo atrás.

Lejos, adentrandonos en la sala que mi tio poseía como despacho, tomando asiento. Recibiría esa sorpresa tán temida como deseada. Desenvolví poco a poco el pañuelo en el que había sido envuelto el objeto que estaba aguardandome en la mesa. Tío Phillionel me miraba arqueando las cejas con expresión impaciente entrelazando los dedos. Finalmente logré desenvolver mi regalo por completo. Cúal sería mi sorpresa al descubrir que se trataba de un viejo libro, de tapas roidas por el tiempo y paginas arrugadas y amarillentas.

-Echale un vistazo. Estoy más que seguro, que su contenido te atraerá. -Me aconsejó tío Phillionel con una sonrisa pícara.

-Si, veamos que puede ofrecerme. -Acepto su sugerencia y a medida que voy pasando las hojas, observando los textos, que parecen haber sido realizados a mano, exclamo. -¡Oh Ceiphied! ¿Cómo es posible que pueda comprender este lenguaje? Este libro no parece reciente. -

El engaño toma forma ante mis ojos. El que yo creía mi tío muestra su autentico aspecto y me dedica una burlona sonrisa. Me levanto furioso.

-Verdaderamente eres tú al que tanto tiempo andaba buscando. -Dice sin perder esa repulsiva sonrisa burlona, cerrando los ojos, aspirando el aire que nos rodea. -Siempre es un autentico placer volver a encontrarle, Mi oscuro señor. -Añade.

"¿Oscuro señor? No comprendo nada."

-Si me lo permites, tán sólo venía a hacerle entrega de ese libro. Estoy seguro que cuando lo haya leido, tomará la decisión adecuada a esta pregunta, ¿Te gustaría que ese deseo por el que tanto luchas se hiciese realidad? -

Sus palabras me dejaron tocado. ¿Acaso ese individuo de rostro risueño, ojos maliciosos, melena oscura y traje extraño sabía lo de mi empeño por curar a Amelia? Le mire desafiante y salí del edificio. Al llegar a casa e ir quitandome el chambergo, aquel libro estaba conmigo pero lo más fascinante sería que la muchacha pelirroja me estaba esperando.