miércoles, 15 de junio de 2011

FanFic Slayers VICTORIAN SLAYERS II

Otro dibujo que realice de Lina Inverse y Rezo Di Saillune con color ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Pues aqui viene otra parte, no sé cuantas escribiré pero espero que no sean demasiadas ^^'

En esta ire explicando un poco como hemos llegado a la situación expuesta en la anterior parte, ya sabeis, en plan Flashback XD Como en el primer manga de Slayer había una especie de secta que adoraba a Shabragnigudu, he decidido que hubiese alguna posibilidad de que aún hubiese seguidores y que alguno de estos intentase convencer a Rezo de que lo resucite o alguna otra cosa loca pero como me encanta el tema ese de un deseo a cambio de tu alma que aparece en Fausto y otras historias pues... Sí, Shabragnigudu es resucitado a la vez que el deseo es concedido. Claro que... En parte eso es posible gracias a las investigaciones del Monje Rojo que encuentra Lina XD Ala, puede que haya temita fuerte, avisados ^^'


Me quede en silencio, observandole, con una expresión totalmente cambiada. No era terror pero se le parecía. Él, que nunca fue un hombre estupido sino todo lo contrario, brillante y terriblemente perspicaz debido a aquello que tanto anhelaba corregir, se dió cuenta del brusco cambio que experimenté al reconocerle pues al instante siguiente de despedirse de Amelia, que paseó con nosotros un ratito, me dijo:

-No tienes por qué sentirte así, él tomó esa decisión pasase lo que pasase. -

-¿Entonces cómo debo sentirme? ¡Esto significa que él jamás volverá! -Exclamé ya que sus calmadas palabras me daban a entender algo que me estaba dejando frustrada y un poco atemorizada. Rezo Di Saillune se había sacrificado por ayudar a la persona más importante para él a pesar de mis constantes advertencias que luego pasarían a ser suplicas y yo con una vana esperanza en recuperarlo, desobedeciendo y mancillando una petición que ha pasado de generación en generación, he traido de vuelta a alguien que me impone y me desagrada. Quisé marcharme de allí y esconderme en cualquier rincón mugriento para echarme a llorar como una chiquilla que ha perdido a su perro y le ha sido comunicado que ha sido encontrado sin vida. Así se lo dije cuando él trató de calmarme:

-En ese caso, permiteme irme. Tú no eres el Rezo al que deseaba visitar. -

-Como quieras pero a mi descendiente le habría gustado que te quedases a mí lado. -Me comentó antes de regresar con sus descendientes, todavía insconcientes de que ese era el mitico primer Rezo.

Sus palabras no se fueron de mi mente aunque ya había comenzado a caminar adentrandome en la lujosa mansión hacía la puerta de entrada. Ya en casa o el viejo caserón que me apropié hacía algunos años, trás un montón de gritos, patadas y golpes a las paredes descoloridas, tumbandome en el viejo colchón que me servía de cama pensaría una y otra vez en la conversación mantenida con ese Rezo. Di varias vueltas agarradando con fuerza la sucia almohada que poseía mi improvisada cama al pensar que había mantenido una conversación con el mismísimo Monje Rojo, un hombre de apariencia y actitud ante la multitud engañosa pero que si mi Rezo no se equivocaba en el fondo era debido a que nunca pudó presentarse ante los demás como realmente era. Un hombre muy respetado y apreciado por todo el mundo conocido. Por un momento, me ruboricé pues cuando conocí a Rezo Di Saillune por primera vez me pareció tán distinto a mi, tán inalcanzable y tán elegante. Eramos como Romeo y Julieta, dos jovenes con familias y vivencias muy distintas que nos alejarían. Además procedente de una familia con gran capacidad y conocimientos magicos. Me sentí privilegiada de poseer algo de aquella familia, algo muy antiguo y referente a un ancestro del que apenas se tenían datos veridicos. Si, gracias a esos escritos que gané honradamente en una partida con los dados me dió esa oportunidad de conocerle. El rubor se esfumó al dislumbrar en la única y polvorienta mesa que tengo en la casa esos escritos en rollos de papel amarillentos con cuidadísima letra en un idioma que pocos comprenden ya.

-¿Qué vas a hacer con ellos? ¿Los destruirás o se los devolverás al Monje Rojo? -Me increpó Xelloss apareciendo de repente, sentandonse tranquilamente en el alfeizer de la ventana.

-Eso no te incumbe. -Le respondí levantandome rapidamente de la cama. -Probablemente los venderé a algún coleccionista de antiguedades. -Añadí cogiendolos y guardandolos en un gastado bolso de cuero.

Xelloss arqueó una ceja mientras observaba como los guardaba y me recomendó:

-Sería mejor que se los entregases, al fin y al cabo es lo que en un principio te disponías a hacer. -

Me pusé el bolso sobre el cuerpo, cogí mi gorra y salí de la habitación sin decirle ni adios. No me gustó que ese demonio tuviese razón o que su consejo fuese la mejor solución. Lo que más quería en ese momento era estar lejos de Rezo porque ese no era mí Rezo, al menos lo suficiente hasta que pudiese apaciguar el dolor que me causaba perder al único hombre que había comenzado a amar. Me pasé algunos días como ausente, acostada en mi vulgar cama agarrando el bolso en el que se encontraban los escritos o caminando sin rumbo por la ciudad de Saillune. Seguida muy cerca por Xelloss, lo cúal era lo único que me hacía sentir algo, crispación. Supongo que me seguía porque Rezo se lo habría mandado pero me equivocaba. Una mañana, cansada de aguantar su seguimiento, exclamé:

-¡Deja de seguirme! ¡No pienso volver a verle! -

Él, tomando una forma más solida y visible, sentado a lo alto de un robusto árbol en el parque en el que me encontraba en ese momento, con una sonrisa de esas que dan ganas de quitar de la cara a golpes, me replicó:

-¡Oh! ¿Crees qué te sigo porque él así me lo ha ordenado? ¡Qué ingenua! -

A continuación se echaría a reir, ganandose mi ira. Si no hubiese sido por que a esas horas había algunas personas caminando por allí, le habría lanzado una gigantesca y abrasadora bola de fuego. Éste tipo siempre se comportaba igual, no había manera de aguantarle, desde el primer día que me encontré con él, supé que iba a ser peor que una garrapata pero claro, Xelloss, el listillo de Xelloss, era una fuente de información muy beneficiosa.

-Y si eso no es, ¿Por qué demonios me sigues? ¿No será que te gusto y no lo quieres admitir? -Le acribillé a preguntas, la siguiente más desafiante que la anterior. Él casi se cae del árbol al oir la segunda. Retomando el equilibrio, con expresión burlona soltó:

-¿Gustarme? No seas tonta, tán sólo me estoy alimentando de esas emociones negativas tán deliciosas que sientes últimamente. Confusión, tristeza, desilusión... -

-Ah... Bueno pues deja de alimentarte a mí costa. -Le avisé. -O la proxima vez te lanzaré un gran Drag Slave. -

-Podría ser divertido, una buena vía para desahogarte pero no creo que consiguieses hacerle gran daño. -Me explicó una voz, una dulce voz trás de mí. Xelloss aprovechó que me giraba para escabullirse de nuevo. Era Rezo. -He oido que tienes en tu poder algo que me pertenecía. -

-Si, quien te lo haya comunicado no mentía sin embargo era algo que pensaba entregar a tu descendiente, no a tí. -Le confirme con tono cortés a la par que tajante.

El atuendo que lucía le quedaba realmente bien. Como era natural, él fue un individuo muy apuesto por lo que no era de extrañar que sus hijos y los hijos de estos fuesen guapos, Zelgadiss y demás. Su traje era oscuro pero su corbata y el chaleco eran rojos al igual que el largo chambergo que cubría todo su cuerpo. El aire que le envolvía no parecía benigno, era extremecedor y te hacía sentir tán pequeño a su lado. Supongo que así es como siempre se sintió Zelgadiss aunque era capaz de replicar y mirarle a la cara, nunca se atrevió a engañarle o a matarle hasta la aparición de Lina Inversee y La piedra filosofal. Me sonrió y posando una mano sobre mi hombro que sería rechazada de inmediato, me pidió acompañarle para hablar sobre ello en otro lugar, uno más tranquilo, lejos de ojos indiscretos y lejos de Xelloss. La idea de alejar de Xelloss me agradó por lo que le acompañé, manteniendo en todo momento una distancia de seguridad.

-Relajate, como ya te dije en el hogar Di Saillune no tengo ninguna intención de hacerte daño. Estoy en deuda contigo, de un modo u otro... -

-¡Ja! -Dejé escapar de mi boca. -Sé de lo que eres capaz y no pienso confiar en ti tan facilmente. -

-Ya lo suponía y es algo que de hecho me atrae pero por otro lado me entristece. -Diría él sin perder su tono educado y calmo encendiendo varios candelabros mediante la creación de pequeñas bolas de fuego que con rozar las velas antes de perder efecto dejaban altivas llamas en cada vela. Yo le miraba entre fascinada y molesta. Por muy talentoso y poderoso que fuese con la magía y por muy educado que fuese nunca sustituiría a mí Rezo aunque si me esforzaba en ver las ventajas, todo iría mejor para ambos, a mí Rezo no le gustaba la magía, él no creía en ella hasta que comenzó a realizar, con mi ayuda, algunos conjuros. Me quité la gorra, dejando que mi largo pelo de fuerte color anaranjado cayese desordenado sobre mis hombros, para dejarla junto a mí feo y ancho abrigo en un perchero que estaba colocado al lado de la puerta. Aquel lugar no me pareció interesante hasta que Rezo me contó que hacía muchos, muchisímos años, siglos incluso, ese lugar había sido el lugar en que el venerable Lou Groun solía trabajar para el reino de Saillune.

-Es probable que haya sufrido diversos cambios a lo largo del tiempo pero si mi memoria no me falla, lo que correspondería a ser el sotano era su laboratorio. -Deduciría recorriendo la vieja casa portando en su mano un candelabro con todas sus velas encendidas.

Fuí detrás tratando de no tropezar con ningún elemento inesperado. La iluminación era bastante deficiente a pesar de que Rezo se había encargado de enceder algunos candelabros, probablemente nos encontrabamos en esas tinieblas gracias a las largas cortinas negras que ocultaban la luz en las grandes ventanas.

-¿No te importará que me deshaga de algunas cortinas? Así será más facil atravesar las habitaciones. -Le propusé deteniendome a mitad de una de las otras habitaciones.

Rezo aprobó mi idea. A lo lejos pude escucharle decir:

-Claro, esta casa ha estado demasiado tiempo a oscuras. -

Al poco de ir deshaciendome de las largas y oscuras cortinas las habitaciones mostraron su verdadera cara, todos los muebles también habían sido cubiertos por largas telas negras al igual que muchos otros objetos dejados esparcidos por el suelo como cuadros o figuras de ceramica. A la luz que se filtraba por las ventanas se podía percibir que practicamente toda la casa había sido invadida por el polvo. Pusieses los dedos por donde los pusiesen acababan cubiertos por finas motas grisaceas.

"Esta casa es mil veces mejor que en la que estoy viviendo."

Y poseía un buen sotano. El primero tán espacioso que veía. Con fuertes paredes de piedra, perfecto para refugiarse en caso de guerra o perfecto para celebrar fiestas. Iba de un lado a otro, observando todo lo que ahí aún se conservaba con ojos grandes y brillantes, como un niño que se ha perdido en mitad de una gran tienda de juguetes o en una feria. La emoción me recorría todo el cuerpo, la de cosas interesantes y valiosas que podriamos encontrar. La sonrisa de Rezo parecía propia de alguien que hubiese conseguido ganar una apuesta imposible. Más sosegada, me pusé a pensar en nuestro descubrimiento.

-Pensar que todo esto estaba aquí y nadie hasta ahora lo había encontrado... Es increible. -Suspiré con una sonrisa en los labios. El orgullo de encontrar cosas valiosas antes que nadie siempre me ha proporcionado un inmenso gozo.

Rezo tán sólo se mostraba satisfecho de haber comprobado que el laboratorio del Gran Sabio Lou Groun había permanecido protegido e inalterable tanto tiempo. ¿Qué otra cosa se podía esperar del sello magico realizado por un Gran Sabio de su época? Siguiendo pensando en él, algo que alguien dijo, el poseedor de los escritos, exclamé:

-¡Ey este lugar se parece mucho a unas ruinas que hay en Sairaag! -

-Es comprensible. -Mencionó Rezo con tono nostalgico. -Porque esas ruinas corresponden al laboratorio que yo poseía en esa ciudad. ¿Cómo lo sabes? -Me preguntaría al paso dando pie a que acabase contandole como cayeron parte de sus investigaciones en mi poder y la aventura que viví junto a su descendiente.





lunes, 13 de junio de 2011

FanFic Slayers VICTORIAN SLAYERS



Antes de liarme con el crossover que me gustaría empezar, me pondré con el FanFic que he mencionado en DA ^^ Este es uno de los tres dibujos que llevo hechos para adornar un poco la lectura, espero que os guste ^^ Son los protagonistas principales, los descendientes de Lina Inverse y Zelgadiss Greywords ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Esta historia vendría a ser en el futuro... O pasadas varias generaciones ^^ Por eso aunque algunos personajes posean los nombres de personajes de haría años y años y más años, no son esos personajes. Bueno Xelloss, Philia y Valgaav si pero solo esos tres XD Como han ido pasando muchos años, diversas cosas han ido cambiando pero he intentado mantener muchas lo más parecidas posible ^^ Ah mencionar que esta vez me voy a ir inspirando en el anime, el manga y algún que otro FanFic que considero muy útil de Slayers ^^ Como ya sabreis, esto va a caballo con Welcome To Hell, asi que puede que a veces haya tematica fuertecita ^^' En primera persona, alternando.


Una vez reunido todo el valor suficiente, me dispusé a recitar ese conjuro que había ido de padres a hijos en mi familia pero que sólo debía usarse en caso de extrema emergencia pues el poder que se invocaba pertenecía a un ente de poder inimaginable, según nuestra ancestra, Lina Inverse, el ente creador de nuestro universo y un sinfín de universos más. Aquel ser de aspecto repulsivo y maligno fijó sus rojisímos ojos sobre mí y como si se tratase de una fiera que se prepara para lanzarse a su presa giró con brusquedad todo su gigantesco cuerpo. La tierra sobre nuestros pies tembló unos instantes. Por fortuna me encontraba alejada varios metros de él, cerré los ojos y me concentré en los versos que componían el conjuro con todas mis fuerzas. Si no lo hacía así, al escuchar los espantosos gruñidos que emitía, habría vuelto a salir corriendo. Sé que los demonios no poseen un aspecto agradable pero este me resultaba especialmente feo y aterrador.

"Oh Diosa de La Pesadilla Eterna ayudame a recuperar a mí amado."

A medida que iba realizando el conjuro, alzando los brazos hacía el cielo, me fuí llenando de una fuerza y de una presencia que aunque al principio me sobrecogió poco a poco me fue dejando en un estado de pura serenidad y como si mi mente se fundiese lentamente con esa presencia, de mis palmas aún extendidas surgió algo que fue adoptando la forma fisíca de una pequeña bola, bola que iría creciendo y creciendo mientras todo mi cuerpo era iluminado con fulgor, un fulgor en palabras del propio Rezo, impresionante, nunca visto por ningún hechicero experimentado. Debió de ser algo expectacular sin embargo no logró definirlo, simplemente me lo imagino a partir de las palabras que me dedicó ese diablillo de apariencia engañosa conocido por todo el mundo como Xelloss al rato de darme la bienvenida al mundo de los conscientes.

-¿Cómo te encuentras? -Me preguntaba una voz repelentemente familiar.

-B-Bien, muy cansada pero bien. ¿A qué se debe esa pregunta? -Respondí incorporandome un poco aunque siente todo mi cuerpo con pesadez, como si hubiese estado todo el día haciendo un trabajo muy duro.

Tras frotarme los ojos comprobé que me encontraba en una sencilla cama de motel. A mí lado se encontraba Xelloss, dueño de la repelente voz que acababa de oir, con una ancha sonrisa en su rostro pero para mí sorpresa, los rasgados ojos estaban abiertos, unos ojos de un color inusual y con una pupila la mar de extraña, como de serpiente o algún otro animal de pupila alargada. Me dejé caer sobre la almohada regresando a la posición en la que me encontraba hacía un rato, tumbada.

"Estoy viva... Pero con menudo individuo a mí lado"

Suspire y cerrando mis ojos intente ignorar a Xelloss, el cúal al parecer se sentía muy interesado por mí, no paraba de hacer preguntas. Cuando me canse de tanta preguntita, le grité:

-¡Quieres dejarme en paz de una vez! Además, ¡¿desde cuando te interesa tanto mi salud?! -

Xelloss pestañeó varias veces debido a la intensidad de mis gritos sin embargo, sin dejar a un lado su siniestra sonrisa, me dió una respuesta que me dejó perpleja:

-Cierto, un demonio como yo tiene mejores cosas que hacer pero Rezo me ha obligado. -

-¡¿Rezo?! -Repetí con los ojos abiertos como platos.

"¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!..."

Mi reacción fue tán inesperada como nauseabunda para Xelloss. Salí de la cama como bien pude y trás darle un gran abrazo a Xelloss, me vestí para dirigirme a la ciudad de Saillune y verle con mis propios ojos.

-¡Qué niña ésta! Si sé que se va a poner así, no le digo nada. -Masculló apoyandose sobre lpared. Mi euforia lo había debilitado bastante. -Aunque me temó que no va a ser el mismo Rezo que ella cree. -Añadió sintiendo algo de placer al imaginar mi desilusión.

Mi cuerpo poco a poco parecía retomar algo de normalidad pero todavía me costaba moverme. Tenía tantas ganas de volver a encontrarme con Rezo que no me importaba tener que esforzarme el doble para llegar hasta su hogar. A medida que avanzaba hasta el centro, las calles se volvían más anchas y los edificios eran mucho más hermosos y grandes. Había más cantidad de tiendas y negocios y las gentes que caminaban a mi alrededor poseían unos modales y unos ropajes de mayor categoria que los mios. Los rostros de las damas eran maquillados con exquisito detalle y los complementos que llevaban los hombres en sus trajes brillaban como sólo brilla el caro oro. Me sentí tán fuera de lugar que fuí con la cabeza gacha gran parte del camino. Mirando donde ponía los pies. Me quede sin palabras al encontrar la mansión Di Saillune, era tán grande, tán bonita y tán perfecta, que no me atrevía a dar el paso y llamar a la puerta. Me quede un buen rato ahí, paralizada, apoyada en la verja observando la puerta de fina madera con esmerados acabados pintados de oro hasta que una voz me hizo reaccionar.

-¿Puedo ayudarle en algo? -Preguntó con tono refinado un hombre que a juzgar por su indumentaria debía de ser el mayordomo.

-Si... Esto... ¿Podría ver al señor Rezo? -Le indique con torpeza.

Estaba nerviosa y avergonzada de encontrarme con un aspecto tán mediocre. Las mirada que me dirigió el mayordomo me confirmaba que él tampoco me encontraba muy digna pero abriendo la verja me mediante un ademán me ordenó, refinadamente, que le acompañase. El mayordomo me condujó por toda la mansión hasta llegar al jardín, en el cúal se encontraban sus amos. La señorita Amelia, Rezo y El señor Phillionel III. Todos ellos parecían disfrutar de un agradable descanso en sus agitadas vidas. El jardín estaba en todo su explendor, muy verde, cubierto de mil flores bellísimas de intensas fragancias. Me quede donde estaba mientras el mayordomo se dirigía a informar a Rezo de mí presencia. Aún estando lejos de él, el hecho de encontrarlo allí y vivo ya era un gran gozo para mí corazón. En cuanto comenzó a caminar hacía mí, dejando a un lado la lectura que tán entretenido lo estaba teniendo, mis nervios crecieron. ¡Qué actitud más tonta por mí parte! Él sólo me vería como una compañera, si la fortuna me sonreía, como una amiga pero nada más. Y yo, yo cada vez me fuí quedando más encaprichada de él, del hechicero más poderoso de todos que negaba de la magía pero que sí deseaba compartir otros dones para beneficio de los demás. Me quite la gorra y trate de amansar varios mechones de mi rojo cabello con movimientos cada vez más rapidos. Frente a frente, sería él quien comenzaría la conversación. Yo no encontraba la manera de expresar con palabras lo que pasaba por mi cabeza.

-Veo que eres una muchacha afortunada, Lina Inverse. -Dijo con voz suave y con una calma que no parecía humana. -Me alegra comprobar que La Diosa de la Pesadilla Eterna no desaprobase mis actos. -

-¿Tus actos? -Logre preguntar.

-En efecto. Tú yacías insconciente, no podía permitir que la persona que me ha salvado de nuevo regresase al Mar del Caos. -Me explicó mostrandose realmente sincero conmigo.

-Ya veo. ¿Y qué tal te va a tí? -Pregunte aunque la respuesta era bien obvia.

-Supongo que bien. Todos hemos salido ganando. -Dijo dedicandome una sonrisa encantadora.

A medida que ibamos hablando ibamos dando un paseo por el jardín acercandonos a la gran mesa que había en mitad de éste. En la que una joven y linda Amelia nos miraba acercarnos con curiosidad. Sentí que debía preguntarselo, asi que se lo pregunte sin rodeos al rato de mirar a Amelia.

-Entonces, ¿Amelia ya puede ver? -

-Así es. Como ya dije antes, todos hemos salido ganando. -Repitió sin perder ni la sonrisa ni la calma.

Amelia se levantó y estrechó fuertemente a Rezo, éste a su vez posó un brazo sobre su espalda y le besó la cabeza. Fue una escena preciosa, era más que palpable que Amelia era todo para Rezo. Lo que ocurrió a continuación me dejó bastante confusa. Tomando un poco de tierra en sus manos Rezo creó para Amelia una maravillosa corona de flores que colocó con mimo sobre la cabeza de la niña.

-A las niñas bonitas les gustan las flores. Eso solía decir mi dulce Christine. -

Aquellas palabras, practicamente susurradas, hicieron que mi cerebro se activase y llegase a mí una idea tán extraña como aterradora. ¿Y si el que había regresado no era mí Rezo sino el Rezo anterior, Rezo, aquel conocido como El monje Rojo? Ninguna descendiente de la princesa Amelia y Zelgadiss fue llamada Christine pero probablemente la madre de Zelgadiss sí.












domingo, 12 de junio de 2011

WelCome To HeLL ESE MAYORDOMO ATORMENTADO



Este personaje sólo sale en el manga de Kuroshitsuji y me encanta X3 Pongo su dibujo porque en Welcome to Hell también hay mucha gente artista y criada o salida del circo trotamundo de las hermanas Charlotte y Caroline ^^ Me esforce muchísimo, espero que os guste ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Tema chungo pero que trataré con la mayor delicadeza posible ^^'

Es lo que tiene residir en unos barrios denominados Infierno ^^'

Puede que en primera persona...


Corriamos sin rumbo fijo atravesando las frias y oscuras calles que componían esa zona de la ciudad. Con el miedo en el cuerpo, sin mirar atrás pues comprobaríamos que en efecto, estabamos siendo perseguidos. Mi particular amiguito tropezó quedandose rezagado en el suelo, sé que no fuí un buen amigo y es algo que me acompañará el resto de mí vida pero en aquel momento simplemente pensé en seguir corriendo. Es algo que puedo ver en sus ojos aunque no parezca recordarlo o no le dé tanta importancia. Me sonrie y continua tocando su violín con la esperanza de recaudar una buena cantidad de dinero. Tal y cómo supuse ya muy lejos del Infierno, acabó cayendo en manos de algún desaprensivo propietario de una feria de monstruos ambulante y durante varios años debió de sufrir humillaciones de toda clase pero su sonrisa me indica qué quizás debía de ser así porque si hubiese sido de otro modo jamás habría conocido a las personas más queridas de toda su vida. Sus pechos se han vuelto como los de cualquier dama sin embargo aún posee atributos masculinos y seguramente deba de afeitarse la barba todos los días, es una visión extraña pero hermosa aunque cuando yo le conocí aún era muy niño y en su cuerpo no se apreciaban esos cambios tanto. Escuchar las cosas que ha ido viviendo con esa viveza en su voz y esa sonrisa que no parece desvanecerse nunca, me hace sentir una agridulce sensación. Cuando yo le cuento que me he convertido en un ferreo mayordomo, rie. Le recriminó pues aún siendo un mayordomo, estoy practicamente al cargo de todo y todos los demás sirvientes pero sólo consigo que sus carcajadas aumenten. Cada vez que se retira su largo cabello de su androgino rostro pienso que Dios es un ser injusto pues no es del todo mujer y si yaciesemos me considerarían un tipo depravado.

-¿Por qué me miras así? -Me pregunta enrojeciendose sus mejillas. -¿Tengo algo raro en la cara?

Niego con la cabeza y sonriendo le contestó:

-Nada de nada. Simplemente comprobaba lo especial que eres. -

-Blackfield también solía decirme eso. -Confiesa y su sonrisa se vuelve ligeramente triste.

Arqueó una ceja como indicativo de la curiosidad que me produce escuchar la mención de ese hombre pero mi curiosidad no es del todo satisfacida, un simple fue un amigo muy querido no me convence, quiero saber más e insistó.

-Qué pesado... Si quieres saber más, preguntale a tu Amo. -Exclama trás varias insistencias mias, lo cúal me deja bastante sorprendido. ¿Acaso El señor William conoció al tal Blackfield? Ninguno dice palabra hasta que pasado un rato, al mirar mi reloj, el reloj que siempre llevo en el bolsillo derecho de mi elegante traje de mayordomo oscuro, levantandome del banco en el que hemos acabado sentados, dejó a mi particular amigo ya que este pequeño encuentro ha durado más de lo previsto retrasando mis responsabilidades como mayordomo. A pesar de las mil disculpas que le pido, con una sonrisa se despide de mí diciendome:

-Tranquilo, atender al malvado William es más importante. Ya nos veremos otro día. Yo suelo estar por aqui todos los días. -

Y me estampa dos besos bien sonoros, coge su violin y también abandona el banco. Mientras me alejo a toda prisa, al mirarle por última vez, me siento un poco más aliviado al saber que aún habiendo tenido una infancia dificil, ahora se le ve tán feliz...

miércoles, 8 de junio de 2011

KUROSHITSUJI



Pues sí amigos, hoy voy a recomendar otro manga que me tiene realmente enganchada y que sinceramente creo que merece la pena ser recomendado ^^


SINOPSIS:

Podría decirse que nuestros protagonistas, Ciel Phantomhive y su fiel mayordomo, Sebastian Michaellis, viven toda clase de aventuras en un Londres muy del siglo XIX, sirviendo los designios de Su Majestad la reina...


OPINIÓN PERSONAL:

¡Me encanta! Pues el ambiente londinense y de esa época está muy logrado y aunque Ciel y Sebastian se enfrentan a casos muy chungos, hay momentos realmente divertidos. Y que el vinculo que les une sea tán... Tenebroso, convierten a Kuroshitsuji en una historia deliciosa, muy a mí rollo. Y me recuerda a otro gran comic llamado From Hell ^^


MUY MUY RECOMENDABLE

martes, 7 de junio de 2011

WeLcOme To HeLL OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE



Bueno, he hecho este dibujo para acompañar esta historia, espero que os guste ^^ Me han salido realmente lindos esos dos...


-Señor, necesito que me de este trabajo, le prometo esforzarme y hacer todo cuanto Ud desee. -Insistió la jovencita mientras trataba de dar alcance por el amplio recibidor al que sería su amo. Éste, consciente de la insistencia de la niña, seguía caminando para hacerla entender con sutileza que no deseaba más criados pero la jovencita era tán cabezota, que acabó cediendo a sus suplicas.

-Por tu bien, espero que así sea. -Fueron las palabras que indicaron a la niña que su insistencia había dado fruto. -Mañana ven a las seis de la mañana. Sé puntual. -

Tras dar su primera orden, se marcharía dejando a la jovencita sola en el amplio recibidor. Una alegria inmensa recorrió su cuerpecito a aún por desarrollar plenamente. Lo que el fanfarrón de M había dicho era cierto, si sabía jugar sus cartas, el bueno de Dimitri la aceptaría. Sin embargo M no le mencionó lo difícil que le pondría el trabajo los primeros días...

-Siempre será mejor que hacer la calle. -Se decía a si misma ya vestida con su uniforme de criada mientras ejercía todas las tareas que le eran encomendadas por las otras criadas. Más de una vez era severamente regañada pues cada vez que su amo pasaba cerca, no podía evitar quedarsele mirando. Era un hombre joven apuesto, bien vestido con un rostro encantador y su bastón, su bastón no era como otros bastones que hubiese visto. A veces sentía el impulso de dirigirse a él pero como ella no se veía al mismo nivel que él, callaba y seguía mirandole. Su madre se había suicidado y su padre era un vulgar ladrón pelirrojo y M, M era un tipo escandalosamente extraño. Atractivo pero demasiado excentrico. Chulo y puta a la vez, tampoco era digno de ser presentado a su amo. Por las noches, trás un duro día de fiel servicio, sacaba de uno de los bolsillos de su blanco mantel lo único que aún la unía a su madre y le contaba todas las cosas que había ido pensando a lo largo del día. Ese objeto tán especial era un sencillo medallón que al ser abierto mostraba una antigua fotografía de una niñita de rasgos fragiles pero realmente hermosos, su madre, sentada junto a otro niño en las rodillas de un hombre de cabellos también cercanos al color rojo y una gran y sincera sonrisa. Dios, en su infinita y particular misericordia, creó a Dimitri ciego, por lo que no podía ver a su nueva criada, tán linda y tán similar a la encantadora e incomprendida María pero con unos cabellos más propios del padre, el ladronzuelo. Aquello le habría ayudado a rememorar recuerdos lejanos y dolorosos.

-¿Qué tal te va como la criada de Dimitri? -Le preguntó M, el cúal, como por arte de magía, había logrado aparecer en los dormitorios dedicados a los criados y criadas de la casa. Sophie casi pegó un grito cuando el la tocó pero enseguida se contuvo y entre susurros le contó lo mucho que la hacían trabajar pero lo contenta que se sentía y que su amo se parecía sospechosamente al niño de la fotografía que poseía su medallón. M, con una sonrisa maliciosa, le propondría lo siguiente antes de volver a desvanecerse, como un vampiro:

-¿Tú crees? ¿Por qué no se lo comentas a él? -

-Pero él es ciego. No podré enseñarle la fotografía. -Pretestó ella susurrante.

-Pues describela. Luego, por la noche, hazme saber cual es su respuesta. -

M era así, quería comprobar lo mismo que ella aunque ya lo supiese, por el placer que le producía imaginar la reacción del bueno de Dimitri. Sophie era en cierta forma, su carta sobre la manga.

domingo, 5 de junio de 2011

WeLcOme To HeLL SECRETOS



Este tipo tán apuesto y con aires de nobleza me pareció muy inspirador así que por ese motivo pongo su imagen con esta historia ^^ Espero que nadie se me eche encima por ese detalle ya que es posible que este tipo existiese pero mi personaje es ficticio ^^'


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Tema chungo, tratado con la mayor seriedad y delicadeza posible ya que esta va a ser una historia de las que suelo escribir en la categoria Welcome To Hell. El título de esta serie de historias lo dice todo pero en fin, pues eso, tematica fuerte ^^' Avisados quedais... En primera persona. (me gusta escribir según la perspectiva de cada personaje)


Ahora ya soy un hombre hecho y derecho. Aún sigo sin obtener el aprecio o aprobación de mi padre pero el apoyo por parte de mi tío y todo el amor de mí madre me sostienen como me sostenían cuando era un niño, un niño especial como bien habría dicho Blackfield que vive de un modo especial debido a los diversos retos que ha ido teniendo que superar. Sin embargo aún habiendo logrado tanto, preparado para suceder a mi padre en su grandioso cargo, me siento roto por dentro y para mí tristeza, mis personas más cercanas no consiguen arreglarlo. Probablemente sea porque nunca les he hablado ni de Blackfield ni de Williams ni de los otros niños. Tanto mi madre como mi buen tío decidieron que no hablasemos de ello, tán sólo ante el psicologo infantil. El psicologo fue un individuo muy agradable y siempre me escuchó con gran detalle aunque en su tono de voz más de una vez pude apreciar el desagrado que le producía adentrarse en unos recuerdos tán espantosos. Una vez me preguntó acerca de los otros niños, algo raro pues generalmente uno suele centrarse en el opresor.

-¿Y qué relación mantenias con los otros niños? ¿Llegaste a unir lazos con alguno de ellos? -

-Pues... No sabría decirselo. -Fue mi respuesta. Vivía en un lugar que no sabía identificar, lo cúal convertía la permanente oscuridad en algo terrorifico y hasta que no logré diferenciar las diversas voces, esas voces eran aturdidoras pero poco a poco, supongo, que sí, algo de amistad se formó. Era uno más y además invidente, por lo que era tratado con cuidado por los otros. Haciendo un esfuerzo, rememorando las voces, lograría responderle la segunda pregunta. Se lo describí tal y cómo lo imagine, como mi angel de la guardia. Era al que menos oía pero al que más cerca percibía. Todavía recuerdo como me preparaba para ciertas cosas como el día que muy a pesar del propio Blackfield, Williams a modo de pago por un servicio realizado me escogió. M, cuyo nombre me parece recordar era en realidad Michael, decía que que ese hombre te escogiese era lo peor. Podía lucir tán presentable y encantador como Blackfield pero era mucho más perverso que él en los terrenos carnales. Durante el camino me aferré al brazo de M con todas mis fuerzas, en aquellos momentos me parecía que era al único al que podía aferrarme. Entrando a la mansión de Williams mientras nos moviamos hacía el salón principal, Blackfield le comentaba a M que cuidase de mí. El modo en que se lo exigió me pusó los pelos de punta.

-Mi principe, ya sabes la clase de amante que es Williams, procura que nuestro nuevo amigo obedezca. -Dijo y trás decirlo debió de darle un apasionado beso en los labios pues lo que escuché me recordó bastante a esa clase de besos.

Al entrar, a ambos nos temblaban las piernas pero M, muy metido en su papel, supó controlar su miedo y su verguenza mejor que yo. Sobre un elegante sofá de cuero se encontraban Williams y Blackfield. Como bien me informó M y los otros niños, Williams poseía una voz y unos modales exquisitos pero se podían percibir sus malevolas intenciones. Sus ordenes eran tán concisas como las que bien te daba Blackfield. Para nuestra desgracia como bien comprobé al rehusarme a humillarme, poseía un latigo, que no dudaba en usar si sus mandatos no eran obedecidos. Nos trataba como animales a los que había que domesticar. Como cachorros de alguna fiera. Escuchar el leve crujido que emitian sus dedos al estrujar el latigo me producía un miedo incontenible, el modo de no ganarse un latigazo era simple tan simple como dejarse corromper. Cuando comence a ser desnudado, no pude reprimir las ganas de llorar, así que más de una lagrima fueron recorriendo mi rostro y mis musculos se tensaron. Williams seguramente me dirigió una mirada examinadora, de arriba a abajo y con una desagradable sonrisa, dijo:

-Oh mi escurridizo Blackfield, ¿por qué no me dijiste que tu nuevo amiguito era el hijo del mandamás? -

-Pues porque no lo sabía. -Respondió Blackfield con voz tajante.

A juzgar por el tono que adoptaban al hablar entre ellos no debían de llevarse muy bien, más, ahí estaban, frente a nosotros, disfrutando de sus cachorros. Con voz firme y caballerosa, exclamaría, dirigiendose a nosotros:

-¡Eso pone las cosas mucho más entretenidas! Michael, demuestrale lo talentoso que eres a tán especial invitado. -

A M aquello tampoco debía de agradarle pero trás un rapido vistazo a Blackfield, se dispusó a ello. Apenas me había rozado cuando instintivamente puse mis manos sobre mi sexo. Un sonoro no surgió de mis labios pero al sentirme agarrado sería cuando perdería la compostura. Blackfield ciertamente había ofrecido una solución menos dolorosa pero no iba a detener aquello. Agarrado por las muñecas por alguien, otro chico deducí, M pudó ejecutar la orden dada. Me moría de verguenza, jamás me había mostrado sin ropa a otra gente, sólo a mi madre y a la señorita encargada de cuidarme. Para mayor verguenza, estaba tocando y chupando mi sexo como lo hacen las prostitutas. Al pasar un rato se detuvo y se lo sacó de la boca, una sustancia calida comenzó a salir de él. A orden de Williams, M abrió la boca y esa sustancia cayó en el interior de su boca. La situación se volvería nauseabonda cuando le obligase a tragarsela.

-¿Qué te ha parecido? -Me preguntó con tono burlón. -¿Serías capaz de hacerselo? -

Negué con la cabeza y otra serie de gritos y sollozos salieron de mi boca porque ese no no contaba para nada. Quien me agarraba me obligó a ponerme en una postura en la que pudiese lamer o tocar el sexo de M. Yo seguí llorando hasta que ese chico me abofeteó y con voz muy bajita me dijó:

-No seas tonto. Sólo lamelo un rato, como si fuese un helado. -

Su consejo me dejó perplejo pero eso hice. El me ayudó a colocar mis dedos sobre ello. Tenía una forma más parecida a una seta que a un helado de cucurucho pero me esforcé en pensar en la parte que iba a lamer. A diferencia de la fria bola que poseía esa clase de helados, la superficie que lamía no poseía grumos. Justo en el momento en que mis lameteos comenzaban a surtir efecto, Williams nos interrumpió.

-Vaya vaya, lo haces mejor de lo que pensaba. -Diría con la intención de experimentar en carne propia mi talentosa lengua.

Ya podeis imaginar mi reacción. Le supliqué que no me obligase a repitirlo pero no fui escuchado. Cuando se desabrochó los pantalones, lo supé. Me obligó no sólo a lamerla, me obligó a metermela en la boca e incluso a chuparle algo más. Eyaculó sobre mí manchandome con aquella sustancia calida y brumosa pero aquello no iba a finalizar así, el quería algo más. Blackfield se lo figuró enseguida con tal sólo oirle decirme que me diese la vuelta.

-¡Creo que esto ya es suficiente! -Exclamaría levantandose.

Williams podría haber insistido pero con una caballerosidad impropia de un monstruo como él, suspirando, guardandose su sexo y abrochandose de nuevo los pantalones, dió el asunto por finalizado.

Es algo que ya no podré olvidar, podré superarlo pero creedme, jamás se desvanecerá de mi mente. Ni de la de los otros niños. En la mansión de Blackfield, sientiendose culpable, haría lo imposible por consolarme. Llegué llorando, demandando ver a mi madre. M y los otros al escucharme, probablemente también se sintiesen con ese deseo pero no podía ser porque no tenían madre a la acudir.






miércoles, 1 de junio de 2011

WeLcOme to HeLL: CREADORES DE ILUSIONES

Probablemente de día tán sólo resultasen unas cuantas calles llenas de tugurios y maleantes, con casas que hacía tiempo habían perdido el encanto y gentes apartadas de la parte bonita y centrica de la ciudad pero por la noche, ese conjunto de calles se volvían algo más, se inundaban de valiosos visitantes llegados de la zona alta con ganas de experimentar en sus propias carnes lo que se rumoreaba. Si era cierto que las damas del Infierno eran más fogosas y hermosas que sus mujeres o si los juegos que se practicaban eran a vida o muerte y un montón de otras barbaridades, lo cúal siempre venía bien al negocio del vicio y la perdición. Jack N lo sabía, su socio lo sabía, todos los marginados lo sabían, por lo que las noches El infierno se avivaba ofreciendo esa imagen gustosa y decadente a los visitantes. Charlotte y otras cuantas prostitutas o señoritas de buena compañia lo tenían claro, cada noche que se ofrecían a esos visitantes, sabían que se jugaban algo más que la honra, por lo que no era de extrañar que individuos como Jules Blackfield fuesen tán bien recibidos por las chicas pero, para la desgracia de muchas de esas jovenes de hermosos cuerpos pero corazones desgarrados, Blackfield tán sólo sería un buen hombro en el que llorar. Charlotte era la única que consciente de su naturaleza, no le agobiaba y en caso de hacerlo, sus motivos eran tán ingenuos como incomprensibles. Lo cúal llamaba la atención del caballero.

-¿Tú no fantaseas conmigo y todo lo que podría compartir contigo? -Le solía preguntar al verla alejada del grupo que corría trás él al verle caminar por sus calles.

-No porque lo que nosotras ofrecemos nunca ha sido realmente de su agrado. -Le respondía con una calma que enmudecía al escritor pelirrojo. A menudo era él el que acababa fantaseando con ella, con la posibilidad de encontrarsela de otro modo, con apariencia de varón. A pesar de su juventud, Charlotte ya demostró gran suspicacia con respecto a Blackfield pero no le temía. Una vez, tán sólo una vez le dió placer, un placer nada carnal, más bien visual, al cambiar sus medias y escotados vestidos de anchas faldas con vuelo por un atuendo masculino, escondiendo parte de su exuberante y larga melena negra. A ambos le pareció una experiencia hilarante pues a pesar de ser claramente una muchacha, bien podía ser considerada un muchacho. Mirarse al viejo pero cuidado espejo que Blackfield poseía en su destartalado hogar lejos de la zona alta era una prueba dura pues cada vez que lo hacía, una ligera risita que acababa en una irrefrenable carcajada surgía de su boca.

-Ójala fueses un muchacho en realidad. -Le susurraría al oido acercandose a ella por detrás.

-M-Mejor que no pues ya no habría la misma simpatía entre ambos. -Le contestaría ella sintiendo la erección de él, hecho que la preocuparía.

No volvería a darle ese placer pues los atuendos que llevaría ya fuese para sus clientes o a petición de algún artista serían muy femeninos y por supuestos, muy sensuales, acentúando sus dones femeninos. Con complementos tipo ligeros.