martes, 19 de julio de 2011

The Three Wise Men



A ver, queridos amigos y o seguidores, voy a intentar hacer algo con otra gente, gente a la que considero grandes artistas y amigos, conque si sale bien, ire poniendo cosas que yo escriba y dibuje y lo que esos maravillosos artistas me cedan, por lo que leed la letra pequeña despúes de observar los dibujos y disculpad si alguna historia está en ingles. Cada uno escribe como mejor sabe, las mias estarán en español porque es mí lengua. Seais o no fans de estos tres, espero que al menos os gusten las historias ^^

A mí siempre me ha gustado trabajar con otros artistas, un buen ejemplo es Alice in Nightmareland, proyecto de BlackRabbit ^^ Claro que yo nunca he valido mucho como jefe... Bueno a ver si esto saliese bien y la gente se animase ^^ Yo cuando me entero de proyectos así, siempre hago por participar, de dar mi pequeño granito de arena ^^ Además ahora que sé que muchas imagenes de internet son de artistas del DeviantArt, digo que son de alguien y si son de algún amigo, también lo digo ^^ Publicidad al poder XDD

En fin, es como con mis cuadernos, un poco de escritura y mucho arte XDDD Esto os lo digo porque quiero que mi Crossover no sea muy largo, esk WTH son historias y desvarios cortos...

Eso es todo por hoy ^^

lunes, 18 de julio de 2011

WELCOME to HELL - Kuroshitsuji

Echar un ojo a los documentos de la señorita Juliette y la señora Grey era como adentrarse en un laberinto de recuerdos y vivencias decadentes y retorcidas. No era agradable pero había algo de encantador en todo eso que nos animaba a seguir recorriendolo. Juliette, la hermosa y cortés Juliette nos explicaba con una entereza admirable cómo había conseguido aquella fotografía. Una fotografía que debía de ser bastante especial.

-La encontré entre las cosas de Jules. -Comentaba con la voz entristecida al rememorar ese momento. -Al principio iba a quemarla junto con todas sus otras pertenencias pero... No me atreví. -

-¿Quienes son? -Quisé saber dejando a un lado esa información, a mi parecer, innecesaria por su parte. En la fotografia se podían observar tres personas, una bella aunque extraña mujer con una niñita de similar encanto sentada sobre su larga falda y un niño de pie a su lado. Los tres sonreían pero la única que en verdad parecía albergar felicidad en sus ojos era la niñita. Los ojos del joven parecían tán lejanos, como si mirase a un punto perdido de la habitación. Los tonos oscuros de la fotografía hacían difícil identificar el lugar. Los pocos tonos claros que habían eran gracias al vestido de la chiquilla y sus claras pieles. La señora Grey tomó el libro para acercarselo y un gesto duditativo, dijo:

-Creo que por aquí ha de haber algo sobre ellos... -

La señora Grey se detuvó, trás sus gruesas gafas sus ojos acababan de encontrar una serie de frases que componian una breve anotación. Aclarandose la garganta, se dispusó a leerla en voz bien alta.

-La señora Rose acompañada por sus dos adorables hijos, cuyas vestimentas han sido realizas por la habilidosa e imaginativa costurera. -

-Mmm suena muy trivial. -Comenté, un poco decepcionado. -¿No hay nada más escrito? -

-Sí, montones de cosas pero no sé si habrá alguna más en relación al Titiritero. -Me respondió con energía la señora Grey apartando el libro, quedando éste de nuevo en la mitad de la mesita.

-Puede que sí pero no es un texto muy verídico. -Añadió Juliette. -Marleen, avancemos unas paginas más. -Diría a la señora Grey con tono autoritario pero sin perder su dulzura habitual.

La señora Grey obedeció sin rechistar. Lo que se nos sería mostrado sería una bonita ilustración, con trazos tán ligeros y rapidos que daba a primera vista la sensación de ser un simple boceto pero cuidadamente coloreado por algunas zonas de rojo y negro. Lo demás serían letras y más letras. A partir del segundo parrafo, la caligrafía era bruscamente diferente.

-Es el cuento que Blackfield realizó para él. -Pensé en voz alta.

-Efectivamente. O más certeramente, su borrador. -Me corregiría Juliette.

-Blackfield siempre ha tenido mucho talento. -Masculló la señora Grey. Sus palabras salieron como flechas lanzadas con gran fuerza y enojo. -No todo lo escrito era ficción. Ese monstruo le contó algunas cosillas horripilantes. -

-Suena interesante, ¿creen que también compartió con él dónde encontrarle? -

Mis palabras dejaron muy pensativas a las damas. De inmediato cogieron el libro y comenzaron a repasar las anotaciones. Pasada otra media hora, resoplando, sería la señora Grey la que concluiría la busqueda con estas palabras:

-Me temó que no... Bueno, sólo menciona una vez que solía actuar por la plaza de la ciudad pero nada más. -

-Y aún actua allí. -Exclamó W. Todos nos giramos para mirarle. Era lo primero que decía en todo el tiempo que duró la estancia. -Yo le veo de vez en cuando. Es un tipo raro. -

Nos marchamos portando con nosotros el gran libro. Deseaba examinar toda esa parte personalmente, con mayor calma y tiempo. Ambas damas me lo permitieron pero me hicieron prometerles que en cuanto lo encontrase, les alertase sin falta.

-Así lo hare. -Mentí sonriente, consciente de que si lo encontraba, probablemente habría sangre de por medio. La justicia en el Infierno no es igual que en el resto de la ciudad. Nosotros preferimos quedarnos tuertos y sin dientes antes que dejar a alguien de fuera solucionar nuestros problemas.

En algún lugar lejano, ahí estaría él, buscando "amigos", sin otra preocupación. Sin temor a la justicia ni arrepentimientos. Recorriendo los lugares de peor fama de la grisacea y neblosa ciudad capital de Inglaterra. Todas las calles a sus ojos eran parecidas a las de la ciudad que había dejado para cumplir un trato. Claro que la emoción que le acompañaba esa noche no era de nostalgia o pena, simplemente se sentía un poco extraño. Ni la pensión en la que residiría esos días ni el dinero suministrado por Williams le llenaban realmente. Tán sólo tenía a su lado a Rose Lee, la cúal dormía en su cajita dejada sobre el sucio suelo de la habitación de la pensión. Londres era similar a su ciudad pero no tán igual. Había lugares mucho más cautivadores y su historia era más extensa pero sabía que allí no podía reunirse con sus amiguitos. Las prostitutas, de diversas edades pero sin bajar de los veintipocos, le miraban y le lanzaban toda clase de piropos, todos muy subiditos de tono. Él sabía que sólo trataban de llamar su atención. Todas eran iguales. Con respecto a si había o no alguna mandamás como Jo, allí los que mandaban eran sus chulos, todos hombres. Los borrachos se dejaban caer apoyados sobre las fachadas devolviendole miradas amenazadoras o de enojo. Los locales parecían abarrotados y toda clase de ruidos y gritos se podían escuchar provenientes de su interior. Eligiendo uno al azar, se sentaría y degustaría algunas jarras de la cerveza más celebre de por allí. Pensando en que aquello seguía sin consolarle ni apaciguarle, se propondría conseguir algo más espectacular.

-He oido que traes muy buena coca. -

-¿Así? ¿Quién ha ido diciendo eso? -Le bacilaría el particular caballero de origen chino, Lau. Mandamás entre los traficantes de las diversas zonas de la ciudad.

-¿La tienes o no? He recorrido todas las zonas de la ciudad y ninguno ha sabido satisfacerme. -Insistió ignorando la primera respuesta de Lau. Adoptando un aire más serio, diría:

-Si te digo que si y luego resulta que soy un mentiroso. ¿Te enfadarías conmigo o con uno de mis camellos? -

-Pensaría que eres un charlatán como todos los otros. -Respondió él mirandole fijamente a los ojos, los cúales eran tán pequeños y rasgados que apenas parecían estar abiertos.

Acomodandose en su sofá favorito, Lau se echaría a reir ante la seria mirada de aquel extraño cliente.

-Entonces podría engañarte pero eso dañaría mi fama, ¿verdad? -

-Claro y ¿qué sería de su imperio sin fama? -Le soltó el Titiritero consciente de que un individuo que basa su poder y su riqueza en un negocio tán territorial y volatil podía ser devorado por los rivales si no era considerado como el mejor por la clientela. Lau abriría sus ojos agradablemente sorprendido. Aquel tipo le cayó bien, parecía albergar una moderada astucia. Antes de complacerle quisó comprobar hasta qué punto mostraría su astucia.

-Uy, se vendría abajo como una montaña de cartas. ¿Sería Ud capaz de que me ocurriese algo así? -

-Sólo si Ud lo permitiese al entregarme una mercancia de baja calidad. -Le contestó. Cuantas más preguntas de ese tipo le lanzaba el elegante caballero chino, al Titiritero más le gustaba ese jueguecito, porque estaba claro que era un juego. -Conque, siendo sincero, ¿será Ud quién me satisfará con su mejor coca? -Añadió dando fin al juego. Lau se levantó y dando un sonoro aplauso, exclamó:

-¡Si señor! ¡La tengo y se la dejaré probar a muy buen precio! -

Al rato trás un sonoro grito una deslumbrante dama ataviada por un sensual traje tradicional chino de vivos colores llegó hasta el salón en el que ambos hombres se encontraban. En una bandeja traía una gruesa bolsita llena por una sustancia blanca y polvorosa que recordaba a la harina. Los rasgos aniñados de la joven oriental agradaron al Titiritero. Su cabello era tán oscuro como el de Lau pero su flequillo se hallaba más ordenado sobre su frente como finas capas de tela negra. Su cabello, seguramente más largo y liso, había sido recogido por dos graciosos moñitos. En la mitad de cabeza, una gran flor a juego con su vestido estaba colocada sin desordenar ni un cabello. Sin salir ni una sola palabra de su pequeña y apetecible boca de labios fuertemente rosados la dama se aproximó a él. Lau con una gran sonrisa le indicó el precio, que el Titiritero pagó sin queja alguna. Ran-Mao, así llamada esa preciosidad asíatica, miraría a Lau. Era la primera vez que un cliente no se abalanzaba furioso contra su señor. Generalmente los precios que Lau imponía eran bastante altos.

-¿Qué te ha parecido, hermana? Creo que es de los pocos clientes que ha llegado a fascinarme. -Le comentó Lau al poco de verle marcharse, sentado fumando su elegante y antigua pipa mientras Ran-Mao le miraba.

-Es extraño. -Fue lo único que dijo.

-Bueno, a mí eso no me parece malo. Ójala todos los tipos raros que vienen pagasen sin quejarse como ha hecho él. -Pensaría en voz alta Lau acariciando cariñosamente la cabeza a Ran-Mao.



sábado, 16 de julio de 2011

WELCOME to HELL - Kuroshitsuji



"¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios"

Gilbert Keith Chesterton - Escritor británico


Mientras la señorita Elisabeth corría a abrazar a su amiga, la señorita Susan. Mi amo, Ciel Phantomhive no parecía tán entusiasmado, caminó hacía ambas sin acelerar sus pasos en lo más minimo. Al llegar al jardín, en el cúal no sólo pudimos encontrar a las niñas sino a la señorita Annette, a la abuela de la niña y a la cuidadora, Susan y Elisabeth estaban cogidas de la mano, dando saltos, exclamaban:

-¡Susi! ¡Susi! -

-¡Lizzy! ¡Lizzy! -

Era encantador observarlas. Tán felices, su encanto infantil se volvía más empalagoso de que alguien como yo pudiese haber aguantado. El señorito Ciel avanzaría hasta ellas derrumbando ese momento. Todas las damas dirigirían sus ojos a él. Al señorito no le importó sentir las miradas de recelo, lo único que le importaba, ya que había sido arrastrado hasta allí, era permanecer lo más cerca posible de su amada Lizzy. Separando las manos de las de la señorita Susan, agarraría del brazo al señorito y con una resplandeciente sonrisa se lo presentaría a su amiga.

-Éste es el joven del que tanto te he hablado. Estamos comprometidos. -

-¡Es guapísimo! ¡Oh, disculpa! -Soltaría la señorita Susan ruborizandose un poquito ante la atenta y disciplinaria mirada de su abuela paterna. -Soy Susanne, encantada de conocerle, Señor Phantomhive. -Le diría de inmediato poniendose lo más fina posible, como le habían ido enseñando desde temprana edad.

-El placer es mio. -Respondió el señorito Ciel adoptando un aire distinguido.

Desde mi rincón les contemplaba sin decir palabra. Tán sólo haría una aparición si el amo me requería pero por el momento el amo Ciel parecía haberse olvidado de mí. Atendía las preguntas de las damas de mayor edad con paciencia y a veces, incluso se le podía apreciar una sonrisa. Sentado junto a Lizzy degustaba las galletas caseras que la cuidadora de la señorita Susan había preparado aquel día para ellos. Todo iba bien, todo iba demasiado bien. Mis sentidos se revolucionaron, gire la cabeza y lo ví. A primera vista no pensé que fuese a ser un tipo peligroso pero me sentí inundado por una emocion desagradable, un mal presentimiento nació, como si la presencia de aquel hombre me indicase que algo malo sucedería dentro de poco. Ese hombre se paró justo al llegar a la gran puerta que daba salida al jardín. Sus ropas y sus modales eran exquisitos aunque tenía algo de pícaro, algo que no parecía concordar con la manera de ser de las otras personas en la casa presentes. Ni mi amo, por muy cruel que se mostrase a veces, poseía lo que aquel hombre.

-Deduzco que tu debes de ser el mayordomo del señorito Ciel Phantomhive. -Me dijo mirandome de arriba a abajo con una sonrisa burlona.

-Qué inteligente. -Replique. Mi vestimenta no dejaba duda de ello. -¿Y Ud es...? -

-El tío de la encantadora señorita Susan. -

Su respuesta fue suficiente para mí en aquel momento. Antes de adentrarse al amplio jardín, dijo:

-Eres un tipo interesante. Seguro que hay pocos mayordomos como tu. -

Mi tranquilidad se quebró. Aquel humano había conseguido llamar mí atención y no sólo como mayordomo. Colando una mano sobre mi mentón, no le quitaría ojo de encima. El modo en que fui presentado a las damas y otros invitados que irían llegando horas despúes fue bastante socarrón por parte del señorito Ciel mientras me ordenaba tomar asiento entre ellos.

-Sé que más de uno habrá sentido curiosidad. Éste individuo que está entre nosotros, es mí mejor y más fiel serviente. Un mayordomo único, su nombre es Sebastian Michaelis. -Anuncía con un orgullo desmedido mi amo.

Todos me observaban y hablaban entre ellos. Ciertamente Ciel sabía como hacerme sentir incomodo. Lizzy, para mi desgracia, lo reiteró con mayor enfasis:

-¡Así es! Damas y caballeros, este hombre es capaz de hacer cualquier cosa, a veces mi madre y yo pensamos que no parece un humano convencional. -

-Entonces su señorito ha de estar muy orgulloso de Ud. -Me dijo la madre de la señorita Susan que se había asombrado de todas las cosas que había narrado la señorita Elisabeth sobre algunas vivencias en la mansión Phantomhive. Era una dama tán linda y dulce que costaba imaginarla como hermana de aquel hombre, hombre cuyo nombre era Williams como luego descubriría. En general fue una llegada muy agradable, la familia de la señorita Susan era muy cordial y llena de vitalidad. Ni el señorito Ciel ni yo nos topamos con nada sospechoso.

La ciudad parecía más entristecida que de costumbre. El cielo seguía teniendo un color grisaceo y oscuro que hacía sentir gran tristeza a W. No podía explicarme cómo pero siempre acababamos reuniendonos en el mismo lugar, la mansión de Blackfield. La señorita Juliette seguía luciendo un aspecto intachable, femenino y tán recatado como bien no había olvidado de ella. La bondad con la que nos trataba aún me hacía sentir mal aunque ella se esforzaba por convencerme de que yo nunca tuve la culpa, de que yo era una victima al igual que ella una complice. La señora Grey también había acudido a la mansión. Ella era una mujer firme y muy religiosa. La única con valentía y ovarios en ayudar a Juliette en su caza de brujas. Juntas atraparon a muchos monstruos, por lo que, como última esperanza, me dirigí a preguntarles a ellas acerca del Titiritero. Las expresiones de ambas damas se volverían drasticamente diferentes al escuchar mi pregunta.

-¿El Titiritero? Dime señora Grey, ¿encontramos a alguno apodado así por los otros? -Preguntó Juliette temblorosa trás escuchar su nombre y la clase de monstruosidades que le caracterizaban. La señora Grey, con una firmeza irrompible respondió:

-No pero no estoy del todo segura, Juliette, como bien sabrás, eran tantos... -

La señorita Juliette asintió mordiendose el labio inferior. Para ellas seguía sin ser fácil desentreñar aquellos recuerdos y exponerlos de nuevo. W apenas hablaba, bebía su té con expresión decaída. W sabía algo sobre ese monstruo que ellas no sabían y que probablemente les hubiese ayudado a capturarlo.

-Bueno, si no sabeis nada o no lo recordaís bien, no importa... -Les indiqué al rato de terminar mi té dejandolo en la mesita central. -Aunque me habría gustado encontrar algo, aunque tán sólo fuese una leve pista. -

Juliette me miró a la señora Grey y luego mirandome a mí, anunció:

-Nosotras no lo recordamos pero podriamos prestarte todo lo que sacamos de nuestra larga caceria. -

Y de inmediato salió de la habitación. En el ático, el amplio, frio y aterrador ático Juliette solía dejar los trastos usados o ropa que deseaba entregar a la parroquia pero solía olvidar al cabo de un tiempo. Rebuscando bien entre cajas y algunos baules, dió con el grueso libro lleno de fotografias, declaraciones y otras diversas cosas que fueron reuniendo. Mi sorpresa fue enorme al verla llegar de nuevo con ese tesoro. Me levanté y la ayude a dejarlo en la mesita. Debía de poseer mucha información pues al caer a la mesa se oyó un fuerte PUM. W y yo nos moriamos de ganas de echarle un ojo. La señora Grey y Juliette dejaron en una bandeja las tazas vacias o con muy poco té a un lado de la mesita y abrieron el pesado libro. Antes de aventurarse a rebuscar, la señora Grey volvió a preguntarme el nombre del monstruo que buscaba.

-Es llamado El titiritero. Sólo sé eso. -Dije sin hacerlas esperar ni un minuto.

La señora Grey ordenó a la señorita Juliette ir a las paginas en las cúales escribieron todos los motes de los monstruos que encontraron con sus respectivos nombres. Eso sí que era una señora investigación. Había muchos, nuestros ojos se agrandaron sorprendidos. Por fortuna estaban en orden alfabetico. Eran como una plaga de vampiros, donde moría uno, aparecía otro nuevo.

-¡Titiritero! ¡Aquí está! -Gritó Juliette con satisfacción señalando ese nombre.

Todos miramos hacía donde su dedo indicaba y efectivamente, con una rapida pero leible caligrafia de color negro estaba escrito su apodo. Nuestra alegría se desvaneció al no encontrar su nombre real. Avanzando con los ojos al lugar en que eran escritos los nombres de los sujetos había un decepcionante hueco. La señorita Juliette arrugó la frente pero fue todavía sonreía.

-No os desanimeis. -Nos consoló. -Puede que su nombre real no aparezca pero creo que si seguimos buscando encontraremos algo mejor que un nombre. -

Sus palabras sonaron misteriosamente esperanzadoras. Fue pasando hojas y hojas con rapidez hasta que llegó a la que nos sería de gran interés. Había una vieja fotografía entre las paginas. Lo que Juliette nos confesaría nos dejaría más que sorprendidos. Desde luego ese libro era más que un tesoro.

jueves, 14 de julio de 2011

CIRCUS CIRCUS Despierta

-En serio, de repente... El fuego fue surgiendo y lo fue arrasando todo... Los muebles, mi madre... ¡Todo fue devorado por las llamas! -Contaba Piro casi extasiado, alzando la voz en las partes que más le emocionaban. Nosotros le escuchabamos sin decir palabra, alguno asentía con los ojos abiertos, cautivado por el rememoramiento de semejante prodigio.

La historia acabaría de mala manera cuando un "cuidador" le regañaría interrumpiendolo inesperadamente.

-¡Ya vale Steve! ¡El doctor te prohibió revivir ese acontecimiento! -

Lo cúal enfurecería a Piro que se encontraba a punto de decirnos que todo eso había pasado porque él mismo lo provocó. Levantandose le gritaría:

-¡Mi nombre es Stephen capullo! ¡Además yo lo revivo cuando quiera no cuando quiera ese saco de huesos! -

Por mal comportamiento fue llevado ante el doctor. Así acaban las cosas más a menudo de lo que a uno le gustaría. Aún sentados en el frio suelo vimos como ese tipo se llevaba a Piro a la fuerza, agarrandolo y tirando de él con sus fuertes y enormes brazos. Cuando regresó, cada uno estabamos ocupados, concentrados en otras tareas. Dibujando en el suelo con una tiza de pequeño tamaño, no paraba de pensar en María. Si el Doctor Von Klauss tenía razón, habíamos ido a parar a la misma casa de locos pero seguramente ella se hallase en la zona femenina. No había zona femenina, por lo que mi primera hipotesis fue erronea pero sí estaba en otra zona, ahí tanto mujeres como hombres andabamos repartidos como bien se podía. Piro, más calmado, gracias a algún medicamento, se sentó a mí lado para observar el dibujo que hacía mediante trazos sencillos pero elegantes. Él decía que también sabía dibujar pero que no era tán talentoso. Acabado el dibujo, la imagen que retenía de María, todos se dirigieron hasta mi rincón para verlo. A veces resultaba asfixiante ser tán admirado. Afinando oidos, lo borré, el Doctor definido acertadamente por Piro como saco de huesos estaba a punto de llegar.

-¡Jooooohhhh! -Musitarían mis admiradores.

Tener una charla delicada con aquel hombre era lo menos que me apetecía. En la pequeña sala en la que eramos llevados para hablar y hablar de heridas que no cicatrizaban como era conveniente, nos sentamos frente a frente separados por una mesa vieja de madera que ofrecía un aspecto tán lamentable como muchos de nosotros, los pacientes. Esa vez quisó centrar la conversación en las personas que yo consideraba más influyentes en mi infancia.

-No suena muy original por su parte, Doctor. -Le reproché sonriente.

-Pues es lo que más me interesa hoy. -Me replicaría molesto, fingiendo no darle importancia.

-Está bien. Jules Blackfield, Jack N y Lautremont hasta el momento. -Solté con voz cansina.

Él se dispusó a anotarlos en su elegante cuadernillo y preguntó con mirada tediosa:

-¿Alguno más? Sabe que puede confiar en mí, que lo que diga no saldrá de entre nosotros dos. -

Este doctor no me agradaba, mostraba tán poco interés, como si las cosas que le contasemos las hubiese escuchado tantas veces que hubiesen perdido el sentido para él. Al menos en el Doctor Von Klauss se veía que escuchar nuestros trapos sucios le gustaba. Probablemente hacía tiempo que había perdido ese vigor. No iba a soltar ni una palabra más. Si no había atención, la función terminaría pronto.

-No, no recuerdo ninguno más. -Mentí pero me salió muy natural.

-¿Está seguro? El Doctor Von Klauss insiste en que una vez hubo alguien que fue una buena influencia para Ud. -Dijo y sus ojos ante mi expresión de rabia y perplejidad brillaron por un instante. Vaya, vaya con el Doctor Von Klauss. Era todo un cabrón. Poniendo las manos sobre la mesa, lo admití:

-Es cierto pero tampoco mantuve una relación muy larga con él. -

-Eso da igual. ¿Cúal es su nombre? -Replicó el Doctor. Su voz iba ganando fuerza.

-Ya debería saberlo. -Le respondi malicioso. -¿O acaso el Doctor Von Klauss no se lo dijo? -

Me sentí ganador de nuevo, como si hubiese vuelto a mandar dentro de aquella pequeña habitación de nuevo. El Doctor insistió en saberlo varias veces. Yo me acomode con una gran sonrisa pero que el recuerdo de Viktor el prodigioso volviese a mí mente, me removió por dentro. No era como la tristeza pero si como si un fuerte y grueso nudo hubiese sido colocado en mi interior. Debí de perder la consciencia pues la sesión fue interrumpida para llevarme de inmediato a otra sala, para averiguar a qué se debía ese desvanecimiento. Fue raro pero bonito a su vez porque desde ese momento me vería premiado al igual que Piro, inexplicablemente.

miércoles, 13 de julio de 2011

CIRCUS CIRCUS I miss you

¿Sabe? Es cierto eso que dicen, eso de que por cada persona buena, te encontrarás a dos malvadas pero no nos importa. En realidad, nada nos importa desde que te fuiste...

Charlotte lloraba, lloraba mucho cuando aquellos hombre vestidos de azul oscuro con gorras del mismo color y armas vinieron para hablar de algo muy importante con ella. Todos en el circo nos pusimos muy serios pero esos hombres nos superaban, incluso se pusieron a gritar a la pobre Charlotte. Charlotte, aún con lagrimas en el rostro, les invitó a pasar a su pequeño pero bonito roulot. Pasadas varias horas, se nos comunicó que teniamos que ir con esos hombres. Ni nuestros lloros ni nuestras patadas nos salvaron de abandonar el circo.

-¡Charlotte! ¡Charlotte!-

Llamamos a Charlotte gritando con todas nuestras fuerzas pero ella no salió a ayudarnos. ¡Si Ud hubiese estado seguro que Ud hubiese hecho algo! Despúes de vivir unos días en un horrible lugar lleno de otros niños desagradables y malvados, una señorita acompañada por un hombre nos sacó de allí. Acudimos a la puerta de entrada corriendo, entusiasmados, creyendo que era Charlotte y Ud. La decepción fue enorme. Aquellas personas nos eran desconocidas. Nos observaron, se miraron a los ojos y luego sonrieron. Cogidas de la mano dejamos aquel lugar y a todos los que vivían en el. ¡Eso nos consoló un poquito!

-Niñas, está será vuestra nuevo hogar. -Nos indicaron nada más entrar a su casa. Era un sitio muy grande y con muchas cosas pero nunca sería tán hogareño como el circo.

Estaba situada en un barrio donde la gente era buena, educada y muy religiosa pero muy aburrida. Nuestras habitaciones eran como dos roulots juntos. Nos quedamos sin habla. Una señora muy estirada nos enseñaba a comportarnos y un hombre con unos bigotes muy graciosos nos enseñaba literatura, aritmetica o historia pero sus lecciones jamás serían tán interesantes como las que Ud nos daba. Ud nos hablaba de hombres muy a admirar. Sin embargo, nos agrada mucho las cosas que nos permiten tomar a la hora del té. ¡Tenemos tantas ganas de volver a ver a Charlotte! No puede ser porque según nuestros "padres" el circo está en una zona muy peligrosa. Nos echamos a llorar hasta quedarnos dormidas. Un día nos dieron una gran sorpresa.

-Niñas, va a ver un espectáculo de magía dentro de poco en el teatro, ¿os gustaría que fuesemos? -

-¡Sí! ¡Vayamos! -Respondimos a la vez, emocionadas, creyendo que a lo mejor podría ser Ud uno de los magos. No fue así pero al menos pasamos un rato agradable fuera de casa.

No nos desanimamos, tratamos de pensar que con suerte, en el próximo estaría Viktor el prodigioso. Mamá nos trajó un libro muy hermoso, en el se contaban diversas historias sobre aquel hechicero del que nos hablaste una vez acompañado por imagenes muy detalladas.

-¿Os habeís fijado qué detalladas son las ilustraciones? Es un libro que parece difícil de encontrar. -Nos dijó Papá pasando las hojas, deteniendose en las que había algún dibujo o imagen. -¡Incluso hay fotografias! -

Te habría encantado. Nuestra favorita era una en la que una bellisíma mujer con el pelo oscuro y un curioso traje de mangas muy anchas atado por una cinta o un pañuelo de gran tamaño se encontraba apoyada sobre un hombre sentado en un sillón de pelo oscuro y gafas. Vestido como algunos acrobatas venidos de la china pero con un manto negro y azul. A esos acrobatas los vimos una vez en otro espectáculo. A papá también le gustan esas cosas. No son personas malvadas, son muy buenos y nos quieren mucho, por lo que siempre nos esforzamos en ser buenas también pero seguimos queriendo estar con vosotros más, con Charlotte y con Ud. Ellos no nos entienden. Por cierto, estamos intentando no usar su regalo demasiado.

martes, 12 de julio de 2011

WELCOME to HELL - Kuroshitsuji

"La carencia de vicios añade muy poco a la virtud"
Antonio Machado - Poeta y prosista español


Me observaba como quien observa un objeto de gran valor o aspecto inigualable o como a una persona de gran cargo o de gran fascinación. Aunque no tenía larga vida a sus espaldas, llegando a la mitad y poco más, en su rostro se apreciaba ese cansancio y esa lentitud tán propia de una persona anciana. Colocando su mano derecha sobre parte de su rostro me escuchaba sin decir palabra, poseía una sonrisa que no parecía desvanecerse y sus ojos brillaban como hacía tiempo que no brillaban. Por un momento parecía haber recuperado algo de ese encanto que tanto me llamó la atención la primera vez que nos conocimos. Sentados frente a frente, separados por una larga mesa de recia madera, muy dañada, nuestro encuentro no parecía muy agradable. He de admitir que me dió algo de pena ver que su elegante ropa había sido sustituida por un feo y gastado pijama que años atrás habría sido blanco.

-He venido a preguntarte una cosa. -Dije, rompiendo el frio silencio que reinaba en la pequeña habitación.

-Te escucho. -Dijo él sin apenas variar su postura.

-¿Sabrías decirme dónde podría encontrar a las victimas del monstruo apodado El titiritero? -Lo pregunté sin andarme con rodeos. -Unos niños trabajadores del Circus Circus fueron secuestrados hace poco por él. -

Negando con la cabeza, sin que su sonrisa se deformase, me respondió:

-¿El titiritero? Ese nombre me suena pero apenas sé sobre él. -

Se quedó pensativo un instante, fue el único momento que no le ví sonreir.

-Quizás Williams pueda decirte más. Él tenía un grupo de amistades más amplio que yo. -

-Es posible. De todos modos, gracias por tu colaboración. -Concluí incorporandome pues tenía pensado irme. La expresión en su rostro varió con rapidez.

-¿Ya te vas? -Quisó saber arrugando la frente.

La sonrisa se dobló finalmente. Sus ojos estaban secos pero parecía a punto de llorar. Levantandose bruscamente, haciendo caer su taburete a un lado, me pediría alargar la visita.

-Quedate. Por favor, quedate un poquito más. -

Sus palabras salían atropelladamente. Yo continué caminando hacía la puerta. Tán sólo había venido a recoger un poco de información, lo demás era innecesario. Fije mis ojos en la puerta, a sabiendas de que si me giraba para observar a Blackfield por última vez, a ese Blackfield solo y desgastado, quizás comenzaría a sentir pena por él y volvería a reflectar una imagen similar a la que W solía retener. Erronea y o corrosiva. Un monstruo es un monstruo, tenga corazón o no. Alcanzando la puerta mientras giraba el picaporte para que ésta se abriese, Blackfield, en un último intento por prologar mi estancia, me daría un dato escalofriante.

-Me encontré una vez con el llamado Titiritero. Me pidió escribirle un cuento, algo bonito que leerle a sus amiguitos. -

Me marché de todos modos, no me iba a poner a hablar sobre esas vivencias con él al igual que no le hablaría de los otros monstruos que empece a conocer.

El hogar de la señorita Susan, sobrina hasta el momento no muy conocida, de Williams era grandioso rodeado de bellos jardines pero eso para Williams no debía de ser una novedad. Desde la ventana del carruaje observaba callado los magnificos paisajes que aquella tierra le ofrecía. Aquella zona no tenía nada que ver con el Infierno. Lo cúal le resultaba demasiado previsible. Williams siempre fue un hombre que buscaba lo inadecuado, lo imprevisible y lo prohibido. Era demasiado inquieto para vivir tál y como a su familia le hubiese gustado, más, muy a su pesar, les contentó sacandose la carrera de abogado. Cuando el cochero informó de que ya habían llegado, Williams, al poco de detenerse los caballos, abriendo la puerta contestó con voz enérgica:

-¡Ya iba siendo hora! -

Practicamente salió al exterior de un salto. Se encontraba ansioso de salir de esa caja con ruedas tirada por caballos. Por muy largo que fuese el trayecto, Williams no parecía agarrotado. Entregó la correspondiente cantidad de dinero que el cochero demandaba por realizar el trayecto y camino hacía la gran mansión. La fachada lucía un recatado color salmón. Elección de su hermana, a ella le gustaban los tonos suaves y colores rosados. Williams se detuvó frente a la puerta llevando su equipaje no muy abultado sobre uno de sus hombros. Al poco de golpear el portón dorado dos veces, un aviejado mayordomo de mirada severa le abriría invitandolo a pasar al interior de la mansión. En el gran salón, de estrechura y estilo decorativo parecido al de su vivienda pero con muebles pintados a mano de blanco y alguna que otra escultura de reluciente marmol, se encontraba la señorita Susan junto a su madre y la madre de su padre. La niña sería la única de las tres en recibirle con una entusiasta sonrisa y a posteriori, un abrazo.

-¡Tío Williams! -Exclamaría echandose a sus brazos riendo.

-¡Hola Susanne! ¡Veo que aún te acuerdas de mí! -Exclamaría él a su vez mientras la acogía en sus brazos. Ella diría:

-¡Síi! -

Al igual que su buena amiga Elisabeth, Susan era una chiquilla alegre y despreocupada. A Williams le gustaba que tuviese ese caracter. Su hermana en cambio siempre fue una niñita seria y demasiado formal para su edad. Era alta, delgada, todavía por desarrollar atributos pero con un precioso cabello castaño claro y ojos grisaceos. Muy similar a su abuelita materna, presente en el gran salón.

-Es todo un encanto. -Anunciaría sentandose entre las damas de mayor edad. La niña, sin maldad, se sentaría en sus rodillas. Era su tío más querido porque era el hombre más divertido de toda la familia. Su madre la reprendería con la mirada, no confiaba en su hermano y menos cuando su hija estaba de por medio. Susan fue de inmediato a sentarse a un sillón, con la frente arrugada. Ella no comprendía porque su madre la alejaba de su querido tío. Es lo que a veces pasa, no vemos el peligro hasta que estamos bien dentro de él. Williams fue presentado a la madre de Stefan, la cúal le estrechó la mano por mero protócolo. A ella tampoco le agradaba del todo aquel hombre. Es más, no podía concebir que la maravillosa Annette y Williams viniesen del mismo vientre. Williams tampoco se mostró excesivamente simpatico, aquella mujer le recordaba demasiado a otra dama de gran temer, la señora Grey.

Un hombre todo vestido de negro cubierto por una larga capa de igual color informaría a M de que Williams hacía poco que había emprendido un viaje. M abandonaría la mansión de William de muy mal humor. La diosa fortuna no parecía estar de su lado esa semana. Cuando al instante de su llegada escuche un gran estrepito arriba, en la parte de mi casa que le cedí amablemente, supe perfectamente que el no encontrar a ese canalla de Williams le había molestado. Subí a reprenderle.

-Mis muebles no tienen la culpa de que las cosas no te salgan bien a veces. -Le comenté adoptando un tono autoritario. -Deja de golpear mis muebles. -

Él se detuvo pero aún había mucha rabia en sus ojos.

-Tienes razón. Supongo que a veces no soy capaz de controlar mis emociones. -Admitió con una sonrisilla.

-Pues te convendría controlarlas. -Le recordé antes de regresar a la parte de abajo, la única que me quedaba, retomando mis cosas, es decir, retomando o bien la lectura de alguno de los muchos libros que formaban parte de mi biblioteca privada o finalizando algún cuadro. Quizás a exponer, quizás para disfrute personal. En el momento que aquel tipo de negro se presento en mi casa para hablar con M o para lo que fuese, supé que M estaba metido en algo serio, muy serio.

-El Infierno se va a convertir en un infierno literalmente. -Le soltó con una enigmatica sonrisa.

-¿De verdad? -Se mofó M.

-Sí. Sólo venía a avisarte. -Le respondió ignorando la fanfarroneria de M. -Yo no seré el unico demonio que pase por aqui. -

lunes, 11 de julio de 2011

Circus Circus RECUERDOS...

Antes de dormir le gustaba recordar, sumergirse en hechos pasados, rememorar a otras grandes personalidades y las charlas mantenidas con ellas, como aquella que mantendría con Yuuko, La bruja de las dimensiones, aquella capaz de conceder cualquier deseo...

-¡Si lo haces, habrá consecuencias! -Exclamó la llamada Bruja de las dimensiones, Yuuko, con voz crispada. Encontrarse con ese mago, otro mago que tampoco parecía escuchar sus valiosas palabras y con sus actos revolucionaría un equilibrio muy debilitado, la tenía muy alterada. En sus palabras se apreciaba que no había maldad en sus actos, no era como Fei Wang Reed pero tampoco había prudencia.

-Siempre hay consecuencias... Además antes de dejarme caer por aquí, ya lo había meditado. -Dijó el mago sin alterarse, con una sonrisa que a Yuuko resultó familiar. Trás sus gafas redondas se encontraban unos ojos de un bonito azul oscuro que brillaban impulsados por la esperanza de lograr un objetivo. ¿Por qué todos los magos serán tán cabezotas? Pensó Yuuko dandose cuenta de que dijese lo que dijese y lo dijese como lo dijese, sus palabras no detendrían al mago. Yuuko recobró la compostura y acomodandose en el hermoso sofá que poseía cuyo aspecto llamaba la atención del mago, pues parecía ser uno de los pocos muebles de caracter europeo que se podían observar en la morada de aquella fascinante dama. Dejando entrever sus largas y bonitas piernas de clara clarísima piel, Yuuko retomaría su pipa, abandonada en una mesita cercana a ella. Eso parecía ayudar a calmar sus nervios o simplemente le daba un aire más misterioso. Al mago le costaba entender ciertos habitos.

-Está bien, te concederé ese deseo pero a cambio quiero algo. -Acabo por acceder Yuuko, trás el anterior momento de sorpresa y consecuente enojo, al escuchar la petición del mago. El humo iba y venía invadiendo la poco iluminada habitación, cercana al bellísimo jardín a cada inspiración que Yuuko hacía. El mago la miró extrañado, ¿qué podría querer semejante mujer de él? lleno de curiosidad, preguntó:

-¿Qué es lo que te interesaría que yo pudiese poseer? -

-Tus recuerdos. -Le respondió ella dibujandose una misteriosa sonrisa en su rostro.

-¿Mis recuerdos? -Repitió él arrugando la frente. -Pero eso es algo de lo que no puedo desprenderme. -

-Así son las cosas. Yo concedo deseos pero a cambio debes darme lo más valioso que poseas para equilibrar la magía que sería efectuada. -Explicó Yuuko sin perder su sonrisa misteriosa.

El mago se quedaría un buen rato callado, reflexivo, mirando al suelo. Nadie le había mencionado eso, por lo que se sentía indeciso. Yuuko, por su parte, sabía que podía haberle propuesto entregarle a cambio cualquier otra cosa pues ese mago tenía muchas de gran valor pero suscitaba su curiosidad, no se había topado con muchos magos y aquel mago le atraía. Cosa rara en ella, había algo en él que le hacía recordar al llamado Amo Clow. ¿Sería su gran poder? Aún no era ni la mitad de lo que sería pero ya era inmenso. ¿Sería su aspecto? No del todo, los cabellos de Clow eran oscuros, lacios y largos, recogidos en una coleta por una sencilla cinta azul oscura y ese mago tenía un cabello castaño chocolate corto y revuelto. ¿Su manera de ser? Quizás, quizás, Yuuko realmente no lo sabía y por eso, trasteando, observando sus recuerdos, podría hacerse una idea más cercana. De repente, el mago se levantó ante la expectante mirada de Yuuko.

-Será mejor que lo consiga de otra manera. Le agradezco mucho el haberme atendido señorita Yuuko. -Se despediría de ella, estrechandole con caballerosidad la mano. A Yuuko le agradó con que respeto se dirigía a ella. A modo de despedida, le sugirió:

-Ha sido interesante. Si no encuentra esa manera, ya sabe donde encontrarme. -

Yuuko, sin lugar a dudas, era una bruja espectacular, no sólo en poder sino que también en belleza. El mago quedó tán cautivado como quedaría el otro mago, Clow Reed. Él iba a ser el mandamás, otro mago que cuyo nombre sería mencionado por otros magos con orgullo y respeto, por lo que sabría como escapar de ese destino, sería capaz de ganar un poco de tiempo para sí mismo antes de que aquella inevitable ceremonia tuviese lugar. No se veía como el más indicado y esa ansiedad le lanzó a buscar ese modo de enletecer lo inevitable. Un mago curioso, todos sus compañeros anhelaban ese privilegio y él no.

Cerrando los ojos, se quitaría las gafas y se esforzaría por dormir, todo aquello ya no era más que un valioso recuerdo más. En aquel circo se sentía feliz, no sabía cuanto duraría pero había logrado lo que quería. Sin embargo había ido a parar a un lugar en numerosos momentos aterrador, en pleno Infierno.