domingo, 6 de marzo de 2011

FanFic Slayers REMEMORANDO V


Dibujo de la Copia de Rezo ^^ Me he esforzado un montón, espero que os guste ^^ Desde lejos se ve mejor XD

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Con respecto a la copia de Rezo... Pues según te fijes en el anime, el manga o las novelas su historia varia bastante. En el anime, se sugiere que es creado por Ellis para venganse de Lina, Gaurry y Zel por matar a su amado Rezo sin embargo en el manga y las novelas fue creado por Rezo a modo de experimento en su desesperada busqueda por abrir sus ojos y ver. Lo de Zannafer mola pero en Eterno Poder me basé más en la idea de que la copia fuese mitad demonio o facilmente controlada por un demonio como se cuenta en las novelas y el manga. Al igual que pasa con los clones en las historias de ciencia ficción, el pobre sólo buscaba encontrar su propia identidad. En Eterno Poder eso es algo que va surgiendo porque él lo que quiere es seguir existiendo, aunque sea suplantando al autentico Rezo. Lo del cristal se me ocurrió fijandome en las copias de Lina y Naga y lo de que destruya Sairaag o mejor dicho, la ciudad de Sairaag es simplemente porque al ser demonio o llevado por un demonio con el Flagoon en mitad de la ciudad no puede acceder a ella. En el anime, el manga y supongo que en las novelas, la copia de Rezo muere gracias al Flagoon o Hulagoon. En el fondo, el pobre no era tán malo, simplemente deseo algo que no podía ser y se dejó liar por un demonio. Los homunculus y las copias que surgen de ese espejo en Eterno Poder son más faciles de manipular y dominar ya que no tienen alma. Otro detalle, las vestimentas que lleva la copia en Eterno Poder son las mismas que lleva Rezo XD Ahora vamos con la historia corta ^^

Los días pasaban tranquilos, sin muchas dificultades. Habiendose habituado ya a su papel y sin ser todavía descubierta su verdadera identidad, el doppelganger disfrutaba de la compañia de aquellos que convivian y estaban al servicio del hechicero al que representaba. Siendo poseedor del mismo intelecto que el hechicero, podría haber continuado con las investigaciones de su creador, más como tratandose de una criatura con sentimientos incomprensibles y ninguna vivencia enriquecedora, lo que realmente le interesaba era relacionarse con la gente. Conocía y conversaba de buen agrado con sus ayudantes, con Zolf y con Rodimus pero al llamado Zelgadiss ni lo conocía ni le había sido mencionado por el hechicero. Lo que al principio podría haber sido curiosidad se fue convirtiendo en una duda peligrosa. Incapaz de darle una solución por si mismo, acudió a uno de sus hombres, a aquel que lo había mencionado. Rodimus, cuya cabellera se había despejado totalmente y su fina barba se espesó blanca hacía años, se levantó de la humilde silla en la que se encontraba sentado al ver que su señor se aproximaba. Rodimus y Zolf aún vivían en la primera residencia que consiguió Rezo. Pequeña pero confortable, impregnada de bellos y lejanos recuerdos y una fuerte esencia que la copia reconoció pues ella estaba compuesta en gran medida por esa esencia. Una cabaña situada en un lugar encantador cerca de un rio y no muy lejos de la academia de Magía negra, conocida como Torre Opalo.

-¿Puedo pedirte algo? -Comenzó con voz clara y expresión tranquila colocandose frente a él.

-Lo que Ud desee, Mi señor Rezo. -Le animó respetuosamente Rodimus.

-Me gustaría saber más sobre Zelgadiss, si pudieses informarme, te estaría muy agradecido. -

Las palabras que surgieron de sus labios al principio dejaron bastante perplejo al maduro caballero pero haciendo un esfuerzo por darles un significado apropiado logró sacar una conclusión positiva. Su señor debía estar muy preocupado por el muchacho ya que hacía tiempo que no se veían. Su regreso fue muy inesperado, Zelgadiss que había tenido un entrenamiento cada vez más riguroso, no debía de haber sido informado tampoco. Con tal razonamiento, Rodimus le comunicó lo siguiente:

-Mi señor Rezo, si mal no recuerdo, Zelgadiss estaba entrenandose para llegar a caballero. Deduzco que dado todo este tiempo sin verle por aquí, habrá encontrado ya a un buen caballero al que servir. -

-Entiendo. -Se limitó a decir la ilusión pero añadió. -Si alguna vez le veis por la zona, habladle de mi regreso. -

Rodimus asintiendo energicamente exclamó:

-¡Así lo haré! -

Rodimus observó como se alejaba su señor, a cada paso que daba, se aprecía el leve y acompasado sonido de los cascabeles al chocar unos contra otros. Cascabeles que habían sido atados por el mismísimo Rezo a su bastón más humilde. Aunque Rezo podía permitirse uno más obstentoso o de mejor calidad, el buen monje rojo solía preferir ese. Tenía otro bastón, uno de mejores materiales y con una gran joya roja en la punta, forjado con orihalcon con finas varillas en vez de cascabeles pero tán sólo se le veía llevandolo en grandes acontecimientos o cuando recibía visitas por parte de hombres de muy alto rango. Rezo, faceta muy admirada por Rodimus, era un hombre sencillo que trataba de no sobresalir demasiado, a pesar de ser considerado Gran sabio. De sus ropas se podía decir lo mismo, tán sólo se le veía llevar la larga tunica ,en cuyos puños se colocaban unos brazaletes de dorado color, de vivo color rojo a juego con una amplia y rojiza capa sujeta al cuerpo por unas hombreras de gran tamaño pero muy ligeras plateadas unidas por un gran broche en el cúal Rezo o cualquier otro sabio colocaba su gema magica, una gema que simbolizaba no sólo cúan poderoso se había ido volviendo ese sabio tras años y años de practicas magicas, también simbolizaba su alma. El maduro caballero retomó su tosco asiento y meneando la cabeza con una agridulce sonrisa pensó que si su suposición era correcta, Zelgadiss no volvería con Rezo a menos que éste como Gran sabio se lo solicitase al rey que sirviese como caballero. Zolf llegó al rato y sentandose junto a él en el mismo suelo de tierra, exclamó burlón:

-Sea lo que sea que te haya preguntado Nuestro señor Rezo, no hace falta ponerse así. -

-Yo diría que sí. -Le contestó Rodimus mirandole fijamente. -Para cuando volvamos a ver a Zelgadiss o seremos demasiado viejos o estaremos ya muertos. -

Zolf miró con los ojos entrecerrados a su compañero y murmuró:

-Qué dramatico eres. Con lo consentido y gamberro que es este chaval, seguro que vuelve con Nuestro señor Rezo antes de lo que te imaginas. -

En el gran castillo que le fue concedido como pago a la gran ayuda prestada por Los reyes de Reino de Toledar, la copia del hechicero recorría las estancias con la esperanza de encontrar algo que le ayudase a dar un aspecto más definido al muchacho conocido como Zelgadiss. Sentandose en la gran cama que estaba en el centro de la habitación, avanzando lo suficiente hasta alcanzar a abrir el cajón de la mesita de lisa madera, encontró un objeto que llamó enormemente su atención pues las imagenes que se le presentaron en su mente en el instante de acariciar el objeto fueron lo más cerca que estuvo de resolver ese misterio. En la oscuridad de la noche, en lo profundo de lo que se presumía ser un bosque, un jovencito arremetía contra un arbol de grandes dimensiones con lo que debía de ser una espada. Su aspecto no estaba del todo definido, tán sólo se entreveía algunos detalles tales como su grueso cinturón, sus grandes guantes o la joya que mantenía unida la capa que cubría sus hombros y toda su espalda, finalizando en sus tobillos. En los alaridos que lanzaba el muchacho se percibía una pasión y una dedicación extraordinaria. El doppelganger no pudó evitar sentir fuertes sentimientos hacía el muchacho. Aquel muchacho debía de ser muy estimado por el hechicero pues si no, por que otro motivo sintió lo que sintió. Aquellas imagenes y los sentimientos surgidos harían crecer el deseo de conocer y traer de vuelta a Zelgadiss. La ilusión comenzaba a olvidar su función, su efimera función.

miércoles, 2 de marzo de 2011

FanFic Slayers RED GLUTTONY II


Dibujo de Rezo, El monje rojo ^^ Tál y como aparece en el manga ^^ Espero que os guste, lo he dibujado todo lo mejor que he sido capaz ^^

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
En el primer trozo de lo que sería este capítulo o parte final del Fanfic quería que conocieraís un poco a Hermes Trimegisto (o Clow Reed) y quería ir tanteando un poco como se debió de formar esa unión entre un demonio, un angel y un hechicero astral contra Kaos Lord Khem ^^ Pero en este me voy a poner con Khem y la creación de la piedra magica, que nada tiene que ver con La piedra filosofal tán famosa pero si con La piedra filosofal que aparece en Slayers ^^ Puede que personajes como Marianna y su hermana mayor os recuerden a Luna y Lina pero os aseguro que no son ellas y sus circunstancias tampoco son las mismas porque Marianna es más poderosa que su hermana mayor y la hermana es una hechicera bastante normal... Tematica un poco subidita de tono ^^'

Cerberuss se encontraba paseando por el bosque. Antes de lanzarse trás otra bruja de cabellos de fuego, deseaba vagar por los bosques que poseían sus tierras. Era una costumbre malsana según Khem, que conocía mejor al joven que el propio joven a sí mismo, sin embargo se lo consentía. Esos paseos a tán temprana hora de la mañana le hacían recordar a su buen compañero y único amigo, aún vivo, Dilgear. A mitad del trayecto, unos llantos aniñados le harían alejarse del recuerdo del hombre-bestía. No serían tán sólo los llantos lo que le harían actuar, ya que el medallón de doradas cadenas y gran piedra de rojo brillaría a cada momento más y más intensamente, como indicando la presencia de algo que debía ser encontrado.
-Qué pronto. -Protestaría el joven, mirando a diestro y siniestro, preparandose para una posible batalla. Algunas brujas eran muchachas hermosas pero con un caracter muy marcado. Hijas abandonadas, mujeres injustamente castigadas o simplemente damas que al verse obligadas a vivir escondidas como lobas había desarrollado un instinto animal dificil de calmar. Cerberuss había experimentado las llamas lanzadas con rabia contra él en varias ocasiones, el miedo al fracaso, al castigo de su señor le convertía en un muchacho sorprendentemente testarudo, ella o ellas le lanzaban toda clase de hechizos pero él se negaba a marcharse, no hasta lograr que alguna o esa que le atacaba, le acompañase. Su fama, durante el largo tiempo en que se llevaron a cabo diversas persecuciones a brujas, se hizo notable. El creador del libro que había originado todo aquello fue de los primeros en desear conocerle, de conversar cara a cara con él pero Cerberuss, con delicadeza, rechazaba sus invitaciones. El no hacía ningún trabajo admirable, él simplemente atrapaba o engañaba muchachas pelirrojas por orden y deseo de su amo y señor. La persona dueña de aquellos llantos y gritos de aguda amargura pronto apareció ante Cerberuss. No era más que una muchachita, de edad similar a la de Sira, dedujó el joven. Acercandose a ella, que no lograba retomar su desesperada marcha, Cerberuss bajo los ojos arqueando una ceja, simplemente preguntó:
-¿Por qué lloras? -
La chiquilla estaba tán alterada que no lograba contestar a su pregunta, sus manos estaban sobre sus ojos con los dedos extendidos. Su ropa estaba desgarrada y en sus brazos se apreciaban marcas de oscuro color de dedos. Cerberuss iba a acercarse un poco más para ayudarla a ponerse de pie, estaba claro que la muchachita había recibido una dura paliza. Una voz masculina le detuvó:
-Apartate de mi hija.-
Aquel tono autoritario le trajó muy malos recuerdos. La llorarera de la chiquilla se volvió más rotunda al reconocer la voz de el hombre que era su padre pero no era merecedor de serlo. Lagrimas y mocos caían por su cara. Su nariz se volvía tán rosada como sus mejillas. Una rabia ciega recorrió el cuerpo de Cerberuss cuando el hombre obligó a la chiquilla a levantarse agarrandole la mano bruscamente, en la misma parte donde Cerberuss vió una de las marcas que poseía el cuerpo de la chiquilla. Los dientes de Cerberuss rechinaron al escuchar las palabras que le dedicó a su asustada y avergonzada hija. Palabras tales como:
-¿Dónde te habías metido pequeña zorra? ¡A tu padre casi le da un infarto! ¡Ahora regresemos y acabemos lo que teníamos! -
Ella, la chiquilla se resistía, girando la cabeza, dirigió una mirada suplicante a Cerberuss, que sin ser capaz de reprimir su rabia convertida en odio, fue desembainando su espada mientras el hombre, ese desgraciado hombre, retorciendo la mano a su hija, había comenzado a alejarse con ella practicamente medio sentada, arrastrada por el sucio suelo de tierra y barro. Sabía que un buen noble debía resolver las situaciones con templanza y mediante palabras pero la idea que ese monstruo volviese a levantar la mano contra la chiquilla, le superaba, le enrabieta, le inflamaba el cuerpo y el espiritu de odio, por lo que, viendolo como a un ser despreciable, un ser que no debía existir, al poco de desembainar su espada, Cerberuss, rapido y silencioso como un zorro, lo mató mediante una estocada bastante practicada. Para cuando el hombre se dió cuenta de lo sucedido, la espada que le había atravesado por detrás, ya había salido. La mano del hombre dejó de presionar la muñeca de la chiquilla, que permaneció quieta, sin emitir sonido, observando a su padre desplomarse con una mano sobre el pecho. La había clavado con tanta rabia que no había previsto que podría traspasar sus organos llegando así a traspasar totalmente el cuerpo del hombre. La espada se encontraba toda ensangrentada. Cerberuss la contempló con expresión triunfal, sintiendose satisfecho, por una vez, de tenerla entre sus manos. Si en Sairaag se hablaba de una espada magíca cuyo poder residía en la voluntad del portador, esta espada al igual que su creador acrementaba su función gracias al ser usada con odio o gran dosis de rabia. Colocando la espada sobre el hombro izquierdo, retirandose algunos mechones con la otra mano, Cerberuss interrogó a la chiquilla.
-¿Realmente ese cabrón era tu padre? -
La muchachita asintió encaminando sus ojos hacía aquel que la había salvado.
-Si te digo que no me arrepiento ni un poquito de haberle matado, ¿qué me contestarás? -
La chiquilla se llevó un dedo a la boca pensativa, entre hipidos, logró decir:
-Es comprensible. Mi padre se lo merecía. -
Cerberuss guardó la espada y complacido ante la respuesta de la chiquilla le tendiendole una mano, la chiquilla se pusó en pie aunque sus piernas temblaban haciendole dificultoso no volver a caer. El medallón brilló de forma insoportable. La chiquilla colocó una mano sobre su frente a modo de protección, el joven entrecerró los ojos. Ya no había duda, la chiquilla debía de ser una bruja pues no había nadie más que encajase.
-¿Por qué brilla tu medallón? -Preguntó la chiquilla, en su voz se apreciaba la curiosidad y el miedo.
Cerberuss se lo metió dentro de la camisa. Aún brillaba con fulgor pero tanto la chiquilla como Cerberuss podrían abrir los ojos. Cerberuss se mordió el labio inferior, aunque la pregunta era sencilla, la respuesta debía ser no sólo sencilla, tenía que ser algo que no asustase a la ya de por si asustada chiquilla. Como tampoco quería mentirla, mostrandole una sonrisa le dijó:
-Me ayuda a encontrar a gente especial. -
La muchacha ladeó la cabeza y posó sus azulones ojos sobre él, llevandose las manos a la espalda, entrelazandolas, diría:
-Pues creo que está roto. Yo no soy especial. -
-Bueno... Entonces continuaré con mi busqueda. -Le dijó a modo de despedida Cerheruss y fingió continuar con su paseo. Al girar la cabeza, la chiquilla caminaba, como bien podía, poniendose a su lado.
-Creí que no eras especial. -Le recordó Cerberuss con una expresión burlona. La muchachita replicó:
-Ya pero a lo mejor sí. -
El joven le sonrió. La chiquilla sonrió también, arrimandose cariñosamente a él. Aunque el medallón brilló, lo cúal fue visto por el joven como una muestra retorcida de fortuna, debía ser Khem quien confirmase su exito, lo cúal implicaba dos posibilidades desfavorables para la chiquilla. A lo mejor, siendo optimistas, está era la última bruja que su señor le requería.
-Hoy regresas antes. ¿He de alegrarme o enojarme? -Fueron las palabras que le dedicó desde la entrada su señor. Un hombre que a simple vista no parecía maligno, todo lo contrario, un joven de finos modales, sobrio aspecto e inalterable sonrisa. Cerberuss caminó con la chiquilla hasta llegar frente a él. La bonita sonrisa del joven se deshizo. Con el ceño fruncido apartó a la chiquilla un poco, había ido todo el camino agarrada a él. La muchachita se sintió despreciada, como si aquella atmosfera de camaraderia y afecto se hubiese ido antes de poder impedirlo, y muy fragil. Antes de mirar de nuevo al joven hermoso vestido de rojo, miró con ojos de cordero degollado a su salvador, la mirada que éste le devolvió fue tán serena que casi la chiquilla se echó a llorar. Cerberuss no quería encariñarse con ella, en realidad, intentaba no encariñarse con ninguna de sus prisioneras de rojos cabellos. Los labios de la chiquilla temblaban al igual que todo su cuerpo pero de lagrimas, nada pues las estaba conteniendo con todas sus fuerzas. Sus manos se mantenían en una posición similar a la de estar orando, su respiración tampoco parecía muy regular. El hechicero dirigió su rostro hacía donde supusó que se encontraba la bruja y exclamó con voz delicada:
-Si mis sentidos no me engañan esta mañana, he de alegrarme pues me has cumplido con tu tarea. - Sonriendo, preguntaría a la chiquilla algo. -¿Cómo te llamas pequeña?
La chiquilla mirando al suelo, observando sus sucios y descalzos pies sobre el limpio y pulido suelo, diría, apenas audible:
-Keyla, buen señor. -
-La bella. Un nombre que espero sea cierto. -Comentaría con una sonrisa picara. -Ven conmigo un momento, necesito averiguar algo más sobre ti. -Añadió extendiendole una mano.
La chiquilla dudó, pero no tardaría mucho en dar su mano al hechicero todo vestido de rojo, adentrandose así en el castillo, conducida docilmente a una gran habitación, compuesta por dos zonas bien diferenciadas. En la primera zona había una gran cama y un armario de buen tamaño y una mesita. En la otra, en cambio había una mesa de tamaño mediano, un sillón y toda una pared de estanteria, repleta de libros y objetos curiosos. En cuanto la chiquilla entró, el joven cerró la puerta con llave. Un ligero clic bastó para que la habitación no se pudiese abrir desde dentro a menos que el hechicero quisiese. A la muchachita no le gustó ese sonido, era un sonido demasiado familiar, demasiado aclarador de intenciones. La chiquilla avanzó por la habitación lentamente, temerosa de revivir un evento del que se creía salvada.
-¿Serías tán amable de ir quitandote la ropa? -Le indicó mientras se sentaba en el borde de la cama. -Lo que he de comprobar se encuentra en tu cuerpo. -
La chiquilla abrió los ojos y la boca al mismo tiempo, esas palabras confirmaban sus temores. Con la misma rapidez que había abierto los ojos y boca, respirando profundamente, los cerraría y iría quitandose torpemente las pocas prendas de las que disponía aquella mañana. Eso sí, antes de comenzar, se giró pues no podría hacerlo mirandole a la cara. Que no se hubiese negado energicamente o que no se hubiese puesto a llorar ante la petición de mostrarle su cuerpo desprovisto de ropa hizo sospechar al hechicero de rojo. Las otras muchachas, especialmente Kisa, no se lo concedieron tán mansamente, lo que provocó una situación más vergonzosa para ellas pues a él no le importó ni le hizo sentir degenerado el tener que quitarles la ropa a la fuerza. Sinceramente, le encantó, era medianoche, Cerberuss entró en su habitación con la muchacha dando patadas y lanzando toda clase de gritos, los insultos más devastadores que conocía, sus ojos brillaron furiosos cuando le pidió con las mismas palabras lo que acababa de pedir a la chiquilla, no sería lo único que brillase esa noche, las bolas de fuego que le lanzarían acompañarína al no que salió de sus labios. Crecería el fuego en sus manos antes de ser contenido por las manos del hechicero de rojo, quizás que sus ojos almendrados se encontrasen con los rojos y aterradores ojos de Khem ayudase a templar a esa joven diosa de fuego. Sus atributos femeninos estaban bien repartidos, senos plenamente desarrollados y una vulva cuyos labios mayores y menores no habían sido abiertos se encontraba rodeada por unos desigualados y espesos pelos puvicos, no estaban nada mal. Podría haber ido un poco más allá pero según la actitud de la chica, la exploración era más sencilla o más compleja. En poco tiempo sus sospechas se volverían reales o quedarían como meras sospechas. La chiquilla volvió a girarse al tiempo que decía:
-Ya... Ya estoy. -
-Acercate pues. -Le ordenó sin que su voz sonase ruda o exigente a la chiquilla. -Cuanto antes sea hecho, mejor. Soy un hombre muy ocupado. -Mencionó apremiandola.
La muchachita dió unos pasos sin objecciones. El joven posó sus dedos sobre su rostro. A juzgar por sus rasgos, nariz pequeña, ojos grandes y labios regordetes, no debía de sobrepasar los quince años. De todos modos, siguió recorriendo su cuerpo con sus largos dedos, deteniendose, como no, en la parte que correspondería al busto. Al llegar hasta la pequeña protuberancia que correspondería a sus senos, sus pechos camino de acrementarse hasta llegar a un tamaño y forma redondeada, firme y deseable, sus dedos se detuvieron para a continuación separarse girando de forma circular, dandole al hechicero de rojo una idea más aproximada de su apariencia. Palpandolos un buen rato, con una sonrisa, concluyó:
-Me alegra comprobar que por el momento no hay alteraciones pero me los imaginaba menos caidos. -
Al contrario de lo que le hubiese gustado, la chiquilla no mostró su verguenza abiertamente, sus mejillas se tiñieron de un marcado rojo, nada más. El hechicero de rojo retomó su examinación, dirigiendo sus dedos hacía las caderas de la chiquilla. Aunque se apreciaba un poco de curvatura, no era gran cosa. El hechicero de ropas de rojo color no se sentía sorprendido, quizás sutilmente decepcionado. La situación cambiaría al examinar la parte más intima de la muchachita. A menudo, a muchos les gustaba comparar el sexo femenino con una flor pues la imagen que ofrecía al dejar al descubierto el clitoris, con los labios abiertos, de par en par, recordaba la forma de una flor abierta, con todos los caprichosos pliegues extendidos. Al colocar e ir adentrando algunos dedos sobre los labios menores y mayores en lo que vendría a ser la vulva, el himen, que siendo una capa fina y frágil, no se hubiese roto, trajó un resultado inesperado, posible y disgustante. Al sacar los dedos, a la chiquilla se le escapó un suspiro.
-Hemos acabado. Vuelve a vestirte. -Le comunicó sacando un pañuelo de tela para limpiarse los dedos, que se habían impregnado de algún fluido vaginal. -Dile al apuesto joven que te ha traido hasta mí que venga. -Añadió mientras la chiquilla, aún sorprendida y agradecida por no haber sido violada, recogía sus ropas y se las iba poniendo a toda prisa.
-El señor requiere vuestra presencia en sus aposentos. -Exclamó la muchachita deteniendose al encontrar a Cerberuss.
El joven estaba aparentemente tranquilo pero por dentro era un manojo de nervios. Se presentó sin tardanza, a su señor no le gustaba esperar, podía pero no le agradaba en absoluto. La chiquilla se quedó en mitad de la entrada, no sabía a dónde ir, no sabía con quien ir, la pobre sólo trataba de mantener su ya dañada integridad a flote. Las buenas muchachas tenían que mantener su pureza hasta encontrar al que sería su esposo lo que le quedase de vida. Su flor sólo sería deshojada por esa persona. Cosas de la vida, su flor ya había sido deshojada y ya no podría ir con la cabeza alta, la desgracia la abordaba pues aunque la gente no sabía quien había ese ladrón, hablaban y hablaban de ello. La miraban de forma parecida a la que miraban a los puteros o a las brujas. Esperar las duras palabras o el castigo que aquel joven señor le daría era una actividad insoportable pero no sabía que otra cosa hacer. Cerberuss llegó a los aposentos pero antes de abrir la puerta, respiro hondo, hinchó pecho y dijó:
-¿Me llamaba, Mi señor? -
-Sí. -Le respondió éste desde dentro. -Pasa y no olvides cerrar la puerta bien. -
No fue necesario explicar al joven que la cerrase con llave. Un clic sonó por tercera vez aquella mañana. Su amo y señor le esperaba sentado en el sillón con los brazos apoyados en la mesa que estaba en la zona más lejana a la puerta. A Cerberuss le daba la vaga impresión de encontrarse en el despacho de algún diplomatico o rey. Avanzó hasta allí con paso firme, apretando los puños, esforzandose por contener sus nervios. Ya no era un crio, podría llevar la situación de igual a igual. Sin embargo siempre se sentía tán minusculo frente a su señor, sintiendose así no podía ni hablar. Paró frente a él colocando sus manos hacía atrás entrelazandolas y alzando la mirada con evidente esfuerzo. A Khem le fascinaba ver algo de Dilgear en el joven. El hechicero de rojas ropas fue muy directo con Cerberuss en sus preguntas, estaba enfadado porque que por para él que un trabajo hubiese sido cumplido a medias, no era un trabajo cumplido.
-Lo primero de todo, mi muchacho, ¿dónde encontraste a la señorita Keyla? -Preguntó. Lo que en ese momento quería era confirmar que la muchachita no era una prostituta. Cerberuss le respondió sin tardar ni un minuto:
-En el bosque, Mi señor. -
Khem arqueó una ceja y continuó preguntando:
-De ahí tu repentina llegada. ¿Cómo lograste que viniese tán sumisamente? -
-Maté a su padre y sintiendose sola eligió seguirme al proponerselo. -Contestó. En su rostro se dibujó una sonrisilla, recordando a ese mal padre, que ya yacía muerto siendo comido por algún animal. El hechicero colocó sus manos cuyos dedos se encontraban entrelazados como indicio de la curiosidad que le produjó ese hecho. Cerberuss empezaba a impartir su propia justicia o tán sólo tenía ganas de matar a alguien. No, ese asesinato se debió a un fuerte odio. Como lo habría disfrutado Khem.
-Sólo por curiosidad, antes de matarle, ¿qué sentías?-
Enrevesada pregunta. Cerberuss no compartía muchas cosas con Khem, ya que a Khem no le interesaba de forma afectiva Cerberuss pero a veces, solía hacerle preguntas muy personales, quizás para certificar que el desarrollo fisíco y mental de Cerberuss iba como el quería que fuese. Cerberuss dió un ligero resoplido, no esperaba esa pregunta. por lo que su respuesta fue satisfactoriamente sincera:
-Un desprecio inimaginable. -
-¿Crees que fue forzada? En caso de haberlo sido, más te vale no haberla corrompido tú. -
Las palabras o mejor dicho, las insunuación de su señor dejó a Cerberuss tan enojado como sorprendido.
-¿Violada? Mi señor, ¿Violada por mí? Le juró que yo sólo la trajé conmigo, nada más. -No pudó evitar exclamar Cerberuss alzandose su voz por la provocación de ser considerado eso que insinuaba su señor.
-Mas te convendría. El día que descubrá que has tocado a alguna de las brujas, te castraré de la forma más dolorosa posible. -Le advirtió. Sabía que no lo haría, que no tendría ni el coraje ni la iniciativa pero a Khem le complacía tanto picarle, le hacía sentir un placer que pocas cosas se le igualaban. -Estás en un periodo en que la lujuria se desata con mayor facilidad. ¿O acaso crees que no se a lo que dedicas algunas veces? -Apostilló ladeando la cabeza saboreando como el enfado se tornaba en pudor. Antes de dar su temida orden, Khem dijo:
-No te sofoques, sé que ha sido el propio padre. Tu debido a tu enfermedad y puritanismo, no te atreves a mantener esa clase de relaciones con una dama. Ni siquiera con prostitutas. -
La muchachita correía hacía Cerberuss para abrazarle. El joven, que había logrado mantener la calmar todo ese tiempo, incapaz de aguantar más, se derrumbó frente a Keyra. Cerberuss a orden de su impasible señor debía darle muerte. No tenía por qué pero al igual que pasó con la bruja que iba a ser quemada, si no le valía, para que permitir que continuase viviendo.

lunes, 28 de febrero de 2011

FanFic Slayers RED GLUTTONY

Clow Reed ^^ Le he escogido a él como poderoso hechicero astral, personaje mencionado como uno de los tres que derrotan a Kaos Lord Khem en Gaiax ^^ Por lo que en Eterno Poder este vendría a ser el creador o descubridor de la Magía astral. Eterno Poder además de Elseword, es un Crossover ^^

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Además de Magía negra y blanca, hay Magía shamanistica y astral ^^ Esta magía requiere mucha concentración. En principio tán sólo era usada para traspasar barreras magícas o elementos de toda clase pero cuando su creador descubrió que también podía usarse para derrotar enemigos, principalmente demonios, comenzó a ser considerada y usada de modo parecido a la magía shamanistica. Khem descubrió la llamada Magía negra. Plaxe Hanui (o Lou Groun, como sería más conocido) descubrió la Magía sacra y crearía a partir de esta, la Magía blanca pero sería Hermes Trimegisto (o conocido en otros circulos como Clow Reed) el descubridor y creador de la Magía astral. En Gaiax Hermes Trimegisto debe de ser un tipo importante pues en la biografia de Khem aparece descrito como un tipo considerado un gran hechicero, con respecto a mi elección con el personaje Clow Reed... Clow es otro gran hechicero o mago que me encanta. Creador de las cartas que Sakura usa, creador de una magía que usa el poder de la noche y el día (o algo así, no lo recuerdo bien XD) y podía predecir el futuro ^^ Como se deduce o se sugiere en Tsubasa Chronicles podía moverse por las dimensiones, pues... Teniendo en cuanta que lo de astral es sinonimo de espiritual, creo que Clow Reed puede cuadrar. En la Magía astral el hechizo más poderoso es el Ra-Tilt.

Sentado a la sombra de un hermoso arbol, de buen tamaño y hojas ya en flor, acompañado por una magnifica criatura asemejada a un fiero león o un tigre, con grandes alas doradas, se encontraba leyendo tranquilamente un individuo de aspecto afable, piel clara y hermosos rasgos. Sus tunicas nada tenían que ver con la de los hechiceros del continente vecino. Tán coloridas y tán amplias, trazadas y abrochadas mediante una serie de finos cordones dorados. Sus cabellos se escurrían con suma facilidad sobre su ancha y despreocupada mente, oscuros como la noche y muy lisos. Sus ojos no eran muy grandes pero si claros y tranquilos, tras sus redondas lentes que no caían de su rostro gracias a una cadenita de pequeñas bolitas de color oro. Si el hechicero rojo se distinguía por mantener sus no excesivamente largos cabellos oscuros perfectamente colocados a los lados o el buen Groun por una castaña cabellera con mechones aqui y allá, que le hacían lucir como el excentrico entre los tres sabios, a nuestro reposado amigo se le distinguía por amansar sus cabellos mediante una sencilla cinta. Un apuesto y meditativo individuo a primera vista pero todo un admirador de la sorpresa y los enigmas. Un intelectual con un sentido del humor muy original. La figura que caminaba hacía él, alertando a su alado compañero, era una figura de hermoso y curvilineo cuerpo. Cabellos oscuros y largos, muchísimo más que los suyos, perfecto flequillo que ocultaba sus finas cejas pero no sus inquisitivos rasgados ojos marrones. Una fina nariz y unos rojisimos labios hacían juego con sus ojos de animal silvestre. Una sonrisa traviesa se dibujó en los ojos del sabio al oir los firmes pasos de la dama. Era tán oriental, más de una vez el sabio había tenido más de un libidinoso pensamiento, por lo que no fue difícil advertir cúan feliz se sentía de que precisamente fuese ella la que en aquella suave mañana de primavera fuese en su busca.

-¡Amo Clow! ¡¿Dónde demonios se encontraba?! ¡Llevo toda la maldita mañana buscandole! -Exclamó deteniendo sus pasos frente a él, que con una desesperante y calmada voz simplemente dijo:

-¿Así? Pues he permanecido aquí toda la mañana. -

La criatura de soleada piel acabó por abrir los ojos, los gritos de la muchacha había logrado despertarle. Con un alto bostezo indicó su descontento. La muchacha crispada ante la pachorra de su maestro, dió otra serie de gritos:

-¡Ya me he dado cuenta! ¡Ahora mueva el culo y venga conmigo! -

A Clow no le gustaba que se dirigiese a él de esos modos pero al resultarle tán graciosas sus palabras o sus reacciones, no solía emplear grandes castigos con ella. Tarde o temprano acabaría comportandose. Sin dejar de esbozar esa sonrisa encantadora que solía esbozar, cerró el libro y la siguió, eso sí, todo a su ritmo, desesperando a la inpaciente muchacha. La criatura contempló con ojos vagos como su señor y la ruidosa muchacha abandonaba el gran jardín. Con otro bostezo, el animal retomó su siesta, sin importarle el hecho de haber perdido la comodidad que suponía recostarse sobre su señor o intercambiar el suave tacto de sus tunicas por el de la fresca y rasposa hierba. Caminando a paso ligero cogido de la mano de la muchacha, sus pasos resonarón por todo la tarima de madera. La sorpresa fue mayúscula para Clow al adentrarse al amplio salón y al colocarse las lentes encontrar a la persona que menos esperaba encontrar en su hogar.

-Buenos días, Hermes. -Comenzó a hablar el hombre todo vestido de blanco poniendose en pie. -Ha pasado tanto tiempo... -

Las lagrimas no le permitieron continuar. Hacía tanto tiempo que no veía a ninguno de sus dos y únicos amigos. Clow avanzó hasta él y ambos se abrazaron con intensidad. La muchacha se quedó a lo lejos observandolos, su maestro jamás le había hablado de aquella persona o de su relación con ella. A pesar de lo bromista que solía mostrarse, era un hombre misterioso, no le gustaba hablar de sí mismo. Aunque los ojos de Clow se mantenían serenos, se percibía en ellos una gran ternura. Para el joven Clow, Groun siempre fue el más sensible y desvalido de los tres que iban con Merlín. Torpe e inseguro pero con un corazón de oro y siempre ponía el doble de esfuerzo y atneción en las enseñanzas de Merlín. Clow asintió con una hermosa y calmada sonrisa.
-Hacía tiempo que nadie me llamaba así. Al principio he creido que te referías a otra persona. -Bromeó separandose de su emocionado amigo.
Groun rió llevandose una mano a la boca. Volviendo a sentarse, antes de comenzar a charlar, Clow pidió a la muchacha que les trajese un poco de té.
-Yuuko, ¿serías tán amable de traernos un poco de té? -
Ella descruzó los brazos y con gesto energico contestó:
-Ahora mismo, maestro Clow. -
Nada más decirlo, salió hacía la cocina y pasó un buen rato preparandolo. Clow y Groun observaron como se marchaba. A Groun le pareció una muchacha encantadora. Clow le contó que la había encontrado hacía tiempo y que era muchacha muy portentosa pero con muy mala fortuna. Huerfana y con grandes habilidades magicas.
-Ya veo. Yo también suelo dar un mejor futuro a muchos jovenes, especialmente a muchas jovenes consideradas brujas. -Le comentaba Groun con gran satisfación.
-Me agrada oirlo. Siempre pensé que jamás serías capaz de hacer nada sin mi ayuda o la de Khem. -Le decía Clow con una amplia sonrisa.
La muchacha llegó y aunque olvidó algunas de las formalidades que le había enseñado Clow, les entregó dos tazas repletas de Té verde. Groun la observaba con curiosidad, para ser tán joven, era realmente bonita, lo que más le atrajó fue su fina y blanquicina piel. Sus rasgos también le impresionaron gratamente. Ella se ruborizó al darse cuenta pero cerca de Clow fingió indiferencia. Servido el té, retomó su posición de gatita curiosa junto a la puerta pero al cabo de un rato, Clow le pidió que se encargará de algo mientras ellos charlaban. La muchacha obedeció pero no le pareció justo. Groun, tál y como se apreciaba en sus ojos, no venía a recordar viejos tiempos, Groun tenía algo importante de lo que hablar.
-Pero como puedes ver ya no soy un chiquillo. -Le contestó tras un largo sorbo a su taza de té. -Aunque dada la situación actual, me gustaría volver a ser y volver a aquellos años en los que estabamos juntos. -
La tristeza y la rabia quebraban la voz de Groun. Clow le escuchaba atento, sin decir palabra. Había pasado algo o peor, pasaría algo pronto y no sería bueno. Las palabras salían con dificultad, como si cada una de ellas fuese un trozo de cristal que saliese de su boca pero Groun, a pesar del dolor y las ganas de romperse a llorar, hacía grandes esfuerzos por contarle a su otro gran amigo lo mucho que había cambiado Khem. Tenía que saberlo. Tenía que saberlo para tomar una decisión.
-Ahora todo es tán complicado. Me he pasado largo tiempo buscandolo, había oido que no vivía lejos de Ávalon pero al no conocer el lugar exacto, me ví forzado a ir de un lado para otro. Sé que cuando te diga esto me regañarás pero yo sigo creyendo que puede haber algo bueno en él, algo del Khem que conocimos de niños y por eso lo he estado buscando pero se está metiendo en un terreno muy peligroso. Los angeles dicen que sus ambiciones son intolerables y que hay que ponerle freno. Los demonios le odian, no soportan que un humano sea más poderoso que ellos. Yo, yo no sé que hacer. Los angeles me han pedido ayuda pero tú sabes que yo, yo no sería capaz de traicionarle. Es mi amigo. Por lo que he venido para pedirte, para rogarte, una solución. -
Clow se quedó atónito. En la zona vecina iba a prepararse una guerra de proporciones monumentales y el no había sido informado hasta ese momento. Merlín ya lo había presentido pero se negó a creerlo. Merlín al igual que Lou Groun se esforzaban en ver en Khem algo bueno cuando nunca hubo nada. Clow miró a su amigo frunciendo el ceño, volviendose su calmada y risueña expresión seria. Con voz serena sólo pudo decir:
-Yo ya sabía que esto pasaría. Khem nunca fue como nosotros ni nunca lo será. -
-¿Qué quieres decir con eso? -Quisó saber Groun. -¿Acaso es cierto que tú y Khem nunca llegais a llevaros bien? -
A Clow le resultó duro exponerle que él gracias al descubrimiento y desarrollo de la Magía astral o Magía espiritual, descubrió que su amigo Khem era distinto, extraño. Un humano cuya alma no brillaba de ningún modo ni color, que el modo de expresar sus emociones no era natural, que su amigo parecía vacio por dentro. Al principio se sintió horrorizado, se negó a creerlo pero con el tiempo, trás ir observandole con más detenimiento, acabo convenciendose de ello, volviendose así más distante su relación. Khem tenía grandes ideas pero sus proyectos resultaban a menudo peligrosos o inmorales. Con una agridulce sonrisa Clow asintió. A Groun siempre le disgustó que sus dos únicos y mejores amigos mantuviesen esa relación tán hostil pero como bien dijo, todo se había complicado de un modo atroz e imparable. Groun deseaba parar sus acciones pues a lo largo de su busqueda había encontrado pruebas que le mostraban o que le señalaban las malas acciones de su amigo, sin embargo enfrentarse a él, no se sentía preparado. Era algo que le destrozaría aún más. Clow chascó la lengua y le prometió:
-Plaxe, te prometo llegar a una buena solución. Sabes tán bien como yo, que debemos detenerle. Si tu no puedes, lo haré yo y te prometo que será una muerte piadosa. -
Lou Groun se marchó muy agradecido. Clow pasaría el resto del día reflexionando, recordando y atesorando ideas. Con los ojos fijos en el gran jardín, sin apartarlos del arbol más grueso y bello que poseía, su arbol favorito, que se encontraba todo florido. Khem, sería un asunto complicado pero Clow deseaba que no fuese imposible. Al menos antes tus proyectos iban para un buen fin pensaría antes de ser interrumpido por la muchacha, que le indicaba a gritos que la cena ya estaba en la mesa.

sábado, 26 de febrero de 2011

FanFic Slayers DEVIL´S COURTESAN


Esta ilustración es mía, la he dibujado yo ^^ La dibuje para que os hicieseis una idea, vosotros y los del DA de como es la oracúlo o vidente que Khem encuentra en Sairaag. La he dibujado y la he descrito muy similar a Sylphiel, porque esa personaje me parece muy linda y porque quizás esta chavala sea un antepasado suyo en Eterno Poder, teniendo en cuenta que Sylphiel en Slayers es considerada una oracúlo ^^

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Este capítulo extra va dedicado especialmente para Sir Blackrabbit (o Endlessbunny) ^^
Resulta que también es fan de Slayers y es un gran escritor ^^
Es muy posible que contenga contenido subidito de tono, avisados quedais ^^'

Aunque ya habían pasado varios años desde que fuese humillada y castigada en su aldea, viendose obligada a huir de allí, a no volver a ver a sus padres o amigos, la muchacha aún recordaba los días que pasó allí, creciendo, jugando y ayudando a sus padres en su duro trabajo, lo cuál le hacía sentirse peor. Más desemparada, más sola. A menudo, aquellas proscuitas que la encontraron, la miraban con recelo. No porque fue más joven, no porque su piel fuese más deseable o sus finos cabellos más largos. La miraban así porque les inquietaba. La mayor o con experiencia siempre caminaba delante, las otras, estando la muchacha entre ellas, se encontraban detrás tirando del ruinoso carro de grandes ruidas de madera en el que llevaban sus pocas posesiones. Iban de un lado a otro, cruzando frios rios o dificultosos terrenos, todo lo que hiciera falta para llegar a las ciudades más principales. En alguna que otra ocasión, durante sus largos desplazamientos, solían encontrarse con soldados o bandidos. Ellas le ofrecían sus cuerpos a cambio de poder pasar la noche por su zona. No era una vida fácil ni agradable pero la muchacha se convenció de que los días felices no volverían jamás. Las prostitutas generalmente tenían un lugar en el que trabajar y vivir conocido como burdel. Allí el proxeneta o regente pagaba religiosamente el impuesto que la ciudad demandaba y cada cierto tiempo una parte del dinero que obtenían iba para el municipio. Claro que esta muchacha no llegaría a un burdel hasta pasar varios aprietos en la calle. Ya en las ciudades, preparaban su puesto con aspecto similar al de los comerciantes pero con otros propositos y de espacio todavía más reducido. Todas vestían vestidos de palidos colores que se estrechaban por zonas muy especificas de sus cuerpos. El único detalle que las diferenciaba de las demás muchachas era las cintas amarillas añadidas a los vestidos. La jefa cogió de la mano a la muchacha y paseandose con ella al lado, lanzaba libidinosas insinuaciones a todo varón que sus ojos almendrados de gata veían cruzar cerca de ellas.
-Qué le parecería dar un paseo con esta muchacha. ¿No le gustaría? Es muy dulce. -
Pero no siempre funcionaba, muy a menudo era complicado tener clientes y los pocos que tenían eran o feos o groseros o ambas cosas. Estas prostitutas más de una vez eran tratadas como trapos. Ellas lo único que pedían y más de una vez exigían era que antes del coito, los clientes se bañasen. Higiene ante todo. La desventaja solía ser que muchos de sus clientes se negaban, deseosos de meter su pene en caliente. Otra de las prostitutas, una de recio caracter, largo y ondulado cabello acaramelado, la más replicante, viendo la fragilidad de la muchacha, toda una novata a sus ojos, le iría dando una serie de consejos muy necesarios para seguir en pie.
-Mira, tesoro, muchos de estos tíos, por no decir todos, estan casados y si te la quieren meter, te la meteran por las malas, vamos, deprisa y sin delicadeza, dejate hacer pero antes obligales a lavarse, que se laven es muy importante. Si no quieren, cosa que ocurrirá, porque tienen prisa, o intentan algo raro contigo, usa esto. -Le fue explicando mientras le mostraba una fina y brillante navaja. -Que no te pase lo que a la última. -Dejó caer antes de retomar el trabajo.
La muchacha contempló la navaja en sus manos, nunca antes había tenido ningún arma entre sus dedos. Al ver a la jefa acercarse, la guardó tán bien como pudó entre sus ropas. La jefa no iba sola, trás ella caminaba un joven que a juzgar por sus ropas podría bien ser un noble caballero. A lo lejos, un hombre de aspecto más fibroso les observaba con los brazos cruzados y una expresión de desaprobación. La muchacha se levantó del suelo inmediatamente. El joven no poseía un cuerpo tán marcado como el compañero pero no estaba del todo mal, era esbelto no delgaducho como al principio de podía pensar. Dentro del pequeño puesto, la muchacha pidió al muchacho que se lavase antes.
-Por favor, antes de comenzar, debes lavarte bien. -Le indicó entregandole vergonzosa una jarra de tamaño mediano repleta de agua tibia y un objeto de pequeño tamaño rosado. El joven cogió los objetos sin oponerse, exclamando con su aniñada voz:
-Sin problema. -
La muchacha corrió una larga tela a modo de cortina mientras el joven se quitaba los pantalones y las botas. Era la primera vez que iba a mantener relaciones carnales con una mujer, así que si era necesario estar bien limpio antes, estaría limpio. La belleza y juventud de la muchacha le sorprendió gratamente. Echandose el agua por todo el cuerpo, frotandose con fuerza el rosado objeto por todo el cuerpo, se bañaría allí mismo. La muchacha iría quitandose la poca ropa que disponía y tumbandose totalmente desnuda, expuesta al frio y a la verguenza, le esperaría sobre un colchón poseedor de una suave pero gastada manta. Que visión más hermosa sería para el joven, joven de rizados y rubios cabellos emuladores de los que tienen los querubines y ingenua sonrisa. Caminaría hacía ella y ella respirando profundamente también caminaría hacía él. Juntos, entrelazarían sus labios, sentandose en el colchón. Un largo y jugoso beso, sus labios apenas se separarían pues era agradable lo que sentían al mantenerlos juntados. Esa agradable sensación se iría extendiendo a lo largo de su cuerpo cuando el joven con apariencia angelical, deslizase sus manos hacía sus turgentes pechos, acariciandolos detenidamente, jugueteando con sus blandos pezones, que se endurecerían a los pocos instantes. Seguiría creciendo, haciendola olvidar el pudor o la verguenza, llevandola a un estado extraño y maravilloso, llenando su mente de imagenes difusas, al comenzar a penetrarla, a cada instante que sus cuerpos se entrelazaban. Los gritos, que al principio eran producido por ese inmenso y desconocido placer que el joven le entregaba, se volvieron gritos de angustia y dolor. Los ojos de la muchacha se llenarían de lagrimas y las palabras que saldrían de su bonita boca serían:
-¡Para! ¡Por favor, para! ¡No quiero verte morir! -
Lo cúal produciría un gatillazo al joven. A nadie le excita la mención de su muerte. Retirando con cuidado su ya no erecto sexo, el joven exigiría saber a que era debido esa brusca detención.
-¿Verme morir? No comprendo, estoy vivo. -Le comunicaría a la alterada muchacha, que aún habiendose detenido el acto carnal, aún caían lagrimas por su rostro y las imagenes no parecían esfumarse del todo. La imagen de un joven de cabellos rizados y muy rubio que caía al intentar atravesar un alto muro construido por fuerte piedra gracias a una flecha que le atravesaba el cuerpo. Una flecha cuya forma era inusualmente gruesa. El joven se vistió con rapidez y salió del puestecillo sin echar la vista atrás. Aquello no ayudaría a las prostitutas. La jefa se dirigió a hablar con él.
-¿Qué ha ocurrido? No se le ve muy satisfecho, que digamos. -Fue lo primero que preguntó.
El joven, joven de buen corazón, se mantuvó un momento en silencio pero al final, temiendo posiblemente que esa mujeretona pegase a la muchacha por no satisfacerle, dijo:
-A mitad del acto, he sufrido un pequeño accidente... -
-¡Oh cuanto lo lamento! Aún así, ¿podremos quedarnos con su dinero? -Sería lo segundo y más importante que preguntaría al joven. El joven asentiría con la cabeza y se alejaría de ellas.
Dado que algo similar ocurrió con otro cliente, uno menos cortés. Las otras prostitutas discutieron durante varios días que hacer con ella. La mayoria de ellas deseaban deshacerse de ella, abandonarla, dejarla a su suerte pero aquella que había ido aconsejando a la muchacha, sentía pena pues la veía muy verde. Haciendo gala de su astucia, les sugiriría esto:
-¿Por qué no la vendes a algún proxeneta? Así el problema lo tendría otro. -
A todas les encantaría la idea. En la siguiente ciudad, la jefa mantendría una reñida venta con un vendedor de esclavos. Hombre de aspecto desagradable, piel morena, alguna que otra cicatriz, barba mal afeitada y unos ojitos pequeños y viciosos. Su cabello se encontraba recogido mediante un pañuelo de color muy chillón, a juego con su ancho cinturón, en el que se encontraba atada una daga de buen tamaño. La muchacha no pudó más que ponerse a temblar cuando la jefa de las prostitutas la llevó hasta él. La sonrisa que le dedicó no fue bien acogida por ella, que giró la cabeza hacía un lado. Sus dientes eran grandes y amarillentos, algunos eran dorados. La muchacha se llevó una mano a la boca para que el hombre no descubriese la risa que le estaba entrando al pensar lo feo que sería ese tipo mellico. Aquel individuo, que cada vez que posaba sus ojos, le lanzaba obscenas miradas, la llevó a una extraña ciudad situada en mitad del desierto. En aquel lugar, se decidiría su destino. La muchacha se entristeció al no ser la única persona expuesta como si se tratase de un animal o un objeto. Por fortuna, no se vió en esa situación muchos días. Un hombre, ciudadano de Sairaag la adquirió por un precio ridículo. La muchacha se dió cuenta de que aquel vendedor de esclavos además de feo no debía de ser muy espabilado. La muchacha tán sólo ejerció como prostituta o dama de placer con un hombre y al salir este tán asustado, su dueño, dueño de muchas otras chicas, se dió de morros con la particularidad de la muchacha, problema que habría de solucionar.
-Esa muchachita nos está haciendo perder mucho dinero. ¿Entiendes? Y no podemos permitirnoslo. -Le informaba su socio mirando a la muchacha con gesto preocupado.
-Ya lo sé pero mirala, es preciosa. -Le replicaba el regente recorriendo el cuerpo de la poco vestida muchacha con los ojos. -Estoy seguro que aún nos puede hacer ganar dinero. -
Su socio se mostró escéptico pero su compadre le agarró del hombro y le explicó como:
-Tiene un cuerpo muy deseable. Podriamos pedirle que baile para los clientes mientras esperan a sus respectivas damas. ¿Mmm? -
Estuviese de acuerdo o no con la idea, el socio admitió que podía ser una solución. La muchacha se quedaría como bailarina sensual. La muchacha sólo tendría que exhibir de modo arrebatador y sinuoso su cuerpo, todo un lujo para las demás muchachas, más una vergonzosísima puesta en escena para ella. La primera vez, dominada por los nervios, se desmayó. Que todos esos hombres la observasen y la lujuria se fuese apoderando de sus mentes gracias al modo en el que mostraba su cuerpo, era algo que iba contra todo lo bueno que había aprendido en su niñez. Una muchacha debía ser recatada y sumisa. Pensando que la muchacha era demasiado puritana debido a su humilde y cristiana educación por parte de sus padres, el regente pidió una ayudita a una hermosa pero peligrosa dama. Dama de inalterable belleza, piel morena y largos cabellos ondalantes, que jugaba a crear problemas por demoniaca satisfacción personal. La temida y considerada bruja Zellas Metallium. La hermosa mujer, que fue encontrada charlando con un individuo de oscura melena capeada todo cubierto por una vieja y roida manta de tonos gris oscuro, dejó la chachara al sentirse requerida. Avanzó hasta el sereno hombre que la requería y con tono sensual, le susurró:
-Sé a qué has venido y aunque de bien gusto pervertiré a la joven, no sé cuanto será capaz de ofrecer. -
La presentación de la decadente y seductora Metallium a la muchacha fue breve, al poco de examinar a la muchacha, Zellass chascando la lengua indicó al regente que aunque había mucho por hacer, no había problema. La muchacha al principio se sentiría muy incomoda pero a la larga iría logrando que sus movimientos fuesen menos forzados y más eroticos.
-Te daré un consejo, cada vez que bailes, piensa que eres tú la que tiene el poder. -Le comunicaría por última vez sujetando su redondeado y rosado rostro con sus largos y fascinantes dedos. Aquella dama había logrado sacar a la luz la femenidad reprimida de la muchacha. Las noches pasaban y su fama crecía. Los clientes que la observaban se quedaban sin hablar, muchos ansiosos por que aquella bailarina se arrimase un poco a ellos pues sabían que eso sería lo más que podrían saborearla. Hubieron algunos valientes que trataron de poseerla, se les fue negada la entrada. Al joven de rojo no le importó, es más, para desconcierto y sorpresa de la muchacha, el acto se consumó. Fue una noche intensa. Ya se sabe, quien prueba el fuego del diablo, acaba condenado. Así se sentía ella, manteniendo unas visiones muy vividas y variopintas en su mente a la mañana siguiente. Toda temblorosa y sudorosa, con una expresión entre radiante y espantada. Los rayos del sol que entraban por la ventana le indicaban que era de día, todavía se sentía fuera de la realidad como si los acontecimientos recientemente vividos hubiesen sido un sueño o una ensoñación. Con un leve gruñido, abrió los ojos y al echar un vistazo a la habitación, supó que realmente se encontraba lejos del burdel en el que había sido aceptada hacía ya tanto tiempo. Sentada hizo un esfuerzo por ordenar los acontecimientos que recordaba. Ese joven, el joven de rojo, la amó intensamente, a pesar de las advertencias de la madam. Frotandose la frente, trató de recordar algo más. El joven de rojo le entregó mucho dinero antes de marcharse aquella noche. Se dejó caer sobre las mullidas almohadas, quedandose un buen rato así, tumbada de nuevo pero con los ojos bien abiertos. Como tratandose de otro fulminante rayo de luz, la respuesta llegó a ella. La madam y el regente deberieron discutir acerca de lo ocurrido y al igual que habían hecho ya con ella otras personas, la abandonaron. Por muy linda que fuese o por muy bien que se moviese, estaba maldita y eso no era bueno para el negocio.
-En realidad, te has convertido en mi hetera, que a la larga te resultará una vida más ventajosa. -Le aclararía con tono suave ese joven con el que mantuvó una relación carnal hasta el final. El joven de rojo. La muchacha se incorporaría bruscamente, clavando sus ojos en el joven sin saber que decir. Dando algunos pasos hacía ella, se sentaría a su lado. Los rayos del sol iluminarian su hermosa tez y sus rojas ropas se volverían de un rojo más fogoso. Aunque sus ojos estaban cerrados, ese detalle no parecía alterar el encanto que desplegaba ante ella. Impresionada y sonrojada, pediría una especificación:
-¿Hetera? ¿A qué se refiere? -
Los labios del joven se curvarían en una sonrisa y sacando de una caja alargada un hermoso vestido, confeccionado con caras telas, rojo con una serie de cintas doradas, le contestaría:
-Efectivamente, prostituta refinada y con mayor aceptación. -
-¿¡Una cortesana!? -Se confirmaría finalmente ella misma.
-Serás mi cortesana. -Le corrigió antes de marcharse, dejandola aturdida.
Aseada y con el vestido rojo puesto, la muchacha se peinaba su largo cabello, observandose detenidamente. Las cortesanas eran prostitutas al igual que lo había sido ella pero eran prostitutas cuyos clientes eran muy selectos y le permitían toda clase de cosas a sus prostitutas, caros vestidos, perfumes, joyas, libros ya que muchas de ellas sabían leer y un montón de otras cosas inalcanzables para las prostitutas como ella había sido más. Era como si hubiese alcanzado una posición de mayor rango en el mundillo de la prostitución y debía sentirse afortunada pues habría tenido que pagar un precio abismal por ella pero por alguna razón, aquel joven, su señor, la enturbaba. Al principio se culpó por ser tán reacia a aceptar su nueva condición pero pasado un tiempo, comprendiendo a que se debía su continuo estado de recelo al estar junto a él, se culpó por no haberlo sabido identificar antes. Su señor no era como los otros clientes que había tenido. Las cosas que compartía con ella, los conocimientos sexuales que poseía no parecían provenir de nada bueno o correcto. Ella a cambio debía compartir con él las visiones que le llegaban al llegar a la maxima excitación. Como ella no sabía ni leer ni escribir, siendo consciente de sobre de ello, el hechicero de rojas ropas, invitaría a menudo, a su sirviente, que pasaría el tiempo que trascurriese el acto sexual, captando y pasando a papel las palabras que saliesen de su boca al estar sumida en trance. La vida, asumiendo su rol sin oponerse, sería más fácil pero limitada. Ella tán sólo conocía y tenía contacto con el hechicero. Al que consideraba su sirviente, no solía verlo con tanta asiduidad y con respecto a las muchachas pelirrojas, las conocía gracias a sus visiones. Ella, que nunca había usado maquillaje o perfumes, si se recibía a algún invitado, se presentaría exquisitamente maquillada y si su señor se lo ordenaba, bailaría para el invitado. Si veía o descubría algo inusual en él, estaba obligada a no exponerlo, el castigo sería muy doloroso pero lo que más le llamó la atención fue que era él el que le exigía lavarse a ella. Aunque por un lado aberrecía esa situación, verse tán atrapada, por el otro lado, cada vez le gustaba más y más ser tocada, besada o lamida por su señor. Al caminar por los puestos de ropa, era mirada con desprecio y pavor. La cortesana del diablo la llamaban y otras cosas peores. Un día cogida de la mano del sirviente, Cerberuss, parada frente a un puesto en el que se exponían unas telas de hermosos colores y suave tacto, una mujer se acercó a ella y escupiendo al suelo, le gritó:
-¿Qué se siente siendo la puta del diablo? ¿Te gusta? ¡A todas sus zorras les gusta! -
A la muchacha lo único que se ocurrió fue salir corriendo de allí, ocultarse en algún callejón y llorar. Cerberuss corrió tras ella y al verla tán dolida, estrechandola entre sus brazos, simplemente le murmuró:
-Si lo deseas, la encontraré y la mataré. -
-No. Al fin y al cabo, tiene razón. La primera vez que sus rojos ojos se posaron sobre mí, lo supé. -Fueron las palabras ahogadas por los sollozos que fue capaz de decir ella, recordando lo que primero que pensó cuando sus ojos se cruzaron con los de el joven de rojo.

viernes, 25 de febrero de 2011

FanFic Slayers RED ENVY V


Imagen encontrada en Wipedia referente a la caza de brujas ^^ Muy medieval, me pareció apropiada para el fanfic ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
En cuanto acabe este fanfic mencionaré y agradeceré a todas las personas que me han influido o inspirado como es debido, vamos como se hace en los libros ^^ Como ya mencioné en el primer trocito de este capítulo o parte del fanfic, Khem busca brujas con el pelo rojo y virginales, por lo que aquí me liaré a tratar un poco o a adentrarme más en ese tema, las brujas porque en la edad media hubo mucha persecución a las brujas, habiendo así, muchas muertes. Algunas cosas son conjeturas o imaginaciones mias pero otras, otras eran las conjeturas que la gente tenía de los brujos y brujas, sobretodo de las brujas. Como ya he dicho incontables veces, para que cuadre la historia con Eterno Poder he tenido que echarle inventaba, por lo que había varios grupos de brujas. Las que interesaban a Khem, que las veía como las más poderosas, eran las pelirrojas pero también habrá un poco de Alquimia, porque, escogiendo al loco hechicero Diol, surgirá algún que otro tema más bien relacionado con Alquimia. Diol era el hechicero que en Slayers trataba de crear una superquimera con Lina Inverse. Un tio muy extrafalario XD ¿Tematica desagradable? Posiblemente, la historia transcurre en una epoca muy oscura...
Diol no se veía a si mismo como druida pues aunque a veces se guíaba por las obras dejadas por ese grupo de sabios, se esmeraba en que sus descubrimientos fueran lo más razonables posible. Apenas salía de su pequeño gabinete. Una habitación con poco espacio, con pesados libros por todas partes, una mesa con algunas partes chamuscadas y varios tarros de cristal en los que descansaban criaturas deformes o pequeños fetos. Siempre andaba masticando algo y sus ropas estaban muy gastadas. Todos por los alrededores le tomaban por un viejo demente e inútil. Que aquel joven de finas facciones, limpio y sedoso cabello oscuro y ropas de elegante y llamativo color rojo le visitase, sería una gran sorpresae pues las unicas personas que le visitaban eran sus hijas. El esmirriado perro que le acompañaba fue el primero en alzar la cabeza y fijar sus cansados ojos en el extraño que se dirigía con una sospechosa sonrisa a su amo.
-Deduzco a juzgar por tu lamentable aspecto, que aún sigues enfrascado en tus investigaciones. -Diría plantandose frente al viejo alquimista el joven dejando al descubierto sus rojos ojos. -Espero poder ser atendido, he recorrido un largo camino para hablar expresamente contigo. -
Diol dejó a un lado el gran libro que ojeaba en esos instantes y dirigió el rostro hacía Khem. El animal gruñó como si percibiese la oscura aura del hechicero. Diol se acercó a los ojos lo que parecía dos pequeños y redondos espejos sujetos por una fina y dorada montura y sus ojos se abrieron al comprender con mayor claridad a quien correspondía aquella melodiosa pero firme voz. Su aviejado corazón comenzó a latir con intensidad. Los hechiceros no solía mantener contacto con alquimistas. Los hechiceros a menudo se burlaban de los alquimistas y los alquimistas no veían con buenos ojos a los hechiceros. El joven no podía ser otro, era el individuo del que tanto se hablaba, desde poderosos hechiceros hasta humildes campesinos. Fingiendo una absoluta calma frente al hechicero mal apodado como el diablo rojo extedió un brazo y le ofreció sentarse. El hechicero de jovenil aspecto y ropas rojas alcanzó un pequeño taburete. Sentado frente a Diol, se quitó su largo y rojo abrigo, Diol observaba alucinado con que gracia lo doblaba y lo dejaba sobre una columna de libros cercana. Para no ser menos, pasandose una mano por sus ondulados y blancos cabellos, Diol hizó por mejorar un poco su aspecto. Los pocos mechones de pelo blanco que poseían se ondulaban salvajes y los cabellos de su larga barba blanca se amolinaban carentes de forma. Khem le miró con una ceja arqueada y con un Diol listo, se dispusó a sacar un objeto que dejaría al anciano Diol balbuceante. La piedra que fue cambiada por el huevo de Dragón, piedra roja, tán roja como las ropas del hechicero, de forma cuadrada y buen tamaño pues ocupaba toda la mano. Piedra codiciada y muy buscada por los alquimista, La piedra Filosofal o también denominada Piedra de Sarvia. Las lentes de Diol caerían emitiendo un leve chasquido al chocar contra el libro que aún permanecía ocupando toda la mesa.
-¡No puede ser! -Atinaría a exclamar Diol, en estado de shock. -¡¿Es la piedra filosofal?!
-Eso parece. -Le confirmaría tranquilamente Khem.
Diol recogió sus lentes y aunque uno de los cristales se encontraba con una rajita producida al caer contra el libro, para contemplar la piedra más detenidamente. Diol acercó su rostro, sujetando las lentes posicionadas sobre sus ojos, tán sólo era capaz de exclamar:
-Maravillosa. -
-Sé que para vosotros, los alquimistas es un objeto muy valioso. ¿Qué me dirias si te ofrezco la posibilidad de ser su dueño a cambio de entregarme tu posesión más preciada? -Le propondría el hechicero dejando que Diol tocase la tán inaudita piedra. La proposición hizo vacilar al viejo alquimista, que rapidamente alejó sus manos de la piedra. Guardando las lentes, arqueando ambas pobladas cejas blancas, Diol preguntaría cauteloso:
-¿Mis libros? ¿Los libros que he ido consiguiendo a lo largo de toda una vida? -
El hechicero de rojo rió dejando al alquimista más confuso. Rascandose la cabeza, Diol se levantaría y echando un rapido repaso al lugar, volvería a preguntar:
-¿O te refieres a mis homunculos? -
Subiendose al taburete en el que estaba sentado lograría bajar algunos frascos con aquellas pequeñas criaturas atrapadas inmoviles, que flotaban sobre un liquido de chillón color entre verde y amarillento. El hechicero las observó largo rato. Había oido decir que un alquimista, en su busqueda de La piedra filosofal, había creado una curiosa y pequeña criatura humana que le ayudaba en sus investigaciones. Un descubrimiento interesante pero peligroso, al hechicero le recordó mucho el proyecto que idealizó y dió forma recientemente, las quimeras. Khem no se refería a eso. Tán obsesionado estaba Diol en sus investigaciones, que no reparaba en la perversa insinuación del hechicero de rojo.
-No sé si habrás oido hablar de las brujas. -Le iría situando poco a poco. -Muchos druidas desaprobaban sus habilidades magicas porque venían principalmente de los demonios pero todos estaban de acuerdo en que esas habilidades eran de muy elevado nivel. Podían hacer cosas que ellos no podían como transformarse en animales. -
-Cierto, además contaban que incluso sus fluidos albergaban parte de ese poder. Sin embargo, los brujos no. -Le corroboraría Diol demostrando eso de nunca juzgues un libro por su portada.
-¡Exacto! -
-Pero no entiendo porque me lo estás contando, ¿tiene algo que ver con mi posesión más valiosa? -Interrumpiría Diol a Khem. Diol, ya fuese por su todo el tiempo que llevaba viviendo o ya fuese por lo olvidadizo que era, a veces era un genio desesperante. -Ojála estuviese aquí mi Sira, ella es mucho más espabilada que yo. -Añadió Diol sentandose en el taburete suspirando.
Sira era su hija menor, una jovencita muy despierta para su edad. Kisa, la hija mayor, era de igual o mayor viveza. Con un fuerte caracter acompañado de un noble corazón. Sabionda y provocadora al igual que su cabello. Ellas, aunque el pobre alquimista no lo tuviese muy presente, eran su posesión más importante. Al fin y al cabo, ellas le cuidaban y procuraban alimentos, sin ellas, Diol se las vería en un hospicio o en un hospital. Era lo que se decía en la ciudad de ellas, lo que atrajó a Khem hasta Diol. El hechicero de rojo, arrugando la frente, retiró su rojo abrigo de entre los libros, Diol era un poco lento de reflejos, si le daba un poco de tiempo, acabaría por descubrir lo que Khem quería de él a cambio de la particular piedra. Diol parecía un poco ausente, por lo que antes de levantarse y marcharse, el hechicero de rojo, guardando la piedra roja, se despediría así de él:
-Diol, ha sido un placer hablar contigo pero el tiempo se me echa encima, así que he de irme pero te prometo volver para acabar concluir nuestro intercambio. Deseo que para entonces ya puedas entregarme lo más valioso para tí. -
No sería hasta oir las voces de las muchachas, que Diol saldría de su estado de ausencia. El perro ladraría lanzandose sobre la primera en entrar para mostrarle su cariño a lametazos. Avanzando hasta su anciano padre, procurando no pisar al animal, Kisa, hablaría primero:
-Padre, ¿a qué se debe todo este desorden? ¿Cuantas veces he de decirte que esto no puede ser así? -
El anciano pestañearía y sacando sus lentes observaría a su hija mayor, que se encontraba frente a él, colocando con expresión de repulsión los frascos en los que dormían los homunculos.
-¡Kisa! -Gritaría levantandose de golpe con el rostro iluminado. -¡Oh Kisa! ¡He tocada La piedra filosofal! -
Kisa miraría a su padre torciendo el gesto. Siendo Sira la única de las dos en felicitarlo:
-¿De verdad? Muchas felicidades, padre. -
Su hermana la fulminaría con la mirada. Esas fantasias eran las que estaban convirtiendo a su padre en un loco. Kisa admiraba todo lo mucho que se esforzaba su padre para conseguir demostrar sus ideas pero aquello ya empezaba a ser algo muy perjudicial, no sólo para la familia, sino también para él. Él no quería crear un elixir de la eterna joventud, tampoco pretendía alcanzar la vida eterna, el se obsesionó con encontrar La piedra filosofal, como tantos otros alquimistas, para crear la gran cura, algo que curase cualquier enfermedad o dolencia. La perdida de su esposa gracias a un cancer lo trastornó. Diol no pararía de darle vueltas a la cabeza. Analizando las palabras del hechicero de ropas rojas. Kisa no pararía de echarle la bronca y Sira no pararía de preguntar por ese enigmatico hechicero. Para ambas sería mucho más difícil caminar por la ciudad. Gracias a un librito que narraba con desagrable detalle como capturar y torturar brujas, toda aquella mujer mal vista o tenida por bruja podría ser arrastrada por sus propios vecinos hasta el tribunal, ser juzgada de modo innoble y posteriormente quemada. Kisa y Sira eran de aquellas muchachas de las que se sospecha por esa ciudad. El regreso al gabinete de Diol fue durante una de esas enloquecidas persecuciones. En las calles principales y los callejones no había ni un alma, todos los ciudadanos habían dejado sus actividades diarias para contemplar y formar parte del evento que en la plaza estaba ocurriendo. Khem se hizo paso entre la furiosa y espectante gente que allí se hallaba, pero se detendría en mitad de ésta cuando uno de los encargados de prender a una mujer juzgada y condenada por brujeria, gritó:
-¿La quemamos ya o ha de comprobar por última vez que es una bruja? -
A lo que el hechicero contestó alzando su voz lo suficientemente fuerte sin resultar un grito:
-Eso dependería de su aspecto, ¿de qué color es su pelo? -
-Castaño. -
El hechicero se encogió de hombros, al no ser pelirroja, no le interesaba. Llenandose de la rabia y la impaciencia de los ciudadanos, pronunció las palabras que todos deseaban oir:
-Qué arda en el infierno. -
La gente comenzó a vitorear y lanzar toda clase de insultos a la pobre mujer. Viendo marchar al hombre que podía haberla salvado, la mujer lanzó un alarido que se alzó sobre el griterio. El fuego la devoraría en pocos momentos después. Sus cenizas no serían llevadas a sus familiares. La fuerte luz del sol aquella mañana tampoco permitiría al hechicero abrir sus ojos pero no se le veía muy preocupado, en el gabinete de Diol, serían abiertos. Cuando un día preguntó a qué era debido el hecho de tán sólo poder abrir sus ojos en oscuros o poco iluminados lugares, el gran druida Merlín, no supó que responderle. El jovencísimo Khem entendería a muy temprana edad que había cosas que hasta a los sabios asustaba decir. Que sus ojos fuesen rojos, según Hermes, era por haber consumido carne o sangre de criaturas oscuras. El gabinete resultó más pequeño de lo normal, las hijas de Diol estaban allí, como velando por su viejo y lunatico padre. El perro, que era acariciado varias veces por la hija menor, Sira, gruñó tornandose su tranquilo caracter, agresivo. Era como si tán sólo el viejo sahueso supiese de las malas intenciones de Khem.
-Niñas mias, este es el joven del que os hable. -Exclamaría Diol mostrando sus desigualados dientes. -El que ha encontrado la piedra filosofal. -
Sira lo examinó de arriba a abajo, con expresión picaresca. Era más apuesto de lo que se había imaginado. Kisa le lanzó una mirada más seria. Apartandose un rojizo mechón del rostro, inquirió:
-¿Entonces eres tú el culpable del actual estado de mi padre? ¡No hace más que repetir las palabras que le soltastes! -
Eran dos muchachas hermosas y con gran caracter. El hechicero sacó la piedra con una sonrisa traviesa y colocandola en la pequeña mesa de madera, anunció:
-Me agrada muchísimo que haya recordado que tu posesión más valiosa son tus hijas porque tal y como te prometí he venido a concluir el intercambio. -
La sorpresa fue grande y monstruosa. La expresión de Diol cambió drasticamente. Las muchachas pelirrojas miraron a su anciano padre, buscando una explicación por su parte. Todo se volvió retorcido. Diol tendría que decidir. Como cualquier otro padre hubiese hecho, Diol se negó, La piedra filosofal era muy importante para él pero sus hijas no eran un objeto o un poco de información, eran mucho más. Diol, negaba con la cabeza y alejaba la cara de la mesa, diciendo:
-Todo menos mis niñas. Todo menos mis niñas. Todo menos mis niñas... -
Con Diol en semejante estado, Kisa exigió a Khem irse:
-¡Marchese y llevese con Ud esa maldita piedra! -
El hechicero guardó la rojiza piedra pero no se marchó.
-Me temó que no. - Les indicó calmo. -No a menos que vengais conmigo. -
Kisa se dió cuenta al momento de las intenciones del hechicero. Sira dejó al perro a un lado y asustandose exclamó:
-Hermana, ten cuidado. -
-Si no te vas por las buenas, tendré que obligarte. -Le amenazó ella colocando sus manos de forma curiosa, como si fuese a preparar una bola de fuego o algo por el estilo. Cuando el fuego surgió de sus manos, el hechicero en vez de retroceder espantado, se acercó a ella.
-Adelante, muestrame de lo que eres capaz. -Le retó con una sonrisa vacilona.
Sira la frenó. Se encontraban en un espacio tán limitado, que todos podrían acabar ardiendo. Lo último que quería era ver como moría su padre abrasado. Tomando iniciativa, gritó:
-¡Pero prometenos que si vamos contigo no volverás a visitar a nuestro padre nunca más! -
-Prometido. -Prometíó Khem. Sus rojos ojos brillaban sinceros.
Khem sacó una parte de menor tamaño de la piedra de rojo color y se la lanzó al alquimista. Cerberuss condujó a las muchachas hasta el lugar en el que Jimena se encontraba. Kisa y Sira le observaban calladas. El era fuerte y mayor que ellas. Que el muchacho llevase colgado un gran colgante dorado con una piedra roja de gran tamaño no era motivo para alegrarse. Cerberuss sabía que no era un regalo, era un instrumento. Si jugaban bien durante ese oscuro periodo, nadie sospecharía de la desaparición de las muchachas pelirrojas que su señor le había encomendado secuestrar.


jueves, 24 de febrero de 2011

FanFic Slayers RED ENVY IV

Maravillosa ilustración ^^ Me encanta y yo creo que se parece mucho a Jimena ^^ No lo he hecho yo ^^'

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
A Khem se le ocurren una serie de formas para comunicarse con Jimena, en mi opinión, muy originales y efectivas. Por ejemplo, la creación de distintas fragancias para que así ella sepa con quien se encuentra pues cada personaje usará una fragancia propia y distinta. Pues como ya mencione, Jimena, la hermosa Jimena, es ciega sordomuda, sólo se guia mediante el tacto o el olfato. Como el sistema de signos braille todavía no se ha inventado, en la epoca en que transcurre la historia, Khem esboza sobre una de sus manos letras, simbolos o números. Khem hace basicamente lo mismo que las monjas que la cuidaban, pues Jimena en realidad vivía tranquilamente en un convento, por lo que es normal que sienta más afecto hacía Khem. Cree que las monjas lo envian para llevarla de nuevo al convento. Es la primera bruja descubierta por Khem. Ahora a leer ^^

Sentada en un rincón, junto a una pequeña vela puesta en mitad del pequeño tocador de cuidada madera de pino, Jimena, la muchachita pelirroja se hallaba sentada, con la cabeza alzada y los ojos muy abiertos. A pesar de no ver, ella solía mantenerlos abiertos. La regordeta criada, se encontraba sentada a su vera, cosiendo con sumo cuidado una serie de telas, cuyo color no era apreciaba a la luz de aquella pequeña vela. Ambas permanecían calladas. La respiración de Jimena se agitó cuando la habitación se llenó de un fuerte olor a rosas. Era él, el invitado de su señor. En sus finos labios se dibujó una sonrisa. Cuando el cogió su mano, ella la extendió de inmediato. El joven compusó su mensaje poniendo sus dedos o mano a modo de simular una serie de letras, una por una. El mensaje sobre la palma de la mano de Jimena fue:

B-u-e-n-o-s d-í-a-s

La criada no le quitaba los ojos de encima, incluso detuvó su paciente tarea, su expresión distaba mucho de ser agradable o cordial. Al joven, que por cierto, iba todo de rojo, no le molestaba aquella muestra de hostilidad por parte de la protectora criada, es más, le satisfaciaba bastante. Jimena trató de levantarse, como bien pudó ya que deseaba dar una vuelta por el gran patio. En realidad, pero tán sólo se lo comunicó de similar forma al joven de rojo, deseaba alejarse de criada con aspecto mandón. Cerberuss, al verlos caminar hacía donde él estaba, se admiró. Un ciego guiando a un ciego sordomudo habría exclamado pero se contuvó pues eso habría sido muy grosero por su parte, sin olvidar que su señor podía oirlo. Los tres se sentaron en un banco de fria piedra. Cerberuss les miraba con curiosidad, como si fueran las personas más fascinantes de la tierra, deseando, también, poder comunicarse con ella. Cuando ella dirigía su rostro hacía él, no sabía como dirigirse a ella. Su señor debió de informarla de su presencia de ese modo tán divertido y extraño. Todo estaba yendo estupendamente cuando otro fuerte olor eclipsó al de las rosas. Jimena ya no sonreía y lo único que trató de decir fue:

M-i s-e-ñ-o-r V-i-z-e-a-r

S-i

Khem confirmó lo que gracias a las fragancias que realizó personalizadas la muchacha ciega sordomuda supusó. Tan sólo el joven de rojo y el muchacho dirigieron sus rostros hacía él. Jimena aún sin poder verle u oirle, no deseaba ni imaginarselo frente a ella. Ese acto bastó para confirmar que seguía detestandolo, lo cúal resultaba muy doloroso para Vizear, que se esforzaba muchísimo por conquistarla.
-¿Le estás hablando bien de mí? -Preguntó dirigiendo su mirada hacía el joven de rojo.
-Por supuesto. En eso quedamos aunque como puede ver, es una muchacha muy terca. -Le respondió él. -Y si me lo permite, tán sólo llevo aquí dos días. -
Dado que Khem tenía razón, Vizear apretando los puños, se marchó. El primer día le contó que a Jimena le vendría bien conocer y diferenciarles, por lo que dando un largo paseo por las tierras de Vizear, tras recoger una serie de flores de muy distintas y penetrantes fragancias, se pusó manos a la obra con lo que se podría denominar perfume, elemento costoso y a menudo elaborado como unguento. Ese día tuvo poco contacto con la muchacha pero logró que saliese de su habitación. Según Vizear, no salía de allí, incluso había que llevarle la comida hasta allí.
-No se siente agusto aquí. Para ella, Vizear no es más que un secuestrador. -Le comentaría a Cerberuss esa noche, mientras éste se preparaba para irse a dormir. -¿Qué opinas? -
El muchacho oiría perfectamente la pregunta, la venenosa pregunta de su señor, amo y señor, pero mantendría la boca cerrada, como si aquello le hubiese sido preguntado. El también se sentía atrapado en más de una situación pero había acabado por aceptar que jamás saldría de la jaula, una jaula dorada pero una jaula al fin y al cabo. Su señor insistiría:
-Adelante, no tengas miedo, estoy deseoso por escucharte. -
-Quizás ella no se sienta afortunada pero en cierto modo lo es. Con Vizear tendrá una vida más llevadera. -Terminó por decir, eso sí, con las palabras astutamente escogidas ya que esa pregunta era muy personal, por lo tanto, temía mostrarse demasiado sincero. Khem, se limitaría a decir:
-Comprendo. -
Sabía que al muchacho al igual que a Dilgear no les gustaba la jaula de oro que les había proporcionado pero el muchacho había acabado rindiendose, aceptando los deseos de su amo sumisamente. Por ese motivo le permitía escapar y correr por el bosque hasta o bien perderse o bien ser victima de alguna alimaña, para que comprendiera que sólo el podía ocuparse de él y que con él alcanzaría algo mejor aunque no le gustase o no fuera capaz de comprenderlo. Lo de Jimena ocurrió debido a un amor egoista y prohibido. Jimena, tras varias conversaciones con él más, le confesaría que ella en realidad convivía feliz y tranquilamente en un convento. Ella aún no tenía la edad para ser considerada una muchacha, era una chiquilla que era cuidada y protegida como si se tratase de algo de lo que sólo ellas pudieran hacerse cargo. La madre superiora se vió en muchos problemas al acogerla pero haciendo gala de una piedad y una fe inquebrantable no la repudió, todo lo contrario, la cuidó y la instruyó junto con las demás hermanas de esa orden como si se tratase de una jovencisíma novicia.
-Si hay algo malvado dentro de ella, aquí será purificada. -Era lo que solía responder a las otras madres superioras o a los abades. A todo aquel que la veía como una criatura corrompida o producto de una unión inmoral con el diablo. Por las poblaciones cercanas se hablaba de su cabello y de su incapacidad de ver u oir, especialmente del fuerte color rojo de su cabello, poniendo como inevocable indicio. De muchos acontecimientos terribles se le haría culpable, todos relacionados con la lujuria que provocaban las brujas con semejante color de pelo, ya que se tornaba así debido al inmenso placer, según contaban las gentes, producido durante el coito con el diablo. Vamos, mil y una estupideces que no hacían más que aumentar el número de muertes entre la población femenina. Qué ese hombre acudiese un día al convento movido por los rumores y la secuestrase fascinando, embrujado le corrigirian los aldeanos, por su particular belleza lo convertía en un monstruo y nadie podría hacerla cambiar de opinión. Khem lo intentó pero al poco tiempo y dado que no iba a conseguir más que más acercamiento por parte de Jimena, el hechicero cuyo color preferente era el rojo, obtó por llevar las cosas hacía otro terreno. Era sencillo martirizar al señor Vizear pero eso a la larga provocaría una expulsión de sus dominios. Khem, cogiendo al toro por los cuernos, la última vez que se encontró con Vizear, le propusó un acercamiento más atrevido:
-Durante estos días le he estado hablando de sus hazañas, como quedamos, al principio se ha mostrado muy reacia a creerlo pues al parecer ella se considera una prisionera pero si le demuestra cortésmente que se equivoca, estoy seguro, que acabará por enamorarse de vos. -
Vizear, le observó pensativo, intentando llegar al punto que el hechicero le señalaba, dando una sonora palmada, creyendo haber llegado al mismo punto, exclamó:
-¡Qué gran idea! Está misma noche será puesta en practica. ¡Sabía que no me decepcionaría!-
El hechicero de rojas ropas enseñó a Vizear una serie de simbolos y letras para poder comunirle a Jimena todo su amor. Cerberuss observaba con los brazos cruzados apoyado a la pared de sus amplios aposentos, como el hechicero sentado frente al señor de esas tierras, compartía algo de ese enigmatico modo de comunicación. Vizear ponía toda su concentración y maña mientras que su señor se limitaba a repetirle una y otra vez las mismas figuras sin alterarse demasiado. Pasada una larga tarde, en cuanto logró dominar y comprender aquellas figuras, Vizear corrió para arreglarse. Si sus criados habían entendido sus mandatos, todo estaría listo, correctamente preparado en el patio. Jimena se encontraba tranquilamente sentada en una caldera de gran tamaño repleta de agua previamente templada, frotando y remojando el jabón de forma irregular entre sus manos. Todo su cuerpo se encontraba descubierto, mostrando una piel de tonos suaves. La criada estaba cerca, abriendo un armario de grandes dimensiones, escongiendo alguna prenda para la muchacha. Su señor había sido muy explícito. Deseaba verla tán radiante como el primer día que llegó al castillo. La elección de la criada fue un vestido de suave y elegante tela traida desde Los reinos costeros, famosos por la excelente mercancias que traian de tierras muy lejanas. Haciendola levantar colocando sus brazos sobre los estilizados brazos de ella, la criada finalizó el baño lavandole el largo y bonito pelo. La criada le dió un rapido repaso y sonriendo con satisfacción, la condujó hasta la gran habitación anterior al gran patio. Khem y Cerberuss se encontraban por ahí. Ambos observaron maravillados a la hermosa Jimena, el hechicero se acercó a ella pero retrocedió al darse cuenta de que no debía interferir, sería más fácil proponerle acompañarle después de la velada, si sucedía, lo que Khem sospechaba que sucedería. Jimena suspiró y nada más regresar la criada, fue llevada hasta el patio. Aquella noche el cielo parecía plagado de estrellas, todas tán brillantes como la luna, luna que estaba en su fase creciente, ofreciendo sólo parte de su blanca figura. La temperatura no parecía importunar el evento, aunque el viento soplase travieso. A la luz de la luna, el vestido de Jimena parecía brillar como si su tela hubiese sido cosida con finos cristales. Todo era tán idílico, que Khem no pudó más que esbozar una mueca que rapidamente se desvaneció, al ser observado por la criada, que se mantenía lo suficientemente cerca de Jimena. Cerberuss intuyó que a aquella mujeretona no le agradaba para nada su señor. El hechicero de rojo lo llevaba con calma, sin desviar los ojos de los tortolitos. Sus ojos rojos, más rojos que la sangre que recorría vivamente las venas de Vizear. El apuesto hombre miraba a la muchacha con ojos apasionados, deseosos de que su dueño alcanzase aquella noche su objetivo, que sus labios se uniesen formalizando un esperada muestra de amor. Respiró hondo y para desconcierto de su amada, le cogió la mano, ella la extendió dibujandose en su bonita cara una expresión de sorpresa e incredulidad.
T-e d-e-s-e-o
La muchacha al sentir en su palma aquel conjuto de letras, trató de apartarla pero Vizear la tenía bien sujeta con la otra mano, además ahora que ella podía comprenderle, insistió, formando esta vez estas palabras:
T-e a-m-o
Ella intentó entonces cerrar la mano pero su señor se lo permitió. Volvió a trazar una serie de palabras a partir del alfabeto que Khem le había enseñado durante toda la tarde. Esta vez con más énfasis en su colocación.
T-e q-u-i-e-r-o
La mano de ella comenzaba a dolerle pues Vizear había ido presionando con mayor intensidad su mano extendida. La situación no mejoró cuando cansado de comunicarle sus sentimientos, furioso y negandose a aceptar que no era correspondido, acercó el rostro de ella sujetandolo con las manos hacía el suyo para así poder besarla. En el rostro del hechicero de rojo se dibujó una maliciosa sonrisa cuando él estuvo a punto de ir más allá. Ahora que había rozado sus labios, su deseo insatisfecho se disparó, quería más de ella. La criada se llevó las manos a la boca, horrorizada por aquella deshonesta actitud por parte de su señor con Jimena.
-M-Mi señor... -Balbucearía Cerberuss impotente pero con ganas de detener lo que sus ojos veían.
Jimena gritaba, resultó extrañamente hermosa su voz, similar a la de una sirena fuera del agua, al sentir las manos de su señor descender por su cuerpo obligandola a tenderse sobre el banco de piedra al poner cada vez más junto su amenazante cuerpo. No sería hasta que Vizear llegase hasta la pelvis que Khem le interrumpiese, tal que así:
-Mmm ¿A tí te parece ese un trato cortés? Ahora lo único que estás demostrando a la pobre Jimena es que tenía razón. Tú no la amas, simplemente deseabas desflorarla. -
-¡Callate! -Seria lo único que le soltaría a gritos Vizear, prosiguiendo con la violación.
Khem pondría sus rojísimos ojos en blanco y chascaría los dedos. Si Jimena resultaba ser una bruja, como se decía, debía de ser virgen ya que Khem la necesitaba virgen. Al chascar los dedos, Vizear se calmaría y cerrando los ojos caería al suelo. Sí, el hechicero de rojas ropas se vio obligado a usar magía. A la mañana siguiente, Cerberuss y él se irían pero no se irían solos.
V-e-n c-o-n-m-i-g-o y-o c-u-i-d-a-r-e d-e t-i
Utilizaría las mismas palabras que utilizó con el chiquillo, con aquel jovencísimo Cerberuss, brindandole lo que en principio pareció una solución a todos sus problemas. Más no, pasado el tiempo, el chiquillo se fue dando cuenta de que se encontraba atrapado en la jaula dorada que el diablo elaboró para él.