domingo, 11 de septiembre de 2011

FanFic Slayers ROJO RELATIVO



Creo que este es el dibujo más reciente que he hecho de Rezo, El monje Rojo ^^ Espero que os guste porque me esforce muchisímo pues era, en parte, un pequeño regalo para mis buenas amigas AmberPalette y RagnaBlast, que siempre me apoyan un montón ^^


Rojo Relativo - ¿Ojos que no ven, corazón que no siente?


Deseaba creer que todo era un mal sueño, sencillamente una pesadilla de la que pronto saldría al abrir los ojos pero no, al abrir lo ojos e incorporarme de la cama, seguía atisbando la misma habitación con las mismas figuras que eran la silla de vieja madera con mis ropas sobre ella y a Zolf, mi único hombre de confianza, acostado y tán sólo tapado por su larga y oscura capa. Todo seguía siendo igual de desanimador para mí pues la pesadilla no era tal. Los ronquidos de Zolf era el único sonido que reinaba en la habitación, fuertes y continuados. Meneando la cabeza, salí con cuidado, procurando hacer el menor ruido, de la cama. Vistiendome frente a la ventana observaba como el sol iba iluminando suavemente todo el tramo de bosque que desde ella se veía. Dada la delicada situación en la que Zolf había decidido meterse, le desperté para que me acompañase. Zarandeandolo un poco, Zolf abrió los ojos confuso.

-¿Qué pasa jefe? -Preguntó con voz pastosa.

-Levantate de inmediato, acabo de recibir una información muy valiosa. -

-Oh pues muy bien, ¿no deberías ir a transmitirsela a Rezo antes? -Refunfuñó al oir mi respuesta.

-Y eso haré pero antes quiero preparar un segundo plan contigo. -Le dije para ver si así se animaba a espabilarse y se ponía en marcha mientras le guiñaba un ojo.

Zolf captó el mensaje y retirando su larga capa, se fue levantando del suelo. Frente a mí, la recogería del suelo y sacudiendole un poco el polvo se la pondría sobre los hombros cubriendose de ese modo toda su espalda y sus piernas hasta finalizar en sus talones envestidos por unas compactas botas de cuero negro. Entallandose el cinturón de gruesa piel en el cúal guardaba su única arma, una vieja pero todavía brillante espada con sus manos enguantadas supé que Zolf ya estaba listo para lo que hiciese falta. Rodimus nos esperaba charlando con McKind. Ambos hombres parecían entenderse bastante bien o al menos, el maduro caballero era capaz de mantener a McKind animado más tiempo que los demás. Tanto el hechicero como el caballero dejaron su charla a un lado al vernos caminar hacía ellos.

-Buenos días señor Zelgadiss, buenos días camarada Zolf. -Nos saludó muy respetuosamente Rodimus. McKind sencillamente nos miró y agitó la mano levemente.

-Hola Rodimus, lamento haberte hecho esperar pero no había manera de que Zolf moviese el culo. -Respondí yo mirando a Zolf con los ojos entrecerrados al mencionarle. Zolf trató de arreglar su imagen empañada:

-Ya ya, la culpa no es mía. Llevo una vida bastante dura y por las noches caigo tieso... -

Todos nos quedamos mirandole por un instante sin comprender sus palabras, al instante siguiente nos dió la risa porque problamente esa no había sido una excusa muy adecuada. Todos trabajamos muy duro cada día pero no nos costaba tanto abrir los ojos y saltar de la cama como a él y que a él le costase era porque más de una noche trás esos largos días de duro trabajo se quedaba hasta bastante tarde en la taberna del pueblo emborrachandose. Zolf nos lanzaría una mirada asesina. Fue un momento bastante agradable hasta que McKind poniendose se serio nos informó de que debía ir a trabajar con Rezo.

-Hacía años que no me reía así... -Dijó suspirando. -Pero ahora que Rodimus está con vosotros, debería retomar mi trabajo. Ya nos veremos. -

Recogiendo del suelo una abultada bolsa de tamaño mediano echandose el asa encima se marchó. Nosotros tres nos quedariamos un rato ahí plantados viendo como su figura se perdía a lo lejos. Rodimus fue quien dijo en voz alta lo que los tres estabamos pensando:

-Es un hombre realmente trabajador. -

Zolf y yo asentimos a la vez.

-Ahora que estamos solos, ¿qué tal si nos cuentas ese plan B que me has comentado al despertarme? -Inquirió Zolf frotandose las manos mientras nos miraba con ojos pícaros.

-Me parece buena idea. Nosotros también debemos ponernos al trabajo cuanto antes. -Acepté sonriendo apretando el puño derecho.

Que Rodimus ya conociese esa información tán valiosa fastió a Zolf pero Zolf fingió no importarle tanto. Arrodillado extendí sobre uno de los bancos de piedra un mapa en el que ya había marcado previamente los territorios de los posibles grupos de bandidos que habían podido robar sin ser del todo conscientes la estatuilla de Orihalcon. Mi plan era, estuviese Rezo de acuerdo o no, que Zolf se infiltrase en cada grupo de bandidos y cuando menos se lo esperasen, les robase la estatua. Sabía que sería una operación que nos llevaría mucho tiempo pero tanto a Rodimus como al propio Zolf les pareció sublime, muy inteligente y astuta. Yo realizaba estratagemas cuidadosas y en las que bien llevadas las vidas de mis hombres no correrían un gran riesgo pero a Rezo ese detalle le importaba cada vez menos. De todos modos, haciendole saber la más reciente información, surgiría el tema.


-Zelgadiss no tardará en llegar. Hace poco que nos hemos cruzado. -Me garantizaba McKind también de pie. Con una sonrisa sarcástica respondí:

-Más le vale. -

Él mejor que nadie sabe cómo han de ser las cosas, ya no es ningún novato. Al rato pudé escuchar con satisfacción como alguien golpeaba la gran puerta de la entrada. Uno de mis ayudantes le guió hasta dónde McKind y yo nos encontrabamos. Los pasos de Zelgadiss eran firmes y muy seguidos, lo que me indicaba que si había ido hacía la mansión, tán sólo era para hacerme llegar nueva e importante información. Resonaron por toda la amplía entrada hasta detenerse a poca distancia de nosotros. El joven ayudante abandonaría sin decir palabra la habitación para ponerse con sus deberes sin embargo Zelgadiss aclarandose la garganta procedería a compartir lo que sabía que debía contar. Sí sacó el mapa desenrollando un poco fue para enumerar las diversas zonas con mayor claridad.

-Son muchos grupos, tú, de entre todos ellos, ¿en cúal te fijarías? -Le pregunté una vez acabó de transmitir la información antes de que se marchase. Su opinión no es que me interesase realmente pero quisé, por una vaga curiosidad, saber cómo atajaría el problema. Estaba claro que a sólo uno le había sonreido la fortuna. Soy un hombre muy ocupado, ir de grupo en grupo sería una labor muy lenta. Dar con el correcto aceleraría la busqueda aunque habría que pensar en un metodo eficaz y rapido de obtener la estatua. Zelgadiss encogiendose de hombros diría:

-No lo sé... Todos, según he oido, parecen muy capaces de haber saqueado y destruido esa antigua edificación. -

Arqueando una ceja insistí, forzando una respuesta que Zelgadiss no parecía querer apresurarse a dar:

-Me lo supongo, todos sus territorios andaban cerca de ese lugar, pero escogiendo uno, ¿Cúal dirías que podría haber sido? -

Zelgadiss respiró hondo antes de dar la que sería su última respuesta como hacía cada vez que se sentía forzado a desempeñar o decir algo en contra de su voluntad. A McKind posiblemente le desagraba el trato que le daba pero su tranquila y pausada respiración eran señal de cúan neutral se mostraba o de lo bien que acataba eso de no es asunto tuyo, asi que no te metas.

-El grupo de bandidos cuyo territorio se ha desplazado por las cercanias de la ciudad de Atlas. -

Sus pasos se alejaron de igual modo en que se acercaron un rato antes aunque quizás no tán rapidos o seguidos como si su firmeza se hubiese debilitado un poco. Sabía perfectamente por qué tán recio se mostró a escoger un grupo, temía lo que les pudiese suceder. Por mucho que le dijese que ciertas personas merecían piedad y otras no, eso no entraba dentro de su codigo de valores o más acertadamente, no quería precipitarse, los errores no son satisfactorios. Poco tiempo después a unos cuantos bandidos les solicitaría adentrarse y examinar los tesoros de ese grupo, sólo los más astutos sobrevivieron. Decir que entre ellos estaba Zolf me haría imaginar que Zelgadiss tampoco era tán mal estratega pero que no se dignase a compartir sus estrategias no me gustaría nada de nada. Ya me iba viendo venir una traición pero no quise adelantar mi jugada hasta que él diera el primer paso.


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

McKind es un personaje original mio, fue desarroyando algunos para enriquecer las historias ^^

Historia narrada en primera persona. Según Zelgadiss o según Rezo o según ambos. Para que no os lieis intentare poner cada parte de un color cuando la historia se cuente según dos personajes o más ^^'

Zolf en Rojo Relativo al principio trabaja para Rezo y esta con Zelgadiss porque Rezo así lo decide pero luego se pone de parte de Zelgadiss aún a sabiendas de que Zelgadiss tarde o temprano lo va a traicionar. Rodimus en cambio al ser un caballero pues esta con Zelgadiss porque le aprecía y lo admira pero no trabaja para él sino con él. A Rezo eso le da igual en Rojo Relativo xD

Por último, Rezo se va volviendo más cruel por culpa de Shabragnigudu que lo va poseyendo más y más por lo que a la hora de hacer estrategias es muy distinto de Zelgadiss. Zelgadiss, siempre procura ir con cautela y usando sólo la violencia necesaria.


Espero que os haya gustado ^^ Y perdonad si el dibujo lo he puesto antes LoL A veces me lio...



domingo, 28 de agosto de 2011

FanFic Slayers ROJO RELATIVO

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Christine y Erik son personajes originales de WaterLillySquiggles y Miss-Whoa-Back-Off

Ferrissian DiCaillum es personaje original de QP/Diana

Los otros personajes que vayan surgiendo son cosa mia

Yo me baso para esta serie de FanFics de Slayers especialmente en el anime y el manga aunque puede haber cosillas de la novela, no tantas y hechos inventados por mí o inspirados gracias a otros FanFics muy buenos... Pero tranquilos, que no me copiaré ^^' (Si eso pondré un asterisco

al contar algo superficialmente sobre Ferrissian y diré ve a Cronicas de una quimera y lee tal parte)

La historia se cuenta en primera persona. Según Zelgadiss o según Rezo, a veces según ambos o según otro personaje de los importantes.

No menciono muchos lugares concretos porque apenas conozco gran parte de la geografía de Slayers pero lo importante suele ser lo que transcurre como el encuentro de Rezo con el jefe de Perrian, un hechicero que vende libros o información difícil de conseguir...


Rojo Relativo - Perrian, el ladrón de conocimientos


Así, con esa corta pero pretenciosa definición Perrian era conocido en toda la zona baja de la ciudad de Bamond. Ciudad cuya fuente de ingresos principal venía del comercio pues era conocida por eso, por sus grandes mercados, en los cuales uno podía encontrar de todo. Claro que los barrios bajos se contaba que estaban llenos de criminales o bandas de bandidos que hacía de todo para sacar a flote sus sucios negocios. Fueses o no, bandido, si ibas a Bamond era o para comprar o para comenzar un negocio como comerciante, de eso no había duda. Que Perrian, ladrón, viviese en tál ciudad me sorprendió bastante pero Rezo me expondría unos motivos bastante solidos de por qué habría elegido esa ciudad.

-En Bamond, incluso los bandidos pueden sacar provecho del comercio. Si mal no he oido, muchas de esas bandas de criminal venden allí gran parte de sus tesoros robados. -

-¡Pues vaya necios! -Exclamaría yo. -¿Para qué deshacerse de lo que ya te garantiza una buena vida? -

-Sencillamente... -Me explicaría mientras nos dirigiamos a aquellos peligrosos barrios. -... Con el fin de obtener mayor cantidad de oro. Los bandidos, en su mayoria, al igual que muchos comerciantes, son codiciosos. -

Rezo hablaba con tál gracia que sus palabras parecían la verdad más absoluta, cosa que solía molestarme bastante. Seguimos adentrandonos hasta que ví a un joven, todo tapado que me hacía señas. Ese tenía que ser Perrian. El delgado pero atrevido y agíl Perrian. Parados frente a él, el muchacho a la tenue luz de la lampara de aceite que se encontraba descansada sobre el alfeizer de la vieja ventana en el edificio a la izquierda del cúal había salido horas antes a esperarnos, se retiraría hacía atrás la gruesa capucha de oscuro color. Aunque la poca iluminación confería a nuestros rostros sombras no del todo favorecedoras. Perrian podría atisbar que Rezo no era para nada un sabio muy entrado en años sino un hombre joven de finos y equilibrados rasgos. Por unos instantes pude deducir que Perrian se había quedado embobado observando a aquel atractivo y poderoso hombre de rojos ropajes pero una voz procedente del interior de aquel edificio sacó a Perrian de sus fascinaciones.

-¡Perrian! -Bramó acercandose a la puerta. -¡No te quedes ahí plantado e invitales a entrar! -

A pesar de la oscuridad de la noche, aquel hombre gracias a la lampara de aceite que sujetaba con su mano derecha pudó reconocernos. Perrian como si su voz hubiese sido un buen latigazo, se pusó firme y haciendo una leve reverencia, señalando la sencilla entrada dijo con voz solemne:

-Pasen a nuestra humilde tienda. -

Y caminando hacía el interior se perdió entre las sombras. Rezo posaría una de sus suaves manos sobre mi hombros izquierdo, diciendo:

-Si es aqui, entremos pues. -

Caminando hacía el interior creé una bola de luz que me ayudase a no tropezar. Me habría enojado y avergonzado mucho caer a falta de luz. Rezo, por su desafortunada circunstancia, poseía mayor destreza a la hora de desenvolverse por terrenos oscuros. Claro que en lugares en los que no había estado antes afinaba sus otros sentidos el doble aún apoyandose en mí. Era un hombre verdaderamente desconfiado pero sus razones tenía. Lo que pude apreciar gracias a la bola de luz azulona que flotaba más adelante de nosotros era una amplia habitación repleta de vasijas y jarrones con lo que parecían pergaminos de palido color, dos sillones cubiertos por unos tapices de gran tamaño y agradable tacto y libros, un montón de libros en largas filas. A lo lejos en una escalera de madera no muy consiste Perrian sentado en el segundo escalón no nos quitaba ojo. El dueño de la arbitraría voz se encontraba a su lado de pie tratando de encontrar algunas velas para que la habitación se llenase de más luz.

-¡Así es mi hogar! -Soltó Perrian con voz bromista. -¡Pequeño y oscuro pero encantador! -

Tanto Rezo como yo escuchamos como el hombre golpeó a Perrian. Me esforce por no soltar una carcajada. Con algunas velas de variado tamaño entre los brazos, nos dispusimos a dar más luz a la habitación colocandolas en diferentes puntos de ésta. Conduje a Rezo hasta uno de los sillones pero yo no me senté en el otro, me quedaría de pie apoyado en la puerta al cerrarla por mandato de ambos hombres. En la parte central del suelo, otro tapiz había sido colocado a modo de alfombrilla. Sus colores y figuras tejidas era identicas a las de los que estaban sobre los sillones. Perrian seguía mirandonos desde su rinconcito, con las manos enguantadas sobre su rostros, suspirando sin dejar de sonreir. En sus ojos, ojos del color de cielo en un día de verano, podía uno perderse. Perrian, a diferencia mia, era feliz sirviendo a ese hombre. Cuando pasado un rato, despúes de varias cortesías innecesarias, Rezo me permitió ir con Perrian, ambos, subiendo las debiles escaleras nos pondriamos a hablar sin parar. Él contaría con gran orgullo lo buen ladrón que era. Yo, con cautela, le hablaría de lo único que no me comprometería, mis sueños perdidos de grandeza. Surgiría, inevitablemente, esta pregunta:

-¿Y es que no te parece extraordinario trabajar con el gran Monje Rojo? -

Dejandome totalmente desarmado. Creandose un desagradable silencio, que sólo sería desvanecido por las voces de nuestros jefes. Llevandome la mano cerrada a la boca, adoptando un aire pensativo, mirando a diestro y siniestro, en un susurro, me aventuraría a exponer mis sentimientos un poco:

-Al principio sí pero cuanto más tiempo llevo trabajando... Para él, más me cuesta. -

Perrian, sentado en el suelo con las piernas cruzadas, rascandose la cabeza, intentaría darme una lo que él pensaba que sería una respuesta reconfortante o al menos, ingeniosa.

-Comprendo. Cuanto más importante es tu maestro, más trabajo te toca realizar. -

Sonriendo levemente porque Perrian se esforzaba en hacerme sentir bien, sería yo quien a continuación lanzaría una pregunta envenenada a Perrian.

-Y tú, ¿De verdad te gusta esto? Robar y pelear para que ese tipo pueda continuar con su negocio ilegal. -

Perrian, al principio iba a contestarme de inmediato pero pensando bien lo que iba a decir, dando un hondo resoplido, confesaría:

-Lo cierto es que no pero no tengo otra cosa mejor. Él fué el único en ver algo de talento en mí y me sacó del hospicio aún sin ser mi padre. Se lo debo. -

Su voz no sonaría tán entusiasta o dinámica como solía hacerlo en aquel instante. Ambos nos veiamos comprometidos con nuestros jefes, esa evidencia me hizo sentir tanta lastíma por nosotros pero negandome a compadecerme de mí mismo, agité mi cabeza y adoptando un aire más alegre, exclamé:

-Bueno, si eres tán buen ladrón. Seguro que tienes un montón de cosas interesantes por aquí. ¡Enseñame las más valiosas! -

Perrian volvió a animarse, casi de un brinco se pondría en pie y llevando con él la única vela que había entre nosotros iría hacía las penosas estanterias que la habitación poseía. La madera parecía roida como la de la escalera pero los queridos libros de Perrian aún resistían unos sobre otros. Todos ellos de duras tapas y papel amarillento debido al paso del tiempo. Al principio creí que serían libros de magía o sobre ciencia experimental pero al leer algunos parrafos descubrí que eran fabulas o historias sobre caballeros errantes.

-Perrian, ¿Se puede saber qué hace un ladrón con tantos cuentos? -Me mofé. -Los ladrones suelen quedarse con objetos valiosos como dagas magícas o gemas de intensos colores. -

-¡Pues yo robo conocimientos y me gustaría poseer estos! -Aullaría arrancandome los libros de las manos disgustandose.

-¿Te gustaría? ¿Es qué ni siquieras los has leido? -Quisé saber con los ojos entrecerrados y una sonrisa propia de un matón o de un abusón. Perrian arrugó la frente mirando hacía un lado pero diría con voz bien firme:

-Pues no, porque todavía no sé leer pero pronto aprenderé. -

En ese momento me dí cuenta de cúan sencillas y hermosas eran sus aspiraciones, no como las mias. Para tener la edad que yo tenía cuando comenzó todo esto de la busqueda de la piedra filosofal, Perrian no me resultaba tán temerario ni orgulloso como lo era yo. Como mucho, un poco bribón. Le cogí cariño enseguida. Claro que como descubriría al cabo de muchos años más, las apariencias engañas. Como ambos ibamos muy tapados y yo seguía con la capucha muy bajada, atisbandose tán sólo a la luz de la vela mi mechón más grueso, para Perrian no era ni un monstruo ni un individuo peligroso. Quizás un bandido muy receloso pero eso en la profesión no era de extrañar. Para cuando Rezo y el jefe de Perrian acabasen su charla y subiesen a comunicarnos que era hora de irnos, yo y Perrian nos manteniamos muy entretenidos leyendo uno de sus libros.

-Zelgadiss, tienes mucho talento leyendo. -Me alababa con los ojos brillantes de admiración.

-No es para tanto... -Mascullaba yo que fingía no darle importancia aunque muy en el fondo me encantaba oir sus alabanzas. Entre los ayudantes y aprendices de Rezo, los que mejor leían eran Cliff, Eris y Crystal. Astrid preparó a conciencia a Crystal antes de presentarla ante el Monje Rojo. Los otros tampoco lo hacían mal pero les costaba leer con clarida terminos preciados pero de complicada pronunciación. Perrian y yo alzamos nuestras cabezas y vimos como ambos hombres esperaban a que bajase con ellos, cruzados de brazos. Cerré el libro apresuradamente entregandoselo a Perrian y poniendome en pie me desplacé hacía ellos en dos o tres zancadas.

-¿Volveremos a Bamond? -Necesitaba saber alejandonos de los barrios bajos.

Rezo esbozó una ligera sonrisa y alzando una ceja, contestó:

-Es posible. Por lo que aquel hombre decía, el joven que trabaja para él es muy habilidoso a la hora de encontrar documentos o libros raros. -

Por el momento fue todo lo que quería oir así que pasando por las calles más principales y llenas de puestos hasta los topes, no dije ni una sola palabra más.

jueves, 25 de agosto de 2011

CROSSOVER FIN

Estoy más que deseosa de que llegue mi hermana con mí camara de fotos, así, ahora que hay que arreglar la impre-escan, podré hacer fotos a mis dibus y ponerlos de nuevo aquí y en el DeviantArt ^^' Sólo puedo ofreceros historias o nueras, perdonadme...


Welcome to Hell -Kuroshitsuji FINAL


Hay personas que jamás querran salir de su demencia, de su irrealidad aunque esa irrealidad, tarde o temprano deba venirse abajo dolorosamente, Henry, era de esas personas. Sí, le he llamado Henry y eso es señal de que ahora que está muerto o a la espera de ello, no me asusta tanto. He visto lo que hay detrás del mostruo y creedme, no era para tanto, claro que los niños tienden a exagerar...

Llegue al abandonado edificio acompañado por ese mayordomo literalmente infernal y ambos supimos que era en ese instante o nunca. El lugar apenas estaba iluminado, tán sólo por los debiles rayos de un sol que comenzaba a ocultarse en el horizonte, confiendole a las amplias habitaciones un aspecto aún más sombrío.

-¡Sal y muestrate! ¡Hemos venido a jugar un rato! -Le reté alzando la voz con rabia contenida.

-Os esperaba. Uno de mis mejores amigos ya me advirtió. -Dijo él con voz triunfal surgiendo de

entre las sombras. Tanto su manera de hablar como el aspecto que pudimos entrever fue muy teatral. Si no fuese porque había ido expresamente a darle una paliza me habría puesto a dar sonoras palmas. Sebastian, así se hacía llamar este mayordomo tán particular, comenzó a acercarse a él. Para él debía resultar un enemigo interesante pero al verle sacar una serie de finos y afilados cuchillos de entre los dedos, supé lo que pretendía. Se estaba preparando, podríamos ponernos a pelear en cualquier instante pero lo que Sebastian no sabía era que a este tipo le gustaba golpear. No había usado un arma de ninguna clase en su vida para esos fines. Escuché sus nudillos crujir a pesar de encontrarse elegantemente enguantados. Sebastian suscitaba su curiosidad. ¿Sería debido a esa unión tán fuerte que mantenía con el chiquillo? Sí, así era debía de estar muy celoso.

-Si le matas ahora, no sabremos donde estan los niños. -Le recordé viendole sonreir maliciosamente, con sus ojos tornandose de un rojo sangre muy brillante.

-Me lo figuro pero puede ser divertido sonsacarselo, ¿o no? -Me sugirió sin perder esa mueca en su rostro tán pulcro y palido. Asentí soltando una suave pero pícara risita. Ciertamente era un ser demoníaco. No hubo más que hablar, los dos nos lanzamos hacía él pero nuestro agíl Titiritero, dando un acrobatico salto esquivaría nuestro primer ataque. ¡Por supuesto! No debía olvidar que él también había formado parte del Circus Circus y talento de sobra desplegaba. Cuando posó de nuevo sus pies sobre el sucio suelo de madera había ido a parar a una distancia más larga de la en la que antes estaba. Aquello molestaría a Sebastian, quien se creía muy certero. Las palabras que le dedicaría le harían gruñir aún más disgustado.

-¡Sois buenos! ¡Mis felicidades! -

-¡¿Acaso lo dudabas?! -Le gritaría corriendo hacía el con gran velocidad dispuesto a clavar alguno de sus cuchillos en su piel sin obtener un resultado satisfactorio ya el Titiritero también poseía gran fuerza en brazos y piernas, lo que lo hacía más rapido que muchos humanos. De ahí que se diga que el ejercicio fisíco es bueno. Mientrás esos dos se batian, silenciosamente camine para salir de esa sala. Si le conocía como le conocía habría una sala en la que sólo podías encontrar a sus anteriores victimas. Pensar que yo podría haber sido uno de esos niños convertidos en muñecos me dió escalofrios. Por fortuna, no encontré entre ellos a la sobrina de Williams ni a los otros dos. Al salir, una malvada idea se apoderó de mí. ¿Qué pasaría si rompia sus muñecos? Se enfurecería, sin lugar a dudas. Al cabo de un rato, en otra habitación de grandes dimensiones encontré a las chiquillas, ambas iban vestidas con hermosos e imaginativos trajes con adornos plateados o dorados. En sus rostros se apreciaba purpura de similar toque. Al principio, mordiendome un poco el labio inferior, me preocupó encontrarlas muertas por lo que camine lentamente hacía ellas, que estaba tumbadas boca arriba sobre la única cama que ahí había.

-¿Q-Quién eres? -Preguntaría la más valiente de las dos al abrir sus ojos y entrever mi alta figura.

-Tranquilas, no soy él. -Les aseguré. -He venido a sacaros de aquí, antes de que sea demasiado tarde. -

Las niñas se incorporaron con difícultad. Una de ellas parecía más rubia que la otra pero ambas eran bastante lindas. En un principio no confiaron del todo en mí pero cuando dije que había venido con Sebastian, la rubia exclamó:

-¡Entonces eres de los buenos! -

Y una gran sonrisa se dibujaría en su rostro. Antes de coger a cada una llevandola en cada brazo, les pedí que contuviesen su alegría. Si el Titiritero nos pillaba, me vería obligado a pelear con él frente a ellas.

-Niñas, a partir de ahora jugaremos al juego del silencio. Quien aguante más tiempo callada, ganará un hermoso premio. -

Las niñas obedecieron mirandose con ojos competitivos. El Titiritero no era él único que se conocía la casa de rincón a rincón, por lo que no presentó un gran problema encontrar una salida fiable lejos de la entrada. Susanne fue la primera en salir y haciendolo, le dije:

-Ve a la mansión de tú tio y dale esto. -Le susurré al oido haciendole entrega de un pequeño papel debido a las multiples dobladuras que le hice. Ella asintió con una sonrisa firme y se escabulló como pudo. Convencer a la señorita Elisabeth de que debía irse sin su querido Ciel, fue más complicado. Llorosa, negaba energícamente con la cabeza. Tomando sus manos entre las mias tuve que hacerle esta promesa.

-Preciosa, te aseguro que antes de que te des cuenta, Ciel y tu volvereis a estar juntos. Hazme caso, es mejor para ambos, que te vayas ya. -

Con el maquillaje corrido a causa de las lagrimas que no cesaban de salir y la purpurina desvaneciendose, me trajó un tragico recuerdo. Susanne regresó y se la llevaría cogida de la mano.

-Buena chica. -Le hice saber en un último susurro.

Como me imaginaba el niño estaba en la que vendría a ser su habitación, al igual que la atormentada RoseLee. Los bruscos golpes que se podían oir de vez en cuando a lo lejos me indicaban que la pelea de esos dos estaba llegando a su punto más culminante. Tenía ganas de saber cómo irían pero antes había que cumplir una promesa, no me gusta que me tachen de mentiroso o traidor. El chico se encontraba aún más drogado que las chiquillas pero todavía no había sido asesinado. Era asombroso lo mucho que nos pareciamos, tomandolo en brazos, lo llevaría hasta la misma salida que habían usado las niñas. Claro que colocando una manta de oscuro color sobre él lo oculte lo mejor que pude hasta que pudiese entregarselo a Sebastian, su mayordomo.

Por mí parte no hay gran cosa que contar más. Contemplando a la pequeña e idolatrada RoseLee, me sentaría frente a ella con gesto pensativo. Yo, de niño, la consideré humana y eso me costó unas horas más en las manos de su terrible hermano pero ella no tenía la culpa. Ella fue su primera victima y su alma debía de estar tán llena de remordimiento y pena que por eso su rostro no parecía cambiar esa expresión de sufrimiento espiritual. Acariciandome la frente con algunos dedos, como iluminado, vería el punto flaco del Titiritero.

-¡Sebastian! -Grite corriendo con RoseLee tomada de un brazo. -¡Ya he solucionado parte del problema! Así que apartarte de él y dejame que sea yo quien termine esto. -

Los dos se detendrían mirandome fijamente. Tanto el Titiritero como Sebastian empezaban a mostrar un aspecto lamentable, uno lleno de golpes y el otro, con sus ropas rasgadas y finos chorrillos de sangre que caían desde los finos cortes, habían llegado, sin duda a ese momento en que todos deseamos que uno de los dos venza definitivamente al otro. Con RoseLee aún agarrada, me ví obligado a insistir:

-¡Venga, Sebastian! Es una oferta muy buena, además ya verás como al crio no le pasa nada. Deja que me ocupe de ese cabrón por tí. -

-No hasta que me diga dónde se encuentra mí señor. -Contestaría el mayordomo, tán fiel y firme que casi me conmovió. Meneé la cabeza, diciendo:

-¿No te das cuenta de que aún matandolo y luego resucitandolo no te lo va a decir? -

Y me fuí a esperar que lo matase. Rodeando el edificio me coloqué junto al señorito Ciel, todavía totalmente tapado y sentandome colocaría a RoseLee en mi regazo.

-Ojala pudieras hablar... -Le diría acariciando su suave y abundante melena rojiza con la luna como único espectador. A media hora o así, una oscura figura se adentraría al edificio con el proposito principal de proteger a Henry. Tál y cómo pude deducir Henry era importante para Williams.

miércoles, 24 de agosto de 2011

FanFic Slayers

Rojo Relativo - La ciencia y sus consecuencias


Aquella criatura era identica a mí. Eris me lo hizo saber dando varios gritos de incredulidad e histeria.

-Ya basta Eris, esto forma parte de esta investigación. -Exclame para calmarla un poco.

Sus gritos resultaban insoportables y no iban a cambiar lo hecho.

-Pero, maestro Rezo... -Quisó replicar.

-Sin peros, Eris. -La atajé. -Ayudame a llevarlo hasta el laboratorio. -

El lugar en el que debía estar pues aunque luciese humano no era humano. Una criatura surgida de una maquina a partir de trozos de un humano no la convierte en humana. Eris obedeció pero aún se encontraba confusa. La respiración de su pecho fue tomando un ritmo más regular lo cúal me agradó, a medida que bajabamos hacía el laboratorio. Llegados hasta la zona en la que se encontraban las criaturas con las que los hechiceros solemos realizar diversos y complejos estudios o que usamos para crear criaturas más fuertes a partir de la combinación de algunas, Eris, la buena de Eris, lanzaría esta pregunta:

-Maestro Rezo, ¿va a dejarlo aquí, con todas estas... cosas? -

-Si, ¿te parece mal? -Le respondí arrugando la frente fingiendo sentir algo de preocupación por lo que ella pudiese pensar. Ella agitaría con energía su cabeza y diría:

-¡Oh maestro Rezo! Si a Ud le parece bien, supongo que es porque debe de estar aquí. -

Pero podía escuchar el apenas perceptible sonido que hacían sus labios al rozarse suavemente. Cuando Eris hacía eso, morderse los labios, esque seguía preocupada o disgustada. Dando un largo suspiro, le recordé que no era humano y que ese era su lugar. A Eris le costaba creerlo pero acabaría aceptando mi palabra, la palabra de su amado. Como era una criatura con una constitución muy delicada, me ví obligado a fabricar algo para que no acabase muriendo. No fue fácil conseguir que otro hechicero nos ayudase a construir esa maquina así que tuve que solicitarsela a mi buen McKind. Él, muy talentoso y con grandes conocimientos cientificos, me ayudó sin poder negarse. ¿Qué otra le quedaba? Antes de empezar querría advertirme de algo:

-Rezo, hace años y años que no ejercito mis conocimientos en este campo... -

-¿Pero sabrás usar tus manos? Sigue mis instrucciones y todo irá bien. -Le animaría pasandole una mano por el hombro. Resoplando se iría arremangando las dos largas mangas de su gastada tunica. Eris bajaba de vez en cuando para ofrecernos algún refrigerio. La energía y el esfuerzo que despediamos convertía aquella zona del laboratorio en un horno. La maquina, al poco de ser finalizada, sería enseñada a Eris, para que así ella pudiese describirmela. Su primera definición fue a mi gusto demasiado sencilla.

-Parece un sillón. -Comentó acercandose a ella un poco alzandose un poco la falda para no pisarla y tropezar, eso la habría hecho sentir una verguenza terrible, encontrandose frente a un hechicero de gran saber y frente a mí, su maestro.

-Qué ingenioso por tu parte Eris, pero me gustaría saber algo más. -Le reprendí esperando pacientemente la segunda descripción. McKind rió ante la ocurrencia de Eris. Debía de parecerle una dama muy imaginativa. Eris examinaría la maquina con mayor atención y comenzaría a dar detalles:

-Pues como ya he dicho parece un sillón, un sillón de piedra del cúal surgen unos finos tubos de cristal que deduzco se le engancharan al... A la criatura de algún modo y creo ver... Uno grueso grillete y otros de menor tamaño en donde estarían las manos posadas... -

Al final Eris no pudó continuar con la descripción porque le parecieron horribles aquellas medidas de seguridad. Como ya se lo había explicado en un principio, esa vez no me tomé la molestia de recordar que era nuestra rata de laboratorio. McKind en cambio, trató de suavizar esa impresión.

-No te asustes. Sé que parece horrible pero no sabemos como puede reaccionar y creeme, lamentaría encontrarte muerta. -

Claro que sus palabras tampoco fueron muy adecuadas, los rapidos pasos de Eris alejandose de nosotros me indicaron que todo esto la afectaba mucho. Acostada sobre su cama lloraría practicamente toda la noche hasta caer somnolienta. Cuando sus gimoteos cesaron, desde mi dormitorio una idea certera pero desagradable pasó por mi mente. Eris no estaba tán preparada para todo aquello como pensé en su primer momento. Era de mis mejores ayudantes y una aprendiz que superó a muchos otros en poco tiempo pero era demasiado sensible, demasiado piadosa. Lo cúal estaba bien pero no cuando tus investigaciones o experimentos implicaban actos no tán etícos. Ningún cientifico era del todo etíco y yo, adentrandome en esos parajes desconocidos pero que ofrecían posibilidades de alcanzar lo que tanto deseaba, había abandonado mis principios morales. Así se lo expusé a Eris mientras dabamos un paseo por la ciudad de Sairaag.

-Eris, mi dulce y buena Eris, me parece que no obré bien al escogerte como mi ayudante en este proyecto. -Dije tratando de que mi rabia, pues la necesitaba de todos modos, se atisbase como pesar. Eris, entreviendo lo que trataba de decirle, me suplicaría poder seguir ayudandome:

-¡Por favor, maestro Rezo, se lo ruego, permitame seguir trabajando a su lado! ¡Le juro que me esforzaré y que seré fuerte! -

Sabía que a medida que las palabras salían, las lagrimas también lo hacían, pues apoyando su cabeza sobre mi pecho, podía sentir como mis ropajes se humedecían. Se apreciaba tanta desesperación como la de un niño pequeño que suplica no ser separado de su padre. Acepté continuar ese proyecto con ella porque ella estaba muy metida en ello y egoístamente, porque quería comprobar mis deducciones lo antes posible. En ese instante sería que me daría cuenta de hasta cúan bajo sería capaz de caer Erisiel por un poco de afecto, pues ella me amaba más allá de lo que el propio sentimiento ya daba a entender.

FanFic Slayers

martes, 16 de agosto de 2011

WELCOME to HELL - Kuroshitsuji

¡Menudo mesecito!... Pero bueno, mientras el ordenador funcione e internet no se cuelgue en exceso, seguiré en pie XDD Vamos a terminar de una vez con el crossover :3


Gracias a la colaboración, forzosa de Grell, y a los egoístas y extraños deseos de Lau acabé más cerca del señorito Ciel. Con toda sinceridad, no me extrañó que los aburguesados denominaran Infierno a los barrios más pobres y problematicos de aquella ciudad. Lau podría haber optado por un buen hotel pero como traficante, le complacía más andar entre los suyos que entre los ricos y los poderosos. Aunque pronto comprendí que Lau era más astuto de lo que aparentaba pues en aquella ciudad, todo aquel que no fuese de raza blanca, por mucho dinero que poseyese, era malvisto, incluso apartado socialmente. Yo, fingiendo ser su mayordomo, pude obtener algo de información pero no gran cosa, sencillamente, lo que ya había averiguado previamente en Londres para transportarnos allí.


Cuando algunos muchachos de la zona cercana al Midnight Cabaret cuchicheaban que hacía poco había llegado un tipo importante, de Londres, con muy buena mercancía supe inmediatamente que Jo, mi anterior jefa no tardaría en darle una buena recibida acompañando a uno de sus mejores clientes y principal mandamás en negocios turbios como la venta de sustancias ilegales. Jack N en cambio, no se sentía nada animado en tenerlo de inquilino temporal en su Midnight Cabaret. Lautremont me habló un poco sobre él.

-¿A qué no sabes qué? Tenemos un visitante oriental que residía en Londres. -Lautremont apenas podía reprimir su entusiasmo.

-¿Y? El infierno posee una rica gama de razas y culturas. -Protesté sin darle tanta importancia.

-Es un chino con mucho dinero. -Me informó alzando la voz. Su entusiasmo era ensordecedor. -Además viene acompañado por toda una belleza china. -

Aquello si captó mi interés pero meneando la cabeza, sonriendo levemente, dije:

-Por muy apetecible que me lo ofrezcas, tengo un asunto pendiente. Visitales tú de mi parte. -

Colocandome mi abrigo más sencillo e insospechado, abrochandomelo totalmente, ocultando así gran parte de mi rostro, salí de mi amplía habitación, Lautremont me siguió con los ojos. Ajustandome un viejo pero aún encantador sombrero de copa oscuro, igual de oscuro que mi abrigo, antes de salir, Lautremont, poniendose en pie, sin apartar su mirada de mí, dijo:

-Ten cuidado. Tál y como ese tipo nos advirtió. El infierno se está revolviendo bastante. -

-Lo sé pero no es cosa de demonios sino de la polícia. Desde que en la alta sociedad alguien llegó en busca de un mocoso desaparecido, la polícia nos tiene buen vigilados. -

Nada más salir por la puerta de entrada mi cabeza comenzó a unir las piezas del rompecabezas a gran velocidad. Odiaba tener que suplicar información a Williams pero tán sólo él podría confirmarme algunas cositas. Gracias a la ayuda prestada por las valerosas Juliette y su compañera de caceria, la señora Grey había conseguido saber, más o menos, dónde encontrar a ese canalla pero la duda aún estaba en mi cabeza. Una pieza no encajaba, la de ese niño rico venido de lejos.


Fue una extraña coincidencia pero encontrarme con aquel joven tán similar a Ciel Phantomhive, mi amo y señor me sería clave para resolver todo el asunto y así encontrar al señorito Ciel. Me había dirigido a la mansión de Williams, pues desconfiaba más y más de él. Grell insistía en que ese tipo no tenía nada que ver en la desaparición, hecho proveniente de ese ser pelirrojo que tampoco me llenaba de confianza, me obligaría a mantener unas palabras con él. A mitad de una conversación sentado y recibido como si no fuese un mayordomo sino alguien a tratar con mayor respeto, no logré sonsacarle gran cosa.

-Toda la polícia de la ciudad ha sido movilizada. ¿Qué más quiere Ud que se haga por ellos? -

-Sincerese y admita que Ud mandó a alguien para secuestrarlos. -Le pedí con tono firme pero amistoso.

Girando la cabeza poco a poco mientras la sostenía con su mano izquierda, apoyado su brazo sobre el grueso brazo del sillón, esbozaría una sonrisita que me resultó maliciosa y altamente sospechosa.

-Lo lamento pero ese alguien se los llevo por cuenta propia. -Sería toda o la poca verdad que me daría. Claro que yo me guíaba más por un mal presentimiento que por las pistas dadas por Lau y Grell.

Poniendome en pie, insistiría.

-Digalo y me marcharé. Hasta que mi señor no de la orden, no le mataré. -

Pero él se negó. En el preciso instante en que iba a utilizar algún que otro metodo menos cortés pero más efectivo llegaría el muchacho, interrumpiendonos.

-¡Michael! ¡Qué maravilloso verte aquí! Aunque, como ya ves, en este momento no puedo atenderte. -

Me quedé paralizado observando al joven. Sus finos y oscuros cabellos, su blanquefina piel y la seriedad que mostraba me eran rasgos tán iguales a los del señorito Ciel que por un instante me hubiese lanzado a sus pies gritando su nombre. Claro que la clase de vestimenta que portaba no tenía nada que ver con la que llevaría Ciel, sin olvidar mencionar que aquel muchacho parecía unos años mayor. Solté a Williams para acercarme al lugar en el que el joven se mantenía de pie, en silencio, con el abrigo sobre uno de sus brazos, perfectamente doblado.

-Como supongo te estarás preguntando, ese joven es un viejo amigo mio, se llama Michael. -Me informaría Williams recomponiendose. -¿A qué se debe tu presencia? -

-Venía a confirmar algo pero si estás ocupado me marcho. -Le hizo saber.

-¡No! Quedese con nosotros. -Alcance a decir.

Michael miró a Williams, el cúal se encogió de hombros.

La conversación giró hacía un camino inesperado. Williams sabía perfectamente como encontrar al secuestrador pero Michael lo había logrado saber por si mismo. Tán sólo estaba allí para confirmar algunas cosas. Ambos salimos de la grandiosa mansión corriendo a gran velocidad.

sábado, 13 de agosto de 2011

OMFG!!! MUY RECOMENDABLE!!!

¡¡¡Slayers 20th Anniversary Fanbook ha sido editado!!!


Estoy que alucino en colores :3

Desde que terminé en el instituto, dejando atrás, entre los malos rollos y los estudios, al periodico en el que compartía ideas y dibujos para la portada, hacía bastante tiempo que no participaba en un proyecto que luego, desde luego con mucho esfuerzo por parte de sus organizadores, saldría a la luz. ¡Qué se editaría y se distribuiría! Por lo que estoy que no me lo puedo creer, flipando y con una cosa en el cuerpo de la alegría que me da haber participado y de haber sido escogido alguno de los dibujos que mande que... Que... Que me gustaría MUCHÍSIMO comprarlo X3

Esas cosas dan mucho gusto tenerlas, yo creo que todavía tengo el periodico del insti en el que la portada fue hecha por mis manitas. Ganamos un premio y tó XD

A convencer a my mother y a enterarse de como conseguirlo pagando en euros e_e


Os paso este link, pa que le echeis un ojo, es genial, yo os lo recomiendo ^^



Dad gracias al igual que yo se las doy a Ameban, gracias a ella me entere de todo esto y quise participar ^^