martes, 9 de marzo de 2010

ROSE


Obviamente llevaba aquella particular prenda para provocarnos. Lo hacía a proposito, en los lugares menos indicados, a nosotros nos ponía bastante, demasiado. ¡Menuda cría! Aunque mirandome bien al espejo y mirando a mis compañeros, ninguno eramos ni la mitad de elegantes que ahora. Llevabamos ropa gastada y mal cosida, ropa de mercadillo o hecha por nuestras ocupadas y desinteresadas madres. Todavía recuerdo aquellas largas escapadas, ella bien agarrada a mi, dispuesta a golpear si alguien me quería golpear. Era esa clase de chica, que sabía adaptarse a cualquier situación, por muy dura que fuese. Era desechable como lo eramos nosotros pero a ella no le importaba, ella era feliz. Ahora no sé nada de ella, de mí Rose, ¿dónde se habrá metido? Una persona no puede esfumarse con tanta facilidad. Recuerdo que ella era pelirroja, pero no de esos rojos fuertes y feos y recuerdo que su piel era bastante blanca. Siempre estuvo a mí lado, era como mi hermana pequeña y a ella eso le gustaba. Ella, ella, supongo que ya no está y punto. Seguramente se marcharía de aquí hace mucho y por eso no sé nada de ella, todos menos los más locos se van. Nosotros nos quedamos porque hay mucho por lo que luchar, ahora que no somos desechables, tenemos mucho que decir al resto de nuestra gente. Por Rose, por mi familia, por mis muchachos y por todo eso que parece bueno cuando en realidad está mal.

1 comentario:

Maggie dijo...

Impresionante, y la valentía de esta chica, me deja perpleja...

un beso