miércoles, 3 de agosto de 2011

WeLcOme To HeLL DEJADME ENTRETENEROS



Cuadro de Picasso ^^ Ni idea de quien es el tipo que aparece pero me recuerda a Gustav ^^


A Viktor nunca le agradó Gustav, sin embargo y porque había que ganarse el pan, de vez en cuando acudía a las fiestas que organizaba para asombrar a los invitados. Una experiencia pasada le ayudaba a que pasase lo que pasase o sintiese lo que sintiese, no debía desconcentrarse ya que sería altamente peligroso para todo aquel que se encontrase cerca de él. Asi que decir que aquello era una prueba de fuego para él era decir poco. Gustav, con sus desaires de siempre, sería quien le recibiría en su lujosa y amplía mansión. Un recorrido casi laberintico y ambos llegarían al gran salón en el cúal se celebraría la fiesta de esa noche. Para Viktor adentrarse en aquellas grandes mansiones, de extensas habitaciones y elegantes lamparas de cristal colgantes en el techo era como adentrarse en antiguos palacios, ya en ruinas o con un aspecto decadente y meláncolico. Esos lugares solían inquietarle. No importaba cúan lejos pasasen los años y los siglos, el pobre siempre se sentiría utilizado como un reclamo de entretenimiento. Claro que ahora le miraban con admiración y curiosidad, no con miedo y desprecio. Llegados los invitados, no tardaría en advertir entre ellos a algunos conocidos. Ocultandose como bien pudiese, se repeinaría, limpiaría sus gafas y tomando aire, se encaminaría al centro del salón. Los aplausos y silbidos de expectación no le ayudarían a sobrellevar los nervios que sentía pero eran muy agradecidos. Le rompía el alma encontrar entre sus espectadores a acompañantes tán jovenes pues sabía que aquellas fiestas no eran precisamente para niños. Cerrando los ojos lentamente, se concentró en mostrarles algo bonito y espectacular. Con suaves y ritmicos movimientos de sus manos enguantadas iría creando pequeñas formas uniformes luminosas que según lo que él desease, irían adoptando tamaños y figuras diferentes. Todas ellas flotarían a su alrededor, iluminando su cuerpo sin llegar a rozarle. Los invitados aplaudirían entusiasmados acabada esa pequeña muestra de lo que era capaz. Todos las figuras liminosas se tornaron bolas de luz que se unieron hasta desaparecer en las manos del mago. Viktor acabada su actuación se dispondría a salir de allí en silencio, sin dirigirse a nadie con la cabeza gacha como cuando era un niño pero se vería repentinamente detenido por uno de los invitados.

-¿Te marchas? -Le preguntaría una suave y melodiosa voz femenina.

Girandose con rapidez para contemplar a la dueña de aquella angelical voz, Viktor respondió:

-Sí. Yo ya he hecho lo que venía a hacer. -

-Por favor, señor mago, quedese un rato con nosotros. -Le pediría una hermosa joven de largos cabellos dorados y bonitos labios de intenso color rojo a juego con su rosadas mejillas. Sus ojos brillaban suplicantes. Viktor suspiraría rindiendose a las plegarias de la joven.

-Sólo un ratito. -Le dejaría claro.

La joven caminó llena de gozo arrastrando consigo a Viktor hacía la zona del salón en la cúal se encntraba su esposo. Viktor pestañeó incredulo cuando la joven se detuvo frente al único hombre sentado en mitad del sofá de cuero forrado por algunas zonas de piel de fuerte color vino tinto. Dandole un apasionado beso en la boca, sentandose entre sus rodillas, le diría al oido:

-Cariño, acabo de encontrarme con un mago. -

Su voz sonó infantil y burlona. El hombre replicó con voz suave pero más madura:

-¿Así? ¿Y qué clase de mago era? ¿No sería El famoso mago de Oz? -

-Noo. Este mago es mil veces mejor. Ojála hubieses podido ver las cosas que es capaz de hacer. -

Al decir eso, Viktor pronto se daría cuenta de que aquel hombre no podía ver sin embargo sus ojos trás los oscuros cristales de sus gafas redondas estaban abiertos. Viktor permaneció de pie sin saber que decir.

-¿Y porque no le dices a ese mago que se siente un rato con nosotros? Seguro que tiene muchas cosas interesantes que contarnos. -Le sugirío con voz traviesa el hombre.

-Señor mago, puede sentarse. Le aseguro que mi marido no muerde. -Le indicó ella mirandole a la vez que daba suaves y repetidas palmadas al espacio derecho del largo sófa.

Viktor se quedó aún más sorprendido. Aquel hombre le sacaría lo menos diez años y ella acababa de decirle que eran matrimonio. Nada más sentarse, Viktor no podría quitarles los ojos de encima. Le resultaba raro ver esa clase de matrimonios en una época y lugar tán puritano y regido por las normas. Haciendo un esfuerzo por no ser grosero, se lo preguntaría:

-Señorita, me permitiría saber cómo es posible si Ud parece mucho más joven que él. ¿A sus padres no les importó? -

Ella le miraría con la cabeza levemente ladeada antes de echarse a reir.

-¡Claro! Resulta que ambos por nuestra afición a la escritura y el arte en general nos vimos obligados a abandonar nuestra acomodada vida aquí por una más libre en El Infierno, allí nos conocimos en un certamén organizado en el Midnight Cabaret y nos enamoramos locamente. -Le explicaría sin mostrar reparos en ello la joven.

Un buen rato despúes, habiendose roto el hielo entre los dos escritores y el mago, Viktor, mostrandose más seguro y animado mantendría una interesante conversación con el escritor ciego. Un hombre a admirar, ciego pero que sabía buscarselas para poder mostrar al mundo sus ideas y las impresionantes historias que se le ocurrían desde muy joven. Orgulloso y a menudo terco pero amable y muy educado. Sin olvidar hacer mención a su elocuente sentido del humor.

-No sé porque pero me recuerdas a un hombre del que me hablaron una vez. -Dejó caer Viktor fascinado ante el escritor.

-¿Y era importante o un don nadie con mucha labia como yo? -Inquiriría el escritor con una debíl sonrisa.

-Yo diría que sí, que fue bastante conocido. Para muchos era como un santo sin embargo para aquel que me habló de él era un autentico mostruo. -

-Eso suena bien. Hablame un poco de él. -Le animó mostrandose muy interesado.

Viktor no se haría rogar.

-Bueno, según esa persona, ese hombre era una especie de filósofo o erudito. Siempre iba de rojo y lo más sorprendente, era ciego de nacimiento. No recuerdo como se llamaba pero era un hombre que también había luchado mucho por alcanzar sus metas, tanto que incluso perdería un poco la razón a mitad del camino. -

-Pues sí, si que nos parecemos un poco, sí. -Bromearía el escritor ciego.

Cuando el largo y grueso reloj de pared sonó dando a conocer a los presentes que habían pasado más de las doce, Viktor se levantaría de un salto y disculpandose ante los escritores, saldría raudo de allí antes de que la fiesta se volviese demasiado intima. A la mañana siguiente aquel matrimonio se dirigiría a Circus Circus por expreso deseo del hombre para seguir charlando.

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