lunes, 21 de febrero de 2011

FanFic Slayers RED ENVY


Maravilloso dibujo de Zelgadiss realizado por una artista que descubrí en DA llamada Yu-Fang o algo así ^^'
NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Ya queda poco, muy poco para que este gigantesco fanfic acabe ^^ El nombre general va a ser Chronicles of The red warlock o en español, Cronicas del Brujo carmesí. Bueno, con respecto a esta parte o capítulo, tendría que aclarar que en mi historia los hechiceros y los brujos surgen del mismo grupo pero pronto habrá diferencias entre ellos y surgirá esa notable distinción. Los hechiceros usan magía pero es una magía muy regulada y mediante amuletos, gemas o baculos mientras que los brujos, sobretodo las brujas, usan magía a su bola y se dejan controlar por los demonios a los que invocan. Los brujos además pueden lanzar poderosas maldiciones y cambiar su apariencia. Pocos hechiceros han sido capaces de eso y seguir siendo considerados hechiceros, en Eterno Poder, tán sólo Rezo. Con respecto al color de pelo, Merlín creía, en Eterno Poder, que las brujas más poderosas eran aquellas cuyos cabellos eran rojos como el fuego, pues solían invocar al Dark Lord más violento, que les permitía usar su habilidad para dominar el fuego, ese es en Eterno Poder, Shabragnigudu o Dark Lord Ojos de Rubí, por lo que Khem guiandose por las palabras de Merlín, buscó el mayor número de pelirrojas que realmente usaban magía para su proyecto, en mi opinión, más retorcido y repulsivo, la creación de una piedra magica valiendose de la sangre de esas brujas. Esta idea me vino por parte de una pelí que siempre que la veo me fascina y ya he recomendado por aquí llamada Vidocq, aunque el tipo ese de la mascara de espejos, creo que buscaba conseguir la inmortalidad, no lo recuerdo bien ^^' Lo que sufre Cerberuss no es más que un duro ataque de ansiedad. Con la vida que lleva, no me estraña...
Al poco de regresar, Cerberuss debió de enfermar pues el hombre-bestía no volvió a verle hasta pasado mucho tiempo después. Los arboles de distintos grosores seguían luciendo un aspecto vulnerable y cada día parecían adoptar un tono y una aspereza más marcada. El hombre-bestía, cada vez se sentía más y más enojado con su señor pero sobretodo, consigo mismo. ¿Qué clase de amigo eres, Dilgear? Se recriminaba La influencia por parte de ese diablo a comenzado a hacer meña en tu joven amigo ¿no vas a hacer nada? ¿O lo harás cuando sea demasiado tarde? Dilgear golpeó uno de los arboles más robustos desahogando así su rabia, su odio y su angustia. Temía que a Cerberuss le pasase algo grave y que fuese por culpa de su amo y señor. Ese monstruo le había obligado a hacer tantas cosas, demasiadas y como al muchacho le aterrorizaba defraudar a su tiranico señor, se esforzada de sobremanera, literalmente hasta sudar lagrimas y sangre. En cuanto vió por el rabillo del ojo como una figura roja pasaba por esa zona del bosque, Dilgear dejó a un lado al maltrecho arbol para mantener unas palabras con su señor. Plantandose con rapidez frente a él, exigió saber:
-¿Qué le sucede a Cerberuss? Desde que regresasteís de Saillune no ha vuelto a pasar por aquí. -
El joven de rojo no se sobresalto pero teniendo en cuenta que esa gran criatura que era Dilgear le impedía seguir su camino, se detuvó dandole esta respuesta:
-Es encantador por tu parte preocuparte pero no tienes nada que temer, el muchacho no se va a morir ni nada de eso... -
-¡Más te vale! -Le espetó el hombre-bestía sacando pecho, mostrandose amenazante.
-¿O si no qué? -Se mofó el joven todo vestido de rojo, encapuchado por una manta de gordo hilo roja que lo envolvía desde la cabeza hasta los tobillos. -Ya sabes lo que pasará el día que intentes algo en mi contra. No volvería a verte jamás, así que si me permites, he de dirigirme al pueblo más cercano lo antes posible. -Concluyó indicandole con un gesto que se apartase y le permitiese continuar su camino. Dilgear obedeció pues pensó que iría al pueblo a por alguna medicina. Sí, el odio que sentía por su amo y señor cada vez era más y más grande. Pasaba las largas noches maldiciendo a su señor y a si mismo, por haberse dejado engañar por ese diablo disfrazado de buen hombre. Considerandose libre de castigo, Dilgear se encamino hacía la única vivienda que había en la zona más oscura y pantanosa del bosque, con la firme intención de ver al que se había convertido en su único amigo. El peludo bandido entró tán silencioso como pudó a la casa, no se entretuvo a contemplar las pocas habitaciones, porque había venido tan sólo unos instantes para ver al muchacho. Qué alegría se llevó Cerberuss, que al ver al hombre-bestía acercarse y sentarse lo más cerca de él, se incorporó de inmediato.
-¿Qué tal te encuentras? -Le interrogó cariñosamente Dilgear.
-Pues... Mareado. No puedo dar ni un paso, todo me da vueltas. -Le respondió Cerberuss sonriendo debilmente. -¿Y tú, qué tal? -
-Supongo que bien. Debido a la sagrada sangre que poseo ni enfermo ni me enveneno. -Fue la contestación de Dilgear, que pasaba su peluda y grande mano por el sudoroso cabello castaño del muchacho. Pasado un ratín, añadió tras chascar la lengua. -Creo que debería irme ya. No creo que a nuestro señor le agrade verme aquí. -
Cerberuss consciente de que su amigo Dilgear tenía razón, no dijo nada, se limitó a observar como se alejaba. No sólo sentía mareos al levantarse y echarse a andar, todo su cuerpo temblaba sin motivo aparente y su piel se había vuelto palida y su corazón a menudo palpitaba violentamente rapido. Se sentía debil, tanto fisica como mentalmente. Las recurrentes fantasias con morir se volverían más reiterativas a partir de ese día y no se suavizarían hasta encontrarse de nuevo con el caballero. Al cabo de un rato llegó su señor, con un vaso lleno hasta el fondo de un liquido de fuerte color y penetrante olor a hierbas.
-Bebe un poco, te hará sentir más relajado. -Le recomendó con voz suave acercandole el vaso a la boca. Cerberuss bebió sin resistirse. El calido liquido pasaba por su garganta, llenandole de una agradable sensación. -He de admitir que esta serie de sintomas que presentas me han sorprendido sin embargo que aún sigas vivo tras el gran despliegue de poder que uso Zannafar en la batalla me tiene más desconcertado. Hasta la fecha ningún humano que ha sido poseido por un demonio de la clase de Zannafar ha vuelto a ser el mismo. Eres sorprendente. -
Aquellas palabras hicieron que Cerberuss se ruborizase. Apenas recibía halagos por parte de su señor. Se le hacía difícil y para no resultar un hipócrita, su señor lo los decía, a menos, claro de sentirse admirado o sorprendido ante alguien, aunque muy muy pocas personas llegaron a causarle ese efecto. Ahora el muchacho no entendió apenas palabra, sólo pudo comprender que había sobrevivido a algo que su señor decía era imposible de sobrevivir. Dejandose de sentimentalismos, antes de regresar a sus asuntos personales, el joven hechicero de rojo le dijo, en un plan muy de medico:
-Cada día te traeré tres o cuatro vasos y por tu bien, deseo que te los bebas. -
Y dejando el vaso medio vacio en la mesita dejó al muchacho solo. Tal y como su señor le había pedido, durante unos días, cada vez que le traía un vaso lleno de aquella infusión, hecha especialmente para él, se la bebía sin dejar una gota. Su estado de animo no variaba mucho pero poco a poco su cuerpo parecía ir retomando algo de firmeza. Dilgear conseguía visitarle cada vez que el hechicero de rojo se alejaba. La tila y las visitas de Dilgear ayudaron a Cerberuss a recuperarse de aquel estado tán enfermizo sin embargo el daño aún seguía, por lo que sería fácil que volviese a repetirse. El hombre bestía aceptó hacerle los recados al hechicero de rojo durante todo aquel tiempo pues esperanzado deseaba ayudarle a conseguir más medicina o cualquier otra cosa que necesitase para aliviar a su joven amigo. Sería, todo tapado por una larga tunica oscura con capucha, atravesando la ciudad de Giermann que el hombre-bestía y el caballero se encontrarían. El robusto cuerpo de Dilgear y el fibroso cuerpo del caballero de melena rubia chocarían bruscamente debido a tanta aglomeración de gente. Aquellos días la ciudad albergaba el doble de gente que habitualmente y se hacía complicado no chocar contra otros al cruzar las calles más generales. El caballero sería el único en disculparse.
-Oh disculpeme, hemos debido de chocar. Lo lamento. -Diría pasandose la mano por su molluda cabeza. El peludo bandido tán solo resoplaría y seguiría su camino pero sus pasos se enlentecerían al oir menciar al caballero el nombre de su amigo. Girando la cabeza le vería a la lejanía hablar con varias personas, que negaban con la cabeza ante la pregunta que les hacía. En un afán protector, daría media vuelta y agarrando al caballero le preguntaría de muy malos modos:
-¿Quién coño eres y para qué quieres a Cerberuss? -
A lo que el caballero le respondería costosamente:
-Puedes llamarme Leroy. Tan sólo quería volver a ver a ese gran espadachín. -
Pero muy a su pesar, Dilgear no se desharía del caballero y menos en un lugar tán concurrido. Teniendolo bien agarrado, el hombre-bestía se lo llevaría a algun lugar apartado de toda esa muchedumbre agitada y tomandose una buena jarra de fresca y espumosa cerveza, le obligaría a decirle de que conocía a Cerberuss y si era de fiar. Tres jarras de dorada cerveza y a punto de usar algunas monedas de oro que guardaba para convidar al muchacho, el bandido señalando al caballero con ojos de perro mosqueado, dijo:
-Por tu bien, espero que todo lo que has cantado sea cierto, si no, este lobito te deborará enterito. -
El sentido del humor del bandido se había ido volviendo más retorcido y sincero con los años. El caballero le retiró el dedo exclamando:
-¡Te doy mi palabra! -
Ambos individuos salieron de la cochambrosa taberna listos para atravesar la gran multitud y así poder retomar el camino al bosque. Dilgear mostró su aspecto real al caballero, que se quedó mudo de asombro. Si era cierto que Dilgear podía deborar al caballero si le enfadaba. El pelaje del hombre-bestía era magnifico, unos tonos marrones que se intercalaban suavemente. Era la primera criatura así que veía, por lo que exclamó:
-¡Eres el primer hombre lobo que veo! ¡Qué guay! -
Dilgear apretó los puños tratando de no golpearle en toda la cara. En cuanto el caballero rubio llegó a lo profundo del bosque y dislumbró la única casa que había, Dilgear se separó de él diciendo:
-Bueno, ahí es dónde vive. ve con mucho cuidado. Nuestro señor es un tipo imprevisible y poco sociable. -
-¿Vuestro señor? -Quisó saber el caballero. -¿Qué señor?
Pero al oir esa pregunta Dilgear se giró y agarrandole de nuevo por la camisa gruñó:
-Un joven vestido de rojo que como te encuentre no creo que te de una bonita bienvenida. -
Cerberuss se encontraba jugando con una pequeña luz que se agitaba burlona sobre entre sus manos. La luz se desvaneció en cuanto vió llegar a Leroy. Una mezcla de alegria y temor le invadió.
-¡Gracias a Dios ese hombre lobo no mentía! Por fin sabré a dónde ir cada vez que desaparezcas inesperadamente, Cerberuss. -Gritó triunfante corriendo hacía la casa como un loco.
Cerberuss no pudó evitar reir cuando el caballero cayó pero emprendió la marcha con toda la ropa cubierta de barro y le abrazó manchandole de barro.
-Es posible. ¿Y cómo me has encontrado? -Preguntó el muchacho con expresión curiosa, con las manos apoyadas sobre el rostro. El caballero miró hacía la derecha y luego hacía la izquierda y murmuró colocandose una mano cerca de la cara:
-Me topé con un hombre lobo. -
-¿En serio? Qué interesante. -Cerberuss simuló curiosidad, sabía perfectamente que ese hombre lobo debía de ser Dilgear, el único con aspecto similar al de esas bestias magicas. -Bueno, ¿y has venido para algo en especial? -Añadió girando la cabeza. Le preocupaba que su señor le encontrase con el caballero todavia allí.
-Pues... Espera que recuerde... Sí, la verdad que es que sí. El amabilisímo Lou Groun me ha pedido que te lleve conmigo a su residencia. -Contestó Leroy apoyandose sobre la fachada de dura roca que la pequeña vivienda poseía. -Conque ya puedes ir recogiendo tus cosas y seguirme, que el camino es muy largo. -
Aquello dejó a Cerberuss de piedra. El ya vivía con un poderoso señor. Además no estaba del todo recuperado. Su piel ya no era tán palida pero aún se sentía débil. El caballero debía de irse pero no parecía querer marcharse sin él. El muchacho sabía que los sucesos siguientes no serían buenos.

domingo, 20 de febrero de 2011

FanFic Slayers RED SLOTH IV



ESTE MARAVILLOSO DIBUJO NO ES MIO, ES OBRA DE AMEBAN ^^ Recomendable visitar su galeria en DA:

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
En esta parte, por fin, llega lo bueno XD ¿Violencia? Es muy posible que si ^^'
Las cosas se ponen chungas en el torneo, ya sea por la poca diplomacia de los otros cabelleros con Cerberuss o gracias a Zannafar y sus ganas de matar, cayendo en su trampa el bueno de Gabriev, nada más ni nada menos, que un serafin. De ahi que haya elegido esa especie de dibujo Crossover en el que Ameban ha plasmado a Rezo y al guerrero dorado de Virgo estupendamente, como Khem tiene la aparencia de Rezo (yo no tengo nada que ver XD) y Gabriev es muy guapo y rubio con una armadura similar a la de los caballeros dorados del Zodiaco, es una ilustración perfecta ^^ Los angeles en general llevan ropas blancas y doradas y las armaduras de aquellos que se ven obligados a luchar, son de diamante mezclado con orihalcon. Armaduras de PM XD Gabriev en Eterno Poder es el mitico serafin que luchó con La espada de Luz en una laaarga guerra hace eones. Los angeles suelen ser pacificos, sólo se dan una vuelta por el mundo para comprobar que los Dark Lords o Lucifer no hacen de las suyas o para poner a raya a los demonios inferiores.

Cerberuss abrió los ojos, aún se sentía confuso, como muy mareado, los pocos insensatos que se quedaron a contemplar el encarnizado duelo entre el caballero de dorada y cegadora armadura contra el joven de plateada armadura con curiosos simbolos realizados en relieve sobre el ligero metal de la armadura, le miraban incapaz de creer cúan diestro y cruel era el vencedor. Desde luego Cerberuss recordaba que aquel evento prometía ser de esos que no se ven todos los días, Ladock debió de darle tál bombo que toda la alta sociedad de Saillune quisó asistir. El día, tál y como lo recordaba el muchacho, resultó agradable, el sol mandaba sus calidos rayos con más generosidad que los días anteriores, adquieron los blancos edificios de la ciudad un aspecto divino, pues al incidir estos sobre las puertas doradas, el oro se volvía más resplandeciente, practicamente cegador. Las calzadas también parecían estar hechas por baldosas doradas, todo en Saillune era de oro o blanco marmol, como si la ciudad capital fuese una novia de acomodada familia lista para ser casada. Aunque costó llegar, gracias a la gran cantidad de gente que se apiñaba ansiosa por las calles cercanas a la plaza, el muchacho logró llegar hasta donde Ladock se encontraba. Su señor, de un sorprendente salto, bajó del oscuro equino pues tanto Cerberuss como ese animal debían dirigirse al lugar asignado dentro del gran hueco que se había preparado en mitad de la formidable plaza de la ciudad capital de Saillune.
-Confió en que no me decepciones. Muestrales todo tu potencial. -Le dijó su señor antes de ir a colocarse junto a Ladock. Cerberuss simplemente asintió pues las palabras no parecían querer salir. Al muchacho solía ocurrirle cuando se encontraba o muy nervioso o muy asustado. Cerberuss ordenó a su caballo tomar su posición. Los demás caballeros, mucho más experienciados y de familias de más alto rango, observaban al muchacho. Era un caballero realmente joven, algunos de ellos se burlaron de él alzando la voz para hacerle oir bien claro estas palabras:
-Vaya, vaya, cuando el Señor Lazard nos comunicó por carta que el caballero que se hizó con el Reino de Aerothus había aceptado formar parte en el torneo, nos esperabamos a un gran caballero, no a su escudero. -
Cerberuss se esforzó por ignorar esos hirientes comentarios y concentrarse en la batalla. Cerberuss, que en su vida había visto o participado en un torneo como aquel, unos días atrás al preguntar a su señor de que trataba o que era un torneo, recibiría una aproximación muy particular. Si su señor le contó que aquello era una especie de batalla que los nobles preparaban para divertirse y en la que los caballeros participaban con la esperanza de ganar buenas armas o el respeto y admiración de los espectadores, Cerberuss lucharía del único modo que había aprendido, sin dejar titere con cabeza. Por lo que agarrando con fuerza la larga y plateada lanza que le había sido cedida por Ladock, respiró profundamente y al sonar las trompetas tanto él como su corcel se lanzaron contra uno de los caballeros del otro equipo, el que se hallaba enfrente. Lo más aterrador no fue lo sencillo que le resultó al otro derribarlo, lo aterrador para Cerberuss fue la rabia que comenzó a extenderse por su cuerpo. La gente aplaudía y lanzaba toda clase de gritos. El muchacho no se encontraba herido pero si aturdido, mediante un sonoro silbido llamó a su corcel pero este junto con el de los otros caballeros derribados ya se habían alejado, trotando hacía las calles principales de la ciudad. La euforia del publico le desconcentraba y la presión de no dar un espectaculo digno tampoco le ayudaba. Encima los comentarios que le dedicaban los caballeros eran aún más hirientes.
-Vamos, muchacho, demuestranos cúan inexperto eres. -Exclamaría uno de oscura armadura corriendo hacía él con una maza de hierro. Cerberuss no tuvó otra, que dar un acrobatico salto, similar a los que Dilgear solía mostrarle cuando practicaban el lo profundo del bosque pues aquello le pareció deshonesto. Los caballeros usan espadas pero al poco de que sus pies tocaran suelo, otro caballero arremetió contra él, por desgracia, Cerberuss no logró esquivar su ataque y la ancha espada atravesó parte de la armadura. Cerberuss notó como se intrudujó aunque no llegó a dañar su cuerpo. Su señor tenía razón, todo caballero o guerrero necesita una buena armadura.
-¿Qué os parece? ¡Le he alcanzado! -Gritaba carcajeandose.
Era injusto, muy injusto que tres o cuatro caballeros se dirigiesen sólo hacía él por lo que tras lanzar una rapida mirada a su señor, como si buscase su permiso, desembainó su espada y cuando el joven de ropas rojas le indicó la aprobación que buscaba asintiendo con la cabeza y dibujandose una sonrisa en sus labios, el muchacho se pusó a equilibrar la situación sin perder tiempo. Sin importarle de que equipo fuesen, si ellos no eran honestos, el tampoco lo sería. El caballero de la armadura oscura volvió a probar suerte, si su amigo había logrado rozarle, el también lo conseguiría pero Cerberuss, que ya se olía sus intenciones, fue mucho más rapido, empuñando su especial espada corrió hacía él y girandola con ambas manos, cerca, muy cerca, le cortó la cabeza, que se alejó de su dueño ensuciando de sangre las bonitas baldosas que componían el suelo. Todos los presentes se conmocionaron rapidamente pues nadie supusó que un jovencito podría hacer algo así. El mandó levantarse a la hija de Ladock para que mandase detener el torneo, tál y cómo debía hacerse en casos como ese. La muchacha no se hizo rogar, se levantó y pronto se dispondría a manifestar a viva voz:
-¡Detenganse! ¡Varias reglas muy importantes estan siendo violadas! -
El joven de rojo dirigió su rostro hacía ella y con voz calmada, preguntó:
-¿Así? La única que yo considero infringida es uno, la número tres si mal no recuerdo. -
La muchacha, tán desconcertada como sorprendida por los conocimientos del hechicero, buscaría la confirmación por parte de su padre, ya que en realidad ella ni conocía los entresijos de los torneos ni le interesaba saberlo, tán sólo había ejercido de juez a orden del Rey.
-Así es. Si yo tampoco ando equivocado, la única norma incumplida por ahora sería la número tres. Varios caballeros no deben pelear contra uno solo. -Le aclararía arrugando la frente pensativo. -Voy a preguntarle a Su alteza por que ha decidido que el torneo cese. Comenzaba a ponerse interesante. -Añadió dejando a su hija levemente disgustada.
A ella no le gustaban esa clase de celebraciones. Lo más parecido que le complacía era el ajedrez pero porque en el ajedrez nadie sufría ningún tipo de daño y se ponía a prueba la mente de los jugadores. Sentandose retomó la contemplación de el cada vez más brutal acontecimiento. Ladock antes de dirigirse al Rey, le hizó una rapida reverencía, agachando la cabeza y colocando el brazo derecho en el pecho, en los ojos del Rey podía apreciarse disgusto. Nadie sabía mejor que Ladock Lazard lo mucho que detestaba El soberano de Saillune la violencia. Junto a él, se encontraba un alto y apuesto joven de largos cabellos dorados y ojos azul celeste, la expresión en su rostro aunque calmada tampoco parecía mostrar mucha satisfacción. El rubio caballero no apartaba los ojos del muchacho, el caballero pronto notó que había algo raro en él o tomando control de él.
-Su alteza, ¿puedo preguntarle por qué ha decido detener el torneo? -Trataba de informarse Ladock preocupado, al igual que los demás nobles allí presentes, que no despegaban sus abiertos ojos del Rey. Un tipo realmente alto y corpulento, con grandes bigotes y cabellos muy bien peinados hacía atras oscuros. Rostro duro pero de rasgos equilibrados y ojos azules. Todo vestido por ropas blancas o beige con adornos en los puños de las mangas o en el estrecho cuello de su camisa dorados. Su tono de voz solía confudir a menudo dado que era tán recia y predominante, que más de uno creía estar siendo regañado.
-Ya sabes que soy un hombre de paz, a menos que haya un buen motivo no uso las armas, por lo que considero que el torneo debe finalizarse dada la agresividad de ese joven caballero. -
El rey señaló con sus grandes y azules ojos a Cerberuss, que ya no parecía el mismo. Ladock hizo todo lo que pudó por convencerle de que a pesar de su fiereza, ese caballero valía la pena.
-¿Eso significa que Su alteza se marchará dejandolo todo a medias? -Insinuó. -Ese es el caballero que posee las tierras pertenecientes al Reino de Aerothus. Si el torneo no llega hasta el final, ¿qué otra oportunidad habrá de que Su alteza y ese caballero se conozcan? -
El rey al serle recordado aquel caballero del que tantos nobles e incluso reyes de otros reinos hablaban, incredulo, exclamó:
-¿De verdad? ¡Tan sólo es un muchacho! -
Mientras Ladock le hablaba un poco más sobre Cerberuss al soberano desde su lugar privilegiado bajo una lona preparada especialmente para ellos, de vivo color azul, en cuyo centro se distinguía el simbolo de la familia real, Cerberuss se enfrentaba a otro de los orgullosos caballeros. No debía de hacerles sentirse bien que un muchacho de la edad de Cerberuss hubiese derrotado a uno de los suyos de forma tán visceral. Cuanto más se empeñaban en atacarle, más dispuesto se volvía el muchacho a usar su ensangrientada espada. No sería hasta que uno de los caballeros volviese a atacar con exito a Cerberuss, que la bestía que dormitaba en la armadura de éste, mostrase los dientes. Cerberuss gracias a la armadura no sufría gran daño, como mucho, algo parecido a un pinchazo pero la bestia demoniaca que cedió su esencia sí. Valiendose del muchacho, sería participe. Ya que la armadura comenzó a brillar y lo que parecían ojos pintados sobre la parte de la armadura que protegía el pecho adoptaron forma real, le dirigían una mirada llena de odio al caballero que le había atacado, el hechicero de rojo supusó sin dificultad que Zannafar había tomado consciencia y que en cuestión de poco tiempo se haría con el control de Cerberuss. Ladock regresó a su sitio resoplando, no le había sido fácil convencer al Rey de que no concelase el torneo pero al alzar la vista y ver como el cielo se nublaba con grandes nubes de aspecto amenazador, murmuró:
-Va a llover. Lo que me faltaba. -
Para Gabriev, el caballero que se encontraba sentado a la derecha del Rey, aquel algo se volvió más fácil de identificar. El ambiente se volvió rapidamente pesado, como si una esencia muy pesada se extendiese por el aire. Gabriev se mordió el labio inferior pues aquello no podía ser otra cosa que Ego y tán sólo un Dark Lord podría podrucir tal cantidad de Ego. Gabriev miró hacia la derecha y luego hacía la izquierda, los espectadores comenzaban a sentirse mal, muy mal, muchos de ellos perdieron la consciencia.
-Su alteza, permitame batirme contra el joven caballero. -Le rogó Gabriev pensando que si usaba su magía durante la batalla podría suavizar los efectos del cada vez más contaminante Ego. El Rey se lo permitió pues los caballeros que no habían sido asesinados, habían caido desmayados, sin ser capaces de contrarrestar los efectos del Ego. Gabriev corrió hacía la zona de combate, una brillante armadura apareció cubriendolo por todo el cuerpo, excepto la cabeza.
-Veo que el hechicero no mentía. ¡Fantastico! -Gritó el muchacho totalmente manipulado por Zannafar.
-¡Sea lo que sea lo que te propones, no te lo permitiré demonio! -Fue lo único que le dijo el caballero dorado posicionandose para enfrentarse a él. Los antes verdosos ojos de Cerberuss adoptaron un color extraño, con la pupila alargada como las de los felinos o los reptiles, el caballero dorado se movía de un lado a otro cautelosamente, observando los cambios que sufría el muchacho, meditando una solución lo menos dolorosa posible para el muchacho y que a los pocos individuos del publico conscientes no revelase su aútentica identidad. Saillune era uno de los reinos denominados magicos pero incluso mostrarse como realmente eran a aquellas gentes sería un sacrilegio. El como angel guardian o custodio, dados a conocer también como Serafines por un gran sabio, lo sabía y procuraba no olvidarlo. La condición de Zannafar era distinta y ser conocedor de todas las rigurosas normal y leyes que los angeles aceptaban y cumplían sin apenas oponerse le daba una jugosa ventaja. Tras esa seríe de pasos dados sin perder detalle el uno del otro, Gabriev decidió mostrar su arma, a modo de aviso, pero estaba claro que el muchacho, si esque había algo bueno en el muchacho, no captaría la señal pues le exigió desembainarla para empezar de una maldita vez el deseado enfrentamiento. Zannafar estaba dispuesto a luchar contra el angel, llevaba tantos eones buscando una revancha, al igual que sus hermanos, los otros Dark Lords, por lo que, cansado de tanta miradita, se lanzó contra el angel. Gabriev lo esquivó con gesto disgustado y entristecido, comprendiendo que el alma humana había sido totalmente domada por la bestia demoniaca, desembainó su espada para atacarle. Era una espada única, mitica. Hecha por y para angeles, poco humanos serían capaces de descubrir y atinar a usar todo su poder. Su hoja era larga y luminosa, dura como el cristal y su mango era igual de dorado que la armadura. Con tán sólo pronunciar la palabra luz, ésta reaccionó cubriendose la hoja por una fuerte luz hasta dar la sensación de no haber hoja, tán solo ese fuerte destello blanco. El muchacho tampoco se mostró torpe, la espada de Luz chocó contra la esplendida espada que el muchacho disponía. Se provocó una fuerte sacudida de aire, ambos adversarios poseían un poder tremendo. Varios edificios y la fuente en la plaza se resquebrajaron a causa de ese violento aire.
-¿Qué te parece? Resulta que mi espada es magica. -Le informó dibujandose una traviesa sonrisa en el hermoso rostro de Cerberuss. -¿Crees qué será capaz de soportar todo mi poder? -
El demonio y el angel se esforzaban por mantener su respectivas espadas en su mano. Ambas armas brillaban como deseosas de rozar la carne del enemigo de su dueño.
-Ni se te ocurra... -Le amenazó Gabriev frunciendo el ceño violentamente.
Como tanta hostilidad no podía ser contenida, pronto el demonio y el angel se apartarían dando varios pasos hacía atrás. Tanto los ojos en relieve sobre el pecho metalico de la armadura como los ojos del propio Cerberuss se pusieron en blanco, lo que parecía cubrir a la armadura se extendendió por todo el cuerpo de Cerberuss, la hoja de la espada, para gran desagrado del angel, se tornó toda roja. El angel, temiendose lo peor, olvidando que esa serie de sentimientos u estados negativos ayudan a su enemigo a fortalecerse, gritó dirigiendose a los humanos atontados pero que se mantenían conscientes que huyeran pero como hicieron caso omiso a su advertencia, se quedaron, forzandole a usar magía. Más, el poder del Dark Lord parecía mucho mayor asi que al mover la roja espada el aire que surgió pronto se volvería calido, tán calido que en cuestión de minutos se habrían formado unas gigantescas llamaradas, que se dirigieron a todas partes. El angel concentró todo el poder del que disponía para crear una barrera magica lo suficientemente grande para proteger a todas las gentes que allí había pero el Dark Lord aprovechando la buena intención del angel, le atacó y para alarma por parte del angel, la espada atravesaría su armadura hasta lograr penetrar su corazón. Abriría los ojos fuertemente al notar la caliente espada dentro y bajandolos rapidamente comprobaría que, en efecto, la roja espada había conseguido hacer un agujero en la dorada y dura armadura. El angel sentiría un desgarrado dolor cuando el muchacho la hundiese un poco más y con expresión satisfactoria, como saboreando el momento, colocando la otra mano sobre el cuello del angel, diría:
-Blast Ash. -
Una pequeña zona de tierra, en la cúal se hallaban, se volvió negra como la noche y el cuerpo del caballero se volvió cenizas, sin embargo, cosa curiosa, el cuerpo de Cerberuss no se hizó cenizas. Varias de esas cenizas poseían un tono rojizo, como si parte de ellas hubiesen sido pintadas. El luminoso ente incorporeo que surgió de ellas antes de desvanecerse emitió un fuerte sonido, facíl de confundir con el sonido que producen las grandes campanas de hierro que hay en varias iglesias o catedrales. Al muchacho le resultó tán fuerte y desagradable que dejando caer la espada, se arrodilló tapandose con las manos los oidos. El cielo recobró el buen aspecto que poseía al inicio del torneo y las gentes poco a poco irían retomando viveza también. Cerberuss había ganado el torneo pues en la zona de batalla el único en pie era él, los caballeros se levantaron sintiendo sus cuerpos pesados, como si todas las partes del cuerpo se hubiesen puesto de acuerdo y se hubiesen adormilado a la vez. El muchacho no comprendió por que la gente le miraba tán fijamente, sin decir palabra. Estaba a punto de pensar que había metido la pata cuando vió levantarse a su señor, le aplaudía con gran energía y exclamaba:
-Ha sido el mejor torneo al que he sido invitado. ¡Realmente formidable! -
Su señor, que era un tipo que nunca mentía, tán sólo manejaba las palabras de un modo que saliese ganando, lo decía en serio, sinceramente no se sentía decepcionado después de ser uno de los pocos que asistió con plena consciencia a un hecho que rara vez ocurría, el enfrentamiento entre un Dark Lord y un serafin. Esas palabras y los aplausos animaron a los demás, que no recordaban gran cosa de lo sucedido, a aplaudir y vitorear al que consideraban el vencedor de ese torneo, torneo que no volvería a ser igual. El pobre Cerberuss suspiró aliviado.
-¿Dice que puedo quedarme con las armas de los otros caballeros? -Repitió perplejo Cerberuss.
-Claro, el vencedor se lleva como premio las armas de los otros participantes. -Le afirmó Ladock llevando hasta el Rey, que conversaba con un tipo acompañado por un caballero que al muchacho le recordaría a aquel amable caballero que se encontró en una de las tabernas en el barrio rojo de una ciudad. Los tres se giraron para dirigir sus ojos al joven vencedor.
-Sabía que ganarías. -Le dijó estrechandole la mano cariñosamente el caballero cuya melena en aquella ocasión había sido recogida en una coleta hacía atrás. -A Leandro también le hubiese gustado verte en acción. -
Cerberuss simplemente musitó:
-Ha sido un honor. -
El tipo con el que iba era un hombre de mediana estatura, la mitad de alto que su señor. Su larga tunica era blanca, practicamente toda su ropa, capa incluida, lo era. Su piel no era tán clara como la de su señor pero tenía un tono suave. En su rostro no se apreciaba ninguna imperfección, sus rasgos eran finos y amables como los de su señor pero la pequeña y castaña barba de chivo que poseía y algunos mechones de igual grado de color le daban un aspecto más excentrico que a su señor, que poniendole las manos sobre una de las suyas, le felicitó con dulce y calmada voz:
-Te doy la enhorabuena. Hubiese sido una gran tragedia no encontrarte trás dos años en tu busqueda. -
Cerberuss no supó que decir, que alguien así andase buscandolo, lo desconcertó pero como en sus palabras no se apreciaba malas intenciones, Cerberuss le dedicó una sonrisa. La felicitación por parte del Rey sería mucho más apabullante.
-¡Felicidades! -Le gritó dandole un abrazo de oso. -¡Por fin tengo el placer de hablar cara a cara con el famoso Señor de Aerothus! -
Aquello seguía sonandole muy raro al muchacho pero cuando por fin el fornido Rey de Saillune lo soltó, tomando aire, le respondió:
-Sí, ese debo de ser yo. -
Lo que provocó que el Rey soltase una sonora carcajada. El rey de Saillune no tenía nada que ver con El rey del Reino de Aerothus, al menos, ese rey no perdía la carisma cuando hablaba. El rey de Saillune no es que fuese maleducado o un idiota, era muy inteligente, a lo largo de muchos años lograría traspasarle a su descendencia un gran reino, el más influyente y poderoso entre los reinos magicos pero para Cerberuss la actitud o la forma de ser de aquel gobernante era demasiado extrovertida. El rey al igual que Ladock le ofreció ser aliado de su reino. El joven señor volvería a encontrarse en un apuro, por lo que antes de darle una respuesta, buscaría a su señor. No haría falta, ya que al poco rato, la figura de un joven todo vestido de rojo, con rasgos hermosos y oscuros cabellos bien peinados hacía los lados, caminaba hacía ellos valiendose como único apoyo de un bastón dorado. El caballero se le quedaría mirando largo tiempo, como queriendo acertar por qué le era familiar pero al no lograrlo chasquearía la lengua. El tipo de blanco extendería un brazo sobre él y acercandoselo, le susurraría:
-Tranquilo, algún día sabrás quien es y podrás decirme que pasó claramente. -
El buen ambiente que se respiraba se ensombreció, volviendose muy tenso. El rey observó al hechicero de rojo. Al igual que muchos otros, pensando que era un cardenal, le miró extrañado. Cerberuss se apresuró a consultarle. La respuesta del hechicero fue bastante rotunda.
-Siento comunicarles que no me parece buena idea aliarme con Saillune. Hace muy poco tiempo que esas tierras son de mi propiedad, preferiría asentarme primero. Quizás, pasado unos años, si vuelve a plantearmelo, acceda. -Le comunicó Cerberuss y acto seguido se marchó junto al joven de rojo, que le esperaba a lo lejos. A su señor no le convenía aceptar esa propuesta ya que estaría sujeto, ceñiendose, a las normal y a la moralidad del Rey de Saillune. El caballero, al ver que abandonaba la ciudad capital de Saillune, agarrandole del brazo, con mirada suplicante, le dijó:
-He recorrido un largo camino con la esperanza de volver a verte. ¿Serías tán amable, al menos, de decirme dónde podría encontrarte? ¿O tu nombre, si eso es menor molestía? -
Cerberuss se lo susurró pues no quería que su señor y amo, el cúal ya le estaba fastidiando bastante la existencia a Dilgear, no se enterase de que la jugarreta. Aquel caballero era muy importante para él, tanto como Dilgear, pues aún deseaba tener trato con él. El caballero soltó al muchacho con una expresión agridulce en su rostro. No buscaba venganza, tán sólo deseaba conocer mejor a ese muchacho que tanto impresionó a su amigo y a él.



miércoles, 16 de febrero de 2011

FanFic Slayers RED SLOTH III


Otro fantastico dibujo de Zelgadiss ^^ Espero que os guste, no es mío pero merece estar aquí, me recuerda tanto a Cerberuss X3
NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Mis fanfics van trocito a trocito XD Con respecto a los pecados, pues sí, cada historia tiene como título un pecado capital, ahora, es posible que me haga un lio, yo no soy buena poniendo títulos, yo escribo lo que se me va ocurriendo y luego me complico la existencia XD De todos modos, lo que más me importa es que os gusten las historias. Antes de ponerme con lo de los torneos, os narraré un poco como Khem consigue que la armadura que fabrica, sea tán poderosa. Espero que os guste y espero no meter mucho la pata ^^' ¿Violencia? Por ahora, no mucha...
De regreso al que Cerberuss consideraba su hogar, el muchacho relató a su oscuro señor lo sucedido lejos del gran salón en el que se celebró el gran banquete. Cerberuss contó con pelos y señales como aquel Ladock Lazard le había ofrecido aliarse con él, significando eso, que sus tierras pertenecerían a Saillune y se vería obligado a servir al Rey de ese reino. Su señor escuchaba sin decir palabra, cruzado de brazos, la expresión en su jovenil rostro se tensó.
-¿Qué le respondiste? -Preguntó resultando su voz amenazante para el muchacho.
-Le dije que era una oferta muy halagadora por su parte y que tendría que meditarla antes. -Respondió el muchacho con voz tremula, consciente de que cada vez que se encontrase en situaciones similares tendría que ser más y más cuidadoso. -¿Cree que obré bien? -
Cerberuss necesitaba deshacer el nudo que se había formado en su estomago, posiblemente resultado de la ansiedad que le producía improvisar, para él era más fácil y menos peligroso cumplir las misiones que le asignaba su señor. El no se veía tán bravo como Dilgear, su voz era silenciada con menor difícultad, había aprendido a vivir trás la sombra de alguien. Dilgear, en cambio, cuestionaba mucho y no le gustaba ser una pieza remplazable. Su señor sonrió levemente. El muchacho había actuado tál y como debía. En el momento en que Cerberuss comenzase a actuar por su cuenta, el hechicero rojo lo mataría pero como el hechicero sabía que Cerberuss no sería capaz, la pieza fundamental para la jugada ganadora, seguía en el tablero.
-También he sido invitado a participar en el torneo que se va a celebrar dentro de dos meses. Tál y como Ud me predijó. -Añadió Cerberuss, que aún se sentía fascinado ante el hecho de que hubiese sucedido lo que su señor le había comentado, alzando la voz.
-¿Acaso lo dudabas? Poseemos más terreno que él. -Apostilló el hechicero de rojo al muchacho. Al instante siguiente, se dirigió hacía la única estanteria que había en aquella habitación, en la casa del hechicero no habrían muchos muebles pero si varias estanterias, realizadas por las mismas manos del hechicero. Incluso en la habitación correspondiente a Cerberuss, la pequeña estanteria que disponía estaba llena de libros, libros cuyo aspecto dejaban muy claro que no eran del humilde muchacho, hijo de un humilde agriculto, que lo perdió todo al darse a la bebida. Siendo costumbre en él, tras dar un leve toque al suelo con un pie, uno de los polvorientos libros que la estanteria poseía, avanzó flotando hasta la mesa y se dejó caer suavemente ante los abiertos ojos de Cerberuss. Para Cerberuss aquello no debía de serle nuevo, ya había visto a su señor controlar objetos inanimados otras veces, pero al venir de unas tierras que prohibían la magía, cada vez que veía aquello, sus ojos se abrían considerablemente debido a lo maravilloso y extraño que le resultaba. Volviendo al lugar en el que el muchacho y el libro sobre la mesa se encontraban, abriose el libro parandose en la parte que más interesaba al hechicero de rojizas ropas, éste, ordenó lo siguiente al muchacho:
-Necesito que me traigas cuanto antes una serie de instrumentos. -
Pero añadió burlón:
-¿Si te digo el nombre de cada objeto, crees que serás capaz de recordarlos todo o tendré que escribirtelos en una nota? -
Cerberuss contestó, molesto:
-Lo que Mi señor considere mejor. -
El hechicero arrancó una de las amarillentas hojas que el libro poseía y entregandosela, inquirió:
-Ve al pueblo más cercano y cuando haya anochecido cuelate en casa del herrero. Si por un casual se despertase, matalo. -
Aunque la voz de su señor al igual que sus maneras era suave y aterciopelada, sus ordenes o peticiones eran tan directas y crueles que al muchacho le daba la impresión de que su señor no parecía ser dueño de un alma como todo el mundo. El hechicero le planteaba sus deseos de un modo que el muchacho no fuese del todo consciente de que iba a usar la espada de todos modos. El herrero era de aquella población, el único en su profesión, solía ser un tipo con fama de huraño, muy trabajador y con gran talento en la forja de cualquier cosa que sus clientes le propusiesen. Cerberuss diambuló por los espesos y fangosos bosques hasta que el sol acabase su misión de compartir su luz. Al ver al muchacho, el hombre-bestía Dilgear sintió una gran alegría, tanta que se habría lanzado a lamerle la cara como un cachorro mimoso pero conteniendose, prefirió seguirle. Dilgear se olia que Cerberuss no se había aventurado a abandonar la morada de su señor por su propia voluntad. Dilgear, desde una distancia prudente, le observaba avanzar hasta una aldea cercana. El plan de Dilgear hizo aguas, no podría seguirle una vez dentro del pueblo dado su aspecto, se montaría un gran follón y su señor al descubrirle vigilando al muchacho, le castigaría muy severamente. El bandido, tán silencioso como un ratón, regreso a las profundidades del bosque. Cerberuss, continuó. En la aldea tan sólo se oían los gritos y lamentaciones del borracho de turno, que caminaba tropezando constantemente. Cerberuss afinó su visión lo más que pudó, posando sus ojos en las fachadas de las viviendas. Había muy pocas con letrero. Cerberuss sólo logró distirguir las figuras de un tenedor y un cuchillo en una y en la otra, algo similar a un grifo, criatura mitologica extinguida. El muchacho se recostó sobre una fachada y se frotó los ojos. Había forzado mucho su visión, por lo que los sentía doloridos.
-¡Eh tú! ¡¿Qué demonios haces en la calle?! ¡El toque de queda hace tiempo que fue dado, no deberías permanecer aún en la calle! -Los gritos provenientes de un corpulento individuo, con una barba no muy expesa sobresaltaron al muchacho, que miró a todas partes hasta localizar al hombre que le estaba gritando. El muchacho sacó su espada de inmediato pues los gritos de aquel tiparraco podrían despertar a todos los demás aldeanos. Al avanzar hasta el, el robusto hombre comprendió que el muchacho era un forastero, seguramente un bandido, por lo que dejó de gritar y entró a la vivienda en la que Cerberuss había visto al grifo en el letrero. Creyendo que el hombre se había asustado, Cerberuss relajó la postura que acababa de adoptar, la que siempre adoptaba cuando iba a luchar pero de pronto, el hombre apareció, agarrando con ambas manos un gran martillo. A Cerberuss lo único que se le ocurrió hacer, tras esquivar al hombretón, fue correr. Una vez a la suficiente distancia como para no ser alcanzado por el martillo, Cerberuss pensó en un modo de desarmar al hombre. Fue una vileza por su parte pero como aquel hombre era mucho más fuerte y su arma no era una espada al muchacho no le importó recurrir al sucio truco de tirarle tierra a los ojos. Tomó una poca en su puño y cuando lo vió acercarse de nuevo, la lanzó con afortunada punteria. El hombre soltó el pesado martillo y llevandose las manos a la cara se alejó. Cerberuss guardó su espada y cogió el martillo. Algo era algo. Dilgear, al volverlo a ver, se plantó frente a él y le interrogó:
-¿Para qué has ido a esa aldea? -
-Iba a buscar algunas cosas para nuestro señor. -Le contó el muchacho, enojando al hombre-bestia, que autocontrolandose, le lanzó otra pregunta:
-¿Y qué tal te ha ido? -
El muchacho bajó la mirada, observando el pesado martillo que sostenía con ambas manos, se dió cuenta de que aquella misión no había resultado bien, conque con voz acongojada, como si en cualquier instante se fuese a poner a llorar, respondió:
-No muy bien. -
Por lo que Dilgear, apiadandose del muchacho, pues tán sólo era un muchacho, preguntó:
-¿Qué objetos tenías que llevarle a nuestro señor? -
Y al poco de que Cerberuss le enseñase la amarillenta hoja arrancada, Dilgear le consiguió los objetos que no había logrado robar el muchacho. El muchacho no trató de averiguar como los había conseguido Dilgear, simplemente se lo agradeció y marchó con ellos, colocados en una vieja manta atada por unos extremos. El terrible hechicero no tenía por qué pregunta acerca del retraso del muchacho pues ya sabía de antemano lo que había sucedido, pero como le era tán placentero torturarlo, lo hizó a la mañana siguiente, mientras el muchacho sacaba los objetos de la vieja y grisacea manta.
-Veo que has logrado traerlos. ¿Tuviste problemas con el herrero?-
-N-No, Mi señor. -Contestó el muchacho, vacilante, con el miedo todavía adentro.
-¿Seguro? Dicen que desde que su mujer murió se ha vuelto un hombre de trato muy difícil. -Insistía el hechicero apoyandose levemente sobre el muchacho, que no se atrevía a mirarle.
-Sí, seguro. -Consiguió afirmar Cerberuss.
-Maravilloso. En cuanto hayas desayunado algo, llevalos al sotano. -Concluyó el hechicero dejando al muchacho paralizado. Lo más aterrador no era como lo decía, sino lo encantadora que sonaba su voz, como si en verdad mostrase interés por él. Incluso cuando se mostraba más cruel e implacable, su voz sonaba tán tranquilizadora. Cerberuss le debía mucho a Dilgear. El tiempo transcurrido lo que quedaba de ese mes y los dos siguientes, Cerberuss apenas veía a su señor, sólo cuando este le llamaba para medirle y anotar ciertas conjeturas sobre el fisíco y la fuerza del muchacho. La última vez fue para enseñarle todas las partes que componían la armadura. Cerberuss se asombró de lo hermosas y bien hechas que estaban.
-Pero esto no es nada, mi apreciado muchacho, aún queda lo mejor de toda la armadura. -Le soltaría con una sonrisa maquiavelica. Mandando al muchacho lo más lejos posible, el hechicero se dispusó a preparar su laboratorio para recibir a uno de los temidos Dark Lords, el que según los antiguos druidas, era conocido como el Dark Lord Dragon de plata, Zannafar. El hechicero, colocandose en el centro, recitando una serie de palabras, convocó al demonio. A medida que las palabras salían de sus labios, en el suelo se iban dibujando una serie de circulos, con diversas figuras y simbolos, que cuanto más cerca esta el hechicero de finalizar la formulación de la invocación, más brillantes se volvían, llenando la casa y toda la zona de una fuerte esencia. Quizás para unos profanos eso tán sólo habría sido visto como un experimento fallido por parte de otro alquimista loco pero para los hechiceros y los brujos aquello era todo un logro. De los brillantes circulos parecía formarse finas capas de humo, humo cuyo color era entre grisaceo y blanquecino, que tán sólo adoptaba forma similar a la de un gran dragon para el hechicero o el insensato que le convocase.
-¿Qué deseas esta vez, Lord Khem? Acaso, como mi hermano, Dark Lord Ojos de Rubi, ya no puede ofrecerte nada mejor, me vienes buscando...- Rugió una cavernosa voz que retumbó por toda la zona, asustando a las alimañas cercanas a la zona en la que se situaba la casa del hechicero.
-¿Quién dice que esta llamada ha de resultar una traición al Dark Lord Ojos de Rubi? -Interrumpió el hechicero de rojas ropas al demonio dragon. -Tan sólo pretendía ofrecerte la oportunidad de volver al campo de juego una vez más a cambio de que me permitas usar parte de tu poder para mis fines. -
El dragon miró al hechicero con sus alargados y frios ojos azulosos, no parecía muy dispuesto a cooperar pues entregar parte de su poder equivalía a entregar parte de su mismo. Por no citar, que aquel humano provenía de una mujer adoradora de su hermano demonio, el violento Shabragnigudu. El hechicero volvió a tentarle:
-¿Acaso no deseas vengarte del ingendro celeste que te derrotó hace eones? Imaginate que por un casual Gabriev participará en el torneo que va a celebrarse en Saillune, poseyendo a mi vasallo, podría darle muerte fisíca frente a un montón de testigos, limitando sus acciones terrenales. -
-Mmm... Eso... Lo compensaría. Trato hecho. -Cedió el Dark Lord Dragon de Plata.
Todas las hileras de humo se dirigieron hacía las piezas de la armadura, volviendola brillante. Aparecieron también una serie de simbolos y en la parte correspondiente al pecho, surgieron dos grandes ojos, identicos a los del demonio dragón. Cerberuss y Dilgear se conmocionaron al ver a lo lejos como resplandeció la casa de su señor cegandoles los ojos.
-¿Qué coño habrá hecho nuestro señor? Jamás había acontecido a nada igual antes. -Exclamó el bandido, que debido al potente Ego desplegado por el demonio dragón, se encontraba mareado, tanto como Cerberuss, que se encontraba tumbado a su lado. Dilgear sabía que su señor usaba toda clase de magía pero aquello, aquello fue nuevo para Dilgear, que no pudo evitar recordar las anecdotas de Zaidos, el difunto Zaidos, sobre las brujas y su trato con el demonio.

martes, 15 de febrero de 2011

FanFic Slayers RED SLOTH II


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
¡SE VA A ARMA LA GORDA CUANDO GROUN (Plaxe Hanui) Y KHEM SE ENCUENTREN! XD
En este trozo de la historia, Khem y Cerberuss llevan a la hermosa dama que les pedió ayuda hasta Saillune, pues ahí esta Vezendi, ciudad o condado de Ladock Lanzard. En esta parte me dedicaré a relatar lo mejor posible los acontecimientos en el banquete. Aquí Ladock Lanzard es un tipo influyente y además de un hijo tiene una hija, que resulta ser la dama que les pidió ayuda. Poco más que contar, pues tanto varios personajes como lugares tiene diversos cambios pero tranquilos que pronto pondré algunos mapillas ^^
Bien temprano, nada más amanecer, Cerberuss y su señor ya se encontraban preparados para emprender el largo viaje al Reino de Saillune. Un reino, en principio pequeño, pues El reino de Sairaag aún no había sido dividido y obligado a ceder sus tierras a Saillune. Cerberuss, con las monedas de oro que su señor le había asignado, consiguió sin problemas, dos hermosos equinos, jovenes, de buena salud y con las crines más cuidadas que Cerberuss había visto hasta el momento. Su señor y su invitada no tuvieron que esperar por mucho tiempo pues aunque Cerberuss, al encontrarse con Dilgear, el hombre-bestía, no mantuvo una conversación muy absorbente.
-¿Te marchas? -Preguntó fingiendo indiferencia.
-Sí, nuestro señor ha decidido llevar al Reino de Saillune a una hermosa señora. -Afirmó el muchacho sin quitarle los ojos de encima a los inquietos caballos.
Dilgear no se sorprendió. Si su señor había accedió debía de ser porque algo planeaba, sin embargo le disgustó no ser informado de que Cerberuss iría con él. Por lo que dijo:
-Y seguro que te ha pedido acompañarle, ¿verdad? -
-En realidad, yo ni siquiera creí que me concedería ese honor. Le pregunte y el simplemente me contesto que me necesitaba a su lado. -Le respondió el muchacho, que aún se mostraba incredulo. Dilgear chascó su larga lengua de animal y concluyó la conversación con estas palabras:
-¡Pedazo de cabrón! ¡Y mientras a mí qué me den! Bueno, confió que todo te vaya bien y conozcas a muchas bellas damas de la alta corte. -
Cerberuss asintió y de sus labios surgió un apenas audible gracias.
Como los caballos ya habían sido preparados, tán sólo tenían que incorporar en equipaje de la dama en su respectivo caballo y montar. A pesar de la tercadez inicial de uno de los animales, el viaje comenzó en buen momento.
-¡Un joven terco! ¡Brillante elección! -Se mozaría la dama desde su caballo, que obedeció los deseos de su jinete sin ofrecer tanta resistencia, al verles tomar una posición cercana.
Pero olvidando ese detalle, el viaje fue bastante llevadero, si sólo paraban para lo extrictamente necesario, llegarían en una semana. La dama se maravillaba de la suerte que estaba teniendo pues Cerberuss y su señor eran hombres de multiples talentos y el buen tiempo les acompañaba, a pesar de que en muchas de aquellas tierras, los inviernos era frios y a menudo, lluviosos.
-Cuanto más arriba vayamos, más frio hará. -Les comentaba uno de esos días el joven, cuyas ropas eran todas rojas, incluso el manto de lana que llevaba a modo de abrigo.
A la dama pronto le daría la impresión de que su guía y su acompañante eran hermanos, con lo consecuente de que muchas de las conversaciones girarían hacía ese punto. Para Cerberuss no serían unas conversaciones adecuadas, demasiado entrometidas pero para su señor serían, por lo menos, entretenidas. Pasaron tres fronteras, en la primera tuvieron que pagar tributo para abandonar aquel territorio pero en las siguientes fronteras, tán sólo fueron interrogados.
-¡Paren! -Les ordenaría un hombre luciendo una armadura y unas telas con el simbolo oficial del Reino. -He de hacerle unas preguntas.
A los caballos se les sería pedido mediante un suave tirón con las riendas de que se detuviesen pero ninguno de los viajeros bajaría del caballo.
-¿A dónde van y para qué van allá? -Les preguntaría con tono firme el soldado.
-Vamos a la ciudad de Vezendi, en Saillune... -
-¿A Vezendi? Ya veo, seguramente vayan al gran banquete del señor Lanzard, bien, sigan con su camino pues. -Interrumpiría el soldado a la dama, descubriendo con rapidez el motivo que los había llevado hasta allí.
Con un leve sonido y unos golpecitos a ambos lados del animal, los caballos retomaban el trayecto. La ciudad de Vezendi era más grande y preciosa de lo que Cerberuss habría imaginado. En realidad, El reino de Saillune no sólo era famoso por ser el reino preferente del sabio Lou Groun, sino que la arquitectura de sus ciudades y la blancura de sus edificios eran uno de los mayores atractivos para los viajeros. Allí, la dama se desenvolvía como pez en el agua. Los roles cambiaron sin poder evitarlo, tomando por el brazo a su apuesto guía, la dama, a cada paso que daba, les hablaba del Señor de Vezendi, Ladock Lazard.
-No es necesario que nos transmita toda esa información acerca de su persona, no me es desconocido. -Frenó en seco la extensa chachara de la dama el hechicero de rojas ropas.
Cerberuss y la propia dama le miraron fascinados. Ladock Lazard no era un noble como los demás. Los turbios negocios y los tratos con diversas brujas le había conferido a su padre, en principio, un humilde mercader, en un tipo a tener muy en cuenta. Ya en el gran caserón de Lazard, frente a frente. El atónito fue el propio Ladock, quien mandó a sus sirvientes alejarse para recibir personalmente al hechicero de rojo. Tras un forzoso apretón de manos, Ladock le condujó hasta el gran salón, en el que tomaría parte el banquete, banquete que ya había comenzado pues los invitados no desearon esperar a la dama. Dama que era, nada más ni nada menos, que su hija. Cerberuss comprendió entonces porque tenía tanta necesidad de reunirse con Ladock Lazard.
-¡Damas! ¡Caballeros! ¡Dejen sus bebidas y su comida por un momento! -Exclamó Ladock alzando su voz. -¡En tán especial ocasión me gustaría brindar por la llegada de mi preciosa hija a manos del gran sabio Khem! -
Todos los invitados levantaron la vista de la mesa para contemplar el individuo que apareció junto a la hija de Ladock. Las vivas voces de los presentes cesaron, naciendo así un rotundo silencio en el gran salón. No se produjo aquello debido a la admiración o el respeto, se produjó como muestra del temor que infundía aquel joven de hermosos rasgos, piel clara, oscuros cabellos lisos y rojas ropas, rojas, tán rojas como la sangre o el color con el que se pintaba al diablo en diversas vidrieras. Al hechicero no le desagradó, Dilgear habría adivinado el motivo. Ladock escogió el asiento más cercano al suyo para tán especial e inesperado invitado y mandó a sus sirvientes traer más comida. Ladock miraba a Cerberuss con curiosidad, sabía que varios sabios aceptaban pupilos pero los torpes modos de Cerberuss en la mesa, indicaban que Cerberuss provenía de familia humilde, por lo que era un pupilo inusual. El hechicero de rojo, en cambio, dejando los cubiertos en el lugar y el modo correcto, se dispusó a explicarle el motivo por el que el muchacho le había acompañado.
-En realidad, a pesar de sus insuficientes conocimientos, el es más noble que yo pues los terrenos correspondientes al Reino de Aerothus son suyos ahora. -
Ladock volvió a posar sus grisaceos ojos sobre el muchacho, que se esforzaba por mantener una postura parecida a la de los demás comensales, y como si un rayo hubiese aterrizado sobre él, preguntó:
-¿El reino de Aerothus? ¿El reino que fue atacado hace relativamente poco? -
-Así es. El muchacho venció al rey, por lo que ahora esas tierras son suyas. -Repitió el hechicero, cada vez más complacido al percibir cúan alarmado se sentía Ladock, que a lo largo del banquete iría viendo con nuevos ojos a Cerberuss. Con el estomago bien lleno, habiendo degustado toda clase de manjares, manjares que jamás habría soñado comer, Cerberuss, se levantó tan bien como pudo de su asiento como habían hecho todos los demás. Ladock finalizó tán opulenta celebración, tomando su copa, que fue llenada de vino por un avispado sirviente, brindó alzandola con gesto solemne y dió fin al banquete con estas palabras:
-Mis queridos invitados, ha sido todo un honor para mí recibiros como ya es costumbre en mi ciudad, Vezendi, para celebrar una vez más, el triunfo de la familia Lazard en El bello reino de Saillune. -
Acabado de decir eso, los sirvientes retiraron los platos restantes y los músicos entraron para amenizar un poco la velada. Varios de los invitados, no dudaron en mostrar sus dotes con la danza, como si hubiesen sido poseidos por alguna traviesa musa. Cerberuss comprobó que su señor no era uno de ellos. No, su señor se hallaba alejado de la multitud, en un rincón. Cerberuss corrió hacía él.
-¿No desea mi señor bailar con alguna hermosa dama? -Le preguntaría tratando de romper el hielo.
-¿Crees qué sería adecuado? De todos modos estos eventos no suelen maravillarme mucho. -Fue la respuesta que obtuvo el muchacho. -Pero, si lo deseas, te permito bailar en mi puesto con alguna de ellas. -
El rostro de Cerberuss se enrojeció al pensar brevemente en las hermosas muchachas de buena familia cuya piel de seguro sería muy suave, pero emitiendo un claro no mientras negaba la cabeza, prefírió quedarse de pie junto a su señor.
-Ladock se siente muy interesado en tí. De seguro, te invitará a un torneo que esta preparando. ¿No sería una maravillosa oportunidad de lucir la armadura que voy a hacerte? -Le comunicó el hechicero de rojo, más entusiasmado que el propio muchacho. El muchacho se encogió de hombros. -Puede incluso que te ganes el respeto y cariño de la hija de Ladock. -
El hechicero sabía que Cerberuss estaba en esa etapa de la vida, en la que los humanos, especialmente los varones, experimentan cambios, tanto fisícos como mentales, variando así sus opiniones con respecto al sexo opuesto, por lo que, jugando con esa baza, el hechicero, que no necesitaba abrir los ojos, para sospechar que su pudoroso muchacho, cada vez se mostraba más fácil de sonrojar, podría ser más colaborador, con el estimulo adecuado. Puesto que Cerberuss la consideraba una hermosa dama, no sería complejo que entre ambos pudiese nacer si no un sentimiento, una curiosidad.
-¿Qué haceis tán apartados del resto? Mi padre requiere hablar con Ud. -Les cuestionó la hija de Ladock, toda vestida de blanco, con un bonito cinturón de tela dorada a juego con la cinta que llevaba en la frente. Sus largos cabellos habían sido exquisitamente recogidos hacía atrás por un lazo de similar blancura a la del vestido. -Con que permitidme llevarle hasta él. -
Cuando la muchacha dirigió sus ojos a Cerberuss y le arrastró al centro del gran salón, Cerberuss no pudó dar credito a lo que sucedía. Su señor tenía razón. A Cerberuss le dió la ligera sensación de que su señor había tenido algo que ver pero no se atrevía a aclararlo, por lo que fingió ser lo que ellos creían que era. Tarde o temprano tendría que hacerse a la idea, ¿para qué si no aquel poderoso y extraño personaje le habría liberado de su abusivo padre? Ladock estaba sentado en la mesa central pero en cuando vió a su hija aproximarse con Cerberuss, se levantó y caminando hasta el muchacho, le indicó que le siguiese. Ladock llevó al muchacho al esplendoroso patio que disponía su caserón, cuyas instalaciones recordaban más a un palaciete. Mientras ambos observaban la gran fuente, cuya agua transmitía un dulzón olor, Ladock planteó lo siguiente al muchacho:
-He oido decir que tu has sido quien venció al orgulloso rey de Aerothus y que ahora esas tierras te pertenecen. Dado que eso te convierte en un señor feudal al igual que yo, bueno, con muchas más tierras, me gustaría que El rey de este reino te conociese, sería muy positivo para ti, que te aliaras con nosotros. -
El muchacho, que apenas entendía algo de política, pestañeó varias veces, aquello era realmente importante. ¿Qué debía hacer? Ladock, un hombre, a primera vista, serio, imparcial, con conocimientos más avanzados y una mente brillante para los negocios, parecía estar entrando, sin ser plenamente consciente, en el juego del hechicero de rojo. Cerberuss, tratando de adoptar un aire más sofisticado, simplemente le respondió:
-Es una oferta interesante pero necesito meditarla, espero que lo comprenda. -
El muchacho no quería tomar una decisión precipitada, es más, se sentía en el deber de informar de tal oferta a su señor, el que si entendía de esas cosas. Ladock, con un gesto muy comprensivo por su parte, posando un hombro sobre el muchacho le dijo:
-Si es lo que deseas, te daré algo de tiempo pero en cuanto este decidido, deseo que me lo hagas saber lo antes posible. Por cierto, dentro de tres meses, va a haber un torneo en la ciudad capital del Reino, me gustaría mucho que participarás, pues El rey de Saillune va a asistir en el. -

lunes, 14 de febrero de 2011

FanFic Slayers RED SLOTH


Dibujo rollo medieval dibujado expresamente para este capítulo o parte ^^ Espero que os guste ^^

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Si en dos historias anteriores abordé el tema de las quimeras, pues tanto en Slayers como en Gaiax, se habla de la creación de esa clase de criaturas, en esta, me centraré un poco en el tema de las armaduras magicas o de Zannafar. En Slayers, creadas por los elfos, pero en Eterno Poder creadas por Khem, que logró atrapar el espiritu o esencia del demonio Zannafar en una armadura especialmente hecha para Cerberuss y sus guerreros, de ahí el nombre, armadura de Zannafar XD Pero también y de ahí lo del pecado capital gula, Khem y Cerberuss serán invitados a un banquete al resultar Cerberuss vencedor del torneo celebrado por Ladok Lanzard... Ahora a leer ^^

Era una mañana tranquila, el sonido de los pajaros acompañaban a los sonidos producidos por el choque de espadas y gritos proveniente de dos individuos, que se esforzaban por derrotar al contrincante. Lejos, en la zona más oscura y pantanosa del bosque, otro individuo, en su pequeño y abarrotado de libros e objetos de singulares formas, sentado en un elegante sillón, el único mueble decente en aquella casa, pasaba con rapidez las amarillentas hojas de un polvoriento librillo cuyas tapas habían sido cosidas con esmero. Algo tramaba, algo tán fascinante como peligroso. Con el limitado espacio que ofrecía el lugar, Dilgear, uno de los individuos, el más corpulento y peludo, que aquella mañana había sido obligado a aceptar ese duelo, comenzaba a tener dificultades. La pose inicial que todo buen esgrimita debe tener, se alejaba de la correcta y el cansancio hacía meña en su cuerpo, sus movimientos se volvían torpes en comparación con los de su joven adversario, Cerberuss, que además de recobrar con elegancia la pose inicial, conocida como La guardia, no parecía cansarse, es más, cada estocada se volvía más certera, lo cúal animaba al muchacho a continuar. Dilgear, el viejo Dilgear, se hubiese asustado mucho ante la insistencia mortal del muchacho pero dado que su cuerpo había sido cruelmente modificado, se concentraba en no perder la calma, olvidando o dejando a un lado, su humanidad. La tosca espada del muchacho chocaba a menudo contra los finos y sobresalientes pelos del hombre-bestía emitiendo un sonido metalico levemente molesto. Sin embargo, cuando Dilgear, cansado de ser el perdedor, esquivó el último ataque del muchacho, dando un acrobatico salto, dejando a un lado los formalismos de la esgrima, hundió su fina espada en la espalda del muchacho, la camisa de agua marina color en pocos instantes se oscureció creciendo una mancha en ella. Cerberuss, giró la cabeza con rabia, había sido alcanzado por el hombre-bestía.
-Qué tramposo eres Dilgear... ¿Pero qué otra cosa podría esperarse de un bandido? -Exclamó una voz, desagradablemente familiar. Dilgear sacó la espada, saliendo la punta toda ensangrentada del cuerpo del muchacho, cuyas rodillas flaquearon, haciendole caer sentado.
-Teneís toda la razón, Mi señor, en la esgrima ese movimiento hubiese sido penalizado. -Comentó Cerberuss tragando la sangre que se empeñaba en salir de su boca, al acercarse a ellos el portador de aquella embelesadora y cada vez más odiosa para Dilgear voz.
El joven ataviado por llamativa ropa roja, más similar a una casulla que a una tunica, antes de llevarse al muchacho herido al hogar, reprendió al hombre-bestía:
-Estoy muy disgustado. Te pedí que practicarás un poco de esgrima con Cerberuss, no que desplegaras tus malas artes de bandido. -
Pero en su expresión no se apreciaba ira o enfado, cosa que enfureció a Dilgear, que replicó:
-¡¿Mis malas artes?! ¡Ja! ¡Si Mi señor, el diablo así lo considera! ¡Cuando llevas tanto tiempo en un terreno hostil, las gilipolleces que son enseñadas en esgrima se olvidan o se dejan a un lado! -
-Mmm... Aún así me agradaría que fueses más cuidadoso con Cerberuss, su carne es más fácil de cortar que la tuya, si no, me veré obligado a encontrar otro compañero de juegos. -Fue la calmada respues recibida por parte del joven de rojo, pues por mucho que le atrajese la sangre y la muerte, verle moribundo, no pudía permitir que nadie le hiriese de gravedad. Con Dilgear advertido y malhumorado, el joven de rojo se marchó, llevando a Cerberuss a cuestas, dejando a Dilgear atrás. Dilgear, a pesar del cabreo, retomó las maneras debidas y caminó tras su incomprensible señor pero cuando una especie de fuerte viento le impedió continuar, Dilgear comprendió que Su señor no le permitiría regresar a su morada. Dilgear golpeó el suelo lleno de hojas de diversos colores tensando su mandibula. En el fondo, Dilgear también sintió que se merecía mantenerse lejos de Cerberuss, se había dejado llevar y cuando uno se deja llevar, suelo cometer actos estúpidos.
Cerberuss se sentía mal. Si hubiese estado más atento, quizás no habría sido herido por Dilgear. Dilgear era el único amigo que tenía y puesto que su destino había sido maldito, Cerberuss podía estar con él. El vinculo debió de estrecharse demasiado y su señor simplemente, mediante esa petición, deseaba mantenerlos más alejados. Dilgear era respondón y como cualquier bandido, muy observador. Cerberuss dejó de pensar en Dilgear pues Dilgear, al ser mitad bestía nunca sería de fiar o eso le decía una y otra vez su señor. Colocando una mano sobre la espalda descubierta de su muchacho, el hechicero de rojas ropas concentró todo su poder en uno de los hechizos curativos más efectivos, denominado Resurrection. La sangre pronto dejaría de resbalar por la zona herida, mejorandose tejidos dañados del pulmón, cerrandose hasta desaparecer así la herida. Una tenue luz desapareció al alejar la mano. El muchacho, con la cabeza girada no dejaba de asombrarse, pues se sentía mucho mejor y al palparse dificultosamente con los dedos esa zona, no notó ni una minima cicatriz, era como si Dilgear nunca hubiese logrado atravasar con su espada esa zona.
-A partir de ahora ve con más cuidado. Dilgear puede ser muy agradable pero su educación ha sido muy distinta a la tuya. -Le advirtió nuevamente mientras volvía a cubrir su torso con la ancha camisa azulona, atandose después un grueso cinturón. Cerberuss no comprendió las palabras de su señor. ¿insinuaba que Dilgear había sido un mal hombre? ¿O insinuaba acaso que la educación recibida repercutía en la moralidad de un hombre? El logró escribir sin cometer tachones o palabras dificiles de entender pues su señor compartió esa habilidad con él con extricta mano y logró conocer e identificar las letras escritas gracias a que su señor le enseñase, su señor fue muy amable facilitandole libros y escritos de todo tipo pero Cerberuss no venía de buena cuna. A menudo, cuando alguien, nobles o hombres de Dios, se interesaban por él y ofrecían al padre grandes cantidades de oro para hacerle su sirviente, su padre les echaba de muy malos modos, por lo que nunca tuvo oportunidad de alcanzar mejor posición social.
-Lo que Ud diga, Mi señor. -Respondió y retomó la lectura del último libro que su señor le había traido. Últimamente había descuidado sus deberes, no deseaba convertirse en caballero pero si quería aumentar sus conocimientos. Tenía tanto que aprender, eso le motivaba a seguir con su compleja existencia. No sería hasta ser encontrado ese viejo libro de apuntes, que el hechicero compartiera con él, otro ambicioso proyecto. Uno, en palabras del propio hechicero, ideado, en principio para sus horrendos guerreros, para él. El muchacho, siendole permitido bajar al sotano, se colocó frente al hechicero, tomando un taburete de madera roida por algunas zonas como asiento, que le dirigía una amplia sonrisa, mostrandole una serie de papeles.
-¿Qué te parecería poseer tu propia armadura? Los caballeros las llevan. -Le preguntó mirando al muchacho de arriba a abajo, como si calculase su peso y estatura a ojo.
-Pues... Si fuese un caballero, muy bien pero no lo soy. -Le respondió temeroso el muchacho, que tras haberle echado un vistazo a las imagenes de los papeles, los colocó sobre la pequeña mesa con cuidado. El hechicero rió dejando con los ojos abiertos a Cerberuss, pues las tierras que correspondían al Reino de Aerothus le pertenecían, lo cúal le daba la posición de señor feudal, posición muy similar a la de caballero. Cerberuss al escuchar la pocas veces escuchada risa de su señor, quisó saber a qué se debía:
-Mi señor, ¿he dicho algo chistoso? -
-¡Oh mi ingenuo muchacho! Eso depende del sentido con el que lo hayas dicho. -Le dijó y a continuación se dispusó a aclararselo. -Yo, a menudo soy visto como un individuo poderoso, no tanto como el rey, porque me suelen confundir con uno de los miembros de más nivel dentro de La iglesia pero tú al vencer al Rey de Aerothus, pronto serás visto como algo más que un simple siervo. Ya verás como irás ganando fama, lo cúal provocará la curiosidad de nobles e incluso de reyes. Todos desearan conocerte. -
La mirada de Cerberuss dejó claro al hechicero que al muchacho le costaba comprender los entresijos de la sociedad en la que vivían. El pobre se conformaba con poder comer, dormir bajo un techo y servir a su señor. No anhelaba grandes cosas, por lo que el hechicero concluyó la conversación tal que así:
-Te sientas o no caballero, deseo entregarte una armadura. -
El muchacho se encogió de hombros. Antes de que su señor pudiese ordenar abandonar el sotano, ambos oyeron llamar a su vieja puerta. El hechicero de rojas ropas se levantó y caminó apresuradamente ya que Dilgear no solía dar leves golpes a la puerta como aquella persona hacía. Dilgear emitía contundentes golpes, hasta que se cansaba. Cerberuss le siguia sin decir palabra. ¿Qué insensato llamaría a la puerta del diablo? Al abrir la puerta, ésta chirrió.
-Lamento molestarle, mi guía y yo hemos sufrido el ataque de una horrible bestía. Tán sólo he sobrivivido yo pero necesitaría la ayuda de alguno de Uds para llegar hasta la residencia del Señor Lanzard. -Les pedía con una esmerada educación una hermosa dama toda envuelta en una gran manta de terciopelo verdoso a juego con el antes impoluto vestido que llevaba y el gran zafiro incrustado en uno de los anillos dorados que tenía, regalo de algún pretendiente de buen nombre.
-¿La residencia del Señor Lanzard? Pero, si mal no recuerdo, Ladock Lanzard vive en la ciudad de Vezendi y Vezendi se encuentra bastante lejos de aquí. -
Las palabras del hechicero desanimaron a la dama. Al parecer el tal Ladock Landard iba a celebrar un gran banquete celebrando los diez años que llevaba al servicio del rey. Vezendi se encontraba en El reino de Saillune. Reino que junto a Sairaag gozaba de los mejores soldados y gran numero de hechiceros, la mayoria de ellos, atraidos por la ferviente ambición de aprender y dominar magía curativa. El hechicero de ropas tán rojas como la sangre se llevó una mano a la cabeza pensativo, no deseaba ir hacía Seillune pues en la ciudad capital residía Lou Groun, un hechicero de igual poder pero al que no soportaba. Sin embargo, afrontando ese problemilla y algún otro, Cerberuss podría ser presentado como el dueño de las tierras pertenecientes al antes Reino de Aerothus. La dama ya estaba a punto de disculparse por segunda vez y dar media vuelta cuando el hechicero dió este gratificante mensaje:
-Pero si Ud necesita reunirse con él. Iremos con Ud. -
La cara de la dama se iluminó.
-¡Gracias, muchísimas gracias! ¡Qué Ceiphied se lo pagué! -Gritó dandole un fuerte abrazo.
Consiguiendo separarse de ella, el hechicero de rojo, la invitó a entrar. Ya que iban a llevarla a Saillune, habría sido muy descortés dejarla pasar la noche en el bosque. Ella que sería su pasaporte a las cortes de Saillune. Acoplada en lo que correspondía a ser el pequeño dormitorio de Cerberuss, Cerberuss dejando a la dama sola, para que cambiese su sucia ropa por otra con tranquilidad, observaba a su señor guardar ciertas cosas en una bolsa varias veces cosida de gruesa piel.
-Será un viaje largo. -Le comentó al notar como le observaba. -Tú también deberías preparar tus cosas con interioridad. -
-Entonces, ¿yo también voy? -Trató de confirmar una duda naciente Cerberuss.
-Por supuesto. Por la noche soy tán diestro como cualquier otro humano pero de día, me vendrá muy bien tu compañia. -Le comunicó sentandose en la cama tras comprobar que había metido en la bolsa todo lo que le parecía importante para el viaje. A Cerberuss le resultaba un hombre tán extraño, de día ciego o practicamente ciego pero de noche, de noche era totalmente distinto. Cerberuss pasó aquella noche emocionado. Nunca había estado en Saillune, ir a sitios nuevos, era otra de las cosas que más gustaban a Cerberuss. Aunque la dama y el hubiesen podido compartir la cama, el muchacho, obtó por dormir en el suelo, de todos modos, ya estaba acostumbrado, siendo muy niño, tenía que dormir en el suelo pues la única cama que había en su casa, era usada extrictamente por su padre y por nadie más. Cerberuss tuvo un sueño particularmente extraño. Se veía a si mismo en una gran sala, rodeado de caballeros y damas que le aplaudían mientras el se limitaba a matar a un tipo de largos cabellos rubios, con una armadura brillante como el cristal. Las únicas palabras de consuelo que recibió por parte de su señor fueron:
-¿Tanto te agobía asesinar? Los caballeros matan, muchas veces para demostrar su valía ante el rey.


sábado, 12 de febrero de 2011

FanFic Slayers RED GREED


Este fue el primer dibujo en plan medieval que hice ^^ Se supone que aquí el muchacho que va con Khem es aún un chiquillo y su rostro al igual que el resto de su piel tiene manchas muy visibles. No recuerdo bien para que parte o capítulo lo dibujé pero me gusta mucho y creo que para esta historia irá bien...
NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Se supone que cada historia o capítulo o pequeño fanfic referente a Khem y sus andaduras tienen por título el nombre de un pecado capital, más o menos referente a lo que se va a narrar, por lo que supongo que son siete partes o capítulos. Este es el de la avaricia pues Khem no sólo ha logrado con exito transformar al pobre Dilgear en una bestía, sino que lo irá modificando sútilmente y según los resultados, hará por ampliar el proyecto abandonado. La historia original de Khem dice que tenía un gran ejercito, cuyos soldados eran individuos que habían sido mezclado con demonios y otras criaturas, con armaduras muy especiales. A eso me encaminaré y como la avaricia es el pecado que más le va, ese es su título. Dependiendo del tiempo que disponga, será o no será de contenido fuerte. Con respecto al Reino de Aerothus y su triste final, me he limitado a seguir, acoplandolo, lo que se mencionaba sobre ese lugar en la historia verdadera de Khem. Lo de que fue uno de los primeros reinos en oponersele.
Los brillantes y amarillentos, con leve tonalidad marrón se quedaron quietos, cuando el muchacho se despojó de la amplia camisa de lino que llevaba, mostrando a los presentes, su señor y al atónito hombre-bestia, la particularidad de su piel, que gracias a la buena iluminación que les ofrecía el sol a traves de la ventana de aquel cuarto, resultaba más evidente. Dilgear dió unos pasos atrás con una mueca de repulsión en su rostro animal. La piel del muchacho estaba repleta de manchas, manchas de diversos tamaños y grados de color. Aquello superó al bandido, la única enfermedad que Dilgear conocía capaz de ofrecer semejante apariencia o similar era...
-¡Lepra! ¡Tiene la lepra! -Dilgear lanzó un grito ahogado con su gutural nueva voz.
El muchacho volvió a ponerse la camisa de inmediato. Aquella reacción le era dolorosamente familiar. Por eso, cuando salía iba tapado hasta los dientes, era eso o acabar siendo echado a base de gritos y o el lanzamiento de palos. La expresión de su señor en cambio fue mucho más benigna, acercandose un poco más a él, dijó:
-¿Por qué te has vuelto a poner la camisa? Le vas a dar una impresión erronea de tu enfermedad. -
El muchacho suspiró avochornado mientras su señor le quitaba la camisa. Dilgear los miraba fijamente, apenas pestañeaba. Si aquella enfermedad no era lepra, debía de ser una enfermedad igual o más inusual. En el rostro del muchacho apenas se apreciaban esas manchas o eso fue lo que Dilgear pudó ver dirigiendo sus ojos al rostro del muchacho. El señor y amo de ambos, sacó algo parecido a un vaso pero de menor tamaño y con apariencia más irregular, metiendo algunos dedos en su interior, pronto Dilgear comprendió lo que el hechicero de rojo se disponía a hacer.
-Con el frio su piel se agrieta con mayor fácilidad que otras pieles. -Informó el hechicero de rojo al hombre-bestia, que observaba entrecerrando un ojo como el hechicero pasaba los dedos pringosos por la sustancia que debía de haber en el tosco objeto que mantenía bien sujeto en la otra mano. Ahora comprendía mejor porque era tán temido. El o bien podía liberarte de todos tus males o bien podía condenarte. Desde ese momento Dilgear empezó a preocuparse no sólo de su situación, también por la del muchacho, creandose un fuerte vinculo. Vinculo, que según la intesidad que fuese adoptando, sería brutalmente cortado o no por el amo de ambos.
-No me gusta el modo en que te trata. -Le comentó el hombre-bestia una noche, tras una intensa caza.
Dilgear se alimentaba como cualquier otro animal salvaje, atrapando a la criatura cuya sangre y visceras llenarían sus tripas y según lo obediente que hubiese sido, saldría tres veces, una a altas horas de la mañana, otra a mediodia y la última, por la noche. Dilgear tenía que sacar las garras, era mitad fiera no mitad ternero. -¡Menudo padre! Apenas te toca y cuando lo hace... Es de un modo malicioso. -
-¿Padre? -Repitió el muchacho sorprendido. -El no es mi padre, él es Mi señor y eso significa que puede hacer lo que quiera conmigo. -
Dilgear alzó la vista, dejando a un lado la liebre cuya carne y organos deboraba, para mirar al muchacho por un momento. Dilgear supusó que eran familia por los rasgos tan caprichosamente parecidos de el hechicero y el muchacho. Antes de regresar, como era ya costumbre en Dilgear, fueron al rio para que el hombre-bestia se deshiciese de la sangre que ensuciaba su hermoso pelaje marrón y marrón oscuro. Dilgear sintía algo más que compañerismo por aquel muchacho, eso provocó que su odio hacía el hechicero aumentase. Tras varias semanas más, Dilgear se encontraba atado pues a su amo se le había ocurrido modificar un poco su cuerpo. Dilgear era una criatura astuta y fuerte pero su peluda piel era blanda, las espadas y las flechas podría atravesarle fácilmente. El hechicero se valió de la magía y la cirugia para que los lacios pelos de lobo se volviesen pintiagudos y espinosos como los de los puercoespines. Más al pasar los dias, el hechicero comprobó que las placas de queratina sólo se volvían más gruesas cuando Dilgear se hallaba en peligro o era atacado. Al hechicero le gustó pues aún podía herirle, con magia. A partir de las modificaciones y el aguante del bandido, el hechicero de rojo, dibujandose en su rostro de finas y hermosas facciones una maliciosa sonrisa, llevaría su proyecto a otras dimensiones. Ya no le interesaba ayudar a nadie, si había alguna ventaja, sólo sus futuros guerreros las disfrutarían. El muchacho se vería forzado a recorrer muchos lugares, en busca de materiales tán diversos como hierro, barro o orihalcon y Dilgear se encargaría de traer sangre de diversas criaturas magicas. Por muchos lugares surgieron toda clase de rumores y leyendas sobre ellos, por lo que no fue difícil de que tarde o temprano alguna de ellas llegase a oidos de señores de alto linaje, nobles caballeros o reyes. Uno de esos reyes fue el soberano de Aerothus, uno de los reinos que toleraban y apoyaban la magía, siempre y cuando no atentase contra los humanos. En Aerothus se encontraban no sólo hechiceros, también residían varios elfos de sagrada sangre e incluso algunos Dragones dorados.
-¿Cómo? ¿Qué cerca de mí reino han habido toda clase de muertes? -Exclamó alzando la voz el gobernante al poco de ser informado de la terrible situación que se daba por reinos vecinos. -¡Eso no puede seguir así! ¿Y se tiene una idea aproximada de quién puede ser el culpable? -
Todos los presentes en la amplia y ornamentada sala, en la cúal el Rey solía dedicarse a la meditación o al deleite de disputar una partida de ajedrez con su caballero preferente, enmudecieron. Ninguno lograba dar una respuesta coherente por lo que se mantenían callados. El soberano los miró serio, muy serio hasta que una voz le dió una respuesta inesperada.
-Se trata de una bestía de gran tamaño, peluda y muy violenta. Dicen que es sirviente del diablo. -La respuesta vinó proveniente de un hombre todo tapado por mantones negros, enmascarado.
El soberano, que a pesar de respetar como todo Rey debía la fe impuesta por todos los reinos conocidos católica, no creía que el diablo tuviese nada que ver pero pensando con la cabeza fria, bien podía tratarse de un hechicero. Muchos reinos de los reinos que por aquellas tierras había no conocían la magía y la poca a con la que tenían contacto era considerada cosa del diablo. Al investigar al respecto, el soberano estaba poniendo en serio peligro a su reino. Llegando hasta el hechicero responsable, el Rey más que acobardarse o aceptar la oferta de que su reino no sufriría futuros males si miraba hacía otro lado, indignado le ordenó que detuviese a la criatura.
-Hechicero, como soberano que soy del Reino de Aerothus, te ordenó que detengas a la furiosa criatura... -
-¿O? -Interrumpió tranquilamente el hechicero de joven aspecto y ropas de elegante color rojo.
-¡Me veré obligado a apresarte llevandote a Aerothus! -Concluyó el Rey golpeando la mesa en la que se encontraba el hechicero apoyado. Las palabras del hechicero fueron bastante rotundas, sin embargo su voz ni se elevó encolarizada como la del gobernante ni se volvió temblorosa.
-Entonces, yo no podré asegurar ni su bienestar ni el de su gente. -
Sí, la destrucción del Reino de Aerothus fue muy sonada. Una demostración de lo poderoso y lo buen estratega que era aquel hechicero, con unas cuantas de sus criaturas y un poco de magía shamanistica de fuego y una grandiosa estrategia seguida al pie de la letra, el muchacho y su señor no sólo se adentraron en aquel reino, lo destruyeron y marcharon con gran cantidad de prisioneros que luego formarían parte del ejercito que estaba formando el hechicero de rojo.
-Mi señor te ofreció una solución sin violencia. Debiste aceptarla. -Fueron las palabras que el muchacho le dedicó al Rey antes de hundir su magnifica espada en el pecho del Rey, apareciendo una gran mancha de su real sangre. Una espada que era capaz de traspasar cualquier tipo de armadura. De regreso, el muchacho sería recompensado con un nombre, desde aquel día sería conocido como Cerberuss.
-¿Te gusta? Es el nombre que se le dió al perro de tres cabezas guardían de las puertas al inframundo. -Añadió al poco de otorgarle el simbolico nombre dirigiendo el rostro del muchacho hacía el con una mano dado que el muchacho mantenía la mirada gacha. Al muchacho los ojos de su señor le resultaron más rojos y penetrantes aquella noche que en cualquier otra noche anterior. Esforzandose por mostrar su agradecimiento, esbozó una sonrisa aunque cada vez era más costoso. Su amo y señor lucía igual que el borroso día en que se lo encontró. Era tan aterrorizadoramente bello, el muchacho no pudo evitar compararlo con Lucifeir, el angel más hermoso que ha habido y habrá, corrupto. Dilgear canalizaba su desarrollado oido, pues tan sólo podía disfrutar de la compañia del muchacho durante las batallas o durante las salidas al bosque. En el oscuro y sólo frecuentado por el hechicero sotano, Dilgear sólo escuchaba, sin por ello, quitarle los ojos de encima a las demás aberraciones, cuyo numero crecía.