miércoles, 27 de julio de 2011

WELCOME to HELL - Kuroshitsuji

"La conciencia es la presencia de Dios en el hombre."

Victor Hugo - Novelista francés

-Williams, ¿a qué se debe el honor de tu visita? -Pregunté dejando a un lado el aburrido periodico para centrar toda mí atención en mi amigo y compañero de juegos sucios nada más verle acercarse a mí.


Sin tomar asiento, como de costumbre, con ambas manos aún enguantadas en los bolsillos de su larga chaqueta azul marino, mirandome con una mezcla de desdén y cariño en sus penetrantes ojos, me daría una respuesta vaga y poco imaginativa:


-Pasaba por el barrio... -


-No será más correcto decir que en cuanto te has enterado de mi salida del manicomio te has lanzado a venir. -Puntualizaría yo dejandole sin acabar la tópica frasecita. -Y deduzco que vas a sacar viejos trapos a la luz, ¿me equivoco? -Añadí con un suave brillo de expectación en los ojos.


-Como siempre, has acertado. -Me afirmó encogiendose de hombros. -Verás, como no sé si sabrás, Henry ha secuestrado a tres chiquillos, chiquillos de familias importantes y uno de esos niños resulta ser la hija de mi hermana. -


-¿Has venido porque te preocupa lo que le pueda suceder o por lo que se podría descubrir acerca de ti? -


Mi pregunta dejó a Williams sin saber que decir pero como el gran abogado que era, en pocos instantes se le ocurriría una brillante respuesta. Claro que yo esperaba escuchar otra cosa.


-Sí, me preocupa bastante que pueda descubrirse que yo le lleve hasta ellos. La gente malpiensa con mayor facilidad de lo que debería. -


-Cierto pero eso nunca te ha importado tanto... ¿Y no te preocupa lo que pueda hacerle a Susanne? -Quise saber.


No quería creer que era esa clase de monstruo pero para mi disgusto lo era. Me comentó que conociendo como conociamos al Titiritero, si los niños le seguían un poco la corriente, más por astucia que por pena o simpatia, seguirían vivos. A lo cúal yo le pregunté:


-¿Y si aún así no bastase? Su salud mental es realmente frágil. -


-Creeme, si no me equivoco, con ellas no será tán exigente como con él. -


Su respuesta me dió a entender muchas cosas. La primera, que además de llevarse a su sobrina, el Titiritero se había llevado a otra niña y a un niño. La segunda, que el niño habría despertado en él un fuerte recuerdo ya que él no suele llevarse a los niños de la clase alta a menos que se le asemejen a alguien o algo que era de su gusto y la tercera, que o bien se había vuelto muy bueno en eso de secuestrar o bien que se había valido de algo o alguien. Dirigí mis ojos hacía Williams con mirada que pretendía ser severa.


-Si piensas que yo le ayudé, te equivocas. Yo me encontraba hablando con los estirados familiares del marido de Annette. -Anunció con cierta indignación en sus palabras. -Si te soy sincero, deseaba que hubiese sido capaz de controlarse pero ya ves, no todos son como nosotros dos. -


-En cuanto se solucione el asunto, ¿le castigarás? -


-Por supuesto. Me ha decepcionado. -Soltó dandose aires de grandeza a mi última pregunta.

Cuando Juliette llegó hasta el salón, ambos supimos que había llegado el momento de que Williams regresase a su casa. Con ella cerca no podriamos hablar de eso ni de ninguna otra cosa relacionada. Se tomaba muy en serio lo que el psiquiatra le recomendó, a veces miraba a Williams con odio pues aunque era un tipo destacado en la alta sociedad, era una mala influencia. Mis días pasaban o muy lentamente sumido en la lectura de unas noticias decadentes o practicamente preso de un sueño amodorrado a causa de la medicación.


-Cariño, deberías cambiar de amistades. Williams no es tán decente como aparenta. -Me aconsejó una vez Williams acababa de salir dejando un leve portazo como seña de su salida. Como no tenía ganas de practicamente nada, asentí sonriendole. Ella se sentaría en el otro sillón y observandome de vez en cuando, se dispondría a coser algunas prendas muy gastadas.


En la zona más problematica de la ciudad, curiosamente en un piso que perteneció a ese monstruo, monstruo de los pocos con corazón, se encontraba otro tipo de monstruo. Yo, el titiritero, rememorando junto a mi buena RoseLee la hazaña de haberme llevado a dos nuevos y posibles amigos junto a uno que creí perdido. RoseLee le escuchaba en silencio, como siempre, sentada en una silla de madera que encontré hacía tiempo. Deseaba que RoseLee y los niños tomaran contacto pero acababan de llegar, sentía que todavía había algunas cosas que debían saber antes

-¡Arriba! -Exclame entrando en la gran habitación que había preparado para ellos o que tenía ya

preparada. -¡El sol hace mucho que salió! -


Poco a poco, cada uno de ellos fue abriendo sus ojos mientras se incorporaban de la gran cama que nada más encontrarla tuve que armar. Sus miradas se encontraron con la mía, cosa que les hizo apartar los ojos hacía cualquier otro lado. Me entristeció comprobar que seguían asustados o inseguros ante mí.


-¿Qué tal vuestra primera noche aquí? Yo vuelvo a sentirme muy contento de tener nuevos invitados. -Comenté acercandome a ellos. La única respuesta que obtuve fue por parte del chico y no fue muy agradecida.


-¿Tu qué crees? -Me hizo saber con los brazos cruzados y girando la cara a un lado, con un gesto altivo y desdeñoso. -Ha sido horrible. -


Su sinceridad era brutal y su actitud parecía ferrea como una piedra. Había cambiado, probablemente debido a una rigurosa educación llevada en algún orfanato. Lamenté no haberle sonsacado gran cosa la primera vez, ni siquiera averigué su nombre. Era un chiquillo especial, apenas hablaba sin embargo ahora, se podría mantener una compleja conversación con él. Dada su empatía, decidí llevar la situación de otro modo.


-Y vosotras, ¿qué tal la habeis pasado? -Me dirigí a las niñas. A las preciosas y timidas niñitas que dormían cada una a un lado junto al chico. Dejando de mirar hacía abajo, tán sólo por un momento, una de ellas, en nombre de ambas, diría:


-No ha estado mal. -


La otra se encogería de hombros sonriendo timidamente mientras su amiga la miraba, como deseando su confirmación. Había una especie de fuerte unión entre ellas que me gustó como la que suele haber entre los hermanos. Les animé a salir de la cama, al principio tendría que insistirles pero una vez logrado, les llevé a la habitación en la cúal descansan todos mis amigos, es decir, los amigos que he ido haciendo. Sus rostros se iluminaron. Los tres se quedaron sin alcanzar a decir palabra. Adelantandome, con gran agrado se los presentaría:


-Estos son mis amigos. Si demostrais ser buenos amigos mios, ellos también serán vuestros amigos. Ahora duermen. -


Una de las niñas, llevandose las manos a la cara, sin poder reprimirse, anunciaría lo que pensaba de ellos, a viva voz:

-¡Dios mio! Sus trajes... Son... ¡Son preciosos! ¡Parecen sacados de un espectaculo! ¡Me encanta! -


La otra niña asintió igual de maravillada y preguntó:


-¿Son hechos a mano o cuando los conociste ya venían así vestidos? -


-Por supuesto. -Le permití saber con orgullo. -Cada uno de ellos hechos por mis propias manos. -


En ambas chiquillas apareció la misma idea. Ambas deseaban uno de esos maravillosos trajes para ellas. El chico en cambio, los observaba con expresión pensativa. Con el cejo fruncido y muy serio. Pude adivinar perfectamente lo que andaba pensando. ¿Son niños de verdad o meros titeres? Por lo visto, yo no había sido el primer titiritero excentrico que se encontraba en su camino. Si se lo mostré fue con la esperanza de despertar algún recuerdo. ¿Recordaría nuestra amistad y volvería a sentirse agradecido o le resultaría una aberración?



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